¿Qué diablos acaba de hacer el papa?


Con gran pesar quiero escribir este artículo para arrojar un poco de luz sobre las últimas declaraciones del papa en cuanto a que los estados deben permitir las uniones civiles de homosexuales. En el documental “Francesco”, estrenado anteayer, el 21 de octubre del 2020, el papa declara:

Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia, son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie, ni hacer la vida imposible por eso. Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí eso”.

Mi primera reacción fue lo que siempre digo, de entrada no hay que creerse lo que los medios cuentan de la Iglesia, porque incluso cuando dicen la verdad tienden a tergiversar las noticias para darle sensacionalismo. Pero visto el gran revuelo que lógicamente se ha formado, y comprobando sorprendido que pasa el tiempo y el Vaticano se niega a hacer declaraciones (y el papa menos aún), me atengo a lo de que el que calla otorga y doy por válidas esas palabras con el sentido aparente que tienen. Cuando el papa haga declaraciones y explique el asunto, tal vez, ojalá, tenga que modificar o eliminar este artículo, pero mientras tanto, si el agua del río se enloda, quiero al menos explicar con claridad cuál es la verdadera doctrina de la Iglesia y por qué esas declaraciones publicadas no pueden entenderse como la voz de la Iglesia.


Cuando empezó su pontificado pronto nos acostumbró a sus declaraciones espontáneas e impulsivas a la prensa, en contra de las típicas declaraciones papales muy meditadas de antes. Esto nos pudo parecer a muchos un nuevo aire de frescura que aceptamos con simpatía, y evidentemente a la prensa le encantó. Pero poco a poco hemos ido entendiendo por qué un papa no debe hacer ese tipo de declaraciones. Un papa no puede hablar en nombre de sí mismo; lo quiera o no, siempre que habla su voz suena como la voz de la Iglesia. Y la voz de la Iglesia en este asunto, en documento oficial, es la misma que recogió Juan Pablo II en el 2003 en un documento escrito por el entonces cardenal Ratzinger, luego papa Benedicto XVI, en el que se dice:

La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores, para el bien de los hombres y de toda la sociedad.

Este documento es doctrina de la Iglesia, lo que dijo el papa Francisco es sólo una opinión personal, y muy probablemente nunca pasará de eso, de ser una opinión personal, pero es que se trata de la opinión personal del papa, nada menos.

No es nuestro deseo entrar aquí a discutir el tema de la homosexualidad, pues no es de eso de lo que trata este artículo, sino del problema que supone que un papa exprese opiniones que contradicen a la misma doctrina de la que se supone es guardián, pero inevitablemente tendremos que hacer algunas aclaraciones para que no haya gente que sea incapaz de ver cuál es el problema de estas declaraciones en concreto.

Primero, la condena de los actos homosexuales es contundente y se repite en diferentes partes de la Biblia, empezando por la narración sobre el pecado de Sodoma y la clara prohibición de ello en el Levítico. Pero también encontramos la misma condena contundente en varios pasajes del Nuevo Testamento, como en la epístola a los romanos (1:26-27)

Por eso, Dios los ha abandonado a pasiones vergonzosas. Incluso sus mujeres han cambiado las relaciones naturales por las que van contra naturaleza; y, de la misma manera, los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos por los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión.”

La doctrina de la Iglesia, expresada en el Catecismo, recoge ese mismo sentir, como no podía ser de otra forma:

2357: […] Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves (cf Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10; 1 Tm 1, 10), la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Persona humana, 8). Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.

2358: Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas. Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición.

2359: Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

(http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a6_sp.html)

La solución que ofrece la Iglesia para los casos más radicales (la castidad) ¿es absurda e irrealista? Pues la misma solución se da para los pederastas y a nadie le parece mal, al menos a día de hoy. Y lo mismo se exige a los curas o a los solteros. Pero lo importante aquí es que la Iglesia no está condenando a los que se sienten homosexuales, no condena tampoco a la tendencia homosexual, sino exclusivamente a los actos homosexuales, por mucho que en los debates actuales se empeñen en mezclar ambos conceptos.

