¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios


Cuando en el Antiguo Testamento aparece el nombre de Dios, los católicos suelen transcribirlo como “el Señor” (o a veces “Yahvé”). Pero se usa “Jehová” entre algunos protestantes, y también entre bastantes evangélicos y paraprotestantes*. De hecho el nombre “Jehová” hoy en día ha quedado asociado a ciertas denominaciones, muy especialmente a quienes llevan su nombre: “Los testigos de Jehová”.

Más de una vez oímos desde ciertos sectores el argumento de que para adorar a Dios plenamente tenemos que usar su nombre “verdadero”, o sea, Jehová (o Jehovah). Esta afirmación necesitaría probar dos cosas: 1- que Dios tiene un nombre propio 2- que ese nombre propio es Jehová. Veamos ambos puntos.

[* Se llama paraprotestantes a diversas religiones surgidas del protestantismo pero que no son propiamente cristianas, aunque usen la Biblia como libro sagrado. Un cristiano tiene que creer que sólo hay un dios, que Dios es uno y trino, que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que resucitó en cuerpo y alma. Los paraprotestantes más conocidos son los testigos de Jehová y los mormones.]

EL NOMBRE DE DIOS

La Biblia comienza con estas palabras:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Génesis 1:1)
בראשית ברא אלהים את השמים ואת הארץ׃

La palabra que usa para Dios (אלהים) se pronuncia “elohim”, que es el plural de “El”, que significa “Dios”. De ahí tenemos muchos nombres derivados como:

Rafael= Dios ha sanado
Miguel= Quién como Dios
Samuel= Dios me ha escuchado
Emmanuel= Dios con nosotros
Israel= Aquel que lucha contra “El” (contra Dios)

Por tanto ese versículo dice literalmente: “En el principio Dioses creó los cielos y la tierra”. No ha faltado quien ha querido sugerir que los hebreos primitivos creían en diversos dioses, pero no es así. También es popular sugerir que de alguna manera los hebreos intuían la naturaleza trinitaria de Dios y por eso lo usaban en plural, pero aunque esto fuera posible, no es necesario suponerlo (al menos desde el punto de vista lingüístico). Al igual que en español, el hebreo conjuga el verbo según la persona y el número y “ברא אלהים” no significa “los dioses crearon” sino literalmente “Dioses creó”. En hebreo el plural se puede usar de dos maneras, o bien para marcar el número (el= dios; elohim= dioses) o bien para marcar importancia, magnificencia (elohim= el Gran Dios, el Dios por excelencia, el único). Ese uso de “Dios” como un plural morfológico que tiene sentido singular lo vemos claro porque el verbo “creó” (ברא) que usa después está conjugado en singular. Las 35 veces que aparece “elohim” en el relato de la creación, lleva siempre el verbo en singular. En realidad, lo mismo se puede pensar de ese “los cielos y la tierra”; “los cielos” (השמים  “hassamayim“)  es simplemente una forma majestuosa de referirse a “el cielo”, mientras que “la tierra” se usa en singular porque no es ensalzada de igual modo. Por esta razón también lo podemos encontrar traducido como “creó el cielo y la tierra”.

Como el plural “elohim” es irregular (debería ser “elim”), con el tiempo surgió un singular regular derivado de “elohim” que fue “eloha”, y también esta forma posterior se puede encontrar a veces en la Biblia con el mismo sentido que “el” (dios). Más aún, también surgió otra regularización posterior, pero esta vez a partir del singular, con lo que tenemos el plural mayestático regularizado “Elim”. Por tanto se usan estas cuatro formas similares para designar a Dios: Elohim, 2570 veces; El, 226 veces; Eloah, 57 veces y Elim, 9 veces.

Así que, al igual que hacemos nosotros, los antiguos hebreos llamaban a Dios simplemente “Dios”, con mayúsculas (en su caso con plural mayestático). Además, sabemos que ni siquiera usaban la palabra “Dios” (elohim) como nombre propio porque lleva artículo, así que en realidad cuando se refieren a Dios lo que dicen es “el Dios” (el único dios), y los nombres propios en hebreo no usan artículo.

Lo mismo ocurre con otro apelativo muy popular. A Dios en el A.T. se le llama más de 300 veces “Adonay”, siendo la tercera forma más usada para referirse a él. Pero “Adonai” tampoco es un nombre, es de nuevo un plural mayestático que significa “Señores”, o sea, “El Gran Señor; Señor de señores” (para nosotros: “el Señor”, con mayúsculas), un título.

יהוה

El Tetragrama sagrado

Sin embargo en el A.T. nos encontramos una sexta forma muy popular de llamar a Dios: יהוה las famosas “cuatro letras del nombre de Dios” o, para abreviar, el Tetragrama (del griego Tetragrámaton = palabra de cuatro letras). Estas cuatro letras son: י (Yod*), ה (He), ו (Waw), ה (He). Y esta palabra sí que parece estar usada como nombre propio, al menos aparentemente. Este nombre se ha transcrito en las biblias cristianas de diferentes maneras: Yahweh, Yahvé, Jah, Yavé, Iehová, Jehovah y Jehová. ¿Cuál será la correcta?

[*Entendemos ahora por qué Jesús utiliza la expresión de: “ni una yod” י (“iota” en la versión griega), pues era la letra más pequeñita del alfabeto hebraico: “Les aseguro que no desaparecerá ni una iota ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.” (Mateo 5:18)]

En un principio el Dios de Moisés era conocido únicamente como el Dios de los antepasados: “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. El ángel del Señor (Dios mismo) que luchó con Jacob, interrogado, se niega a decir su nombre (Génesis 32:30); al padre de Sansón sólo se le comunica un epíteto de este nombre: “misterioso” (Jueces 13:18). Así también en los tiempos patriarcales se designó al Dios de Israel con adjetivos como “Adday” (el de la montaña) o con expresiones como “fortaleza de Jacob”. Pero un día, en el Monte Horeb, Dios mismo reveló su nombre a Moisés: יהוה y ese será el principal nombre con el que a menudo se designe a Dios a partir de ese momento; más de 6.000 veces (compare con las  2.570 veces de “Elohim”).

Primero aclaremos que la Biblia no se escribió de un tirón ni los primeros libros son necesariamente más antiguos que los escritos posteriormente. Además, en algunos libros se recogen dos versiones diferentes que se funden y mezclan. Por tanto, no esperemos encontrarnos sólo “El” y sus formas derivadas hasta el libro del Éxodo, y a partir de ahí el nombre יהוה. Los epítetos se mezclan y suceden por los diversos libros, pero lo que sí está claro según la Biblia es que el nombre sagrado יהוה teológicamente surge a partir de la revelación de Dios en la zarza ardiendo.

Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy el Señor [יהוה]. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como el Dios Todopoderoso [Shaddai], pero no me di a conocer a ellos con mi nombre «el Señor» [יהוה]. (Éxodo 6:2-3)

Da igual, pues, que los historiadores discutan sobre si Moisés ya conocía o no ese apelativo o uno parecido, porque la cuestión es que es en la escena de la zarza donde la Biblia nos revela el sentido de este nuevo nombre que Dios se da. Entonces veamos qué es este nombre, de dónde sale, y si realmente equivale o no a un nombre propio normal, como pueda ser “Jesús”, “David” o “Susana”.

