¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios


Cuando en el Antiguo Testamento aparece el nombre de Dios, los católicos suelen transcribirlo como “el Señor” (o a veces “Yahvé”). Pero se usa “Jehová” entre algunos protestantes, y también entre bastantes evangélicos y paraprotestantes*. De hecho el nombre “Jehová” hoy en día ha quedado asociado a ciertas denominaciones, muy especialmente a quienes llevan su nombre: “Los testigos de Jehová”.

Más de una vez oímos desde ciertos sectores el argumento de que para adorar a Dios plenamente tenemos que usar su nombre “verdadero”, o sea, Jehová (o Jehovah). Esta afirmación necesitaría probar dos cosas: 1- que Dios tiene un nombre propio 2- que ese nombre propio es Jehová. Veamos ambos puntos.

[* Se llama paraprotestantes a diversas religiones surgidas del protestantismo pero que no son propiamente cristianas, aunque usen la Biblia como libro sagrado. Un cristiano tiene que creer que sólo hay un dios, que Dios es uno y trino, que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que resucitó en cuerpo y alma. Los paraprotestantes más conocidos son los testigos de Jehová y los mormones.]

EL NOMBRE DE DIOS

La Biblia comienza con estas palabras:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)
בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ׃

La palabra que usa para Dios (אלהים) se pronuncia “elohim”, que es el plural de “El”, que significa “Dios”. De ahí tenemos muchos nombres derivados como:

Rafael= Dios ha sanado
Miguel= Quién como Dios
Samuel= Dios me ha escuchado
Emmanuel= Dios con nosotros
Israel= Aquel que lucha contra “El” (contra Dios)

Por tanto ese versículo dice literalmente: “En el principio Dioses creó los cielos y la tierra”. No ha faltado quien ha querido sugerir que los hebreos primitivos creían en diversos dioses, pero no es así. También es popular sugerir que de alguna manera los hebreos intuían la naturaleza trinitaria de Dios y por eso lo usaban en plural, pero aunque esto fuera posible, no es necesario suponerlo (al menos desde el punto de vista lingüístico). Al igual que en español, el hebreo conjuga el verbo según la persona y el número y “ברא אלהים” no significa “los dioses crearon” sino literalmente “Dioses creó”. En hebreo el plural se puede usar de dos maneras, o bien para marcar el número (el= dios; elohim= dioses) o bien para marcar importancia, magnificencia (elohim= el Gran Dios, el Dios por excelencia, el único). Ese uso de “Dios” como un plural morfológico que tiene sentido singular lo vemos claro porque el verbo “creó” (ברא) que usa después está conjugado en singular. Las 35 veces que aparece “elohim” en el relato de la creación, lleva siempre el verbo en singular. En realidad, lo mismo se puede pensar de ese “los cielos y la tierra”; “los cielos” (השמים  “hassamayim“)  es simplemente una forma majestuosa de referirse a “el cielo”, mientras que “la tierra” se usa en singular porque no es ensalzada de igual modo. Por esta razón también lo podemos encontrar traducido como “creó el cielo y la tierra”.

Como el plural “elohim” es irregular (debería ser “elim”), con el tiempo surgió un singular regular derivado de “elohim” que fue “eloha”, y también esta forma posterior se puede encontrar a veces en la Biblia con el mismo sentido que “el” (dios). Más aún, también surgió otra regularización posterior, pero esta vez a partir del singular, con lo que tenemos el plural mayestático regularizado “Elim”. Por tanto se usan estas cuatro formas similares para designar a Dios: Elohim, 2570 veces; El, 226 veces; Eloah, 57 veces y Elim, 9 veces.

Así que, al igual que hacemos nosotros, los antiguos hebreos llamaban a Dios simplemente “Dios”, con mayúsculas (en su caso con plural mayestático). Además, sabemos que ni siquiera usaban la palabra “Dios” (elohim) como nombre propio porque lleva artículo, así que en realidad cuando se refieren a Dios lo que dicen es “el Dios” (el único dios), y los nombres propios en hebreo no usan artículo.

Lo mismo ocurre con otro apelativo muy popular. A Dios en el A.T. se le llama más de 300 veces “Adonay”, siendo la tercera forma más usada para referirse a él. Pero “Adonai” tampoco es un nombre, es de nuevo un plural mayestático que significa “Señores”, o sea, “El Gran Señor; Señor de señores” (para nosotros: “el Señor”, con mayúsculas), un título.

יהוה

El Tetragrama sagrado

Sin embargo en el A.T. nos encontramos una sexta forma muy popular de llamar a Dios: יהוה las famosas “cuatro letras del nombre de Dios” o, para abreviar, el Tetragrama (del griego Tetragrámaton = palabra de cuatro letras). Estas cuatro letras son: י (Yod*), ה (He), ו (Waw), ה (He). Y esta palabra sí que parece estar usada como nombre propio, al menos aparentemente. Este nombre se ha transcrito en las biblias cristianas de diferentes maneras: Yahweh, Yahvé, Jah, Yavé, Iehová, Jehovah y Jehová. ¿Cuál será la correcta?

[*Entendemos ahora por qué Jesús utiliza la expresión de: “ni una yod” י (“iota” en la versión griega), pues era la letra más pequeñita del alfabeto hebraico: “Les aseguro que no desaparecerá ni una iota ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.” (Mateo 5:18)]

En un principio el Dios de Moisés era conocido únicamente como el Dios de los antepasados: “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. El ángel del Señor (Dios mismo) que luchó con Jacob, interrogado, se niega a decir su nombre (Génesis 32:30); al padre de Sansón sólo se le comunica un epíteto de este nombre: “misterioso” (Jueces 13:18). Así también en los tiempos patriarcales se designó al Dios de Israel con adjetivos como “Adday” (el de la montaña) o con expresiones como “fortaleza de Jacob”. Pero un día, en el Monte Horeb, Dios mismo reveló su nombre a Moisés: יהוה y ese será el principal nombre con el que a menudo se designe a Dios a partir de ese momento; más de 6.000 veces (compare con las  2.570 veces de “Elohim”).

Primero aclaremos que la Biblia no se escribió de un tirón ni los primeros libros son necesariamente más antiguos que los escritos posteriormente. Además, en algunos libros se recogen dos versiones diferentes que se funden y mezclan. Por tanto, no esperemos encontrarnos sólo “El” y sus formas derivadas hasta el libro del Éxodo, y a partir de ahí el nombre יהוה. Los epítetos se mezclan y suceden por los diversos libros, pero lo que sí está claro según la Biblia es que el nombre sagrado יהוה teológicamente surge a partir de la revelación de Dios en la zarza ardiendo.

Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy el Señor [יהוה]. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios Todopoderoso [Shaddai], pero no me di a conocer a ellos con mi nombre «el Señor» [יהוה]. (Éxodo 6:2-3)

Da igual, pues, que los historiadores discutan sobre si Moisés ya conocía o no ese apelativo o uno parecido, porque la cuestión es que es en la escena de la zarza donde la Biblia nos revela el sentido de este nuevo nombre que Dios se da. Entonces veamos qué es este nombre, de dónde sale, y si realmente equivale o no a un nombre propio normal, como pueda ser “Jesús”, “David” o “Susana”.

En el Monte Horeb, cuando Moisés divisa la zarza ardiente, Dios empieza definiéndose como un Dios tribal: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob“.  Pero cuando Moisés le pide un nombre concreto que lo identifique, la fórmula empleada por Dios suena más bien como una negativa análoga a la que dio el ángel a Jacob para no revelársele: “Yo soy el que soy”. En realidad parece una manera educada de eludir la respuesta, se podría pensar que no quiere decir su nombre. Para entenderlo más claramente, imagina que al entrar en tu casa te encuentras a un completo desconocido sentado en tu sillón y tú le preguntas “¿Quién eres?” y el desconocido responde “Soy yo“. Pues eso mismo le ocurrió a Moisés, pero la circunstancia es bien diferente.

Los israelitas llevaban mucho tiempo conviviendo con los egipcios y probablemente muchos eran ya politeístas; lo vemos por la facilidad con la que regresan a la idolatría en cuanto Moisés sube al Sinaí y ellos vuelven a adorar al dios egipcio Apis en forma del becerro de oro. Por lo tanto estaban acostumbrados a identificar a cada dios por su nombre. Moisés, criado en el palacio del faraón, también estaba acostumbrado a esa forma de funcionar, así que le parece lógico que ese Dios de sus padres le diga su nombre para poder decirles a los suyos qué dios es ese que les va a proteger. Lo que Moisés quiere saber es quién es ese dios tribal que se le está manifestando, ese dios que se cree más poderoso que todos los dioses egipcios y pretende desafiarlos. Pero la respuesta que Dios le da es bien clara “Yo soy el que soy“. Más explicada sería algo así: Yo no necesito identificarme de ninguna manera porque no hay más dios que yo, yo soy el que soy, el que existe, todos los demás son imaginación humana; ellos no existen, yo soy la Existencia misma, la realidad. Yo Soy.

