Dudas


En esta sección puedes escribir un comentario con cualquier duda o pregunta que tengas sobre el cristianismo, y nosotros, dentro de nuestras limitadas posibilidades, te contestaremos de la mejor forma posible.

Dudas

Si eres católico pero necesitas aclaraciones, si eres protestante y crees que debes corregir un error católico, si eres agnóstico que no has cesado en tu búsqueda de la verdad, o si simplemente eres cristiano pero tienes dudas, no tengas miedo y pregunta. Cuando Tomás vió a Jesús y aún así dudó, la respuesta de Jesús no fue reprocharle su falta de fe sin más; Jesús tomó su brazo y le pidió que metiera el dedo en la llaga, así es como se resuelven las dudas, dirigiéndose directamente al problema en lugar de intentar ignorarlo por miedo a perder la fe.

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221 thoughts on “Dudas

  1. Que tal Christian
    Estos días salió en la noticia que en una provincia de Argentina se ha quitado símbolos religiosos en instituciones educativas y hospitales públicos. Por ello estuvimos debatiendo con algunos.
    Primera cosa que me molesta es que muy pocos católicos salen a defender su fe, la mayoría son ateos que salen a festejar y a comentar. Me di cuenta que tan necesario es hacer hacer apología estos días que en es tan atacada nuestra fe.
    Me surgieron unas dudas del debate y me gustaría que me ayudes a aclarar:
    Es correcto decir que La ausencia de símbolos religiosos es símbolo del ateísmo. Por tanto, la retirada de símbolos religiosos viola igualmente el concepto de estado laico.El estado podrá ser laico; pero la nación no lo es. Además, la nación es mayoritariamente cristiana.
    Segundo, es cierto que existen buenas personas ateas, en ese caso, que nos hace diferentes de ellos? Podríamos decir mi fe, pero tamb vemos muy malos Cristianos.
    Tercero, que las guerras de religiones se mató en nombre de Dios, pero el ateísmo nunca mató en nombre del ateísmo, aúnqe los gobiernos totalitarios ateos produjeron también muertes y bastantes.
    Por último, donde me puedo informar sobre el centro astronómico del Vaticano? Jamás he oído hablar de ello jejeje

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  2. 22 10 2018 Saludos
    Qué decir de sus primeros párrafos, completamente de acuerdo, aunque matizo un poco el hecho de hasta dónde tengo yo obligación de cumplir tal cosa. Pues si el papa solo es infalible en doctrina y moral y estas cuando inmutables sean declaradas ¿será que siempre que doctrinal o moralmente diga algo debo de cumplir? Creo que lo correcto sería someterse hasta cierto punto y eso lo he pensado desde hace tiempo y lo hemos resumido mi catequista y yo en una frase, si así lo dice la Iglesia, pues “nos tiramos por el barranco”. Pero luego luego se me han aparecido estas personitas que me señalan el diagnóstico y tratamiento de la Iglesia, que me muestran cuál ha sido su etiología, que constantemente me bombardean con los sinsentidos de Francisco y que presumen constantemente de sus frutos, y entonces ¿tengo o no tengo razones para dudar? Ha esto me acerqué con la idea que en estos párrafos me comenta, pero tampoco creo que si el papa el día de mañana decide acabar con la Iglesia me quede de brazos cruzados y me una a la comparsa, me dirá que eso es imposible (por ahora lo dejaré aquí, lo asumo como premisa) que Jesús no lo va a permitir, pero y sin llegar a tanto, sin acabar con la Iglesia, logra el papa desvirtuar su imagen con medidas, o mejor, con doctrinas utilitarias, tan novedosas que me mueven hasta los cimientos. Francisco ha reiterado numerosas veces “que él se puede equivocar” y yo lo creo, además, muchas de estas doctrinas utilitarias me parecen más política que otra cosa, no estoy hablando de política de partidos sino modos de funcionamientos y ahí ni él es infalible ni incuestionable, es más, puede equivocarse y en su equivocación arrastrar a muchos. No seré yo el que sin más razón lo cuestione y ha de creerme cuando le digo que mi primera voluntad es la de respetar todo su actuar y pretensión, pero poco a poco la decepción y el cambio de sabor de los frutos que ahora se cosechan me han cambiado la rutina sumisa que antes sin más aceptaba. Cada crítica a Francisco sin dudas me pone en la cuerda floja, soy así personalmente, respeto muchísimo la autoridad incluso hasta en política en donde me busco problemas en mi casa por estar a favor de mi presidente municipal cuando sé que no sirve de mucho, pero eso no significa que con medida y mirando bien todas las aristas no deje yo de acatarle algo por la inseguridad que siempre tendré al pensarme como otra víctima más de la soberbia, prefiero pecar de ello que no caer por no haber defendido lo que considero correcto, SIEMPRE CON JUSTA MEDIDA. Francisco podrá atar y desatar en el Cielo lo que desee, pero ¿será eso lo mejor? Quizás juzgue el Cielo según las ataduras y desataduras del papa de turno, obedezcamos entonces, pero eso no significa que las mismas sean las opciones correctas.
    Si el papa se ha equivocado en lo de la pena capital (aterrizando esto) creo que bien pudiéramos criticarlo sin caer en la sublime soberbia, claro está que el razonamiento de partida “se ha equivocado” ya tiene de por sí su poquito de soberbia, pero es que no creo que estemos aquí para simplemente ser ovejas acéfalas, cada cual tendrá parte en su salvación ¿y solo se dará esta por cumplir con lo que el papa de turno dicte? No me parece tanto, más bien me gustaría mirar lo mejor posible la situación, reconocer que en estos asuntos el papa se puede equivocar, como creo que él mismo ha dicho, y entonces, siempre tanteando, juzgar. A Usted le parce que “la explicación” es errónea aunque el cambio en sí es “aceptable” ¿no le parece que llamar erróneo a lo primero contiene la misma soberbia que llevaría a cualquiera a no ver con buenos ojos ese cambio?
    La doctrina sobre si el sacerdote debe o no ser célibe si es utilitaria de todas todas, pues es más una política de funcionamiento de la Iglesia que algo que se ajuste a un deseo expreso o por lo menos evidente de Jesús. Pero negar la posibilidad de la pena de muerte (que también la considero utilitaria ya que no es de por sí una doctrina sino un recurso que viabiliza a otras en la práctica) deja afuera o por lo menos rechaza la aplicación de doctrinas bien fundamentadas como la legítima defensa y la potestad del Estado para aplicar la justicia “de la espada” a sus ciudadanos. ¿Puede el papa desatar esto aunque esté en la mismísima Biblia y en la tradición (con minúsculas jajaja)? Puede ser que sí, pero lo que nadie puede asegurarme es que sea correcto y menos cuando su predecesor dijo que esto era tema de conciencia. Así que no veo esto igual que el celibato de los sacerdotes, pues al hacerme la pregunta de “Quién erraba” con la pena capital la Iglesia de antes o la de ahora, creo que diría la de ahora, pues le quita aplicación práctica a doctrinas fuertes (por decir algo sobre ellas).
    No creo que el Estado necesariamente, para ser Estado tenga que tener prisiones sofisticadas. Es impensable que muchos países en la Edad Media podían inhabilitar a sus asesinos y menos en ciertas circunstancias como guerras, catástrofes, etc.. Esto se lo dije en mi comentario anterior. Además el Catecismo antiguo no hablaba de Estado sino de “autoridad legítima”, aquí difiero.
    Este punto de que la Iglesia antes permitía la aplicación de la pena de muerte como sanción por crímenes extremos y luego desarrolló la doctrina impidiendo esto me resulta al valorarlo lo mismo que a usted, está dentro de eso que ella puede “desatar y atar”, pero si así lo creo por qué no creer entonces que ahora en estos tiempos puede hacer lo mismo y declararla inadmisible es lo que le he dicho a hans y lo que le he preguntado en varias ocasiones. Su respuesta y que hasta cierto punto me deja medio mudo es el hecho de que ahora el desarrollo va en contra de la misma doctrina, no son cambios en su aplicación sino declarar nula la misma. Aquí no sé ni cómo situarme, si aceptamos lo primero digo yo que tenemos que aceptar lo segundo, aunque se sea más radical; si no aceptamos lo primero lógicamente menos aceptaremos lo segundo, pero en este caso parece no haber nadie, excepto yo (y no me lo cuente, piense que ni lo escribí, es solo mi postura personal). Si aceptamos lo primero ¿son suficientes las razones que da hans para no aceptar lo segundo? Que lío, se me está yendo la olla en este asunto, estoy al darle un borrón y cuenta nueva a todo esto (tabula rasa y se acabó jajaja, na´ estoy esperando que Usted se canse primero jajaja).
    Luego lo de la legítima defensa. Que el Estado elimine a personas para “evitar el riesgo” no parece ser tal legítima defensa, pero yo creo que sí, al igual que el Catecismo anterior “La defensa del bien común exige colocar al agresor en la situación de no poder causar perjuicio. Por este motivo, los que tienen autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.” Pero mira qué lindo termina el numeral que se cambió, el 2267, del antiguo Catecismo “Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo “suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos””. ES PERFECTO, por qué hacer inadmisible entonces la pena de muerte, para jugar a la política……
    Dice “Dios ….lo acepta y lo refrenda, así que en la práctica tienes que aceptar esa norma como proveniente de Dios, pues es la autoridad que está detrás de ello”, lo que tenía que decir sobre este razonamiento ya lo dije. Reconozco que esto, de ser verdad, justifica muy bien lo sucedido. Pero que precedente este, si es que lo es, cuánto se quitará o se pondrá de aquí en adelante y con qué sutileza. Ah, dice Javier que ya los papas no tienen coronación ya que no pueden hacer el juramento que antes hacían de trasmitir sin cambios lo que a ellos ha llegado.
    Dice “Pero de nuevo te digo que ni santos ni doctores estarían equivocados en la fe si apoyaban la decisión de la Iglesia cuando era una y cuando era otra”. Es que esos santos y doctores no apoyaron tal decisión abalando la opinión del papa regente y ya, sino diciendo que la misma era ……. y mucha teología alrededor de esto que me asombré cuando la leí, principalmente lo que de ella dice San Agustín y Santo Tomás.
    Y a pesar de todo lo que he dicho sigo dándole gran valor a esto “No olvides que un papa puede ser un buen papa o un mal papa, pero en cualquier caso siempre será un papa y por tanto tendrá la autoridad que Jesús le ha concedido para ejercer su cargo.” Nos tiramos por el barranco. Aunque creía que a Iglesia no veía bien eso de los tatuajes, pues la Biblia lo prohíba en el A.T..
    Me parece que fue San Belarmino el doctor que habló sobre la posibilidad de un papa hereje.
    Los sedevacantistas son otros protestantes más, lo que un poquitín más sofisticados, pero aun así ellos propagan mucho lo que le puse.
    “lo trágico sería que te marcharas de la Iglesia a causa de una mala comprensión del dogma.”, no, que no llegamos todavía allá, pero todo esto me duele, pues veo a la Iglesia grande, a la modernista destrozándose poco apoco mientras que la otra parte que se llama Tradicionalista o incluso a esos que son Carismáticos creciendo, cosechando frutos, y nosotros qué, incluso desde que conocí a esta gente mi espiritualidad ha ido un poquitico en ascenso, a todos los demás todo le da igual o casi todo.

    “y yo hago las maletas y me voy contigo.” Jajajaja, verdaderamente me estoy riendo a carcajadas, incluso mis amigos me miran y se ríen jajajaja.

    Christian, mi relación con Javier ha ido cada vez mejor aunque como ya te conté no me deja poner una acusándome en todo de soberbio y orgulloso, yo no pretendo pararlo, pues como le dije arriba respeto mucho la autoridad que él representa, algún día de seguir así tendré que ponerle freno, pero no será ahora. Le conté sobre mi espiritualidad y me ha puesto un Plan de Vida un tanto riguroso, yo le dije que no soy fraile y él me dijo que eso era lo normal de un laico, me reí y más o menos obedecí. Como me abstengo mucho de pedir su opinión sobre otra cosa que no sea estrictamente de apologética, antes de por lo menos decirle qué debo de hacer en ese Plan, me gustaría saber si en ello me dirá algo. Pues sé que su línea, mejor la línea de su blog es la apologética y aunque quizás pudiera enmarañar esto dentro de aquella no querría. Al igual cuando Javier me llamó por vez primera estuvimos horas hablando, le dije que le escribiría en un Word datos generales sobre lo que yo pensaba y era a fin de que él me conociera y pudiera usar mi blog que tiene dominio cubano, ese Word si pudiera quisiera lo leyera, pero todo esto es si su tiempo le alcanza para tales ayudas espirituales, y no diré más sobre esto último pues me pareceré a Javier, es algo que me cae un poco pesado de él, el hecho de que hace “hombres de pajas” con mis argumentos y todo lo lleva a un blanco y negro sin grises en el que me obliga a darle la razón y a hacer lo que él quiere. ¿Será manipulación? jajaja
    Este punto que me da ahora, me refiero al “atar, desatar” también con Javier lo he conversado muy someramente, este me dice que a raíz del Concilio Vaticano I se creó una papalatría que no nos permite distinguir hasta dónde puede llegar en este caso Francisco, sin embargo, yo no lo veo así y me parece que el actuar del último sí es de su plena competencia, aunque me gustaría que rebatiera lo que arriba le puse. Quizás todo se resuma en que por obligación tengamos que cumplir aunque simplemente no nos guste y digamos mil sandeces. Hace tiempo le copié esto del libro que me leí sobre las declaraciones del Concilio (de él marqué varias cosas y como siempre lo dejo en la taquilla nunca le puedo decir cuáles son las declaraciones que llevan el apellido de dogmáticas del V-II) defendiendo dentro de uno de esos argumentillos con los que pretendía escapar a lo que los tradicionalistas me decían “Esa Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en el corazón”

    Quede con Dios.

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      • Saludos Christian
        Las declaraciones dogmáticas o eso dice el libro que estoy leyendo son Dei Verbum y Lumen Gentum o algo así, cierto es que no aparece eso de anatema ni cosa por el estilo, pero creo que llevan el apellido de dogmáticas.
        Espero ansioso su repuesta.

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      • En el discurso de apertura de la segunda sesión de Vaticano II el propio papa dice (Domingo 29 de septiembre de 1963): “Nos parece que ha llegado la hora en la que la verdad acerca de la Iglesia de Cristo debe ser estudiada, organizada y formulada, no, quizá, con los solemnes enunciados que se llaman definiciones dogmáticas, sino con declaraciones que dicen a la misma Iglesia con el magisterio más vario, pero no por eso menos explícito y autorizado, lo que ella piensa de sí misma.”
        https://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/speeches/1963/documents/hf_p-vi_spe_19630929_concilio-vaticano-ii.html
        Una declaración un tanto ambigua, pero que deja claro una cosa, que en este concilio el papa no quiere que se hagan declaraciones dogmáticas ni solmenes. Si para que un dogma se considere infalible se necesita declararlo “expresa y solemnemente”, aquí se renuncia explícitamente a la solemnidad y también explícitamente se renuncia a declarar ningún dogma. Por lo tanto no hay infalibilidad (aunque ello no quiere decir que tenga que haber error). Al mismo tiempo el papa habla de la voluntad de que lo que la Iglesia dirá en el concilio sea “explícito y autorizado”, es decir, aunque no reclama infalibilidad, sí reclama autoridad, es decir, hay que obedecerlo.

        En el discurso de clausura del concilio Pablo VI dice lo siguiente (traduzco del inglés):

        “Pero una cosa debe resaltarse aquí, que la autoridad magisterial de la Iglesia, aunque sin desear emitir pronunciamientos dogmáticos extraordinarios, ha hecho saber totalmente su enseñanza autorizada acerca de muchas cuestiones que hoy inquietan la consciencia y actividad del hombre.”
        https://w2.vatican.va/content/paul-vi/en/speeches/1965/documents/hf_p-vi_spe_19651207_epilogo-concilio.html

        Es decir, en el discurso de clausura el papa repite la misma idea que en su discurso de apertura antes citado, que este concilio no hace declaraciones dogmáticas.

        Pero ya llegados a ese punto resulta que tienes razón, entre los documentos aprobados por Vaticano II sí hay dos documentos que pueden considerarse dogmáticos porque así se autodenominan. Se trata de dos “constituciones dogmáticas”: Lumen Gentium y Dei Verbum.

        Ahora soy yo el que queda confuso. En diversos sitios el propio Vaticano II declara, por sí mismo o por boca del papa, que este concilio es pastoral y no pretende ser dogmático (como puedes ver en las citas anteriores), y la literatura que yo he leído sobre el concilio enfatiza siempre lo mismo, que el concilio quiso ser sólo pastoral. En varios sitios también afirma que sólo serán dogmáticas las declaraciones de fe sobre puntos que ya por sí lo son (es decir, que se habla de dogmas pero no se declaran dogmas nuevos). Y ahora me choco con algo tan obvio que se me había escapado: que las “constituciones dogmáticas” del Concilio son precisamente eso, dogmáticas.

        Pues eso es lo que hay, aunque no lo entiendo. El texto de esas dos constituciones es dogmático, aunque el resto de documentos no lo sea. Digo no lo entiendo no porque no entienda cómo puede ser eso dogma, sino porque no entiendo cómo el concilio puede decir que no quiere declarar dogmas, al acabar dice que no ha querido declarar dogmas y luego resulta que sí los ha declarado.

        En fin, eso es lo que hay.

        De todas maneras, enmarcando esto en nuestro largo debate sobre si el Concilio Vaticano II rompe o no rompe con la tradición, tengo buenas noticias.

        Como ya hemos comentado, el problema no es tanto los documentos conciliares en sí (dogmáticos o no dogmáticos) como su interpretación posterior. El verdadero triunfo del modernismo, como ellos mismos afirman, no fue la redacción de los documentos, sino el hecho de conseguir en ellos la ambigüedad suficiente para poder después interpretarlos según sus propias ideas (hablando de que “el espíritu del concilio” es superior a sus textos), lo que ha sumido a la Iglesia en cierto caos desde entonces hasta hoy. Por eso parece que la clave es en la manera de interpretar esos textos.

        Todos los papas posteriores aceptaron los textos del concilio (como no podía ser menos), pero asustados por las interpretaciones múltiples y excesivamente liberales, empezaron a recoger velas, en especial Juan Pablo II. Para recoger velas no era necesario cambiar nada, bastaba con elegir interpretaciones conservadoras. Esa tarea de leer los textos conciliares a la luz de la Tradición, de modo que en nada provocasen una ruptura clara con lo anterior, la coronó de forma magistral el papa Benedicto XVI, el gran teólogo y erudito de los papas modernos. A esa manera de interpretar los textos a la luz de la Tradición el papa lo llamó “hermenéutica de la continuidad”.

        Pues bien, una muestra de que el Espíritu Santo no permite que la Iglesia se salga de rumbo, a pesar de sus integrantes, es la noticia que acabo de leer hoy. Recuerda todas las dudas sobre si el papa Francisco terminará o no arrojando la Iglesia en brazos del modernismo. Pues ese mismo papa ha declarado su apoyo a la hermenéutica de la continuidad diciendo que es la forma más perfecta de interpretar los documentos de Vaticano II. La noticia empieza así:

        “Nadie esperaba del Papa una valoración semejante, y sin embargo ha llegado”: así comienza Sandro Magister, en su blog, el relato de un hecho “clamoroso” protagonizado por Francisco al considerar a Agostino Marchettocomo “el mejor hermeneuta del Concilio Vaticano II“.
        https://infovaticana.com/blogs/adelante-la-fe/el-papa-francisco-valora-la-hermeneutica-de-la-continuidad/

        Silos modernistas confiaban en que este papa por fin se pusiera de su lado, se habrán sentido muy decepcionados al comprobar que se posiciona en el bando opuesto. Sin embargo seamos prudentes y continuemos viendo cómo se desarrollan los acontecimientos…. Y rezando para que Dios siga guiando a su Iglesia.

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    • Intentemos recapitular un poco y luego responderé a cuestiones más puntuales.

      Ni la Iglesia ni el papa son infalibles en todos sus pronunciamientos. Sólo podemos hablar de infalibilidad, y por tanto de inmutabilidad, cuando nos referimos a verdades. En ese caso el papa o un concilio es infalible si se dan las condiciones prescritas para ello (declaración expresa y solemne en tal sentido, etc) o si la Tradición y el Magisterio tiene una doctrina asumida de siempre (en esto simplifico mucho pero estamos sólo recapitulando). Luego está el asunto de doctrinas no dogmáticas sino utilitarias, pastorales o normativas, es decir, no se trata de verdades sino de normas o de aplicaciones prácticas, de cómo actuar para que nuestra actuación sea consecuente con esas verdades. En esto ya no podemos hablar de inmutabilidad sino de adecuación.

      Puesto que la realidad puede cambiar, también en ocasiones tiene que reajustarse esa manera de actuar para que la nueva realidad siga reflejando esas verdades en plenitud. Por eso la Iglesia no sólo obtuvo de Jesús la garantía de que estaría libre del error (fiabilidad de sus dogmas inmutables), sino también la facultad de atar y desatar. Eso no da carta blanca para cambiar a placer la moral y el comportamiento, pues por mucho que cambie la realidad los principios a aplicar no cambian, así que normalmente los cambios serán sutiles o de énfasis, más que pasar de A a B, y hay que estar siempre vigilantes para que esos cambios se fundamenten 100% en el Evangelio y no en lo políticamente correcto de cada época, porque la Iglesia tiene que estar en este mundo pero no pertenecer a él, sino ser luz y guía y sus referencias no pueden ser las cambiantes modas humanas sino el inmutable Evangelio de Dios. Aún así, si la Iglesia comete un error en este campo podemos alertar, criticar o alarmarnos, pero no podemos declarar que la Iglesia ha caído en contradicción o traición y por tanto se ha deslegitimado a sí misma, lo que supondría que no fue la Iglesia creada por Jesús y la destinataria de su protección y sus promesas, es decir, que sería otra falsa iglesia como todas las demás (y de paso nos quedaríamos sin ninguna Iglesia verdadera).

      Ni los errores de la Iglesia en temas falibles ni los pecados de sus fieles o del clero o del mismísimo papa suponen una contradicción con la naturaleza de la Iglesia, pues sólo en las verdades nos protege la mano de Dios, en el resto es el esfuerzo de los hombres lo que nos lleva a estar o no a la altura (y ha habido épocas de la historia donde ni clero ni fieles estuvieron ni mucho menos a la altura, lo que no evitó que la verdad se mantuviera sin contaminar). Y sobre esto es muy importante el comentario que hizo Jesús a sus discípulos sobre la autoridad de la Iglesia:

      “Los escribas y los fariseos se han sentado en la cátedra de Moisés. De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mateo 23:2-4)

      En ese momento la Iglesia de Dios era Israel, y Jesús hace a veces críticas fieras contra aquel clero de fariseos, saduceos y sacerdotes, incluido en esta ocasión, pero a pesar de eso deja una cosa clara: la legitimidad del Sumo Sacerdote no proviene de su persona ni del sanedrín ni del Templo, proviene del hecho de ser sucesores de Moisés y ocupar su cátedra, así que Jesús les critica pero les confirma su legitimidad, asegurando que lo que ellos dicen (la verdad) sigue siendo sagrado, aunque lo que hacen (la praxis) sea muy criticable. También critica aquí, como en otros pasajes, la cantidad de cargas pesadas (normativa) que innecesariamente prescriben, así que también en eso se equivocan, en la normativa, y en ocasiones también critica la moral que imponen (especialmente los fariseos), pero sigue reconociéndoles como las autoridades legítimas porque “se sientan en la cátedra de Moisés”.

      La revolución que el cristianismo supuso para el judaísmo fue enorme, pero todo eso se transforma sin suprimir en ningún momento la legitimidad de quienes se sientan en la cátedra de Moisés. Es cuando Jesús sustituye la cátedra de Moisés por la de Pedro (hecho efectivo en Pentecostés) cuando el clero del Antiguo Testamento pierde su legitimidad y ésta pasa a Pedro y sus sucesores, los papas. Pero el funcionamiento sigue siendo el mismo, la cátedra de Pedro garantiza el mantenimiento de la verdad aunque no garantice la pureza y acierto de las doctrinas normativas. Sin embargo tampoco quedan estos otros aspectos desprotegidos y al libre albedrío de los hombres, sino que, al igual que les ocurría a los de la Alianza antigua, nosotros tenemos unos textos sagrados y una rica y antigua Tradición que nos guía también a la hora de decidir sobre ello.

      Este razonamiento es para garantizar que la Iglesia Católica, y el papa a su cabeza, mantiene intacta la legitimidad que Dios le confirió al fundarla, independientemente de lo que uno piense sobre sus decisiones, pues la legitimidad le viene de Dios, no es mérito de sus obras. Al mismo tiempo Jesús le dio a su Iglesia una autoridad superior a la que tenía el Qohelet (iglesia, asamblea) de los judíos, pues le dio la facultad de atar y desatar (no verdades, claro, sino praxis). La Iglesia de la Antigua Alianza era una fase de preparación para la venida de Jesús, que a su llegada traería la verdad perfecta, pero la Iglesia de esta Nueva Alianza ya se funda en la perfección de la verdad, así que no podemos tampoco suponer que, al igual que ocurrió con la antigua, podríamos estar ya en una fase de degradación digna de otra reforma profunda como la que trajo Jesús. No, esta Iglesia es ya la definitiva, y aunque el ser humano sea muy falible, la Tradición, el Magisterio y la Biblia son una guía fuerte que evita que pueda errar demasiado, y cuando así lo haga, son señales claras que pueden redirigir a buen fin su camino.

      Por tanto, y volviendo al tema de la pena capital, podemos decir que el cambio de opinión de la Iglesia nos parece correcto o no, y que la explicación que da al respecto es correcta o no, pero no podemos decir que se ha quebrado la verdad y por tanto la Iglesia se ha deslegitimado. Se trata de una doctrina utilitaria y ahí la Iglesia no tiene infalibilidad, pero sí el poder de atar y desatar, así que es doctrina de obligado acatamiento para un católico. La forma en la que se explica este cambio de actitud es criticable, y la manera en que la pena de muerte queda o no enmarcada dentro de la doctrina de la legítima defensa también es falible y criticable. Así que es legítimo criticar este asunto, pero no se puede decir que nada de todo esto afecte a la legitimidad de la Iglesia ni a su naturaleza ni que el desacuerdo legitime la desobediencia.

      Lo de tirarse o no por el barranco, como dices, depende de la fe que tengas en la Iglesia. Hoy por hoy no hay motivos para considerar que el papa “decida acabar con la Iglesia”, como comentas, así que esos miedos, como bien dices, son miedos de cara al futuro y por tanto imaginarios. Pero apartarse de la obediencia al papa, como hacen algunos sectores, por miedo a que pueda ocurrir eso en el futuro es no confiar en Dios. Jesús fundó su Iglesia y puso al frente a Pedro y sus sucesores, así que si Francisco es sucesor de Pedro no hay por qué temer que Jesús vaya a dejar que destroce su Iglesia, independientemente de que nos guste más o menos su manera de llevarla. Haga lo que haga un dirigente, nunca actuará a satisfacción de todo el mundo. Pero el papa no es una autoridad humana más, su autoridad proviene de Dios, así que nos guste más o menos debemos obedecer. También en la vida civil si un presidente saca unas leyes con las que no estás de acuerdo, puedes criticarlas pero tienes que acatarlas te guste o no, así que cuánto más en el caso del papa cuya autoridad viene de lo alto. Si dentro de la Iglesia todo el mundo se considera capacitado para aceptar lo que le gusta y rechazar lo que no, sería un caos, el fin de la Iglesia, igual que sería el fin de cualquier organización humana. Esa actitud, con la que ahora intentan influirte, puede tener apariencia de bondad, de preferir a Dios antes que al papa, pero es que no se trata de eso, no hay que elegir entre Dios y el papa porque el papa está ahí puesto por Dios, o al menos controlado por él en todo aquello que es esencial para la Iglesia, así que igual que no se puede amar a Dios sin amar al hombre, como explicó Jesús, tampoco se puede obedecer a Dios sin obedecer a su Iglesia, pues así ha querido Dios que sea, atando lo humano y lo divino porque así lo quiere, y así lo ató en su propia persona, siendo Jesús ahora el resultado de la unión de una naturaleza humana y una divina, e igual su cuerpo místico, la Iglesia, que es una unión de lo divino y lo humano inseparable. Cuando Jesús dijo lo de que lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, estaba diciendo que aceptaba la voluntad de la Iglesia, no que a veces sí y a veces no (así que si Dios confía en ella, cuánto más debemos nosotros). Pero como Dios no puede dar carta blanca para actuar en su nombre, junto con esa promesa está la de que velaría por ella y la protegería del error, de modo que si algo de verdad es inaceptable ya se encargará Dios de evitarlo. Dios puede tolerar cierto margen de meteduras de pata, pero nada que realmente nos dañe. Por eso tener confianza en la Iglesia, y por tanto también en el papa, es confiar en Dios, confiar en que Dios no metió la pata al confiar demasiado en el jefe de su Iglesia y aceptar la autoridad de Dios, que decidió delegar en su Iglesia.

      Cuando Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo, Abraham tenía motivos de sobra para decir que de ningún modo, que matar está mal y a tu propio hijo mucho peor así que no lo haría. No, Abraham, con gran pesar, se sometió, aun sin comprender nada, porque por encima de cualquier otra cosa obedecía la autoridad de Dios, confiaba en Dios y sabía que nada malo podía estar pidiéndole, por mucho que las apariencias fueran claramente otras. Y sólo al final Abraham comprendió. Confiar en Francisco es confiar en Dios, y en cuanto a normativas humanas, eso ya no es verdad o mentira, son normas humanas para el funcionamiento de una comunidad humana, y como en cualquier organización, si el equipo directivo crea una norma, guste o no hay que respetarla si uno quiere estar dentro. Si Dios dio autoridad al papa y el papa toma una decisión que no te gusta, oponerte activamente a esa decisión equivale a rechazar la autoridad de Dios y oponerte a su voluntad, con el agravante de hacerlo por soberbia, por pensar que tú entiendes mejor la voluntad de Dios que el papa o que su Iglesia. Se puede estar en desacuerdo, pero eso no implica desobedecer. Hoy se valora más la rebeldía frente a todo tipo de poder y autoridad, pero es que cuando el poder viene de Dios, aunque haya sido delegado, la cosa cambia, sólo queda el acatamiento. Él puso al papa como su vicario en la tierra; si realmente crees eso y el papa se desbandara, ¿no crees que Dios salvaría a su Iglesia? Las corrientes de disensión que buscan de alguna manera “salvar” a la Iglesia del papa piensan así porque no confían en que Dios sea capaz de velar por la integridad de su Iglesia y por eso es necesario que sean ellos quienes pongan las cosas en orden. No siempre comprendemos los planes de Dios, pero siempre deberíamos intentar aceptarlos. Mejor sabe Él qué es lo adecuado en cada momento, así que confiemos en que Dios vela porque ningún capitán pueda estrellar el barco contra las rocas.

      En tiempos de tempestad el barco se bamboleará y la gente se mareará y hasta se magullará, pero un buen capitán es el que evita que el barco se estrelle o se desvíe de su destino, no podemos pedirle que sea el superhéroe que realice la tarea imposible de lograr que el barco siga navegando suave y apaciblemente cuando las olas lo sacuden violentamente por todas partes. A veces se necesitan maniobras incomprensibles para el profano, como cambiar el rumbo o retroceder para que el velamen no se parta con la furia del viento, pero sólo como estrategia necesaria para vadear el temporal y regresar luego al rumbo correcto. Quién sabe si los errores de la Iglesia en un momento dado no son también cambios temporales de rumbo necesarios para vadear ciertos temporales y poder luego regresar a la senda correcta sin peligro de naufragar. En cualquier caso igual que creemos que en los sacramentos Jesús mismo actúa a través de los sacerdotes, igualmente y con más razón tenemos que creer que Jesús actúa a través del papa como capitán del navío que es la Iglesia, y por muchos fallos humanos que pueda cometer un papa, en lo esencial, que es mantener a salvo el barco y su destino, Jesús no puede permitir ningún fracaso. Él mismo nos dijo lo de no agobiarnos por el futuro y lo de los lirios del campo etc. Si confiamos en Dios no tendremos que preocuparnos tanto por el rumbo de su Iglesia, dejemos que sea Él quien se ocupe de ello, si es que realmente creemos que detrás de la Iglesia está Dios, porque si creemos que la Iglesia sólo es una organización humana, entonces ya ni siquiera merece la pena preocuparse por ella.

      Sigues insistiendo en que eliminar la pena de muerte supone eliminar el principio de legítima defensa. Y yo sigo sin entenderlo. Eliminar la pena de muerte supone sólo admitir que dicho acto no puede encuadrarse dentro de la legítima defensa, y por tanto sería un asesinato sin la disculpa de ella. Se puede pensar que el papa se ha equivocado en este asunto y/o que se ha equivocado en su explicación del cambio, pero como te dije, aunque uno no esté de acuerdo tiene que acatarlo igual que un ciudadano tiene que acatar las leyes de su Estado aunque no le parezcan correctas. Otro asunto sería actuar contra tu propia conciencia, donde estés o no equivocado, lo que más vale es hacer lo que crees correcto, pero en este caso no se trata de un tema de conciencia.