En el Monte Horeb, cuando Moisés divisa la zarza ardiente, Dios empieza definiéndose como un Dios tribal: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob“.  Pero cuando Moisés le pide un nombre concreto que lo identifique, la fórmula empleada por Dios suena más bien como una negativa análoga a la que dio el ángel a Jacob para no revelársele: “Yo soy el que soy”. En realidad parece una manera educada de eludir la respuesta, se podría pensar que no quiere decir su nombre. Para entenderlo más claramente, imagina que al entrar en tu casa te encuentras a un completo desconocido sentado en tu sillón y tú le preguntas “¿Quién eres?” y el desconocido responde “Soy yo“. Pues eso mismo le ocurrió a Moisés, pero la circunstancia es bien diferente.

Los israelitas llevaban mucho tiempo conviviendo con los egipcios y probablemente muchos eran ya politeístas; lo vemos por la facilidad con la que regresan a la idolatría en cuanto Moisés sube al Sinaí y ellos vuelven a adorar al dios egipcio Apis en forma del becerro de oro. Por lo tanto estaban acostumbrados a identificar a cada dios por su nombre. Moisés, criado en el palacio del faraón, también estaba acostumbrado a esa forma de funcionar, así que le parece lógico que ese Dios de sus padres le diga su nombre para poder decirles a los suyos qué dios es ese que les va a proteger. Lo que Moisés quiere saber es quién es ese dios tribal que se le está manifestando, ese dios que se cree más poderoso que todos los dioses egipcios y pretende desafiarlos. Pero la respuesta que Dios le da es bien clara “Yo soy el que soy“. Más explicada sería algo así: Yo no necesito identificarme de ninguna manera porque no hay más dios que yo, yo soy el que soy, el que existe, todos los demás son imaginación humana; ellos no existen, yo soy la Existencia misma, la realidad. Yo Soy.

אהיה אשר אהיה  (ehye aser ehye) “Yo soy quien soy”

El Dios que comienza presentándose como un dios tribal (el Dios de Israel), deja luego bien claro que es el Dios del Universo, el único que existe, la existencia misma. Pero a continuación Dios admite la utilidad de identificarse de alguna manera, así que le propone a Moisés que se refiera a él simplemente como “Yo-soy”, o sea, no estaríamos exactamente ante un nombre propio sino ante un atributo: la existencia (aunque se pueda utilizar en la práctica como si fuera nombre propio). No es simplemente una forma de decir “yo existo”, sino más bien “yo soy la existencia, yo soy la realidad”, usando una forma hebrea que incluye también una idea de continuidad en el futuro. Veamos el pasaje bíblico:

Entonces Dios le dijo: «No te acerques hasta aquí. Quítate las sandalias, porque el suelo que estás pisando es una tierra santa». Luego siguió diciendo: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Moisés se cubrió el rostro porque tuvo miedo de ver a Dios. (Éxodo 3:5-6)
[…]
Moisés dijo a Dios: «Si me presento ante los israelitas y les digo que el dios de sus padres me envió a ellos, me preguntarán cuál es su nombre. Y entonces, ¿qué les responderé?». Dios dijo a Moisés: «Yo soy el que soy». Luego añadió: «Tú hablarás así a los israelitas: Yo-soy me envió a ustedes». Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros
(Éxodo 3:13-15)

Pero el famoso y polémico Tetragrama aparece unos capítulos más adelante, en una nueva aparición (la ya vista cita de Éxodo 6:2-3), o también cuando Dios entrega las Tablas de la Ley a Moisés en el Monte Sinaí y le dice:

“Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud.” (Éxodo 20:2)

אנכי יהוה אלהיך  (anoki יהוה eloheka) “Yo soy יהוה, tu Dios”

Aquí no dice simplemente “Soy Yo-soy, tu Dios”, sino que dice “Yo soy יהוה, tu Dios”, y esa enigmática forma  יהוה  es traducida en la versión griega de los Setenta como “κύριος“ (kyrios= el Señor), en la vulgata latina como “Dominus” (el Señor), y en los idiomas modernos como “el Señor” (o Yahvé, Jehová, etc). Pero ¿qué significaba exactamente esa palabra en el hebreo original? ¿Era esto al fin un nombre propio?

Según los lingüistas, esta forma se trataría de una combinación de las formas de pasado (היה), presente (הוה) y futuro (יהיה) de la raíz del verbo ser, para indicar la eternidad de la existencia divina. O sea, el mismo Dios se identifica repitiendo otra vez su anterior fórmula “Yo soy”, pero con un sentido más amplio, más atemporal, más eterno. En una sola forma verbal formada por la fusión de tres tiempos verbales,  יהוה  se podría traducir por “el que soy, el que era y el que será”. Comparemos con la manera en que se identifica Jesús en el Apocalipsis estableciendo su divinidad:

Yo soy el alfa y la omega,» dice el Señor, el Dios todopoderoso, el que es y era y ha de venir.” (Apocalipsis 1:8) [o sea, Jesús está diciendo, pero ahora en griego, que él es  יהוה , el mismo Dios que se apareció ante Moisés]

Por lo tanto podríamos afirmar que el nombre con el que Dios se identifica, y el nombre con el que aparecerá identificado más de 6.000 veces en el A.T. es en realidad un atributo divino, no un nombre propio. Al igual que hizo en la zarza ardiendo cuando Moisés le pide su nombre, Dios no revela su nombre, sino que identifica su naturaleza. Así lo entiende también la versión francesa de Luis II (1910) cuando traduce esa frase por “Je suis l’Eternel, ton Dieu” (Yo soy el Eterno, tu Dios), que a la luz de estas conclusiones parece la mejor forma de traducirlo. Así pues, יהוה entraría en la misma categoría que otros epítetos descriptivos que encontramos en la Biblia como por ejemplo “el Señor”, “el Altísimo” o “el Omnipotente”. Cuando algo es único, más aún si es “lo único”, no necesita un nombre, porque los nombres están para diferenciar. Cada luna de Júpiter tiene un nombre diferente (Calisto, Io, Europa, etc.), así podemos saber de qué satélite estamos hablando, pero si se trata de nuestro planeta, la luna es “la luna”, no necesita ningún nombre porque es la única que tenemos, no hay más luna que ella. De igual modo, Dios no necesita un nombre porque no hay ningún otro sino él. Él es Dios.

