El origen del mal y el sentido del sufrimiento


El origen del mal y el sentido del sufrimientoARGUMENTO: ¿Cómo podemos creer en un Dios omnipotente e infinitamente bueno que nos ama tanto, y al mismo tiempo observar que existe el sufrimiento y el mal en el mundo? O bien Dios no quiere erradicar el mal y el sufrimiento (y por tanto ni es tan bueno ni nos ama tanto) o bien Dios no puede (y por tanto no es omnipotente). CONCLUSIÓN: En cualquiera de los dos casos, nuestra idea de Dios sería falsa, probablemente porque ni siquiera existe.

APOLOGÍA:

Esto es lo que tradicionalmente se llama “(Dios y) el problema del mal”, y sin duda es una de las dificultades que a lo largo de los siglos más crisis y pérdidas de fe han causado.

El mal es fruto de la imperfección del hombre (pecado) y de la naturaleza (catástrofes naturales, muerte, etc.). Dios, que es perfecto, ha creado un universo imperfecto y coloca allí al hombre para que pase el principio de su existencia. Así pues lo que llamamos mal es simplemente el producto de la imperfección pero ¿por qué no creó Dios un universo perfecto? y ¿por qué debe el hombre vivir en un mundo imperfecto y estar así sometido al mal? El alma nace ingenua, que no santa. La esencia humana se basa en el libre albedrío, si Dios nos hubiese creado perfectos seríamos seres alienados, prefabricados. El hombre es creado como potencialidad, y a base de ir eligiendo su propio camino continuamente, se va haciendo a sí mismo. Este proceso de evolución, cambio, maduración, sólo es posible en un mundo imperfecto, con margen para el cambio y la elección, la perfección no admite cambios. Sólo viviendo en un mundo imperfecto puede el hombre elegir, acertar, equivocarse y aprender. En eso consiste el madurar. Santidad, sabiduría y madurez son una misma cosa, porque santo es el que ha aprendido a elegir lo correcto, y eso sólo se consigue con la sabiduría que nos va trayendo una verdadera madurez.

Los males de este mundo no son enviados ni deseados por Dios, son simplemente la consecuencia inevitable de un universo imperfecto y de un alma libre para elegir el bien o el mal. Pero es justamente gracias al mal (propio y ajeno) como el hombre puede aprender y madurar. Sólo equivocándonos podemos comprender cuál es la elección correcta (por eso dice el pueblo que “en cabeza ajena no se aprende”). Sólo afrontando el mal y el sufrimiento desarrollamos la compasión, comprendemos el verdadero valor de las cosas y nos purificamos. En un mundo perfecto el alma crecería insoportablemente superficial, porque sólo el sufrimiento nos hace verdaderamente humanos, sólo el sufrimiento tiene la fuerza necesaria para obligarnos a enfrentarnos a nosotros mismos y buscar o desarrollar los recursos necesarios para afrontarlo y superarlo. Por eso los imperios que llegan a su éxtasis se precipitan en la decadencia, y en las peores épocas es donde aparecen los valores más nobles. Occidente es ahora víctima de su propio éxito, como antaño lo fue Roma, Egipto o Babilonia, la decadencia no es una desgracia, sino una válvula de corrección. Para la felicidad perfecta tendremos toda una eternidad, para madurar y formarnos tenemos este breve momento terrenal donde se mezclan el placer y el sufrimiento. No podría ser de otra forma. Desde este punto de vista, también el universo es perfecto (para su función).