      Sobre el tema de la conciencia personal, la Iglesia reconoce que ante Dios, la máxima autoridad es tu propia conciencia. En este enlace puedes leer el catecismo sobre el tema:
      http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a6_sp.html
      Pero como creo que en tu país está bloqueado, te copio las citas clave, aunque lo ideales leer todo el apartado (deberías hacerte con un Catecismo):

      “1782 El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” ”

      Aunque en el punto 1789 da tres reglas que limitan esa libertad de conciencia (resumo):
      1- Jamás se puede hacer el mal para obtener un bien (el fin no justifica los medios)
      2- Todo lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo también a vosotros (no hagas a tu prójimo lo que no quieres que te hagan a ti)
      3- Respeto al prójimo en todo. No hacer cosa que se apara tu hermano ocasión de caída.

      También:

      “1790 La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. Si obrase deliberadamente contra este último, se condenaría a sí mismo. Pero sucede que la conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos.”

      “1793 Si por el contrario, la ignorancia es invencible, o el juicio erróneo sin responsabilidad del sujeto moral, el mal cometido por la persona no puede serle imputado. Pero no deja de ser un mal, una privación, un desorden. Por tanto, es preciso trabajar por corregir la conciencia moral de sus errores.”

      Con todo esto te quiero decir que es cierto que si el papa nos pidiera algo que a nosotros nos parece un disparate no tenemos por qué obedecer, pero un buen cristiano que crea que el papa es vicario de Cristo y actúa en su representación debería tener la humildad de no desconfiar fácilmente de las decisiones de ese vicario y confiar más en Dios. Y si aún así no puede evitar pensar que le piden lo imposible, entonces miremos si, en nuestra opinión, se infringen alguno de los 3 puntos visto arriba (del punto 1789). Si creemos que se infringen uno de esos tres puntos estaremos legitimados para desobedecer, porque aunque nos equivoquemos en el análisis estaremos siendo fieles a nuestra conciencia y Dios no nos puede pedir más. Pero si no se rompen ninguno de esos tres puntos, desconfiemos de nuestro análisis porque no es probable que la razón y Dios estén más con nosotros que con el papa y los obispos. Si yo fuera un legislador que tengo que decidir si apruebo o no una ley sobre la pena de muerte, entonces podría tener un problema de conciencia, pero ni para ti ni para mi es este el caso.

      Pero a pesar de todo, ¿y si se diera el caso de que la Iglesia cambia una doctrina dogmática y la contradice? ¿No sería entonces un caso claro de que el papa ha destruido la infalibilidad de la Iglesia? Pues sí. ¿Y si Dios de repente se volviera malo y nos engañara? ¿Y si los caballos mañana tuvieran alas y volaran?¿seguirían siendo caballos o unicornios? Como divagaciones filosóficas puede estar entretenido, pero no podemos dudar de la Iglesia basándonos en posibilidades que no se han dado. Si mañana el papa dice que Jesús no es hijo de Dios entonces hablamos y me planteo lo de que el papa sea o no representante legítimo de Cristo. Hasta que algo así no ocurra, no hay por qué asustarse con posibilidades que sólo están en nuestra cabeza.

      Dices “¿no le parece que llamar erróneo a lo primero contiene la misma soberbia que llevaría a cualquiera a no ver con buenos ojos ese cambio?”. Es posible. Seguro que muchas veces peco de soberbia y pido a Dios que me dé más humildad. En este caso sería soberbia intelectual, por pensar que si hubiera redactado yo ese apartado lo habría hecho mejor que las eminencias intelectuales y religiosas que lo han preparado. Tal vez ellos ven con más profundidad que yo y por eso tienen en cuenta factores que yo no veo.

      Luego tienes un párrafo en donde hablas de que si aceptamos lo primero tenemos que aceptar lo segundo. No entiendo qué es lo primero y qué es lo segundo así que no te digo nada sobre ello.

      Tu reivindicación de la redacción del numeral 2267 diciendo que estaba perfecto así, pues yo estoy de acuerdo, personalmente me parece que así estaba bien, que esa redacción permitía de facto eliminar la pena capital sin causar ningún conflicto con lo anterior. Sin embargo me parece a mí evidente que el papa tenía mucho interés en que esa eliminación no fuera simplemente algo de facto, sino una opción clara y activa en contra de la pena de muerte, y pienso yo que es por un afán de encajar en lo políticamente correcto, lo cual sería una motivación equivocada. Pero tal vez no sea esa la motivación, tal vez sea el afán de este papa por enfatizar más claramente el amor de Dios y su misericordia, y tal vez sea eso lo que más necesita la Iglesia ahora mismo, así que puede que el papa haya obrado mucho mejor de lo que yo pienso. Si yo fuera papa ¿lo haría mejor que Francisco? Estoy muy seguro de que no, sería un desastre. No existe un hombre perfecto así que ningún papa será perfecto, pero es posible que Dios permita que en cada momento salga elegido el mejor de entre los disponibles, y los que valemos mucho menos nos podemos conformar con criticarle.

      Dices: “dice Javier que ya los papas no tienen coronación ya que no pueden hacer el juramento que antes hacían de trasmitir sin cambios lo que a ellos ha llegado.” Bueno, eso es una afirmación y una interpretación muy personal de los motivos. Me cuesta creer que Javier piense en serio que su análisis es la verdad, aunque si él lo dice supongo que así lo creerá. Juan Pablo II explicó por qué no iba a realizar la ceremonia de coronación con estas palabras: “El papa Juan Pablo I, cuya memoria está tan viva en nuestros corazones, no deseaba tener la tiara, ni su sucesor la desea hoy. Ésta no es época de volver a una ceremonia y a un objeto considerados, incorrectamente, como un símbolo del poder temporal de los papas.” Por tanto el motivo es que no quiere dar la imagen de ser un rey del Vaticano, sino un siervo de Cristo. Sobre eso del juramento papal, que nunca había oído, mira lo que he encontrado: “Algunos tradicionalistas también criticaron a Benedicto XVI por no haber efectuado el juramento papal, cuya existencia es aún discutida, y del cual las películas de las coronaciones de 1939, 1958 y 1963 no poseen registro alguno de que haya existido.” Saca tus propias conclusiones. No es que el papa no se comprometa a mantener la fe intacta, sino que eso es la esencia de su cargo, pero no había ningún juramento explícito sobre ello, igual que ningún papa tiene que hacer un juramento para afirmar que se compromete a defender la idea de que Jesús es Dios. Son cosas que se dan por sentadas.

      Y ya en un tono más personal. A mí también me duele ver los estragos que el modernismo causa en la Iglesia. Los enemigos exteriores nos hacen más fuerte, pero los de casa nos destrozan y debilitan. Pero si el capitán del barco es Dios, Él sabrá lo que hace. Peor fue la ruptura protestante. Los bosques de California se degradan si no hay incendios periódicamente. Cuando se comprendió esto, los parques naturales de allí tuvieron que provocar incendios controlados periódicos. Tal ve la Iglesia necesite también incendios controlados para purificarse y sanearse, aunque a pesar de ello siempre es doloroso verla arder.

      Para mí es un consuelo meditar sobre lo ocurrido en Vaticano II. Los modernistas, contra todo pronóstico, lograron ejercer una enorme influencia sobre el papa, el sínodo y los medios de comunicación, lo que ejercía una gran presión y aislamiento sobre los tradicionalistas. Según iba avanzando todo parecía que al final impondrían casi todas sus posiciones. Y sin embargo al final los hechos evolucionaron de manera que se produjo una gran apertura pero sin llegar a romper ninguno de los límites que hubieran roto con la Tradición y el Magisterio anterior. Es como que Dios permite que la cuerda se tense pero no deja que se pueda romper. Probablemente en ningún momento como durante ese concilio estuvo la Iglesia tan cerca de traicionarse y deslegitimarse, pero Dios no permitió que sucediera. Sinceramente creo que Dios la protege.

      Otro argumento que no sirve es pensar que si ciertos sectores tradicionalistas (o modernistas o los que sean) viven la fe de forma más firme y fortificante sea ello signo de que tienen más razón. En mi experiencia personal hay grupos evangélicos y protestantes de gente de enorme fe y enorme corazón tal como nunca he visto yo en ninguna comunidad católica, pero eso no significa que esos grupos tengan la verdad y sean la verdadera Iglesia, aunque admito que en su momento sí me dejé seducir por esa fortaleza que no veía en mi propia Iglesia. También con ellos mi espiritualidad fue en ascenso, y aún hoy se lo agradezco grandemente y valoro cada día que pasé con ellos, pero lo que hay que buscar es la verdad, no el entorno que nos hace sentir mejor.

      Sobre el Word que me comentas, lo leí entero pero ya te contesté en algún sitio, ¿no? A no ser que esta sea la segunda vez que contesto al mismo comentario, me siento confuso. Ah, o estás hablando de otro documento? Leí dos documentos que me enlazaste hace días, si hablas de uno nuevo pues no tengo problema en que me lo pases. Si quieres pasármelo de forma privada puedes enviarlo a mensaje privado por nuestra página de Facebook.

      “antes de por lo menos decirle qué debo de hacer en ese Plan, me gustaría saber si en ello me dirá algo.” No entiendo bien a qué te refieres pero si es algo privado y personal te digo lo mismo, escríbeme por Facebook a mensajes personales para que no sea público. Si es que tienes acceso a Facebook.

      Y espero haberte aclarado algo, yo mismo desearía tener en todo esto las ideas más claras, también yo tengo que luchar con cierto nivel de confusión y, sobre todo, contra mis propias emociones y mi instinto que me pide rebelarme contra lo que me parece erróneo, pero que sea Dios quien nos de claridad, humildad, fe y confianza para ir entendiendo mejor las cosas.

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  3. Leyendo los comentarios de José Carlos , recuerdo que tuve dudas similares , ahora me parece que la linea tradicionalista es demasiado legalista , y la corriente progresista es como un convivio uff . Si tan solo pudieramos encontrar el justo equilibrio , pero en fín , somos gumanos , somos imperfectos .
    Sobre el Concilio Vaticano II mucho leo que ha sido El Concilio ,tan importante como el Concilio de Trento , pero ya ves como de abusos litirgicos estamos en el novus ordo . Mi consulta es sin malicia ¿ cuales son los buenos frutos del CVII ? Pues por sus frutos los conocereis .
    Para los que no conocemos a fondo el tema , se nos hace dificil ver esos cambios tan provechosos que se nos dice tuvo , y tendemos a idealisar a la iglesia antes del CVII .
    Por eso pregunto cuales serían esos frutos

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    • Hola otra vez, Marta. Volví a responder a José Carlos profundizando más en el asunto, tal vez te sirva. Es cierto que frecuentemente los extremos se exceden, y tanto modernistas puros como tradicionalistas puros se pasan de la raya, lo cual no implica que la virtud esté necesariamente en el “justo medio”, aunque sí fuera de los extremos. Sobre las virtudes que trajo el Concilio Vaticano II me temo que no se puede resumir ni enumerar en un simple comentario, y más aún cuando yo mismo no tengo claras esas virtudes. Cierto que la Iglesia preconciliar tenía muchos defectos y necesitaba muchas reformas para adaptarse a un mundo que había cambiado enormemente, pero lo que vemos después del Concilio resulta casi desolador, si bien es cierto que la presente situación de la Iglesia no es sólo consecuencia del Concilio sino de muchisimos otros factores. Por eso no diría yo que el Concilio fue malo, pero sí me atrevo a decir que el Concilio no funcionó como se esperaba, no solucionó los problemas de la Iglesia y, probablemente, los agravó.

      De todas formas no creo que el Concilio en sí fuera malo, supuso un rejuvenecimiento de la Iglesia, un acercamiento a los fieles y en muchos sentidos un acercamiento también a los orígenes, a la Iglesia primitiva. El problema no es el Concilio en sí, el problema es la manera en que se puso el Concilio en práctica, entre otras cosas porque cada obispo, y en muchos casos incluso cada sacerdote, hizo a menudo de su capa un sayo y aplicó las resoluciones del concilio según su parecer, muchas veces de forma muy equivocada. Eso creó una gran confusión que en pocas décadas destrozó a la Iglesia. Todos sabemos lo que es tener un cura que enseña las cosas de una manera y varios años después llegar otro cura que las enseña de otra forma y pocos años después otro cambio de cura y de enseñanzas, y así al final la gente ya no cree nada. Pero los concilios pasan a formar parte del Magisterio de la Iglesia, no son flor de un día, y aunque en mi opinión las consecuencias de este concilio no han sido muy buenas, creo que sus frutos con el tiempo serán buenos, y de otras crisis más graves ha salido la Iglesia, todo llegará a su hora. Como católicos creemos que el Espíritu Santo guía a los concilios, así que todos los concilios son un avance, aunque no siempre sepamos aplicar bien sus enseñanzas.

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  4. Acabamos de tener una asuncion presidencial y como parte del protocolo el Te Deum. Creo q un varios países tambien se hace eso.
    Unos cuestionamientos que surgieron fueron que no está bien un acto religioso en un país de estado laico y la posibilidad de su abolición. Sí puede abolir? O en otro caso que sea un acto más ecuménico, que sea más “inclusivo”, pues es muy sectario.
    Cómo podemos responder a esto.?

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    • Eso no es cuestión de religión, es cuestión de política. Los políticos pueden decidir cómo hacer un acto público, pero si son buenos gobernantes deberían tener en cuenta el sentir de la mayoría de la población. La gente concreta, pues cada uno opinará lo que considere, un gobernante debería tener en cuenta las opiniones de todos. También habría que saber si el estado del que hablas es laico o aconfesional, porque a menudo se usan ambos calificativos indistintamente cuando en realidad son cosas muy diferentes. Laico significa que renuncia a todo elemento religioso en la escena pública (en lo que depende de la administración), o hasta cierto punto, según consideren. Aconfesional significa que hay separación Iglesia-Estado y por tanto todas las religiones están permitidas, aunque lógicamente el estado dará mayor visibilidad a la mayoritaria.

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  5. Saludos
    Hace un par de meses publiqué en mi blog un escrito de un amigo cuyo tema central es reprocharle algunas cuestiones al escrito ateo Destejiendo el arcoiris. A raíz de eso he tenido un largo debate con un ateo en donde he llegado a un punto que ignoro bastante, se trata de la inferencia de Bayes o teorema de este y como el mismo puede ser usado a nuestro favor. Veo en la red esccritos sobre como este aumenta la probabilidad de creecnica en la resurreción, etc.
    ¿Sabe algo de esto? ¿Puede ayudarme?
    De antemano: gracias

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    • Pues casi no conozco el tema así que intentaré enterarme más del asunto. Lo único que sé es que la inferencia de Bayes en esencia dice que no se puede decir que las cosas sean verdaderas o falsas sino que sólo podemos establecer una gama de probabilidades sobre su certeza o falsedad, es decir, no existe el blanco ni el negro, sólo diferentes gamas de grises. No sabemos a ciencia cierta si algo es verdad, pero si la probabilidad de que sea verdad es mucho mayor que su contrario podemos afirmar en la práctica que eso es verdad y actuar en consecuencia. ¿De qué modo puede utilizarse esto en favor de la fe? Supongo que el caso más claro es la coloquialmente llamada Teoría de Goldilocks, relacionada con el principio antrópico del universo. Resumiendo se trata de que todas las constantes de la física de nuestro universo tienen el valor exacto para que la vida humana exista así que no puede ser casualidad. Si quieres profundizar en ese asunto, y en tu caso te lo recomiendo muy mucho, deberías leerte un libro de Paul Davis, a quien probablemente conozcas porque es uno de los mejores divulgadores de ciencia avanzada en este momento. Este libro se llama The Goldilocks Enigma: Why is the universe just right for life? (El enigma de Goldilocks: ¿por qué el universo es perfecto para la vida?). Por desgracia está en inglés, pero imagino que habrán sacado ya la traducción al español. Este autor es ateo, pero aplicando el principio de Bayes llega a la conclusión de que la única explicación sencilla es suponer que un ser inteligente creó el universo, y llega a esa conclusión descartando por absurdas, excesivas o inverosímiles las otras explicaciones que los ateos han ofrecido para explicar este misterio, en especial la teoría del multiverso, hoy tan de moda. Paul Davis sigue siendo ateo, pero se ve obligado a admitir que el punto de vista de los creyentes es más lógico y probable que el de los ateos. Imagino que por ahí va tu pregunta.

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      • Gracias, como siempre. Quisiera hacerle otra consulta. Desde hace varias semanas ha contactado conmigo el superior de Una Voce de Cuba, la mayor información que tengo la he obtenido de su página y comentarios y me he formado como un católico que acepta los cambios de la Iglesia, pero que le atraen ciertas cosas de antes. No puedo esclarecerle más pues no tengo tiempo, lo que quisiera es que me dé su opinión y la de la Iglesia sobre el Tradicionalismo como corriente dentro de esta y la crítica que ello le hace al papa, por ejemplo, sobre la decisión de Francisco con la pena capital, etc. que para ellos es herejía.

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      • El tradicionalismo como corriente es tan respetable como cualquier otra corriente que se mantenga dentro de los límites doctrinales de la propia Iglesia. Si te sales de ahí es herejía, lo mismo da si te sales por demasiado tradicionalista o demasiado progresista o demasiado imaginativo. Lo de que abolir la pena capital es herejía… ¡por favor! qué doctrina católica se infringe por abolir la pena de muerte, más bien al contrario, la Iglesia enseña que la vida es sagrada y sólo pertenece a Dios, por eso sólo Él puede dar o quitar la vida. Antes la Iglesia permitía la pena de muerte en casos muy excepcionales y con el concepto de autodefensa, que es un poco rebuscado, pero eso no dejaba de chirriar, y recordemos que la Iglesia en los primeros siglos jamás apoyó ningún tipo de pena de muerte.

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      • Saludos
        Gracias por la respuesta.
        Mi formación como católico y mi identidad como tal se ha formado en su página por ello me fío mucho de lo que me comenta sin dejar de llevarlo a debate. Le pido por favor que me dé luces en este asunto pues ya contacté con Javier Luis quien es el superior de Una Voce en Cuba, fui de un lugar bien lejano en mi país a la capital con decenas de vicisitudes y hasta varios etcéteras para recepcionar muchos de sus materiales. Espero que me entienda y decida ayudarme pues no quiero tomar una decisión de la que llegue a lamentarme. Esta gente alababa a Franco con Cara al Sol, me dijeron que mi comunión y confesión eran inválidas por estar en una organización comunista, pronuncia como si fuera de Madrid y un montón de cosas más que un católico cubano encuentra un poco raras. He contactado con el obispo de Matanzas que es su diócesis y él no da un buen criterio de este, todo lo contrario; pero es que este criterio no me parce demasiado justo.
        Todo lo que me mandan parece tener lógica y sin recibir información de otro punto de vista se me hacen sus tesis más fuertes.
        Si cree que tenga que eliminar parte del comentario hágalo.
        Espero su respuesta.

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      • Por mi parte no es necesario eliminar nada de este comentario.

        No conozco sus doctrinas así que no sabría decirte si son correctas o no, pero esa organización de la que hablas no parece un lugar seguro para alimentarte. Franco fue un dictador, y las dictaduras, sean de derechas o de izquierdas, actúan contra el ser humano. El hecho de que mezclen la religión con las alabanzas a un dictador ya es motivo suficiente para poner tierra de por medio porque parece que su objetivo no es solamente religioso sino también ideológico.

        Que Cuba sea una dictadura comunista no invalida en absoluto la legitimidad de su igelisa. Los obispos y el clero en general no adquieren su legitimidad del poder político de turno sino de Dios. Mientras la sucesión apostólica no se rompa, todos los obispos son legítimos y por tanto los sacerdotes que ordenan también lo son, así que tu bautismo es perfectamente válido y tu confesión, si es la de la Iglesia, también lo es.

        Por el mismo motivo sus argumentos teológicos pueden ser válidos, los desconozco, pero harías bien en alejarte de su influencia. Ya el hecho de deslegitimar a toda la iglesia cubana suena a que van muy de por libre y mezclan demasiado la política con todo esto.

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      • Saludos
        No creo que mezcle su alabanza a Franco con la religión, él es un hombre muy piadoso y estudió en un seminario español por mucho tiempo. Pero es tan tradicionalista que incluso parcializa hacia la monarquía y defiende esa cacareada “ley natural” a ultranza. Es un personaje muy preparado y si bien en algunos puntos se incita en mí un sentimiento de rechazo hacia sus conceptos a mi otra parte le agrada y hasta encuentra razón en sus argumentos. Me acuerdo cuando visité su página hace ya par de años y de los debates tenía que decirle que si bien me vencía no me convencía y era por ese mismo sentimiento de recelo que hoy siento con él.
        No puedo desentenderme de ellos sin más, esas decisiones apresuradas no me caracterizan. Buscaré aquí y allá con la ayuda de cuantos pueda, y después tomaré una decisión.
        Me ha brindado mucho material en medio del foso de desinformación que tenemos nosotros, en ello había tantísimos videos que hablaban de la misa tridentina, la crisis de la Iglesia debida al posconcilio, la vida de Marcel Lefebvre, etc.. La verdad es que mucho de esto me agradó e incluso hoy cuando fui a misa miré con otros ojos a las mujeres que repartían la eucaristía o que los chicos fueran al presbiterio con el sacerdote o que se cantara “Que canten los niños” en plena misa o que las señoras fueran demasiado descubiertas. En realidad me he obsesionado un poco con esto y si no llego rápido al fondo temo que termine indiferente a todo.
        A él le escribí como diez cuartillas sobre lo que pensaba y tenía entendido que era mi fe y mis conceptos políticos. Sobre lo positivo del tradicionalismo le puse “Me gusta también de ese Tradicionalismo el ser una roca fuerte en la que se defiende la fe y una vida cristiana consecuente con esta. Desgraciadamente los laicos estamos inmersos en una sociedad que cada vez más se separa de la Iglesia creando incluso conceptos sicológicos que amparan dichas actitudes, por eso nos sentimos tan traicionados cuando en medio de la tormenta no vemos casas sobre rocas y todo nos parece relativo y liberal; aun así reconozco que esto es de opinión personal y quizás por atracción me guste algo que no necesariamente tendría que ser así. Lo que sí me parece es que los tiempos son de crisis y la Iglesia en este tambaleo no se muestra firme en algunas cuestiones”. Y eso es verdad, no encuentro en ellos titubeos, lo que creen lo defienden y sobre todo lo CREEN. Y sé que no es mi medio el que está crítico sino que la gangrena es de casi toda la Iglesia.
        Aun así y como ya le decía dudo que en todo tenga razón y si la tuviera no creo que su forma de expresarla sea la más apropiada. Me resulta muy difícil, aunque sé que es posible, el aceptar que la Iglesia está en crisis por decisión y obrar propios; mientras que ellos haciendo lo de siempre obtienen abundantes frutos.
        En Lágrimas en la lluvia, un programa español, se le dedica uno al posconcilio y José Antonio Sayés y otros defienden otras tesis para justificar los problemas que no son necesariamente los que me expone él. ¿cómo es? ¿quién tiene razón? ¿fue el concilio bueno o malo?
        Quizás tenía que medirme más en lo que le comenté sobre él, pues veo que entendió en extremo algunos puntos. No me dijo que la Iglesia cubana era ilegítima sino que mi confesión y comunión sí lo eran porque en el Derecho Canónico se proscribe a los que pertenecen a organizaciones que maquinan contra la Iglesia, como la masonería y el comunismo.
        Como me dice que no sabe sobre sus doctrinas yo le expondré a poco lo que me ha dicho y entonces ya me aclarará puntualmente sobre esto.
        LA PENA DE MUERTE
        En realidad ellos no están diciendo que el papa comete herejía y aunque lo describen con los peores títulos se miden mucho para no caer en este delicado calificativo.
        Su punto gira en dos temas, por un lado ven un cambio de doctrina, pues expresan que la pena capital ha sido considerada desde siempre como una sanción lícita que el Estado puede imputarle a sus ciudadanos y por la otra el precedente de que el papa puede reformar la fe católica a su antojo. Ellos creen según las palabras de Benedicto que este debe ser un tema, a lo menos, abierto a debate, pero no sancionable de esta forma.
        Describen que el resultado es “una mentalidad modernista de la tan secularizada Europa que se convierte en una doctrina enteramente nueva”.
        A decir verdad y olvidándome de que soy cristiano yo paso por la guillotina a un buen puñado de gente, pero de esto no se trata, además que hace como 5 o 6 años que al leer un escrito de José Martí cambié mi opinión sobre el beneficio de esta. Pero bueno, ¿quién tiene la razón? ¿hay aquí un cambio de doctrinas o al menos de creencias o posiciones?
        Este es el enlace de su correo: https://adelantelafe.com/por-que-se-equivoca-el-papa-con-lo-de-la-pena-de-muerte/
        En espera de su respuesta.
        Quede con Dios.

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      • El trozo del catecismo que se ha cambiado es el siguiente:

        “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

        Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

        Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy […] rara vez […], si es que ya en realidad se dan algunos» (EV56)”

        Como ves, es todo condicional, todo depende de si eso fuera el único camino, pero hoy en día los gobiernos tienen recursos para neutralizar esos peligros de otra forma. Es como si un criminal te ataca y va a matarte a ti o a tu hijo y la únca forma que tienes de neutralizarlo a tiempo es disparándole con una pistola. Entonces no es asesinato, es defensa personal y por tanto homicidio legítimo. Pero ahora salen unas pistolas que lanzan rayos paralizantes. Pues si para defenderte del asesino puedes elegir entre tener pistola o rayo paralizante, si eliges matarlo con pistola ya no es legítima defensa, es asesinato, porque podrías haberte defendido igual paralizándole.

        Por tanto, al menos desde el punto de vista teórico, no podríamos hablar de cambio de doctrina sino de evolución de la doctrina adaptada a las nuevas circunstancias.

        Pero admito que las cosas no están del todo claras, sería muy clarificador poder ver un debate entre expertos de la Iglesia argumentando a favor y en contra para poder ver los pros y los contras de cada argumento. Lo verdaderamente importante aquí es si realmente el papa ha cambiado la doctrina de la Iglesia o simplemente la ha adaptado a la nueva situación, y yo ya no lo veo del todo claro, a pesar (o precisamente porque) mi adversión hacia la pena de muerte es tan grande que instintivamente rechazo la idea de dejar un resquicio, por pequeño que sea, para que un estado pueda aplicarla y sentirse en ello legitimado por la Iglesia.

        Por otra parte no puedo ignorar que, como te dije, la Iglesia Primitiva no admitía la pena de muerte. Si mal no recuerdo no fue hasta el siglo V o VIII cuando la Iglesia apoyó una condena a muerte por primera vez. Recurrir al Antiguo Testamento para legitimarla no es argumento suficiente en un cristiano, en el AT se hacían muchas barbaridades que quedaron superadas por la llegada del NT.

        Pero aparte de ese asunto, como te dije antes, un cristiano católic puede ser más progresista o tradicionalista según su sensibilidad siempre que se mantenga siempre dentro de los límites de la doctrina católica y la obediencia al papa (excepto si ese papa llega a ser en justicia declarado hereje, depuesto y convertido en antipapa). Si alguien quiere arrastrarte fuera de esos límites corres el grave peligro de que todas tus nuevas creencias, por muy sólidas que parezcan, entran en contradicción consigo mismas, pues la legitimidad de nuestras creencias se fundamenta en que somos la Iglesia fundada por Jesús en Pedro, iniciada en Pentecontés con la promesa de que Jesús la mantendría siempre libre de error. Si un grupo de gente unilateralmente decide que la actual Iglesia es herética y por tanto tienen que separarse (como por ejemplo hicieron los tradicionalistas de Lefebre o los del Palmar de Troya en España) entonces ellos están haciendo lo mismo que hizo Lutero, afirmar que ellos defienden la verdadera doctrina, y no el papado, pero automáticamente deberían aceptar al mismo tiempo que si eso es así, entonces la Iglesia de Roma, que al parecer no es legítima, tampoco les sirve de vínculo histórico con la fundada por Jesús, así que de un solo golpen estarían deslegitimando a Roma, sí, pero también a su propia Iglesia.

        Si el papa se sale de madre y cae en la herejía, tiene que ser la propia Iglesia la que se haga consciente de ello y lo expulse, como ha pasado ya en varias ocasiones en el pasado. En ese caso es el Espíritu Santo, protector de la Iglesia, el que ha puesto las cosas en su sitio y la Iglesia permanece impoluta, aunque haya sido temporalmente manchada. Pero si es un individuo o un sector pequeño el que se separa de la Iglesia y condena al papa, entonces no habría una reforma desde dentro, sino que una persona o grupo de personas, al margen del Espíritu Santo, se creen con la capacidad de enfrentarse al papado y rechazarlo, marchándose fuera de ella.

        Es cierto que Francisco, además de sus muchos aciertos y virtudes, está haciendo y diciendo cosas que a veces resultan confusas o preocupantes, y es legítimo protestar, pedir explicaciones, debatir y todo lo que sea, pero siempre rezando y pidiéndole al Espíritu Santo que se haga cargo de la situción y no deje que las aguas se salgan del río. Si la cosa se pone realmente mal será el Espíritu el que haga lo que tenga que hacer para evitar que el mal destruya la Iglesia, pues así lo prometió Jesús. Cuando nos impacientamos porque el Espíritu no hace nada y decidimos actuar nosotros… mal asunto. Con la mejor intención podemos estropearlo todo. Eso le pasó a Lutero, y no lo hizo por maldad (aunque luego “se le fue la olla”), lo hizo convencido de que el papado se había echado a perder tanto que era necesario salirse y atacar desde fuera.

        Si esos textos que te pasan son muy tradicionalistas, está bien, estúdialos, toma lo que te parezca convincente, elige, pero vigila siempre que ninguna de esas decisiones te lleven a traspasar los límites de la Iglesia. Critica cuanto quieras y creas necesario, pero siempre desde dentro y confiando en que si realmente tienes razón, el Espíritu antes o después tomará medidas. Y no confundas doctrinas con normas, pues las doctrinas están protegidas por el Espíritu mientras que las noras son humanas y pueden ponerse, quitarse o cambiarse.

        Llamar al papa herético es situarte fuera y atacarle desde fuera (la Iglesia dirigida por un hereje no puede ser tu Iglesia). Albergar dudas sobre si el papa ha cometido herejía sí es legítimo, sí debe llevarte a indagar y profundizar, pero si las dudas las conviertes en certeza y acusas convencido de tener razón a pesar de que nadie o muy pocos comparten esa idea, entonces ya te has salido. Deja al menos que las dudas no lleguen a certeza y confía en que, si tienes razón, el Espíritu finalmente hará lo que tenga que hacer. (te lo digo como regla general, no insinúo que tú ahora piensas que el papa sea hereje).

        Te voy a recomendar un libro que creo que te gustará y clarifica muchas cosas con respecto al Vaticano II. Se llama “Confusión y Verdad: raíces históricas de la crisis de la Iglesia en el siglo XX”. Vaticano II fue un gran concilio, otra cosa es que a la hora de aplicar sus novedades se formó un gran caos y cada sector se puso a implementar los cambios a su aire. De esas lluvias vienen estos lodos.

        No sé si mi respuesta te ayuda mucho. Intenta conseguir el libro

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      • Suponiendo positivamente que los medios con los que hoy cuentan los Estados permiten en muchos lugares la protección de sus ciudadanos sería entonces justo, dado que así se es más a fin con “la dignidad humana” no aplicar la pena capital sino encarcelar al reo y permitirle la posibilidad del arrepentimiento futuro. Pero esto es lo que el Catecismo decía y ahora pretende decir otra cosa. Ya no se trata de si el Estado puede o no puede hacer etérea esa violencia, ahora YA NO SERÍA permisible la pena capital en ninguna circunstancia.
        Sencillamente veo lo que está de moda en la Iglesia, me refiero a subyacer bajo los ideales de la sociedad. Sinceramente mucho me cuesta ya el ser catequista, el darle un concejo a alguien sobre tantísimos temas de la vida de la Iglesia, en muchos puntos no sé qué decir o siempre me veo obligado a expresarme en “durango” con la poca firmeza de quien se siente que el piso se tambalea. Eso no lo veo en el Tradicionalismo, la pena capital nos será desagradable al oído, pero es doctrina y punto. (me refiero a lo que dicen ellos, no que ya yo me lo crea)
        Sinceramente veo que la doctrina ha cambiado: antes era admisible y ya no lo es y ni siquiera importan las circunstancias.
        También me perplejiza ??? eso de “evolución de la doctrina” ¿es esto posible y correcto? Pensaba que la doctrina puede evolucionar en su expresión, en su forma, pero no en su contenido. Y es claro que aquí hay cambio de doctrinas si la cosa es así. Antes se permitía en su licitud y ahora no.
        Sería posible pensar que la Iglesia otrora se ha equivocado y que lo defendido siempre no ha sido una doctrina Apostólica sino un encajillo que con el tiempo y el refinamiento teológico ha sabido colarse entre la agenda de la defensa católica. Pero los que avalan que esto es doctrina tienen bastante a su favor: la opinión de varios doctores y pontífices de la Iglesia así como 2 o 3 pasajes del NT que me parecen cogidos por los pelos, pero algo tienen. ¿Qué tenemos nosotros? Solo el silencio de una Iglesia que sufría un martirio en masa.
        Otra cosa que me recela mucho es el hecho de que la Iglesia permitiera que la herejía se castigara con la muerte. Me pongo a pensar en ello y quizás no habría pecado mayor, pues por la difusión de una doctrina retorcida podrían perderse muchas almas, ¿pero sería esto algo que la legitime en la aplicación de la pena de muerte o legitime a la sociedad de la que ella era parte? En caso de ser la respuesta afirmativa eso supondría que también la Iglesia de hoy estaría llamada a pedir la vida de todos los que se lo oponen heréticamente. Si los Tradicionalistas afirman que ha habido un cambio de doctrinas y no una evolución en la posibilidad de aplicar la pena capital por qué no exigen el mantenimiento del sumario por el que esta se aplicó, así como los métodos cruentos con los que esta se hizo realidad. Entonces sí que la evangelización pasiva y amorosa estaría cuestas abajo.
        Ya me estoy achicharrando con esto, pues creo que es cambio de doctrina, pero no quiero admitirlo jajaja, no sé qué hacer si llorar o reír.

