La Pasión de… Dios Padre


¿Y Dónde estaba Dios cuando pasó eso? Una pregunta que hemos oído muchas veces en muchas situaciones dramáticas. Una pregunta que se hizo el mismo Jesús. O eso dicen.

Cuando pensamos en la historia de Salvación que Dios planeó para nosotros pensamos especialmente en su culminación: La Pasión de Jesús, el Hijo de Dios, que se sacrificó, sufrió, padeció, fue crucificado y murió por nosotros. Nos conmueve el enorme sacrificio que hizo Jesús por amor a nosotros, nos desgarra su gran sufrimiento, nos emociona su gran muestra de amor. Pero pocas veces nos paramos a pensar ¿y Dios Padre? ¿Dónde estaba cuando Jesús se desangraba y asfixiaba en la cruz? ¿Qué sentía?

LA SOLEDAD DE JESÚS

Las pocas veces que nos paramos a pensar en el Padre en medio del paisaje del Calvario es frecuentemente para recordar las palabras desesperadas y desesperanzadas de Jesús, que sintiéndose solo y abandonado exclamó con sus pocas fuerzas:

Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?   (Mateo 27:46)

Nos estremece sentir la soledad de Jesús en sus últimos instantes, viéndose abandonado por todos, incluso por el Padre. Y a menudo usamos estas últimas palabras de Jesús para recordarnos (o recordar a otros) que incluso el mismo Jesús dudó. Hasta ese punto fue humano y vivió nuestro dolor, nuestra soledad, nuestras dudas. Y Dios Padre

Jesús cruz 5456

miraba todo desde allí arriba, tranquilo, sereno, porque sabía perfectamente el sentido del sufrimiento de su Hijo y que era todo para bien. El Hijo sufría porque era hombre y sentía el sufrimiento de ser hombre en la cruz, pero el Padre no es humano, es inmutable, inconmovible, está al margen de toda emoción y además ¿le priva a su Hijo, en sus peores momentos, del consuelo de llenar su corazón para que sienta su compañía? Tal vez así hizo el sufrimiento de Cristo más intenso y la Salvación más completa; tal vez así lo hizo más humano, más intensamente humano.

Todo esto es teológicamente explicable, incluso fácilmente explicable y puede tener mucho sentido. Era necesario que Jesús se hiciera hombre para poder redimir a la humanidad desde dentro, y no desde fuera sin involucrarse en nuestro drama; era necesario que Jesús sufriera y padeciera en extremo, para que así cualquier ser humano, incluso en el más atroz de los sufrimientos, supiera que Dios sabe por lo que está pasando, y no de una forma meramente “intelectual”, sino porque también Él lo ha vivido en la persona del Hijo. Era necesario que Jesús dudase y se sintiera abandonado por Dios, porque así en nuestras dudas y soledades podemos también identificarnos con Jesús y sentir que todo está bien.

Un Jesús que duda, un Cristo que no encuentra a Dios a su lado cuando más lo necesita, un Padre Omnipotente e Inmutable que observa todo desde arriba complacido porque su plan de Salvación al fin culmina y así puede al fin derramar su gracia y su amor sobre la humanidad entera, pasada, presente y futura. Puede sonar bien o mal pero… no es así como realmente pasó, y sé que en esto mucha gente (incluidos algunos sacerdotes) fruncirán el ceño y seguirán leyendo con recelo. Pero para entender qué pasó en esos últimos instantes de Jesús debemos trasladarnos mental y culturalmente a la Palestina del siglo I y ver la escena desde los ojos de un palestino cualquiera de esa época. Solo entonces podremos entender las palabras de Jesús en su auténtico significado, tal como las entendieron sus conciudadanos en aquel momento.

Imaginemos ahora a un predicador actual, que en la plaza del pueblo, después de mostrar sus argumentos dice “a buen entendedor…” Y se marcha. Nadie pensaría que ha dicho una frase misteriosa, a medias, porque todo el mundo sabe cuál viene a continuación (“a buen entendedor pocas palabras bastan”). Es muy frecuente en el mundo de habla hispana citar solo el principio del refrán en lugar de decirlo entero, porque todo el mundo conoce el final. Si te regalan algo y te quejas, probablemente alguien te dirá “a caballo regalado…” Y nosotros sabemos que quiere decir: “a caballo regalado no le mires el diente”, o como dicen en México, “no le mires el dentado”, y también sabemos el significado del refrán completo: si te lo han regalado acéptalo sin más, no tienes derecho a quejarte porque es un regalo (cuando compras un caballo se le mira la dentadura porque es la mejor forma de saber si el caballo está sano o no, pero si es un regalo, mejor o peor, al fin y al cabo no te ha costado nada, no tienes derecho a quejarte).