אהיה אשר אהיה  (ehye aser ehye) “Yo soy quien soy”

El Dios que comienza presentándose como un dios tribal (el Dios de Israel), deja luego bien claro que es el Dios del Universo, el único que existe, la existencia misma. Pero a continuación Dios admite la utilidad de identificarse de alguna manera, así que le propone a Moisés que se refiera a él simplemente como “Yo-soy”, o sea, no estaríamos exactamente ante un nombre propio sino ante un atributo: la existencia (aunque se pueda utilizar en la práctica como si fuera nombre propio). No es simplemente una forma de decir “yo existo”, sino más bien “yo soy la existencia, yo soy la realidad”, usando una forma hebrea que incluye también una idea de continuidad en el futuro. Veamos el pasaje bíblico:

Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa». Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. (Éxodo 3:5-6)
[…]
Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?». Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: Yo-soy me envió a ustedes». Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros
(Éxodo 3:13-15)

Pero el famoso y polémico Tetragrama aparece unos capítulos más adelante, en una nueva aparición (la ya vista cita de Éxodo 6:2-3), o también cuando Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí y le dice:

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud.” (Éxodo 20:2)

אנכי יהוה אלהיך  (anoki יהוה eloheka) “Yo soy יהוה, tu Dios”

Aquí no dice simplemente “Soy Yo-soy, tu Dios”, sino que dice “Yo soy יהוה, tu Dios”, y esa enigmática forma  יהוה  es traducida en la versión griega de los Setenta como “κύριος“ (kyrios= el Señor), en la vulgata latina como “Dominus” (el Señor), y en los idiomas modernos como “el Señor” (o Yahvé, Jehová, etc). Pero ¿qué significaba exactamente esa palabra en el hebreo original? ¿Era esto al fin un nombre propio?

Según los lingüistas, esta forma se trataría de una combinación de las formas de pasado (היה), presente (הוה) y futuro (יהיה) de la raíz del verbo ser, para indicar la eternidad de la existencia divina. O sea, el mismo Dios se identifica repitiendo otra vez su anterior fórmula “Yo soy”, pero con un sentido más amplio, más atemporal, más eterno. En una sola forma verbal formada por la fusión de tres tiempos verbales,  יהוה  se podría traducir por “el que soy, el que era y el que será”. Comparemos con la manera en que se identifica Jesús en el Apocalipsis estableciendo su divinidad:

Yo soy el alfa y la omega,» dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.” (Apocalipsis 1:8) [o sea, Jesús está diciendo, pero ahora en griego, que él es  יהוה , el mismo Dios que se apareció ante Moisés]

Por lo tanto podríamos afirmar que el nombre con el que Dios se identifica, y el nombre con el que aparecerá identificado más de 6.000 veces en el A.T. es en realidad un atributo divino, no un nombre propio. Al igual que hizo en la zarza ardiendo cuando Moisés le pide su nombre, Dios no revela su nombre, sino que identifica su naturaleza. Así lo entiende también la versión francesa de Luis II (1910) cuando traduce esa frase por “Je suis l’Eternel, ton Dieu” (Yo soy el Eterno, tu Dios), que a la luz de estas conclusiones parece la mejor forma de traducirlo. Así pues, יהוה entraría en la misma categoría que otros epítetos descriptivos que encontramos en la Biblia como por ejemplo “el Señor”, “el Altísimo” o “el Omnipotente”. Cuando algo es único, más aún si es “lo único”, no necesita un nombre, porque los nombres están para diferenciar. Cada luna de Júpiter tiene un nombre diferente (Calisto, Io, Europa, etc.), así podemos saber de qué satélite estamos hablando, pero si se trata de nuestro planeta, la luna es “la luna”, no necesita ningún nombre porque es la única que tenemos, no hay más luna que ella. De igual modo, Dios no necesita un nombre porque no hay ningún otro sino él. Él es Dios.

Si ciertas denominaciones dicen que para adorar a Dios es necesario adorarle en su verdadero nombre (Jehová, según ellos), es por el final de la cita que hemos visto, que dice:

“Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros.”
(Éxodo 3:15)

Pero como hemos visto, el Tetragrama aparece cronológicamente 17 capítulos más tarde como forma sintética del “Yo soy quien soy”. El nombre que Dios reivindica para sí en esta cita es o bien el “Yo-soy”, o bien “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. No habla de un “nombre” en el sentido de un nombre propio, sino de un nombre en el sentido de una manera de nombrarlo, lo que en gramática moderna se llamaría “sustantivo / nombre” como opuesto a adjetivo, verbo, etc. La frase “este es mi nombre” podría traducirse por “así me podéis llamar” o “así me podéis nombrar”.

¿CÓMO SE PRONUNCIA LA PALABRA  יהוה ?

Para empezar necesitamos saber que el hebreo antiguo se escribía de derecha a izquierda y sólo con consotantes (tampoco había diferencia entre mayúsculas y minúsculas), así que por ejemplo TOLEDO se escribiría DLT. Como el sentido de escritura nos da igual para este asunto, digamos que “Toledo” se escribía TLD. Por tanto la palabra יהוה equivalía a las consonantes YHWH. De ahora en adelante nos referiremos al Tetragrama con su transliteración latina: YHWH.

Un dato cultural importante es que en la mentalidad hebrea (como en muchas otras), cuando una persona da nombre a algo o alguien, ese algo o esa persona queda bajo su protección e influencia; por eso es tan significativa la escena del Génesis en la que el hombre dio nombre a los animales; es una forma de establecerse como señor de todos los animales, lo que implicaba comprometerse a protegerlos (Génesis 2:20). Pero por eso mismo, porque te sitúas como señor, la cosa nombrada queda bajo tu influencia, bajo tu poder. De ahí surge la noción de que descubrir el nombre de alguien supone adquirir cierto dominio sobre él, captar y dominar su esencia.  También vemos con frecuencia en la Biblia y también en las historias de otras culturas (como las sagas germánicas o el antiguo cuento de Rumpelstinskin) escenas en las que en medio de una batalla cuerpo a cuerpo, o al final de la batalla, el vencedor insiste en que el vencido revele su nombre; es una manera de afirmar y completar su dominio sobre el vencido. Ante esta mentalidad, es fácil entender por qué Dios se niega a revelar su nombre, pues de ninguna manera puede el hombre dominar a Dios.

Jacob le rogó [al ángel del Señor]: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?».“ (Génesis 32:30)

Aunque hemos visto que YHWH en realidad no es un nombre, de todas formas se impuso como la forma más habitual de llamar a Dios, así que podemos decir que, en la práctica y con el tiempo, la gente acabó usándolo como si fuera un nombre propio. Ante el peligro de que se convirtiera realmente en nombre propio y por tanto supusiese cierto dominio del hombre sobre Dios, o bien por evitar la posibilidad de profanar el santo nombre, los hebreos terminaron por considerar blasfema su pronunciación. Sólo le estaba permitido pronunciarlo al Sumo Sacerdote y sólo dentro del Templo en el día de la Expiación, o sea, una vez al año.

No se sabe muy bien cuándo ocurrió, algunos dicen que la tendencia empezó a partir del exilio babilónico (s.V a.C), pero no parece probable. Otros dicen que cuando se traduce la versión de la Biblia al griego (la Septuaginta) en torno al 300 a.C. ya se sustituye sistemáticamente יהוה por “Kyrios” (el Señor), pero hay algún fragmento de las versiones más antiguas con el Tetragrama, y no se sabe si es un ejemplo de la norma o de la excepción. Lo que sí sabemos seguro es que en tiempos de Jesús la prohibición está bien arraigada. En el Nuevo Testamento no aparece ni una sola vez el Tetragrama, y cuando en el N.T. se citan pasajes del A.T. donde aparecía éste, se sustituyen por “Kyrios” o simplemente por “el Nombre” (como aún hacen los judíos sefarditas que leen el Tetragrama como “ha-Shem” = “el Nombre”). El propio N.T. suele usar “Kyrios” para referirse a Dios, aunque Jesús, además de “Padre”, a veces se refiere a Dios como “tu Nombre”:

Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos.” (Juan 17:6)
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre.” (Mateo 6:9)

La misma actitud vemos en el historiador judío Flavio Josefo, que dirigiéndose a los romanos dice:

Dios entonces le dijo su santo nombre, que nunca había sido comunicado a ningún hombre; por lo tanto no sería leal por mi parte que dijera nada más al respecto”.
(Antigüedades Judías, libro II, cap. XII, sec. 4.)

Esta sustitución del Tetragrama por “Señor” originó algún caso curioso, como esta cita que Marcos hace del discurso de Jesús en la sinagoga. Jesús lee ante la congregación un salmo de David y luego lo comenta. Cuando Jesús llega al יהוה del texto original, pronuncia el tetragrama como “Adonay” (“el Señor“,  “Kyrios” en el griego del evangelio):

“Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con agrado.”
(Marcos 12:35-37)

Jesús está citando el salmo 110:1 que dice:

“De David. Salmo. Dijo יהוה a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies»”

El primer “Señor”, pues, se refiere a Dios (יהוה), el segundo “Señor” se refiere al Mesías, o sea, al propio Jesús. Pero dentro del contexto del Nuevo Testamento esta versión “corregida” (o incluso “censurada”) no sólo no resulta ambigua (tanto Dios como el Mesías son llamados “Señor”, sin diferenciarse), sino que resulta clarificadora (Dios y el Mesías -Jesús- son una misma cosa, por tanto Dios es el Señor y Jesús es el Señor).