Si ciertas denominaciones dicen que para adorar a Dios es necesario adorarle en su verdadero nombre (Jehová, según ellos), es por el final de la cita que hemos visto, que dice:

“Y continuó diciendo a Moisés: «Tú hablarás así a los israelitas: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, es el que me envía. Este es mi nombre para siempre y así será invocado en todos los tiempos futuros.”
(Éxodo 3:15)

Pero como hemos visto, el Tetragrama aparece cronológicamente 17 capítulos más tarde como forma sintética del “Yo soy quien soy”. El nombre que Dios reivindica para sí en esta cita es o bien el “Yo-soy”, o bien “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. No habla de un “nombre” en el sentido de un nombre propio, sino de un nombre en el sentido de una manera de nombrarlo, lo que en gramática moderna se llamaría “sustantivo / nombre” como opuesto a adjetivo, verbo, etc. La frase “este es mi nombre” podría traducirse por “así me podéis llamar” o “así me podéis nombrar”.

¿CÓMO SE PRONUNCIA LA PALABRA  יהוה ?

Para empezar necesitamos saber que el hebreo antiguo se escribía de derecha a izquierda y sólo con consotantes (tampoco había diferencia entre mayúsculas y minúsculas), así que por ejemplo TOLEDO se escribiría DLT. Como el sentido de escritura nos da igual para este asunto, digamos que “Toledo” se escribía TLD. Por tanto la palabra יהוה equivalía a las consonantes YHWH. De ahora en adelante nos referiremos al Tetragrama con su transliteración latina: YHWH.

Un dato cultural importante es que en la mentalidad hebrea (como en muchas otras), cuando una persona da nombre a algo o alguien, ese algo o esa persona queda bajo su protección e influencia; por eso es tan significativa la escena del Génesis en la que el hombre dio nombre a los animales; es una forma de establecerse como señor de todos los animales, lo que implicaba comprometerse a protegerlos (Génesis 2:20). Pero por eso mismo, porque te sitúas como señor, la cosa nombrada queda bajo tu influencia, bajo tu poder. De ahí surge la noción de que descubrir el nombre de alguien supone adquirir cierto dominio sobre él, captar y dominar su esencia.  También vemos con frecuencia en la Biblia y también en las historias de otras culturas (como las sagas germánicas o el antiguo cuento de Rumpelstinskin) escenas en las que en medio de una batalla cuerpo a cuerpo, o al final de la batalla, el vencedor insiste en que el vencido revele su nombre; es una manera de afirmar y completar su dominio sobre el vencido. Ante esta mentalidad, es fácil entender por qué Dios se niega a revelar su nombre, pues de ninguna manera puede el hombre dominar a Dios.

Jacob le rogó [al ángel del Señor]: «Por favor, dime tu nombre». Pero él respondió: «¿Cómo te atreves a preguntar mi nombre?».“ (Génesis 32:30)

Aunque hemos visto que YHWH en realidad no es un nombre, de todas formas se impuso como la forma más habitual de llamar a Dios, así que podemos decir que, en la práctica y con el tiempo, la gente acabó usándolo como si fuera un nombre propio. Ante el peligro de que se convirtiera realmente en nombre propio y por tanto supusiese cierto dominio del hombre sobre Dios, o bien por evitar la posibilidad de profanar el santo nombre, los hebreos terminaron por considerar blasfema su pronunciación. Sólo le estaba permitido pronunciarlo al Sumo Sacerdote y sólo dentro del Templo en el día de la Expiación, o sea, una vez al año.

No se sabe muy bien cuándo ocurrió, algunos dicen que la tendencia empezó a partir del exilio babilónico (s.V a.C), pero no parece probable. Otros dicen que cuando se traduce la versión de la Biblia al griego (la Septuaginta) en torno al 300 a.C. ya se sustituye sistemáticamente יהוה por “Kyrios” (el Señor), pero hay algún fragmento de las versiones más antiguas con el Tetragrama, y no se sabe si es un ejemplo de la norma o de la excepción. Lo que sí sabemos seguro es que en tiempos de Jesús la prohibición está bien arraigada. En el Nuevo Testamento no aparece ni una sola vez el Tetragrama, y cuando en el N.T. se citan pasajes del A.T. donde aparecía éste, se sustituyen por “Kyrios” o simplemente por “el Nombre” (como aún hacen los judíos sefarditas que leen el Tetragrama como “ha-Shem” = “el Nombre”). El propio N.T. suele usar “Kyrios” para referirse a Dios, aunque Jesús, además de “Padre”, a veces se refiere a Dios como “tu Nombre”:

Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos.” (Juan 17:6)
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre.” (Mateo 6:9)

La misma actitud vemos en el historiador judío Flavio Josefo, que dirigiéndose a los romanos dice:

Dios entonces le dijo su santo nombre, que nunca había sido comunicado a ningún hombre; por lo tanto no sería leal por mi parte que dijera nada más al respecto”.
(Antigüedades Judías, libro II, cap. XII, sec. 4.)

Esta sustitución del Tetragrama por “Señor” originó algún caso curioso, como esta cita que Marcos hace del discurso de Jesús en la sinagoga. Jesús lee ante la congregación un salmo de David y luego lo comenta. Cuando Jesús llega al יהוה del texto original, pronuncia el tetragrama como “Adonay” (“el Señor“,  “Kyrios” en el griego del evangelio):

“Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies. Si el mismo David lo llama Señor, ¿Cómo puede ser hijo suyo? La multitud escuchaba a Jesús con agrado.”
(Marcos 12:35-37)

Jesús está citando el salmo 110:1 que dice:

“De David. Salmo. Dijo יהוה a mi Señor: «Siéntate a mi derecha, mientras yo pongo a tus enemigos como estrado de tus pies»”

El primer “Señor”, pues, se refiere a Dios (יהוה), el segundo “Señor” se refiere al Mesías, o sea, al propio Jesús. Pero dentro del contexto del Nuevo Testamento esta versión “corregida” (o incluso “censurada”) no sólo no resulta ambigua (tanto Dios como el Mesías son llamados “Señor”, sin diferenciarse), sino que resulta clarificadora (Dios y el Mesías -Jesús- son una misma cosa, por tanto Dios es el Señor y Jesús es el Señor).

El caso es que ya en el siglo I nadie se atrevía a usar el nombre de Dios, aunque no descartamos que a un nivel muy restringido e incluso secreto se siguiera usando, o para blasfemar, o hacer conjuros en algún tipo de sincretismo religioso de los paganos que habitaban la región. También los samaritanos usaban el nombre en sus ceremonias sagradas y probablemente entre ellos no había ningún reparo en usarlo. Y pidiendo perdón por si a alguien le parece irreverente, creo que este fragmento de una conocida película de humor refleja muy bien el tabú que en aquellos tiempos se cernía sobre la pronunciación del Tetragrama:

Total, que una vez se perdió el uso de la palabra, donde la Biblia decía YHWH, el lector hacía una pausa y una reverencia con la cabeza, o bien se leía simplemente, como hizo Jesús, Adonay (= el Señor, “kyrie”), y en poco tiempo la memoria de esta palabra quedó perdida del todo. Tan solo nos quedaron las consonantes con las que se escribía: יהוה .  Y así quedó la cosa durante siglos, hasta que en el siglo VII, visto que ya casi ningún judío podía leer correctamente el hebreo (el hebreo moderno es una lengua resucitada en el s. XIX), los escribas judíos (llamados masoretas) decidieron añadir unos signos (subíndices y superíndices) para representar las vocales y que así los fieles pudieran pronunciar correctamente las palabras al leerlas (es lo que se llama “la Biblia masorética”). Pero ahí se encontraron con un problema. El famoso Tetragrama יהוה (YHWH) siempre se pronunciaba “Adonay”, no ya solo por no blasfemar, sino porque además ya nadie sabía la pronunciación original de YHWH. La solución que dieron los masoretas fue sencillamente añadir al YHWH las marcas vocálicas correspondientes a la palabra “Adonay”, y así de paso recordaban al lector que esa palabra debía de pronunciarse “Adonay” (el Señor), sin por ello tener que cambiar ni una sola letra de la Biblia original. El resultado de la grafía, pues sería algo así como: YaHoWaH.

