Sede Vacante: Críticas y propuestas para el nuevo pontificado


Será este un artículo probablemente polémico, pero cuando buscamos mejoras y soluciones no es el momento de evitar la polémica, sino de afrontarla. El actual período de sede vacante nos da la oportunidad de revisar lo bueno y lo malo que nuestra Iglesia tiene en estos momentos, y como lo que proponemos son algunas reformas, nos centraremos más bien en lo malo, o digamos, en lo mejorable.

Sede Vacante

PERO ANTES UNA REFLEXIÓN SOBRE EL CÓNCLAVE

Cada período de sede vacante es una nueva oportunidad para la Iglesia de renovarse y crecer, con la pena de despedir a un papa que se va y la esperanza de recibir pronto a un nuevo papa que traiga a la Iglesia una luz que es siempre la misma pero al mismo tiempo debe ser siempre nueva para poder adaptar la doctrina eterna a los tiempos cambiantes.

El próximo martes 12 de marzo de 2013 se inicia el cónclave del que saldrá elegido un nuevo papa. Los cristianos debemos dejar a un lado la pasividad que a menudo nos caracteriza en estas cosas “de la Iglesia” y en vez de sentarnos a esperar qué deciden los cardenales tenemos que ser conscientes de que la Iglesia somos todos, y no son los cardenales quienes eligen al papa, sino el Espíritu Santo. Los cardenales actúan como vehículo del Espíritu y como representantes de la Iglesia, y la Iglesia, repito una vez más, somos todos, así que todos estamos igualmente involucrados en ese proceso de elección, cada uno de una forma. Los cardenales serán los que reflexionen y escriban un nombre en la papeleta, pero todos los cristianos católicos tenemos el deber de acompañarles con nuestras oraciones y pedir a Dios que nos envíe el papa que la Iglesia necesita en este preciso momento. No el papa que nos gustaría que fuera, como nos gustaría que fuera, del continente o país que nos gustaría que fuera, sino justo el papa que Dios considera el adecuado para dirigir la barca de San Pedro en este momento tan crucial (como tantos otros antes en la historia) que estamos viviendo. Como en todas las oraciones, no debemos pedir a Dios por lo que queremos, sino por lo que necesitamos, que muchas veces no es lo mismo, para que algún día podamos decirle agradecidos “no me diste nada de lo que te pedí, pero me diste todo lo que necesité”. Aunque por supuesto, como seres humanos que somos, es mucho mejor si en el futuro podemos decir “me diste lo que yo te pedí y además resultó ser justo lo que necesitaba” 🙂

Por eso, ahora que se habla tanto de si es mejor un papa americano, o asiático, o de Asia, o de Estados Unidos… o de la Conchinchina; sobre si debería ser más progresista, aperturista, revolucionario, ortodoxo, mediático, o discreto; es humano legítimo opinar, argumentar y desear, pero siempre siendo muy conscientes de que por encima de cualquiera de nuestros deseos y nuestros argumentos, Dios sabe mucho mejor que nosotros quién es el adecuado para este momento, y cuando el protodiácono salga al balcón de San Pedro a anunciar la gran noticia de “habemus papam”, todos debemos tener la convicción de que dentro de lo que la Iglesia humana podía ofrecer, Dios ha elegido al más adecuado; tal vez no al mejor hombre, pero sí al mejor para su labor de papa, y una vez el Espíritu Santo haya tomado su decisión, no tiene sentido seguir opinando o argumentando si hubiera sido mejor este o aquel.

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14 PROPUESTAS PARA MEJORAR LA IGLESIA

Y aclarado este punto, voy ahora a permitirme el atrevimiento de expresar mi propia opinión sobre qué cosas serían deseables para la nueva etapa de la Iglesia que estamos a punto de iniciar. Son solo 14 puntos de los muchos que se podrían comentar, y están escritos al vuelo, sin demasiada reflexión ni revisión, así que lo que sigue a continuación será mucho más producto del corazón que de la cabeza, para deleite de algunos y escándalo de otros, pero espero que para reflexión de todos.

1- La Iglesia no es Italiana

Aunque siento un gran afecto por nuestros hermanos latinos italianos, sería muy deseable que el nuevo papa no sea italiano. Italia solo representa un porcentaje mínimo de los católicos del mundo y la Iglesia debe ser definitiva y efectivamente universal, así que no hay ningún motivo para que siga dominada por los italianos.

2- Que la Iglesia no es Italiana!