El caso es que ya en el siglo I nadie se atrevía a usar el nombre de Dios, aunque no descartamos que a un nivel muy restringido e incluso secreto se siguiera usando, o para blasfemar, o hacer conjuros en algún tipo de sincretismo religioso de los paganos que habitaban la región. También los samaritanos usaban el nombre en sus ceremonias sagradas y probablemente entre ellos no había ningún reparo en usarlo. Y pidiendo perdón por si a alguien le parece irreverente, creo que este fragmento de una conocida película de humor refleja muy bien el tabú que en aquellos tiempos se cernía sobre la pronunciación del Tetragrama:

Total, que una vez se perdió el uso de la palabra, donde la Biblia decía YHWH, el lector hacía una pausa y una reverencia con la cabeza, o bien se leía simplemente, como hizo Jesús, Adonay (= el Señor, “kyrie”), y en poco tiempo la memoria de esta palabra quedó perdida del todo. Tan solo nos quedaron las consonantes con las que se escribía: יהוה .  Y así quedó la cosa durante siglos, hasta que en el siglo VII, visto que ya casi ningún judío podía leer correctamente el hebreo (el hebreo moderno es una lengua resucitada en el s. XIX), los escribas judíos (llamados masoretas) decidieron añadir unos signos (subíndices y superíndices) para representar las vocales y que así los fieles pudieran pronunciar correctamente las palabras al leerlas (es lo que se llama “la Biblia masorética”). Pero ahí se encontraron con un problema. El famoso Tetragrama יהוה (YHWH) siempre se pronunciaba “Adonay”, no ya solo por no blasfemar, sino porque además ya nadie sabía la pronunciación original de YHWH. La solución que dieron los masoretas fue sencillamente añadir al YHWH las marcas vocálicas correspondientes a la palabra “Adonay”, y así de paso recordaban al lector que esa palabra debía de pronunciarse “Adonay” (el Señor), sin por ello tener que cambiar ni una sola letra de la Biblia original. El resultado de la grafía, pues sería algo así como: YaHoWaH.

Pero esa primera “a” hebrea no suena igual que una /a/ española normal, era una “a débil”, y por tanto fácilmente influenciable por sonidos colindates. Vimos que el primer sonido del Tetragrama es una “yod”. En muchos idiomas la “yod”, que es muy cerrada, tiene tendencia a cerrar un grado la vocal próxima y luego desaparecer o no (lo que en fonética se conoce como i-umlaut), y más aún si esa vocal es corta o débil. Se podrían poner muchos idiomas de ejemplo, pero baste con citar el español, donde muchas /a/ latinas pasaron a /e/ por influencia de la yod: laicu>lego, solitarium>soltiario>soltero, basiu>baisu>beso ). Por tanto, es muy fácil comprender que esa “a débil”, en contacto con la yod, se cierre y pase a transformarse en /e/. Así que el resultado será YeHoWaH, que transcrito al modo inglés o al modo del español antiguo tendríamos Jehovah (pronunciado /yejova/). Esta palabra, por la evolución fonética del español, se pronunciaría hoy en día  /jeobá/, pues la “h” aspirada desapareció en español y se hizo muda (no así en otros idiomas; los ingleses pronuncian algo así como /yejóuva/).

Es justo señalar que hay hebraístas que presentan otras teorías diferentes (y menos aceptadas) al respecto, pero sea como sea, la cuestión es que el Tetragrama YHWH era imposible de pronunciar por razones religiosas y porque ya nadie tenía ni idea de cómo pronunciarlo, así que los masoretas añadieron ciertas vocales (de “Adonay” o de donde fuera) y el resultado fue el híbrido Jehovah. Algunos cristianos posteriores que tradujeron el A.T. de la versión hebrea, en vez de la tradicional versión griega de la Septuaginta, reprodujeron el Tetragrama tal cual lo habían puesto los masoretas, con las vocales de Adonay insertadas, quizá sin darse cuenta de que esa escritura era un ingenioso truco. Así es como la versión “Jehovah” se introdujo en algunas versiones católicas de la Biblia (mucho antes de la aparición de los protestantes).

Por lo tanto podemos afirmar que el nombre “Jehová” en ningún momento fue usado por los antiguos (o modernos) hebreos para referirse a Dios y por lo tanto no es defendible la idea de que “Jehová” es un nombre sagrado y es el que debemos usar para referirnos a Dios o dirigirnos a él. Es más, desde el punto de vista bíblico original, si realmente pensáramos que “Jehová” es el verdadero nombre de Dios, sería blasfemia usarlo (como acabaron pensando los mismo judíos). Sin embargo, aun admitiendo el curioso origen de esta palabra, no hay inconveniente desde el punto de vista lingüístico para seguir usándolo en las traducciones bíblicas que así quieran, pues de igual modo podríamos argumentar que “Jesús” no se llamaba realmente Jesús, sino que su nombre original era “Ieshú” (abreviatura de “Yeshua”). Lo que no es defendible es pensar que “Jehová”, en ninguna de sus variaciones fonéticas, es el verdadero, único y sagrado nombre del Dios del universo, porque sencillamente ni es verdaderamente un nombre ni tiene nada que ver con la posible pronunciación original.

En español, la Biblia que popularizó la transcripción de “Jehová” fue la versión de Reina-Valera, hecha por el español Casiodoro de Reina en 1569 (y revisada por Cipriano Valera). Esta versión en castellano se extendió rápidamente entre los protestantes, que adoptaron el uso de “Jehová”.

En 1870 el americano Charles Taze Russell fundó un grupo de estudiantes de la Biblia que con el tiempo derivó en una nueva religión surgida a partir del cristianismo pero diferenciada. La gente empezó pronto a llamarles “los russellianos”. Finalmente, en 1931, decidieron que “rusellianos” no era un nombre adecuado y se cambiaron el nombre por “Testigos de Jehová” inspirándose en la siguiente cita de Isaías (con la traducción ya comentada del Tetragrama):

Ustedes son mis testigos y mis servidores –oráculo del Señor–: a ustedes los elegí para que entiendan y crean en mí, y para que comprendan que Yo Soy. Antes de mí no fue formado ningún dios ni habrá otro después de mí. Yo, yo solo soy Jehová (YHWH), y no hay salvador fuera de mí.”
(Isaías 43:10-11)

La versión Reina-Valera que apareció en 1990 ya ha sustituido el término “Jehová” por “el Eterno” (más acertado, como vimos anteriormente). Pero la versión Reina-Valera publicada por los mormones en 2005 mantiene el término “Jehová”.

La revisión adventista hecha de la Reina-Valera en el año 2000, explica en su introducción que el término “Jehová” es una transliteración inexacta y que por tanto se deja de usar, y dicen:

“Ahora para expresar el augusto nombre de Dios, esta revisión del año 2000, sigue el modelo del Nuevo Testamento. Cuando el NT cita algún pasaje del AT que tiene el tetragrama hebreo YHWH, no dice “Jehova”, sino “SEÑOR”.

Eso mismo, seguir el uso que el Nuevo Testamento hace en sus citas del Antiguo Testamento, es lo que hacen la mayoría de las biblias protestantes y también las católicas y ortodoxas, o sea, sustituir el tetragrama YHWH por “el Señor”. Si los Testigos de Jehová persisten en la exactitud y veracidad de la pronunciación “Jehová” es porque han tenido el mal acierto de convertir tal pronunciación en su seña de identidad, de lo contrario quizá hubieran finalmente reconocido, como los adventistas, que esa transcripción es un error histórico (por cierto, un error cometido originariamente por algunos traductores católicos).

YAHVÉ

Veamos ahora de dónde viene el nombre “Yahvé” usado también en algunas traducciones bíblicas. Hemos visto que lo único que tenemos del Tetragrama son las consonantes YHWH, que en realidad nadie sabe cómo se pronunciaban porque su recuerdo se perdió. Sin embargo lingüistas e historiadores han intentado investigar para descubrir cuáles pudieron ser las vocales que deberían ir allí, o sea, cuál debió ser la pronunciación original de esa palabra. Para esta reconstrucción partimos principalmente de tres fuentes:

1- Transcripciones de los cristianos primitivos (que todavía recuerdan la pronunciación original pues la prohibición no les afectaba). Estas transcripciones, en griego, suelen mostrar la forma: Iαβέ (“iabé”, pronunciado /yavé/ en esa época) o ιαουαι (“iaouai” pronunciado /yawé/, tal como usa Clemente de Alejandría en el siglo II)

2- Los samaritanos (que no son los judíos que regresaron del exilio sino los que no habían sido deportados) siguieron usando el nombre de Dios en ciertas ceremonias, y lo pronunciaban “iabé”

3- Hay muchas palabras hebreas antiguas que utilizan la raíz de YHWH refiriéndose a Dios:
Aleluya- proviene del hebreo “Hallelu-Yah, que significa “alaben a Yah*”.
Esa misma raíz “Yah”, con variaciones fonéticas, la encontramos en muchos nombres. De los 163 nombres propios hebreos que usan “Dios” en su formación, 115 terminan en “-yah” o “-yahw”, que serían formas apocopadas de “Yahweh”:
Yoshiya (Josías)= curado por Yah
Eliyah (Elías)= mi dios (El) es Yah (El-i Yah)

[*La forma “Yah”, o escrita “Jah” en inglés, es la que ahora utilizan los rastafaris de Jamaica para referirse a Dios]

En antiguos escritos asirios se menciona al Dios hebreo con el nombre de “Yahawa”, que bien puede ser un “Yahwé” pronunciado con acento asirio.