Pues eso mismo ocurría en Palestina con los salmos bíblicos. Igual que nosotros nos sabemos muchos refranes de memoria, los palestinos (o al menos la gente con una buena formación religiosa) se sabían muchos salmos de memoria. Al igual que los refranes, cada salmo encierra una enseñanza, y como nosotros, esos palestinos conocían la enseñanza encerrada en cada salmo. Por eso también ellos hacían lo mismo que nosotros, muchas veces citaban la primera frase de un salmo y con eso bastaba, los demás sabían a qué salmo se refería y entendían la enseñanza a la que el locutor aludía. Y además Jesús, asfixiándose en la cruz y con sus últimas fuerzas, no estaba como para ponerse a recitar salmos enteros… ni falta que hacía. Se limitó a decir la primera línea del salmo 22 y con eso era suficiente para expresar todo lo que el salmo encerraba. Veamos pues cuál es ese salmo y a qué enseñanza estaba Jesús refiriéndose cuando pronunció sus famosas palabras de abandono:

SALMO 22

Del maestro de coro. Según la melodía de «La cierva de la aurora». Salmo de David.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?
Te invoco de día, y no respondes, de noche, y no encuentro descanso;
y sin embargo, tú eres el Santo, que reinas entre las alabanzas de Israel.
En ti confiaron nuestros padres: confiaron, y tú los libraste;
clamaron a ti y fueron salvados, confiaron en ti y no quedaron defraudados.
Pero yo soy un gusano, no un hombre; la gente me escarnece y el pueblo me desprecia; los que me ven, se burlan de mí, hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo: «Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto».

Tú, Señor, me sacaste del seno materno, me confiaste al regazo de mi madre;
a ti fui entregado desde mi nacimiento, desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, porque acecha el peligro y no hay nadie para socorrerme.
Me rodea una manada de novillos, me acorralan toros de Basán;
abren sus fauces contra mí como leones rapaces y rugientes.
Soy como agua que se derrama y todos mis huesos están dislocados;
mi corazón se ha vuelto como cera y se derrite en mi interior;
mi garganta está seca como una teja y la lengua se me pega al paladar.
Me rodea una jauría de perros, me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies y me hunden en el polvo de la muerte.
Yo puedo contar todos mis huesos; ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa y sortean mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme
Libra mi cuello de la espada y mi vida de las garras del perro.
Sálvame de la boca del león, salva a este pobre de los toros salvajes.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos, te alabaré en medio de la asamblea [= de la Iglesia]:
«Alábenlo, los que temen al Señor; glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.
Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre:
no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio»
Por eso te alabaré en la gran asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse y los que buscan al Señor lo alabarán.
¡Que sus corazones vivan para siempre!
Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos se postrarán en su presencia.
Porque sólo el Señor es rey y él gobierna a las naciones.
Todos los que duermen en el sepulcro se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida glorificarán su poder.
Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia a los que nacerán después,
porque esta es la obra del Señor.

Después de leer este salmo resulta más que evidente que aunque lo compuso el rey David, está hablando de Jesucristo, de su situación en ese momento en la cruz. Su garganta seca, los soldados que se reparten sus vestiduras, la “jauría” que le rodea y se burla de él, el despojo humano en el que ha quedado convertido (“soy un gusano, no un hombre”), la famosa burla del soldado (“Confió en el Señor, que él lo libre; que lo salve, si lo quiere tanto”) y hasta la profética frase de “taladran mis manos y mis pies” (la crucifixión no se practicaba en la época del rey David pues no fue hasta 6 siglos más tarde cuando se inventó este suplicio en Asiria). Está claro que Jesús está haciendo referencia a un salmo que profetiza su suplicio presente. Pero después de describir los padecimientos, el salmo continúa y en su última parte lo que muestra el salmista es que a pesar de la soledad que siente y a pesar de sus horribles padecimientos, él sabe que Dios es el Señor y sus planes triunfarán, y por eso le pide que todo se consume rápidamente y así pueda triunfar sobre la muerte y convertirse en testigo de Dios ante todas las generaciones futuras, que verán cómo a través de su sacrificio Dios ha triunfado.

“Pero tú, Señor, no te quedes lejos; tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme”
“Sálvame de la boca del león”
“Porque él no ha mirado con desdén ni ha despreciado la miseria del pobre: no le ocultó su rostro y lo escuchó cuando pidió auxilio. Por eso te alabaré en la gran asamblea y cumpliré mis votos delante de los fieles”
“Todos los confines de la tierra se acordarán y volverán al Señor”
“porque esta es la obra del Señor”

Conociendo el salmo entero está claro que no nos encontramos con un Jesús que se siente abandonado por Dios. Sí que se siente solo y despreciado, abandonado por todos, pero no por el Padre. En su último momento, antes de expirar, lo que dice a los presentes (su madre, Juan, etc.), lo que nos dice a todos nosotros es: no temáis, esto no es el fin, sino el triunfo de la obra de Dios, el comienzo de una nueva era. No temáis ni os preocupéis por mi muerte “porque esta es la obra del Señor”.