        Muy de acuerdo en ese tema de alianza con Roma, pero dice cosas que históricamente no me parecen claras o al menos certeras. Lefebvre nunca se desinteresó del papa abiertamente, siempre mostró por este la actitud de un discípulo y a modo de oveja quiso reconocer al Sumo Pontífice como su pastor (o al menos eso es lo que me han contado y yo he visto). Solo cuando el agua ya les llegó al cuello y las decisiones conllevaban obligadamente a una desobediencia Marcel actúo, pero siempre creyendo que la Tradición de la Iglesia lo respaldaba. Quizás se equivocó, pero ¿sería bueno yo si solo supongo esto sin analizar sus términos? Últimamente la Iglesia ha echado para atrás en todas las posiciones radicales que al principio tomó contra él y los suyos ¿qué indica esto? ¿Cómo se entiende que sus números crecen en las zonas ya evangelizadas y la de los modernistas no? Que compren los templos que por la reducción de la feligresía los obispos modernistas venden. La iglesia cubana es en su mayoría de viejas y no tantas y tampoco muy piadosas, todo es relativo, y a Dios tan grande y poderoso lo mismo le da una cosa que la otra, mientras que aquí mismo florecen contra gobierno e Iglesia ellos. Quizás los Tradicionalistas se equivoquen YO QUIERO QUE ESO SEA ASÍ, pero no me lo está pareciendo. Quizás su diagnóstico y tratamiento no sean del todo correcto sino solo coincidente con otros problemas de la Iglesia que no son los que ellos focalizan, pero es que hacen el ruido cuando el dolor está en su apogeo y ¿cómo no asociar una cosa con la otra?
        Los Tradicionalistas no son de la opinión teológica sedevacantista, para ellos el papa no es un hereje sino simplemente alguien equivocado por el que hay que rezar y `obedecer´.
        También creo yo que Francisco es medio loquito. Yo no sé nada de esto, pero no veo en él la prudencia y templanza de Benedicto XVI. Sinceramente esa alegría que tenía pues el papa era de aquí se me ha convertido en tristezas. Tampoco creo que tenga tanto que ver, pero los europeos me parecen de menos corazón y más cabeza.
        Por ahora soy de los modernistas tiene que llover todavía un poco más para cambiar de bando, solo le pido que me ayude pues no tengo a quien más acudir para oír la otra parte de la historia.
        Ese libro traté de encontrarlo en pdf, pues nosotros no podemos comprarlo desde aquí, ya sabía de él por Lágrimas en la lluvia, pero por gusto. No obstante, aun cuando lo tuviera no creo pueda leérmelo así de rápido, pues además de tener casi 800 páginas estoy en 5º de Medicina. Ahora me estoy leyendo uno que se llama Concilio Vaticano II de la BAC que fue promovido por la Conferencia Episcopal Española y que no solamente tiene los decretos y constituciones de este sino también la opinión de algunos catedráticos que me han ayudado por lo menos a ver otro punto de vista que también es plausible. A mi modo de ver.
        Tampoco dicen los Tradicionalistas (o con lo que yo me he topado) que el Concilio V II ha sido herético, ellos dicen que solo es ambiguo en muchas cuestiones y da el chance para malas interpretaciones. Que se congració demasiado con el mundo y ahora le está saliendo la cuenta cara. Por ejemplo, con el tema de la Liturgia ellos no ven tantos problemas en la Sacrosantum Concilium, todo lo contrario, sino en los cambios de “laboratorio” que sin contar con los padres conciliares y a golpe de báculo vinieron después. Pero bueno estos son otros temas que espero me ayude en ellos, por ahora, solo pena de muerte.
        Gracias y quede con Dios.

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      • Hola J.C. En el asunto de la pena de muerte, estudiando exactamente lo que se decía y lo que ahora se dice, yo mismo lo veo algo confuso, pero dentro de cierta ambigüedad en las palabras, lo que veo claro es que no estamos ante un cambio de doctrina. Voy a darte una respuesta bien larga, espero que me perdones, primero desde un punto de vista y luego, ya más brevemente, desde otro.

        Te paso un enlace al asunto de la vida y la muerte tal como viene en el catecismo (por cierto, la página web del Vaticano aún no ha modificado la parte de la pena de muerte a día de hoy, así que en ese asunto puedes leer lo que hasta ahora se decía): http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html

        Una vez te lo hayas leído (desde el principio hasta el punto 2267) entenderás mejor el contexto. Básicamente lo que se dice es que la vida es sagrada en todas las circunstancias, sin excepción y por tanto en ningún caso es legítimo quitarla. Sin embargo hay otro derecho sagrado que puede entrar en conflicto con ello, y es el derecho a la vida propia o a la de aquéllos a tu cargo, lo que llamamos “legítima defensa”, que “puede ser no solamente un derecho sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro”. En ese caso se dice que tampoco hay excepción al “no matarás”, sino que en un mismo acto se ejecuta el homicidio junto con el derecho a la defensa… o el deber a defender a quien está bajo tu protección, quedando la culpa del homicidio anulada por el superior derecho a la vida propia.

        Resumiendo, que una persona (o estado) puede recurrir al homicidio si incurre en la legitima defensa propia o de quienes están a su cargo.

        La nueva redacción del punto 2.267 afirma:

        «durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común». Pero añade que «hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves (…) se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado (…) y se han implementado sistemas de detención más eficaces». El artículo concluye: «Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo».

        Esta nueva redacción no rechaza la idea de que el derecho a la legítima defensa no pertenece sólo a los individuos sino también a los estados, lo que ocurre es que admite que en la actualidad los estados tienen medios suficientes para actuar sin recurrir al homicidio. En ese sentido sería como decir “la pena de muerte se puede justificar en ciertas circunstancias muy graves, pero esas circunstancias hoy ya no se dan así que no tiene sentido aplicarla”. Y si ahí quedaran las cosas no podemos hablar de cambio de doctrina sino un simple reconocimiento de que las cosas han cambiado en la humanidad.

        Sin embargo no queda la cosa ahí, puesto que el 2.267 continúa explicando que el verdadero motivo por el que se suprime la pena de muerte no es tanto ese dicho arriba, sino que “la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”. Se supone que esa inviolabilidad y dignidad se da igualmente si el estado tiene o si no tiene medios para manejar la situación de otro modo, así que por eso te decía antes que la cuestión de si hay o no hay cambio queda ambigua. Dicho de otra forma, la manera en que lo han redactado me parece una chapuza, un intento de no romper con la doctrina y al mismo tiempo renegar de ideas pasadas que ya no gustan. Un error en mi opinión. Al fin y al cabo el catecismo es donde la Iglesia explica sus doctrinas, y esta nueva explicación lo explica bastante mal.

        Pero si no perdemos de vista que el asunto de la pena de muerte no es un asunto independiente sino un caso especial de la legítima defensa, no se está cambiando la doctrina sino reconsiderando en qué casos estamos realmente o no estamos hablando de legítima defensa. Sería pues la exposición de un dilema moral, que ahora se prefiere resolver de otra forma que, con la perspectiva actual, se considera más acertada.

        Si continúas leyendo un poco más abajo (2307 y siguientes) verás que se habla de la guerra justa, si se puede o no matar a gente en una guerra. De nuevo se enmarca ese asunto como dilema moral dentro del mismo supuesto de la legítima defensa y se dice: Sin embargo, “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa” (GS 79).

        Se cita al Gaudium et Spes para ello. Ahí dice que “mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad competente…” sí puede ser legítimo matar en una guerra como acto de autodefensa (recordando que antes hay que hacer todo lo posible por evitarlo). Pues imagina ahora que esa autoridad competente y provista de la fuerza correspondiente” se hace realidad (una especie de Cascos Azules poderosos capaz de someter a cualquier estado rebelde). Entonces ya no sería legítimo hacer la guerra a otro país como autodefensa, porque podrías acudir a la ONU para que te proteja del enemigo. Si eso llegase, el catecismo podría reconocer esa nueva situación y declarar que las guerras son siempre ilegítimas sin excepción. Si para ese cambio se explica que ya no hay guerra que entre en el concepto de la autodefensa, se entenderá bien que la idea no cambia, sino las circunstancias, pero si el papa de turno quiere erigirse en adalid del pacifismo extremo y explica el cambio diciendo que ninguna guerra es admisible porque toda vida humana es sagrada en toda circunstancia, entonces la situación no es diferente, lo que cambia es la explicación, que no es buena. Yo creo que lo mismo ha pasado con esto de la pena de muerte, lo que falla es la explicación que se da para el cambio, a pesar de que el cambio en sí pueda considerarse una justa adaptación a unas sociedades que son muy diferentes a las de hace unos siglos. Como te decía antes, la nueva redacción es una chapuza y el motivo, me parece a mí, es que el papa quiere aparecer como aquél que “abole la pena de muerte en la Iglesia”, cuando lo que en realidad ocurre es que la Iglesia no ve ya motivos para aplicarla, que es muy diferente.

        Pero mira, acabo de encontrar la carta que envió el papa a todos los obispos explicándoles por qué modificaba eso en el catecismo. En esa carta su explicación viene a ser en ensencia lo mismo que te acabo de decir, presenta el cambio como una evolución de la doctrina gracias a una mejor comprensión del valor de la persona y a un reconocimiento de los actuales medios de defensa de la sociedad que ya no hacen necesaria la aplicación de la pena de muerte. Puedes leerla aquí: https://www.revistaecclesia.com/la-pena-de-muerte-en-cualquier-caso-excluida-del-catecismo-de-la-iglesia-catolica/

        Mira qué fácil sería esto. El punto 2267 hasta ahora decía lo siguiente:

        “2267 La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.”

        Bastaría con añadir ahora algo de este estilo: “Pero actualmente consideramos que el estado siempre tiene otros caminos para defender a los ciudadanos de tales agresores, por lo que no creemos que tal circunstancia llegue al caso y por tanto el recurso a la pena de muerte ya nunca es necesario.”

        Si se hubiera hecho así se podría dejar sin efecto la pena de muerte sin tener que cambiar nada de lo dicho hasta ahora, pues como te dije, en el catecismo no se trataba la pena de muerte como un asunto propio, sino como una circunstancia concreta en la que el estado podría recurrir a la legítima defensa. Si ahora se dijera que la legítima defensa ya no se permite, entonces sí estaríamos ante un cambio de doctrina indiscutible, pero lo que se ha cambiado es un caso concreto en el que la Iglesia considera si se puede o no se puede aducir legítima defensa en un homicidio, y eso no es propiamente doctrina sino la aplicación de la doctrina a un dilema moral.

        Pero una vez dicho todo esto es necesario no perder perspectiva con el tema de la doctrina. Haré tres aclaraciones.

        1- El catecismo recoge la doctrina y la moral de la Iglesia católica.
        El asunto de “no matarás” es doctrina (además directamente revelada) y no se puede cambiar. El asunto de si la pena de muerte puede ser una aplicación o no del concepto de legítima defensa no entraría exactamente en la doctrina, sino en la moral. La moral deriva de aplicar la doctrina a la vida, la Iglesia puede cambiar ese dictado moral si considera que la vida ha cambiado o si considera que su forma de aplicar la doctrina no era del todo adecuada (en la nueva redacción del catecismo se alude a ambas cosas).

        2- Ni la Iglesia ni el papa son infalibles en absolutamente todo lo que dicen o declaran. La infalibilidad absoluta se da en los dogmas declarados por los concilios y/o el papa, en los demás asuntos la Iglesia puede y debe intentar profundizar en la comprensión del Evangelio y actualizarlo adaptándolo a los cambios sociales… y en esa permanente adaptación es donde encontramos los conflictos y corrientes diversas, pues no es siempre fácil calibrar cuándo una adaptación llega a tergiversar la esencia del Evangelio o del dogma y deja de ser adaptación para ser deformación. Este párrafo que he encontrado puede ayudarte a entenederlo:

        La Iglesia católica cree que, “a pesar de que la Revelación ya está completa, todavía no está plenamente explicitada. Y está reservado a la fe cristiana aprender gradualmente todo su alcance, en el transcurso de los siglos. “Por eso, la Iglesia admite el desarrollo progresivo de su doctrina, bien como las costumbres y la expresión de la fe de sus fieles, a lo largo de los siglos. Ese desarrollo doctrinal, que según cree es orientado por la gracia del Espíritu Santo, es resultado de la interpretación gradual de la Revelación divina (o “crecimiento y la inteligencia de la fe”), que no puede ser confundida con a materia de la propia Revelación, que es inalterable. En otras palabras, el Magisterio de la Iglesia, al meditar y estudiar la Revelación inmutable, se daría cuenta de manera gradual de ciertas realidades que antes no tenía comprendida explícita y totalmente.

        3- Existe una jerarquía que clasifica las creencias de la Iglesia en diferentes grados. Esto es algo que a menudo es mal entendido y creo que los tradicionalistas más radicales patinan en este punto cuando con tanta ligereza acusan al Vaticano de cambiar las doctrinas recibidas.

        Dogmas: no se pueden cambiar, son inmutables.
        creencias: todavía admiten discusión y posiblemente necesiten aclaraciones. Son de los siguientes tipos:

        verdades de fe: son casi dogmas (a efectos prácticos funcionan como dogmas) pero pueden sufrir aún algún desarrollo doctrinal.
        verdades próximas a la fe: son creencias compartidas pero más discutidas que las anteriores, entran dentro del debate.
        hipótesis: ideas aceptadas como temas de reflexión por parte de los teólogos y que, aunque la Iglesia pueda usarlas con mayor o menor asiduidad, se consideran sólo hipótesis para el debate (es lo que ocurrió con el limbo, hipótesis hoy básicamente descartada)

        Una cosa está clara, la pena de muerte no era ni de lejos un dogma de fe, así que cambiar la opinión de la Iglesia sobre ese tema tampoco sería ningún ataque a la doctrina de la Iglesia, pues sólo los dogmas son inmutables, y ese asunto ni siquiera puede calificarse propiamente como doctrina, tal como ya hemos explicado.
        Y espero que esta larga respuesta haya podido aclararte las cosas por lo menos un poco más.
        En cuanto a las otras cosas que comentas sobre los tradicionalistas, te comentaré que una cosa es ser sedevacantista y negar la legitimidad del papa actual y otra cosa es ser simplemente tradicionalista y apoyar posiciones más conservadoras en lo doctrinal (o en lo formal también), que es totalmente legítimo.
        Yo personalmente te confesaré una cosa. Partiendo de posiciones bastante modernistas, con el tiempo he ido llegando a la conclusión de que el modernismo más puro ha intentado de buena fe adaptar la Iglesia a la sociedad moderna convencido de que así el Evangelio sería más cercano y aceptable para la mayoría de la gente, supongo que con la idea implícita de “adaptarse o morir”, pero el tiempo ha ido mostrando que lo único que está consiguiendo es crear una versión diluida del cristianismo que no convence porque aporta muy poco y acaba convirtiéndose en un “más de lo mismo”. El problema no es Vaticano II, sino la manera en que muchos (tal vez la mayoría) lo pusieron en práctica, y aunque hay muchos factores que intervinieron, está claro que después de ese Concilio no llegó la esperada explosión de frescor que revitalizase y ampliase la Iglesia, sino todo lo contrario, una desbandada de fieles y de clérigos y un considerable caos y confusión en donde la gente ya no sabe a qué atenerse pues, por primera vez, cada uno parece predicar cosas distintas. La Iglesia siempre fue, y tiene que seguir siendo, la roca sólida a la que puede aferrarse el náufrago que nada en la confusión, pero ahora mismo tiene poco de eso. Por ese motivo, y ante tantas interpretaciones diferentes del clero (con o sin autorización oficial), yo soy ahora de los que insisten en que sólo la Tradición puede darnos la seguridad que tanto necesitamos. No me atrevería a calificarme de tradicionalista, pero lo que tengo claro es que las corrientes modernistas son en buena parte responsables del caos que vive actualmente la Iglesia de a pie. Para muestra un botón: en España, como en toda Europa, la Iglesia está en crisis y las vocaciones sacerdotales se han desplomado. Hay, sin embargo una excepción. La diócesis considerada (a menudo despectivamente) más tradicional y conservadora con diferencia es la de Toledo, pero esa misma diócesis es, con diferencia, la que tiene una iglesia más viva y más activa, y no sólo es la única que no tiene problemas de vocaciones, sino que tiene tantos curas que los exporta. Si dejásemos prejuicios a un lado, me parece claro que Toledo marca el camino a seguir y que debería ser considerada un modelo para la Iglesia española, por mucho que los políticos se desgarraran las vestiduras por ello, especialmente los mismos políticos que tienen por objetivo eliminar la Iglesia.

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      • Saludos
        Jajaja, parece que el Vaticano sabía que yo iría a leer lo que me enlaza y adelantándose cambió ya allí la redacción del Catecismo.
        Pero con todo lo que me dice no sé si es que estoy medio mareado o no entendí muy bien, pues ahora soy yo el que no ve ninguna dificultad en lo que se hizo, veré mañana con que idea amanezco cuando lleve esto a debate con la almohada, pues hace ya varias horas que no pego un ojo, jajaja. Disculpa pero sino pinto gracia, entonces sí me duermo. Además creo que no le molesta. Ahora le cuento por qué:
        – La Iglesia no varía los numerales anteriores por lo que sigue reconociendo el derecho a la legítima defensa de los individuos y las sociedades.
        -Entendemos por Santo Tomás que a veces en la aplicación de la legítima defensa resulta que matamos cuando lo que buscamos es salvarnos, pero es que este acto tiene dos acciones.
        -La Iglesia dice que según el Evangelio (y yo lo creo, pues veo más ahí en contra que a favor) que “la pena de muerte es inadmisible”.
        -También se dice que esta era moda en la antigüedad ya que los Estados no pudiendo inhabilitar al sujeto agresor tenían que en su aplicación encontrarse su defensa. Pero que esta realidad ha cambiado resultando doblemente bueno, pues si bien no se arrebata una vida, se le da a esta más posibilidad de que logre el arrepentimiento verdadero.
        Eureka, jajaja, me parece estoy en un fanguero, pero lo que quiero decir es que todo es correcto, nada desencaja y nada es doctrinalmente nuevo. Me explico: la Iglesia siempre ha considerado inadmisible la pena de muerte como hecho común, pero siempre ha aceptado que esta puede ser aplicada al formar parte de un resultado colateral y obligado que busca otro propósito: la defensa. Es como si yo quisiera encender una vela para alumbrarme, pero no quisiera su calor, resulta que el calor es inadmisible y siempre lo ha sido, pero la necesidad mayor de alumbrarme demanda que obligadamente tenga que soportar ese calor aun cuando en esencia es inadmisible. Pero si hay algo que emane luz sin calor ya no estaría justificado para encender una vela, eso sería ilícito. Bueno ya que el Estado puede defender y defenderse de otras formas, entre otras cosas, ya no le sería permitido aplicar la pena capital, es inadmisible no se PUEDE ADMITIR dado el cambio de contexto.
        Pero reconozco que con esto se pierde un poco el sentido de lo que es inadmisible, además de que a nivel práctico tendríamos el problema, que desconozco, de qué es lo que verdaderamente se quiere: es inadmisible en el sentido de que es atroz, de que es algo que debiéramos de admitir solo en extremos o que es tajantemente inaplicable aun cuando haya un Estado que no pueda inhabilitar a sus enemigos en legítima defensa.
        Pero si Usted que es de quien esperaba una defensa frente a las ideas que me comunicaban los Tradicionalistas me dice que es “Un error”, “una chapuza”, “nueva explicación… bastante mal” ¿le daremos entonces la razón?
        La carta del papa no pude leerla parece que es una de las páginas bloqueadas para Cuba o que esta nos la bloquea a nosotros.
        Esto de la moral siempre ha sido una duda que he tenido y así se lo compartí al superior de Una Voce en Cuba, el hombre del que le hablo, pues siempre decimos que los pronunciamientos de la Iglesia en doctrina y moral son infalibles, ¿pero qué es aquí la moral? Él me respondía y yo le ponía trabas, por ejemplo con la esclavitud, con el sistema monárquico etc.. Su respuesta fue bien evasiva al decir verdad y yo me quedé como mismo le pregunté o con más dudas pues ahora no entendía por qué él no sabía.
        Creo que estaría de acuerdo en que lo que se está dando es una Evolución en la Doctrina y aunque esto me choca, pues evolución supone cambio, trato de no entenderlo así pensando que lo primero es una maduración en su aplicación y ….. sin cambiar el sentido original de “no matarás”, pero tienes que defenderte.
        Sobre lo que me explica de cómo se ha afectado la Iglesia por el Modernismo muy de acuerdo. Yo también entré en ella navegando en estas aguas y por amor propio trato de reconocer sus cambios como los correctos, creían que eran más revolucionarios, más en sintonía con lo objetivo de Dios y la Verdad del Evangelio, pero ya no lo veo tan así. Esto no rinde frutos. Como le decía hay veces en las que no sé qué decir, pues la Iglesia mucho pone en lo ambiguo. ¿Será que lo correcto es volver a ser la Iglesia preconciliar? Quizás los cambios que el Concilio nos proponía no eran malos ni tampoco los que después vinieron, sino que el problema está en el irrespeto, o sea, quizás lo que el modernismo nos propone no sea malo sino el relativismo que este trae consigo. Ya ni sé

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      • Pues creo que lo has entendido, no hay cambio en la doctrina, que sigue siendo la de siempre (no matarás, pero tienes derecho a defenderte) y la analogía de la vela con su luz y calor es muy buena. Lo confuso aquí, me repito, es que la manera de redactar la justificación del cambio es muy chapuza y confusa. Sería pues una adaptación de la misma doctrina a nuevas circunstancias. Lo que preguntas de que ¿en caso de que haya un estado que no tiene medios para defender a sus ciudadanos sería legítimo, como antes, aplicar la pena de muerte en casos excepcionales? Pues la nueva redacción deja la respuesta en la ambigüedad, pues según sus explicaciones lo mismo podríamos decir que sí o que no, por eso me parece una chapuza la redacción, porque lo cierto es que no es una hipótesis fantasiosa, existen hoy en día estados fallidos que no tienen medios de control y por lo tanto esa pregunta sí es relevante y debería ser respondida con mayor claridad. Pero puesto que hay ahí una ambigüedad, la manera de despejar dudas y eliminar confusión es, como siempre, recurrir a la Tradición y al “… pero tienes derecho a defenderte”, así que sí sería legítimo “en casos muy extremos”, no como herramienta habitual, claro. Ese es un gran tesoro de la Iglesia, la Tradición, que nos permite encontrar una guía incluso cuando nos sumergen en la confusión.

        De todas formas la Iglesia no puede hacer un manual de instrucciones sobre cómo actuar en cualquier circunstancia, ni debería, pues cada circunstancia puede ser muy particular y lo que hay que hacer es tener claros los principios generales y luego, analizando en conciencia el caso, decidir qué puede más, si la luz o el calor (por usar tu analogía) y tomar una decisión en consecuencia, que no siempre quedará exenta de dudas. Por ejemplo, y poniendo un caso típico, si pudieras viajar atrás en el tiempo y conocieras a Hitler cuando era niño… ¿lo atropellarías para salvar la vida a millones de personas, a pesar de que ese niño es, aún, inocente? No tiene fácil respuesta (¿o sí?) teniendo en cuenta su tierna inocencia y la enormidad de sus crímenes, pero está claro que quien estuviese ante semejante dilema tendría que tomar la decisión actuando en conciencia, según lo que en su opinión pesase más, siempre buscando el bien por encima de todo.

        Sería todo mucho más sencillo si las cosas fueran blanco o negro, sin grises, pero la vida no es así y la Iglesia no puede presentar las cosas como blanco o negro porque estaría falseando la realidad y sería un desastre. El precio a pagar por ello es cierto nivel de confusión, pero esperamos de la Iglesia que la ambigüedad y la confusión sea siempre la mínima posible, y desde Vaticano II esa confusión se ha disparado, aunque es posible que el problema no sea tanto el Concilio como su aplicación, que en parte se le ha ido a Roma de las manos y mientras su autoridad se debilitaba el relativismo crecía en buena parte del clero. Se quería volver a los orígenes, a la Iglesia primitiva, y lo único que hemos conseguido es acercarnos al caos protestante, donde cada pastor o feligrés se considera por encima del papa y busca (a tientas) su propio camino. Si el objetivo siempre fue que el Mundo cambiara hacia el modelo de la Iglesia, tras Vaticano II la consigna general parece que fue cambiar la Iglesia hacia el modelo del Mundo, asumiendo todos sus defectos como el relativismo moral, la pérdida de autoridad, el libre pensamiento y muchas otras cosas, algunas de las cuales son buenas para el Mundo, pero absurdas si se aplican a la Iglesia, pues la verdad, por ejemplo, no se descubre votando democráticamente, algo que sí puede ser válido si se trata de diseñar políticas de consenso para todos. Tan absurdo como sería intentar aplicar a la verdad revelada el método científico propio del mundo físico o decidir las leyes de la ciencia mediante voto democrático (¿cuántos creen que la tierra es plana? Mayoría? Pues declaramos que así es). Ahí está el problema del populismo de Francisco, que en muchos aspectos parece estar tomando para la Iglesia ideales propios de la política, sin darse cuenta que lo que en un terreno puede ser virtud, en otra esfera radicalmente diferente puede ser vicio y error. A veces parece que le preocupa más las alabanzas de los ateos que la salud de los creyentes, aunque afortunadasmente parece también que en ese aspecto tiene más de imagen que de hechos concretos, lo que encaja bien con el mundo de mass media en que vivimos, donde lo importante son los titulares aunque debajo no haya gran cosa sólida.

        Pero si hablamos de confusión, lamento decirte algo que te va a dejar mucho más confundido aún. Si el Vaticano II nos trajo confusión no es de extrañar, pues ya en su misma génesis parece diseñado para hacerlo. En sus propios escritos deja claro que su intención no es crear ni modificar doctrinas de ningún tipo.

        Pablo VI clausuró el Concilio diciendo “el Magisterio de la Iglesia [,,,] no ha querido pronunciarse con sentencias dogmáticas extraordinarias”. Puesto que una doctrina infalible o dogma necesita ser proclamado por el papa y además expresarlo con fórmula dogmática (incluidos anatemas, etc.) y ninguna de las dos cosas se dio con ningún punto del Vaticano II (VaII), podemos afirmar sin lugar a dudas que no hay en VaII ni dogma ni infalibilidad por ningún lado, porque el papa no lo quiso y porque el propio Concilio tampoco lo pretendió.

        En su discurso del 8/3/67, de nuevo Pablo VI reafirmó que el Concilio tuvo como uno de sus puntos programáticos el de “no presentar nuevas y solemnes definiciones dogmáticas”, y puesto que un concilio no es superior al papa, si el papa lo interpretó así es que esa es la interpretación correcta (recordemos que las resoluciones de ningún concilio han sido consideradas válidas hasta que el papa de turno las ha sancionado, pues él es la garantía de la ortodoxia) y por tanto, como escribe Gherardini, “sus doctrinas [del Concilio VaII], cuando no son coherentes con definiciones anteriores, no son ni infalibles ni irreformables y, por tanto, [agárrate!] tampoco son vinculantes; quien las negara no será por esa causa formalmente hereje”. Vamos, que las únicas doctrinas infalibles del CVII son aquéllas que ya habían sido promulgadas anteriormente, pero nada nuevo salido del Concilio puede ser considerado infalible ni vinculante, lo cual abrió la puerta a que unos aplicasen las novedades, otros no, otros a medias o a su estilo…

        Por supuesto no todos están de acuerdo en lo que dijo Gherardini, muchos modernistas sí lo consideran vinculante y creen que el problema es que el Concilio no se ha aplicado en su integridad y que hay demasiada tolerancia con los tradicionalistas. Y los modernistas, como todos, buscan de buena fe lo mejor para la Iglesia, pero para rechazar lo expuesto por Gherardini habría que rechazar antes la autoridad del papa, pues todos los papas desde el Concilio hasta Benedicto XVI (no sé si Francisco ha dicho algo al respecto) han reafirmado la misma idea de que el Concilio no es dogmático, y siendo ellos los guardianes del dogma no hay más que añadir. Benedicto XVI dijo a la Curia romana el 22/12/05 que los textos producidos por VaII expresan un magisterio no infalible pero auténtico (?) que deberá leerse en continuidad con los documentos precedentes y subsiguientes, es decir, a la luz de la Tradición (y así es como hemos interpretado la confusa redacción de lo de la pena de muerte).

        Pero mira lo que el propio Benedicto XVI afirmó sobre el concilio 20 años después, siendo aún el Cardenal Ratzinger:

        “Los resultados que siguieron al Concilio parecen ser cruelmente opuestos a las expectativas de todos, empezando por las de Juan XXIII y Pablo VI. Los cristianos se encuentran nuevamente en minoría, como nunca lo habían estado desde el fin de la antigüedad. Los Papas y los Padres Conciliares esperaban una nueva unidad católica y, por el contrario, se encontraron con una disensión que, en palabras de Pablo VI, parece haber pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo y, muy a menudo, se terminó encontrando el tedio y el desaliento. Se esperaba un salto adelante, y nos encontramos con un progresivo proceso de decadencia, que se fue desarrollando, en gran medida, bajo el signo de la reivindicación de un supuesto ‘espíritu del Concilio’ que acabó por desacreditarlo. […] La Iglesia postconciliar es un gran astillero; pero es un astillero en el que se perdió el proyecto y cada uno construye a su gusto”.

        Me temo que esa descripción no está muy alejada de la realidad actual. Porque según afirma Roberto de Mattei, la gran particularidad de este concilio es que por primera vez la Iglesia no se pone de acuerdo en qué significan los textos del concilio. En los concilios anteriores, por ejemplo el de Nicea, no todos aceptaron las resoluciones del concilio. La mayoría aceptó el credo de Nicea pero algunos lo rechazaron y se convirtieron en herejes… pero todos estaban perfectamente de acuerdo en el significado de ese credo, por eso era tan fácil saber quién era hereje (los que rechazaban el credo) y quienes eran ortodoxos (los que lo aceptaron). La situación con VaII sería comparable a que todos los obispos de Nicea hubieran aceptado ese credo, siendo por tanto todos ortodoxos, pero luego cada uno interpretase el significado del credo de una manera diferente, de modo que tendríamos una tremenda confusión y los fieles no sabrían con seguridad quiénes están haciendo la interpretación correcta !! que es lo que ahora nos pasa.

        El Concilio trajo frutos maravillosos junto con manzanas podridas (bien en origen o bien a posteriori), pero según lo que te dije antes, lo bueno de esto es que ninguna de sus novedades es vinculante, por lo que queda la cierta esperanza de que cuando la Iglesia sea capaz de superar sus propias confusiones internas habrá margen de sobra para poner orden en el legado del Concilio. Como ves, el Espíritu Santo siempre guía los Concilios, y si por razones que sólo Él sabe permitió (o tal vez alentó) las conclusiones conciliares, se curó bien de hacerlo de manera que ningún daño fuera irreparable. Es posible que estos tiempos de confusión sean justo lo que la Iglesia necesita para salir renovada (lo que algunos llaman el Nuevo Paso del Mar Rojo), lo que está claro es que la Iglesia, aunque se mueva mediante el hombre, responde en última instancia a los planes de Dios y su triunfo último está asegurado.