La Enciclopedia Católica nos dice sobre este asunto:

“El lector juicioso percibirá que la pronunciación samaritana Yabe probablemente es la que más se acerca al sonido verdadero del Nombre Divino; los otros escritos primitivos transmiten únicamente abreviaturas o corrupciones del nombre sagrado. Insertando las vocales de Yabe en el texto consonántico hebreo original [YHWH], obtenemos la forma Yahvéh (Yahweh), que ha sido generalmente aceptada por los modernos eruditos como la verdadera pronunciación del Nombre Divino. No meramente está estrechamente conectada con la pronunciación de la antigua sinagoga por medio de la tradición samaritana, sino que permite la legítima derivación de todas las abreviaturas del nombre sagrado en el Antiguo Testamento”

Por tanto, el consenso actual (aunque no completamente unánime) es que la palabra YHWH se pronunciaba “Yahweh” (en su sonido original /yajuej/, con las aches aspiradas), aunque el sonido /w/ evolucionó luego a una /v/, dando /yajvej/. Si suprimimos las dos aspiraciones de finales de sílabas nos quedaría una forma castellanizada de “Yahvé”, pronunciada /yabé/, aunque se suele mantener en la escritura una o las dos haches por motivos etimológicos.

En el 2008 La Santa Sede, siguiendo una directiva de Benedicto XVI, pidió omitir el término “Yahvé” en la Liturgia, oraciones y cantos pidiendo que se use la traducción equivalente al hebreo “Adonay” o al griego “Kyrios”, o sea, “el Señor”. Esto se hace porque después de todo no hay certeza absoluta de que “Yahvé” sea la palabra original, y también por ser fieles a la tradición del Nuevo Testamento y de la versión griega bíblica usada por los cristianos desde el principio* (la Septuaginta), que así lo hace.

[*Como anécdota comentemos que cuando en el N.T. Jesús cita un pasaje de las escrituras, o sea, del A.T., si usted busca ese pasaje original muchas veces verá que lo que dice Jesús no coincide exactamente con el pasaje veterotestamentario que está citando. De niño siempre pensé que era normal que si Jesús citaba un texto antiguo de memoria se acordara bien de lo que decía pero no exactamente de las palabras con las que estaba escrito. La explicación, como vemos, es más sencilla. No es que Jesús no tuviera muy buena memoria, es que en nuestras biblias actuales, lo normal es que el A.T. esté traducido de los textos hebreos originales, mientras que cuando se citan esos textos en el N.T. (que está escrito en griego), se los cita literalmente según la traducción griega de la Septuaginta. Por tanto, al ser traducción de una traducción, la idea permanece, pero las palabras cambian]

CONCLUSIÓN

Aunque el debate continúa, parece bastante seguro que el nombre “Jehová” es fruto de un error a la hora de interpretar las vocales que faltaban. Esta palabra, no obstante, no es una invención protestante, sino de algún escriba católico; lo que ocurre es que en el entorno católico se usó muy poco y luego desapareció, mientras que muchos protestantes la retomaron, probablemente a través de la versión bíblica de Reina-Valera y la usaron profusamente. La reconstrucción histórica de la pronunciación “Yahweh” parece la más exacta por motivos históricos y lingüísticos, pero tampoco podemos saber con total certeza que sea exacta.

Muchas biblias protestantes han dejado de usar la palabra “Jehová” y la han sustituido por “el Señor” (por ser fieles con la manera de actuar del Nuevo Testamento) o por “el Eterno” (por ser más fieles al significado original del término). Los católicos, que raras veces lo usaban, han dejado totalmente de usar el término “Yahvé” por motivos parecidos, porque no hay certeza absoluta de que sea correcto y por coherencia con la manera de actuar del Nuevo Testamento. Los ortodoxos, que siguen usando la versión griega, mantienen el término “Kyrios” (Señor) tal como se hizo desde la Septuaginta hasta los escritores del N.T.

Así que, a pesar de tanta polémica, al final la cosa se ha quedado en gran medida como estaba en un principio, que casi todos los cristianos usan el término equivalente a “Señor” para referirse a Dios en aquellos casos que los hebreos usaron el Tetragrama: יהוה

Los Testigos de Jehová, además de adorar a Dios, otorgan un significado casi “mágico” a su nombre, como si el nombre en sí fuese también objeto de adoración. Cuando un judío decía cosas como “alabado sea tu nombre”, era una forma de decir “alabado seas tú”, pero los Testigos lo interpretan literalmente. Russell, su fundador, era egiptólogo aficionado y con controvertidos contactos masónicos; quizá le viniera de ahí esa fascinación por el poder de un nombre. De hecho, una de sus creencias fundamentales es que el verdadero nombre de Dios (Jehová según él) debe ser usado, divulgado y santificado como merece. La web de los testigos de Jehová (jw.org) dice textualmente:

Las personas que practican la religión verdadera adoran únicamente a Jehová y dan a conocer su nombre. Jesús enseñó: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado” (Mateo 4:10). Así que los siervos de Dios adoran a Jehová, y a nadie más. De hecho, dar a conocer el nombre y las cualidades del Dios verdadero forma parte de su adoración.

Si citan a Mateo 4:10 como ejemplo de que hay que adorar sólo a Dios (no a Jesús) y además bajo el nombre de Jehová, entonces es fácil ver su error, porque independientemente de las traducciones que cada uno quiera hacer o inventarse, el texto griego original, que es lo que tenemos, no dice ahí “a Jehová tu Dios”, sino que dice literalmente “κύριον τὸν θεόν”, o sea, “al Señor tu Dios” (Kyrion ton Theon). De hecho, según las costumbres de la época, si Jesús hubiera pronunciado el Tetragrama (Jehová, Yahvé o como fuese), hubiera sido considerado blasfemia (aunque los historiadores no se pongan de acuerdo sobre si en tiempos de Jesús esa blasfemia implicaba pena de muerte).

Si alguien vuelve a decirte que para adorar a Dios en verdad es necesario pronunciar su Santo Nombre Jehová, puedes contestarle lo siguiente:

  1. No sabemos en realidad cómo se pronunciaba ese Santo Nombre.
  2. Todo parece indicar que en realidad ni siquiera era un nombre, sino un epíteto descriptivo.
  3. No hay ninguna prueba de que ni Jesús ni sus seguidores alabaran nunca a Dios utilizando ese nombre (ni Jehová, ni Yahvé ni ningún derivado que propongamos), y sí que parece muy claro que los evangelistas y apóstoles hicieron todo lo posible por evitar escribirlo o pronunciarlo.
  4. Jesús no nos enseñó a decir “santificado seas, Jehová”, sino “santificado sea tu nombre”.

Si un cristiano quiere dirigirse a Dios y llamarle con un nombre, Jesús nos dejó bien claro qué nombre debemos usar para hablarle, y ese nombre es “Padre”.

separador linea 2

ANEXO

Julio E. nos ha dejado en un comentario un dato interesante que queremos compartir con ustedes también. Se refiere al letrero de la cruz. Hemos estudiado un poco el asunto y parece que tiene razón. Se trata de la cita que nos deja Juan:

Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. Y muchos de los judíos leyeron este título; porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el título estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: ‘Rey de los judíos’; sino, que él dijo: ‘Yo soy el rey de los judíos’. Respondió Pilato: Lo escrito, escrito está.” (Juan 19:19-22)

Así que veamos cómo se escribió ese letrero en los tres idiomas:

La gran mayoría de los judíos de la época de Jesús hablaban arameo pero además dominaban uno o más de las otras tres lenguas comunes en la zona:

1- El hebreo era la lengua oficial del Templo, la antigua lengua sagrada.
2- El griego era la lengua franca de la cultura y el comercio en todo el Mediterráneo oriental.
3- El latín era la lengua oficial del imperio romano.

Y en estos tres idiomas el letrero de la cruz tal como lo describe Juan diría:

1- Hebreo: ישוע הנצרין ומלח היהדים (Yeshúa Ha Netzarin Ve Melej Ha Yehudim)
2- Griego: ΙΗΣΟΥΣ Ο ΝΑΖΩΡΑΙΟΣ Ο ΒΑΣΙΛΙΑΣ ΤΩΝ ΙΟΥΔΑΙΩΝ (Iesous o Nazaraios o Basilias ton Ioudaion)
3- Latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum
(español: Jesús Nazareno Rey de los Judíos)

Para asegurarnos de que no estamos retorciendo las traducciones para nuestra conveniencia vamos a usar un “documento” antiguo, el letrero tal como lo escribió el pintor español Diego de Velázquez alrededor del año 1632.

Cristo de Velazquez

Si agrandamos la parte del letrero para poder leerla comprobaremos que las palabras allí escritas son las mismas que transcribimos (las letras hebreas cambian un poco el estilo de la grafía pero son las mismas)

INRI Velazquez
ישוע הנצרין ומלח היהדים
ΙΗΣΟΥΣ Ο ΝΑΖΩΡΑΙΟΣ Ο ΒΑΣΙΛΙΑΣ ΤΩΝ ΙΟΥΔΑΙΩΝ
Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum

Así que partiendo de la base de que la redacción que ofrecemos es correcta, saquemos conclusiones.

Normalmente se conoce ese letrero por sus iniciales latinas:
Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum = INRI
si transformamos el texto griego en iniciales tendremos: INBI
Pero ¿qué pasa si transformamos el texto judío en sus iniciales? Tendríamos esto:

י ה ו ה = ישוע הנצרין ומלח היהדים

O sea, el Tetragramatón, YHVH, una forma sutíl de dejar como testimonio que Jesús es Dios, el mismo Yahvéh del Antiguo Testamento. No es de extrañar que las autoridades religiosas judías se escandalizaran ante semejante título. Si en lugar de representar al crucificado con las iniciales latinas (INRI) usáramos las iniciales hebreas (י ה ו ה) o su transliteración latina (YHVH) la imagen sería mucho más potente y significativa, Jesús en la cruz murió identificado como el mismísimo Dios, lo que prentendía ser su máxima humillación resultó ser su máxima victoria.