Pero esa primera “a” hebrea no suena igual que una /a/ española normal, era una “a débil”, y por tanto fácilmente influenciable por sonidos colindates. Vimos que el primer sonido del Tetragrama es una “yod”. En muchos idiomas la “yod”, que es muy cerrada, tiene tendencia a cerrar un grado la vocal próxima y luego desaparecer o no (lo que en fonética se conoce como i-umlaut), y más aún si esa vocal es corta o débil. Se podrían poner muchos idiomas de ejemplo, pero baste con citar el español, donde muchas /a/ latinas pasaron a /e/ por influencia de la yod: laicu>lego, solitarium>soltiario>soltero, basiu>baisu>beso ). Por tanto, es muy fácil comprender que esa “a débil”, en contacto con la yod, se cierre y pase a transformarse en /e/. Así que el resultado será YeHoWaH, que transcrito al modo inglés o al modo del español antiguo tendríamos Jehovah (pronunciado /yejova/). Esta palabra, por la evolución fonética del español, se pronunciaría hoy en día  /jeobá/, pues la “h” aspirada desapareció en español y se hizo muda (no así en otros idiomas; los ingleses pronuncian algo así como /yejóuva/).

Es justo señalar que hay hebraístas que presentan otras teorías diferentes (y menos aceptadas) al respecto, pero sea como sea, la cuestión es que el Tetragrama YHWH era imposible de pronunciar por razones religiosas y porque ya nadie tenía ni idea de cómo pronunciarlo, así que los masoretas añadieron ciertas vocales (de “Adonay” o de donde fuera) y el resultado fue el híbrido Jehovah. Algunos cristianos posteriores que tradujeron el A.T. de la versión hebrea, en vez de la tradicional versión griega de la Septuaginta, reprodujeron el Tetragrama tal cual lo habían puesto los masoretas, con las vocales de Adonay insertadas, quizá sin darse cuenta de que esa escritura era un ingenioso truco. Así es como la versión “Jehovah” se introdujo en algunas versiones católicas de la Biblia (mucho antes de la aparición de los protestantes).

Por lo tanto podemos afirmar que el nombre “Jehová” en ningún momento fue usado por los antiguos (o modernos) hebreos para referirse a Dios y por lo tanto no es defendible la idea de que “Jehová” es un nombre sagrado y es el que debemos usar para referirnos a Dios o dirigirnos a él. Es más, desde el punto de vista bíblico original, si realmente pensáramos que “Jehová” es el verdadero nombre de Dios, sería blasfemia usarlo (como acabaron pensando los mismo judíos). Sin embargo, aun admitiendo el curioso origen de esta palabra, no hay inconveniente desde el punto de vista lingüístico para seguir usándolo en las traducciones bíblicas que así quieran, pues de igual modo podríamos argumentar que “Jesús” no se llamaba realmente Jesús, sino que su nombre original era “Ieshú” (abreviatura de “Yeshua”). Lo que no es defendible es pensar que “Jehová”, en ninguna de sus variaciones fonéticas, es el verdadero, único y sagrado nombre del Dios del universo, porque sencillamente ni es verdaderamente un nombre ni tiene nada que ver con la posible pronunciación original.

En español, la Biblia que popularizó la transcripción de “Jehová” fue la versión de Reina-Valera, hecha por el español Casiodoro de Reina en 1569 (y revisada por Cipriano Valera). Esta versión en castellano se extendió rápidamente entre los protestantes, que adoptaron el uso de “Jehová”.

En 1870 el americano Charles Taze Russell fundó un grupo de estudiantes de la Biblia que con el tiempo derivó en una nueva religión surgida a partir del cristianismo pero diferenciada. La gente empezó pronto a llamarles “los russellianos”. Finalmente, en 1931, decidieron que “rusellianos” no era un nombre adecuado y se cambiaron el nombre por “Testigos de Jehová” inspirándose en la siguiente cita de Isaías (con la traducción ya comentada del Tetragrama):

Ustedes son mis testigos y mis servidores –oráculo del Señor–: a ustedes los elegí para que entiendan y crean en mí, y para que comprendan que Yo Soy. Antes de mí no fue formado ningún dios ni habrá otro después de mí. Yo, yo solo soy Jehová (YHWH), y no hay salvador fuera de mí.”
(Isaías 43:10-11)

La versión Reina-Valera que apareció en 1990 ya ha sustituido el término “Jehová” por “el Eterno” (más acertado, como vimos anteriormente). Pero la versión Reina-Valera publicada por los mormones en 2005 mantiene el término “Jehová”.

La revisión adventista hecha de la Reina-Valera en el año 2000, explica en su introducción que el término “Jehová” es una transliteración inexacta y que por tanto se deja de usar, y dicen:

“Ahora para expresar el augusto nombre de Dios, esta revisión del año 2000, sigue el modelo del Nuevo Testamento. Cuando el NT cita algún pasaje del AT que tiene el tetragrama hebreo YHWH, no dice “Jehova”, sino “SEÑOR”.

Eso mismo, seguir el uso que el Nuevo Testamento hace en sus citas del Antiguo Testamento, es lo que hacen la mayoría de las biblias protestantes y también las católicas y ortodoxas, o sea, sustituir el tetragrama YHWH por “el Señor”. Si los Testigos de Jehová persisten en la exactitud y veracidad de la pronunciación “Jehová” es porque han tenido el mal acierto de convertir tal pronunciación en su seña de identidad, de lo contrario quizá hubieran finalmente reconocido, como los adventistas, que esa transcripción es un error histórico (por cierto, un error cometido originariamente por algunos traductores católicos).