Hay que tener en cuenta que el concepto de que hay gente gay y gente hétero es algo bastante reciente. Hasta no hace mucho se consideraba que había actos homosexuales, no personas homosexuales, y por ejemplo cuando la Biblia condena la sodomía está condenando una práctica personal, no una “clase de personas”. Los propios griegos tenían la misma visión, no consideraban que las prácticas sexuales definían a una persona y la convertían en algo diferente. Por eso en la tradición de la Iglesia no tiene mucho sentido decir que se condena a los homosexuales, sino que se condenan las prácticas sexuales de cualquier persona cuando no van dirigidas al fin de la reproducción y el fortalecimiento del matrimonio, que es la unión entre un hombre y una mujer. Si un hombre tiene sexo con otro hombre es pecado, si un hombre tiene sexo con la mujer del prójimo es pecado, si lo tiene por dinero con una prostituta es pecado, porque en todos esos casos se trata de un sexo ilegítimo, no dirigido a su verdadero fin.

Desde un punto de vista exclusivamente teológico el hecho de que un colectivo de gente se defina a sí mismos como homosexuales y reivindiquen la aceptación de sus prácticas sexuales es lo mismo que si en el futuro aparece un colectivo de hombres que se definen como adúlteros y reivindican la aceptación de sus prácticas sexuales. ¿Debería también la Iglesia aceptarlo para evitar las críticas y la presión social o debería alzar aún más su voz para luchar contra tal despropósito? Todos sabemos cuál es lo menos arriesgado. Y habría mucho más que comentar y matizar en este asunto, que es muy complejo, pero insistimos en que este artículo no quiere tratar sobre la homosexualidad, aunque sea concretamente ese tema el que ha causado todo este trastorno, pero podría haber sido igualmente cualquier otro.

Esto no es una cuestión de ideologías ni mucho menos de homofobia, que sería odio a la persona por ser quien es. El auténtico problema aquí es qué consecuencias tiene para la Iglesia el hecho de que el mismísimo papa declare una opinión que está en conflicto con la doctrina perenne de la Iglesia Católica. Si esos actos son un grave desorden moral no puede la Iglesia aceptarlos y animarlos. El drama lo expresa muy bien Carlos Esteban cuando habla de que si el papa pasara de expresar su opinión a realmente modificar la doctrina (una diferencia que buena parte de los católicos ni notarán) tendremos dos consecuencias:

La primera y menos importante es que si se admite la premisa de que el Papa de hoy puede cambiar las cosas en una dirección, habrá que concluir que también puede hacerlo en la contraria. Quienes hoy pretenden acallar las voces discrepantes alegando que el Papa tiene capacidad para hacerlo, tendrán, para ser consistentes, que bajar la cabeza cuando el de mañana haga justamente lo contrario. Habremos convertido la figura del Papa, no en un guardián de la doctrina perenne, sino en un caprichoso monarca que decidirá en cada momento qué es verdad. Pero es mil veces más dañino una segunda consecuencia: la pérdida de credibilidad. Si el mensaje cristiano puede dar esos bandazos, entonces se trata de una opinión, por rica e interesante que sea, y uno no se enfrenta a los leones por una opinión.”

Efectivamente, esa sería la consecuencia más dañina, porque el propio católico llegaría a sentir que sus convicciones son tan mutables y provisionales como las de la sociedad secular, como las de cualquier ideología, y por tanto no tiene sentido esforzarse por modelar tu vida según un exigente ideal que en diez años podría ser visto como absurdo por su propia Iglesia. Eso supone dejar que también el cristianismo se sume a la corriente relativista de la sociedad general. Y sigue diciendo:

La conclusión para cualquier ente pensante es que solo es cuestión de tiempo que la Iglesia acabe adoptando en todo lo esencial la opinión predominante del mundo. En cuyo caso, ¿para qué se necesita una Iglesia? ¿Quién se queda con la copia teniendo acceso al original? Repito: puede ser que la nueva opinión respalde nuestro ideario político, y que eso nos lleve a acogerlo con satisfacción. Pero incluso aunque nos halague la coincidencia, debería, si realmente apreciamos nuestra fe, hacernos recelar, porque una verdad que cambia cuando nosotros cambiamos no es una verdad, es un invento.”