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      • Saludos
        Creo que con la cabeza fría empiezo a ver mejor esa chapuza de la que me habla, lo que al igual también creo que es en la justificación del problema, así como en el alcance del mismo.
        Podremos decir que la pena de muerte es admisible cuando se cumplan esos requisitos de legítima defensa, ¿pero qué hay de nuevo en esto? Entonces para qué cambiar la redacción del Catecismo. Quizás sea para que se tome conciencia de que aun cuando la pena capital es válida no debe de ser tomada tan a la ligera.
        En fin, creo que puedo defender la idea de Francisco en esto, pero debo de reconocer que me gustaría que se hubiera escrito de otra forma. Pero ¿qué dice él en su carta? ¿qué explicación elaborada da?
        Yo paso a Hitler por las cuatro gomas.
        Parece ser que tanto Modernistas como Tradicionalistas reconocen que la Iglesia está en crisis, el problema es quién carga con la culpas. Me parece que la opinión más generalizada culpa a las corrientes modernistas que poco a poco ocuparon asiento entre los padres conciliares y demás, resultando así un Concilio ambiguo y una interpretación de este más ambigua aun. Pero dentro de los más aferrados modernistas he encontrado otras explicaciones, algunos dicen que la crisis venía de antes y que el Concilio frenó algunas aunque dejó filtrar otras, ESTO LO DESESTIMO ¿y Usted? Otros dicen que la crisis nada tiene que ver con el Concilio ni con su posterior aplicación simplemente la Iglesia vive ecos de una sociedad que ha decido marchar por otras sendas y Esta tratando de atajar el panorama ha aceptado positivamente lo que civilmente “es” correcto, pero nada es malo, hay crisis porque a la gente le place y siempre que la Iglesia ha cedido lo ha hecho correctamente y en Verdad mmmmm tampoco me lo creo ¿Y Usted?
        Más bien voto por la corriente Tradicionalista y su diagnóstico y tratamiento del asunto, así que desde ahora mi voto de confianza para ellos. Veré en lo próximo, espero que con su ayuda, cuánto de lo que ha hecho la Iglesia verdaderamente tocaba hacer y en cuánto ha metido la pata. Espero que en esto no tengan tanta razón y que más bien para hacerse oír critiquen hasta lo trivial o que simplemente sea “una cuestión de gustos”, pues esta gente hace una crítica fuerte, bien fuerte.
        Ah, sobre la pena de muerte no se reconoce solamente que “el cambio” se deba solo al aumento de la capacidad por parte de los estados para inhabilitar al reo sino también a una comprensión mayor de la dignidad de la persona y a un entendimiento que parece decirnos que el estado no está ahí tanto como verdugo, pero esto último más bien me parece relleno, para decir algo más ya que lo principal es justamente lo primero ¿o no?
        Quede con Dios

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      • Se cambia el catecismo para dejar más claro que la pena de muerte no es una opción que a la Iglesia le parezca correcta y también, muy posiblemente, para conseguir esos titulares que ha conseguido en todo el mundo y que hace que la Iglesia sea más políticamente correcta (al menos según ciertos estándares). Me parece un cambio bueno si se hubiera redactado con más tino y cuidado, pero yo veo que en esto, y en muchas otras cosas, cuando hay una tensión entre mostrar que la Iglesia es fiel a su Tradición y mostrar que la Iglesia es fiel a la progresía de lo políticamente correcto, lo que a menudo vemos es que hay mucho interés en dejar claro que somos políticamente correcto (en lo posible) y parece haber mucho menos esfuerzo por dejar claro que no abandonamos la Tradición. Cuando desde el propio Vaticano la Tradición parece ser algo incómodo de lo que conviene no presumir, es como para encender las luces de alarma. Mientras eso sea cuestión de imagen (y nuestro papa es mucho de imagen) el peligro no es tanto, lo malo es que esa visión de las cosas acabe calando interiormente y triunfe la perspectiva modernista de que todo es reinterpretable, incluso los dogmas y los concilios, pues la verdad es relativa. Si la Iglesia se apuntara al relativismo entonces sería el fin, pues cuando la religión deja de dar certezas cada uno es libre de crearse su propio ideario a la carta, Dios incluido, lo cual es la vía más rápida hacia el ateísmo.

        Lo que explica Francisco en su carta es lo que yo te dije, que el cambio no supone negar la tradición anterior sino reconocer que las circunstancias han cambiado y la defensa de los ciudadanos se puede garantizar por otros medios, insistiendo también es que no es esto sólo el motivo sino también la mayor conciencia del valor de la dignidad humana.

        ¿La crisis de la Iglesia venía de antes? Bueno, desde luego, la vida es una crisis permanente y la Iglesia, desde su fundación, ha vivido en crisis constantes, pues siempre ha habido problemas que resolver, amenazas que atajar, retos que asumir. Empezó con las persecuciones, luego vinieron los siglos de herejías, luego enfrentamientos continuos con el poder político, luego la corrupción del clero, la amenaza de paganización renacentista, los malos papas, los cismas, el ateísmo, etc. La Iglesia siempre ha estado en crisis, pero siempre ha ido resolviendo esas crisis con éxito, al menos a largo plazo. En los años preconciliares la Iglesia tenía, como siempre, retos muy importantes y se esforzaba por resolverlos, pero una cosa está clara, antes del Concilio la Iglesia seguía siendo un referente mundial de primer orden con una capacidad de influencia y convocatoria enorme y los países católicos seguían siendo fundamentalmente católicos. Pocas décadas después del Concilio la Iglesia vio cómo los fieles la abandonaban en masa, las vocaciones sacerdotales y monásticas se hundían y grandes cantidades de curas y religiosos se secularizaban. En pocas décadas se vio cómo la Iglesia, por primera vez en 1500 años (desde el siglo V) dejó de ser el referente moral de las sociedades occidentales y pasó a ser una minoría en constante estado de ataque. Habrá gente que diga que eso ha sido casualidad, que las sociedades occidentales ya estaban en proceso de secularización, etc. pero los procesos evolucionan de muchas maneras diferentes, y lo que vemos aquí es un muy brusco cambio de tendencia, un cambio casi instantáneo desde una perspectiva histórica, y el punto de inflexión fue, indudablemente, el Concilio, que junto a cosas muy buenas trajo un caos total. Favorecidos por la ambigüedad de muchas resoluciones, los modernistas lo tomaron como excusa para abrir la veda a las reformas que ellos habían buscado y por todas partes hubo obispos y sacerdotes que fueron mucho más allá de lo que el Concilio en principio permitía, junto a otros que intentaban minimizar los cambios. Tras el Concilio la Iglesia dejó de tener una sola voz para tener innumerables voces y por tanto su poder de liderazgo se debilitó enórmemente. Aún así no conviene ser catastrofistas, lo que conviene es rezar paras que hayamos tocado fondo y podamos recuperarnos aunque sea lentamente, aunque nunca lleguemos a las cotas anteriores, pero que no siga la debacle.

        Pero eso no quiere decir que lo mejor hubiera sido no hacer Concilio o dejar todo como está. Había muchos problemas (siempre hay muchos problemas) que convenía afrontar y resolver, pero creo que la forma en que se intentó fue un desastre y en vez de resolver problemas se crearon muchísimos más.

        Las crisis son buenas, son una oportunidad, pero cuando una crisis te deja medio muerto no está la cosa como para alegrarse, hay que curar heridas y buscar la forma de restaurar las fuerzas perdidas. La autocomplacencia nunca ayuda, y menos si es para tapar los errores.

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      • Saludos
        Aun cuando trato de digerir esto de lo mejor posible, con subes y bajas hasta en los extremos, queda en mí una espina que me causa una gran molestia, mira que por algún lado trato de solucionar este disgusto, pero en realidad ese esfuerzo es en vano. Trato de autoengañarme, de encontrarle la quinta pata al gato, de hallar el pollo del arroz con pollo, de emprender una empresa de sofistas, pero nada, parece que penetrara en arenas movedizas de las que nada hay en sólido, en donde todo cambia según mi propio peso.
        Me voy a atrever a resumir todo lo dicho hasta aquí para así saber de forma sintética cuánto compartimos, partiendo de que a la Iglesia de todos los tiempos le ha parecido la pena de muerte una medida de extremo, aplicable solo, como efecto indeseado pero a la vez ineludible, ante una legítima defensa.
        PROPÓSITO DEL CAMBIO
        -“Dejar más claro que la pena de muerte no es una opción que a la Iglesia le parezca correcta” o lo que es lo mismo “para que se tome conciencia de que aun cuando la pena capital es válida no debe de ser tomada tan a la ligera.”
        -“para conseguir esos titulares que ha conseguido en todo el mundo y que hace que la Iglesia sea más políticamente correcta”
        Pero ninguno de estos dos elementos me llenan como verdadero cristiano, más bien, me gustaría creer que el cambio coincide o dimana de lo que dan por justificación, o sea, de ese cambio de contexto; mientras que lo de arriba reforzaría la conveniencia de este.
        JUSTIFICACIÓN DEL CAMBIO
        Principal: esa legítima defensa que llevaba a los Estados a la aplicación de la pena capital hoy ya no es una realidad. (Pero sabemos que esto no es así en todos los lugares, más aun no podemos garantizar de que así sea en el futuro, entonces, ¿cómo haremos basado en esto al recurso de la pena de muerte inadmisible (dejaré de ver en este término un sentido relativo e inocente: “inadmisible es inadmisible”, no le pondré yo más ambigüedad de la que ya trae)? Esto nos obliga a pensar que debe de haber otras justificaciones que amparen esto.)
        -“la dignidad (inviolable) de la persona que no se pierde”. (No creo tener muchos elementos aquí, pues esto es lo que yo sí calificaría de todas todas de chapuza. Me parece que la Iglesia nunca permitió la pena capital basada en la pérdida de la dignidad del hombre ¿o sí? Este nunca dejó de ser considerado persona por ella, o sea, de tener alma aun cuando esta estuviera “vendida al diablo”. El hombre es digno como hombre, no como animal, por ser criatura de Dios dotada de un alma ¿o no? y esta no se pierde. No entiendo bien esta justificación, me parece relleno. Quizás lo que sí está hoy “vivo en la conciencia” es el rechazo perenne a la pena capital que nos hace mezclar lo que nunca se ligó. El hombre vil, no deja de ser hombre por ser vil y paga con su vida, como precio del delito, por no haber otra medida posible para su total invalidez.)
        -“una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado”. (Otra chapuza más, su palabrita, jajaja. Por supuesto que la finalidad del Estado al imponer una sanción penal no debe de ser tan radical ya que si bien este con la poca sensibilidad antigua se valía de una medicina agresiva: “cortar por lo sano donde había gangrena”, hoy con otra sensibilidad, pero también con otros medios procura que EL SENTIDO de su sanción sea el saneamiento del reo, su reincorporación social, el pago por lo que hizo, etc.. Pero esto no trae nada nuevo bajo el cielo, justamente procuraremos privilegiadamente el logro de ese SENTIDO, pero cuando el extremo es tal que por necesidad se ha de matar, para no ser matado, ese SENTIDO pareciera perder sentido, ahí es cuando es justificable el matar, nada ha cambiado.)
        -“no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.” (Esto lo anuncia el Catecismo nuevo como parte del primer elemento que le di y del que ya le dije lo que de él pienso. Pero esta segunda mitad apela para sí otro argumento del que tenemos la valoración de uno de los más grandes doctores, Santo Tomás, y a pesar de que él es “santo de mi devoción” en esta ocasión no estoy a su favor, y crea que por curioso que parezca me gusta encontrar algo en lo que con él diverjo, ¿perderé por ello su intercesión? jajaja. Coincido plenamente en este sentido con la Iglesia de hoy, entre más tiempo terrenal uno tenga mayor es la probabilidad de que tu vida se convierta con sincero arrepentimiento, a fin de cuenta eso de salvo siempre salvo y viceversa (en negativo) no lo creo para nada.)
        MI PARECER
        Resulta ambigua esa llamada inadmisibilidad, creo que se podría haber redactado mejor, pues la Iglesia no suprime numerales como por ejemplo el 2264 en donde claramente se dice que “El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal” y esto lo hace extensivo al Estado en el número siguiente, será que hoy en el plano legal ¿la pena capital no es un tipo de homicidio? No lo creo. Lo vuelvo a repetir: ese inadmisible debe de tener sus matices bien claro en la letra del 2267.
        Pero entendiendo el espíritu del nuevo Catecismo, que pretende hacer de la pena capital algo inaplicable en cualquier circunstancia, me pregunto por qué no se habrán cambiado también los numerales de arriba, así se sería menos ambiguo, o sea, se trasmitiría esta idea con mayor claridad. Quizás sea porque no importa cuanto hayas leído arriba, eso es letra muerta, pues en el resumen, en la conclusión de todo eso entenderás que ni aun en legítima defensa podrás ahora matar. Pero hablando de ambigüedad falta recordar la última: “el falso recurso de la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, como si la Iglesia no hubiera tenido esto en cuenta, hablando de ella con tacto, dejándola para circunstancias muy precisas, avalándola solamente cuando “la inviolabilidad y dignidad mía” son amenazadas y entonces “por ese principio fundamental de la moralidad” con amor a mí mismo me defiendo asestando un golpe mortal.
        Es por ello que le pedí que me dijera qué decía la carta de Francisco, pues quizás ahí se sería más claro, aunque sea, en qué era lo que la Iglesia al día de hoy quería trasmitir, pues, repitiendo, todavía no sabemos si ese inadmisible es un rotundo inadmisible. Esto me recuerda a latría relativa o absoluta jajaja.
        SIENDO SOFISTAS
        Siempre me ha gustado defender a “capa y espada” lo que se dice en la Iglesia jerárquica o a nivel político a los míos, en mi parroquia siempre trato de defender al obispo aun cuando, en pocas palabras, me cae mal, en mí municipio defiendo a su presidente aun cuando en muchas cosas me resulta inepto, imbécil; y así miso hago con el papa y eso es lo que trato de hacer en esta ocasión. Pero como le dije al principio me parece demasiado, me traiciono sin escrúpulos y no quiero seguir siendo así. Mi voto de confianza siempre será para el que esté por encima de mí, pero ya aquí me parece que “el mono está cambiando de palo”.
        Pese a eso todavía algo mantengo y trato de escapar aduciendo tres tontos argumentillos.
        Primero: quien quita que a lo largo de la historia la Iglesia siempre estuvo equivocada en este detalle, que el verdadero mensaje de Jesús siempre fue contrario a la práctica medieval. Que ni aun esa legítima defensa me sería una razón suficiente para arrancarle la vida a otro, antes más bien, debiera morir sin lastimar, debiera con mi sangre fecundar la Palabra de Jesús y ser así semilla de otros cristianos. A favor de esto tendríamos las palabras de Cristo quien mandó a “poner la otra mejilla”, “que mandó a humillarse”, que hizo guardar la espada a Pedro y un largo etcétera. Apelaríamos también por esa Iglesia Primitiva, la verdadera, que si bien vivía en silencio y con una cultura pasiva ante la brutal represión romana se mostró “renuente” a la pena capital. Justificaríamos el relajamiento posterior como obra del hombre que influenciado más por la cultura guerrera de su tiempo que por el mensaje de Jesús llegó, con las limitaciones precisas del que aun es una persona de fe, a la aplicación de la pena de muerte. Ese hombre medieval se había alejado demasiado de la ternura del evangelio y no se dispuso a perderlo todo, quería preservar la vida y así halló entre tanta reflexión amparo a sus intenciones.
        Pero aceptar esto conllevaría, entonces sí, a mover cielo y tierra, entonces sí, zozobraría la barca de Pedro, pero bueno esto es de locos.
        Segundo: al hombre de hoy le va haciendo un poco difícil el aceptar la pena capital y aduce en su defensa decenas de argumentos que sin ser religiosos deben de tenerse “según la ley natural” muy en cuenta. Crece constantemente ese rechazo a matar y la Iglesia se suma a él, pues a fin de cuenta está dirigida por hombres en los que también se propaga dicho sentimiento. Así se esfuerza por desvanecer la verdad doctrinal que supone el recurso a matar ante una legítima defensa, y no lo hace porque no crea que esto es en sí justo y apropiado, sino porque ve en los argumentos a “no matar” algo más loable y propio del cristiano. Ciertamente nunca podrá ser la Iglesia tan específica como para desarrollar el actuar correcto en cada una de las circunstancias particulares en las que un hombre pudiera encontrase, no pudiéramos ajustar los delitos que un Estado debiera de considerar tributable a tal sanción, más aun, al día de hoy diversas naciones aplican la pena capital en un sentido que a nosotros nos resulta escandaloso, pues consideran que tal pena es aplicable a varios delitos en donde realmente no se actúa por legítima defensa sino como garantía del orden público, como precio a pagar. En otros tiempos los Estados, amparados en la Iglesia, aplicaron según sus necesidades este recurso y así pasaron por la espada a cientos de personas. La Iglesia de hoy, movida por esta realidad y entronizando nuevamente al hombre individual se pronuncia por “la inadmisibilidad de la pena de muerte y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”. Si bien el Catecismo es la exposición de la doctrina católica, es también el anhelo que la Iglesia tiene por modelo en la vida de sus hijos y en varias ocasiones choca lo que esta propone con la cruda realidad. Sencillamente veo que la Iglesia mediante el Catecismo trata de hacer menos aplicable la pena de muerte en el mundo, pero me estaré volviendo loco, o lo que me está pasando ahora por la cabeza es correcto: el Catecismo no es dogma de fe, sino que contiene a estos, así como la opinión de la Iglesia en determinadas circunstancias.
        Pero este intento que a muchos les parece progresivo conlleva en sí un referente que permite “cambiar la doctrina”, o a lo mejor la Iglesia no ha sabido encontrar las palabras correctas y por ello se muestra entre tanta ambigüedad. ¡Qué manera de hacer sufrir las neuronas! Bien se podría haber evitado, no estamos siendo económicos, así que agarrémonos cuando nos traigan la cuenta.
        Tercero: simplemente esto no es dogma, menos doctrina, sino tan solo como usted dice aplicación de esta a la vida, y hoy el Espíritu Santo, quien nos habla por Francisco (será???, esto huele a fanatismo) nos comunica la evolución de este entendimiento. Dei Verbum dice “Esa Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en el corazón”.
        Pero esto a decir verdad no lo veo bien desarrollado, esa marca que limita entre lo que es cambio y evolución positiva de la doctrina se me hace incomprensible en este caso, pues ayer se dijo una cosa que hoy se pretende rechazar. No es simplemente que encontramos una nueva realidad, sino que nos estamos contradiciendo, siempre le he dicho a los protestantes que si encuentran pronunciamientos dogmáticos que son contrarios en la Iglesia yo me iría de esta, esto no lo es, pero se acerca ¿vendrá algo peor en el futuro?
        Y creo que queda dicho, por lo menos de mi parte, todo lo que sobre esto pienso, sé que no he sido muy sintético, pero eso es lo que he tratado, me esmeraré en el futuro para no tener que escribir mucho más sobre esto. Como siempre le pido su opinión y le doy gracias por ella.
        También me gustaría preguntarle cómo justificaba la Iglesia que el Estado sancionara con la muerte a personas herejes.
        Usted habla de la moral como algo que puede cambiar y que está sujeta al tiempo “La moral deriva de aplicar la doctrina a la vida”, aunque esto me parece dicho así algo correcto, le reitero mi pregunta, ¿por qué decimos que es invariable la doctrina y a moral?
        Sobre el Concilio y la crisis de la Iglesia concuerdo plenamente con Usted, también voy creyendo que la autocomplacencia nunca ayuda y que se me hace la hora de tomar cartas en esto, pero es que eso sería estar de acuerdo con la corriente Tradicionalista dentro de la Iglesia. Mi pregunta sería ¿por qué no considera que tal postura es la correcta? Creo que ya me respondió, me dijo que los ignoraba, pero estoy viendo que sus puntos de vista, los míos y los de ellos coinciden. Solo que en la crítica nosotros somos más medidos, pero será por respeto, por amor o por un desconocimiento que no nos deja valorar correctamente el daño provocado en las heridas y llagas de Cristo.
        Chao y quede con Dios.

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      • El asunto es, en efecto, confuso y espinoso y yo mismo creo que el papa ha metido la pata hasta el fondo porque el catecismo es precisamente para aclarar las cosas, no para enfangarlas, que es lo que ha hecho. Aún así sigo pensando que enfangar no es lo mismo que romper, aunque la redacción actual crea contradicciones que son inadmisibles en un catecismo oficial. No es la primera chapuza que hemos visto ni que veremos, desde el Vaticano II las chapuzas en la Iglesia se han multiplicado. Intentaré responder las cuestiones que planteas.

        Dices “Me parece que la Iglesia nunca permitió la pena capital basada en la pérdida de la dignidad del hombre ¿o sí?”. Efectivamente, y me parece ofensivo dejar la puerta abierta a que parezca lo contrario. La dignidad del hombre no procede de la Declaración Universal de los Derechos Humanos sino de Dios, y por eso la Iglesia ha dicho siempre que la vida humana es sagrada. La pena de muerte y la “guerra justa” no se han permitido por cuestiones de deshumanizar al criminal o al enemigo, sino sólo en el contexto de legítima defensa, el cual, como ya hemos visto, no tiene que ver con que a veces matar sea legítimo, sino con el hecho de que a veces, para salvar una vida no hay más remedio que matar otra, así que en esos dos supuestos se trataría de tomar todos los medios para salvar a un inocente, aunque como efecto colateral, si fuese la única posibilidad, se estaría matando a un culpable. Puesto que la legítima defensa sigue siendo válida, se podría ser todo lo estricto que uno quiera para impedir que eso sea un coladero flexible que justifique guerras y ejecuciones, lo que no es acertado es decir ahora que lo que antes decía la Iglesia ya no es aplicable porque, como también hemos dicho ya, no es cierto el argumento dado de que actualmente (y en el futuro) ya no sean nunca necesarias guerras ni ejecuciones para que el Estado defienda a sus súbditos. Te lo digo yo, que personalmente estoy totalmente en contra de la pena de muerte, pero la Iglesia tiene que ser siempre consecuente y mirar mucho más allá, pues yo políticamente atiendo a mis circunstancias presentes pero la Iglesia tiene que mirar por todas las circunstancias de todos, en el presente pero sin perder de vista pasado y futuro. Y lo de la dignidad, como dices, chirría, pues entonces si un hombre saca una pistola para disparar a mi hijo y yo puedo matarle para impedirlo… ¿si le mato es porque le estoy despojando de su dignidad? Absurdo. El argumento sobre la dignidad tal como el papa lo ha colado en el catecismo casi como una novedad pretende dejar sin efecto la excusa para la pena de muerte en casos extremos, pero no se dan cuenta de que al mismo tiempo dejarían sin excusas a la legítima defensa en general, pues una se deriva de la otra, y así llegamos al absurdo total de que dejaría de ser legítimo defenderse, y apurando la idea y apelando a la dignidad habría que seguir con que si alguien te apalea no puedes defenderte porque ello sería en menoscabo del agresor. Ante eso recordar que la dignidad humana no sólo la tienen los criminales, la tenemos todos, así que todos tenemos el derecho y el deber a defender la propia dignidad también, igual que todos tenemos el derecho y el deber de defender nuestra propia vida.

        Con respecto al extremo pacifismo de Jesús y su “poner la otra mejilla” hay que aclarar que los primeros cristianos tuvieron desde el principio muy claro que en ciertas circunstancias uno puede dejarse golpear o incluso matar si lo considera oportuno para mayor gloria de Dios, pero en ningún momento se consideró que no era legítimo defenderse. Si interpretamos literalmente lo de “poner la otra mejilla”, como una obligación cristiana en cualquier circunstancia, tendríamos que interpretar también literalmente lo de “si tu ojo/mano te es ocasión de pecado, arráncatelo/córtatela”. Ese tipo de frases, que Jesús sólo usa en sus predicaciones públicas, son frases efectistas, aunque inspiradoras, pero los primeros cristianos evidentemente no se las tomaron al pie de la letra, o todos habrían tenido que ir sin ojos ni manos.

        En cuanto al Estado, un pacifismo igualmente extremo supondría que si te atacan los chinos, por decir algo, deberías dejarte invadir cortésmente sin luchar, aunque tuvieses los medios para hacerlo. Al fin y al cabo los chinos también tienen dignidad, ¿no?

        No se trata de definir si la pena de muerte está bien o está mal, si en la Edad Media tenían razón o estaban equivocados (ciertamente los estados medievales abusaron de la pena de muerte hasta el infinito, al igual que muchos estados del siglo XX, y alguno aún hoy), se trata de si el Estado puede legítimamente acudir al concepto de legítima defensa hasta el punto de matar SI NO HAY OTRA OPCIÓN. Desde luego yo estoy convencido de que en Europa o en Estados Unidos, por ejemplo, el Estado nunca está en situación de tener que matar a un criminal por legítima defensa y sería discutible aceptar que un Estado, por muy fallido que sea, se viera en situación de atrapar a un criminal y no tener luego ninguna otra opción que matarlo para evitar su peligro (¿no podría encarcelarlo de por vida en el peor de los casos?). No lo sé, lo que sí sé es que el argumento de la dignidad humana lo enfanga todo por aparecer como si fuera un concepto nuevo. Para mí habría sido mucho mejor por ejemplo si la Iglesia simplemente hubiera suprimido la referencia a la pena de muerte (pues al fin y al cabo es un desarrollo del punto de la legítima defensa, no es una doctrina diferente) y haber explicado que lo hacía porque estaba de acuerdo con la afirmación tradicional de que si el Estado tuviera que aplicar la legítima defensa ante un criminal podría aplicar la pena de muerte, pero que tras una reflexión más profunda ha llegado a la conclusión de que esa circunstancia nunca puede darse, o al menos que como actualmente no se da no viene a cuento hablar de ese supuesto. Al fin y al cabo se decía “si no hay otra opción”. Bastaría con afirmar que ahora creemos que siempre hay otra opción y dejar fuera el asunto. De esa manera ni se deslegitima el pasado ni se cierran puertas a posibles circunstancias del futuro e incluso si se sigue reflexionando más y se cambia de opinión, se puede volver a poner el párrafo mañana otra vez sin problemas.

        Por poner un ejemplo, a ver si vale, imagina que un antiguo manual de padres dice que hay que enseñar a los hijos a no tocar el fuego porque se pueden quemar. Luego explica los dos casos habituales en un hogar de la época y pide expresamente que les enseñen a estar alejados de la chimenea y que no toquen las velas. Imagina que ya nadie tiene chimeneas en casa, pues se podría suprimir la referencia a la chimenea por innecesaria, y si en unos años colapsa la sociedad y volvemos a las chimeneas, pues se vuelve a poner. Pero la opción elegida parece ser la de dejar la referencia a las chimeneas pero diciendo que ya no hay que prohibir a los niños acercarse a las chimeneas por dos motivos, primero porque ya no hay chimeneas (muy lógico), y sobre todo porque a los niños no hay que prohibirles nada, sino enseñarles a razonar para que comprendan que acercarse a una chimenea puede suponer riesgos para su salud, así que queda prohibido prohibir. Con esa solución dejas pensar que la antigua redacción del catecismo no sólo está desfasada por las nuevas circunstancias, sino que además era metodológicamente equivocada, y al mismo tiempo estás deslegitimizando otras prohibiciones, con lo que siendo coherente no podrías prohibir a un niño meter los dedos en el enchufe, porque está mal prohibir. Del mismo modo no puedes matar en defensa propia, porque el asesino “en ningún momento pierde su dignidad humana”.

        Digámoslo claro, o al menos un poco más claro, el papa ha metido la pata hasta el fondo, pero más como dirigente que como cabeza de la Iglesia. El problema que tenemos los católicos fieles a la Iglesia eterna es que cuando el papa mete la pata nos crea un conflicto tremendo, un problema que no tienen los modernistas, pues para ellos la autoridad del papa es relativa, si no plenamente humana, así que pueden atacar y criticar cuanto quieran. Monseñor Lefebvre votó afirmativamente a todas o casi todas las resoluciones de Vaticano II porque, aunque estaba en desacuerdo con la mayoría de ellas, por encima de todo rendía al Santo Padre obediencia y no podía ir en contra de resoluciones que el papa ya había aceptado (hasta que llegó un momento en que no pudo más y terminó rompiendo del todo). Criticar al papa no es trago de buen gusto, pero ahora toca. Sigo pensando que no se ha llegado al punto de cambiar la doctrina (porque la doctrina es la de la legítima defensa, lo de la pena de muerte es una deducción de esa doctrina), pero el cambio que se ha hecho es, desde el punto de vista doctrinal y del Magisterio de la Iglesia (que Francisco debería proteger) un desastre, un error y una chapuza. Es posible que tocaba ya hacer algún cambio al respecto, pero no como se ha hecho. Sin embargo desde el punto de vista político el cambio es estupendo. Mis amigos ateos están encantados con Francisco y aplauden a rabiar ese tipo de cosas. A veces me pregunto si el papa, como todos los modernistas, no dirige la Iglesia pensando más en los ateos y en los protestantes que en los católicos. ¿Será que el papa es un modernista? Sinceramente confío en que no, espero que esas cosas suyas sean más de fachada que de enjundia, pero a veces no sé qué pensar. Si el modernismo hubiera conquistado el papado sería terrible y los sedevacantistas tendrían la razón, pues un papa modernista sería un antipapa, como otros que antes ha habido. Pero hoy por hoy no hemos llegado tan lejos. Un papa preocupado por la injusticia y los pobres es excelente, pero hay que estar vigilantes si un papa empezase a cambiar la doctrina rompiendo con la Tradición y deslegitimando el Magisterio de la Iglesia, porque entonces transformaría el catolicismo en una forma más de protestantismo. La verdad no muta ni se vota.

        Dices “No es simplemente que encontramos una nueva realidad, sino que nos estamos contradiciendo, siempre le he dicho a los protestantes que si encuentran pronunciamientos dogmáticos que son contrarios en la Iglesia yo me iría de esta, esto no lo es, pero se acerca ¿vendrá algo peor en el futuro?”. Pues estoy de acuerdo, no es un cambio dogmático, y sólo se le acerca en apariencia, al igual que ha ocurrido en muchas otras doctrinas, demasiadas, donde con un supuesto ánimo de clarificar las cosas (como que ahora las entendemos mejor) se hacen matizaciones que rozan la deslegitimación de la doctrina anterior, aunque no lleguen a ello. Como te dije antes, si los cambios claros de doctrina empezaran a producirse en el futuro entonces estaríamos ante un papa hereje, es decir, un antipapa, que no sería el primero, y en tal caso quedaría de facto la sede vacante. No se trataría de salirse de la Iglesia, sino que el papa se saldría de la Iglesia y arrastraría con él a todos los que siguieran obedeciéndole. El resto nos quedaríamos dentro a la espera del nombramiento de un papa legítimo. Seríamos sedevacantistas.

        De todas formas no nos alarmemos tampoco. Es cierto que si la Iglesia declarara un dogma que contradice otros dogmas presentes o anteriores estaríamos ante una falsedad manifiesta y por tanto los dogmas dejarían de ser confiables y todo se vendría abajo (a menos que se declarase herejes al papa o concilio que lo promulgaron). Pero no ocurre exactamente lo mismo cuando hablamos de doctrinas no dogmáticas. Por ponerte un ejemplo, la Iglesia primitiva condenó siempre de forma más o menos contundente las imágenes de culto. Era lógico en una sociedad donde las imágenes de culto eran siempre ídolos. Cuando el paganismo desapareció incluso del recuerdo, comenzó a reconocerse el valor positivo de las imágenes de culto como representaciones visibles de lo invisible, alejado ya el peligro de la idolatría, y al principio se toleró y luego se prescribió su uso y su carácter sagrado (no sin algunos episodios de iconoclastia que fueron tachados de heréticos). ¿Estamos ahí ante un cambio de doctrina? Sin duda, si como doctrina entendemos “las enseñanzas de la Iglesia”, pero no estamos ante un cambio de dogma, simplemente la Iglesia, partiendo siempre del eterno dogma de prohibir la idolatría, consideró en unas circunstancias que las imágenes contradecían ese dogma, y en otras circunstancias posteriores consideró que ya no y por tanto era posible analizarlo desde un punto de vista diferente. La Iglesia no se contradijo a sí misma, era la misma fe aplicada en circunstancias muy diferentes y respetando siempre el dogma. Así que, a la luz de semejante cambio de criterio, el presente problema sobre la pena de muerte parece algo sin importancia, y ciertamente no es motivo para pensar que con ello la Iglesia haya cambiado ningún dogma. El cambio no es problemático desde el punto de vista del Magisterio o la Tradición, lo problemático es la deficiente manera de explicarlo, pero eso nos habla de incompetencia, no de herejía, así que creo que en ese sentido deberías seguir tranquilo.

        Dices “…el Espíritu Santo, quien nos habla por Francisco (será???, esto huele a fanatismo)…”. Sí y no. En realidad no podemos decir en general que el Espíritu Santo habla por medio del papa, sino que lo inspira, pero como toda inspiración, si el recipiente de la gracia no está abierto a ella, la gracia no surte su efecto. Sí podemos afirmar que el E.S. habla por medio del papa en las declaraciones dogmáticas solemnes, porque eso afecta a la Verdad de la Iglesia y Jesús nos prometió mantenerla alejada del error, pero no podemos suponer que cada cosa que dice el papa está inspirada por el Espíritu Santo. De hecho la afirmación de que al papa lo elige el Espíritu Santo es igualmente matizable. Tal como dijo claramente Benedicto XVI, el Espíritu Santo ilumina a los participantes del cónclave, pero no les obliga a votar (libre albedrío), si no, a la primera votación ya estaría elegido el papa correcto, y además, la historia está llena de papas santos, pero también hay un buen puñado de papas malísimos y algunos antipapas. Lo que ocurre es que luego el E.S. trabaja con lo que hay, y si el papa es malo, como ocurrió con los médicis del Renacimiento, pues al menos se ocupa de que sus maldades no afecten al terreno de la doctrina, por eso tuvimos en el Renacimiento algunos papas que fueron malísimas personas pero no solamente no llevaron la herejía a la Iglesia sino que fueron eficaces defendiéndola de ella. Ahí sí se ve la mano del E.S.