Reiterando mi afecto por los italianos, considero que entre sus muchísimas virtudes no está actualmente la de gobernar y organizar bien las cosas. No hay más que ver la política italiana de las últimas décadas para comprobar lo caóticos que son y lo mal que se organizan… y también lo dados que son a crear escándalos bien por falta de seriedad en la organización o bien por la corrupción. Actualmente el Vaticano, independientemente del papa, está dominado por los italianos, no solo en la curia sino en todo tipo de cargos y funciones eclesiásticas y seglares. La mayoría de los escándalos del Vaticano en las últimas décadas han sido provocados por italianos, como por ejemplo las filtraciones de secretos (los vatileaks) o algunos casos de corrupción. El nuevo papa debería continuar y profundizar enormemente la labor ya iniciada por Benedicto XVI de purificar la curia y demás elementos del vaticano que probablemente funcionan más como un estamento político que religioso, y si a la política le añadimos que es básicamente “política italiana”, pues el problema está servido.

3- La Iglesia no es europea

Por la misma razón que el nuevo papa no debería ser italiano, tampoco sería deseable que fuera europeo. La Iglesia Católica ha sido durante todos estos siglos una Iglesia Universal pero totalmente europea en su organización, sus dirigentes, su mentalidad y su forma de funcionar. Esto en el pasado pudo ser una ventaja, pero no en el presente. La Iglesia Católica en Europa está en una fase de tremenda confusión, parálisis y decadencia (y purificación) y tanto el clero como los fieles suelen tener un concepto derrotista e incluso desesperanzado de la situación de la Iglesia, con bastante pesimismo con respecto al futuro. Al menos en principio es de esperar que católicos de otras zonas del mundo, donde el catolicismo es fuerte, dinámico, emergente y vital, pudieran enfocar la dirección de la Iglesia desde una perspectiva nueva y fresca que traiga nueva savia al árbol de la Vida que intentamos alimentar. Un papa y una curia con gente llena de ilusión y energía sin duda sería todo un revulsivo frente a una cúpula vaticana derrotista, desanimada y, admitámoslo, bastante confusa y perdida ante unos cambios sociales que les desbordan.

4- Transparencia, transparencia y transparencia

Quien hace lo correcto y dice la verdad no tiene nada que ocultar. El Vaticano debe ser a todos los niveles una institución transparente, sin más secretos que los imprescindibles dentro del mundo de la diplomacia en el que debe moverse. Especialmente el tema de las finanzas, qué dinero hay, de dónde viene, a dónde va, tiene que ser un ejemplo de transparencia. Todos los ocultamientos solo dan lugar a sospechas, especulaciones y a pensar mal. Si en el Vaticano, obispados, parroquias o donde sea, hay basura, tenemos que limpiarla lo antes posible y volver las paredes de cristal, para que todos vean la luz que la Iglesia lleva dentro. Esta sin duda sería una de las tareas más difíciles del nuevo papa, pero también una de las más necesarias y más beneficiosas a largo plazo.

5- Delitos internos

La Iglesia es una institución fundada por Jesús pero compuesta de hombres, una “santa y pecadora”, como ahora decimos, aunque la expresión original de San Ambrosio es mucho más fuerte (dicho de forma suave: “santa y meretriz”), porque somos una asamblea divina creada por y para Dios, pero somos seres humanos expuestos a la tentación y el pecado como cualquier otro ser humano. Por eso es inevitable que entre los católicos (seglares o clero) aparezca el pecado, la corrupción, el crimen, la pederastia, y cualquier debilidad humana que se nos pueda ocurrir. Eso nunca se podrá evitar, y en eso somos como cualquier otra comunidad humana. Lo que debe diferenciar claramente a la Iglesia de las otras comunidades puramente humanas es precisamente cómo reaccionar ante el pecado. Si un católico peca, tenemos el sacramento de la penitencia, el perdón y todas esas cosas que siempre hemos tenido. Pero si quien peca es alguien del clero (cura, obispo, o el mismísimo papa), además del sacramento de la penitencia como todo católico de a pie, tiene que pagar sus culpas también ante la comunidad a la que representa. No basta con que se arrepienta, pida perdón a Dios y haga penitencia, la Iglesia como institución tiene que ser contundente con el pecado de sus clérigos y reaccionar en la justa proporción de su delito. Es absolutamente lamentable que durante tanto tiempo se haya reaccionado frecuentemente ocultando estos delitos, intentando resolverlos pero sin que trasciendan, más preocupados por evitar el escándalo público que por otras cosas.

En eso algo se ha avanzado últimamente, pero es poco, lento y no suficiente. La Iglesia debe de ser también en esto un ejemplo para todas las demás instituciones humanas. Ella misma tiene que investigar si alguien de sus instituciones ha hecho algo sospechoso y ser la primera en presentarlo a la justicia terrena si encuentra fundamento para ello. Y si es la justicia terrena la que descubre el delito, la Iglesia debe colaborar con ella en todo lo posible y más para que ese delito se esclarezca y para que el responsable pague por ello según las leyes de su país (independientemente de que a nivel espiritual pueda recibir el perdón). Los lamentables y odiosos casos de pederastia destapados en los últimos tiempos en varios países son el mejor ejemplo de cómo las maniobras de ocultamiento para evitar el escándalo público se han vuelto en contra de la Iglesia y ha acabado convirtiéndose en una bomba que nos ha estallado a todos en la cara.

