La Iglesia en el Nuevo Orden Mundial


Cuando alguien habla del Nuevo Orden Mundial o simplemente del Nuevo Orden o Novus Ordo, lo primero que se le viene a uno a la cabeza es que nos van a hablar de conspiraciones masónicas y esotéricas, una neura más de los conspiranoicos. Por eso tal vez no deberíamos usar ese vocabulario y hablar simplemente de “la Nueva Sociedad”, o más llanamente “la que se nos está viniendo encima”; eso lo entiende todo el mundo y nadie puede negar que llevamos décadas viviendo cambios profundos en la sociedad sobre todo en Occidente como vanguardia, pero en realidad a nivel mundial. Esos cambios se están acelerando enormemente en los últimos años, y ahora se quiere aprovechar la pandemia para darle el empujón definitivo en el plan que llaman The Great Reset (o el Gran Reinicio), que se supone que está liderado por el Foro Económico Mundial y ha sido publicitado como un cambio radical en el orden económico global pero que en realidad tiene tantas implicaciones en todos los sectores de la vida que viene a suponer un Nuevo Orden mundial o como queramos llamarlo.

Lo que más nos debería llamar la atención de todo esto es que estamos viendo cambios muy radicales y rápidos, pero aunque nos los presentan a veces como demandas sociales que hay que atender, en realidad muchos de ellos son cambios que surgen de arriba hacia abajo, siendo el ciudadano no el motor sino la marioneta de intereses superiores. De repente un día oyes un comentario sobre una charla que habla de la ideología de género y no tienes ni idea de qué es eso. Otro día descubres que eso quiere decir que la gente no es hombre o mujer sino que esas diferencias hay que eliminarlas y cada uno tiene que ser libre para decidir si es hombre, mujer o ninguna de las dos cosas, o tal vez cualquier otra cosa (¿puede uno ser libre para sentirse legalmente vaca?). La idea es tan absurda que todo el grupo de amigos se ríe de que haya cuatro locos diciendo cosas tan raras. Pero, ay, detrás de esos cuatro locos hay mucho dinero y mucha planificación. Dos años más tarde tienes a políticos radicales (o no tan radicales) defendiendo esas ideas absurdas en la tele, dos meses después tienes manifestaciones en las calles de gente (al principio son 20 pero las cámaras les enfocan desde muy cerca para que parezcan muchos) y pronto ciertos partidos hacen suyas esas proclamas y empiezan a venderlas como derechos que hay que conquistar sí o sí.

No son ideas que surgen del pueblo, son ideas que llegan a golpe de talonario y se extienden desde la cúspide. Hace poco UNICEF, el organismo creado para defender a la infancia, declaraba que evitar que los niños accedan a ciertos contenidos pornográficos podría infringir sus «derechos humanos» al impedir su derecho a la formación sexual (ver noticia). ¿Cuánto tardaremos en que ciertos políticos defiendan el derecho de los niños a ver porno? En España el gobierno ya ha anunciado un plan para que los niños de 0 a 6 años descubran el sexo «experimentando y jugando» (ver noticia) por el mismo motivo, porque desde su nacimiento tienen derecho a la formación sexual. Si no lo consiguen hoy lo volverán a intentar más adelante pero poco a poco van avanzando su agenda.

“Derechos”, la palabra mágica que todo lo puede y que para todo sirve (siempre que encaje en el ideario de la nueva sociedad). Dile a la gente que tiene que luchar por su derecho a decidir su género y con eso basta para que miles de personas se lancen en una carrera de activismo para luchar por ese derecho, por muy absurdo que sea y aunque ellos no sientan ningún conflicto con su género. Y una vez que se ha puesto en marcha la maquinaria política y social, esa lucha por ese “derecho” parece ya imparable, no porque todo el mundo se sume, sino porque se suman los sectores claves que mueven la calle y los medios.

Si a eso le añadimos que los organismos internacionales promueven activamente esas ideas mucho antes de que se generalicen mínimamente y que incluso presionan a los países pobres para que las extiendan (si no, les niegan las ayudas), y si a eso sumamos que milmillonarios como Soros se gastan miles de millones en financiar y hacer lobby para extender esas ideas por los partidos y los gobiernos del mundo (Soros no lo oculta, presume de ello), entonces es fácil comprender por qué hasta la idea más absurda y destructiva puede extenderse por las sociedades al menos lo suficiente como para tener una enorme fuerza y acabar probablemente imponiéndose, acallando y aplastando la resistencia hasta el punto de que aunque más de la mitad de la población no estuviera de acuerdo, pocos se atreverían a defender públicamente las ideas opuestas por miedo a sufrir un rechazo social que todos se imaginan mucho mayor que el real.