        Dices “También me gustaría preguntarle cómo justificaba la Iglesia que el Estado sancionara con la muerte a personas herejes.” Pues lo justificaba usando lo que hasta hace unos días decía el catecismo. Un asesino puede matar el cuerpo, un hereje puede condenar eternamente un alma, así que en caso de ser válida la legítima defensa en una circunstancia, tanto da que el malvado sea asesino o hereje (por mucho que con la mentalidad actual parezca una barbaridad, pero eso es porque hoy el alma o se niega o no se piensa mucho en ella).

        Dices “Usted habla de la moral como algo que puede cambiar y que está sujeta al tiempo”. Sí y no otra vez. Me refiero a la moral como resolución práctica de un dilema concreto. Si por moral entiendes algo como “no matarás” o “el matrimonio es indisoluble”, entonces la moral es eterna, no cambia. Yo me refería a la moral del tipo “la letra con sangre entra, ¿es legítimo pegar a un niño para que estudie más?”. Según la época y la cultura hay cosas que se valoran más y otras menos, a menudo debido a las circunstancias de esa sociedad concreta. Lo que para una sociedad es un capricho para otra puede ser cuestión de supervivencia, por ejemplo, así que a la hora de aplicar la doctrina de Jesús las decisiones no serán idénticas porque si tenemos un dilema tenemos dos cosas buenas que hay que preservar (o dos cosas malas que hay que combatir), pero no es posible salvaguardar las dos al mismo tiempo (por eso es un dilema) así que hay que favorecer la opción más valiosa, y cuál de las dos es la más valiosa muchas veces depende de las circunstancias. Es el caso de la legítima defensa. Matar para que no te maten siempre será legítimo, pero en muchas circunstancias puede quedarte la duda de si realmente tienes que matar para defenderte. Imagina un terrorista islámico gritando “Alá es grande” que entra en una comisaría. ¿Es necesario matarlo para evitar que mate a nadie? Pues si estás convencido de que ha entrado para hacerse explotar, dispararás enseguida, pero si no lo tienes tan claro esperarás, pero si se lleva las manos a la cintura ¿esperarás a ver si tira de la cuerda de los explosivos para comprobar que efectivamente su intención es mataros a todos, o le dispararás a pesar de que no sabes realmente si lleva explosivos? En cualquier caso, dadas las circunstancias actuales, basta que un árabe entre en una comisaría gritando “Alá es grande” para que si le disparan (casi) todo el mundo lo entienda. Pero si eso hubiera ocurrido hace 50 años, por ejemplo, nadie lo hubiera podido entender, porque las circunstancias eran otras. Del mismo modo en una sociedad expuesta continuamente a la guerra y el pillaje (como las zonas de frontera durante la Reconquista española) no pueden hacer grandes concesiones al pacifismo. Enseñar a un adolescente a usar armas sería hoy en día algo reprobable, pero en esas otras circunstancias sería casi una necesidad y podría considerarse, como de hecho se consideraba, una virtud lo que hoy sería un vicio, porque antes era necesario y ahora no. Por eso si en un catecismo hubieran puesto un apartado alabando la virtud de las armas (como la mejor garantía de la defensa de los débiles), hoy en día habría que suprimirlo, y sería correcto hacerlo, pero eso no cambiaría ni antes ni ahora la vigencia del “no matarás” ni el ideal de buscar la paz. Sería no obstante una metedura de pata explicar que aprender a manejar las armas es un vicio en cualquier circunstancia y con efectos retroactivos. Un error, pero no un cambio de doctrina ni de moral.

        Sobre lo que llamas “la corriente tradicionalista dentro de la Iglesia” sigo sin poder responderte bien porque no sé exactamente a qué te refieres. No sé si te refieres a gente que ha abandonado la Iglesia de Roma porque no está de acuerdo con las consecuencias del Vaticano II (sedevacantistas) o si te refieres simplemente a gente que permanece en la Iglesia pero que no está de acuerdo con muchos de los cambios. Si se trata del segundo caso, estaríamos hablando de que en la Iglesia hay, por así decirlo, dos polos calientes (modernistas y tradicionalistas) junto con una mayoría de gente tibia, algunos de los cuales son tibios porque son moderados de convicciones intermedias, y otros porque tampoco es que se preocupen demasiado de estas cosas y todo les viene bien o incluso les da igual. En ese caso te estarías refiriendo a los tradicionalistas de dentro de la Iglesia. Si es así, como ya te dije, yo me siento cada vez más cerca de los tradicionalistas cuanto más me convenzo del enorme daño que han causado (y están causando) en la Iglesia los modernistas, a pesar de que ningún sector es blanco o negro. Los modernistas se preocupan más del hombre que de Dios, y los tradicionalistas se ocupan más de Dios que del hombre. El Evangelio dice “amarás a Dios sobre todas las cosas… y al prójimo como a ti mismo”, así que Dios y hombre son objetivo de la Iglesia, pero prevalece Dios, así que, aunque hay que huir de los extremos, la postura tradicionalista está más de acuerdo con el evangelio que la modernista, pues quien ama (y teme) a Dios siempre tendrá la constante llamada a ocuparse de su hermano, pero quien se centra sobre todo en su hermano puede llegar a olvidarse de Dios, y ese es el gran daño del modernismo y la puerta para sustituir la religión por la política y, demasiadas veces, la fe por el ateísmo.

        Si me he quedado cosas sin responder o hay cosas que no me he explicado bien, no dudes en pedir aclaraciones.
        A continuación te copio varios párrafos de la carta del papa a los obispos explicándoles el porqué del cambio en el catecismo:

        En este sentido, debe comprenderse la actitud hacia la pena de muerte que se ha afirmado cada vez más en la enseñanza de los pastores y en la sensibilidad del pueblo de Dios. En efecto, si de hecho la situación política y social del pasado hacía de la pena de la muerte un instrumento aceptable para la tutela del bien común, hoy es cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera luego de haber cometido crimines muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, han dado lugar a una nueva conciencia que reconoce la inadmisibilidad de la pena de muerte y por lo tanto pide su abolición.
        En este desarrollo, es de gran importancia la enseñanza de la Carta Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II. El Santo Padre enumeraba entre los signos de esperanza de una nueva civilización de la vida «la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte ,incluso como instrumento de “legítima defensa” social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse».[3] La enseñanza de Evangelium vitae fue recogida más tarde en la editio typica del Catecismo de la Iglesia Católica. En este, la pena de muerte no se presenta como una pena proporcional a la gravedad del delito, sino que se justifica solo si fuera «el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas», aunque si de hecho «los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos» (n. 2267).
        En esta misma perspectiva, el Papa Francisco reiteró que «hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado».[8] La pena de muerte, independientemente de las modalidades de ejecución, «implica un trato cruel, inhumano y degradante».[9] Debe también ser rechazada «en razón de la defectiva selectividad del sistema penal y frente a la posibilidad del error judicial».[10] Es en este sentido en el que el Papa Francisco ha pedido una revisión de la formulación del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte, de modo que se afirme que «por muy grave que haya sido el crimen, la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona».[11]
        La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica.[12] El nuevo texto, siguiendo los pasos de la enseñanza de Juan Pablo II en Evangelium vitae, afirma que la supresión de la vida de un criminal como castigo por un delito es inadmisible porque atenta contra la dignidad de la persona, dignidad que no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. A esta conclusión se llega también teniendo en cuenta la nueva comprensión de las sanciones penales aplicadas por el Estado moderno, que deben estar orientadas ante todo a la rehabilitación y la reinserción social del criminal. Finalmente, dado que la sociedad actual tiene sistemas de detención más eficaces, la pena de muerte es innecesaria para la protección de la vida de personas inocentes. Ciertamente, queda en pie el deber de la autoridad pública de defender la vida de los ciudadanos, como ha sido siempre enseñado por el Magisterio y como lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católicaen los números 2265 y 2266.
        Todo esto muestra que la nueva formulación del n. 2267 del Catecismo expresa un auténtico desarrollo de la doctrina que no está en contradicción con las enseñanzas anteriores del Magisterio. De hecho, estos pueden ser explicados a la luz de la responsabilidad primaria de la autoridad pública de tutelar el bien común, en un contexto social en el cual las sanciones penales se entendían de manera diferente y acontecían en un ambiente en el cual era más difícil garantizar que el criminal no pudiera reiterar su crimen.

        https://www.revistaecclesia.com/la-pena-de-muerte-en-cualquier-caso-excluida-del-catecismo-de-la-iglesia-catolica/

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      • Saludos
        Christian cuando decidí preguntarle esto por vez primera siempre pensé que su respuesta sería otra, que me sacaría de esa incertidumbre que me enfrentaba a la Iglesia de hoy, que concisamente me iba a decir que la nueva redacción era correcta por esto y esto, y esto otro, pero no ha sido así. Con sus matices me ha reforzado lo que los Tradicionalistas me decían, no le daré más vuelta al asunto, es que ya no sé qué decir, si Francisco y los de allá arriba tienen la razón que me perdonen, pero yo no los comprendo. Así que punto para los Tradicionalistas, ¿qué dice Usted? ¿Es justo que por esto los mire a partir de ya con mejor cara?
        Hace un tiempo leí unas tales profecías de un San Malaquías que decía que este sería el último papa y cosas así, ¿será que el “fin de los tiempos se acerca”? (es retórico) creo que Erasmo de R. también dice algo parecido. Ojalá y eso no llegue pronto, pues creo que todavía “no estoy vestido con traje de gala”. Sinceramente pienso en ello y me asusto, pues últimamente y más con este cachumbambé que diluye mi fe, no he estado muy recto que digamos.
        No existe alguna cita del NT que revierta un poco ese pacifismo extremo que muchos interpretan, aunque no aplican, a esa frase de Jesús: “la otra mejilla”. En una serie, muy buena de hecho, lo que está en inglés, el sacerdote que la hace da una interpretación de este pasaje que a mí me gustó, pero que no la considero correcta, pues no encaja bien con lo que Jesús sigue diciendo. La serie se llama Catolicismo y tiene cerca de 10 capítulos.
        “Para mí habría sido mucho mejor por ejemplo si la Iglesia simplemente hubiera suprimido….” También yo lo creo, o que hubiera escrito otra cosa, muchas redacciones se pudieran emplear. Es más, yo aplaudo hasta la última frase de ese numeral “y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo” desde el punto de vista cívico. Lo que no acepto es el patiñero que hacen más arriba.
        Dice “un problema que no tienen los modernistas”, mmmm, ¿Es Usted tradicionalista? Jajaja.
        “Seríamos sedevacantistas.” ¿por Dios? Sinceramente hoy le leo y no me lo creo, se me ha desdibujado jajaja, aunque me gusta más este Christian, “al pan, pan y al vino, vino”, que su Sí sea Sí y que su No sea un No.
        Cuando Javier, el superior de Una Voce de Cuba, me dijo que ha habido papas herejes, no me lo creía. Pues siempre pensé que los antipapas no eran herejes sino que por otras razones no eran elegidos legítimamente o …., pero que sí seguían siendo católicos. Que la persona que es centro del cristianismo, encargada de confirmarnos en la fe, quien tiene las llaves, el auxilio del Espíritu y sabe Dios cuántas cosas más se descarríe, me es un fuerte dolor de cabeza aunque puedo comprenderlo. Bueno y si un papa hereje declara con fórmula oficial y todo que cierta “doctrina herética” es correcta basada en su infalibilidad. Se va a armar la desagradable. Tendremos la Tradición, ¿pero quién la aplicaría? ¿Tendríamos que esperar a otro papa?
        “eso nos habla de incompetencia, no de herejía, así que creo que en ese sentido deberías seguir tranquilo.” La doctrina central es la idolatría y en tal sentido la Iglesia se declaraba contraria a las imágenes. La doctrina aquí es la legítima defensa y por ello la Iglesia acepta la pena capital. En el primer caso, la Iglesia logra aceptar las imágenes por un cambio claro de contexto. Pero en el segundo no veo yo ese contexto tan evidente como para rechazar de plano la pena de muerte, puedo entender que “ya era tiempo de hacer un cambio”, me agradaría que la Iglesia se “comprometa con determinación a su abolición en todo el mundo” actual, pero no me pida que esté tranquilo, porque esa “incompetencia” es bastante grande y sin ser herejía se piensa y se defiende con sofismos baratos, claramente en contraposición con lo que ayer se dijo. Aunque entiendo bien su punto y creo que esto es algo que debo de desarrollar como una conclusión de todo este debate, me refiero a ese “que ya era hora de hacer algún cambio” y a que estamos frente a “incompetencia no a verdadera herejía”. Pero sin duda alguna Francisco “ha metido la pata” para tratar de ser “más políticamente correcto”, esto es lo que molesta, este juego de la Iglesia con el mundo que la hace incluso decir estupideces y en algunos casos desdecirse que a la larga es contradecirse.
        “el papa ilumina a los participantes del cónclave, pero no les obliga a votar” entiendo que quiso decir el Espíritu Santo.
        Muy de acuerdo con lo que me explica sobre la herejía y su castigo, pero lo que le pregunté era para tener una base, pues ahora me recela la posibilidad de si mataríamos a todo aquel que sea hereje siempre que podamos. Pero es que a ese “podamos” le falta algo y es que sea la única opción posible, entonces a todos los herejes los metemos en cárceles, ¿eso haremos si algún día somos todos tradicionalistas rancios? ¿eso es lo correcto? ¿hasta ese extremo hay que llegar para ser un católico verdadero?
        El cambio en moral se lo pregunto más por la esclavitud y el hecho de considerar la monarquía como el sistema político más correcto. Ciertamente la Iglesia en algunas épocas defendió o por lo menos no se opuso a estas prácticas, esto entra dentro de esa “resolución práctica de un dilema concreto”. Entiendo yo por moral la conducta positiva (de acurdo a la doctrina) que tenemos que tener ante ciertas cosas y por ello pudiera concebir el hecho de que hayan morales inmutables y otras que deban de cambiar, pero específicamente en estas dos son cosas que dependen de las circunstancias. Esa dignidad que se pretende enarbolar hoy para no matar en legítima defensa no la tenían aquellos hombres que eran de por sí esclavos o aquellos otros que con el sudor de su frente no tenían ni pan, mientras que otros se daban banquetes e insensiblemente y con mucha ignorancia le manaban a comer pasteles.
        La carta del papa es más de lo mismo.
        Quede con Dios

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      •         Hola José Carlos
        

        No sé exactamente qué argumentan y dicen los tradicionalistas a los que tú te refieres, pero este asunto sí podría ser un punto para las corrientes tradicionalistas de la Iglesia, aunque un punto con muchos matices. No se trata de que el papa haya torcido su función, no estamos hablando de un fallo de doctrina sino de un fallo en la exposición de la doctrina, un error de forma más que de fondo, una redacción que buscando aclarar unas cosas mete la pata al crear confusión en otras. Yo veo el asunto como una chapuza pero no como algo alarmante que pueda sacudir los cimientos de la Iglesia y mucho menos de la fe. Crear alarma en este asunto me parece desproporcionado y peligroso, pues eso sí aumenta la confusión de los fieles y da la falsa impresión de que todo lo que ha dicho la Iglesia está escrito en piedra y es inmutable. Como ya te dije en su día, no todo lo que enseña la Iglesia tiene el rango de dogma, de lo contrario el catolicismo seguiría siendo hoy una religión con vestiduras medievales que no encajaría ya con una sociedad que dejó la Edad Media atrás hace siglos. La Iglesia necesita y tiene margen para maniobrar y adaptarse a los tiempos, como siempre ha hecho, porque aunque la verdad sea inmutable, la manera de aplicar la verdad en ciertas cosas tiene que cambiar necesariamente cuando las circunstancias cambian. Eso es lo que te mostré con el ejemplo de las imágenes, la verdad de que la idolatría es inadmisible no cambia, pero la manera en que esa verdad afecta al tema de las imágenes sí cambia cuando la sociedad cambia, en un momento la imagen conduce a la idolatría, y por tanto hay que rechazarla, y en otro momento la imagen ya no se relaciona con la idolatría y por tanto pasa a ser legítima. Si alguien dice (como dicen los protestantes) que eso ha sido cambiar la fe y por tanto la Iglesia queda deslegitimada, es porque no lo entienden. Tal vez tus tradicionalistas están reaccionando con este asunto igual que los protestantes con el asunto de las imágenes, y eso sería un error. Francisco está cometiendo muchos errores de forma en muchas cosas, pero no de fondo, de modo que uno puede tener motivos o no para que le guste Francisco como cabeza de la Iglesia, pero no hay motivos para pensar que es la Iglesia la que se derrumba.

        Tú dices que el tema de las imágenes no es igual que el de la pena de muerte porque con las imágenes la prohibición de la idolatría no se toca, sólo se cambia la aplicación de esa prohibición a una nueva realidad. Lo que no entiendo es por qué con lo de la pena de muerte no lo ves igual. El derecho de legítima defensa no se toca tampoco, se deja igual, sólo se cambia la aplicación de ese derecho a una nueva realidad. Podemos discutir si la realidad es realmente tan nueva como ellos pretenden, y podemos discutir si la manera de explicar ese cambio de aplicación es correcta o no, pero lo que está claro es que lo intocable (el derecho a la legítima defensa) sigue sin tocar, así que lo demás puede ser todo lo criticable que queramos, pero nada que nos lleve a plantearnos si el papa está traicionando la doctrina de la Iglesia. La fe no se ha tocado, se ha modificado la forma de aplicar esa fe a las nuevas circunstancias, y si el papa ha sabido bien ver las nuevas circunstancias o no, eso ya es un problema de gestión de la realidad, no de gestión de la verdad. Podría incluso rectificarse y volverse a dejar la posibilidad si en el futuro el análisis de la realidad cambia de nuevo.

        Lo de las profecías de San Malaquías son dos textos que se publicaron en el siglo XVI y XVII respectivamente y se dijeron que pertenecían a San Malaquías, que había muerto cinco siglos antes, para que al atribuir las profecías a un santo parecieran más verosímiles. Pero no hace falta recurrir a la profecía de San Malaquías, ni siquiera es necesario recurrir al tercer secreto de Fátima. Siempre hemos tenido presente el libro del Apocalipsis, y allí se alude al fin de los tiempos como una época de Gran Apostasía, gobierno mundial, persecución de los justos y todo eso. Identificar estos tiempos con esos signos apocalípticos no es imposible, ni mucho menos, pero hay que tener mucho cuidado con eso, porque en otras épocas también ha habido sólidos motivos para hacer esa identificación y se han movido muchos intereses por hacerlo y sacarle réditos al anuncio del Fin del Mundo.

        En cuanto a lo del pacifismo extremo que dices, no encontrarás en Jesús nada que lo contradiga, pues su famosa cita de que no ha venido a traer la paz sino la espada es claramente figurativa y un rechazo a las personalidades pusilánimes que no luchan por la verdad y la justicia con tal de no molestar. Aunque ahora que lo pienso, por supuesto que hay un caso, se trata de la expulsión de los mercaderes del Templo a latigazo limpio, ¿te parece poco? Ante la ofensa a Dios, Jesús no hizo una sentada de protesta en las gradas del Templo precisamente.

        Sobre lo de los “papas herejes” hay que tener cuidado. Una cosa es un antipapa, cuya elección se considera ilegítima por las circunstancias que sean y nos encontramos con dos, o tres, papas electos (de los cuales sólo uno es verdadero, claro) y otra cosa es un papa legítimamente elegido y que con el tiempo caiga en alguna herejía. Los sedevacantistas que defienden el que Francisco (y todos los papas desde Vaticano II) son herejes y por tanto ilegítimos recurren como argumento a que ya en la historia ha habido otros papas heréticos. Eso no es cierto. Es verdad que hay varios casos de papas que han defendido ideas discutibles, pero por un lado no es lo mismo meter la pata en un sermón, por ejemplo, que modificar un dogma. Los papas tienen la protección del Espíritu Santo para defender la fe, no son autómatas que pronuncian por su boca sólo lo que el Espíritu les dicta, desde que se levantan hasta que se acuestan. No hay que confundir las declaraciones solemnes, que son las que “sientan jurisdicción” (como diríamos en lenguaje jurídico) con la respuesta del papa a un periodista en una rueda de prensa, que es una opinión, aunque la opinión de un papa también se puede convertir en ley (en temas de funcionamiento, no de doctrina). Es la errónea noción de que todo lo que dice o escribe el papa es poco menos que palabra de Dios lo que crea una tremenda confusión entre mucha gente, sobre todo porque la prensa, sensacionalista por naturaleza, pretende presentarlo siempre como si en el catolicismo fuera así. En nuestra fe hay un núcleo intocable y luego miles de ideas, normas, dictámenes y cosas que pueden cambiarse con mayor o menor facilidad sin que por ello San Pedro vaya a poner el grito en el cielo. Pero además resulta que los ejemplos de malos papas que ponen son casos en los que ciertamente el papa “no anduvo muy fino”, y precisamente por ser casos confusos, polémicos, los sedevacantistas (y los protestantes y ortodoxos, aunque por razones opuestas) echan mano de ellos para presentarlos como la prueba de que el papa es simplemente un obispo más. Más de una vez he tenido yo que debatir sobre esos supuestos papas heréticos, y aunque a veces es imposible aclarar todo y mostrar su luz, ciertamente es también imposible mostrar claramente la herejía. Es por haber circunstancias poco claras por lo que se puede atacar por ahí, pero sólo se consigue sembrar la duda y la confusión, mas no se puede demostrar que esos papas hayan sido propiamente hablando “papas heréticos”. Que parte de los sedevacantistas estén ahora usando ese mismo argumento de protestantes y ortodoxos para atacar la Iglesia es una forma muy poco inteligente de tirarse piedras contra su propio tejado, pues para un protestante aceptar que hay papas heréticos supone destruir la confianza en la doctrina católica, pero ¿qué logra un sedevacantista con ello? Exactamente lo mismo, destruir la confianza en la doctrina católica, que se supone que es la que ellos profesan. Y si un tradicionalista te usa el mismo argumento ya puedes encender tus luces de alarma. Te paso un artículo breve pero que te puede dar una idea de lo que te quiero decir: https://es.aleteia.org/2015/07/27/ha-habido-papas-herejes-en-la-historia-de-la-iglesia/

        “Antipapa hereje” no supone ningún problema, un “antipapa” se llama así porque no es un papa, sino un fraude, y en esos casos siempre ha habido un papa legítimo con el que se disputaba. Que un antipapa sea hereje es como si decimos que el Anticristo es malo. Pues claro, y eso no supone manchar la fama de Cristo. Pues lo que haga un antipapa tampoco mancha ni afecta al papado en ningún modo, porque ellos no son papas. A partir de ahí, un antipapa puede ser herético o fiel a la doctrina, eso ya es cuenta suya, lo que no puede ser en ningún caso es papa. Así que cuando hablas de los antipapas y dices “que la persona que es centro del cristianismo… se descarríe…” supongo que es porque estás confundiendo los conceptos. Un antipapa no es el centro del cristianismo, es un impostor que se enfrenta a un verdadero papa que sí es el centro del cristianismo. Los pocos casos en los que ha habido un antipapa puede ser porque un cónclave se rompe y cada parte elige a un papa distinto, o porque eligen a un papa de forma irregular y otros declaran esa elección ilegítima y eligen a otro, o porque la Iglesia elige a un papa y luego un rey o emperador elige al suyo propio (mediante un grupo de cardenales manipulados). En esos casos es la lógica (el papa verdadero es el elegido por la Iglesia y no por el rey) o el Espíritu Santo (que hace triunfar al verdadero papa) quienes eliminan al antipapa y dejan claro quién es la verdadera cabeza de la Iglesia. Así que un antipapa no es un mal papa o un papa hereje, es simplemente un papa ilegítimo que ha pretendido ser papa sin serlo.

        Dices “Tendremos la Tradición, ¿pero quién la aplicaría? ¿Tendríamos que esperar a otro papa?”. Bueno, de esa afirmación yo me quedo con que la Tradición es siempre la garante de que la Iglesia no pueda descarriarse, incluso sin un papa la sumergiera en la confusión. Me explico. Un papa legítimo no puede llevar a la Iglesia al error, pero en el peor de los casos sí puede llevarla a la confusión, porque como antes dije, una cosa es tocar los dogmas, las verdades eternas, y otra cosa es hacer cositas y comentarios poco afortunados. Se puede gobernar la Iglesia siendo un mal papa y creando mucha confusión y aún así no tocar lo intocable, de esos ha habido puñados. Voy a usar el punto de vista de muchos que consideran al papa actual herético para explicarte lo que quiero decir. Por ejemplo el papa se ha dejado bendecir por herejes. Eso hace tiempo hubiera sido un enorme escándalo, pero hoy, dentro del espíritu ecuménico, se interpreta como un acto de buena fe. Y aún así, no deja de ser sorprendente que el cabeza de la Iglesia se arrodille dócilmente y se deje bendecir por un pastor protestante, enviando el mensaje de que la bendición de ese hombre es válida. Una cosa es que lo haga un sacerdote y otra cosa es que lo haga el papa. Yo puedo entender la bondad del gesto pero admito que viniendo el papa crea confusión. Un papado lleno de pequeñas o grandes confusiones puede suponer un auténtico desastre para la Iglesia y afectar a la fe de millones de personas y crear ideas equivocadas y… Pero la Iglesia eterna sobreviviría íntegra y podría remontar una vez más. En términos políticos podríamos decir que el papa habría sido un gobernante nefasto, pero no habría dañado el edificio eterno de la fe. Entonces, en épocas de confusión ¿cómo saber diferenciar entre la verdadera doctrina y esas nubes de confusión que lo empañan todo? Pues afortunadamente no es el papa la única garantía para la verdad de la Iglesia, está también la Tradición y el Magisterio. Si lo que dice el papa es confuso, hay que buscar la claridad en los otros dos sitios. De ese modo un católico tiene herramientas para buscar aclaraciones incluso cuando el papado (que es quien debería aclararlo) fallase en ese sentido. Pero hasta aquí el caso supuesto. Yo creo que este papa sí está creando confusión en muchos aspectos, pero no creo que hayamos llegado a un punto de alarma ni de pánico. A veces lo que nos parece confuso es en realidad un camino hacia un punto mejor, y la bondad de ello sólo la comprendemos cuando hemos llegado a ese destino. Hay cambios y gestos que sólo se pueden juzgar cuando han dado frutos. Seamos prudentes. También los santos fueron a menudo incomprendidos hasta que su santidad quedó clara. Buena parte de la Iglesia miró con sospechas a Santa Teresa de Jesús, sin que faltaran acusaciones de herejía, y al final mira hoy, nadie se atrevería a decir que ella fue una hereje, todo lo contrario, por más que en su momento hiciera un montón de cambios que no gustaron nada a los que tenían el trasero pegado a su sillón. Francisco tiene cosas maravillosas y cosas discutibles, el tiempo dirá si fueron mayores sus errores o sus aciertos. Pero acusarle de herejía…. no lo veo.

        Dices: ” “el papa ilumina a los participantes del cónclave, pero no les obliga a votar” entiendo que quiso decir el Espíritu Santo.”
        Jaja, efectivamente, cambiaré ahora ese error o acabarán acusándome de herejía a mí también.

        Lo de matar herejes, pues por supuesto no, de ninguna manera. Dentro de la mentalidad de la Edad Media, y teniendo en cuenta que por entonces se mataba a la gente por mil razones, entiendo que si veían normal matar a alguien por robarte, defendieran que mucho peor era robarte la salvación y por tanto merecieran el mismo castigo con más razón. Entiendo que, dentro de su mentalidad, les pareciera correcto, pero de ningún modo diría yo que matar herejes pueda ser ni hoy ni nunca correcto, ni tal cosa ha sido doctrina de la Iglesia. Estaríamos ante un caso parecido o igual al que discutimos de la pena de muerte, pues hoy y entonces la Iglesia defiende el “no matarás” y el “derecho a la legítima defensa”. A partir de ahí analizan la realidad para aplicar ambos preceptos a un caso concreto (la amenaza de un hereje para la vida de tu alma o la amenaza de un asesino en serie para la vida de tus ciudadanos) y sacan la conclusión de que es legítimo o no. En ese aspecto, aplicar la doctrina y sacar conclusiones, puede haber errores y cambios y una legítima búsqueda por mejorar, lo que no sería legítimo es modificar las fuentes de esa verdad, el no matarás y la legítima defensa. No sé si me explico bien pero el caso es que cuanto más te intento explicar este asunto más claro veo que el cambio que ha hecho el papa es estupendo, aunque sigo diciendo que mal explicado.

        Apoyar o no la monarquía es, como tantas otras cosas, simplemente una postura de la Iglesia ante el mundo. La fe no es algo separado del mundo, sino que debe llenar el mundo y transformarlo. La Iglesia no debe limitarse a conservar la fe, debe también aplicar esa fe al mundo para transformarlo, o mejor dicho, cambiar lo malo y conservar lo bueno. En cuanto a depósito de la fe estamos protegidos por el Espíritu Santo para que la verdad no se desvirtúe, pero en el otro sentido, en lo de aplicar esa fe al mundo para transformarlo, no digo yo que no esté Jesús con nosotros para darnos fuerza y discernimiento, pero ahí no hay infalibilidad que valga, somos hombres que con buena fe intentamos tomar las opciones y decisiones correctas pero nos podemos equivocar. Apoyar la monarquía o no, o no entrar en el tema, son parte de esa postura ante el mundo que puede cambiar (porque cambian las circunstancias o porque cambia la manera de verlo), porque no hay ninguna doctrina al respecto. Lo mismo ocurre con la esclavitud. El Evangelio no trata el problema de la esclavitud como problema en sí mismo, sino sólo dentro del contexto general de las relaciones humanas, por eso dice que si tienes un esclavo debes tratarlo bien, y que si tú eres esclavo debes tratar bien a tu señor, como todo el mundo. Un esclavo tarbajaba gratis, pero hasta no hace mucho en mi país había mucha gente trabajando “gratis” a cambio de cama y comida, así que para la mentalidad de entonces un esclavo era un trabajador solo que sin opción de marcharse. Y no quiero entrar en el tema porque habría fácilmente malentendidos a menos que se analizara esto en mucha profundidad, pero de ahí a decir, como algunos dicen, que Jesús apoyaba la esclavitud va un mundo. Sin embargo está claro que es la predicación de Jesús la que, una vez madurada, terminó por hacer insostenible la idea de que un hombre fuera esclavo de otro. Las primeras aboliciones, hechas en ciudades, dan siempre como argumento el Evangelio. Hasta entonces, en toda la humanidad desde el principio de las civilizaciones, en todo sitio y lugar, la esclavitud se había visto siempre como algo perfectamente natural. Podemos comparar el orden de amos y esclavos con el orden de ricos y pobres. Jesús dijo que siempre habría ricos y pobres pero eso no significa que estuviera de acuerdo en que eso sea así, simplemente lo asumía con realismo y ordenaba medidas para suavizar en lo posible esa situación. Pues lo mismo hizo con los esclavos, aunque ahí no afirmó que siempre había esclavitud, porque ya sabía él que no.

        Dios te bendiga
        Y Dios me ilumine cuando te respondo para poderme hacer entender bien. La verdad es que tus dudas me obligan a pensar e informarme y estoy aprendiendo mucho contigo, gracias.