Por ejemplo, ¿con qué fuerza vamos a luchar contra el aborto si acabamos teniendo la sensación de que eso también es sólo cuestión de tiempo? La idea que se transmite es que la Iglesia no tiene la Verdad, sino que simplemente es retrógrada y muy lenta en asimilar los cambios sociales, así que eutanasia o cualquier otra cosa que el secularismo nos quiera arrojar, será sólo cuestión de más o menos tiempo que la Iglesia termine por aceptarlo también. Y esa no es la Iglesia Católica, eso es otra cosa.

Dicho esto, es cierto que el papa no ha hecho esas declaraciones como papa, ni mucho menos son dogmáticas, son sólo una opinión personal del pontífice. Pero ¿acaso no es tremendamente preocupante que un papa exprese públicamente opiniones personales que están en contradicción con la doctrina de la Iglesia? ¿Nos podemos sentir seguros cuando constatamos que el papa no es plenamente católico? Por no hablar de la enorme confusión que sus palabras, difundidas con entusiasmo por los medios de comunicación de todo el mundo, van a crear entre los fieles. Ahora los que defiendan la doctrina de la Iglesia, lo cual es ya de por sí bastante difícil en muchos asuntos, se van a encontrar con que ni siquiera tienen el respaldo de la autoridad que en nuestra Iglesia actúa como referencia, la roca de Pedro, que les deja solos.

Puede que doctrinalmente podamos seguir diciendo que no ha pasado nada, que la doctrina sigue intacta, que ha sido sólo una opinión personal, pero no nos engañemos, las consecuencias van a ser profundas y desastrosas porque ahora nuestros argumentos quedan, ante el mundo, deslegitimados y por tanto poco defendibles ante quienes tenemos que defenderlos. Peor será para los homosexuales católicos que se estén esforzando por llevar una vida cristiana y buscar la salvación y se encuentren con que según el papa están haciendo el tonto y renunciando a algo que ahora resulta que es su derecho. Y no sólo en ese punto, sino que en otros muchos con los que el mundo nos ataca cada vez más (eutanasia, aborto, celibato, sacerdocio masculino, relaciones extramatrimoniales, secreto de confesión, etc.), ya hemos perdido toda credibilidad, pues ahora la actitud del mundo será mirarnos con condescendencia, en el mejor de los casos, y pensar “a ver cuánto tardan en caerse de la burra también en eso de una maldita vez”. Pensarán que si no es este papa lo aceptará el siguiente, u otro, que es sólo cuestión de tiempo y de presionar lo suficiente. Pero ya estarán pensando que nuestras doctrinas sagradas no son más que opiniones a las que nos aferramos porque vamos muy a remolque de la sociedad. Ya nadie nos tomará en serio cuando defendamos una postura alegando que estamos defendiendo la verdad, una moral objetiva que proviene de Dios. Ahora todos nuestros esfuerzos serán vistos como una simple opinión, y una opinión que a menudo molesta, y mucho. Y cuando mantenernos firmes en nuestras convicciones pase a ser penado por la ley secular (como ya está empezando a ocurrir en ciertos países con ciertos temas) ¿quién permanecerá firme afrontando las consecuencias si piensa que el próximo papa podría avalar esa ley y quitarle la razón? A medida que el mundo sigue su acelerado camino de secularización y alejamiento de los valores cristianos, la tensión entre la opinión social y nuestras creencias aumentará, y cada vez será más duro permanecer fieles a nuestra fe. Que el papa abandone la doctrina de la Iglesia y se alinee con el sentir del mundo secular no es precisamente el ejemplo que ahora mismo necesitamos.