Anuncios

113 thoughts on “¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios

  1. Al inicio del articulo, comparan a los adventistas y los testigos de jeová como iguales paraprotestantes o sea, que no creen en Dios hecho carne en la persona de Cristo y que no creen en Dios como triuno. Ese concepto está. equivocado pues los adventistas del séptimo día si lo creen. por lo tante no son paraprotestantes. Lean las doctrinas de la denominación antes de publicar una afirmación en un artículo. Para un adventista del séptimo día Dios si es uno y si es triuno y si se hizo carne murió y resucitó. Por favor lean los 28 principios de la iglesia adventista del séptimo día y corrijan esa información

    Me gusta

  2. Para no ponérselo en el mismo comentario y que no sea demasiado largo le dejo la respuesta que los tj dan a, quizás, el razonamiento más fuerte que he podido encontrar:
    “al leer la Biblia, usted se puede tropezar con otras citas que dan la impresión de decir lo mismo y usted en esos casos no afirmaría que fuera así. Me explico.
    Tomemos de Éxodo 6:3 la parte que nos interesa ahora: “en mi nombre JEHOVÁ [יהוה] no me di a conocer a ellos”.
    Si continuamos con su forma de entender este texto significaría para todos como sigue:
    ‘ellos no sabían mi nombre (יהוה)’ o ‘ellos no sabían que yo me llamo (יהוה).
    Ahora veamos, siglos después, lo que el propio Jehová (יהוה), por boca del Profeta dijo:
    “«Por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día” (Isaías 52:6, RV1995)
    “y sabrán que mi nombre es Jehová [יהוה]” (Jeremías 16:21, RV1995)

    Si aplicamos su forma de entender Éxodo 6:3 a estos textos, entonces los mismos quieren decir que el pueblo de Dios en los días del profeta Isaías y Jeremías no conocían el Nombre divino (יהוה); es decir ellos nunca lo habían ni siquiera escuchado pronunciar en ninguna forma u lengua (idioma).
    Pero además, tendríamos que afirmar como usted dice de textos como Génesis 4:1; 13:4; 28:13. Usted dice que a la luz de Éxodo 6:3 ellos; Eva, Abrahán, Isaac y Jacob invocaron el Nombre de Jehová, pero no sabemos cómo porque a ellos Jehová nunca les dijo ‘me llamo Jehová”. Igualmente, estos textos de Isaías 52:6 y Jeremías 16:21 entonces demostrarían que ni siquiera en Éxodo 6:3 Dios le reveló el Nombre a Moisés aunque diga lo que diga la cita. Pues solamente en Isaías 52:6, el propio Dios mediante el profeta dice que ni entonces, sino en el futuro su ‘pueblo conocerá su nombre’. O sea, que ni en los días de los profetas, Israel sabía cómo se llamaba el Dios de ellos; el Dios que los había salvado de Egipto. Como es lógico no podemos entender las Escrituras así. Usted mismo diría que no, que eso no es posible; pues eso sería un desastre. Y que estos texto (Isaías 52:6 y Jeremías 16:21) deben de ser entendidos de otra manera. Y estamos de acuerdo. Como que también Éxodo 6:3 en su parte final debe ser entendido de otra manera.
    Está muy claro; los israelitas sí sabían que su Dios se llamaba Jehová (יהוה). No obstante, aquel pueblo pecador había dejado de tener fe en lo que Este Nombre significa plenamente. De ahí la expresión: “mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día” o “sabrán que mi nombre es Jehová“. El pueblo de Dios llegaría de nuevo a “conocer” por experiencia personal que Jehová es en realidad lo que su Nombre expresa que es.
    Por lo cual, esto demuestra que la vinculación de la palabra “Jehová” con el verbo “conocer” en Éxodo 6:3, no se está refiriendo a que los patriarcas no sabían, ni pronunciaban, o invocaban el Nombre personal de su Dios Todopoderoso, sino que ellos no conocían por experiencia que Jehová es en realidad los que su Nombre expresa que es. Es decir: El es Quien hace que llegue a ser para que se entienda que a causa de su propio Nombre sus propósitos siempre se cumplen. Y era eso (no las cuatro tetras del Nombre divino) lo que tanto patriarcas como la naciente nación hebrea desconocían.
    Eso es lo que Éxodo 6:3 significa en la parte final cuando dice: “en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos”.
    Además resulta poco convincente, después de leer tantas citas (172 veces) en Génesis donde se declara el Nombre divino, que aquella gente, tanto fiel como infiel, no supieran cual era el Nombre de Dios.
    Ahora, lo que sí parece razonable creer es que los patriarcas, aunque sabían que Jehová su Dios era “Todopoderoso”, desconocían la magnitud y alcance del significado de aquel Nombre santo y el Dios que lo porta.
    La Biblia no dice cuándo o cómo, Dios le comunicó su Nombre a Adán o cuándo y de qué forma lo supo Eva. Pero tampoco dice cuándo Dios le dijo a Adán que Eva había sido creada a partir de su propia carne. No obstante, cuando Adán recibió a Eva dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. (Génesis 2:23, RV1960)
    Si hay un libro de historia que no necesita de ningún otro libro para ser entendido es el Génesis. Génesis es el principio de todo.
    Si usted extrae el Génesis del canon de la Biblia actual; y lo lee por separado de todos los demás libros verá que no existe duda alguna en cuanto a que aquellas personas Sí conocían el Nombre Divino, es decir sí sabían cómo “Dios Todopoderoso” se llamaba.
    La realidad es que Eva, según el registro de Génesis que Moisés hizo bajo la guía de Jehová Dios, fue la primera persona humana en exclamar el Nombre divino y la Escritura [la historia del Génesis] (según RV1960) dice que sus palabras fueron: “Por voluntad de Jehová [יהוה] he adquirido varón”. (Génesis 4:1).”

    En espera de su respuesta.

    Me gusta

    • El argumento del principio que aquí adjuntas refuerza lo que te dije en el anterior comentario, que cuando la Biblia habla de “el nombre de Dios” no se refiere propiamente a un nombre, tal como pueda serlo “Carlos” o “Marta”, sino que se refiere a Dios, a su identidad, su naturaleza. Por eso la Biblia no tiene problema en decir en un sitio que Dios se llama así (es decir, que es así) y en otro sitio que nadie sabe cómo se llama (es decir, que no le conocen). Ese argumento lo único que apoya es que “Yahveh” (o “Jeová” como dicen ellos) no es exactamente un nombre propio, sino una manera de hacer referencia a Dios tipo perifrástico, pues Dios en realidad no tiene nombre. “Jehová” no se vincula con el verbo conocer, como argumentan ellos, si es que lo que quieren decir es que etimológicamente “Jehová” y “conocer” son palabras relacionadas. Simplemente ocurre que en la Biblia conocer un nombre se vincula con el concepto de conocer (y dominar) a la cosa o entidad que lo posee. Eso es parte del argumentario que nuestro artículo ofrece, y por eso mismo explicamos que Dios no dio su nombre en la escena de Jacob luchando contra el ángel.

      Todas esas aparentes incongruencias que tu testigo de Jehová intenta resolver mediante argumentos a mi juicio enrevesados, se resuelven de la forma más sencilla si tenemos en cuenta eso, que “el nombre de Dios” es una manera de referirse a Dios, pero que en realidad no se trata de un nombre en sí. De ese modo cuando se habla del nombre de Dios, o de “Yahvé”, sustitúyelo por “Dios” (o por “el Señor”) y desaparecen las contradicciones. Y no porque así nos convenga, sino porque así lo interpretaba el pueblo bíblico, por eso para ellos no sería ninguna contradicción por ejemplo si Dios le dijera a alguien “mi nombre es Yahvé” y a continuación le dijera “porque ninguno conocéis mi nombre”. Ah, ¿pues no me lo acabas de decir? Pero es que no estamos hablando de nombres, sino de naturaleza.

      Y ahora la traca final, lo que dice de “Si hay un libro de historia que no necesita de ningún otro libro para ser entendido es el Génesis”. Caray, qué afirmación tan sorprendente, y al mismo tiempo qué afirmación tan lógica y coherente para alguien que cree a pies juntillas en la “sola scriptura”, pues si la Biblia se explica a sí misma (?!) el Génesis por lógica no sólo no necesita de nada extrabíblico para entenderlo sino que ni siquiera de otros libros bíblicos, puesto que fue el primero. Sólo que ni siquiera fue el primero, pues en su redacción actual proviene de la época del Exilio y probablemente el libro de Job sea el más antiguo de todos. Y calificar al Génesis como libro “histórico” es… en fin, digamos que… mejor no digo nada. Esa idea de que la Biblia se explica a sí misma y no necesitamos ninguna información de fuera de ella (ni Tradición ni historia ni nada) es lo que mete a esta gente en esa maraña de enredo de la que cualquier salida es sólo un juego de equilibrios.

      Dicho lo cual, creo que tu testigo de Jehová es coherente dentro de su lógica y de sus premisas, no dice tonterías, razona bien (aunque sus razonamientos no siempre sean los únicos o los mejores), pero teniendo en cuenta cuál es su objetivo, son muy buenos. Lo que ocurre es que su punto de partida (premisas) son incorrectos y su objetivo final también lo es, por lo que todo su argumentario, siendo sólido, es inválido.