Ese es un elemento clave, el conseguir que una idea minoritaria parezca la idea de la inmensa mayoría. De ese modo se energiza a la minoría que la defiende, que luchará mucho más por ella, y se desanima a los que se oponen, pues se ven incapaces de hacer frente a un mundo que parece estarles en contra. Eso crea un círculo vicioso que permite que la idea minoritaria se vaya extendiendo y la mayoritaria, silenciada e ignorada, vaya decreciendo. Cuando se ha conseguido esa percepción de falsa minoría, ya está la circunstancia madura para que en el caso de que alguien se atreva a oponerse públicamente pueda ser ridiculizado, atacado y despreciado, así que cada vez resulta más heroico oponerse y, seamos sinceros, héroes hay pocos.

En este mecanismo de deformación de la percepción social intervienen activamente la mayoría de los medios de comunicación, algunos sin duda conscientemente y entusiastamente, y otros por el simple mecanismo periodístico que hace que la ruptura, el conflicto, la novedad, sean noticia interesante y lo normal no sea noticia. Si en un sitio construyen un hotel no será noticia, pero si alguien lo dinamita sí será noticia. Así que ese mecanismo neutro que tiende a favorecer al rupturista y al que protesta o incluso destroza, en principio favorece indistintamente al que lucha por el orden nuevo como al que lucha por oponerse a ello, o lucha por un orden distinto. El problema es que hace tiempo que se consiguió crear esa falsa (al menos empezó siendo falsa) sensación de que los defensores del nuevo orden son la gran mayoría, de modo que quienes no opinan igual no sólo no se atreven a luchar (pacíficamente, se entiende) sino que a menudo ni siquiera se atreverán a opinar, porque se creen en profunda minoría. También habrá que suponer que si hay mucho dinero moviendo estas cosas, ya se habrán encargado de influir en qué tipo de personas dirigen ciertos medios de comunicación.

La llegada de las redes sociales parecía que cambiaría esto, pues para bien y para mal, mucha gente se atreve a decir en las redes lo que no se atrevería a decir cara a cara y además cada uno podría decir lo que quisiera, sin presiones ni censuras. Esto fue una ilusión. Las redes rápidamente llegaron a concentrar un casi monopolio entre Facebook (que incluye Whatsapp e Instagram) y Twitter, junto con YouTube. Tal vez sea sólo casualidad o no, pero el caso es que los dueños de esas empresas que acabaron dominando las redes sociales son de izquierdas (hasta aquí nada que objetar) y por sus declaraciones y sobre todo por sus decisiones demuestran ser activos defensores de ese nuevo orden mundial o como quiera que lo queramos llamar (y ahí es donde está el problema). Un nuevo orden en el que, no lo perdamos de vista, la Iglesia es uno de los principales obstáculos, pues ese nuevo orden no triunfará plenamente hasta que la Iglesia sea destruida o al menos convertida en otra cosa (que es lo mismo que destruida), pues el concepto que el cristianismo tiene de la sociedad y del ser humano está radicalmente opuesto a esas nuevas ideas cuyo objetivo final podrá ver en el vídeo que aparece al final de este artículo.

El monopolio de Google como buscador de Internet también favorece enormemente estas nuevas ideas. Un estudio realizado (vea aquí en inglés) muestra que las noticias de izquierdas son favorecidas por el buscador en un 65% de las veces, las de derechas sólo el 16%, el resto son de medios equilibrados. Esto encaja también con la ideología del personal de Google que, como puede ver en este artículo, dona dinero a ideologías “progresistas” en un 88%, mientras que sólo el 12% dona a ideologías conservadoras. Todo esto muestra que Internet globalmente favorece desproporcionadamente las ideologías de izquierda. Esto tiene mucha relevancia en nuestro caso porque las ideas del nuevo orden penetran por la izquierda, aunque al final sean también asumidas por la derecha y el centro.