No estamos hablando de sexo ni de gays, estamos hablando de las bases sobre las que se sienta la Iglesia para todas las cosas. Y los católicos que consideren que no hay que armar tanto jaleo por un detalle (estén o no de acuerdo personalmente con este “detalle”), también deberían reflexionar sobre la cuestión que estamos planteando aquí. Les acabamos de dar un argumento enorme a los que atacan a la Iglesia por no adaptarse a los tiempos (tiempos descristianizados),  y también a los tradicionalistas que rechazan al papado postconciliar por ilegítimo y hereje, y a los católicos modernistas que defienden la hermenéutica de la ruptura y buscan crear una doctrina nueva, es decir, todos los enemigos de la Iglesia están hoy encantados con las declaraciones del papa. No podemos convertir la doctrina católica en una cuestión de opinión o elección personal, pero una cosa es que un católico caiga en el error y otra que sea el propio papa el que cae en el error, arrojándonos al caos a todos los católicos con él, lo queramos o no.

Podemos alegar que la opinión del papa no es doctrina y que ésta sigue intacta, pero el mensaje que se ha enviado a los medios de comunicación es contundente, y estos han lanzado a los cuatro vientos la idea de que la Iglesia ha cambiado de opinión, un mensaje que llegará a todos los católicos, de los cuales muy pocos podrán o se preocuparán por estudiar lo que la Iglesia realmente dice. Como ejemplo paradigmático vemos The New York Times, el periódico más influyente de Occidente, que en su cuenta de Facebook titulaba la noticia como: “Últimas noticias: el papa Francisco proclama su apoyo a las leyes de unión civil para las parejas del mismo sexo, su declaración más decidida hasta el momento sobre el asunto y una ruptura con la doctrina de la Iglesia” (puede verlo aquí: https://twitter.com/nytimes/status/1318924985336012800). Ese es el mensaje que va a llegar a todo el mundo. ¿Acaso el papa se esperaba otra cosa?

El obispo Thomas Tobin, como otros, ha visto la necesidad de publicar una nota aclaratoria en su página diciendo lo siguiente:

Es necesario aclarar el aparente apoyo del Santo Padre a las uniones civiles de parejas del mismo sexo. La declaración del papa claramente contradice lo que ha sido siempre la enseñanza de la Iglesia sobre las uniones del mismo sexo. La Iglesia no puede apoyar la aceptación de relaciones objetivamente inmorales. Los individuos que sienten atracción por su mismo sexo son hijos amados por Dios y deben tener reconocidos y protegidos por la ley sus derechos humanos y civiles. Sin embargo, la legalización de sus uniones civiles, las cuales pretenden emular al santo matrimonio, no es admisible.”

https://dioceseofprovidence.org/news/statement-of-bishop-thomas-tobin-on-the-comments-of-pope-francis-regarding-civil-unions

 ¿Cuánta gente va a leer los periódicos o ver la tele y cuántos van a leer estas declaraciones de obispos? El daño ya está hecho. El papa podría suavizar ese daño haciendo unas declaraciones en donde aclare que es su opinión personal, no la de la Iglesia, pero aún así no puede rectificar el hecho de que un papa ha hecho declaraciones públicas en contra de la doctrina de la Iglesia. Podría decir que, al igual que dice San Pablo y otros sitios de la Biblia, las relaciones homosexuales son un grave desorden, pero el hecho innegable seguiría siendo que un papa está a favor de que se dé carta de naturaleza y protección a ese grave desorden condenado por la propia Iglesia. No es lo mismo acoger al pecador que aprobar y normalizar su pecado.