      Es un dato relevante que todos sus compañeros de viaje en la defensa de “Jehová” como verdadero y fiel nombre de Dios ya les han ido abandonando, siendo ellos los únicos que persisten en ello, y si eso es así no es porque ese nombre sea la identidad de Dios, sino porque ese nombre es la identidad de los testigos de Jehová, que si no se llamaran así muy probablemente hoy habrían aceptado ya, como otras denominaciones compañeras ya han hecho, que ese nombre es el fruto de un error. La otra idea, la de que el nombre de Dios es necesario para poder adorar a Dios completamente, es incluso más fácil de invalidar si tenemos en cuenta que Jesús nunca pronunció ese nombre, según la Biblia. Y la otra idea, la de si fue en la zarza o no donde Dios reveló su nombre por primera vez, pues eso carece de importancia para un católico, aunque sea tremendamente importante para un testigo, porque claro, si es tan fundamental adorar a Dios en su verdadero nombre de Jehová, asumir que nadie antes de Moisés conocía ese nombre equivaldría a asumir que nadie antes de Moisés pudo adorar a Dios de verdad, lo cual contradice a la propia Biblia. Pero si ese es todo el jaleo, yo ofrezco una salida más sencilla: supongamos que todos conocían ese nombre pero durante el exilio en Egipto la gente se olvidó, y entonces Dios tiene que recordarlo de nuevo. Y una segunda salida: la gente nunca olvidó ese nombre, fue sólo Moisés quien no lo conocía, al fin y al cabo se había criado en la corte del faraón y nadie le había transmitido la fe hebrea, sino la egipcia, por lo que sería perfectamente natural que mientras el pueblo hebreo clamaba el nombre de Dios, Moisés, huido al monte como pastor, ignoraba ese mismo nombre que los hebreos estaban usando y Dios tuvo que recordárselo. Y con eso nos ahorraríamos tener que suponer que si pasado, que si futuro y tantas vueltas. Aunque, como te digo, en los libros del Antiguo Testamento se usa “Yahvé” igual que nosotros podemos usar “Dios”, así, con mayúsculas, pues lo usamos como si fuera un nombre propio, aunque somos conscientes de que eso no es un nombre propio, pues Dios no necesita nombre porque sólo hay uno. Los falsos dioses paganos, que eran muchos, sí necesitaban un nombre para poder identificarse, y así Júpiter era diferente de Mercurio o de Diana o de Juno, pero Dios es Dios, no habiendo ningún dios más que Él, es innecesario que necesite un nombre para identificarse, y si lo usa, sería más una descripción que un nombre, por lo que si la Biblia dice que Eva dijo “por voluntad de Jehová…”, lo único que nos está diciendo es “por voluntad de Dios…”, pero en hebreo.

      Me gusta

  3. Saludos
    Nuevamente quisiera preguntarle sobre esto, pues su escrito en el Caribe ha recibido algunas quejas jajaja. Un tj escribe lo sigueinte, perdón por si es demasiado largo, pero creo que es muy interesante su opinión, aunuqe en parte infantil:
    “De hecho, un tiempo después del suceso de Génesis 4:1, la Escritura confirma que mucha gente estaba dando MAL uso del Nombre divino. Así, la Biblia confirma, que en los días de Enós, nieto de Adán, “se dio comienzo a invocar el nombre de Jehová
    El Targum palestinense opina que, esto se hizo de modo profano, como parte de la adoración idolátrica de aquel tiempo. Tal exégesis es bien aceptable si se toma en cuenta que como Abel ya había dado comienzo a invocar el nombre de Dios con fe
    apropiada anteriormente, se entiende que este posterior “invocar el nombre de Jehová significa que la gente comenzó a rofanar o degradar este Nombre. Se trataba claramente de una situación de crasa hipocresía o falsedad religiosa. (Génesis 4:26; 1 Pedro 3:19, 20; 2 Pedro 2:1-4) Por otra parte; la historia bíblica confirma que tanto Abrahán como su hijo Isaac y nieto Jacob, conocían el Nombre de su Dios Jehová ( i11i1, ) y lo utilizaban correcta y respetuosamente. Por citar tres (3) ejemplos: Abrán poco después de haber sido llamado por Dios para que saliera de Urde los caldeos a heredar la tierra de Canaán, construyó “un altar a Jehová y empezó a invocar (beshem : acción de “declarar”, ”predicar “. Compare con Ex 34:5 )] el nombre de Jehová (Génesis 12:8) El registro de Génesis 26:25 muestra que Isaac, también conocía el Santo Nombre de Dios y lo invocaba (beshem: “declaraba” o ”predicaba “)] por ese Nombre. En cuanto a Jacob, según Génesis 32:9, él mismo dio testimonio fehaciente que estaba al tanto del Nombre del Dios de
    sus padres Abrahán e Isaac. Indicó que él también conocía a su Dios por Su Nombre llamándole Jehová ( i11i1, ) Con mucha frecuencia- tal como el artículo citado muestra- se han aplicado mallos pasajes de Éxodo 3:13-16 y 6:3 para indicar
    que el nombre de Jehová ( se le reveló por primera vez a Moisés poco antes del éxodo de Egipto. Pero eso no es verdad. Es cierto que Moisés formuló la pregunta: “Supongamos que llego ahora a los hijos de Israel y de hecho les digo: ‘El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes’, y ellos de hecho me dicen: ‘¿Cuál es su nombre?’. ¿Qué les diré?”. Sin embargo, esto NO significa necesariamente que él o los israelitas no conociesen el nombre de Jehová ( i11i1, ). El mismo nombre de Jokébed, la madre de Moisés, posiblemente significa “Jehová Es Gloria”. (Éxodo 6:20) Y Samuel relata que los hebreos esclavizados en Egipto clamaban “a Jehová por socorro”. (1Samuel12:8) La pregunta de Moisés estaba más bien relacionada con las circunstancias en las que se hallaban los hijos de Israel. Después que la
    generación de descendientes de Jacob, que entró y murió allá en Egipto, los israelitas se multiplicaron y se hicieron muchos. (Éxodo 1:1-7) Para cuando Moisés recibió el llamamiento y comisión de Jehová, el pueblo hebreo en Egipto llevaba sufriendo dura esclavitud por muchas décadas sin ninguna señal de alivio. Y estaba enormemente inundado de la duda y el desánimo, lo que debilitaba su fe en el poder y el propósito de Dios de liberarlos. (Véase también Ezequiel20:7, 8.) Por lo tanto, el que Moisés simplemente dijera que iba en el nombre de “Dios” (‘Elohím) o el “Señor Soberano” (‘ Adhonái) no hubiera significado mucho para los israelitas que sufrían. Ellos sabían que los egipcios tenían sus propios dioses y señores, y sin duda tuvieron que oír cómo se burlaban de ellos diciéndoles que sus dioses eran superiores al Dios de los israelitas. En la actualidad un nombre personal es como una simple “etiqueta” para identificar a alguien; pero en aquel entonces, en la
    antigüedad bíblica, los nombres tenían un significado real. Moisés sabía que el nombre de Abrán (que significa “Padre Es Alto [Ensalzado]”) se cambió a Abrahán (que significa “Padre de una Muchedumbre [Multitud]”), y que el cambio obedeció al
    propósito de Dios con respecto a Abrahán. El nombre de Sarai también se cambió a Sara y el de Jacob, a Israel, y en cada caso el cambio puso de manifiesto algo fundamental y profético en cuanto al propósito de Dios para ellos. Moisés bien pudo preguntarse si entonces Jehová se revelaría a sí mismo bajo un nuevo nombre para arrojar luz sobre su propósito con respecto a Israel. El que Moisés fuese a los israelitas en el “nombre” de Aquel que le envió significaba que era su representante, y el peso de la autoridad con la que Moisés hablase estaría determinado por dicho nombre y lo que representaba. (Compárese con Éxodo 23:20, 21; 1Samuel
    17:45.) Así pues, la pregunta de Moisés era significativa. La respuesta de Dios en hebreo fue “‘Ehyéh ‘Aschér ‘Ehyéh”. Aunque algunas versiones traducen esta expresión por “YO SOY EL QUE SOY”, hay que notar que el verbo hebreo (hayáh) del que se deriva la palabra ‘Ehyéh NO significa simplemente “ser”, sino que, más bien, significa “llegar a ser” o “resultar ser” (Aquí ‘Ehyéh está en el estado imperfecto y en primera persona del singular). No se hace referencia a la propia existencia de Dios, sino a lo que piensa llegar a ser con relación a otros. Por
    lo tanto, la Traducción del Nuevo Mundo [TNM] traduce apropiadamente la expresión hebrea supracitada de este modo: “YO RESULTARÉ SER LO QUE RESULTARÉ SER”. Después Jehová añadió: “Esto es lo que has de decir a los hijos de Israel: ‘YO RESULTARÉ SER me ha enviado a ustedes'”. (Éxodo 3:14)
    Así, las palabras que siguen a esta declaración muestran inequívocamente que NO se estaba produciendo ningún cambio en el nombre de Dios, sino solo una mejor comprensión de su personalidad: “Esto es lo que habrás de decir a los hijos de Israel: ‘Jehová el Dios de sus antepasados, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a ustedes’. Este es mi nombre hasta tiempo indefinido, y este es la memoria de mí a generación tras generación”. (Éxodo 3:15; compárese con Salmo 135:13; Oseas 12:5.) El nombre Jehová de un verbo hebreo (hawáh) en su forma causativa que significa “llegar a ser”. Los expertos
    sostienen distintas posturas, así que no podemos ser categóricos sobre este significado. Sin embargo, en la opinión del Comité de Traducción de la Biblia del Nuevo Mundo, entendemos que el NOMBRE significa “Él Hace [o Causa] que Llegue a Ser”. Esto normalmente significa que el sujeto hace que algo o alguien realice la acción del verbo. Esta definición encaja bien con el papel de
    Jehová Creador de todas las cosas y como Aquel que cumple su propósito. El nombre de Dios no solo da a entender que él llega a ser lo que haga falta. También da a entender que Dios puede hacer que su creación llegue a ser lo que haga falta para que se cumplan sus promesas. Solo el Dios verdadero podría llevar tal nombre de manera apropiada y legítima. Lo antedicho ayuda a entender el sentido de lo que después le dijo Jehová a Moisés: “Yo soy Jehová Y yo solía aparecerme a Abrahán, Isaac y Jacob como Dios Todopoderoso, pero en cuanto a mi nombre Jehová me di a conocer a ellos”. (Éxodo 6:2, 3.) Dado que aquellos patriarcas, antepasados de Moisés, habían utilizado muchas veces el nombre Jehová (vea Génesis 12:8; 26:25; 32:9), es obvio que Dios se refería a que se les había manifestado en la dimensión de Jehová solo de manera limitada. Por lo tanto, en este sentido, “conocer” no significa simplemente estar informado o saber el nombre de alguien. Es decir, podemos saber cómo se llama cierta persona, pero de ahí a que ese nombre signifique específicamente algo para nosotros es otra cuestión. Moisés sabía que el Nombre de su Dios era Jehová ( i11;”‘P ), pero de ahí a presentarse delante de su pueblo sin tener un conocimiento exacto de cuánto significado expresaría ese Nombre tanto para él como para los hebreos esclavos en Egipto era ‘harina de otro
    costal’. Por eso, en este sentido, el profesor de hebreo D. H. Weir dice que los que alegan que en Éxodo 6:2, 3 se revela por primera vez el nombre Jehová “no han estudiado [estos versículos] a la luz de otros textos; de otro modo se hubieran dado cuenta de que la palabra nombre no hace referencia a las dos sílabas que componen la voz Jehová [ i11i1 1 ], sino a la idea que esta expresa. Cuando
    leemos en Isaías cap. LII [52]. 6, ‘Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre’, o en Jeremías cap. XVI [16]. 21, ‘Sabrán que mi nombre es Jehová’, o en los Salmos, Sl. IX [9] [.10, 16], ‘Y en ti confiarán los que conocen tu nombre’, vemos en seguida que conocer el nombre de Jehová es algo muy diferente de conocer las cuatro letras que lo componen. Es conocer por experiencia que Jehová es en realidad lo que su nombre expresa que es. (Compárese también con Is. XIX [19]. 20, 21; Eze. XX [20]. 5, 9; XXXIX [39]. 6, 7; SI LXXXIII [83]. [18]; LXXXIX [89]. [16]; 2 Cr. VI [6]. 33.)”. (The Imperial Bible-Dictionary, vol. 1, págs. 856, 857.)”