Además de ser una reacción (la de ocultar) que ha demostrado ser contraproducente, desde el punto de vista moral es condenable e incluso totalmente despreciable la actuación de todos aquellos que desde las instituciones eclesiales han cubierto las espaldas de los pederastas o cualquier otro criminal. Ocultar pruebas o proteger y encubrir al criminal es un delito, y no solo en la justicia humana, sino también en la divina. La excusa de hacer eso para evitar un mal mayor (el escándalo público) es un razonamiento idéntico al de muchos políticos en la historia que no han tenido reparos de hacer maldades “por un bien mayor”, lo que ha justificado muchas barbaridades en la historia. Está bien, muy bien, que la Iglesia haya pedido perdón por muchos de sus errores pasados (algo que ninguna otra institución religiosa o laica ha hecho), pero ha llegado el momento no solo también de pedir perdón por los delitos cometidos por los pecadores que hay entre su clero (que ya lo ha hecho), sino de arrepentirse y pedir perdón por haber encubierto en muchísimos casos a esos pecadores, que son criminales, y el nuevo papa debe tener el brazo suficientemente fuerte como para lograr un gran giro en el comportamiento de la Iglesia en este terreno: nunca más un clérigo criminal encubierto, nunca más un escándalo tapado, nunca más una corrupción ocultada. Que salga todo a la luz, porque si en un primer momento habrá que aguantar los furibundos ataques de los medios y otros sectores de la sociedad, a largo plazo la Iglesia se consolidaría como una institución ejemplar que sabe cómo limpiar la basura de su casa.

6- La Iglesia debe entrar en el s. XXI

El nuevo papa debería ser tan fiel guardián de la ortodoxia como todos, pero al mismo tiempo abrir la Iglesia a los nuevos tiempos. Con ello no quiero decir, al menos no necesariamente, que tenga que ser lo que ahora muchos llaman un papa “progresista” (frente a “conservador”). No se trata de ideas políticas, sino de adaptarse a los tiempos, de transmitir el mensaje de siempre pero de forma que las nuevas generaciones lo entiendan.

7- Internet no es la nueva frontera, es el Nuevo Mundo

También habría que apostar definitivamente por Internet como el nuevo gran campo de evangelización, algo que ya mencionó Benedicto XVI pero que hay que tomárselo como prioritario. Las nuevas generaciones buscan la información en Internet principalmente, y ahí es donde la Iglesia (no el Vaticano, sino todos nosotros) debe tener una presencia lo más grande posible. Wikipedia es ahora la principal fuente de información enciclopédica, y gran parte de sus artículos sobre temas cristianos en general o católicos en particular tienen un enfoque que, aparentando neutralidad, se inclinan mucho hacia posiciones ateas o al menos no católicas. En muchos artículos se nota que les falta información o que la malinterpretan, pero esos artículos son leídos diariamente por miles y miles de personas. Debería ser prioritario fomentar el que miles de eruditos y apologistas católicos de todo el mundo y de todos los idiomas comiencen a contribuir en Wikipedia para evitar que la verdad cristiana quede a menudo distorsionada en esos artículos. Y ya, dicho sea de paso, evitar situaciones tan lamentables como que la Biblia online que tiene la página oficial del Vaticano (vatican.va) tenga errores de transcripción e incluso faltas de ortografía. Eso demuestra lo poco que la Iglesia oficial se ha preocupado de Internet. Iniciativas como los “tuits” de Benedicto XVI son casi puras anécdotas dentro del penoso panorama general. Si hoy la gente está en Internet, allí debe estar la Iglesia, y el nuevo papa debería ser el gran impulsor de este salto tan necesario en este nuevo milenio.

8- Lograr una presencia importante en los medios de comunicación

La mayoría de los medios de comunicación en la mayoría de los países del mundo son más bien (o clarísimamente) hostiles al cristianismo, especialmente al catolicismo. La gente (incluidos los católicos) son bombardeados continuamente por noticias distorsionadas, verdades parciales o claras mentiras, y eso va minando y destruyendo la confianza de los católicos en sus instituciones. La Iglesia está ahora en una estrategia de victimismo, se queja de que sus mensajes son malinterpretados, sus declaraciones sesgadas y retorcidas, etc. Debemos pasar del lamento a la iniciativa. Por un lado hay que seguir avanzando en crear nuestros propios medios de comunicación católicos (canales de televisión, periódicos, diarios virtuales online, aplicaciones para móviles, películas, documentales, etc.) para que nuestra voz y nuestra versión tenga también un espacio dentro del mundo de los “mass media”. Y esto no es algo que tiene que hacer el Vaticano pagando con las arcas de San Pedro, es algo que tenemos que hacer la enorme comunidad de católicos mundial, pero el Vaticano debe tomar el liderazgo de motivar, incentivar y facilitar todo tipo de iniciativas privadas en esa dirección.