Esto no se trata de un conflicto entre progresistas y conservadores dentro de la Iglesia. Quienes lo vean así (igualmente si son de dentro o de fuera de la Iglesia) no son conscientes de que esa forma de ver las cosas es reducir el cristianismo a una simple ideología humana, donde son los hombres los que deciden qué es correcto y qué no, como si fuese un partido político o un estado. Lo que aquí hay en juego es mucho más, es el admitir o no que nuestra fe y nuestra doctrina se basan en la Verdad, revelada por Dios a través de la Biblia y dentro del marco de la Tradición. Lo que los cristianos defendemos es que hay unas leyes morales inmutables igual que hay unas leyes físicas inmutables, y nosotros sólo podemos reconocerlas, no decidirlas. Adaptarse a los tiempos en las formas, que es necesario, no significa cambiar esas leyes en su esencia. El papa lo que ha hecho es no solo apoyar las uniones de ese tipo, sino además argumentar que esas uniones son buenas y justas porque también los homosexuales tienen derecho a formar su familia. Esa argumentación es lo que ya ha cerrado la puerta a todo tipo de explicación basada en el mal menor, pues no lo piensa como forma de evitar el matrimonio gay, sino porque “tienen derecho a una familia”, entendiendo por ello que tienen derecho a formar una familia mediante la unión de dos personas del mismo sexo (¿tal vez también adoptar hijos?).

Para que todo el mundo lo vea mejor, dejemos el conflictivo asunto de la homosexualidad y tomemos como ejemplo otra situación sexual que es considerada por la Iglesia y también por la sociedad un grave desorden: la pederastia. Imaginemos que la sociedad cambia su opinión y empieza mañana a considerar la pederastia como un instinto natural, porque muchos nacen con ese instinto. Imaginemos que llegamos al punto en que se considera que si el adulto y el niño consienten, no hay mal ninguno y por tanto nadie tiene derecho a interferir en ello. No hace falta tanta imaginación, en los años 70 en algunos países como Holanda empezó a extenderse esa mentalidad, y en otras circunstancias podría haberse propagado por el resto de Occidente. También la pederastia fue socialmente aceptada, incluso promovida, en la sociedad griega clásica y otras muchas, sin que la gente viera nada malo en ello, así que en un mundo sin valores objetivos será cuestión de tiempo que algo así pueda volver a ser aceptado. Y ahora apliquemos a la pederastia todos los argumentos que se usan para defender la homosexualidad: han nacido así, tienen derecho a su sexualidad, si ambos consienten no hacen con ello mal a nadie, nadie tiene por qué decirles cómo deben vivir su vida, nadie tiene que opinar sobre lo que cada uno hace en su dormitorio, es absurdamente reducionista limitar el sexo a un tipo de pareja determinado, con mi cuerpo hago lo que quiero, etc. Todos esos argumentos se pueden aplicar igualmente al caso de la pederastia mutuamente consentida. De hecho sólo hay un factor que impide que ahora mismo la pederastia sea bien vista en la sociedad, el hecho de que aún se considera que los niños no tienen capacidad de decidir sobre su vida, pero incluso eso está cambiando rápidamente, por ejemplo en muchos países una niña de 16 años puede decidir abortar sin pedir permiso a nadie. Podría ser que dentro de no muchos años las leyes cambien y se decida que a partir de los 13 años cualquier niño puede tener relaciones sexuales con adultos si lo hace consintiendo. Y entonces ¿qué postura va a tomar el papa de turno?

La pederastia es otro asunto polémico, porque inevitablemente mucha gente que lea esto estará pensando en los curas pederastas y todo eso, pero en ese caso volverían a estar saliéndose del tema. En la Iglesia hay curas pederastas, curas homosexuales, curas ladrones y mentirosos y curas de todo tipo (y fieles también, claro), pero podemos sobrevivir a eso porque parte fundamental de la fe católica es la creencia de que todos somos pecadores, así que la lucha contra el pecado será siempre una constante. Y sea uno cura o no, la postura de la Iglesia siempre es la misma: odiar el pecado y amar al pecador, lo cual implica condenar su delito pero aceptar al pecador, acogerlo y esforzarse en ayudarle a vencer al pecado. Eso es la auténtica acogida cristiana, la que acoge al pecador pero le anima a que no peque más, como hizo Jesús con la mujer adúltera, no la que “siendo más misericordiosos que Cristo” no sólo acoge al pecador sino que le da el visto bueno y pide que su situación se normalice precisamente en el punto de su pecado.