YAHVÉ

Veamos ahora de dónde viene el nombre “Yahvé” usado también en algunas traducciones bíblicas. Hemos visto que lo único que tenemos del Tetragrama son las consonantes YHWH, que en realidad nadie sabe cómo se pronunciaban porque su recuerdo se perdió. Sin embargo lingüistas e historiadores han intentado investigar para descubrir cuáles pudieron ser las vocales que deberían ir allí, o sea, cuál debió ser la pronunciación original de esa palabra. Para esta reconstrucción partimos principalmente de tres fuentes:

1- Transcripciones de los cristianos primitivos (que todavía recuerdan la pronunciación original pues la prohibición no les afectaba). Estas transcripciones, en griego, suelen mostrar la forma: Iαβέ (“iabé”, pronunciado /yavé/ en esa época) o ιαουαι (“iaouai” pronunciado /yawé/, tal como usa Clemente de Alejandría en el siglo II)

2- Los samaritanos (que no son los judíos que regresaron del exilio sino los que no habían sido deportados) siguieron usando el nombre de Dios en ciertas ceremonias, y lo pronunciaban “iabé”

3- Hay muchas palabras hebreas antiguas que utilizan la raíz de YHWH refiriéndose a Dios:
Aleluya- proviene del hebreo “Hallelu-Yah, que significa “alaben a Yah*”.
Esa misma raíz “Yah”, con variaciones fonéticas, la encontramos en muchos nombres. De los 163 nombres propios hebreos que usan “Dios” en su formación, 115 terminan en “-yah” o “-yahw”, que serían formas apocopadas de “Yahweh”:
Yoshiya (Josías)= curado por Yah
Eliyah (Elías)= mi dios (El) es Yah (El-i Yah)

[*La forma “Yah”, o escrita “Jah” en inglés, es la que ahora utilizan los rastafaris de Jamaica para referirse a Dios]

En antiguos escritos asirios se menciona al Dios hebreo con el nombre de “Yahawa”, que bien puede ser un “Yahwé” pronunciado con acento asirio.

La Enciclopedia Católica nos dice sobre este asunto:

“El lector juicioso percibirá que la pronunciación samaritana Yabe probablemente es la que más se acerca al sonido verdadero del Nombre Divino; los otros escritos primitivos transmiten únicamente abreviaturas o corrupciones del nombre sagrado. Insertando las vocales de Yabe en el texto consonántico hebreo original [YHWH], obtenemos la forma Yahvéh (Yahweh), que ha sido generalmente aceptada por los modernos eruditos como la verdadera pronunciación del Nombre Divino. No meramente está estrechamente conectada con la pronunciación de la antigua sinagoga por medio de la tradición samaritana, sino que permite la legítima derivación de todas las abreviaturas del nombre sagrado en el Antiguo Testamento”

Por tanto, el consenso actual (aunque no completamente unánime) es que la palabra YHWH se pronunciaba “Yahweh” (en su sonido original /yajuej/, con las aches aspiradas), aunque el sonido /w/ evolucionó luego a una /v/, dando /yajvej/. Si suprimimos las dos aspiraciones de finales de sílabas nos quedaría una forma castellanizada de “Yahvé”, pronunciada /yabé/, aunque se suele mantener en la escritura una o las dos haches por motivos etimológicos.

En el 2008 La Santa Sede, siguiendo una directiva de Benedicto XVI, pidió omitir el término “Yahvé” en la Liturgia, oraciones y cantos pidiendo que se use la traducción equivalente al hebreo “Adonay” o al griego “Kyrios”, o sea, “el Señor”. Esto se hace porque después de todo no hay certeza absoluta de que “Yahvé” sea la palabra original, y también por ser fieles a la tradición del Nuevo Testamento y de la versión griega bíblica usada por los cristianos desde el principio* (la Septuaginta), que así lo hace.

[*Como anécdota comentemos que cuando en el N.T. Jesús cita un pasaje de las escrituras, o sea, del A.T., si usted busca ese pasaje original muchas veces verá que lo que dice Jesús no coincide exactamente con el pasaje veterotestamentario que está citando. De niño siempre pensé que era normal que si Jesús citaba un texto antiguo de memoria se acordara bien de lo que decía pero no exactamente de las palabras con las que estaba escrito. La explicación, como vemos, es más sencilla. No es que Jesús no tuviera muy buena memoria, es que en nuestras biblias actuales, lo normal es que el A.T. esté traducido de los textos hebreos originales, mientras que cuando se citan esos textos en el N.T. (que está escrito en griego), se los cita literalmente según la traducción griega de la Septuaginta. Por tanto, al ser traducción de una traducción, la idea permanece, pero las palabras cambian]

CONCLUSIÓN

Aunque el debate continúa, parece bastante seguro que el nombre “Jehová” es fruto de un error a la hora de interpretar las vocales que faltaban. Esta palabra, no obstante, no es una invención protestante, sino de algún escriba católico; lo que ocurre es que en el entorno católico se usó muy poco y luego desapareció, mientras que muchos protestantes la retomaron, probablemente a través de la versión bíblica de Reina-Valera y la usaron profusamente. La reconstrucción histórica de la pronunciación “Yahweh” parece la más exacta por motivos históricos y lingüísticos, pero tampoco podemos saber con total certeza que sea exacta.

Muchas biblias protestantes han dejado de usar la palabra “Jehová” y la han sustituido por “el Señor” (por ser fieles con la manera de actuar del Nuevo Testamento) o por “el Eterno” (por ser más fieles al significado original del término). Los católicos, que raras veces lo usaban, han dejado totalmente de usar el término “Yahvé” por motivos parecidos, porque no hay certeza absoluta de que sea correcto y por coherencia con la manera de actuar del Nuevo Testamento. Los ortodoxos, que siguen usando la versión griega, mantienen el término “Kyrios” (Señor) tal como se hizo desde la Septuaginta hasta los escritores del N.T.

Así que, a pesar de tanta polémica, al final la cosa se ha quedado en gran medida como estaba en un principio, que casi todos los cristianos usan el término equivalente a “Señor” para referirse a Dios en aquellos casos que los hebreos usaron el Tetragrama: יהוה

Los Testigos de Jehová, además de adorar a Dios, otorgan un significado casi “mágico” a su nombre, como si el nombre en sí fuese también objeto de adoración. Cuando un judío decía cosas como “alabado sea tu nombre”, era una forma de decir “alabado seas tú”, pero los Testigos lo interpretan literalmente. Russell, su fundador, era egiptólogo aficionado y con controvertidos contactos masónicos; quizá le viniera de ahí esa fascinación por el poder de un nombre. De hecho, una de sus creencias fundamentales es que el verdadero nombre de Dios (Jehová según él) debe ser usado, divulgado y santificado como merece. La web de los testigos de Jehová (jw.org) dice textualmente:

Las personas que practican la religión verdadera adoran únicamente a Jehová y dan a conocer su nombre. Jesús enseñó: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado” (Mateo 4:10). Así que los siervos de Dios adoran a Jehová, y a nadie más. De hecho, dar a conocer el nombre y las cualidades del Dios verdadero forma parte de su adoración.

Si citan a Mateo 4:10 como ejemplo de que hay que adorar sólo a Dios (no a Jesús) y además bajo el nombre de Jehová, entonces es fácil ver su error, porque independientemente de las traducciones que cada uno quiera hacer o inventarse, el texto griego original, que es lo que tenemos, no dice ahí “a Jehová tu Dios”, sino que dice literalmente “κύριον τὸν θεόν”, o sea, “al Señor tu Dios” (Kyrion ton Theon). De hecho, según las costumbres de la época, si Jesús hubiera pronunciado el Tetragrama (Jehová, Yahvé o como fuese), hubiera sido considerado blasfemia (aunque los historiadores no se pongan de acuerdo sobre si en tiempos de Jesús esa blasfemia implicaba pena de muerte).