        Te dejo aquí el enlace a un artículo en 3 partes, que podrá aclararte algunas cosas:
        http://www.infocatolica.com/blog/esferacruz.php/1310030241-iha-cambiado-la-iglesia-su-do
        http://www.infocatolica.com/blog/esferacruz.php/1310090602-iha-cambiado-la-iglesia-su-do
        http://www.infocatolica.com/blog/esferacruz.php/1310150249-iha-cambiado-la-iglesia-su-do

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      • Saludos, le escribo esto un poco enfermo, casi no veo las letras aunque no es para tanto, pero me siento realmente mal, aun así no quiero demorar más mi respuesta y mucho menos la que Usted me proporcionará a raíz de este comentario. Perdóname si soy bastante reiterativo en este estado, pero me da por eso cuando no me siento bien pues la inseguridad me mata. Leí todo lo que me enlazó.
        PENA CAPITAL
        Creo que después de debatir tanto sobre esto ya nos estamos acercando a puntos comunes, aunque todavía tengo con Usted la desavenencia de si ha habido o no cambio de doctrinas. Sé que este es el punto más tenso de esta cuestión, pues por doctrina no entendemos siempre lo mismo, además de que la analogía que establece entre esto y las imágenes pareciera variar el matiz de esta percepción; aun así, todavía no lo veo desde la misma óptica suya.
        Me explico.
        Si bien la etiqueta de doctrina nos parece inmutable, sabemos que esto no es así. Dentro de todo ello que como Usted dice es “las enseñanzas de la Iglesia” existen varios niveles. Los dogmas y otras creencias, que no ha habido necesidad de declararlas como tal, conforman el núcleo irreformable de nuestra fe. Pero son necesarias un conjunto de normas que ajusten al católico a esos principios inmutables según la comprensión de los nuevos tiempos y a esto también le llamamos doctrinas, pero las reconocemos como utilitarias y por ello susceptibles al cambio.
        La Iglesia siempre ha tenido como doctrina (digamos principal, inmutable) la inadmisibilidad de la idolatría y teniendo eso en claro utilitariamente ha formulado otras doctrinas que imposibiliten a la persona incumplir lo esencial o entenderlo en su plenitud. Así la Iglesia en su época primitiva se pronunció en contra de las imágenes, pero entendiendo siempre que ese pronunciamiento era condicional al contexto de aquel momento en donde las formas de espiritualidad y devoción paganas eran predominantes.
        Así mismo la Iglesia “siempre” ha tenido como doctrina esto de la legítima defensa (que aquí sería lo principal) y, como siempre, ha especificado con varias normas los límites dentro de los que dicho principio según el contexto toma una forma aplicativa en la vida real, de carne y hueso. Dentro de esas “doctrinas utilitarias” referentes a la legítima defensa está el recurso a la pena capital, aplicable por el Estado a sus ciudadanos, bajo ciertas circunstancias específicas. Pero es que siempre que esas circunstancias específicas apliquen la pena capital estará justificada, pues no es otra cosa que el cumplimiento de la legítima defensa. ¿Cómo entonces la hacemos INADMISIBLE?
        Ambos estamos de acuerdo en que la justificación que “da” Francisco para diluir esas circunstancias específicas no pasan de ser una caricatura o bien un anhelo con el que todavía muchos de nuestros pueblos no cuentan. Aunque en muchos países sí que el Estado puede inhabilitar mediante prisión al reo, y admito que esto sería principal y sobre ello no me ha dicho tanto. Así que si la Iglesia hoy hace inadmisible la pena capital por una justificación que no sea un cambio de contexto (EL QUE NO VEMOS) está en la práctica modificando una doctrina que sí es principal y es la legítima defensa (si es que esta lo es, porque verdaderamente la principal es “no matar” (con sus matices, pues se refiere “al justo”, etc.)), recordar que esta dice “porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”.
        Es por ello que no veo la analogía tan clara como Usted. Dice “El derecho de legítima defensa no se toca tampoco”, cómo no se toca cuando no podemos aplicar ya la pena capital, por esta ser inadmisible ya que “atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”.
        La Iglesia siempre ha considerado que el “no matar” tiene una excepción: la pena capital ante una legítima defensa y lo ha hecho bajo límites bien extremos, pues nunca ha olvidado que lo verdaderamente principal es el Mandamiento. Cómo entonces diremos que hoy es inadmisible esa pena capital porque “atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona” esto es una farsa, una chapuza, como Usted dice.
        Ciertamente cuando la legítima defensa no sea LEGÍTIMA, o sea, no se aplique ese determinado contexto del que ya hemos hablado tanto, no se admite la pena capital ni matar a quien personalmente le agrede. La Iglesia hoy trata de diluir ese contexto, y reconozco yo que así ha sido, pero lo hace para apuntar un elemento más ya que a la hora de las conclusiones ella es inadmisible por “la inviolabilidad y la dignidad de la persona”.
        Pero profundizando más en esto creo que aquí ni la legítima defensa ni su consecuencia, la pena capital, entran en ese tipo de doctrinas que creemos son inmutables; aunque no tengo elementos para ser tan radical, pues si a priori diría que estamos en presencia de formulaciones de santos y escuelas, pero quien sabe si en realidad no es esta la línea correcta y obligada a la que nuestro pensamiento debería de llegar desde la Tradición y la Biblia. Podríamos decir que estas doctrinas fueron fijadas así en el Medioevo más por las corrientes de pensamiento de aquellos tiempos que verdaderamente por la moral cristiana, y como tal pueden EVOLUCIONAR (pero ???????). A todo esto quizás le podamos agregar que al no estar hablando de doctrinas inmutables quizás lo propuesto por la Iglesia como cambio de contexto, o sea, “la inviolabilidad y la dignidad de la persona” unida a esos otros elementos de relleno sea una postura correcta, a fin de cuentas en mucho he creído a veces tener la razón y al final he tenido que ver en ella a esa Maestra; pero sinceramente no puedo doblegarme a esto, veo aquí un cambio flagrante: antes se permitía y ahora no, y ahora no por una comprensión mayor de lo que el hombre significa, mmmmmmmmm.
        Como Usted yo creo que ya era hora de hacer un cambio, pero uno que llamara a “comprometerse en la abolición de la pena capital” sin declararla inadmisible con elementos infantiles, uno que denunciara la práctica horrenda que existe con ella hoy, etc.. La mayoría de los países, como Estados Unidos, no tienen que hacer de esta una realidad para inhabilitar a sus malhechores y sin embargo la aplican, y aun más, lo hacen como sanción proporcional a un delito cometido y no verdaderamente como una legítima defensa. Creo que la Iglesia tenía que pronunciarse contra esas situaciones, las de China, Norcorea y muchos más. Creo que esta podría haber dicho que la pena capital ya no era necesaria y que no debía de aplicarse dada las nuevas circunstancias, que no había país en donde se aplicara según el mensaje de Cristo y bla bla bla. Pero “metió la pata” al dejar que el modernismo nuevamente la dominara. Pensamos casi lo mismo.
        Como le dije al principio, olvidándome de que soy cristiano, yo paso por la guillotina a un buen puñado de personitas, pero siendo católico creo que solo la admito ante la legítima defensa, pero la ADMITO. No es para mí inadmisible. Si quisiéramos hacerla inadmisible tendríamos que pasar por encima de Tradición y tradición, de la lógica y de nuestro propio sentimiento interno o por lo menos del mío. Piense que si no existe contexto no hay que decir que es inadmisible, pues ya por concepto sería inaplicable. Dice “El derecho de legítima defensa no se toca tampoco, se deja igual, sólo se cambia la aplicación de ese derecho a una nueva realidad.” ¿Cuál? Nuestra comprensión reciente sobre la dignidad del hombre. O sea, un hombre que intente matarme debo de dejarlo por respeto a su dignidad, ¡va! ni Usted se lo cree.
        Dice “La fe no se ha tocado” ¿cuál es la fe?
        Si la Iglesia sin variar la doctrina principal “no matar” puede hacer y deshacer a su antojo o según los tiempos, entonces, qué creemos con certeza. No veo un error en expresión, los que escribieron esto tienen todos más de dos dedos de frente y podían haberlo redactado con decenas de formas y con seguridad escogieron esta por estar más acorde a sus ideas y en ella no se dice que por ya no estar bajo el mismo contexto la pena de muerte es inadmisible, cosa que siempre fue, sino que es inadmisible por una nueva comprensión de lo que el hombre significa. Ciertamente no se ha cambiado una doctrina principal, pero estábamos entonces hasta hoy en un error, si decimos que tan solo hemos evolucionado ¿Cómo sería esto?
        PAPA HEREJE O ANTIPAPA
        Parece que aquí me lo cambiaron, pues yo creía que un antipapa no era necesariamente un hereje ni que un hereje papa era necesariamente antipapa, pues este último término solo hacía referencia al modo fraudulento de su elección. El caso fue que me enredó en esto o quizás yo no le entendí bien, pero bueno, ahora me parece que si estamos en sintonía. No obstante le recuerdo y específico para entendernos mejor.
        Usted me dijo “excepto si ese papa llega a ser en justicia declarado hereje, depuesto y convertido en antipapa”, “Si el papa se sale de madre y cae en la herejía, tiene que ser la propia Iglesia la que se haga consciente de ello y lo expulse, como ha pasado ya en varias ocasiones en el pasado”, “Como te dije antes, si los cambios claros de doctrina empezaran a producirse en el futuro entonces estaríamos ante un papa hereje, es decir, un antipapa, que no sería el primero, y en tal caso quedaría de facto la sede vacante”.
        Lo que yo pensaba “me dijo [Javier] que ha habido papas herejes, no me lo creía. Pues siempre pensé que los antipapas no eran herejes sino que por otras razones no eran elegidos legítimamente o …., pero que sí seguían siendo católicos.”
        Aun más, dice “ha habido otros papas heréticos. Eso no es cierto.” Pero el papa Honorio I fue declarado hereje por el III Concilio de Constantinopla, aunque ahí hay gato encerrado ¿esto nos dice que el papa sí puede ser hereje? Este enlace defiende que no con elementos que me parecen acertados aunque son sedevacantistas: http://www.catolicosalerta.com.ar/pontificado/papa-hereje-apostata-o-cismatico-deja-la-sede-vacante.html
        SANCIÓN DE LOS HEREJES
        De acuerdo con Usted en que la herejía mata al alma como mismo diversos actos al cuerpo y por ello pueden resultar sancionables, pero son merecedores de pena de muerte, pues esta solo es aplicable ante una legítima defensa. Será que en las condiciones medievales los Estados no tenían otra forma de silenciar al hereje que no fuera extinguiendo su vida y por ello la Iglesia permitía estos actos. Y hoy ¿cómo es? Tendríamos que de corazón ansiar la muerte de los herejes que hay por ahí porque matan nuestra alma en legítima defensa ya que no podemos hacer otra cosa. Asumir que nuestras nuevas experiencias sobre una evangelización no obligada, sobre la libertad de pensamiento, sobre la posibilidad de nuestro error y tantas cosas más del mundo moderno, que nos parecen más logros que lastres, son enclaves justos para variar nuestra forma de pensar es EVOLUCIONAR o CAMBIAR. No sé si entiende mi punto, hans un tradicionalista, se sintió ofendido cuando yo le presenté esto, pero es que si él no quiere aceptar una evolución en la aplicación de la pena capital cuando esta daña al cuerpo por qué la acepta cuando se daña al alma. Sería justo que en esto tiempos la Iglesia clame por la vida de todos los heresiarcas, los pasamos a todos por la hoguera y sin leña verde. Jajajaja. No crea que yo lo quiero, solo estiro esto para ver cuánto sacamos.
        Otra cosa que se me ocurre y en donde no estoy muy claro es el pensamiento antiguo de que la consagración era inválida si el sacerdote estaba en pecado. Si hoy pensamos una cosa distinta, ¿cómo sería esto? Ya el sacerdote, aunque esté en pecado, puede consagrar pues esa acción es propia de Crito??? Cambio o Evolución, los de antes estaban mal.
        Quede con Dios

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      • Dices “O sea, un hombre que intente matarme debo de dejarlo por respeto a su dignidad, ¡va! ni Usted se lo cree.” Efectivamente, ni yo me lo creo, esa misma crítica la hice antes y por eso rechazo la explicación que ha hecho el papa. Puede que el cambio esté bien, pero la explicación ciertamente me parece mal enhebrada.

        Todo lo que comentas sobre la pena capital me parece correcto y acertado, y especialmente la diferencia que haces entre doctrina inmutable y doctrinas utilitarias que serían normas para aplicar aquellas. Lo único en lo que no estamos del todo de acuerdo es en las consecuencias que sacas. Inmutable me parece el “no matarás”, y también la excepción en el caso de la legítima defensa (que no es una excepción en realidad sino un caso donde el derecho a la propia vida es superior al derecho de tu agresor a la suya). La postura sobre la pena de muerte es una consecuencia de la legítima defensa. Como bien dices, declararla inadmisible saltando por encima de la legítima defensa sería lo mismo que decir que, en ciertos casos (tal vez muy muy improbables pero no imposibles) no tenemos derecho a la legítima defensa, y eso me parece un error. Pero el error no está en la doctrina inmutable sino en la utilitaria, y en eso si la Iglesia mete la pata, pues la mete, igual que en otras muchas cosas la ha metido y luego con el tiempo ha tenido que rectificar. Lo que yo quiero transmitir es que la doctrina inmutable no ha sido tocada (gracias al Espíritu Santo, que si no las modas humanas habrían puesto todo patasarriba). Por tanto las críticas que podemos hacer al cambio son críticas sobre las decisiones de los hombres, sin tener que cuestionar la infalibilidad de la Iglesia. Las mujeres antes tenían que cubrirse la cabeza para entrar en la iglesia, y los hombres descubrírsela. Ahora esa norma ya no se aplica (aunque está en la mismísima Biblia). Pero eso es también doctrina utilitaria, si se cambia se puede meter la pata, pero no poner en peligro la fe. En ese caso taparse la cabeza ya no tiene ningún significado de decencia o de honrar, así que lo que antes era importante hoy ya no tiene sentido, porque el hecho de taparse o no no es importante, sino lo que ello significa. En el caso de la pena de muerte es cierto que se ha dicho que el motivo principal es el de la dignidad humana, pero afortunadamente se han sentido obligados a dar otra explicación que, sin presentarla como la fundamental, la han tenido que presentar también, que es lo de que ya no es necesario. Y ahí se equivocan, porque hay estados fallidos, pero todo se habría quedado en una mala apreciación de la realidad. Es el hecho de presentar la dignidad como la razón fundamental lo que me obliga a pensar que no es que fallen en el análisis, sino que han fallado en la explicación. Pero eso no afecta a la doctrina inmutable. Si alguien me ataca con un palo y la Iglesia dijera que matarle en ese caso no es legítimo porque con un palo no me puede matar, no puedes decir que la Iglesia en la práctica está poniendo en cuestión la doctrina de la legítima defensa. No, lo único es que en ese supuesto la Iglesia estaría haciendo un análisis incorrecto de la realidad, porque si el agresor tiene fuerza suficiente y el palo es lo suficientemente contundente, por supuesto que me puede matar. La Iglesia no estaría negándome la autodefensa, estaría haciendo un mal cálculo de riesgos, pero no minando la doctrina. Ahora bien, si la Iglesia dijera que en ese caso no me puedo defender porque no puedo matarle, entonces sí estaría negando la legítima defensa. Lo que la Iglesia ahora dice con este cambio es que considera que el Estado tiene otras formas de contener al agresor. De lo que se deduce que si no hubiera otras formas de hacerlo, sí sería legítima la pena de muerte. De lo cual resulta que el llamamiento a la dignidad humana, con ser correcto, no puede anular el derecho a la legítima defensa por mucho que, por motivos de propaganda, prefieran decir que ese es el motivo principal.

        Imagina que digo esto: “Hay que comer para no morir, pero hoy en día que la comida sobra, ya no es necesario comer con el objetivo de no morirse de hambre, el motivo principal ahora para comer debe de ser el disfrute”. En esa afirmación lo primero criticable es eso de que “hoy en día la comida sobra”, porque para mí puede ser una afirmación obvia, pero estaría olvidando que todavía hay muchos sitios donde la gente pasa hambre. Y segundo, estoy dando dos motivos para comer: sobrevivir y disfrutar. Evidentemente el más importante es el de sobrevivir, así que mi error no ha estado en señalar esos dos motivos, que son correctos, sino en priorizar el motivo obviamente equivocado. Eso es un fallo en mi explicación, pero lo que digo sigue siendo correcto. Sería incorrecto si ahora yo eliminara la justificación principal y dijera: “Hay que comer, pero el único motivo para comer es el de disfrutar”. Me dirás que la comparación perfecta sería si dijera “No hay que comer”… pero bueno, la forma de razonamiento sí es la misma.

        Lo de los antipapas ya no recuerdo bien todo lo que te he dicho, pero por lo que me citas creo que me he liado. Lo intentaré de nuevo resumidamente:

        Un antipapa es un papa elegido fraudulentamente. Ese antipapa puede ser hereje o no, eso da igual, la cuestión es que su elección no fue legítima y al final es depuesto.
        Los papas legítimamente elegidos no han sido ninguno heréticos. Como sí te dije, hay varios casos en los que protestantes, ortodoxos y sedevacantistas afirman que sí hubo herejía, pero son casos con muchos matices en donde surgen dudas pero no hay tampoco datos para poder afirmar claramente que cayeron en la herejía. Casos ha habido de malentendidos, de apoyar a personas o ideas que no eran ortodoxas, pero más bien por haber mal interpretado sus ideas o por no haberse dado cuenta de ciertas consecuencias que, en cuanto se vieron, se dio marcha atrás. Ahora no sabría decirte casos de memoria pero en más de una ocasión he tenido que lidiar con esos casos y siempre se puede encontrar la forma de disculpar esas situaciones sin necesidad de concluir que el papa cayó, si quiera temporalmente, en la herejía.

        Lo de la noción esa de si matar herejes es legítima defensa…. De nuevo te digo que ese asunto es excesivamente complicado. Por motivos prácticos, hoy habría que matar a casi toda la humanidad, según los antiguos estándares de herejía. Pero no solo eso. Quien viene a matar tu cuerpo físico, es una situación más fácilmente valorable, y además, si te mata te mató. Pero si alguien viene con sus ideas a intentar convencerte… primero, la situación no es tan evidente, a menudo no es fácil valorar correctamente hasta qué punto sus ideas pueden ser fatales; segundo, no podrá contagiarte su herejía si no es con tu consentimiento y valoración, algo muy diferente al agresor físico (si tú le ayudaras a que te mate, tú mismo estás anulando tu legítima defensa, renunciando a ella), y tercero, aunque sus ideas te llevaran a la perdición de tu alma, tú sigues vivo y por tanto sigues en plenas facultades para buscar de nuevo la salvación, arrepentirte, y tanto al caer como al levantarte estás haciendo uso de tu libre albedrío y tu responsabilidad. Por todo ello a mí me parece que si bien podríamos afirmar que matar el alma es peor que matar el cuerpo, aplicar la pena de muerte al hereje no entra en el concepto de legítima defensa. Por supuesto un cristiano medieval estaría en desacuerdo conmigo. Pero tanto él como yo defendemos igualmente los preceptos inmutables de “no matarás” y de la legítima defensa, lo único que es que el análisis de la situación que hacemos es muy diferente y por tanto a la hora de decidir si en el caso de la herejía se puede o no aplicar la autodefensa, disentimos. No ha cambiado el dogma, ni siquiera ha cambiado la realidad, sino el análisis de la realidad, y por tanto la aplicación. A lo mejor si yo pudiera viajar a la Edad Media podría convencerles de esto mismo con mis argumentos y entonces ellos dejarían de pedir la pena de muerte para los herejes, quien sabe, sería posible, porque estamos hablando de conclusiones, no de doctrina.

        Y en cuanto a lo de la consagración de sacerdotes… lo lamento pero no conozco el asunto del que pareces hablar. Si lo que quieres decir es que los sacramentos son o no válidos si el sacerdote está en pecado, entonces obviamente sí son válidos, no creo que nunca se haya dicho lo contrario. Es más, si un sacerdote se vuelve herético, no por ello el sacramento de la ordenación deja de tener efecto sobre él, porque la ordenación imprime carácter, así que podría seguir ofreciendo sacramentos válidos, incluso a su pesar. Pero a lo mejor me equivoco y tú conoces algún documento o algo que prueba que eso no siempre se consideró así. Pero incluso si así fuera, de nuevo volvemos a caer en el mismo problema de distinguir qué doctrina es inmutable y qué doctrina es mutable. No todo lo que dice la Iglesia tiene que ser considerado infalible y por tanto inmutable. Si así fuera, entre otras cosas, no tendría ningún sentido declarar un dogma, pues si todo fuera inmutable no hace falta declarar una cosa inmutable pues todo lo es.

        Por cierto, siento que estés enfermo, espero que te recuperes pronto. Un abrazo. Con Dios.

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      • Saludos
        Casi en todo de acuerdo.
        “Puede que el cambio esté bien” o sea, ¿está bien el declarar inadmisible la pena capital? Esta bien la intención que cree Usted yace ahí (el motivo principal ahora para comer debe de ser el disfrute), pero lo que se logra es otra cosa (ambigüedad: ¿comemos principalmente para vivir o para disfrutar?) y la justificación que se da es de las más tontas (hoy en día… la comida sobra). Quizás todo no pegue muy bien, pero ya me entenderá ¿está bien el declarar inadmisible la pena capital?
        “si la Iglesia dijera que en ese caso no me puedo defender porque no puedo matarle, entonces sí estaría negando la legítima defensa”, este es el centro de la cuestión. En la práctica lo hace al declarar inadmisible la pena capital, aunque tampoco lo sabemos bien, pues esta diluye la realidad que nosotros vemos. Al final es ambiguo, pues no sabemos cómo actuar. Aunque me gusta penar, y no por agrado, que la Iglesia de hoy falló pues ese inadmisible con su justificación se pretende colar sin la excepción de la legítima defensa, eh ahí el error. Recuerde que si este no fuera el caso ¿para qué tal pronunciación? O por lo menos ¿por qué hacerla con esta redacción?
        Ambos estamos de acuerdo en que la Iglesia no toca una doctrina inmutable sino una que trata de aplicar la primera a la realidad de nuestras sociedades. Pero si la Iglesia determina que la pena de muerte es inadmisible en toda circunstancia (que es lo que inadmisible significa) estaría afectando con ello la legítima defensa. Usted se empeña en decir “Lo que la Iglesia ahora dice con este cambio es que considera que el Estado tiene otras formas de contener al agresor.” Yo entiendo su idea, crea que le capto el mensaje, pero es que para qué habría entonces de hacerse semejante cambio si eso mismo era lo que anteriormente se decía y sin tanta ambigüedad. Recuerde que por lo menos en teoría, antes solo se aplicaba si era el único recurso. Yo veo bien que la Iglesia haga un llamado, una campaña, pues en la práctica la realidad era otra, pero no estoy de acuerdo con ella hoy, para mí metió la pata y aun cuando lo entiendo, no lo superflúo tanto como Usted, esa redacción solo trae más ambigüedad y la justificación que se da no es para mí un error intencionado, sino que es lo que allá arriba verdaderamente se cree. Aunque tampoco creo por sus palabras que lo ponga muy superficial, simplemente, como defiende algo de ese cambio se me muestra por subjetivismo con una postura muy a favor de lo que Usted mismo coincide en que es incorrecto.
        “si te mata te mató” jajaja, de acuerdo, pero cada vez que permitimos ciertas cosas creamos más estructuras de pecados en donde ya ni queriéndonos salvar podremos hacerlo. Pero bueno, yo tampoco quiero matar a los herejes esto se lo decía para ver hasta donde llegamos. Usted dice “es que el análisis de la situación que hacemos es muy diferente y por tanto a la hora de decidir si en el caso de la herejía se puede o no aplicar la autodefensa, disentimos” muy de acuerdo, pero es que lo que pretendía valorar yo como muy correcto es “el análisis de la situación” que ellos hacían. Pues lo mismo hace la Iglesia de hoy (aunque metiendo la pata), cuando decidí hablarle sobre esto fue con un objetivo, recuerde mis palabras “No sé si entiende mi punto, hans un tradicionalista, se sintió ofendido cuando yo le presenté esto, pero es que si él no quiere aceptar una evolución en la aplicación de la pena capital cuando esta daña al cuerpo por qué la acepta cuando se daña al alma. Sería justo que en esto tiempos la Iglesia clame por la vida de todos los heresiarcas, los pasamos a todos por la hoguera y sin leña verde.” Se cambia la interpretación de la situación (aunque no es lo que dice el Catecismo, es lo que en presunción de inocencia nosotros hacemos).
        Lo del sacerdote se lo escuché hace años a un seminarista si algún día le veo le pediré información sobre ello, aunque también creo que carece de lógica, pero nos daría otro punto de apoyo con el que podríamos explicar que las decisiones de la Iglesia pueden variar si esta habla “de utilidades” al servicio de los tiempos. Aunque lo de inadmisible se opone a la legítima defensa.
        En realidad toda esta conversación no la sostengo tanto para saber si la Iglesia ha metido o no la pata, sino para poder caracterizar mejor a los tradicionalistas que me rondan y así poder tomar una actitud con algún tipo de base, aunque sin duda alguna este estudio me ha servido muchísimo y de él disfruto en mis tiempos libres. De esos tradicionalistas según este tema voy creyendo que en algo tienen razón y por eso he decido, como ya le dije, cambiar “mi voto de confianza” hacia ellos, aunque también los empiezo a ver como personitas alarmadas en posición de ataque-defensa, a veces, haciendo un eco vicioso que crea más dificultades por su poca cautela y tacto, pero los entiendo, son poquitos y si no se mueven no se sienten.
        Gracias y quede con Dios.

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      • Pues creo que ya tenemos consenso. En el tema de la pena capital la Iglesia no cambia la doctrina base, sino la aplicación utilitaria, y lo hace explicándose incorrectamente, lo que desde el punto de vista docente genera ambigüedad y confusión. Mi opinión es que entre dejar claro que la doctrina no cambia y dejar claro que la Iglesia es abanderada del progresismo, han optado por lo segundo, lo cual es un craso error, pues si asumes las reglas del juego de otros, te juzgarán por esas otras reglas del juego, no por las tuyas.

        Sobre lo de los herejes no estoy seguro de haberte entendido del todo cuando dices “lo que pretendía valorar yo como muy correcto es el análisis de la situación que ellos hacían”. Yo creo que el análisis que ellos hacían (que es peor matar el alma que el cuerpo) es correcto, y de hecho es lo mismo que dijo Jesús (Mateo 10:28 “Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.”). Lo que no era correcto, en mi opinión, era la necesidad de aplicar la pena de muerte, pues si lo hacían era interpretando que ante un hereje hay que activar la legítima defensa, y eso, por las razones que en el comentario anterior te dije, no es aplicable, pues un hereje supone un riesgo ante el que hay que defenderse pero no un peligro cierto e inminente de muerte espiritual.

        Y a vueltas con los tradicionalistas, te digo una vez más que el término “tradicionalista” se usa para englobar a muchas tendencias opuestas al modernismo, desde el sedevacantismo radical hasta los más moderados, los hay anti-Vaticano-II y los hay a favor del Concilio aunque no de cómo se ha aplicado. Por lo tanto estar a favor o en contra de sus tesis dependerá de qué tesis en concreto tienen esos tradicionalistas de los que hablas. Simplificando, pues, te diría que el modernismo, aunque tenga cosas buenas, en general es una herejía, cuya gravedad es mayor o menor dependiendo de si es un modernismo radical o moderado, pero en toda su gama es herético y fue repetidamente condenado por la Iglesia desde su aparición hasta que en el Vaticano II se hicieron con las riendas de la Iglesia y se disfrazaron con piel de cordero gracias a que se ganaron la confianza y simpatía de los dos papas conciliares y éstos permitieron la puesta en marcha de unas dinámicas que se les fueron de las manos, porque muchas directrices del Concilio pueden ser discutibles, pero lo que realmente se salió de madre fue la aplicación del Concilio, especialmente el modo caótico en el que los modernistas usaron esas directrices para hacer de su capa un sayo e implementar reformas en sus diócesis usando su propio criterio e ignorando en gran medida al papa.

        Ellos empezaron siendo una minoría (casi todos de Alemania, Holanda y Francia) pero estuvieron desde los inicios del Concilio muy coordinados y muy organizados, calculando sus objetivos y el modo de conseguirlos, mientras que el resto, sabiéndose mayoritarios, no se preocupó de nada. Cuando las luces de alarma empezaron a saltar sólo se produjo alarma, pero no coordinación. No fue hasta el final cuando podemos hablar de un mínimo de coordinación entre los obispos que ya podríamos denominar tradicionalistas, así que la mayor parte de los documentos salidos de Vaticano II muestran en su redacción la mano del modernismo, una minoría que supo hacerse con el Concilio.

        Su éxito fue saber llenar las directrices del Concilio de ambigüedades que abrían puertas y ventanas a cambios que los tradicionalistas no podían ni imaginar, de modo que afirmaciones aparentemente inocuas y correctas admitían otras interpretaciones inesperadas. Si el Espíritu Santo flotó sobre ese Concilio fue sobre todo para asegurarse de que ambos papas y el Concilio mismo afirmaran en repetidas ocasiones que el Concilio tenía carácter pastoral, no dogmático, de lo contrario, si hubieran tocado o creado dogmas, habríamos asistido probablemente a una apostasía en toda regla, pues el desprecio de muchos modernistas por la Virgen, los santos, las reliquias y su concepto de que los dogmas son algo así como metáforas para explicar algo, y que por tanto pueden reformularse por completo, sólo habría conducido a la transformación del catolicismo en una rama más del protestantismo, pues en el fondo esa minoría modernista venía cargada de convicciones protestantes, por lo que no es extraño que considerasen Vaticano II algo así como la derogación del Concilio de Trento.

        Pero una vez más el E.S. se aseguró de cumplir su promesa y no dejó que la doctrina fuese mutada (lo que no impidió a muchos mutarla por su cuenta). Es a partir de ahí cuando se desarrolla lo que hoy llamamos corriente tradicionalista, los que se oponen al modernismo, pero como te digo, esa oposición va desde los que rechazaron tanto el Concilio como la Iglesia salida de él, hasta los que simplemente claman por evitar la aplicación errónea de las directrices de ese Concilio, o dicho de otra forma, los que pretenden que se aplique siempre dentro del contexto más amplio del Magisterio y Tradición. Juan Pablo II, por ejemplo, sería un tradicionalista en ese sentido: siempre defendió el Concilio pero se esforzó (con éxito relativo) en dar marcha atrás en muchas desviaciones que se habían ido desarrollando. Benedicto XVI, que fue muy activo en el Vaticano II, perteneció al ala modernista durante el Concilio, pero cuando vio la manera en que las reformas se fueron desarrollando fue también él cambiando de parecer y convenciéndose de que habían abierto una Caja de Pandora difícil de cerrar, y de ser adalid del modernismo pasó a ser el guardián de la doctrina bajo un papa tradicionalista, y cuando fue papa él mismo podemos enmarcarlo ya también en la corriente tradicionalista. Francisco no parece que tenga mucho de tradicionalista, así que ahora los tradicionalistas se sienten fuera de la línea oficial y por tanto ven peligrar a la misma Iglesia, que tiene que adaptarse y evolucionar, pero nunca romper con toda su Tradición, porque precisamente de ahí le viene su credibilidad y sentido, lo que le permite presentarse como una creación divina y no humana. Admitiendo que en la práctica hay muchas diócesis e incluso parroquias (especialmente en Europa) que están bajo la influencia de ideas modernistas en mayor o menor grado, o dicho de una forma más cruda, aceptando que hoy en día la herejía se ha extendido por una parte considerable de la Iglesia hasta el punto de que resulta a menudo confuso identificarla, es lógico que los tradicionalistas se alarmen incluso por cosas pequeñas, incluso por ambigüedades, porque ya hemos visto sobrados casos en los que se abre una grieta para poder luego hacer de ella un boquete. Lo que yo te pediría en este asunto es que camines con mucho cuidado, pues hay entre ellos quienes por su gran celo en tapar una grieta no se dan cuenta de que están ellos también abriendo boquetes. ¿Confuso? Bienvenido al siglo XXI, la Iglesia, como siempre, se ve impregnada del signo de los tiempos, aunque sinceramente, debería esforzarse mucho más por no sucumbir a ellos, pues esa es su misión, ser faro y no ola. ¿Mi receta contra la confusión? En caso de duda acudir siempre a la Tradición y el Magisterio, pues allí está todo claro y eso es lo intocable; pero al mismo tiempo ser consciente de que la doctrina utilitaria debe ir adaptándose a las circunstancias de cada tiempo (NO A LA IDEOLOGÍA DE CADA TIEMPO, que es algo muy diferente y donde a menudo se mete la pata).