Pero en este estado de cosas, lo crucial es de qué manera se enfrenta el hombre al sufrimiento. Si pensamos que vivimos en “un valle de lágrimas” donde simplemente tenemos que soportar todo el dolor que nos caiga hasta lograr por fin ganarnos el cielo (supuestamente gracias a haber sufrido tanto), el sufrimiento será algo que nos destruye en lugar de salvarnos. Si consideramos el sufrimiento como una oportunidad para crecer (en lugar de lamentarnos narcisistamente o enojarnos) entonces aprenderemos a sentirnos agradecidos por nuestros males porque comprenderemos que nos ayudan a hacernos mejores, y por eso mismo, paradójicamente, a liberarnos de ese mismo sufrimiento. Al aceptar así el sufrimiento sin resistirnos (aunque luchando por superarlo) logramos aprender y logramos también dejar de sufrir, al igual que quien desea un cuerpo musculoso no sufre angustia en el gimnasio, sino placer, porque el dolor físico que produce el entrenamiento es para él la medicina que está modelando su cuerpo deseado. Ese mismo esfuerzo realizado en un trabajo forzado sería vivido con angustia y desesperación y produce desgracia en lugar de alegría. También la gente puede elegir entre ver sus desgracias como el esfuerzo del entrenamiento del gimnasio (que desarrollan nuestra alma) o como la angustia de un trabajo forzado que hay que soportar y odiar (el valle de lágrimas). La segunda actitud es estéril y es la que hace que el hombre se pregunte perplejo y angustiado: ¿por qué existe el sufrimiento? ¿por qué me pasa esto a mí? La primera actitud es productiva y es la única capaz de integrar el dolor junto al placer como bienes necesarios por los que hay que sentirse agradecidos.

¿Pero merece la pena tanto dolor y sufrimiento? ¿No sería mejor que Dios sencillamente nos impidiera hacer el mal a los demás? Ahí chocaríamos con el libre albedrío. Si el hombre fuera creado incapaz de elegir el mal, seríamos maravillosos, pero incapaces de un verdadero amor a nadie, incluido a Dios. Dios, que es amor, nos ha creado para amar, para darnos su amor y para recibir el nuestro, por tanto sin libre albedrío no seríamos dignos de su amor ni capaces de devolverlo. Incluso los ángeles pudieron elegir amarle o rebelarse. Dios tampoco quiere el mal ni desea nuestro sufrimiento, pero sabe que necesitamos este mundo imperfecto para aprender y desarrollarnos. Si el sufrimiento fuera innecesario, nos habría creado directamente en el cielo y se habría ahorrado crear este universo material.

El universo es imperfecto porque sólo así nos sirve para madurar y aprender. Tras la muerte, abandonamos este universo físico y nos adentramos en otra dimensión espiritual en la que el cambio, la maduración, ya no son posibles, por eso lo que hayamos logrado en esta vida se convierte en elección irreversible durante toda la eternidad.

(puede leer más sobre sufrimiento y cristianismo en el artículo El Exilio de Israel: enseñanza para tiempos de crisis)

También tenemos un artículo sobre este tema con un enfoque diferente: ¿Provoca Dios los males naturales?

Dies se preocupa más por nuestro carácter

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19 thoughts on “El origen del mal y el sentido del sufrimiento

  1. gracias,christian.creo haber entendido todo lo que me dijo.ya entiendo el sentido de este mundo,creo que me he salvado de ir al infierno,tengo una suerte infinita.
    que pena me da que tanta gente elija el camino de la maldad y la idiotez.
    hice muchas idioteces en mi vida,cometi muchos crimenes y pecados,pero ya le he pedido perdon al dios de este mundo y a mis victimas y estoy seguro de que dios me ha perdonado.y ya no desperdicio mi tiempo.estoy trabajando a tiempo completo para tratar de hacer de este mundo un lugar mejor y trato de salvar las almas de los demas.me gustaria saber en donde vive usted,me gustaria conocerlo en persona.
    muchas gracias por todo

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    • Caramba Manuel, me parece fantástico eso que dices. Si te refieres a mí, el que contesta este comentario, vivo en Europa pero no ganarías nada conociéndome en persona, soy alguien tan normal y vulgar como la mayoría de la gente, ni de lejos sentirías estar ante un santo o un sabio erudito. Los artículos de esta página son el esfuerzo de varios de nosotros y, eso esperamos, la ayuda de Dios. Lo mejor que nosotros podemos ofrecerte está en los artículos publicados y en los que están por publicar, ahí es donde está lo que tanto te gusta, pero no en nosotros. Si lo que te asombra es la luna, olvídate del dedo que te la ha señalado.