Mezclar lo que uno es con lo que uno hace no es la visión católica del ser humano. Para la Iglesia no existe la persona gay o pederasta, existen hijos de Dios que comenten actos homosexuales o actos pederastas. Un homosexual no es pecador por ser homosexual, será pecador si peca. Por eso no vemos ningún conflicto entre acoger a una persona pecadora y condenar su pecado, y lo que es o no pecado no es decisión de un parlamento, de un colectivo ni de un papa, es algo objetivo y se arraiga en Dios. Sería absurdo que un parlamento declarara que a partir de hoy el cianuro dejará de ser venenoso o que caerse de un quinto piso a partir de mañana no causará ningún daño. Nadie diría que es fantástico y que eso muestra la compasión de los legisladores, pensarán que están chiflados, porque todo el mundo sabe que el daño físico del cianuro o la caída no depende de lo que decida nadie, son daños objetivos y nadie puede cambiar eso. Para los cristianos los pecados son daños espirituales que son igualmente objetivos. Hay cosas que dañan el alma y que nos separan de Dios, y qué son o no son esas cosas no dependen de nadie, son verdades objetivas. Tampoco es que Dios haya decidido “esto me gusta y esto no”, sino que siendo como somos (en cuerpo y alma) nos ha revelado qué cosas nos hacen daño y qué cosas no, y por tanto en esos temas nuestra postura no puede cambiar, porque no depende de nosotros ni de nadie.

Ahora vemos que el papa no piensa así y se considera con derecho a cambiar la revelación. Hay dos opciones que justifican su postura: o bien él se considera con mejor capacidad que nadie para saber qué es pecado y por tanto cree que la Iglesia e incluso la Biblia han estado siempre en el error, o bien él cree que el pecado es algo subjetivo, mutante, que depende del ambiente ideológico social, y por tanto todo pecado es relativo y opinable y no algo que realmente tenga realidad en sí mismo. En realidad no importa cuál de las dos posturas es la que ha tomado el papa, las dos suponen para la Iglesia una catástrofe. A día de hoy la doctrina de la Iglesia sigue intacta, pero el papa acaba de manchar la institución que representa y todos los que queramos seguir siendo fieles a la Iglesia pagaremos las consecuencias.

Para acabar repetiré las palabras de Carlos Esteban: una verdad que cambia cuando nosotros cambiamos no es una verdad, es un invento.

Si la referencia bíblica se diluye, la praxis pastoral se modifica. Si la cobertura bíblica no es negociable, el tratamiento pastoral tiene sus límites.” Alexandre Awi M.


Actualización 3/11/2020

14 días después de que las declaraciones del papa dieran la vuelta al mundo ha llegado, por fin, el comentario del Vaticano. No entendemos por qué han dejado pasar tanto tiempo si la respuesta era tan “sencilla”, una respuesta que probablemente no tendrá ningún eco en la prensa y la mayoría de la gente se quedará con la idea equivocada. O no tan equivocada. He aquí el comunicado que se ha enviado hoy a los obispos:

https://www.aciprensa.com/noticias/vaticano-se-pronuncia-por-declaraciones-del-papa-francisco-sobre-convivencia-civil-96726?fbclid=IwAR2b0l-8RnJ69g0hF-alLZTpvLsZ4_HpG4_M3zmmW7FY36p9C36r8z9NbXE

Nota: eviten en este artículo comentarios sobre la homosexualidad o sobre la pederastia, sería desviar la atención sobre el grave asunto que realmente tratamos aquí.


Nota: eviten en este artículo comentarios sobre la homosexualidad o sobre la pederastia, sería desviar la atención sobre el grave asunto que realmente tratamos aquí.

11 thoughts on “¿Qué diablos acaba de hacer el papa?