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      • Saludos
        “es su afirmación de que siguen siendo fieles a Roma pero… la Roma eterna, no la de Francisco”, creo que se referirán más a la doctrina y fe que de allí emana que no a la autoridad y centro que nuestro papa representa. Incluso en una conversación que tuve con Javier, quien es el superior, me decía que cada día iba perdiendo la confianza en Francisco y que ya no sabía si simplemente estaba equivocado o si era hereje. Esto me asombró de él, pues a pesar de la crítica aguda y extrema que suelen tener de todo lo que el papa dice y hace, nunca habían llegado a tensar la cuerda de esta forma. Cuando le pido explicación me las da y el peso de ello, creo que me convence como para que también yo vea una diferenciación entre “esa Roma eterna” y “la de Francisco”.
        “poniendo su criterio por encima del de la cabeza de la Iglesia”, esto es algo que a veces me ocupa y preocupa, en realidad he pretendido usarlo contra Javier, quien me planta de orgulloso y soberbio por no aceptar yo de cuajo todo lo que me propone y osar compartirle mi opinión, para mí más soberbia tiene él quien cree ser asistido por la Verdad en detrimento de papas, obispos y un largo etcétera. Pero su defensa contra esto también me convence, ya que el apela a la Tradición y al Magisterio anterior de la Iglesia para defender sus prácticas y criticar las de hoy.
        Dice que este asunto de la pena capital en el Catecismo de hoy no es infalible y es que nunca lo fue como tal, en una carta de Benedicto XVI este escribe “No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia.” Pero lo que hoy tenemos en el Catecismo no es eso ya que es ambigua la explicación que pretende justificar la inadmisibilidad de la pena de muerte, pero que esta a partir de hoy es inadmisible no trae dudas. Ese “define” lo veo claro es “inadmisible” lo que me parece enmarañado es la explicación, la justificación. Aunque también le doy la razón en que ese inadmisible es ambiguo al no saber el alcance del mismo, aunque siendo realistas sabemos que no es así: inadmisible es inadmisible, adiós legítima defensa. Por ello eso de que “no tenemos que creerlo” me parece un poco relativo cuando sí tenemos “que acatarlo”, aunque entiendo su punto de vista, pero es el mismo que hemos sostenido, las doctrinas utilitarias deben cumplirse por obligación pues son decretos, leyes, etc. de la Iglesia, pero no hay que creérselas como dogmas inmutables, pero es que en algo hay que creérselas, pues ¿tiene autoridad la Iglesia sobre mí para pronunciarse de esta forma ilegitimando lo que antes era permisible? y si la tiene tengo yo que OBLIGATORIAMENTE acatar. Lo único que salva esto y que en un momento se lo dije: la Iglesia tiene autoridad para este tipo de cosas, lo que ha pasado simplemente es un desarrollo de la doctrina o que la Iglesia medieval siempre estuvo errada, la verdadera práctica cristiana es ser sumisos ante la muerte. Si hay que anotarse en alguna de estas posibilidades para salvar a Francisco, me quedo con la segunda jajaja.
        También creo que no es lo mismo esa legítima defensa en lo personal que me lleva a matar que esa legítima defensa del Estado, pero Usted dice “o a la de los tuyos” y me parece que es eso lo que el Estado hace, defender sus ciudadanos. Claro que cuando es por “si acaso” esta no debe de aplicar, pero es que acaso el Catecismo antiguo o la práctica antigua no dejaban esto claro, al menos en teoría, por qué ahora hay que declararla inadmisible. Recordemos que por lo menos yo no estoy defendiendo la pena de muerte, aunque en lo personal sí lo haga un poco, sino la posibilidad de que el Estado pueda aplicarla bajo extremas circunstancias y no necesariamente que esta sea inadmisible.
        Pero recordemos que esto ha evolucionado o, quizás mejor, se ha desarrollado y lo que hoy vemos como secundario por necesidad a la legítima defensa en un principio no fue así, sino que el Estado aplicaba esta sanción debido a la gravedad del delito, como se sigue haciendo hoy.
        De ahí veo yo que los tradicionalistas aceptan el primer cambio y no el segundo y si partimos de que esto es correcto, que a mí no me queda del todo claro que sí lo sea, tendremos que admitir que antes el Estado solo “podía” aplicar legítimamente la pena de muerte ante la legítima defensa de sus ciudadanos (valga la redundancia jajaja), por lo que un “por si acaso” no encaja aquí, es un poquito demagógico, es pretender sensacionalizar (existirá la palabra, amarillista) la realidad que pretende la teología católica que se aplique. Así que si el Estado captura a un asesino en serie al que no puede inhabilitar ni rehabilitar y en consecuencia lo mata, yo lo veo correcto según la teología católica. (Sé que esto en la práctica no se cumple verdaderamente y es por ello que hans lo resumió diciendo que la Iglesia se la pasaba en un plano subjetivo, en la práctica la condenaba cuando en lo abstracto la apoyaba, ABSTRACTO.)
        Romanos 13 nos sirve para justificar el hecho de que los Estados puedan ejecutar a sus ciudadanos siempre y cuando se den las condiciones, práctica que también la Iglesia superó en ese primer cambio. Pero Pablo deja claro algunas de estas circunstancias y aquí precisamente al Estado le dice que es siempre que se mantenga dentro de sus límites aprobando el bien y reprimiendo el mal (3 y 4). “Para el caso de injusticia y abuso de poder, tenemos la respuesta tajante de San Pedro ante una orden del sanedrín: “Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hc 5:29)”, lo mismo que Usted decía. Pero es que acaso la inadmisibilidad de la pena de muerte es de Dios, mira que entiendo su punto, pero se resume a esto, y sería correcto que nos obligaran a pensar que Dios rechaza la pena capital, ¿esta es inadmisible?
        Ese libro nunca lo he oído, y lo que me dices supuestamente de él es una teoría que desde el principio yo he pretendido que Usted encause, aunque al igual la veo muchísimo menos probable, pues tendríamos que declarar en el error a decenas de hombres santos, doctores, etc., así como a la casi toda Iglesia medieval. Me atrevería a pensar que la Iglesia de las catacumbas no dijo nada sobre el tema, por su situación de persecución y que los que se opusieron a Bizancio lo hicieron por creerlo incorrecto, aunque si dice el libro que solamente fue por el hecho de matar al alguien, ni sé entonces que creer.
        “¿podríamos considerarlo Estado?” creo que sí, cuando digo Estado me refiero a la autoridad más amplia de un país y no necesariamente a una autoridad sofisticada que cuente con sistemas de rehabilitación o cárceles y etc., digo Estado por el peso de la práctica, pero quizás debiera de ser la autoridad suprema o algo así, creo que tiene la idea.
        No bastan calabozos hay que dar de comer, de bañarse y bla bla bla y ahí sí que nadie nos puede obligar a nada. Pues con mucho gusto ayudaría a una personita asesina que se vaya a rehabilitar o a cualquiera que lo necesite sin que sea asesino, violado o…., pero a uno de estos tipitos no les engordo la barriga. Así que unos barrotes no es lo único que hace falta para inhabilitar a nadie, pues al final que se pudra allí por caquexia sin homeorresis es sancionarlo con la pena de muerte lo que por hambre y no por fusilamiento. En esto discrepo. Estado no es civilización sino autoridad superior y el que este pueda o no inhabilitar dejo mi pregunta tal y como está. Dado el caso de que el Estado no pueda inhabilitar al asesino ya no lo podría matar, cuando antes sí podía. (Nuevamente recuerdo las palabras de hans, esto sería en lo abstracto, pues difícilmente los Estados no tengan esta capacidad. Pero yo dejo el diapasón abierto, al análisis de la situación de cada momento de si sí se puede o no inhabilitar y no lo declaro de tajo inadmisible).
        El artículo que me enlaza cuando deja ver que es casi imposible que en la práctica el papa falle lo hace presuponiendo el dogma de su infalibilidad, pero es que por ejemplo Francisco nunca ha hecho uso de su infalibilidad papal, como tampoco su predecesor, sino me equivoco, excepto quizás a la hora de canonizar, y aun así estás cambiando y diciendo cada cositas que aunque no sean “desde la cátedra” nos revuelcan la Iglesia.
        “No se trata de confiar en el papa sino en Jesús por sus promesas”, vale pero esto me parece que se matiza mucho entre ellos, incluso los sedevacantistas tienen una teoría medio rarita que explica que siempre que quede un rebaño fiel, aunque no cuente con el papa, la promesa sigue vigente. Además tenemos que la Iglesia o al menos uno de sus doctores sí ha reconocido la posibilidad de que un papa legítimo sea hereje. Sí la Iglesia se desdice en lo dogmático yo siempre he prometido a mis amigos protestantes y otros que me iría de ella, hoy me parece según los avances de la película, que debería de empezar a empacar, jajaja. Sí la Iglesia hace esto pierde la garantía que siempre me hadado para que por encima de todo la vea como obra divina, quizás esté equivocado, pero es lo más importante que aprendí de esta y por lo que decidí a enteras hacerme católico.
        Sé que nuestro modernismo que en esencia se traduce en nuestra apreciación relativa de cuanto nos rodea quizás nos salve al creernos miopes para verdaderamente entender que con algún pronunciamiento la Iglesia de hoy desdice a la de ayer en dogmas. Siempre, sí, siempre nos haremos los bobos o los inteligentes a la enésima y defenderemos algo hasta lo imposible si así queremos. A fin de cuenta quién dice la Verdad, cómo lo sabremos. Si ayer se dijo blanco y hoy se dice negro, diremos que no hay cambio solo apreciación del lenguaje, refracción diversa de los rayos del sol, etc., aun cuando la práctica nos declare tontos.
        Eso de omissis se lo pregunté pues me pareció que era algo del latín o que andaba por ahí, quizás sea porque me he acostumbrado a que los tradicionalistas estos dicen por per cápita de 5 palabras en español 1 en latín jajajaa, tampoco es tan así. Pero estaba en un texto que Usted me enlazó, no crea que pregunté por preguntar.
        Gracias y que Dios le Bendiga.

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      • Hola Jose Carlos

        Sobre lo de la “Roma eterna” autoridad y doctrina o van juntos o mal andamos, aunque quizás lo que ellos quieren decir es más que aceptar o no la doctrina de Francisco sería aceptar o no “el talante” con el que Francisco maneja la doctrina. En tal caso ninguna objeción, pero si lo que se rechaza es la doctrina que defiende Francisco entonces sí se estarían poniendo de facto fuera de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

        Dejemos de entrada una cosa muy clara: hay doctrinas que se pueden cambiar y otras (dogmas) que no. Para aquellas que pueden cambiarse, el papa ha recibido de Dios autoridad para cambiarlas si lo considera necesario, y un cambio de esos te puede gustar o no pero igualmente has de acatarlo.

        Si mañana Francisco decidiera permitir a los curas que se casen te podría parecer o no adecuado pero no va en contra del Evangelio, de hecho en los primeros siglos se casaban. El dar la misa en latín o español te puede parecer más o menos adecuado, pero tampoco supone romper nada inmutable, que también la Iglesia de los primeros siglos usaba en sus misas y biblias el lenguaje de cada pueblo… y un largo etcétera. Tú puedes pensar (y estoy usando el “Tú” impersonal) que el hecho de que el cura dé la misa mirando al pueblo en vez de mirando al sagrario es peor por las consecuencias sicológicas que tiene (¿el sacrificio se dirige a Dios o al pueblo?), y puedes argüir apasionadamente en uno u otro sentido, pero hacer la misa de un modo u otro no supone romper ninguna doctrina inmutable, es sólo considerar que los beneficios de una postura superan a los perjuicios, y en eso podemos opinar de formas diferentes, pero cuando “habla Roma, causa finita”. Lo que quiero decir es que se pueden cambiar muchísimas cosas sin que ello suponga romper con la Tradición, y por supuesto los cambios te pueden parecer bien o mal, pero no se puede pensar, como hacen algunos, que cada cosa que cambia Roma es una traición a la Iglesia, como si todo el legado de la Iglesia fuera inmutable.

        No podemos olvidar que el poder que Jesús dio a su Iglesia fue el de atar, pero también el de desatar. Una verdad (doctrina dogmática), sólo se puede reconocer, admitir, no se ata ni se desata, pero una manera de actuar (doctrina utilitaria) sí pude atarse y desatarse según la Iglesia lo considere oportuno. Al principio los sacerdotes podían casarse, pero luego la Iglesia decidió (con sus buenas razones, por supuesto) que no, y no fue una opinión, fue una orden, el celibato quedó atado. Si mañana lo desatara quedaría desatado, tal como dijo Jesús. Otra cosa es por ejemplo la indisolubilidad del matrimonio. Eso podría considerarse doctrina utilitaria y por tanto desatarse, pero quien lo dejó atado fue el mismo Jesús, así que la Iglesia no tiene poder de atar y desatar en contra de Jesús. También ahí se podría argüir que el matrimonio no es en realidad doctrina utilitaria sino una verdad, pues al casarse hombre y mujer (que así también lo estableció Dios) dejan de ser dos para convertirse en una sola carne, por eso el vínculo queda indisoluble y podemos considerar que la indisolubilidad del matrimonio es una verdad y no una doctrina utilitaria.

        Los sedevacantistas parecen considerar que la Iglesia puede atar, pero no desatar, y parece que a partir de Juan XXIII cada cosa que se desata es una ruptura contra la Tradición, pero de ese modo la Iglesia no tendría capacidad de adaptarse a los tiempos del modo que mejor considere oportuno. Otra cosa es que a nosotros personalmente nos parezca afortunada o no la manera concreta en que la Iglesia se adapta, pero al igual que las leyes del Estado nos conciernen y debemos acatarlas aunque nos parezcan equivocadas, así mismo las leyes de Roma debemos acatarlas aunque nos parezcan inadecuadas, porque ¿quién somos nosotros para considerarnos mejores que el papa? Acatar no significa necesariamente estar de acuerdo, pero sí significa obedecer.

        La fórmula de “atar y desatar” en el lenguaje jurídico judío significa prohibir o permitir, y la autoridad para hacerlo se la dio Jesús a Pedro (Mateos 16:19) y a él en exclusiva, junto con las llaves, declarándole “primer ministro” del Rey (Jesús) capacitado para actuar en su nombre, usando la misma fórmula aplicada al primer ministro del rey David (Isaías 22:20-23) precisamente en un contesto sucesorio, de modo que Jesús concedió ese poder a Pedro y a sus sucesores los papas. Si las llaves del Reino (la Iglesia) están en poder del papa para atar y desatar, libre albedrío tenemos para decidir estar dentro o fuera, pero quien quiera estar dentro tiene que acatar la autoridad de quien las tiene porque Jesús fundó una Iglesia y entregó a Pedro las llaves, las mismas que pasan de papa en papa y ahora están en manos de Francisco. Guste o no guste Francisco, las llaves que tiene en sus manos son la autoridad de Jesús, y Jesús le dio poder para ejercer esa autoridad en su nombre. Si confiamos en Jesús debemos tener la seguridad de que Él puede permitir que los hombres (papas o no) hagan las cosas mejor o peor, pero no va a permitir que ningún hombre use Sus llaves para destruir con la herejía Su Iglesia, pues ese fue el límite que puso a la libertad humana, que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

        Lutero no nació protestante sino católico, pero llegó un momento en que pensó que su interpretación de la Biblia era mejor que la del papa, y con toda su buena fe la lio parda, por soberbia intelectual. Llamando hereje al papa se convirtió a sí mismo en hereje. En el otro extremo San Francisco se escandalizó de la Iglesia de su tiempo y quiso cambiarla profundamente, pero precisamente por ser 100% católico jamás puso en duda la autoridad del papa, aunque no aprobase el modo en que la Iglesia era conducida por el papado y pedía reformas. Muchos santos, al estilo de San Francisco, estaban también en desacuerdo con la forma de gobernar la Iglesia y clamaron por reformas, pero no pusieron en duda la autoridad del papa. Si realmente de quien hablas usa la Tradición para dudar del papa, yo acudo precisamente a la Tradición para afirmar que no es posible dudar del papa, y aún más, acudo a la Biblia para negar tal posibilidad, pues eso significaría que la promesa de Jesús ha resultado un engaño. A veces cuesta trabajo digerir ciertas cosas, pero más trabajo le costó a Jesús digerir algunas cosas de la voluntad del Padre, y también le costó a Abraham entender el mandato de Dios de sacrificar a su hijo. No lo entendió pero acató su autoridad ciegamente, y sólo después comprendió el sentido de ello. Dios ilumina al papa, no a nosotros; en cuestiones doctrinales nosotros somos falibles, el papa no. Si algo cambia, será que se puede cambiar, porque en lo inmutable la promesa de Jesús nos garantiza que nada será destruido. Así que si razonamientos humanos nos hacen dudar y dar vueltas sin verlo claro ¿podremos considerar nuestras dudas suficientes para declarar que Jesús ha roto su promesa? ¿No será más fácil admitir que nuestro razonamiento falla? Los teólogos protestantes no son gente necia sin conocimientos, son eruditos entendidos y tan inteligentes como los nuestros, pero ellos sólo tienen sus recursos humanos y por eso yerran; nosotros en cambio somos una Iglesia fundada sobre la Roca de Pedro, y esa Roca tiene protección divina. Cuando el hombre pone en su mente toda su fe y se olvida o desconfía del poder de Dios, avanzamos a nuestra propia perdición. “Padre, Señor del cielo y de la tierra, te alabo porque has ocultado todo esto a los sabios y entendidos y se lo has revelado a los sencillos. Sí, Padre, así lo has querido tú.” (Lucas 10:21) El relativismo que hoy impregna todo y la pérdida de respeto a todo tipo de autoridad que caracteriza a nuestros tiempos nos afectan a todos inevitablemente, así que debemos estar alertas para no caer en la herejía de pensar que yo tengo las llaves del Reino y sé cómo hay que dirigir la Iglesia, y si el papa hace y dice lo que yo considero correcto entonces es que el papa es estupendo, pero si no, es que el papa lo hace mal. ¿Y si soy yo el que estoy equivocado? Dices que Javier a veces duda de si el papa será o no un hereje. ¿Tiene dudas? ¿Y simplemente por dudas ya se plantea que las promesas de Jesús hayan podido quedar incumplidas? ¿Tan poco se fía de Jesús? Jesús no prometió que siempre tendríamos papas perfectos, bien malos han sido algunos, lo que prometió es que nadie, ni el mismísimo infierno (y menos un papa) tendría el poder de destruir la Iglesia, y el papa, legítimamente elegido, está a la cabeza y tiene la autoridad en ella.

        Volviendo a la pena de muerte te planteas el dilema: “la Iglesia tiene autoridad para este tipo de cosas, lo que ha pasado simplemente es un desarrollo de la doctrina o que la Iglesia medieval siempre estuvo errada”. Creo que ninguna de las dos cosas. Una doctrina dogmática puede profundizarse, comprenderse mejor, evolucionar (que no cambiar), pero una doctrina utilitaria puede cambiar. Cuando la Iglesia ordenó a los sacerdotes ser célibes eso fue un cambio, no implica que la Iglesia de antes estuviera errada al permitirles casarse. Un hombre casado del siglo V podía ser ordenado sacerdote y luego casarse, ese mismo hombre en el siglo XIX no podría ser ordenado sacerdote y casarse. Quién erraba, ¿la Iglesia del siglo V o la del siglo XIX? Ninguna de las dos, simplemente la doctrina referida a ese asunto cambió porque así lo decretó un papa.

        Sigues pensando que al declarar la pena de muerte inadmisible se está invalidando el recurso a la legítima defensa (“inadmisible es inadmisible, adiós legítima defensa”). Yo no estoy de acuerdo y ese asunto ya lo expliqué en mi respuesta anterior. Legítima defensa es matar para evitar que te maten, no matar para evitar el riesgo de que a lo mejor te maten, y un Estado puede neutralizar a un criminal con la prisión. Como te dije, si un Estado no es capaz de tener a un criminal en la cárcel entonces no estamos hablando de un Estado, sino de un territorio sin ley bajo el control de guerrillas y mafias y en tal caso no se puede hablar de pena de muerte (para eso se necesitaría un Estado organizado) sino ejecuciones y asesinatos. Si antiguamente se legitimaba la pena de muerte no por legítima defensa sino como una forma de castigo extrema para un crimen extremo, pues ahora la Iglesia ha decidido que son tiempos para enfatizar la misericordia y la dignidad humana y por tanto ya no la legitima como castigo tampoco. A lo mejor en el futuro vienen tiempos en los que se necesite enfatizar la autoridad y el orden y la Iglesia decida autorizarlo otra vez, no lo sé, sólo creo que la Iglesia puede atar y desatar y volver a atar y luego desatar si lo considera apropiado, porque las circunstancias no avanzan siempre linealmente sino que podemos movernos en ciclos y por tanto sea necesario hacer, deshacer y rehacer las veces que hagan falta en cuestiones utilitarias.

        Preguntas “Pero es que acaso la inadmisibilidad de la pena de muerte es de Dios, mira que entiendo su punto, pero se resume a esto, y sería correcto que nos obligaran a pensar que Dios rechaza la pena capital, ¿esta es inadmisible?”. Respuesta: Dios ha dado a la Iglesia poderes para tomar ese tipo de decisiones y ha dicho que “lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo”, así que el planteamiento no es tanto que Dios esté a favor o en contra de la pena de muerte, sino que a Dios le parece bien lo que la Iglesia decida al respecto o al menos lo acepta y lo refrenda, así que en la práctica tienes que aceptar esa norma como proveniente de Dios, pues es la autoridad que está detrás de ello.

        Dices “Ese libro nunca lo he oído, y lo que me dices supuestamente de él es una teoría que desde el principio yo he pretendido que Usted encause, aunque al igual la veo muchísimo menos probable, pues tendríamos que declarar en el error a decenas de hombres santos, doctores, etc., así como a la casi toda Iglesia medieval.” En cuanto me devuelvan el libro buscaré esa información, a ver si esta ahí. Pero de nuevo te digo que ni santos ni doctores estarían equivocados en la fe si apoyaban la decisión de la Iglesia cuando era una y cuando era otra.

        Dices: “¿podríamos considerarlo Estado? creo que sí, cuando digo Estado me refiero a la autoridad más amplia de un país y no necesariamente a una autoridad sofisticada que cuente con sistemas de rehabilitación o cárceles y etc.”. El tema no es si tú o yo lo consideramos Estado, el tema es qué entendía por “Estado” el papa que autorizó esa redacción del asunto o qué entiende por “Estado” el papa actual. Según mi concepción de Estado (un ente organizado con capacidad de control) es imposible que un Estado no tenga otro recurso para controlar un criminal que matarlo, y no sólo capacidad de encerrarlo, sino de mantenerlo alimentado y cuidado mínimamente. ¿Qué concepción tendrá Francisco del “Estado” la tuya o la mía? Si no lo sabemos será mejor siempre tomar la opción mejor para no pensar mal innecesariamente.

        Preguntas también “¿tiene autoridad la Iglesia sobre mí para pronunciarse de esta forma ilegitimando lo que antes era permisible?” Por supuesto que sí. La Iglesia tiene total autoridad sobre ti en cuestiones que atañen a la fe y la moral, y también en cuestiones de funcionamiento de la Iglesia. Hoy te puedes tatuar una ballena en la barriga si te apetece, pero si mañana la Iglesia decide que tatuarse es profanar tu cuerpo, el cual es “templo del Espíritu” y por tanto ningún católico debe tatuarse…, pues a partir de ese momento tienes la obligación de no hacerlo; lo que antes estaba permitido ya no, “atar y desatar”. Cuando digo “tienes la obligación de obedecer” me refiero, por supuesto, si quieres seguir perteneciendo al Pueblo de Dios. Si prefieres desobedecer y salirte de la Iglesia tienes total libertad para hacerlo. No olvides que un papa puede ser un buen papa o un mal papa, pero en cualquier caso siempre será un papa y por tanto tendrá la autoridad que Jesús le ha concedido para ejercer su cargo.

        Dices: “Además tenemos que la Iglesia o al menos uno de sus doctores sí ha reconocido la posibilidad de que un papa legítimo sea hereje”. No sé a qué doctor te refieres pero cuidado, no se puede poner en duda la infalibilidad papal aduciendo a la infalibilidad de los doctores de la Iglesia. Según la propia lógica de la Tradición, los doctores no son infalibles, y sus opiniones se consideran parte de la Tradición sólo cuando coinciden con la de la mayoría, es decir, si un doctor o padre de la Iglesia dice algo que los otros contradicen simplemente se considera que en esa afirmación se equivocó, pues no son infalibles. Tampoco los santos son infalibles. Sólo el papa tiene capacidad de “sentar cátedra” por sí solo.

        Dices: “incluso los sedevacantistas tienen una teoría medio rarita que explica que siempre que quede un rebaño fiel, aunque no cuente con el papa, la promesa sigue vigente”. Sí, eso mismo piensan los protestantes, de modo que ellos (cada rama por su cuenta) afirman ser el rebaño fiel en donde se cumplen las promesas de Jesús, pues la Iglesia Católica, si es que alguna vez fue verdadera, se descarrió. En esa lógica coinciden protestantes y sedevacantistas. Qué curioso que el excesivo celo de unos termine por legitimar la herejía de los otros. ¿Una Iglesia verdadera y sin papa? Imposible. Jesús fundó su Iglesia sobre la roca de Pedro, papa e Iglesia son dos conceptos inseparables.

        Dices “Sí la Iglesia se desdice en lo dogmático yo siempre he prometido a mis amigos protestantes y otros que me iría de ella, hoy me parece según los avances de la película, que debería de empezar a empacar”. Tienes razón, si la Iglesia se desdice en lo dogmático entraría en contradicción consigo misma y su autoridad desaparecería. De nuevo el asunto es qué es un dogma. Si consideras que todo lo que dice la Iglesia es un dogma entonces puedes estar seguro de que un año después de morir Jesús su Iglesia ya se había desdicho en un montón de cosas. El mismísimo papa Nº 1, Pedro, dio normas que luego en el Concilio de Jerusalén “desdijo”. La doctrina utilitaria se puede cambiar, y la Iglesia ha hecho en ello cambios constantes desde el principio. Lo que no puede hacer es cambiar la verdad, el dogma, y el asunto de la pena de muerte no es una verdad sino una norma y por tanto se puede cambiar. Me apena mucho eso que dices pero lo entiendo porque yo haría lo mismo, lo trágico sería que te marcharas de la Iglesia a causa de una mala comprensión del dogma.

        Dices “Si ayer se dijo blanco y hoy se dice negro, diremos que no hay cambio solo apreciación del lenguaje, refracción diversa de los rayos del sol, etc., aun cuando la práctica nos declare tontos.” No se trata de eso, si en el siglo III se prohíbe venerar imágenes y en el siglo VIII se incita a adorarlas es claramente un cambio (un “desdecirse” como dirías tú) y no hace falta darle vueltas para fingir que no cambia nada, pues de negro se pasa a blanco. El asunto es que eso es algo que la Iglesia tiene autoridad para cambiar. Si ayer dijo que María nació Inmaculada y hoy Francisco dijera que no es así, entonces sí que estamos ante la destrucción de un dogma y yo hago las maletas y me voy contigo.

        Dices”Pero estaba en un texto que Usted me enlazó, no crea que pregunté por preguntar.” Jaja, en absoluto se me ocurriría pensar que tú haces una pregunta sólo por preguntar.

        Que Dios te ilumine y camina con prudencia

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    • Saludos
      Creo que tenemos consenso en cuanto a que todo ha sido dicho, pero hay un mal de fondo que aun no me queda claro y es que como ya le he escrito Usted interpreta la nueva letra del Catecismo con el consuelo de hallar allí, entre tanta locura, una justificación (lo mismo que yo al principio) y he ahí en donde no acordamos. Lo que hace es desde la teoría que le posibilita la no experiencia sobre esto poder armonizarlo casi todo.
      Creo verdaderamente que el objetivo “de” Francisco era declarar inadmisible la pena de muerte he hizo de tripas corazón para lograr su propósito. No podía simplemente limitarse a decir que el Estado de hoy contaba con recursos suficientes para inhabilitar a los reos y por ello la pena capital era ya inadmisible, pues esto además de falso tiene muchas lagunas a nivel práctico y porque por encima de todo no habría dicho nada nuevo ya que el Catecismo dejaba bien claro el extremo con que dicho recurso debía de aplicarse. Esto no certificaría para nada la finalidad de él y por ello decidió justificar el asunto con un razonamiento infranqueable, eso de la dignidad y la inviolabilidad de la persona humana.
      El punto es que la Iglesia está declarando inadmisible lo que no es inadmisible, la justificación que da es una “chapuza”, y además deja fuera la legítima defensa, pues lo inadmisible es inadmisible.
      Dice “la Iglesia no cambia la doctrina base”, claro si es que no sabemos cuál es esa doctrina base o inmutable, pues yo no creo como Usted que eso de la legítima defensa sí lo sea (en dónde está esto en el depósito de la fe), pero si fuera de su opinión y creyera que la legítima defensa es inviolable entonces tengo que admitir o que ella está cambiando lo incambiable al decir que la pena capital es inadmisible (lo que la pone por encima de su legítima defensa) o siendo ambigua. Pero lo último es una apreciación forzada ya que no tenemos casos prácticos para saber y a juzgar por la letra esto ahí no cabe.
      Según el nuevo Catecismo ¿podría un Estado condenar con la pena de muerte a un individuo que no pudiera inhabilitar como asesino? La respuesta es NO, por su dignidad y bla, bla, bla. Y por extensión de esto ¿podría yo matar a quien mortalmente me agrede si no hay otra alternativa?
      Francisco quiso eliminar lo que no es eliminable, la pena capital bajo ciertas circunstancias puede y debe ser aplicada. Quizás esté yo equivocado o quizás el cree que no CAMBIÓ sino que EVOLUCIONÓ la doctrina y con su propia justicia y atmósfera intelectual o entre tantos aplausos se autoengañe. Pero a lo sencillo, como yo lo veo, metió la pata, pues la pena de muerte no es por sí contraria a la fe católica. Quizás hoy, en la práctica cotidiana, ya no es aplicable; fíjese como la mayoría de los países que lo hacen no lo justifican como legítima defensa sino como una sanción proporcional a un delito (esto también daría para varios comentarios, pues muchos santos, entre ellos Pablo, el primero, también así la aceptaron) y podríamos decir mucho más en detrimento de la pena capital en la actualidad; pero nunca podríamos justificar que esta es inadmisible ya que no es contraria a la fe católica, lo vuelvo a repetir. Que hoy sea impracticable según nuestra fe no es lo mismo que inadmisible. Que la Iglesia se expresó mal no me convence, pues los que por esa redacción optaron nos superan por intelecto (al menos a mí) abismalmente.
      Hans me escribe lo siguiente, aunque son cosas que ya hemos dicho, lo expone con claridad: “Inocencio III se lo exigió a los valdenses como artículo de fe, en el siglo XIII había que aceptar la pena de muerte para ser católico. Hoy, hay que negarla para serlo. Los valores de la fe se DESARROLLAN, pero no cambian o EVOLUCIONAN. O Inocencio III se equivocó ayer o lo hace Francisco hoy. Un desarrollo de la doctrina es el hecho de que antes se aceptaba y que “hoy” se acepta en casos tan puntuales que la postura de la Iglesia es apoyarla en abstracto y condenarla en la práctica. Pero decir que la postura ha evolucionado hasta el punto de que niega lo que era su esencia anterior es erróneo. Vaya, que pasó primero de B, a B si se cumple X, y por último a No B aunque se cumpla X.”

      HEREJES
      Dice “pero no un peligro cierto e inminente de muerte espiritual.” Bueno, a esto le temía y en ello no quería entrar, pero ya que viene el tema, sucede que muchos de los textos que tengo que hablan a favor de la pena de muerte en la Iglesia no justifican esta solo en caso de legítima defensa sino también como sanción proporcional a un delito. Es por ello que si los Tradicionalistas dicen que allá se aplicaba de esa forma, o sea que la herejía como delito se pagaba con la muerte, cómo es que ahora aceptan que los herejes anden y digan lo que desean sin ansiar ni su muerte y sin embargo se exasperan cuando la Iglesia varía “el análisis de la situación” para los delitos graves contra el cuerpo. Estoy más que seguro que no es de la fe tradicionalista el matar a los herejes y eso porque la sociedad los ha contaminado con muchos puntos de vista que han adoptado como propios, mirándolos más con los ojos humanos que al fin y al cabo todos tienen, que con la letra áspera de la Biblia y la Tradición (o quizás todo lo contrario jajaja). La cuestión es que lo mismo hace la Iglesia de hoy, endiosando al hombre reduce lo que por malo le toca, jajaja.
      Podemos decir que la Iglesia permitió y decidió la muerte de miles de personas herejes equívocamente. Pues con seguridad muchos de ellos no iban a lograr convertirse e iban a arrastrar consigo a otros más, pero quien quita que de esos tantos algunos se arrepintieran. Entonces, ¿la Iglesia se equivocó en tema tan medular? ¿Cómo defenderé la SANTA Inquisición, las cruzadas, etc.? si la Iglesia cambió un mandamiento tan claro “no matarás” por un análisis retorcido de la realidad o de las probabilidades con las que nos podemos perder, acaso SE EQUIVOCÓ, bueno puede ser…..
      TRADICIONALISTAS
      Los que yo conozco están incluso a favor del Concilio, aunque achacándole su ambigüedad que al traste permitió una aplicación que se tradujo en destrozo para la Iglesia y la fe.
      Lo que me dice sobre los modernistas y su actuar es exactamente como lo describen ellos.
      “los documentos salidos de Vaticano II muestran en su redacción la mano del modernismo, una minoría que supo hacerse con el Concilio.” Gracias a Pablo VI muchos de esos documentos fueron cambiados en su redacción original, así que entre tanta sombra una, u otra, luz. Lástima que no brilló con intensidad.
      Pero es que a mí me cuesta creer que esos obispos modernistas sean realmente malos, claro que estoy viendo esto con una óptica infantil, como si necesariamente la división fuera buenos/malos, pero Usted creo entenderá lo que quiero decir. La culpa es de la Iglesia que no supo mostrarles el camino correcto, la culpa es del papa de turno que no supo confirmarlos correctamente, ellos, en mi modesta opinión, solo trataban de hacernos mejores.
      Me parece que sí hay dos documentos que son declaraciones dogmáticas, aunque no tengan mucho de protocolo.

      ¿Confuso? Para nada, también yo tengo esa apreciación, por eso digo que su actuar es peligroso y los miro con recelo.

      P.D.: Lo que le puse arriba de hans fue un word que él me pasó hoy, creo que está muy bueno, pues él está bien conectado con los Tradicionalistas y bebe de ellos directamente, además de su educación y su cubanía. Tiene 3 páginas y por ello no lo copio aquí, pero si Usted puede leerlo, que así yo lo quiero, se lo puedo colocar en un enlace.