      Y si me permites te haré dos comentarios o sugerencias. Si has pedido perdón a Dios por tus pecados, asegúrate de haberlo hecho a través del sacramento de la reconciliación, recuerda las palabras de Dios cuando le dijo a Pedro y luego al resto de apóstoles aquello de que lo que atéis en la tierra quedrá atado en el cielo etc. Es voluntad de Dios que su perdón se busque a través de los sacerdotes, en persona. Sólo lo digo por si acaso has hecho al modo protestante de pedir perdón en tu corazón como si eso fuese igual de efectivo.

      Y el segundo comentario, y para ello me pondré la toga de sabio oriental, recuerda que la mejor forma de hacer de este mundo un mundo mejor no es luchar por cambiarlo, pues la mayoría de los males de este mundo nos vienen precisamente de gente que, con buena fe, lucha por cambiar al mundo o a la gente de su alrededor. La forma de hacer de este mundo un mundo mejor es sobre todo cambiando tú, siendo tú mejor persona, sonriendo, siendo amable, ayudando al prójimo… y dejando que ellos tomen sus propias decisiones.

      Y disculpa mi atrevimiento por darte estos dos consejos, tal vez no los necesites, tal vez no quieras recibir lo que no has pedido, pero tampoco hay mal en lanzarlos por si acaso.

      Y de nuevo reitero mi alegría y mis felicitaciones, acuérdate de aquello que dijo Jesús de que en el cielo hay más alegría por la oveja perdida que ha sido encontrada que por las 100 que están seguras en el rebaño. Sin duda tu vuelta al buen camino ha sido en el cielo una gran fiesta.
      Un abrazo Manuel

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  2. Gracias por su ayuda.Yo pense que elegir la verdad me haria feliz,pero la alegria me duro poco.Vi lo que usted vio antes que yo y es horripilante,no lo puedo soportar.Estoy muy triste y asustado,creo que estoy al borde de la locura.

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    • Hola Manuel. No entiendo por qué dices que la verdad es horripilante ¿leíste todo el artículo? ¿qué parte de la verdad te asusta tanto? Elegir la verdad no es lo que ayuda a ser feliz, sino sentirla y vivirla, pero imagino que tú estás ahora en una situación personal especialmente dura. Aún así debería darte un poco de consuelo pensar que todo tiene un sentido, a menos que estés de lleno en la fase de intentar asumir lo que te ha caído encima. En ese caso no desesperes, todo pasa, aunque hay situaciones en las que nada se puede decir que dé consuelo.

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      • Me referia a las visiones del infierno,llenos de tortura y dolor.
        Pensar que pueda existir eso es terrible.
        Pero ahora estoy un poco mas sereno.
        ¿Y si yo elegi el camino de la paz,la bondad y el amor?
        ¿Que debo hacer?
        Por que este mundo en si es un infierno,lleno de denonios.
        ¿Que hago me pongo a esperar la muerte o hago algo mejor?

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      • El castigo del infierno no es un demonio pinchándote mientras te quemas en el fuego, es la desdicha y desesperanza de sentir y saber que eternamente estarás lejos de Dios, algo que al habitar en el mundo espiritual nos hará sentir un intenso vacío que sólo Dios hubiera podido llenar. El estar con Dios o sin él es lo que elegimos en esta vida mediante nuestra fe y nuestras acciones. Si Dios nos ha puesto en este mundo es para que podamos elegir acercarnos a Él o alejarnos o ignorárle. Mientras estés vivo tu misión es caminar en una de esas dos direcciones con tus obras y tus creencias, lo peor que puedes hacer es “esperar la muerte” como si vivir fuera una inutilidad sin sentido. Ignoro cuál es tu situación, pero incluso si estuvieras postrado en cama sin cura posible, tus pensamientos, sentimientos y tu manera de relacionarte con los demás y de procesar lo que te ocurre es también una forma de elegir a Dios o rechazarlo. Cada minuto de tu vida es útil para ese fin.