No es un Jesús lleno de dudas que pregunta dónde está su Padre cuando más lo necesita, sino un Jesús que es muy consciente de qué está ocurriendo, y que sabe que el Padre lo rodea por todas partes con su abrazo, porque todo lo que está ocurriendo no es el triunfo de Satán, ni el triunfo de los romanos ni de los sacerdotes, sino “la obra del Señor”. Si alguna vez tuvo Jesús dudas, desde luego no fue en la cruz.

¿PERO DÓNDE ESTABA EL PADRE?

Y ahora volvemos al segundo tema de este artículo. Jesús no se sintió abandonado, en medio de sus terribles padecimientos era consciente de que se estaba realizando la obra del Padre. Pero ¿y el Padre? ¿Qué sentía el Padre? ¿Nos hemos parado de verdad a pensar qué sentía el Padre al ver a su Hijo morir tan atrozmente? Mucha gente se pregunta a veces cómo es posible que un padre (Dios o quien sea) sea capaz de dejar morir a su hijo y, pudiendo, no hacer nada por evitarlo. Incluso peor aún, ¿cómo es posible que un padre decida dejar morir a su hijo por salvar a un puñado de ingratos? ¿No era Jesús mucho más importante que todos esos pecadores desagradecidos que ahora se habían vuelto contra él? ¿Amaba a su Hijo menos que a nosotros?

También aquí la teología tiene muchas cosas que decir, y nos hablará del enorme amor de Dios hacia todos los hombres y todo eso, pero por experiencia sé que cuando alguien se plantea esas dudas de verdad, desde el fondo de su corazón, ninguna explicación racional calmará su indignación o incomprensión ante un Dios Padre que toma la decisión de sacrificar a su Hijo. Estamos ante una pregunta emocional, y creo que la mejor manera de responderla es mediante una respuesta emocional.

MOSTPero no voy a intentarlo yo porque ya alguien lo ha intentado de forma magistral. Se trata de un cortometraje titulado “Most”, que en checo quiere decir “El Puente”, dirigido por Bobby Garabedian. Rodada en su totalidad en la localización en la República Checa y Polonia. Cuenta la historia de la estrecha relación entre un operador de puente y su hijo pequeño y el fatídico día en que algo va mal. Cientos de pasajeros de un tren de vapor no son conscientes del peligro mientras se dirigen hacia un puente levadizo que está levantado, porque el conductor del tren, distraído, no ha visto el semáforo rojo que le indicaba que debía parar, así que el tren avanza a toda velocidad hacia su propia destrucción. Tanto el padre como el hijo se dan cuenta de la situación y cada uno intenta evitar el desastre… pero algo pasa y el padre tiene que tomar una decisión. La decisión más trágica de su vida.

Este vídeo es un resumen del cortometraje y basta para conocer la historia y comprender cómo el director nos cuenta la Pasión de Jesús desde el punto de vista del Padre, algo a lo que no estamos acostumbrados pero que resulta realmente importante.

El vídeo no tiene voz, pero muestra algunos carteles explicando lo que pasa. Como está en inglés pongo aquí el texto original y su significado en español. Más abajo, para quienes tengan más tiempo, pondré el cortometraje completo (30ms) subtitulado en español.

Once there was a man who had a son that he loved very much.
Una vez había un hombre que tenía un hijo a quien amaba mucho.
The man worked as a bridgemaster for the railroad.
El hombre trabajaba en el ferrocarril controlando un puente levadizo.
His son loved to watch the trains and the people who travelled on them.
A su hijo le encantaba mirar los trenes y a la gente que iba en ellos.
People who were lonely, angry, selfish, hurting, and addicted.
Había gente solitaria, enfadada, egoísta, sufriente, y también drogadictos.
A tragic mistake leads to a terrible choice:
Un trágico error conduce a una terrible decisión:
Allow everyone on the train to die… or pull the lever and allow his son to be crushed by the bridge.
Dejar que todos los pasajeros del tren mueran… o tirar de la palanca y dejar que su hijo muera aplastado por el puente.
The salvation of all required the sacrifice of one most dear.
La salvación de todos necesitaba el sacrificio de aquél que era el más querido.
The sacrifice of one bought hope for the future.
El sacrificio de uno compró la esperanza para el futuro.
This is how much God loved the world: He gave his Son, his one and only Son. And this is why: so that no one need be destroyed; by believing in him, anyone can have a whole and lasting life. (John 3:16)
Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito para que todo aquel que cree en El no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3:16)

Y ahora el cortometraje completo con subtítulos en español.

MOST (El Puente) -en español-

La próxima vez que veas a Jesús en la cruz, no te olvides de que arriba “en el puente de mando” estaba el Padre que tiró de la palanca, y ahora, desde el corazón, será más fácil responder a la pregunta de ¿Dónde estaba el Padre mientras su Hijo moría? ¿Cómo fue capaz de dejarlo morir? ¿Quién sufrió más por nuestra salvación? Cuando veas a Jesús en la cruz no olvides que igual de crucificado que el Hijo, si no más, estaba el Padre. Y todo por traernos la esperanza y la salvación… y sobre todo, por amor.

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