Por no abrumar con datos pongamos sólo un curioso y claro ejemplo. En un mundo donde las redes se llenan de bulos o falsas noticias, la empresa de comprobación de noticias (fact-checkers) Newtral ha sido contratada en España para limpiar de bulos Facebook, Whatsapp, Twitter, Instagram y YouTube, es decir, casi el 100% de las redes sociales según su volumen. El problema es que a pesar de tener ese nombre, Newtral es una empresa fundada y dirigida por una periodista afín al partido comunista Podemos, que en España es la punta de lanza por donde se introducen casi todas las ideologías del nuevo orden. Es decir, tenemos a los poderosos diseñadores del nuevo orden controlando prácticamente todas las redes sociales en España y decidiendo qué noticias y comentarios se etiquetan como falsas noticas, cuáles se eliminan, censuran o se impide su publicación, qué cuentas se suspenden y cuáles se cancelan. Muy neutral no parece la cosa. Así es fácil entender por qué Podemos es famoso por incendiar las redes sociales, incluso con llamamientos a la violencia (primero llaman fascista a quien quieren y luego dicen que contra el fascismo es legítimo usar la violencia) y no pasa nada, pero otros partidos o personas se atreven a convocar una manifestación para protestar contra una situación o proyecto de ley, y en ocasiones les han censurado (incluso suspendido la cuenta en plena campaña electoral) porque en su opinión, defender esas ideas contrarias es una forma de incitar a la violencia. Son los extremistas los que están decidiendo quiénes son violentos y quiénes mienten, es como darle al ladrón la llave del banco. Es fácil suponer que la situación en otros países no será muy diferente, teniendo en cuenta además que los dueños de esas redes sociales comparten esa misma ideología.

De este modo las redes han sido una enorme caja de resonancia para los llamamientos de movimientos como “Black lives matter” en EEUU, convocando manifestaciones masivas en plena pandemia y pidiendo a la gente literalmente quemar las calles, apedrear a la policía o cosas peores, sin que ni la mayoría de los medios ni redes condenaran su incitación a la violencia, incluso justificando que quemaran iglesias, derribaran estatuas y difundieran amenazas a personas e instituciones que criticaban o simplemente no se sumaban a su movimiento. Ni las redes sociales ni la mayoría de los medios de comunicación de masas se atrevió en EEUU a criticar a esta organización por las revueltas callejeras que organizaban continuamente a través de las redes, poniendo en peligro la salud y la seguridad ciudadana de buena parte de la población.

Podemos decir que la mecha que incendió todo (la injusta muerte de un negro a manos de la policía) era algo contra lo que había justamente que clamar, pero siempre nos habían enseñado que la violencia nunca era el camino, y quemar iglesias, atracar tiendas y destruir coches y mobiliario urbano por todo el país no parece tener mucha relación con ese suceso. Ese movimiento tomó a esa pobre víctima como excusa para generar una revuelta que ¿le sorprende? pasó a defender con furia los objetivos ideológicos del nuevo orden, así como «aprovechando que ya estamos aquí». No es ninguna conspiración secreta, el movimiento “Black lives matter” está fundado y dirigido por tres mujeres que presumen de haberse hecho millonarias con este conflicto y en su página web dejan bien claro sus objetivos políticos. Puede que antes los diseñadores y promotores del nuevo orden se ocultaran y trabajaran en la sombra, de modo que quien hablara de ellos parecía un paranoico, pero ahora que ya controlan en buena parte el poder, ya no necesitan esconderse ni disimular, están en el momento en que pueden salir a la luz y recibir los aplausos, y ya tienen a mucha otra gente luchando por esos mismos objetivos.

Según Wikipedia el movimiento Black lives matteres un movimiento internacional y descentralizado originado dentro de la comunidad afroestadounidense”, un movimiento surgido espontáneamente del pueblo que mediante el terrorismo callejero espontáneo llegó a influir en la sociedad y en el poder. Pero las cosas son menos románticas y mucho más sencillas. Por citar una fuente de confianza hagamos caso a la BBC, que nos dice que las fundadoras de este movimiento (“marxistas entrenadas”, como ellas mismas se definen) que luchan por hacer de EEUU un país comunista, pues ese es realmente su objetivo último, son tres mujeres muy concretas: “Alicia Garza, Patrisse Cullors y Opal Tometi crearon la idea de Black Lives Matter en 2013.” Pero si alguien aún recela tenemos la prueba definitiva. En la misma web de la organización hay una página donde explican quiénes son sus tres fundadoras y qué clase de ideología tienen (https://blacklivesmatter.com/herstory/).