        Todos somos imperfectos y cometemos muchos errores incluso sin quererlo o sin poder evitarlo, pero estoy convencido de que si uno de corazón quiere estar con Dios, Él no le rechazará. Al infierno no irán los malos, sino los malos que en su corazón niegan o rechazan a Dios, pues esa gente en el fondo odia todo lo que Dios representa (amor, misericordia, compasión, justicia, bondad). En el fondo podríamos decir que esa gente no entrará en el cielo porque para ellos el cielo sería un lugar insoportable. Y si esa es su elección, Dios se la respetará. El mundo tiene mucha gente viva que ya habita en un infierno en el cual Dios no tiene cabida.

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    • En eso no estoy de acuerdo, Fanny. Dios no nos ha dado todas las respuestas, al parecer solo las que ha considerado que necesitamos saber, aunque nuestra curiosidad nos empuje a querer saberlo todo, pero para los temas esenciales, y en concreto para todos los temas que planteas, tenemos respuesta. La creación del universo no es para nosotros un misterio, el hombre con su esfuerzo (la ciencia) está descifrando cómo ocurrió el proceso (el Big Bang), y la Biblia revelada nos explica el autor, la intención y el significado de todo ello. El sentido de la existencia humana (quién somos, de dónde venimos, a dónde vamos, por qué estamos aquí) tiene respuesta en la Biblia y el Evangelio en general, el sentido del sufrimiento también está claro para un cristiano (otra cosa es esta otra discusión de si se podría o nos gustaría haber hecho de otra forma) y qué hay después de la muerte también tiene en nuestra religión respuesta, aunque no se dan demasiados detalles pero sí se deja muy claro las líneas generales de lo que debemos esperar allá. Solo un ateo puede decir que todas esas preguntas no tienen respuestas. El cristianismo tiene respuestas para todas. Y por supuesto, para la pregunta de ¿quién es Dios? también tenemos respuesta. Tal vez (suponiendo que tú seas cristiana) tu comentario provenga de un hecho cierto: el ser humano, tan listos como nos creemos, es un ser limitado, nuestra comprensión no puede ir más allá de ciertos límites, y las grandes cuestiones de la existencia se adentran en profundidades a las que no podemos llegar a entender completamente. Por mucho que nos hablen de Dios, su ser infinito se nos escapa en gran parte. Podemos entender hasta cierto punto pero no podemos comprenderlo todo porque nuestra mente no da más de sí. Pero una cosa es admitir que ante lo infinito nuestra comprensión es limitada, y otra cosa es pensar que Dios y esas otras cuestiones son para nosotros un misterio imposible de saber.

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    • Tu pregunta, dicho de otra forma, sería más o menos como decir que por qué Dios no nos creó santos, con lo cual podría habernos puesto directamente en el cielo y todos seríamos felices y no habría sufrimiento ni mal de ningún tipo. Yo no puedo responderte a esa pregunta, Fanny, porque no soy Dios, solo puedo especular sobre ella. Lo de crear seres santos directamente en el cielo ya lo hizo, hoy los llamamos “ángeles”. Y además de a ellos, nos creó a nosotros también en otro estado. En nuestro caso la santidad no es parte de nuestra naturaleza, sino una potencia que nosotros podemos desarrollar o no. Dicho de otro modo eso quiere decir que nosotros tenemos que crecer espiritualmente y elegir continuamente acercarnos a Dios o alejarnos de él, o sea, tenemos que decidir libremente si le amamos o no. Si mal no recuerdo eso lo comentamos ya en el artículo, el amor que realmente se valora y se desea es el amor que te dan libremente, por eso la Biblia dice en algún lado (ahora no recuerdo) que los ángeles nos envidian (envidia sana se entiende) porque Dios nos ama más, hasta el punto de morir por nosotros. ¿Se podía haber hecho las cosas de otro modo? Sin duda, pero por la razón que sea Dios prefería hacerlas así, sus razones tendrá, si Él es amor y quiso crearnos para amarnos y ser amados, es lógico que eligiera la forma en la que ese amor podía resultar más pleno y satisfactorio, si el modo a nosotros no nos gusta mucho, eso ya es otro asunto. Lo que el artículo pretende argumentar es que la existencia del mal es perfectamente compatible con un Dios omnipotente que nos ama y desea nuestro bien. A nosotros no nos gusta sufrir, pero lo necesitamos, igual que a los niños no les gusta que los castiguen pero lo necesitan. Una santidad impuesta sería una santidad sin valor y produciría un amor en cierto modo vacío porque no se entrega libremente sino que seríamos creados ya con él. No sé si todo esto que te digo te sirve algo para tu pregunta, si no, creo que más allá no puedo ir, sería como intentar comprender la mente de Dios.