Si alguien vuelve a decirte que para adorar a Dios en verdad es necesario pronunciar su Santo Nombre Jehová, puedes contestarle lo siguiente:

  1. No sabemos en realidad cómo se pronunciaba ese Santo Nombre.
  2. Todo parece indicar que en realidad ni siquiera era un nombre, sino un epíteto descriptivo.
  3. No hay ninguna prueba de que ni Jesús ni sus seguidores alabaran nunca a Dios utilizando ese nombre (ni Jehová, ni Yahvé ni ningún derivado que propongamos), y sí que parece muy claro que los evangelistas y apóstoles hicieron todo lo posible por evitar escribirlo o pronunciarlo.
  4. Jesús no nos enseñó a decir “santificado seas, Jehová”, sino “santificado sea tu nombre”.

Si un cristiano quiere dirigirse a Dios y llamarle con un nombre, Jesús nos dejó bien claro qué nombre debemos usar para hablarle, y ese nombre es “Padre”.

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125 thoughts on “¿Señor, Jehová o Yahvé? sobre los nombres de Dios

  1. Buen dia, quisiera saber lo siguiente, Sabemos que el nombre Yaveh dado en la zarza ardiente es igual a “yo soy”, y Jesús en casi todo el evangelio de San Juan repite una y otra vez “yo soy”, ejemplo, cuando Judas lo entrega, él les pregunta que a quien buscan, ellos responden a Jesús, él responde “Yo soy”, y ellos caen al piso. Eso significa que Jesús es “Yo soy” junto con el padre? y a su vez, podría esto significar que el nombre de Dios también es Jesus? Jesús es el salvador entonces este nombre también aplica para el Padre? los Pentecostales Unidos creen que el Padre y el Hijo son el mismo y que entonces el nombre de los dos o mejor dicho del único es Jesús.

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    • No parece la interpretación correcta. Aunque tomemos la frase “yo soy”, los contextos son diferentes. En la zarza (Ex 3:14) se utiliza “yo soy” como un nombre o apelativo (“Yosoy me ha enviado a vosotros”). El sujeto de la frase no es YO, sino YOSOY. Sin embargo el uso que hace Jesús de la frase “yo soy” (cuando la usa literalmente), es con su uso normal, sujeto + verbo, no como un nombre (“yo soy a quien buscáis” no es lo mismo que “buscáis a YoSoy”). Los unitarios no creen en la Trinidad así que todos los atributos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son intercambiables, pues las tres personas son intercambiables y en realidad son manifestaciones de un mismo Dios unitario. Para nosotros Dios es uno, pero se manifiesta a Sí Mismo como tres Personas distintas, simultáneas. El amor no es un atributo de Dios, sino su esencia, es decir, “Dios es amor”. Si Dios no fuera trino durante toda la eternidad habría estado solo hasta que creó a los ángeles y a nosotros. Si está solo no puede ser amor, pues el amor sólo es posible cuando hay algo a lo que amar. Si Dios sólo hubiera empezado a amar cuando creó algo, entonces el amor sería en él un atributo adquirido, no su esencia. Por tanto, para afirmar que Dios es amor es necesario afirmar que Dios es trino (o como mínimo “dual”). Los musulmanes no creen en un Dios trino sino mono, pero consecuentemente no creen que la esencia de Dios sea el amor. La postura del pentecostalismo unitario no es consecuente. Hay muchas escenas del Nuevo Testamento en donde el Padre y el Hijo interactúan, por ejemplo en el bautismo, cuando Jesús está en el río y los cielos se parten y se oye la voz del Padre (y el Espíritu, que baja en forma de Paloma). O cuando Jesús se va y promete enviar al Paráclito (E.S.), etc. Son escenas donde intervienen más de una “persona” de la Trinidad, de lo contrario la Biblia o el mismo Jesús estarían jugando al despiste o simplemente sería absurdo.

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      • Respecto al tema del amor, podría estar de acuerdo, pero alguien te puede argumentar que Dios es amor, y desde siempre se amaba a sí mismo no?

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      • Eso no sería amor, sería egoísmo. En cualquier caso cuando en la Biblia se usa la palabra “amor” para definir a Dios, es siempre en el sentido de amor hacia los demás, de entrega, por eso la única forma de vivir ese amor es amando al prójimo. Amarse uno a sí mismo solamente no valdría, pero si la esencia de Dios fuese amarse a sí mismo, entonces sí debería bastar, pues de ese modo nos estaríamos imbuyendo en la esencia de Dios y por tanto nos estaríamos acercando a él. Tal cosa sería un absurdo, Dios no se hizo hombre y murió en la cruz de tanto amarse a sí mismo.

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      •         Tema aparte, estoy estudiando bastante sobre el tema, por favor si me puedes ayudar con algunas dudas te lo agradeceria, mi correo es +++++++++++ y mi celular +++++++++ de Colombia si quieres me puedes escribir por estos medios, pues necesito bastante orientacion al respecto y sería de gran ayuda.      
        

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      • Luis A, parece que lo que necesitas es un “profesor particular”. Si tanto quieres profundizar en ese tema concreto, es decir, ir mucho más lejos de lo que va el artículo en el tema de los nombres de Dios, no sé si yo podré serte de ayuda, dudo que yo pueda dar más de sí de lo que ya el artículo refleja, pero si quieres pon tus dudas en esta página y yo si puedo intentaré responderte, así todo el mundo se podrá beneficiar de los comentarios.

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  2. A jehova|yahve|iesus|christus verecundiam et horroris crucis, in nomine veritas in perpetuum

    El genitivo [en este caso nombre, y por eso se escribe con mayúscula] Dios nace del latín Deus que a su vez nace del griego θεύς•Ζεύς Theus•Zeus, el adjetivo griego δῖος•dios [con minúscula] se utilizaba para referirse a todo lo relativo a Zeus mismo, de hecho el vocablo “moderno español” Dios es idéntico al vocablo griego antiguo Διός, el adjetivo griego θεός•theos significa padre de los dioses y de ahí teología que significa el estudio del origen de los dioses, los términos hebreos que les corresponden son adonai|elohim que significan “señor|dioses”, lo mismo con el vocablo ángel que proviene del nombre de la diosa griega Ἄγγελος•Aggelos, lo que les corresponde es el término hebreo malakh, incluso la palabra griega βιβλία•biblia que se traduce simplemente como conjunto|colección de libros [se quemaron el cerebro determinando que “nombre” robar], el vocablo griego πεντάτευχος•pentateukhos que significa 5 rollos, el adjetivo griego παντοκράτωρ•pantokrator que significa el que gobierna sobre todo y que los cristianos|católicos utilizaron mal adjudicándolo al tal jesus|cristo cuando lo tenían que haber adjudicado a su “padre”, los vocablos griegos alfa [Αα] y omega [Ωω], etc etc etc

    [resto del contenido eliminado]

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    • Buen análisis, aunque junto con muchos datos correctos aportas también datos incorrectos, te comentaré algunos.