Recibieron en pocos meses 74 millones en donaciones, y no cesan de aumentar. Publican una lista con empresas importantes que han colaborado con la causa (es decir, les han dado dinero) y las que no, de modo que las empresas sienten una gran presión social para donar, o se arriesgan a sufrir las protestas y denuncias organizadas por esta organización. Ahora estas tres marxistas que odian a los ricos son multimillonarias, y no lo disimulan: Patrisse Cullors compra varias mansiones, una de ellas valorada en 1’4 millones de dólares. La noticia causó cierto revuelo pero no terminó de despegar porque a estas alturas a nadie le sorprenderá que esa noticia fuera censurada en Facebook y en Instagram de modo que fue eliminada de las redes sociales. Esto es un ejemplo brillante de otra de las tácticas frecuentes en el nuevo orden: localizar una causa justa y usarla como mera excusa para luchar por otros objetivos diferentes.

Pedir a la gente que se manifieste por algo que va en contra del nuevo orden les parece peligroso y hay que silenciarlo, pero pedir a la gente que queme edificios, ataque a policías y destruya cosas por todo el país, eso no es violencia ni peligro si va a favor del nuevo orden. Ese fenómeno es lo que ahora se llama la Cultura de la Cancelación, es decir, si una persona o institución expresa públicamente ideas contrarias al nuevo orden primero recibe grandes ataques y luego es silenciado, así que cualquiera puede ver primero que pensar diferente es peligroso, y luego ya esa voz desaparece, así que al final la gente se olvida incluso de que esa persona piensa distinto (o incluso que existe). Con el tiempo las voces contrarias van siendo calladas o van auto-callándose por miedo a recibir el rechazo social. Si consigues que la gente perciba que pensar de cierta forma está mal visto, lo demás es muy fácil, porque esas ideas mal vistas van callándose y eso aumenta la sensación, a menudo falsa, de que casi nadie piensa de ese modo, así que si piensas así te sientes un bicho raro, y pocos están dispuestos a ser un bicho raro porque queremos ser aceptados. Los niños y jóvenes, por su parte, empiezan a formarse en una sociedad donde esos mensajes contrarios prácticamente han desaparecido, y si alguno se escapa es ridiculizado, así que para ellos ya es normal asimilar el nuevo pensamiento y considerarlo la única manera razonable de pensar. Objetivo conseguido, ya podemos pasar a dar batalla al objetivo siguiente.

No vamos a decir que todo esto es simplemente producto de cuatro personas que crean un plan y consiguen controlar a todos los gobiernos y sociedades del planeta. Evidentemente no, pero sí hay una élite de algún tipo que tiene mucho interés en cambiar a la sociedad en cierta dirección para conseguir ciertos objetivos, y con ingenio y muchísimo dinero están consiguiendo convertirse en catalizadores que crean el cambio, como la llama que enciende un montón de mechas y luego esas mechas van extendiendo el fuego por todas partes creando reacciones en cadenas en la dirección apropiada. Esto no son cosas de película, cuando los organismos internacionales se fijan unos objetivos y diseñan un plan, funcionan así, no hacen todo en todas partes, sino que invierten dinero y esfuerzo en ciertos puntos del sistema para conseguir iniciar procesos que luego se expandirán por sí mismos.

Tampoco vamos a decir que todos los cambios sociales y políticos de los últimos años sean negativos o controlados desde arriba, evidentemente algunos cambios han surgido también genuinamente del pueblo, y muchos cambios han sido buenos. Pero dentro de toda esa serie de cambios se esconde también ese programa que nos van imponiendo desde arriba haciéndonos creer que son demandas del pueblo, porque una vez asimilado un cambio la gente suele olvidar rápidamente cómo empezó todo. Así por ejemplo en España ya está muy mal visto oponerse al matrimonio homosexual, los que no están de acuerdo se callan por miedo o por no crear conflicto, y en ciertos puestos oponerse públicamente podría acarrear incluso problemas legales. Es interesante ver cómo la gente habla del tema como un nuevo derecho conquistado, como el triunfo de la lucha del pueblo o cosas así, cuando lo cierto es que semejante “conquista” tuvo lugar en el 2005, hace sólo unos pocos de años, y no porque la gente lo pidiera, sino porque un presidente del gobierno lo decidió personalmente (ni siquiera en su partido había demasiado interés por el asunto).