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  3. ´´dios´´ no solo ´´invento´´ un mundo donde hay dolor,´´invento´´ un mundo horriblemente retorcido.Donde los seres vivientes tienen que matarse y parasitarse unos a otros para sobrevivir.Me parece que ningun ser medianamente bueno crearia semejante abominacion.Su explicacion a mi entender no soluciona el problema del mal.

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    • Dios (con mayúsculas porque es nombre propio) creó el mundo que creó. También creó el cielo, donde todo es maravillosamente perfecto, y el infierno, donde todo es sufrimiento. Cada cosa que creó la creó para una función determinada, y para esa función cumple perfectamente bien su objetivo. Solo si no tenemos la visión global de todo y entendemos el significado de todo es lógico que pensemos que algo falla.

      Suprimir a Dios, si se pudiera, no solo no soluciona el problema del sufrimiento, sino que lo deja sin sentido, amargo, absurdo, el dolor por el dolor sin ninguna esperanza. Ese mundo sí que me parecería verdaderamente cruel.

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  4. Gracias, Christian, por el artículo; como muy bien dices al principio, el dolor es una cosa que en no pocas ocasiones ha alejado a las personas de Dios, y la explicación que tú das de un mundo imperfecto me parece muy loable. Sin embargo, yo me pregunto, y me gustaría conocer tu respuesta, si en ese mundo creado imperfecto no se le fue un poco la mano a Dios. Crear un mundo imperfecto para superarnos y aprender a superar las dificultades está muy bien, pero cuando las dificultades producen miles de muertos como sucedió hace unos días en el terremoto de Nepal no se comprenden muy bien. Uno puede comprender lo que ocurrió hace unos años en mi pueblo: la tormenta se lleva campo, cosechas y animales, lo que te hace ver el poco poder que tenemos aunque nos creamos dioses; pero no mató a decenas o miles de personas. Igualmente se puede decir de otros fenómenos naturales. Si la picadura de cobra produce 60.000 muertos al año en la India, Dios, que es todopoderoso, no debería haber dispuesto tal clase de veneno, y ya habría sido suficiente con el dolor de la mordedura. En fin, así hay innumerables ejemplos que, desde mi punto de vista, resultan muy difícil explicar. Te agradecería me dieras tú alguna otra explicación. Cordialmente,
    Pamomarq

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    • Ojalá tuviera yo la respuesta al tema del sufrimiento. Siempre es más fácil hablar del sufrimiento desde fuera, pero cuando le afecta a uno de lleno lo único que queda es el drama personal en el que uno tiene que enfrentarse a la tragedia y asimilarla, y cada uno encontrará su camino, eso es parte de la vida. Pero desde fuera, y siendo objetivos, te remito al artículo. Los terremotos no son creados por Dios para causar miles de muertes. Los terremotos son parte de la dinámica de un planeta que está en evolución, en movimiento, igual que los tsunamis, los huracanes y demás desastres naturales. Dios ha creado un universo que es como es, y allí ha colocado al hombre. Si cae del cielo un meteorito y te pilla debajo, morirás no por voluntad de Dios, sino porque las leyes de la física son inexorables y tú tuviste la mala suerte de estar en el tiempo y lugar precisos para ser aniquilado, que Dios no decide en dónde tienes que estar tú en cada momento.