    Espero su respuesta y de antemano gracias.
    DLB

    Me gusta

    • Pues esta polémica del nombre a mí, como católico, me preocupa más bien poco. Muy poco en realidad. El único interés para mí es desde el punto de vista filológico, pero que el nombre original fuese así o asá es pura anécdota, sobre todo teniendo en cuenta que estamos hablando del hebreo, y que incluso el nombre de Jesús, que sí conocemos (Yeshua), nos da tan igual que todos le llamamos “Jesús” tan ricamente.

      Tampoco soy la persona más experta del mundo en lenguas bíblicas para discutir de tú a tú con expertos, pero las explicaciones dadas en este artículo son también el fruto de expertos muy relevantes, y yo las suscribo.

      Que la transcripción “Jehovah” es un error histórico localizado y debidamente explicado está bien demostrado. Que lo que Dios le dijo a Moisés en la zarza fue “yo soy quien soy” o “yo resultaré ser lo que resultaré ser”, en cuanto a debate puramente lingüístico ambas cosas podrán ser posibles pero desde el punto de vista teológico la segunda opción, que es la que defiende este señor que citas, me parece poco sostenible. Y espero no meter la pata porque no puedo ahora irme a los textos originales así que te hablaré de memoria.

      En las traducciones griegas de la Septuaginta que se hicieron en la Antigüedad, traducida por gente que aún hablaba el hebreo, la forma en que se tradujo al griego esa expresión fue la de ειμι ο ων, lo que literalmente sería “soy el que es”, o el que soy o el ser. Pero también tenemos otras antiguas traducciones griegas y caldeas en donde se tradujo esa expresión como “yo soy aquél que es”. En realidad, por la naturaleza de los tiempos verbales, también sería correcto considerarlo futuro en vez de presente, y decir “soy lo que seré / seré lo que soy / seré lo que seré / soy lo que soy”. Es un poco, aunque no igual, que en español, que el presente puede usarse para expresar futuro, así yo digo “el martes voy al médico”, y “voy” es un presente pero expresa futuro (no ahora, sino el martes próximo), por lo que no es de extrañar que pueda haber confusión sobre si tal verbo expresa presente o futuro. De todas formas, que Dios se defina y lo haga no con un presente, “yo soy”, sino con un futuro, “yo seré”, no me convence. Una cosa es expresar una idea, y otra cosa identificarse. Dios es eterno, inmutable, perfecto, no es una cosa en evolución, su identidad no es algo que será, es algo que es, o como explica mejor el Apocalipsis por boca de Jesús, “yo soy el que era, el que es y el que será”. Ese pasado+presente+futuro sí es una buena forma de expresar la idea de eternidad, igual que el presente, pero definirse como algo pasado o como algo futuro, no encaja con el concepto de lo eterno, más próximo al presente permanente que a otra cosa, y menos aún con el concepto de inmutable.

      Luego está el tema de si el nombre de Yahveh o como fuese, fue revelado por primera vez a Moisés o no. Tampoco es que me parezca importante desde el punto de vista teológico, pero no me convencen demasiado las explicaciones que intentan demostrar que ya era conocido de antes. No es que sean tonterías, tienen su lógica, pero no una lógica tan fuerte como para invalidar la tradición judía y cristiana que siempre ha creído que en esa escena Dios revela su nombre, o al menos se identifica de tal forma que esa expresión será luego usada como nombre propio.

      El principal argumento es que el pueblo o ciertos personajes concretos ya utilizaban el nombre Yahveh antes de la escena de la zarza. Eso está claro en la Biblia, hay bastantes pasajes hablando de acontecimientos anteriores a la zarza en donde se utiliza el nombre Yahveh. Pero es que eso sólo sería un argumento válido si creyésemos que la Biblia fue escrita en orden cronológico, lo cual sabemos que no es así.

      Supongamos como muchos creen que Moisés es el autor de los 5 libros del Pentateuco. En tal caso, Moisés escribió esos libros hacia el final de sus días, con lo cual, cuando comenzó a escribir la Biblia, él ya conocía el nombre de Yahveh, así que aunque nos esté contando cosas de Abrahan o de quien sea, todo eso se escribió después de la zarza, y por tanto, como Moisés ya conocía el nombre de Dios al escribir todo eso, pues pudo poner ese nombre en boca de cualquiera que antes de él se hubiera podido dirigir a Dios, máxime cuando “Yahveh” más que un nombre es una descripción, que es lo que en este artículo defendemos, así que tampoco falseaba la realidad Moisés al poner ese nombre en boca de gentes anteriores, porque con ello no estaba implicando que ellos conocían el nombre, simplemente que ellos invocaban a Dios. Y de nuevo suscribo lo dicho en nuestro artículo, cuando la Biblia habla de “el nombre de Dios” a menudo es simplemente una forma perifrástica o eufemística para decir simplemente Dios (como en “bendito sea tu nombre”).

      Sabemos también que por ejemplo el libro del Génesis es bastante posterior al del Éxodo, así que encontrar “Yahveh” en el Génesis no es nada extraño, pues cuando se escribió ese libro ya se conocía de sobra ese nombre.

      Otros datos dudosos, como tu citado expresamente admite, son solo eso, posibilidades, pero nada lo suficientemente definitivo como para obligar a replantearse teorías. Que Jokebed, madre de Moisés a lo mejor significa “Yahvéh es gloria”, pues sí, a lo mejor, o a lo mejor no, así que no cambiaría de teoría por una etimología meramente posible.