Rápidamente el lobby gay se puso a organizar protestas para mostrar su apoyo a la ley del presidente. Salieron a la calle 100.000 personas en Madrid, o al menos esa fue la cifra que dio el gobierno y los principales medios, otros dijeron que como mucho eran 30.000. El presidente dio al día siguiente unas declaraciones diciendo que había que escuchar la voz del pueblo y transformar en ley ese clamor popular. Como reacción multitud de asociaciones pro-familia, pro-vida junto con la Iglesia Católica convocaron una manifestación festiva en Madrid pidiendo que al menos no se equiparasen esas uniones civiles al matrimonio.

La concentración fue masiva y colapsó la capital; según los organizadores fueron 2 millones de personas, según los medios 1 o 1’5 millones, según el gobierno alrededor de medio millón (aún así muchos más que la airada manifestación del lobby gay). Ese mismo día el presidente del gobierno hizo un breve comentario diciendo “la Iglesia que se ocupe de sus asuntos” (como si el matrimonio no fuese asunto de la Iglesia) y con eso dejó claro que no iba a dejarse influir por un par de millones de “curas”.

Al parecer, 30.000 personas (o aunque fuesen realmente 100.000) pueden salir a la calle gritando y se convierten en la voz del pueblo, pero uno o dos millones de personas salen a la calle pidiendo algo, y como no es lo que el gobernante quiere oír se les puede ignorar completamente e incluso desacreditar, porque esos millones de personas no son el pueblo, son “los curas”, y aparentemente “los curas”, que es su forma despectiva de referirse a los católicos, son ciudadanos de segunda que no tienen derecho a opinar ni a pedir nada. Eso también es parte de la Cultura de Cancelación que cada vez tiene más fuerza. Nos quieren hacer callar, y cuanto más nos dejemos callar más nos aplastarán.

El resultado es que España se convirtió en el tercer país del mundo en legalizar el matrimonio gay a pesar de que las encuestas mostraban que la inmensa mayoría de la población estaba en contra, al menos en contra de que eso se considerase matrimonio. Pero ignorando a la opinión pública mayoritaria, el gobierno aprobó la ley, los medios y hasta el cine y la tele lo normalizaron, y en un par de años todo el mundo pareció olvidar cómo había surgido todo. En pocos años país tras país fue asumiendo esa ley como las fichas de un dominó que van cayendo y hoy incluso la Iglesia Católica está empezando a defenderlo por boca de muchos obispos y sacerdotes, e incluso el mismísimo papa va preparando el terreno con sus muchos comentarios ambiguos que sin dar su aprobación están dando a otros alas para defenderlo sin recibir ninguna censura de Roma. En este tema, como en muchos otros, también la Iglesia Católica está poco a poco sumándose a ese Novus Ordo en estrecha colaboración con instituciones internacionales como la ONU y sus organizaciones satélite, e incluso con el mismísimo Soros a través de estrechos colaboradores que cada vez frecuentan más el Vaticano y el papa a pesar de que claramente defienden modelos de sociedad anticristianos. ¿Es casualidad que incluso la misa actual, diseñada en 1969 por Bugnini con la ayuda de un par de protestantes se llame precisamente “novus ordo”? Tal vez sí.

Y no queremos que el anterior ejemplo sobre el matrimonio gay se pueda interpretar como un ataque a cierto gobierno o partido o orientación política, ni insinuamos que el nuevo orden se centre sólo en el tema LGTBI (que es sólo una cosa entre muchas), pues aunque este ejemplo fue un caso muy evidente, cosas por el estilo las estamos viendo continuamente en gobiernos de uno y otro signo por medio mundo. En cuanto a la Iglesia Católica, es evidente que cada vez se aleja más de sus doctrinas para ceder ante los nuevos errores del mundo con la excusa de adaptarse al mundo moderno y “dialogar con la sociedad”. En un diálogo las dos partes hablan y buscan un acuerdo, ambos se mueven y ceden en algo para poder acercar posiciones. En estos retóricos diálogos que la Iglesia hace con la sociedad lo único que vemos es una Iglesia que habla ella sola dando la razón a la sociedad y cediendo continuamente a cambio de nada, porque la sociedad de ahora se preocupa poco o nada de lo que la Iglesia opine, así que no estamos ante un diálogo, estamos ante una continua bajada de pantalones (si recibiera algo a cambio tampoco sería legítimo cambiar doctrinas pero al menos no haría el ridículo ante los no católicos).