      El terremoto de Nepal obedece igualmente a las leyes de la geofísica. Si nosotros queremos considerar que la dinámica de placas es un rasgo imperfecto del universo, será cosa nuestra, pero objetivamente hablando esa misma dinámica de placas que ha provocado el terremoto es la que hace posible que nuestro planeta tenga continentes y tierra habitable, y no solo un mar continuo que cubra toda la faz de la tierra. Objetivamente la dinámica de placas y todo lo que ella conlleva es pues parte de la perfección del sistema, no de la imperfección. Pero tanto la perfección como la imperfección pueden provocar desastres, especialmente cuando el hombre actúa en contra. Buena parte de las muertes han sido producidas (como en todos los terremotos) por la manera que tiene el hombre de concentrarse y levantar edificios mal preparados para la zona. Un terremoto así en el neolítico hubiera provocado muy pocas muertes, aunque una sola muerte hubiera provocado las mismas preguntas existenciales para quienes se vieran afectados por ella.

      Pero por otro lado, ¿por qué pensamos siempre que la muerte de alguien es algo terrible? Es nuestra pequeña perspectiva la que nos lleva a hacer esa evaluación. Alguien podría pensar que miles de personas que llevaban una vida miserable fueron liberadas del sufrimiento y ahora quizá gocen de la felicidad que nunca tuvieron (lo digo como argumento, aunque el budismo estaría totalmente de acuerdo conmigo, y en teoría el cristianismo también). Si la muerte de una persona la consideramos algo malo es porque nosotros, en esta vida, estamos genéticamente apegados a la vida terrena y nos parece que el fin de esa vida es lo peor que puede pasar. Desde la perspectiva de alguien que trasciende esta vida, el sacar a un alma de un universo imperfecto y peligroso puede ser visto como una liberación.

      Imagina que tienes dos hijos, que han vivido siempre en una selva muy peligrosa, arrastrando una vida dura y en constante peligro. Tú los localizas y los rescatas en un helicóptero y los traes a tu país, a tu casa. Esa experiencia de rescate, de abandonar la selva, podría ser visto momentaneamente por ellos como el horror de ser arrancados de su mundo, lo único que conocen, por unos seres desconocidos que quizás tienen que usar las fuerza para sacarles de allí, y se los llevan de su hogar en un terrible artefacto infernal que parece sacado del Apocalipsis y les eleva por el cielo, algo inhumano. Su vida en la selva era terrible, pero como era lo único que conocían, para ellos perder eso equivalía a perderlo todo. Sin embargo para ti todo el proceso sería eso, un rescate, para salvarlos y darles una vida mejor.

      Si el feto tuviera el mismo nivel de consciencia que nosotros, ¿qué pensaría cuando se ve obligado a abandonar su idílica placenta y es arrastrado en medio de un enorme sufrimiento hacia quiénsabedónde? Para él el parto sería como la muerte, y una muerte atroz, y sin embargo sus padres, al otro lado, se llenan de gozo al verle nacer. Así que yo creo que aunque Dios no haya matado a los nepalíes del terremoto, estoy seguro de que se ha llenado de gozo al verles nacer en el plano espiritual, como un padre que ve la llegada de su hijo al mundo. Hay muertes dolorosas y muertes indoloras, igual que para los bebés hay partos dolorosos (los naturales) e indoloros (los de cesárea), pero aún así los padres asumen con naturalidad que el niño sufre para nacer, porque es parte de la vida. Hay psicólogos que incluso afirman que el sufrimiento del parto prepara mejor al niño para la vida posterior, pues graba en su psique que las grandes recompensas pueden ser el fruto de un gran esfuerzo, y en la vida no suelen regalarte las cosas. Tal vez con la muerte sea parecido, qué sabemos nosotros.

      Los 60.000 muertos por picadura de cobra que citas al año es una cifra que resulta dramática por su tamaño, pero eso se debe a que la India tiene una población de más de mil millones de personas, así que ese porcentaje de muertes entra dentro de lo normal en un planeta lleno de peligros, incluidos los ataques de animales (que obviamente son ahora en proporción mucho menores de lo que han sido durante millones de años). Muchas más muertes al caño causa el cáncer, el hambre, las guerras… pero la muerte es parte de nuestra vida, aunque no nos guste. Lo que tú sugieres es que Dios debería haber creado un mundo en donde el sufrimiento y la muerte violenta y/o prematura se redujera a meras molestias e inconvenientes, y créeme, yo voto contigo. Pero no es ese el universo en el que vivimos, sino este, con todas sus maravillas y también con todos sus terrores, y con una muerte que puede llegar en cualquier momento de nuestra vida, independientemente de que muera uno de cada vez o miles de un solo golpe, que a efectos del universo poca importancia tiene. En este mundo es donde nos han puesto y en donde tenemos que desarrollarnos lo mejor que podamos sí o sí. Lo contrario sería desear el Paraíso, y eso nos llegará en la siguiente etapa de nuestra vida si en esta nos preparamos para ello, que es de lo que se trata.