      Me gusta

  4. Saludos
    Me gustaría que leyera lo siguiente pues se contrapone a su escrito: “El querer suponer qué vocales eran pronunciadas acompañando a las letras YHWH es absurdo, pues como ya he acotado las vocales masoréticas no aparecieron hasta después del siglo VI e.c. Bíblicamente hablando, antes de que aparecieran los masoretas, los nombres hebreos que contenían las letras יהו del tetragrama se vocalizaban con las tres tetras (consonantes) Y, H, W como confirman ampliamente los manuscritos de Qumrán, la tetra Y se leía I (o E), la tetra W: U (u O) y la tetra H: A al final de la palabra. Por ejemplo, YH se leía IA, YHWDH se leía DHUDA (Judá). El nombre YHWH por tanto se leía IHUA. (Ihoua) En cuanto a la H, que era casi inaudible, se le podía añadir una e para que se oyera mejor, de modo que el nombre YHWDH que se leía literalmente I-H-U-D-A, pasó a leerse I-eH-U-D-A, el equivalente exacto del nombre hebreo Yehudah (Judá). Este peculiar y notorio estudio da al nombre יהוה (YHWH) la pronunciación I-eH-U-A (lehoua), una similitud cuasi perfecta a YeHoWaH en la puntuación masorética. Esta coincidencia es notable, incluso providencial para aquellas que creen que Dios cuidó de su Nombre. ¡Ni los mismos copistas pudieron imaginarlo! No obstante, esas pronunciaciones han evolucionado con el tiempo y el uso de las lenguas.
    Jesús (Yešua) pronunció el Nombre de Su Padre celestial. El denunció vigorosamente las tradiciones humanas que anulaban los mandatos divinos. (Mateo 15:3) Por tanto no parece probable que siguiera la costumbre supersticiosa de no pronunciar el Nombre. Todo argumento indica que, por ejemplo, en Nazaret de Galilea al leer el libro de Isaías (61:1, 2), el Hijo de Dios, pronunció el Nombre de Su Padre. (Lucas 4:18, 19) Y que se esforzó por darlo a conocer a sus discípulos. (Juan 17:6, 26) Jesús nos mostró que debíamos pedir en oración la santificación del Nombre del Padre. (Mateo 6:9)
    Los escritores cristianos bíblicos usaron ese Nombre. (Hechos 2:16-21; Romanos 10: 13) Hay demasiada evidencia para que hoy los que aman el Nombre de Dios lo usen diariamente. Tal como era en los días en que el pueblo escogido cantaba o recitaba gozosamente los salmos de las Escrituras. Solo en los Salmos el Nombre está escrito unas 700 veces. O como en los días de Rut y Boaz; la gente en aquella época se saludaba con el Nombre de Dios. (Rut 2:4) Hoy en nuestro idioma español, la pronunciación del Nombre (“lehoua” o “YeHoWaH”) en el transcurso de los años ha derivado en “Jehovah” o “Jehová”. ¿Es incorrecta esa pronunciación? No. Es mi deber reafirmarme hoy, que estaría totalmente de acuerdo, por ejemplo, en que se pronunciara el Nombre tal y como le fue dado y pronunciado a Moisés delante de la zarza ardiente. (Éxodo 3:15) Aun así, tal como he demostrado, el Nombre divino, ha sido traducido y conservado a lo largo del tiempo. Siendo pronunciado como se escribe según las lenguas y las épocas. Al igual como ha sucedido con otros nombres bíblicos.
    Existe un vocablo en nuestra idioma materno que me gusta ejemplificar cuando hablo con otros sobre el idioma y sus pronunciaciones. El metal que comúnmente se conoce, se pronuncia y se escribe “hierro”; hace siglos atrás se pronunciaba y escribía como “fierro”. Es evidente que de “hierro” a “fierro” puede existir, si el lector lo quiere ver así, una considerable diferencia. Ahora bien, ¿cuál es la palabra correcta hoy? Pues las dos lo son. No obstante, “hierro” es la que hoy usamos y aceptamos oficialmente correcta en nuestra lengua. Y por otra parte, no dejamos de decir que existen metales “ferrosos”. El Nombre del Dios Vivo ha de ser usado, escrito y pronunciado independientemente de que su pronunciación en hebreo sea “lehoua” o “YeHoWaH” o hasta quizás otra parecida más o menos exacta. En español, hoy “lehoua”, se pronuncia “Jehová” y cientos de Biblias así lo contienen para gloria de su Autor. Este Nombre Altísimo ha de ser predicado y honrado. (Salmo 83:18) Ha de ser bendecido. El Nombre de Dios está ligado a la salvación eterna de todos los que lo usen. Conocerlo y pronunciarlo como lo hicieron los hombres fieles de tiempos bíblicos es vital para quienes desean adorar a ese gran Dios “con espíritu y con verdad”. (Mateo 4:24) En estos argumentos, todos los que se presentan para ser Sus Testigos están de acuerdo. Para que ‘todo el que invoque el nombre de Jehová sea salvo’.”
    – Disculpe que sea tan largo, pero es que para no perder la coherencia decidí colocarlo completo. En realidad lo que más me interesa es el tema de la pronunciación y sus conclusiones. Yo le veo algunos defectos a esta hipótesis, pero bueno de seguro Usted me explicará mejor.
    – Algunas cosas que aquí se dicen ya se debaten en su escrito y se les da respuesta, no crea que no veo eso.
    – Cómo sabemos cuál es el texto griego original de los evangelios para saber que ahí se puso Kyros. Si lo que tuviéramos fueran copias de siglos después se pudieran decir muchas cosas a favor de los tj, como ellos lo hacen.
    DLB

    Me gusta

    • Esa explicación que citas es, sencillamente, incorrecta.
      Cuando dice que al leer a Isaías Jesús muy probablemente pronunció el nombre de Yahvé y se esforzó en carlo a conocer a sus discípulos podemos decir dos cosas. Primero, eso de que se esforzó en darlo a conocer es una suposición que hace el autor basándose absolútamente en nada, pero como él considera que dar a conocer ese nombres es fundamental para adorar a Dios, pues por supuesto supone que Jesús se esforzó por hacerlo, pero ¿en dónde encuentra un dato sobre esa suposición? No se puede argumentar mezclando los hechos con los deseos. Y segundo, lo de que Jesús pronunció la palabra Yahvé en la sinagoga es, de nuevo, otra suposición fantasiosa, porque en ningún sitio se dice nada semejante, es más, en la Biblia está escrito que Jesús dijo “Señor”, así que decir que la Biblia dio el cambiazo al término es, de nuevo, mezclar deseos con la realidad. Una cosa sí se puede especular con casi toda seguridad: si Jesús hubiera pronunciado el nombre de Yahvé en la sinagoga, inmediatamente la gente le hubiera arrastrado a la calle y lo hubiera apedreado. O si eran muy civilizados, se hubieran rasgado las vestiduras y lo hubieran llevado al sanedrín para que lo juzgase. Y no tendrían que haber esperado tanto y buscar falsos testimonios para finalmente condenarlo. Cuando arrestan finalmente a Jesús y lo llevan al sanedrín, lo acusan de blasfemar por afirmar que es el Hijo de Dios, pero nadie lo acusa de que “una vez en la sinagoga pronunció el nombre de Dios”. Vamos, que no.

      Por otro lado no es necesario tener un texto original de los evangelios para saber si una palabra se escribió originalmente así o eso se cambio siglos más tarde. Verás, imagina a San Lucas escribiendo su evangelio en el siglo primero. En cuanto se lo entrega al tal Teófilo, éste se lo enseñaría a más gente, y enseguida empezaría a recibir peticiones de otras gentes y comunidades que querían hacer una copia para llevárselo. Imagina que en un año se hacen 20 copias (probablemente muchas más) y cada copia va a un sitio, así que de esas primeras copias podríamos tener que una acaba en Roma, otra en Corinto, otra en Alejandría y otra en Siria, por ejemplo. Y cuando esas copias llegan a esas comunidades, enseguida otra gente empieza a hacer copias de esas copias, con lo que la copia de Siria podría servir para hacer una copia que acabó en Persia.

      Ahora imagina que un copista comete un error. O que una iglesia, o la Iglesia, en un momento dado decide cambiar una cosa. No había entonces forma de que ese cambio afectase, ni queriendo ni sin querer, a todas las copias que se estaban haciendo y estaban repartidas por todo el imperio. Había copias incluso fuera del imperio romano, y en muchas lenguas diferentes. Si el original del evangelio hubiera dicho en algún lugar “yahvé” o lo que sea, y posteriormente hubiera sido cambiado a “Señor”, entonces tendríamos por algunas partes muchas copias con el término original y otras con el término cambiado. Así que aunque no se conserven los textos originales físicamente, si algo se cambia sí deja rastro. De eso se encargan las ediciones críticas de una obra, incluida la Biblia.

      Me gusta

      • ¿Puede denirme por qué es incorrecta esa pronunciación, con datos? Pues el autor se anima mucho al decir “Esta coincidencia es notable, incluso providencial para aquellos que creen que Dios cuidó de su Nombre. ¡Ni los mismos copistas pudieron imaginarlo!”
        A mi me parece más una cosa forzada, pero quisiera saber bien en dónde se equivoca.

        Me gusta

      • Bueno ya le decía que a mí no me convenció mucho, pero es que los dos detallan cosas muy parecidas y con conclusiones muy distintas, en algún puntico ha de estar la diferencia, pero ahora lo que no tengo es tiempo. Trataré de comparar ambas explicaciones y luego le diré. Aunque le digo que a pesar de que en su escrito se le dedica a esto un buen trozo cuando leí lo de él me parecía que las dos cosas podían complementarse, además de que él presenta su escrito como un nuevo descubrimiento.

        Me gusta

      • Vaya, pues si después de 2000 años de discusiones y estudios hace un nuevo descubrimiento sobre datos tan manidos, habrá que esperar a que los grandes expertos asimilen su gran descubrimiento y se manifiesten. En estas cuestiones, desconfía de los nuevos descubrimientos. Si alguna vez se produce uno de verdad, no te preocupes que tendrá su repercusión, pero casi todos estos nuevos descubrimientos, si no todos, son ideas “brillantes” que se le ocurren a alguien que, en realidad, no tiene todos los datos.

        Me gusta

Deje su comentario (será publicado aquí tras ser revisado)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s