9- Un nuevo estilo de comunicación en los medios

Este es otro de los caminos que ya ha iniciado Benedicto XVI pero en el que hay que seguir profundizando. A menudo los estamentos oficiales eclesiásticos se comunican de manera que la mayoría de la gente no les entiende. No solo las declaraciones oficiales del papa, obispos, conferencias episcopales, etc. deben de tener más en cuenta al público a quien van dirigidas, de forma que no solo sean fáciles de comprender, sino que realmente toquen la fibra de la gente. No debería ser tan difícil teniendo el ejemplo de Jesús y comparando la manera de predicar de Jesús con la de la mayor parte del clero actual.

También se necesitan portavoces oficiales (a nivel de Vaticano y diócesis) que sea gente con buenas cualidades de comunicación, que sepa llegar a la gente y expresarse de forma eficaz. Eso es algo que los políticos saben muy bien, no basta con tener un buen mensaje, tienes que lograr la mejor manera para transmitirlo y elegir a aquellos comunicadores que lo hacen mejor. La Iglesia tiene un mensaje que transmitir, es una de sus principales funciones, y en general lo hace de forma lamentable, como si estuviésemos aún en el siglo XVII, con lo cual su mensaje, doctrinal o del tipo que sea, a menudo no llega.

También en los medios de comunicación ya disponibles (radios, canales de TV, etc.) hay que buscar esa forma moderna de expresarse que llegue a la gente y que no suene a rancia y anticuada, a “sermones de curas”. A veces se convierte en un círculo vicioso, como la mayoría de los oyentes o telespectadores son de avanzada edad, se hacen programas pensando en ellos, lo cual deja a los jóvenes fuera, y cuando todos esos de avanzada edad pasen a mejor vida ¿dónde estará nuestra “cantera”? Hay que buscar al público joven, lograr conectar con ellos e interesarles, pues ellos son el futuro de la Iglesia. Voy a poner un ejemplo que quizá se entienda mejor: Radio María. Una gran y loable iniciativa extendida hoy por muchos países. Esta emisora de radio hace lo que puede, principalmente con gente voluntaria, algunos poco profesionales (a los que hay que agradecer no obstante su dedicación). Algunos programas son muy interesantes, otros soporíferos (aunque será cuestión de gustos), pero hay algo que prácticamente todos tienen en común: no resultan de ningún interés para la gran mayoría de los jóvenes. Es una emisora de radio con un público con una media de edad que claramente pasa de los 60 años. Necesitaríamos iniciativas como Radio María (que está bien para el sector al que se dirige) pero que busquen principalmente al público joven, y cuando hablamos de “joven” en la Iglesia europea no estamos pensando solo en los adolescentes, sino a cualquiera de 40-45 años para abajo (en otros países tendrán realidades diferentes).

10- Reforma de la liturgia

Un buen ejemplo de la modernización necesaria es la liturgia actual. La liturgia de la misa católica no es simplemente una manera cualquiera de organizar el rito de la misa, es algo sagrado y heredado de los primeros cristianos. Pero esa parte sagrada de la liturgia es un esqueleto simple compuesto de varias partes fundamentales, todo lo demás es algo que con los siglos se ha ido añadiendo y transformando y modificando, y por tanto hay mucho margen para transformar profundamente las misas sin necesidad de tocar en nada la parte sagrada de la liturgia en sí. También la liturgia de la Iglesia Ortodoxa mantiene fielmente todos los elementos esenciales de la Iglesia Primitiva, y sin embargo tiene muchos aspectos que la hacen muy diferente de las misas católicas, pero ambas son igual de válidas (así lo admite la propia Iglesia).

Sería conveniente hacer las misas más vivas, más atractivas, más participativas, y fomentar más las misas para niños, para que puedan introducirse en el mundo de la eucaristía sin tener que sufrir el tormento de estar media hora o más callados y quietos aguantando algo que para ellos necesariamente resulta pesado, aburrido y carente de sentido. También sería muy deseable fomentar la celebración de misas dirigidas expresamente a los adolescentes, que están justo en la edad en la que están decidiendo el rumbo de su vida, y necesitan algo que realmente les llene… o se van.