  1. Hasta cuando apartar la vista de la verdad? Por qué no reconocen de una vez que ese sujeto vestido de blanco, y que se hace llamar Francisco es un usurpador y no es Papa? Pero si ni siquiera es católico! Ese personaje antipapa y anticristiano es la verdad, un masón infiltrado en el Vaticano para destruir nuestra amada Iglesia. Punto.

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    • Tampoco es necesario ir tan lejos, ningún papa podrá actuar a gusto de todos y cada uno tendrá sus cosas. Lo importante de un papa es que no cambie la doctrina, y en esta confusa situación parece que se ha acercado (ya veremos cuando se aclare todo) pero todavía no hemos llegado a ese punto. Es para estar preocupados pero todavía no ha traspasado líneas rojas como papa (¿aunque tal vez sí como Francisco?). Son tiempos revueltos, creo que nos esperan en el futuro más de un susto. Un alivio que quien última instancia dirige el timón no sea ningún ser humano sino el mismo Jesús, en el plan divino todo será para bien, incluso los males. Un abrazo Adrián

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  2. Tengo una objeción en cuanto a <>

    Podría decir que “nadie puede ir más rápido que la velocidad de la luz. Nadie puede causar una acción sin reacción. Nadie puede crear una máquina de movimento perpétuo porque violaría la ley de entriopía… Si puede violarse, no es una ley natural y por lo tanto tampoco es inmutable. De hecho, si fuesen leyes naturales, no tendría que alarmarme ni menos quejarme de que la quieren cambiar”.

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    • Hola Gustavo. Imagino que tu comentario no tiene nada que ver con este artículo, o a lo mejor sí pero tu objeción va sobre un comentario que alguien ha escrito en cuanto a esta noticia pero en otra parte. Te voy a responder suponiendo que es lo segundo, tú dirás si esa era tu intención.

      Efectivamente. Si una ley física puede violarse entonces no es una ley natural. De hecho tampoco es una ley física, porque la aparente violación sólo demuestra que esa ley no es exacta. Otra cosa es si alguien ha querido decir que eso que dice sobre las leyes físicas es equiparable a las leyes espirituales o morales. La respuesta es que sí, pasa lo mismo. Si una ley (física o moral) es verdadera no se puede violar, aunque toda la humanidad empezase a pensar en lo contrario; si ahora decidimos que matar está bien, matar seguirá siendo pecado igualmente porque eso no depende de nuestra decisión, y matar dañará a nuestra alma y nos alejará de Dios.

      Tal vez quien escribió ese comentario, si es que se refería a esta situación, lo que quería decir es que los actos homosexuales no son una ley natural porque si lo fueran “no tendría que alarmarme ni menos quejarme de que la quieran cambiar”. Su idea sería que si la idea de que esos actos son pecado es verdadera (y por tanto una ley natural), entonces me da igual si el papa dice que sí o que no, y sólo si no es una ley natural (y por tanto no va contra natura) es cuando tenemos que preocuparnos de que la quieran cambiar.

      Bueno, si ese es el caso, es un argumento retorcido y realmente no aplicable. Primero, el papa no ha dicho que cambia esa ley, no ha dicho que los actos homosexuales no sean pecado porque siempre que ha hablado del tema ha dejado claro que sí lo son. Precisamente ahí estaría la incongruencia, no se puede pedir que se normalice una situación que favorece un acto pecaminoso, y menos decir que tienen derecho a ello, si es que es eso lo que realmente ha dicho el papa.

      Pero supongamos que un papa dijera que los actos homosexuales ya no son pecado. Eso no demostraría que la doctrina nunca fue verdadera, simplemente demostraría que ese papa ha caído en el error. O que la Biblia dice falsedades, con lo cual ya nos estaríamos saliendo del cristianismo y la discusión tendría que trasladarse a otro nivel, pues si uno no es católico lo que diga el papa desde el punto de vista doctrinal es irrelevante.