      La palabra “Dios” no procede en absoluto del griego ni tiene que ver con Zeus, lo que ocurre es que tanto el “Deus” latino como el “Zeus” griego son vocablos cognados, que proceden de un mismo origen, derivando de la raíz indoeuropea *dyeu, que significa “luz diurna”, variante de *deiw, que significa luz, de modo que las variantes deus y divus vienen a significar “ser de luz”. Del mismo origen indoeuropeo son los “devas” del hinduísmo, por ejemplo. Y sin embargo veo que más abajo mencionas esto mismo que yo comento pero acto seguido vuelves a insistir en que la palabra “Dios” procede de “Zeus”.

      Del mismo modo la etimología que mencionas para la palabra “ángel” es inexacta. En la mitología griega “Angelos” es una hija de Zeus pero literalmente significa “mensajero”. Los ángeles son los mensajeros de Dios así que en griego se llamaron simplemente así, “aggelos” (que suena “angelos”) y que significa mensajero, sin pensar para nada en si a la otra diosa griega también la llaman o no mensajera. Proviene del verbo “aggelein”, que significa “anunciar”.

      Tampoco es cierto que los cristianos hayan cometido un error al llamar a Jesús “Pantocrator” porque deberían haberlo usado para referirse al Padre. Lo cierto es que en la Edad Media (que es cuando se usa ese término y simbología artística) se usa tanto para el Padre como para el Hijo, porque en el cristianismo ambos son uno. En el Nuevo Testamento esta palabra aparece usada para referirse tanto al Padre como al Hijo, así que no hay ningún error.

      Y ya no voy a perder más el tiempo porque el resto de tu extenso comentario, que he borrado porque no es este sitio para extensas propagandas anticristianas llenas de enlaces (y en principio no admitimos enlaces de los usuarios) y porque después de un inicio que parece razonable te lanzas con un lenguaje despectivo y ofensivo hablando de la inquisición, del “librejo” de la Biblia y del “tipejo” ese al que nosotros adoramos, y aquí estamos para aclarar dudas, no para dejarnos escupir, así que creo que te has equivocado de sitio.

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  3. Al inicio del articulo, comparan a los adventistas y los testigos de jeová como iguales paraprotestantes o sea, que no creen en Dios hecho carne en la persona de Cristo y que no creen en Dios como triuno. Ese concepto está. equivocado pues los adventistas del séptimo día si lo creen. por lo tante no son paraprotestantes. Lean las doctrinas de la denominación antes de publicar una afirmación en un artículo. Para un adventista del séptimo día Dios si es uno y si es triuno y si se hizo carne murió y resucitó. Por favor lean los 28 principios de la iglesia adventista del séptimo día y corrijan esa información

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  4. Para no ponérselo en el mismo comentario y que no sea demasiado largo le dejo la respuesta que los tj dan a, quizás, el razonamiento más fuerte que he podido encontrar:
    “al leer la Biblia, usted se puede tropezar con otras citas que dan la impresión de decir lo mismo y usted en esos casos no afirmaría que fuera así. Me explico.
    Tomemos de Éxodo 6:3 la parte que nos interesa ahora: “en mi nombre JEHOVÁ [יהוה] no me di a conocer a ellos”.
    Si continuamos con su forma de entender este texto significaría para todos como sigue:
    ‘ellos no sabían mi nombre (יהוה)’ o ‘ellos no sabían que yo me llamo (יהוה).
    Ahora veamos, siglos después, lo que el propio Jehová (יהוה), por boca del Profeta dijo:
    “«Por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día” (Isaías 52:6, RV1995)
    “y sabrán que mi nombre es Jehová [יהוה]” (Jeremías 16:21, RV1995)

    Si aplicamos su forma de entender Éxodo 6:3 a estos textos, entonces los mismos quieren decir que el pueblo de Dios en los días del profeta Isaías y Jeremías no conocían el Nombre divino (יהוה); es decir ellos nunca lo habían ni siquiera escuchado pronunciar en ninguna forma u lengua (idioma).
    Pero además, tendríamos que afirmar como usted dice de textos como Génesis 4:1; 13:4; 28:13. Usted dice que a la luz de Éxodo 6:3 ellos; Eva, Abrahán, Isaac y Jacob invocaron el Nombre de Jehová, pero no sabemos cómo porque a ellos Jehová nunca les dijo ‘me llamo Jehová”. Igualmente, estos textos de Isaías 52:6 y Jeremías 16:21 entonces demostrarían que ni siquiera en Éxodo 6:3 Dios le reveló el Nombre a Moisés aunque diga lo que diga la cita. Pues solamente en Isaías 52:6, el propio Dios mediante el profeta dice que ni entonces, sino en el futuro su ‘pueblo conocerá su nombre’. O sea, que ni en los días de los profetas, Israel sabía cómo se llamaba el Dios de ellos; el Dios que los había salvado de Egipto. Como es lógico no podemos entender las Escrituras así. Usted mismo diría que no, que eso no es posible; pues eso sería un desastre. Y que estos texto (Isaías 52:6 y Jeremías 16:21) deben de ser entendidos de otra manera. Y estamos de acuerdo. Como que también Éxodo 6:3 en su parte final debe ser entendido de otra manera.
    Está muy claro; los israelitas sí sabían que su Dios se llamaba Jehová (יהוה). No obstante, aquel pueblo pecador había dejado de tener fe en lo que Este Nombre significa plenamente. De ahí la expresión: “mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día” o “sabrán que mi nombre es Jehová“. El pueblo de Dios llegaría de nuevo a “conocer” por experiencia personal que Jehová es en realidad lo que su Nombre expresa que es.
    Por lo cual, esto demuestra que la vinculación de la palabra “Jehová” con el verbo “conocer” en Éxodo 6:3, no se está refiriendo a que los patriarcas no sabían, ni pronunciaban, o invocaban el Nombre personal de su Dios Todopoderoso, sino que ellos no conocían por experiencia que Jehová es en realidad los que su Nombre expresa que es. Es decir: El es Quien hace que llegue a ser para que se entienda que a causa de su propio Nombre sus propósitos siempre se cumplen. Y era eso (no las cuatro tetras del Nombre divino) lo que tanto patriarcas como la naciente nación hebrea desconocían.
    Eso es lo que Éxodo 6:3 significa en la parte final cuando dice: “en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos”.
    Además resulta poco convincente, después de leer tantas citas (172 veces) en Génesis donde se declara el Nombre divino, que aquella gente, tanto fiel como infiel, no supieran cual era el Nombre de Dios.
    Ahora, lo que sí parece razonable creer es que los patriarcas, aunque sabían que Jehová su Dios era “Todopoderoso”, desconocían la magnitud y alcance del significado de aquel Nombre santo y el Dios que lo porta.
    La Biblia no dice cuándo o cómo, Dios le comunicó su Nombre a Adán o cuándo y de qué forma lo supo Eva. Pero tampoco dice cuándo Dios le dijo a Adán que Eva había sido creada a partir de su propia carne. No obstante, cuando Adán recibió a Eva dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. (Génesis 2:23, RV1960)
    Si hay un libro de historia que no necesita de ningún otro libro para ser entendido es el Génesis. Génesis es el principio de todo.
    Si usted extrae el Génesis del canon de la Biblia actual; y lo lee por separado de todos los demás libros verá que no existe duda alguna en cuanto a que aquellas personas Sí conocían el Nombre Divino, es decir sí sabían cómo “Dios Todopoderoso” se llamaba.
    La realidad es que Eva, según el registro de Génesis que Moisés hizo bajo la guía de Jehová Dios, fue la primera persona humana en exclamar el Nombre divino y la Escritura [la historia del Génesis] (según RV1960) dice que sus palabras fueron: “Por voluntad de Jehová [יהוה] he adquirido varón”. (Génesis 4:1).”