El pasado domingo se sentó en misa a mi lado un joven de unos 17 años, solo. Evidentemente no estaba allí por sentirse obligado (esto es Europa) ni porque sus padres le llevaron, sino porque sentía la necesidad de ir a misa, por propio deseo. A los 15 minutos ya sacó el móvil y empezó a mirar cosas, y a cada rato volvía a sacar el móvil y mirar. Es evidente que toda su buena voluntad no fue suficiente para soportar una misa que incluso a mí me estaba resultando aburrida, con un tono monótono que no ayudaba en lo más mínimo a mantener la concentración. No hace falta ser muy listo para deducir que con mucha probabilidad, ese joven duraría poco tiempo más asistiendo a misa, era evidente que se aburría mortalmente, y todavía no tenía edad suficiente para captar la profundidad de lo que realmente estaba ocurriendo allí, yo mismo tardé muchos años en llegar a comprender (y sobre todo a sentir) lo que realmente representa el misterio de la eucaristía, pero todo indica que este joven no tendrá la oportunidad de llegar a comprenderlo, porque años antes de lograrlo ya se habrá distanciado de la Iglesia. Lamentable. ¿Y de quién será la culpa?

Las misas no deben convertirse en un espectáculo olvidándose de su función sagrada, pero no hay ningún motivo por el que no puedan convertirse en algo más dinámico y participativo y adaptarse a las nuevas formas de comunicación a las que la gente está hoy acostumbrada. Aunque a muchos les suene casi herético, el uso de presentaciones de diapositivas, vídeos, canciones, actuaciones, incluso ciertos “efectos especiales” contribuirían mucho a mantener el interés y llegar más a la gente. Ya hay algunos curas que se atreven con ello, pero son casos anecdóticos, y admitamos que también en ocasiones son reformas poco acertadas, pero al menos muestran su inquietud por buscar un modo de conectar mejor con la gente. En eso los evangélicos nos llevan una enorme ventaja, aunque lo hagan a su manera, por supuesto, pero soy testigo de muchos jóvenes en algunos países que se pasan a los servicios evangélicos porque en ellos siente más intensamente la presencia de Dios, que no es solo cuestión de raciocinio sino también de emoción, y esos jóvenes son pérdida para nuestra Iglesia porque no logramos conectar con ellos ni mantenerlos dentro.

Pero es que así es como funcionaba la Iglesia Católica en siglos pasados, utilizando las innovaciones que en su momento funcionaban. En la Edad Media se procuraba crear un tipo de ambiente que tuviera un tremendo impacto sicológico en los feligreses, creando una atmósfera muy intencionada con la arquitectura, la iluminación, la decoración, el incienso, los cánticos, etc. Pues hoy en día ya no podemos crear un gran impacto sicológico en las mentes de los católicos del siglo XXI utilizando las mismas técnicas que funcionaron en el siglo XIII, hay que adaptarse a los nuevos tiempos y utilizar los nuevos medios. No podemos quejarnos de que ya la gente no se emociona cuando hacemos lo de siempre, habrá que buscar cuál es la nueva manera de emocionar a la gente, de tocar su corazón, de lograr que se sientan partícipes de una auténtica adoración, en lugar de espectadores pasivos, y frecuentemente aburridos, de lo que el cura hace y dice en frente de ellos. Los feligreses deben formar parte también de la misa, no solo como espectadores, sino participando de alguna manera en ella, algo más que simplemente levantándose o sentándose cada vez que el rito así lo exige, o repetir ciertas fórmulas en ciertos momentos. Así no es fácil lograr que la gente, y menos aún los jóvenes, se sientan formando parte de algo común. Salvo por la comunión, lo mismo podríamos hacer viendo la misa por la televisión sin demasiada diferencia, solo que en la tele la mayoría acabaría haciendo zapping y buscando algo más emocionante en otro canal, porque sí, en la misa también hay que lograr emocionar a la gente, tocarles el corazón (como bien sabía hacer Jesús), algo que los evangélicos saben hacer estupendamente bien, de ahí su éxito; y si a ellos se les puede criticar que son demasiada emoción y poca razón, a nosotros se nos puede criticar que somos mucha razón y muy poca emoción. No es así como funcionaba Jesús ni como funcionaban las comunidades primitivas, hemos perdido en gran medida la noción de que el corazón es parte fundamental del proceso de adoración, y eso lo estamos pagando caro.