      Supongo que esa persona está de acuerdo en que “no matarás” (o el derecho a la vida) es una ley natural. Pues imagina un papa que diga que matar está bien. Según su razonamiento “no tendría que alarmarme ni menos quejarme de que quieran cambiar esa ley”, porque como es una ley natural pues es inviolable. Lo que es inviolable es la vigencia de “no matarás”, esa es la ley inviolable, pero con esa ley vigente la gente puede matar, y de hecho mata, así que si encima les dan permiso para hacerlo, pues claro que debería alarmarme y quejarme de que quieran cambiar esa ley.

      Una contestación un tanto farragosa quizás, pero es que no estoy seguro de haber entendido la intención de tu comentario.

      Un saludo Gustavo

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  3. Hola Christian
    Admito que aún no leo el artículo ,lo voy a hacer hoy .
    Quiero compartir este enlace , si me lo permites , es un vídeo del Padre Santiago Martín ( Franciscanos de María ) en el que nos comenta que las palabras del Papa fueron dichas en una entrevista anterior y acomodadas en el documental. En resumen ha sido un montaje , una mala pasada del cineasta creador del documental , bueno , aún así hay ciertas palabras que deberían ser explicadas por parte de Francisco .
    El daño ya está hecho y vaya a saber cuanto alcance tendrá

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    • Ya lo he estado viendo, gracias. Ojalá fuera todo así.
      He visto hoy tres vídeos de dos obispos y un franciscano explicando por qué el papa no ha dicho exáctamente lo que al parecer ha dicho, o al menos por qué no quería decir lo que parece que ha querido decir. Cada uno da una explicación diferente y sitúa las declaraciones originales en un contexto diferente. Lo único que me ha quedado claro es el esfuerzo que muchos estarán haciendo por explicar que el papa en realidad no ha metido la pata. Ojalá alguno de ellos tenga razón, pero después del revuelo que se ha formado, si el papa no quería decir eso, ¿por qué está dejando que la confusión se extienda y florezca sin hacer ninguna declaración? Si la semana que viene sale a explicarlo ¿por qué está tardando tanto? sin duda tendrá un motivo, y sería interesante saber qué motivo tiene para dejar que las aguas sigan enturbiándose sin hacer nada. Si todo se aclara finalmente y para bien, yo seré el primero aliviado y encantado. Hasta entonces, sigo alerta y confundido por la falta de aclaración oficial.

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      • Pienso que no va dar ninguna explicación de sus dichos , es que nunca lo ha hecho .
        Sepa Dios porque motivos , o si es una falla en su carácter . El asunto es que nos quedaremos sentados esperando .
        Y si me equivoco , estaré tan aliviada como tú .
        Un saludo cordial desde Chile

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      • Lo que mas temo es que al Papa, la información de todo este revuelo no le esté llegando, porque si fuera de su conocimiento la incertidumbre, el desaliento, lo escandalizados y desorientados que están los mas humildes de sus files (también los obispos), así como la calidad moral que van perdiendo los que se han mantenido firmes en la constante lucha etc., ya hubiera dado una explicación.

        Ruego a Dios, que al menos en esta ocasión, nos de una respuesta sobre la ultima frase (ley de convivencia civil).

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      • ¿En serio crees que el papa no se está enterando de nada? Pues ayer el presidente del gobierno de España se reunió con él, estoy seguro de que comentaron sobre el tema, pues en el parlamento estuvieron hablando del asunto y mostró mucho interés por ese giro dado por el papa. Ya debería haber dado una explicación, por todo eso que tú dices, pero por algún motivo está dejando que pase el tiempo. Todo muy triste. Aunque dé explicaciones mañana, si lo hace, es incomprensible que esté dejando pasar el tiempo.

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  4. “Rugen tormentas y aveces nustra barca parece que ha perdido el timón”

    Es que si pudiera, iría a Roma y clavaría este texto en las puertas de San Pedro, a fin de que llegara a las manos del Papa. ¡Que dolor siento! El guardián nos ha abandonado, estamos solos en esta lucha.

    Lo único que me conforta es saber que Cristo, no nos fallará con su promesa.

    Gracias por tu artículo, exactamente has resumido, todo el sentir de los verdaderos fieles.

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