      Quede con Dios.

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      • En cuanto a la pena de muerte creo que el meollo de la cuestión es, como tú mismo señalas, que se trata de una doctrina utilitaria, y por tanto, como toda doctrina utilitaria, es ley hasta que se dice lo contrario.

        Tanto las doctrinas dogmáticas como las utilitarias son de obligado cumplimiento, la diferencia es que las doctrinas dogmáticas son verdades inmutables (porque la verdad no puede convertirse en mentira), pero una doctrina utilitaria deja de ser de obligado cumplimiento cuando esa utilidad se pierde por las razones que sean.

        Tomemos como ejemplo dos doctrinas contenidas en la misma Biblia.
        1- “Jesús y el Padre son uno”, es decir, Jesús es Dios. Si eso era verdad ayer, hoy no puede dejar de serlo. O es verdad siempre o no lo fue nunca. Si negamos ahora esto, todo el cristianismo se vendría abajo no sólo porque la divinidad de Jesús es la base del cristianismo sino porque si la Iglesia afirmaba ayer esto y mañana lo negara, ¿con qué autoridad podría seguir afirmando otras verdades?
        2- “Las mujeres deben entrar al templo con la cabeza cubierta y los hombres con la cabeza descubierta.” Esta doctrina bíblica es utilitaria, porque no se trata de si es verdad o mentira, sino de si es o no necesario. La idea es que en el templo tanto hombres como mujeres muestren ante Dios un máximo respeto y decoro, y según las culturas en donde floreció el cristianismo ese respeto necesariamente pasaba por esa norma. Cuando la Iglesia de hace unas décadas volvió a reflexionar sobre este asunto y llegó a la conclusión de que ya no tenía sentido, aun estando prescrito en la mismísima Biblia no vio inconveniente en decidir que ya se podía suprimir. En una sociedad igualitaria en donde las mujeres acceden a la misma formación que los hombres tampoco tendría sentido lo que dijo San Pablo sobre que las mujeres en la asamblea debían estar calladas y no opinar. Es más, en las circunstancias actuales esa norma tendría efectos contrarios a los originariamente pretendidos. Y lo mismo con el culto a las imágenes, cuya prohibición tenía sentido en un entorno de ídolos pero no cuando los ídolos se convirtieron sólo en una memoria lejana.

        La doctrina dogmática (tipo 1) es la legítima defensa, y la utilitaria (tipo 2) es la pena de muerte. La Iglesia hoy ha hecho un nuevo análisis de la situación y ha decidido que la pena de muerte ya no es defendible y ha explicado por qué. Podemos decir, si queremos, que se ha equivocado en su análisis, podemos decir que también se ha equivocado en su explicación, pero no podemos decir que la Iglesia ha traicionado la Tradición y por tanto pone en peligro su credibilidad. Mañana mismo podría volver a decir que la pena de muerte es admisible y también podría decir que de nuevo considera que lo de cubrirse o descubrirse la cabeza debe volver a ser norma, e incluso podría prohibir el uso de imágenes en la India o en todo el mundo si considerase que de nuevo el culto a las imágenes está llevando a la gente a la idolatría y con ello no estaría traicionando la Tradición sino reanalizando la cambiante realidad, pues se trata de cosas que no son verdaderas ni falsas, sino adecuadas o no, y la adecuación sí que es cambiante y dependiente de las circunstancias. Si por ejemplo mañana la Iglesia decidiera que la asistencia a misa los domingos deja de ser obligatorio, no se estaría contradiciendo a sí misma ni desdiciendo de lo anteriormente dicho, estaría simplemente reconsiderando una norma de acción, no cambiando lo que es o no verdad. Si mañana dijera que no existe el purgatorio entonces sí estaríamos ante una ruptura, pues el purgatorio es verdad o no, pero no tiene sentido decir que ir a misa es verdad o no. Por eso no tiene sentido preguntarse quién tiene razón, si Francisco o Inocencio III; cada uno legisló para su momento.

        Cuando la Iglesia dictamina, nunca lo va a hacer 100% a gusto de todo el mundo, ni siquiera a tu gusto o al mío, así que es normal que un fiel católico pueda sentir que esta o aquella norma no es la más adecuada, pero aún así debe acatarla cuando viene de la máxima autoridad, de lo contrario todos caeríamos en el relativismo religioso, en la religión a la carta, en la libre interpretación y, en definitiva, en todo aquello que lleva derecho a la disolución de la fe y a la imposibilidad de encontrar la verdad. Que la explicación del papa no nos convenza no nos exime de su aceptación, igual que si el Estado promulga una ley, nos guste o no, nos vemos obligados a acatarla o a sufrir la sanción correspondiente. La autoridad de la Iglesia, encarnada en el papa, no se fundamenta en el papa, sino en el poder que Jesús la dio, de modo que cuando la Iglesia ata o desata en la tierra, sabemos que eso queda atado o desatado en el cielo y a nosotros nos queda aceptar esa norma o sufrir las consecuencias.

        Una actitud así sonaría terrible si la Iglesia fuera una mera organización humana a la que pudiera llegar un papa que desvariara, pero nosotros creemos que la Iglesia tiene la protección del Espíritu Santo, así que no va a obligarnos a hacer locuras en contra de Dios, todo lo contrario. Y si piensas, por ejemplo, en aquellos papas que llamaron a las cruzadas y cosas por el estilo, no olvides que en aquella época el papa ostentaba dos poderes, el espiritual y el temporal, funcionando en lo temporal como un emperador con ascendencia e incluso autoridad sobre monarcas. Como cabeza espiritual de la Iglesia cuenta con la protección del Espíritu Santo, pero cuando actuaba como rey de los Estados pontificios y como emperador supremo del orbe cristiano, lo hacía bajo su propia cuenta y riesgo. Hoy el papa no tiene poder temporal (salvo dentro del Vaticano) así que ni hay que preocuparse ni tendremos conflictos puntuales para decidir si tal norma es espiritual o temporal.

        Luego está el asunto de dudar si la legítima defensa está en el depósito de la fe o no. La legítima defensa, creo (no podría asegurártelo) no aparece tal cual explicada en la Biblia, pero sí se deduce. En la Biblia nunca se ha condenado el matar por defenderse, ni siquiera cuando eso se hace a través de una guerra, lo que implica una aceptación de la legítima defensa. Pero además de la Biblia los católicos tenemos que recurrir a la Tradición y al Magisterio, que siempre han apoyado la legítima defensa. En este artículo resumen las explicaciones sobre el tema dadas por Sto. Tomás de Aquino:
        http://wwwmileschristi.blogspot.com/2017/04/sobre-la-legitima-defensa.html
        Ahí se recurre a la cita de Éxodo 22:1 (Si un ladrón es sorprendido en el momento del robo y lo hieren de muerte, no se considerará un homicidio), y claro, si en ciertas circunstancias, explicadas en el artículo, el mismo Dios que proclamó el “no matarás” matiza y declara a continuación admisible matar a un ladrón por defender tu propiedad (si tu intención no es matarlo sino que en la refriega resulta mortalmente herido), pues con más motivo quedarás sin delito si lo que estás defendiendo es tu propia vida o la de los tuyos (siempre que tu interés no sea el matarle a él, sino el defender tu vida, aunque sea a costa de matarle a él). Así que en las tres patas sobre las que se asienta el catolicismo encontramos apoyo para la doctrina de la legítima defensa.

        Ahora prestemos atención a este párrafo tuyo:
        “Según el nuevo Catecismo ¿podría un Estado condenar con la pena de muerte a un individuo que no pudiera inhabilitar como asesino? La respuesta es NO, por su dignidad y bla, bla, bla. Y por extensión de esto ¿podría yo matar a quien mortalmente me agrede si no hay otra alternativa?”

        Tenemos una doctrina, la legítima defensa, de la cual se derivaban en el catecismo 3 casos de aplicación: Defenderte de un asesino, la pena de muerte y la guerra defensiva. Si ahora se declara que uno de esos casos de aplicación se quita de la lista porque la Iglesia ya no considera la pena de muerte como un acto de legítima defensa, eso no afecta en lo más mínimo a los otros dos casos que quedan, porque se sigue considerando que en el resto de casos la legítima defensa sigue siendo de aplicación.

        El hecho de que antes la pena de muerte pudiera verse no como un caso de legítima defensa sino como una sanción a un delito no varía el esquema de las cosas. Puede variar la justificación de la pena de muerte, pero sigue siendo una doctrina utilitaria, no una verdad. Para un cristiano sólo Dios juzga los delitos del espíritu y da premio o castigo por ellos. La vertiente social de un delito lo debe juzgar el Estado y poner la sanción que considere. Si tú matas a alguien, por ejemplo, Dios te juzgará y te castigará si te halla culpable de ello y no te arrepientes, y el Estado también te juzgará y te castigará si te halla culpable de ello (aunque te arrepientas). La Iglesia te puede decir que matar está mal, que te arrepientas, pero no puede decidir qué castigo humano mereces, porque no es su cometido. En la época de la Inquisición la Iglesia pisó en exceso territorio civil en la práctica, pero en la teoría se mantuvo fiel a su función. Sus juicios no se hacían para establecer castigos, sino para descubrir la verdad y, en caso de ser hallado culpable, intentar conseguir el arrepentimiento del acusado, pues eso podía salvar su alma, aunque no olvidemos que la Inquisición era un organismo dirigido por el rey, no por el papa. No se puede decir que la Iglesia condenaba a muerte o torturaba, aunque en la práctica tanto daba, pero lo que hacía era entregar al reo al “brazo secular”, es decir, al Estado, que era el que torturaba y aplicaba la pena de muerte. Con ese vergonzoso truco la Iglesia de entonces era capaz de evitar ir en contra de su propia doctrina. Da igual si un cura dijera “hay que matar a los herejes”, eso sería su opinión humana, pero la Iglesia como Iglesia jamás ha aplicado la pena de muerte a los herejes, sino que el Estado tenía pena de muerte para los herejes y la Iglesia conminaba al hereje a arrepentirse pero lo entregaba al Estado (no hacerlo sería ir contra el Estado), el cual lo condenaba a muerte. De hecho en un país en donde el Estado no tuviera pena de muerte para los herejes ninguna Inquisición habría podido matar herejes, por mucho que le hubiese gustado. Con esto no pretendo defender ese modo de actuar, sólo pretendo dejar claro que si antes se mataban herejes y hoy no, no tiene nada que ver con un cambio en la doctrina de la Iglesia, porque la Iglesia nunca tuvo por doctrina matar herejes, aunque lo alentara. Lo que ha cambiado es que ahora la Iglesia es más consecuente con su propia doctrina y en ese asunto no busca trucos para saltarse en la práctica lo que no puede cambiar en la teoría.

        Preguntas “¿Cómo defenderé la SANTA Inquisición, las cruzadas, etc.?” No te apures, no tienes por qué defender esas cosas, no estuvieron bien, pero emanaron de errores temporales, no doctrinales. Lo que sí hay que defender es un análisis justo de esos acontecimientos. Hacer las cosas mal no da venia para convertirlas en mil veces más atroces de lo que fueron, porque eso es faltar a la verdad tanto como decir que todo fue un campo de flores. Sobre la Inquisición recuerdo, para el que no lo conozca, nuestro artículo que pone las cosas en su contexto justo: https://apologia21.com/2015/10/03/la-inquisicion-espanola-verdades-y-mitos/ en donde no defendemos a la Inquisición, pero la contextualizamos y rechazamos enormes acusaciones falsas que se hacen contra ella. Las cruzadas son otro asunto con mucha miga, pero simplificando mucho diremos que Francia consiguió al fin poner en Roma un papa títere (en lo temporal) que luego apoyó a Francia en su afán por dominar el Mediterráneo oriental. No fueron los ejércitos del papa los que conquistaron Tierra Santa, sino los ejércitos de Francia con la ayuda de otros países europeos (ayuda que consiguió gracias al llamamiento del papa), y la prueba más clara es que una vez conquistada, allí se creó un reino francés, no un estado cristiano ni vaticano ni nada, 100% francés. En cualquier caso esa decisión de apoyar la guerra de Francia fue una decisión del papa como emperador, no como papa, distinción que a un no-católico le parecerá irrelevante, y lo entiendo, pero para un católico es fundamental.

        Que la Iglesia se equivocó en esos temas, desde luego, pero no estamos hablando de que se equivocó en dogmas, sino en su forma de actuar. El E.S. impide a la Iglesia caer en el error, no impide que los miembros de la Iglesia actúen de forma equivocada. En nuestras actuaciones todos, desde el papa hasta tú o yo, somos totalmente libres de actuar bien o mal, así que decir que un papa hizo mal tal cosa no supone poner a la doctrina en duda. El papa que llamó a matar herejes (valdenses) o a hacer la guerra (cruzadas) hizo lo incorrecto y Dios le juzgará por ello, pero ninguna de esas dos cosas fueron ni pueden ser doctrina de ningún tipo, sino actuaciones.

        Sobre los tradicionalistas dices “Los que yo conozco están incluso a favor del Concilio, aunque achacándole su ambigüedad que al traste permitió una aplicación que se tradujo en destrozo para la Iglesia y la fe.” Si es así, cuéntame entre ellos. Y por supuesto que los obispos modernistas ni fueron ni son malos, todos los obispos se supone que buscan lo mejor para la Iglesia, pero unos aciertan más y otros menos.

        Dices “La culpa es de la Iglesia que no supo mostrarles el camino correcto, la culpa es del papa de turno que no supo confirmarlos correctamente, ellos, en mi modesta opinión, solo trataban de hacernos mejores.” Algo de razón tienes en eso pero mucho cuidado, porque esa forma de pensar, tan popular hoy en día, se utiliza a menudo como excusa para eximir de culpa a todo el mundo, como si cada uno de nosotros fuésemos meramente producto de nuestras circunstancias y no tuviésemos libre albedrío. Cuando Ortega y Gasset dijo eso de “yo soy yo y mis circunstancias” la gente se ha quedado con lo de “mis circunstancias” y se olvida de la responsabilidad del “yo”. Cuando los católicos se lamentan de que la Iglesia no forma bien a los fieles, que la gente entiende mal muchas cosas porque se las han explicado mal o no se las han explicado, yo les digo ¿te has apuntado alguna vez a un curso de formación bíblica?¿cuántos libros sobre la religión has leído?¿en dónde buscas información sobre esos temas? Es muy bonito quejarse de que no me han formado bien y usarlo como disculpa de todos tus errores e ignorancias mientras lo usas para justificar tu falta de interés por formarte tú mismo, que ya somos todos mayorcitos. Si un obispo, nada menos, no es capaz de profundizar en su fe correctamente y atar cabos por sí mismo, que no culpe al seminario ni al papa de turno, porque también ha fallado él mismo. Ten en cuenta que el modernismo, hasta el Vaticano II, fue una corriente muy minoritaria, así que los obispos modernistas ni siquiera tenían la excusa de haberse dejado empapar de los errores de su tiempo, sino más bien al contrario, abrazaron entusiastamente unos errores que habían sido repetidamente condenados por sucesivos papas, y que aún así, con una actitud totalmente herética, decidieron hacer propios despreciando a su autoridad suprema. Por supuesto que no lo hicieron por maldad, lo hicieron porque creían que esas ideas eran más correctas que las que la Iglesia oficial les decía, pero ya ves, cuando cada uno decide qué es mejor para la Iglesia, corre el riesgo de equivocarse, aunque vaya con buena intención, y los modernistas se equivocaron, pero además lo hicieron (y lo hacen) despreciando el Magisterio y la Tradición, con lo cual se están colocando por sí mismos fuera de la Iglesia. Mejor harían en separarse de ella, porque si hay algo mucho peor que un lobo atacando el rebaño, es un lobo disfrazado de pastor dirigiéndolo dócilmente al precipicio.

        Dices que crees que sí hay dos documentos dogmáticos en Vaticano II. Tendrías que decirme cuáles son, pero vuelvo a decirte que en el Vaticano II no se declaró dogma ninguno ni se promulgó nada inmutable. No recuerdo si fue el propio Concilio o el papa el que afirmó que en el V-II las únicas declaraciones que pueden reconocerse como dogmáticas son aquéllas que confirman los dogmas anteriores. O sea, que a veces se habla de dogmas, pero no se proclama ninguno nuevo.

        Espero que esto te arroje un poco más de luz, que Dios te bendiga.

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    • Saludos Christian
      No le había contestado antes porque entre otras cosas nos pasamos días sin electricidad, el huracán que golpeó a EE.UU. en categoría 4 de 5 también nos hizo una visita y bueno algo tenía que llevarse. Los mineros nos reíamos como hienas y decíamos sobre este ciclón que era maldito, llevarse de donde no había para donde sí, nos referimos a los electrones jajaja.
      El enlace de hans sobre la pena de muerte es este http://apologetica.cubava.cu/files/2018/10/Jose-Cralos.rar
      A él le enlace estos comentarios que hemos sostenido ya que a veces sentía yo como me exigía una conclusión y como todavía no la tenía decidí que leyera todo esto y me diera su opinión. En una noche se lo leyó todo y me contestó, también yo ya le respondí. El enlace es este http://apologetica.cubava.cu/files/2018/10/Jose-Cralos-1.rar aunque no le pido que lo lea, si le roba su tiempo.

      Entiendo la idea que me quiere trasmitir con el velo en a mujer, pero precisamente este punto -que hace años tocamos- es para estos tradicionalistas otra herencia modernista. Además, San Pablo no solo presenta estos requerimientos en la mujer como producto de las circunstancias sino que da una explicación basada en una línea de autoridad que pareciera inmutable a nivel doctrinar. Pero dejemos este punto para otro momento, ya le digo que entiendo su idea.

      Este nuevo comentario nos acerca más. Pero aun veo cierta superficialidad en lo que me explica. Ahóndame en por qué es que la pena de muerte es una doctrina utilitaria. Sabemos que la Iglesia en todos los tiempos ha valorado hasta donde llegan las facultades del Estado con sus ciudadanos y basándose en Romanos 13 y otros llegó a aceptar, al principio, la pena capital como sanción. Tiempo después redujo su aplicación y solo la hizo legalmente practicable ante una legítima defensa del interés común que el Estado resguarda. Y en estos últimos días la ha declarado inadmisible.
      Nos gusta decir que esta es utilitaria a la legítima defensa, pero es que ambas doctrinas tienen el mismo nivel de origen, aunque Usted cree que no. La primera deviene, como ya le dije, de esa facultad que tiene el Estado con el ciudadano. Mientras que la segunda dimana de la obligación que tiene el Estado de proteger, ante todo, el bien común.
      Las dos no se contradicen, todo lo contrario el ejercicio de una sobreentiende la aplicación de la otra. Así el Estado cuando tenga que proteger a sus miembros puede aplicar la pena de muerte. La Iglesia desarrolló esta última doctrina y por la cruda realidad que significaba trató de estrechar lo más posible su aplicación y es ahí cuando entra la legítima defensa. Pero ahora, sopesando aun más esa realidad cruenta por la conciencia abolicionista generalizada y al reconocer que su aplicación no es siempre el único camino posible, busca la forma y la declara inadmisible.

      Solo dos cosas: 1. Es la pena de muerte utilitaria o no, o sea, no es falsa ni verdadera sino que solo se puede hablar de ella en términos de adecuado o no, o no; de qué doctrina esencial es aplicación según circunstancias, de la legítima defensa, pero esto es solo ahora. 2. El desarrollo que supuso disminuir su aplicación no puede también lograr que justamente se inhabilite la doctrina, o sea, la Iglesia puede en el ejercicio de sus funciones invalidar una doctrina (aquí no es utilitaria). CREO QUE ESTOS SON LOS PUNTOS EN DONDE TENGO DIFICULTAD PARA ENTENDERLO, quizás esté siendo repetitivo.

      Entiendo que tenemos que aceptar lo que la Iglesia promulga casi a ciegas, ¿pero esto es tan así? Acaso si la Iglesia se pronuncia contra la fe apostólica tendríamos que obedecer. Seríamos todos Iglesia(s) o simplemente ovejas que sin más obedecen. Esto no es así, cada cual tiene parte en su salvación personal y ahí también entra el trasmitir íntegramente lo que es católico. Claro que cuando estemos hablando de leyes menores dentro de la Iglesia, de decretos y otros tendríamos que moralmente obedecer, pero no es lo mismo si consideramos que la pena de muerte no es tan utilitaria. Esto da para un buen debate de por sí solo, pero creo que ambos concordamos en que a ciegas no nos debemos de dejar llevar ni por el papa.

      Qué es omissis.

      Dice “Si ahora se declara que uno de esos casos de aplicación se quita de la lista….” Pero es que la legítima defensa es la que se quita o sea que sigo cuestionando y respondiendo lo mismo “¿podría un Estado condenar con la pena de muerte a un individuo que no pudiera inhabilitar como asesino? La respuesta es NO”.

      Estos tradicionalistas no creen tampoco que estos obispos hayan actuado de mala fe.
      DLB

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      •         Saludos Jose Carlos. El huracán también llegó a España y bien que nos atemorizaron pero entró en Portugal con un poquito de fuerza y tras cruzarla ya quedó en poquita cosa. Me alegro de que allí tampoco causase muchos destrozos. La globalización está alcanzando incluso a los huracanes caribeños, parece mentira, al parecer era la primera vez que un huracán americano llegaba a Europa aún con fuerza de huracán.
        

        Me leí tus archivos adjuntos, muchas gracias por compartirlos conmigo. He sentido la tentación de comentar varias cosas, pero no quiero dispersarme en diferentes direcciones cuando ni siquiera hemos cerrado la presente vía. Bien está. Lo único que de verdad me chirría un poco es su afirmación de que siguen siendo fieles a Roma pero… la Roma eterna, no la de Francisco. No sé si se puede hacer diferencia entre ambas cosas pero admito que a mí mismo este papa me complica las cosas en lugar de aclararlas. Como político me encanta, como representante de la Iglesia eterna me inquieta y a veces hasta me asusta, pero como papa mío que es, seguirá teniendo mi confianza mientras no me demuestre con claridad lo contrario. A causa de dudas, ambigüedades y confusión, por muy lamentable que eso sea, no puedo desafiar uno de los dogmas que me definen como católico. Muy gorda y clara tiene que ser la cosa para que yo me atreviese a señalar a Francisco como herético, y llegado ese caso entraría en la tremenda contradicción de que al rechazar al papa no sabría cómo defender a la Iglesia. No digo que Hans considere herético al papa, pero parece (perdón si me equivoco) que acepta de él lo que le parece adecuado, poniendo su criterio por encima del de la cabeza de la Iglesia. Si a veces me asusta lo que el papa dice, más me asusta poder llegar a pensar que yo sepa de la Iglesia y la Tradición más que el papa, pues él tiene la protección del Espíritu Santo en la doctrina y yo, con toda mi ciencia y buena fe, puedo caer en la más absoluta herejía y seguir pensando que tengo en todo razón. Otra cosa diferente es que Francisco esté o no siendo un buen gobernante, o que haga cosas discutibles; eso es opinable.

        Sobre la pena de muerte, parece que vamos aclarando el asunto, aunque no te culpo por tu insistencia, para mí esto resulta también tristemente confuso porque buscas información y te encuentras respuestas muy diferentes y acabas dudando de quién tiene razón. Te enfocaré hoy la respuesta desde varios enfoques diferentes.

        Buscando un artículo que fuese claro sobre el tema creo que he encontrado uno que, aunque largo, expone el asunto de forma, a mi entender, adecuada. Si tienes ocasión de leerlo es este: http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=31151 Trata sobre el asunto de la infalibilidad de la Iglesia. De ese artículo lo que creo interesa más para nuestro debate es esta aclaración: “Así, si hay alguna ambigüedad en un pronunciamiento papal, «es claro que la cosa no está clara» y, por tanto, no se cumpliría el requisito de «define».”

        Aparte de la distinción que hicimos entre doctrina dogmática y doctrina utilitaria, creo que esa afirmación bastaría para declarar el asunto de la pena de muerte “no infalible”. Se supone que una doctrina expuesta en el catecismo oficial de la Iglesia debería ser cumplir el requisito de “define” y todo lo demás, pero la ya comentada chapuza en su manera de defender el cambio hace que en lugar de exponer esa doctrina con claridad lo que tengamos sea una declaración ambigua que pretende ser clara y definitiva pero que no lo es. Que tú y yo llevemos tanto tiempo dándole vueltas al tema es prueba de su ambigüedad, y sólo eso, según ese artículo, basta para quitarle la etiqueta de infalibilidad. ¿Cómo es posible que un catecismo oficial, hecho precisamente para explicar de forma clara la fe, haya caído en esta ambigüedad en este punto? Pues porque ha habido ahí una rectificación y un intento de justificar la rectificación, y al intentar justificarlo se han liado. Chapuza. Pero como te dije antes, y como dice el artículo que te paso, aunque no sea infalible ni inmutable tenemos igualmente la obligación de acatarlo, aunque no la obligación de creerlo. Y ahora otro enfoque:

        Dices, si te he entendido bien, que el asunto de la pena de muerte no te parece una doctrina utilitaria derivada de la legítima defensa, sino que te parece una doctrina en sí misma, es decir, al mismo nivel que la de la legítima defensa (nivel 1). Discrepo. La legítima defensa es el derecho a conservar la vida tuya y de los tuyos y para ello matar, aunque no con la intención de matar sino por salvar tu vida, transferir esa idea al Estado es ya un acto secundario, no está al mismo nivel. Mira estos dos casos:

        1- Legítima defensa es si alguien te va a matar y tú lo matas porque no hay otra forma de conservar tu vida (o la de los tuyos)
        2- pero no si ves un asesino en la playa y piensas “¿ese hombre es un asesino así que podría matarme algún día, o a mi hijo, de modo que, por si acaso, lo mataré yo primero?”

        Si el Estado captura a un asesino brutal y lo mata para evitar que te pueda matar a ti o a un pescador de Varadero, ¿estaríamos ante el caso 1 o el caso 2? Estrictamente hablando sería claramente un caso tipo 2, por eso digo que la legítima defensa aplicada al Estado, como justificación de la pena de muerte, no es una doctrina de nivel 1, sino una aplicación secundaria y por analogía de la doctrina de la legítima defensa. Y la verdad, visto así como te lo presento, me parece que el caso 2, sea aplicado a un individuo o a un Estado, no es nunca justificable. Matar “por si acaso” no puede ser justificable.

        En Romanos 13 se habla de que la autoridad del Estado viene de Dios y por tanto debemos acatarla, pero aunque no lo diga expresamente se supone que tiene sentido cuando el Estado es justo, no cuando se rebela contra Dios. ¿Por qué digo esto? Cuando poco después ese mismo Estado exigió a los cristianos quemar incienso ante la estatua del emperador, la reacción de los cristianos no fue aceptar la voluntad de Roma y acatar las órdenes, sino negarse y aceptar la muerte con tal de perseverar en la desobediencia. Eso es porque aunque Pablo no lo afirme en Romanos 13, para un cristiano es evidente que por encima de la autoridad del Estado está la autoridad de Dios, y si ambas entran en conflicto entonces se obedece a Dios, por eso digo que hay que obedecer al Estado cuando éste es justo, pero no cuando su voluntad desafía una ley divina. Así que sobre la pena de muerte, si creemos que Dios la rechaza nos da igual lo que piense el Estado. Si como dices la Iglesia acabó aceptando la pena de muerte “por obediencia al Estado”, sería sólo porque no tuviera antes claro que la pena de muerte no era del agrado de Dios. Si al parecer ahora tenemos claro que no es del agrado de Dios, Romanos 13 no puede llevarnos a acatarla aunque nuestro Estado la declare legítima. Claro, que en este caso, que la acatemos o no nos va a dar igual.

        A mí lo que me gustaría conocer más a fondo es por qué la Iglesia empezó a aceptar la pena de muerte, porque hasta donde yo sé al principio la rechazó, y pasaron varios siglos hasta que por primera vez expresó su aprobación por la condena a muerte de un hereje, aunque ya no recuerdo quién o cuándo fue. Los primeros herejes que Bizancio condenó a muerte encontraron la dura oposición de la Iglesia precisamente porque se oponía a la pena de muerte, así que Francisco ha reconectado en este tema con la Iglesia primitiva, y si por algún sitio parece haber ruptura con la Tradición no sería lo ocurrido ahora, sino lo ocurrido en aquél lejano siglo del que te hablo. Es allí donde tendríamos que ir y analizar la situación para ver si hubo o no ruptura de algo inmutable, aunque por fe te diría que no debía haber nada inmutable roto, y la explicación más probable sería de nuevo que estamos hablando de doctrinas utilitarias que sí son mutables. No estoy seguro pero el caso que te comento creo que lo leí en el libro “Confusión y verdad”, que ahora tengo prestado.

        Otro enfoque: “El Estado tiene la obligación de defender a sus ciudadanos, por lo tanto no se le puede negar, si es necesario, el recurso de la pena de muerte”. El asunto es que al fin y al cabo puede que esa situación no sólo sea altamente improbable sino del todo imposible, y tal vez la Iglesia por fin ha comprendido esa situación. Tú y yo decíamos que eso no es realista porque no todos los estados actuales (y menos del pasado o ¿futuro?) tengan el modo de neutralizar a ciertos criminales peligrosos de otro modo que no sea matándoles. Tal vez nuestro error sea el de considerar que un “estado fallido” puede no tener medios para hacerlo, pues si de verdad un estado no tiene modo de encarcelar a alguien de forma larga o indefinida ¿podríamos considerarlo Estado? A lo mejor lo que ocurre es que en algunas partes del mundo sencillamente no hay un Estado en pie, como ocurre ahora en Libia o hace poco en Irak, son sitios sin Estado, con lo cual puede haber jefes guerrilleros o líderes terroristas o caudillos sectarios que ejecuten llamando a eso “pena de muerte”, pero realmente no se podría decir que eso ha sido una actuación del Estado. Un Estado, por muy débil que sea, tiene que ser capaz de tener a los criminales en una cárcel si es necesario. Caray, si en la Edad Media hasta el alcalde de un pueblo pequeño tenía sus buenos calabozos para hacerlo. Por eso, propiamente hablando, la abolición de la pena de muerte no dejaría a ningún Estado (que lo sea) indefenso. Así que ante tu pregunta: [“¿podría un Estado condenar con la pena de muerte a un individuo que no pudiera inhabilitar como asesino? La respuesta es NO”] Yo más bien lo reformularía diciendo: ¿podría existir un Estado que no pudiera inhabilitar a un asesino? La respuesta es NO. Un Estado, para poder ser considerado un estado, tiene que poder desarrollar unas competencias mínimas tales como el control de su población a la hora de recaudar impuestos o aplicarles justicia; si un Estado no es capaz de hacer ni siquiera eso entonces es que no hay una verdadera estructura de Estado sino caudillos con influencias a nivel local donde impera la ley del más fuerte.

        Y aún así, con eso y con todo, sigo pensando que la nueva redacción del catecismo en ese punto es un tanto chapuza.

        Por cierto, en ese artículo cuyo enlace te he pasado también habla de otro de los temas que tú y yo hemos hablado, si es posible que un papa sea herético. Básicamente dice que en la teoría sí, pero en la práctica no, pues la promesa de Jesús hace imposible que eso ocurra. Por eso cuando te dije que hay que obedecer la autoridad del papa en todo lo que diga, lo hacemos en la convicción de que en materia de fe el papa jamás podría decir un disparate, pues tiene en ello la protección del Espíritu Santo, por mucho que en sus opiniones personales y actuaciones pueda caer en todo tipo de errores. O dicho de otro modo, nosotros tenemos la protección del Espíritu Santo para que ningún papa, por horrible que salga, pudiera deformar nuestras creencias. Dices: “Entiendo que tenemos que aceptar lo que la Iglesia promulga casi a ciegas, ¿pero esto es tan así? Acaso si la Iglesia se pronuncia contra la fe apostólica tendríamos que obedecer?.” La respuesta es, la Iglesia jamás podrá pronunciarse contra la fe apostólica o la promesa de Jesús sería rota. Esto da vértigo, porque es como firmar un cheque de confianza en blanco y si te sale mal pierdes todo, pero en eso consiste la fe, en tener la confianza de que lo que crees es verdadero y que Jesús prometió que mantendría a su Iglesia del error, por eso podemos poner nuestra confianza en la Iglesia, porque es lo mismo que ponerla en Jesús. Es decir, no se trata de confiar en el papa, sino de confiar en Jesús, que en ese aspecto prometió controlar a los papas. Otra cosa es que no siempre entendamos bien las cosas y a lo mejor veamos error donde no lo hay, o creamos que otros se equivocan cuando en realidad nos equivocamos nosotros. Ahora, el que no ha nacido oveja no va a ser oveja nunca, podrá decir sí, pero antes querrá entender por qué, o más bien necesitará entenderlo. Considerémoslo una bendición o una condena, pero es lo que hay.

        “Qué es omissis?” Depende. Te paso varios significados a ver cuál encaja con el texto donde lo tengas: https://www.significadode.org/omissis,.htm

        Si siguen quedando dudas no dudes en seguir preguntando. De un modo u otro resolveremos esta duda.

        DTB

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