11- Un nuevo estilo en los sermones

Hay muchos sacerdotes que pueden estar 20 minutos hablando en un sermón y al final ocurre muchas veces que no sabes de qué ha estado hablando, o bien por su manera de expresarse (muy “de curas” pero por eso mismo totalmente alejada de las formas actuales), o bien porque su sermón desarrollaba un tema que para los feligreses carecía totalmente de interés, o bien porque por enésima vez se ha limitado a decir un montón de clichés huecos de tanto repetirlos fuera de un contexto real, cosas como “el amor de Dios es lo único que da sentido a nuestras vidas”, “Jesús nos redimió con su sacrificio”, “hermanos, debemos amarnos y perdonarnos”, etc, etc. Verdades como puños pero que dichas una detrás de otra en una especia de nube mística alejada del suelo que pisamos se convierten en tópicos vacíos que ya no significan nada.

Si la palabra “sermón” en español y en inglés se ha convertido en sinónimo de “discurso aburrido” es porque frecuentemente eso es lo que es. Hemos pasado de los sermones tipo “¡pecadores, vais a arder todos en el infierno si no os arrepentís!” a los sermones tipo “queridos hermanos, amad y perdonad y no olvidéis que Dios os ama”. Ciertamente parece una mejora, pero en realidad muchos sacerdotes han pasado de apalear moralmente a la gente a subirse al séptimo cielo y desde allí comentar lo maravilloso que es flotar entre las nubes, mientras que nosotros los feligreses aguantamos sentaditos a que el sacerdote deje de flotar y nos permita reconectar con nuestra vida real, y no con los Mundos de Yupi. Y por cierto, muchos sacerdotes tienen todo el aspecto de aburrirse con sus sermones tanto como los feligreses, lo cual es aún más patético. Y este cambio de “chip”, que debe surgir de los propios seminarios y de los cursos de formación que la Iglesia les organiza, debe ser otra de las tareas que el nuevo papa debería emprender ya mismo, porque si en Europa y algunos otros países las Iglesias se están quedando vacías es porque las misas, en vez de ser celebraciones de gozo, son un enorme aburrimiento, y las sociedades modernas que se mueven tan aprisa y tienen tantos estímulos, ya no pueden soportar el pasarse 30 o 50 minutos con la sensación de estar perdiendo el tiempo. Habiendo como hay tantos curas maravillosos que consiguen a pesar de todo hacer de la misa tradicional una celebración apasionante, la norma, sobre todo en Europa, es que la misa se soporta porque vas a adorar a Dios y a recibir la eucaristía, pero a cambio tienes que pagar el precio de pasarte un tiempo que se hace eterno escuchando sermones que suenan vacíos y repitiendo fórmulas que de tanto usarlas ya suenan también a palabras huecas.

12- Los católicos somos los auténticos CRISTIANOS y seguidores de JESÚS

Punto este que sin duda resultará especialmente polémico para muchos porque ponemos el dedo en un punto muy delicado para la mayoría de los católicos. Espero que nadie malinterprete lo que quiero decir ni piense que intento disminuir el valor teológico de la madre de Dios. Pero también aquí hay que decir las cosas claras.

Antes mencionamos la emisora Radio María, un buen ejemplo para preguntarnos ¿por qué la gran mayoría de las iniciativas católicas utilizan a María como sello de identidad? Al menos a mí me da la sensación de que los protestantes han logrado adueñarse del término “cristianos” y de la figura de Jesús, y los católicos, para marcar diferencias, han terminado por quedarse con el sub-apelativo de “católicos” y refugiándose en la figura de María. No es de extrañar que los protestantes piensen que los cristianos católicos adoramos a María en vez de a Jesús; desde una visión superficial externa, parece que María se ha convertido en la marca del catolicismo y su punto central, como si Jesús fuera un elemento subsidiario. Sé que no es así, no hace falta que nadie me explique ese error, yo soy católico, pero visto desde fuera es muy difícil no tener esa sensación. Por poner un ejemplo, basta hacer una búsqueda en Amazon.com de libros protestantes y libros católicos: La mayoría de los libros protestantes utilizan a Jesús en sus portadas, la gran mayoría de los libros católicos utilizan a María en sus portadas. Igual se puede ver con los blogs de Internet, la mayoría de los blogs católicos usan imágenes de la Virgen. Hasta la cruz como símbolo de identificación es mucho más usada por los protestantes que por nosotros. Y luego intentamos convencer a los protestantes de que nuestra figura central es Jesús, nuestro único Dios y salvador, no María, pero las apariencias dicen todo lo contrario. Sin darnos cuenta hemos ido dejando que Jesús y “cristiano” vayan siendo señales de identidad de los protestantes, no de nosotros, los verdaderos cristianos y los auténticos seguidores de Jesús. No se trata de disminuir la importancia de María en el cristianismo, pero convendría resituarla en su justo contexto para no crear confusión entre los de dentro ni error ante los de fuera. Por mucho que un cristiano católico pueda amar a María, jamás debe perder la perspectiva de que nosotros somos discípulos de Jesús, no discípulos de la Virgen, y ella es también discípula de Jesús como nosotros, aunque además sea madre de Dios y madre nuestra. El nuevo papa no tiene por qué achicar la figura de María, pero sí debería esforzarse por resituarla a nivel popular en el papel que siempre ha tenido en el nivel teológico y oficial, para evitar desviaciones en ese sentido.