O puede que no, puede que en realidad la Iglesia esté ya tan infiltrada que está convirtiéndose en un instrumento más para construir ese Novus Ordo en el que ya nos estamos sumergiendo. Al igual que el mencionado presidente utilizó a una pequeña manifestación de gays para decir que actuaba porque el pueblo así lo pedía, también el Vaticano hoy en día pone como excusa la misericordia y el diálogo para justificar todos los cambios que está introduciendo en la Iglesia, alejándola de lo que durante 2000 años fue la Iglesia Católica (digo bien “fue”, porque cada vez se parece menos a la Iglesia de los apóstoles), para convertirla en un actor más del nuevo sistema. Temas como la ideología de género o la naturaleza del matrimonio, de la familia y de la sexualidad que van profundamente en contra del concepto católico del ser humano, están encontrando su camino dentro de la Iglesia, de modo que amplios sectores clericales apoyan esas nuevas ideologías y las defienden como un derecho, bajo el paraguas que todo lo aguanta de “la misericordia divina”, mientras el papa en ocasiones lo apoya y en ocasiones hace como que protesta un poco pero en la práctica no mueve ni un dedo por impedir que esas actitudes sigan creciendo y siendo promovidas dentro de la Iglesia y de los seminarios, mientras que sí sabe reaccionar enérgicamente contra los sectores que se resisten a los cambios doctrinales y litúrgicos que nos alejan de la Iglesia de siempre ¿vivimos en el mundo al revés? Tal parece.

Que la sociedad se pierda es una tragedia, pero que la Iglesia, cuya misión es ser luz en la oscuridad y barco en la tormenta, se funda con la sociedad y se pierda con ella, eso es la mayor tragedia, pues como dijo Jesús, “si la sal pierde su sabor ¿con qué se la salará?”. Pero pongamos fin a nuestras reflexiones y mejor les dejamos ya aquí el vídeo con una catequesis que este fraile colombiano nos da acerca del Nuevo Orden Mundial. Preferimos dejar que lo explique él porque su explicación es sorprendentemente clara y fácil de entender y de comprobar. Aunque sea un poco largo créanos que merece la pena escucharlo de principio a fin. Estos son los temas que va a tocar en el vídeo:

1. ¿Cuáles son las estrategias del nuevo orden mundial?

2. ¿Qué mordazas se nos quieren imponer a los católicos?

3. ¿En qué consiste la nueva era?

4. ¿Cuáles son los falsos caminos espirituales dentro y fuera de la Iglesia que son parte de la nueva era?

5. ¿Cuáles son las consecuencias de la ideología de género?

6. ¿Qué recomendaciones daría a los padres de familia para defender a los hijos del nuevo orden mundial?

7. ¿Por qué crees usted que las mujeres se dejan llevar tan fácilmente por el falso feminismo actual?

8. ¿Qué mensaje daría a los católicos que aceptan todo: nueva era, ideologías, aborto, etc…?

Nota curiosa, si accede a este vídeo desde YouTube verá que justo debajo le han metido un banner para explicarle que el Nuevo Orden Mundial es una teoría falsa. Al menos desde este país se ve ese banner, no sabemos si desde otros países también. No han eliminado el vídeo (al menos no aún), pero ya intentan desacreditárselo advirtiendo al vidente de que lo que va a escuchar es mentira. ¿Y quién nos dice que es mentira? los comunistas de Newtral, combatientes por el novus ordo.

2 thoughts on “La Iglesia en el Nuevo Orden Mundial

  1. Excelente descripción de cosas muy nefastas a las que hay que agregar los fraudes electorales que muestran que la democracia liberal ya no es confiable. Y si, viene un Nuevo Orden, porque esto ya no sirve un Orden del Cielo. Y está anunciado en la Biblia y las modernas apariciones marianas a partir de Fatima. Por supuesto no se trata del que quieren imponernos con practicas liberticidas las organizaciones masónico/marxistas cuyo objetivo es la destrucción de la Iglesia Católica. No precisan esforzarse mucho porque a partir de Bergoglio la Iglesia Católica se ha entregado al mundo. Solo nos queda mirar al Invisible, como Moisés y a lo que dice nuestra Madre. Comparto un estudio que acabo de escribir que aborda ese Orden del Cielo que vendrá después de la noche que ya nos rodea

    ++++++++++++++

    Abrazo fraterno!!

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