La mujer invisible


Les transmito esta conmovedora historia como nuestro más sentido homenaje a todas las madres. En este mes de mayo que iniciamos, mes dedicado a la madre de Dios, y en este día y los próximos, en los que muchos países -especialmente los católicos- celebramos el Día de la Madre.

Todo comenzó a ocurrir poco a poco… entro en la habitación y digo algo, y nadie se da cuenta.

Digo: “bajad el volumen de la tele, por favor”… y nada.

Entonces lo digo más fuerte: “¡APAGAD LA TELEVISION, POR FAVOR!”…  Y al final, tengo que ir y apagarla yo misma.

Y entonces empecé a entender…

En otra ocasión, mi marido y yo estuvimos juntos en una fiesta durante tres horas y yo ya tenía ganas de irme. Me acerqué a él, que estaba hablando con un compañero de trabajo, y él siguió hablando.  ¡Ni siquiera me respondió!  Fue ahí cuando me di cuenta de que… ¡No puede verme!

¡Soy invisible!

La mujer invisibleA partir de ese momento lo empecé a notar cada vez más: llevé a mi hijo al colegio y la señorita le preguntó: “¿Jake, con quién has venido?”, y mi hijo respondió: “con nadie”.

Solo tiene 5 años, de acuerdo, pero… ¡con nadie!

Una noche estábamos entre amigas celebrando el regreso de otra amiga que venía de viaje de Inglaterra. Jenisse acababa de hacer este increíble tour y no paraba de contarnos cosas del hotel donde se alojó. Y allí estaba yo, sentada a la mesa y mirando a las demás que estaban alrededor.  Me había maquillado en el coche, camino del restaurante.  Llevaba puesto un vestido viejo porque era lo único limpio que tenía.  Tenía el pelo recogido con un clip con forma de plátano, así que me sentía realmente patética.

Y entonces Jenisse se volvió hacia mí y me dijo: “Te he traído esto”.  Era un libro sobre las grandes catedrales de Europa…  No comprendí.  Y entonces, leí la dedicatoria.  Había escrito: “con admiración por la grandeza de lo que estás construyendo sin que nadie lo vea”.

Nadie conoce los nombres de las personas que trabajaron en la construcción de las grandes catedrales.  Una y otra vez, mirando estas obras mastodónticas, buscas el nombre del autor y solo dice: “autor anónimo… anónimo… anónimo…”. Hicieron su trabajo sin saber si la gente se daría cuenta.

Hay una historia en el libro, de uno de aquellos constructores que estaba tallando una pequeña ave en el interior de una viga de madera que luego iba a quedar cubierta por el techo. Alguien se acercó a ver lo que estaba haciendo y le preguntó: “¿por qué empleas tanto tiempo en hacer algo que después nadie podrá ver?”.   Según cuenta el libro, el constructor respondió: “porque Dios sí lo ve”.  Ellos estaban seguros de que Dios lo veía todo.

Ellos entregaron su vida a un trabajo. Un trabajo titánico que jamás verían terminado.  Trabajaron día tras día.  Algunas de estas catedrales tardaron más de cien años en terminarse.  Eso es más tiempo que toda la vida laboral de un hombre.  Día tras día…

Hicieron sacrificios personales sin buscar crédito ni reconocimiento. A cambio realizando un trabajo que nunca verían finalizado, una obra en la que sus nombres jamás figurarían.

Un escritor dijo que “ya no podrán volverse a construir grandes catedrales porque ya no hay personas que estén dispuestas a sacrificar su vida hasta ese punto”.

Cerré el libro.  Y fue como si oyera a Dios decir:

“Yo sí te veo…  Para mí no eres invisible.  Nada de lo que hagas es tan pequeño como para que yo no lo note.  Veo cada tortita que cocinas, cada plato de lentejas que haces, y me complace todo. Veo cada lágrima de decepción cuando las cosas no salen como esperabas… Pero recuerda: estás construyendo una gran catedral. No será terminada en el transcurso de tu vida.  Y lamentablemente no podrás vivir en ella…  Mas, si la construyes bien, Yo terminaré tu obra”.

Todavía hay veces que me duele sentirme invisible, pero ya no es una enfermedad que carcome mi vida. Es la cura para la enfermedad de mi egocentrismo; el antídoto para el veneno de mi orgullo.

No pasa nada si no lo ven. No pasa nada si no lo saben. No quiero que mi hijo les diga a sus amigos que trae del colegio: “No os podéis creer lo que hace mi madre, se levanta a las cuatro de la mañana y prepara tortitas, y nos cocina el pavo y plancha toda la ropa”.

Independientemente de que haga esas cosas o no, no quiero que diga eso.  Quiero que le guste traer a sus amigos a casa y, en segundo lugar, quiero que les diga: “os va a encantar estar en mi casa”.

No pasa nada si no se dan cuenta.  No trabajamos para ellos.  Trabajamos para Él.  Nos sacrificamos por Él.

Ellos nunca lo verán.  Por más que lo hagamos bien. Por más que lo hagamos perfecto.

Recemos para que nuestras obras se alcen como monumentos a un Gran Dios.

Catedral de Burgos

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5 thoughts on “La mujer invisible

  1. Magnífica historia, Christian; enhorabuena. Me ha recordado los versos de Manuel Machado, que me vas a permitir que los reproduzca (van de memoria, por lo que puede que no sean exactos):
    Hasta que el pueblo las canta,
    Las coplas, coplas son;
    Cuando el pueblo las canta,
    Ya nadie sabe su autor.
    Tal es la gloria, Gillén,
    De los que escriben cantares;
    Oír a la gente decir
    Que no los ha escrito nadie.
    Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar
    Aunque dejen de ser tuyas para ser de los demás.
    Que al fundir el genio con el saber popular,
    Lo que se pierde de gloria se gana en eternidad.

    La sociedad actual no les reconoce el trabajo callado, diario y perenne que realizan en la casa muchas mujeres. Incluso a veces casi se les insulta por esa labor: ¿porqué no trabaja tu mujer?. Perdone amigo, mi mujer trabaja mucho más que yo.
    … Aunque no traiga una nómina a fin de mes.

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