13- Aggiornamento (puesta al día)

Mucha gente hoy en día, sobre todo en Europa, desea que la Iglesia se adapte a los nuevos tiempos. Eso está bien, es lo que la mayoría pedimos. Pero hay dos formas diferentes de adaptarse. Algunos opinan que la moral católica es retrógrada, que debe asumir la nueva mentalidad, y en realidad esto significa para ellos que la Iglesia Católica debería ser tan relativista y “tolerante” como la moral atea que ahora impera en Europa, aceptando el aborto, el divorcio, el matrimonio homosexual y siendo mucho más abierta en cuestiones de sexo, etc. etc. Eso no es una actualización y modernización de la Iglesia, eso sería una claudicación ante el modernismo (que no modernidad), sería dejar de defender nuestra moral para asumir la moral relativista y por tanto sería sustituir el mensaje de Jesús por otra cosa. ¿Para qué necesitaría nadie una Iglesia que le ofrece los mismos valores que encuentra fuera? Si te van a transmitir el mismo mensaje, mejor una película de Hollywood que un sermón dominical. No, el aggiornamento que necesita la Iglesia es adaptar sus formas a la sociedad actual, incluso en cierta medida también sus instituciones, pero manteniendo sus convicciones y exigencias morales y doctrinales intactas, por muy impopulares que puedan resultar.

Tenemos un buen ejemplo en lo que ocurrió con los protestantes y evangelistas de Estados Unidos en el siglo XX. Una parte de ellos decidió “adaptarse a los nuevos tiempos” y comenzaron a aceptar ideas modernas como el aborto y un montón de modernidades más, o incluso considerar los milagros de Jesús o la virginidad de María como simbólicos. Otra parte rechazó ese movimiento “modernizador” y reivindicó las doctrinas tradicionales, a menudo volviéndose aún más conservadores. El resultado es que esas corrientes de cristianos que se subieron al carro de la “modernidad” creyendo que así lograrían hacer su mensaje aceptable para el hombre moderno comenzaron un profundo declive que terminó por convertirles en una minoría dentro del panorama protestante y evangélico actual, mientras que los movimientos más conservadores fueron creciendo y comiéndoles el terreno.

Otro ejemplo lo tenemos más recientemente en la Iglesia Anglicana. La llamada “Low Church” (la rama de tendencia más protestante) logró imponer modernidades como el sacerdocio femenino, la ordenación de curas homosexuales (activos), una mayor tolerancia a las relaciones prematrimoniales, desacralizar el sentido de la eucaristía y otras muchas cosas. La reacción de los anglicanos todos la conocemos, miles y miles de ellos en todo el mundo se han pasado a la Iglesia Católica. Actualmente, entre los que asisten regularmente a misa, se calcula que el número de católicos en Inglaterra ya es superior al del número de anglicanos.

¿Por qué ocurre esto? Porque quienes buscan a Dios buscan algo sólido, permanente, que les muestre un patrón claro y exigente y una guía clara, no un listado de normas cambiantes que se van adaptando al “espíritu de los tiempos”. Quien prefiere la libertad de hacer de su vida lo que quiera sin límites ni exigencias, ese no busca a Dios, así que no va a buscar tampoco una Iglesia que le diga que básicamente tiene razón en vivir a su aire.

No estoy aquí hablando de las a menudo llamadas corrientes “conservadoras” o “progresistas” dentro de la Iglesia Católica, estoy hablando del peligro de pensar que adaptarse a la sociedad moderna significa abandonar valores cristianos para asumir valores ateos creyendo que así te estás adaptando, cuando en realidad lo que haces es que estás cambiado, y el mensaje de Jesús es eterno e inmutable, se deben adaptar las formas, más nunca el contenido. Cuanto más cambie la sociedad, más políticamente incorrecto parecerá el mensaje cristiano, pero eso será un signo de que la sociedad va por el mal camino y el cristianismo se mantiene firme. Si ellos avanzan al precipicio nosotros tenemos el deber de indicarles el camino de salvación, no de avanzar al precipicio con ellos… y saltar también al vacío.