      Cuando pasemos a la siguiente fase tendremos perspectiva y comprensión suficiente como para entender por qué este mundo es como es. Las crisis personales, por ejemplo, son unas grandes oportunidades de crecer, madurar, hacer cambios radicales y necesarios en nuestras vidas, pero nadie suele sentirse agradecido por esa crisis hasta que ha conseguido superarla y la ve con distancia, en perspectiva, y eso mismo vale para nuestra vida terrenal en general. Si estás enamorado de una mujer que no te conviene y algo sale mal, sufres y te desesperas por perderla; solo cuando la olvidas y encuentras más tarde a tu verdadero amor, llegas a sentirte que todo fue para bien, incluso podrías pensar que fue el mismo buen Dios quien estropeó esa dañina relación para permitirte encontrar a la que realmente te convenía.

      Pero la comprensión llega después, mientras sufrimos nunca entendemos por qué y desde luego nunca solemos aceptarlo de buena gana. Preguntarse ¿por qué tiene que morir gente en un terremoto o por picaduras de serpientes? es como preguntarse, como todos nos hemos preguntado alguna vez, ¿por qué tienen que existir las moscas, con lo molestas que son? Por supuesto hay una importante diferencia de grado, pero se trata de la misma dinámica de pensamiento (rechazo todo lo negativo, solo quiero lo positivo). La respuesta a la pregunta de las moscas te la puede dar un biólogo o incluso un ecologista: todo, absolutamente todo, es lo que hace que un ecosistema sea perfecto, cualquier cambio que hagas lo desequilibrará y se volverá a la larga contra ti, así que si pudieras eliminar las moscas del planeta, la catástrofe ecológica nos haría la vida mucho más complicada. Todo tiene su función aunque no lo entendamos, y todo es para bien.

      Es muy difícil aceptar o comprender todo lo negativo de la vida, solo nos alegramos de lo positivo, pero en el Paraíso no se madura, y terremotos, cobras, moscas y juanetes son todo parte de un universo “imperfecto” (o quizás perfectamente imperfecto) que al parecer es justo lo que el ser humano necesita para poder desarrollarse espiritualmente en plenitud. Si el hombre pudiera jugar a ser Dios y empezara a cambiar las cosas, no te quepa la menor duda de que sería un perfecto desastre. Cada vez que el hombre juega a ser Dios a escala pequeñita y cambia cosas de la naturaleza, suele ser para peor, incluso para muchísimo peor, así que yo personalmente me alegro mucho de que, aunque no lo entienda, el mando esté en manos de un Dios que sabe perféctamente lo que se hace y que me ama profundamente, a mí y a toda la humanidad, con lo cual, no desde la comprensión pero sí desde la confianza, sé que pase lo que pase, el universo está en buenas manos, en las mejores, y todo es como debe ser, aunque nosotros no podamos comprenderlo.

      Esa es la enorme ventaja del creyente, que tiene que padecer los mismos sufrimientos de la vida que un ateo pero su fe le da la puerta para encontrar paz en ese sufrimiento, porque el sufrimiento sin sentido solo tiene una salida: la desesperación.

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  5. Dios si es bueno.
    Dios si nos ama.
    Dios puede detener el dolor, algunas veces lo hace si lo pedimos.
    El mundo es un sitio de aprendizaje, sin dolor no hay ganas de enmendar conductas equivocadas.

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    • Buscador, no sé si malinterpreto tu mensaje pero si lo que has escrito es para contradecir este artículo entonces es que sólo has leído el primer párrafo. En tal caso te invito a leer el resto, donde se rebate la afirmación primera, seguro que te encanta, o al menos seguro que estarás de acuerdo.

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