    En espera de su respuesta.

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    • El argumento del principio que aquí adjuntas refuerza lo que te dije en el anterior comentario, que cuando la Biblia habla de “el nombre de Dios” no se refiere propiamente a un nombre, tal como pueda serlo “Carlos” o “Marta”, sino que se refiere a Dios, a su identidad, su naturaleza. Por eso la Biblia no tiene problema en decir en un sitio que Dios se llama así (es decir, que es así) y en otro sitio que nadie sabe cómo se llama (es decir, que no le conocen). Ese argumento lo único que apoya es que “Yahveh” (o “Jeová” como dicen ellos) no es exactamente un nombre propio, sino una manera de hacer referencia a Dios tipo perifrástico, pues Dios en realidad no tiene nombre. “Jehová” no se vincula con el verbo conocer, como argumentan ellos, si es que lo que quieren decir es que etimológicamente “Jehová” y “conocer” son palabras relacionadas. Simplemente ocurre que en la Biblia conocer un nombre se vincula con el concepto de conocer (y dominar) a la cosa o entidad que lo posee. Eso es parte del argumentario que nuestro artículo ofrece, y por eso mismo explicamos que Dios no dio su nombre en la escena de Jacob luchando contra el ángel.

      Todas esas aparentes incongruencias que tu testigo de Jehová intenta resolver mediante argumentos a mi juicio enrevesados, se resuelven de la forma más sencilla si tenemos en cuenta eso, que “el nombre de Dios” es una manera de referirse a Dios, pero que en realidad no se trata de un nombre en sí. De ese modo cuando se habla del nombre de Dios, o de “Yahvé”, sustitúyelo por “Dios” (o por “el Señor”) y desaparecen las contradicciones. Y no porque así nos convenga, sino porque así lo interpretaba el pueblo bíblico, por eso para ellos no sería ninguna contradicción por ejemplo si Dios le dijera a alguien “mi nombre es Yahvé” y a continuación le dijera “porque ninguno conocéis mi nombre”. Ah, ¿pues no me lo acabas de decir? Pero es que no estamos hablando de nombres, sino de naturaleza.

      Y ahora la traca final, lo que dice de “Si hay un libro de historia que no necesita de ningún otro libro para ser entendido es el Génesis”. Caray, qué afirmación tan sorprendente, y al mismo tiempo qué afirmación tan lógica y coherente para alguien que cree a pies juntillas en la “sola scriptura”, pues si la Biblia se explica a sí misma (?!) el Génesis por lógica no sólo no necesita de nada extrabíblico para entenderlo sino que ni siquiera de otros libros bíblicos, puesto que fue el primero. Sólo que ni siquiera fue el primero, pues en su redacción actual proviene de la época del Exilio y probablemente el libro de Job sea el más antiguo de todos. Y calificar al Génesis como libro “histórico” es… en fin, digamos que… mejor no digo nada. Esa idea de que la Biblia se explica a sí misma y no necesitamos ninguna información de fuera de ella (ni Tradición ni historia ni nada) es lo que mete a esta gente en esa maraña de enredo de la que cualquier salida es sólo un juego de equilibrios.

      Dicho lo cual, creo que tu testigo de Jehová es coherente dentro de su lógica y de sus premisas, no dice tonterías, razona bien (aunque sus razonamientos no siempre sean los únicos o los mejores), pero teniendo en cuenta cuál es su objetivo, son muy buenos. Lo que ocurre es que su punto de partida (premisas) son incorrectos y su objetivo final también lo es, por lo que todo su argumentario, siendo sólido, es inválido.

      Es un dato relevante que todos sus compañeros de viaje en la defensa de “Jehová” como verdadero y fiel nombre de Dios ya les han ido abandonando, siendo ellos los únicos que persisten en ello, y si eso es así no es porque ese nombre sea la identidad de Dios, sino porque ese nombre es la identidad de los testigos de Jehová, que si no se llamaran así muy probablemente hoy habrían aceptado ya, como otras denominaciones compañeras ya han hecho, que ese nombre es el fruto de un error. La otra idea, la de que el nombre de Dios es necesario para poder adorar a Dios completamente, es incluso más fácil de invalidar si tenemos en cuenta que Jesús nunca pronunció ese nombre, según la Biblia. Y la otra idea, la de si fue en la zarza o no donde Dios reveló su nombre por primera vez, pues eso carece de importancia para un católico, aunque sea tremendamente importante para un testigo, porque claro, si es tan fundamental adorar a Dios en su verdadero nombre de Jehová, asumir que nadie antes de Moisés conocía ese nombre equivaldría a asumir que nadie antes de Moisés pudo adorar a Dios de verdad, lo cual contradice a la propia Biblia. Pero si ese es todo el jaleo, yo ofrezco una salida más sencilla: supongamos que todos conocían ese nombre pero durante el exilio en Egipto la gente se olvidó, y entonces Dios tiene que recordarlo de nuevo. Y una segunda salida: la gente nunca olvidó ese nombre, fue sólo Moisés quien no lo conocía, al fin y al cabo se había criado en la corte del faraón y nadie le había transmitido la fe hebrea, sino la egipcia, por lo que sería perfectamente natural que mientras el pueblo hebreo clamaba el nombre de Dios, Moisés, huido al monte como pastor, ignoraba ese mismo nombre que los hebreos estaban usando y Dios tuvo que recordárselo. Y con eso nos ahorraríamos tener que suponer que si pasado, que si futuro y tantas vueltas. Aunque, como te digo, en los libros del Antiguo Testamento se usa “Yahvé” igual que nosotros podemos usar “Dios”, así, con mayúsculas, pues lo usamos como si fuera un nombre propio, aunque somos conscientes de que eso no es un nombre propio, pues Dios no necesita nombre porque sólo hay uno. Los falsos dioses paganos, que eran muchos, sí necesitaban un nombre para poder identificarse, y así Júpiter era diferente de Mercurio o de Diana o de Juno, pero Dios es Dios, no habiendo ningún dios más que Él, es innecesario que necesite un nombre para identificarse, y si lo usa, sería más una descripción que un nombre, por lo que si la Biblia dice que Eva dijo “por voluntad de Jehová…”, lo único que nos está diciendo es “por voluntad de Dios…”, pero en hebreo.

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