14- Inculturación

Este término católico significa el intentar armonizar el cristianismo con las características especiales de la cultura a la que llega. Cuando el cristianismo palestino llego al mundo griego, la Iglesia primitiva hizo un intenso y profundo proceso de inculturación, con todos los conflictos y debates que ellos produjo (ver el libro de Hechos), pero al final tuvieron claro que los griegos que aceptaran el cristianismo no tenían por qué transformarse cultural ni religiosamente en judíos. Y sin embargo la Iglesia Católica actual, que desde Vaticano II ha vuelto a hablar mucho de inculturación, sigue básicamente empeñada en que todos los católicos del mundo tienen que ser desde el punto de vista religioso-cultural, europeos. Las estructuras, las formas, los ritos, la manera de funcionar, todo es europeo, pero además, de una cultura europea de hace décadas o incluso siglos. Incluso en la propia Europa la cultura oficial católica ya es algo desfasado.

Debería haber una apertura mucho mayor y más atrevida hacia los tímidos procesos de inculturación iniciados en muchos países. Hay que presentar el evangelio con formas y maneras que la gente de culturas de países tan diferentes como Croacia, El Congo, Vietnam o Laos puedan entender, asumir y sentir eso con la misma claridad que los europeos del siglo V podían hacerlo. Si los africanos necesitan expresar su alegría bailando, que sus celebraciones y eucaristías se llenen de bailes, porque solo así conciben expresar su alegría y su amor a Dios, y si una comunidad de cultura budista está acostumbrada a mantras, meditaciones, silencios y velas, introduce esos elementos también en sus ritos católicos porque así es como ellos conciben la espiritualidad, como han sido culturalmente preparados a conectar con Dios.

Sin embargo no podemos confundir inculturación con sincretismo. El sincretismo no consiste en adaptar el cristianismo a otras culturas, sino mezclar la doctrina cristiana con otras doctrinas de otras religiones, y eso no es aceptable porque pervierte al cristianismo. Lo que ocurre en muchas partes de Cuba y Brasil, por ejemplo, es que el cristianismo se está corrompiendo y mezclando con creencias africanas, y por tanto deja de ser cristianismo para convertirse en otra cosa, exactamente igual que ocurrió en la Iglesia Primitiva cuando el gnosticismo se mezcló con el cristianismo en algunas zonas y ese llamado “cristianismo gnóstico” fue contundentemente combatido como herético por la Iglesia del siglo I y II principalmente.

Inculturación es adaptar el cristianismo a la cultura y mentalidad de quien lo recibe. El simple hecho de traducir la Biblia al latín (o recientemente al español) ya supuso una gran inculturación, y la misma teología cristiana, desde el principio, fue producto de una inculturación en la que se utilizó la filosofía griega para explicar la doctrina cristiana judía a un público de cultura griega. ¿Acaso solo los griegos merecían que el cristianismo se adaptase a su cultura y mentalidad? ¿no lo merecen igual los indios, los malayos, los chinos, los africanos, los polinesios… incluso los occidentales modernos? La doctrina, los sacramentos, la liturgia central, eso debe ser común a todos, pero todo lo accesorio debe adaptarse a la cultura de cada país de forma que logre llegarles y hacerse comprensible. En ese aspecto queda muuucho camino por recorrer.

Bueno, al final si han logrado leer hasta aquí sin escandalizarse por las críticas (críticas constructivas surgidas de mi amor a la Iglesia) entonces es probable que tampoco se escandalicen si terminamos este artículo con un poquito de humor, que también vendría muy bien. Sin ánimo de inclinarme por ningún continente, espero que disfruten de este mensaje especial de un supuesto papa del siglo XXI:

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23 thoughts on “Sede Vacante: Críticas y propuestas para el nuevo pontificado

  1. Hay que decíselo a todos.El diálogo con la persona no creyente debe tener como base,creo yo,la sinceridad y el respeto.Abrir el corazón al otro. y no tener miedo a decir “pequé” me “equivoqué “. y reflexionar sobre ladimensión de espitualidad de toda persona humana y en los interrogantes del ser humano. Y buscar respuestas. Y para mí ,la respuesta es Jesucristo.
    No te parece ,CRISTI

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  2. Ante los misterios de la muerte y Resurrección de Jesucristo ,los primeros discípulos,no podían callar.”Cristo murió por nosotros,para que creyendo en Él,llegáramos a vivir con Él eternamente.Esto es el don de la Pascua.Decirselo a todos.

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  3. Si , sí…si aparece..gracias y perdona. –siempre,,pero principalmente en nuestros tiempos debemos dar más impotancia a la oración.. -que al fin y al cabo todo es cosa de DIOS. y nosotros allanar el camino todo lo que podaqmos…a ver si much,s de las cosas que tú pedías en el comentario se van consiguiendo entre todos , guiados por el Papa Francisco.Y a ver si los hombres nos enteramos de lo que es Dios para el hombre y de lo que ha hecho Jesucristo por nosotros.Un saludo.

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