¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?


En el siglo XIX algunos estudiosos bíblicos empezaron a decir que Jesús no pretendía fundar una iglesia, que la iglesia la fundó Pablo de Tarso, el cual se inventó lo de que Jesús era Dios. Según ellos, esta doctrina retorcida extendida por la iglesia paulina es la que aparece en los evangelios, los cuales describen a un Jesús que en bien poco se parecería al Jesús histórico. Por tanto, la misma existencia de la Iglesia (o de las iglesias actuales en general) supone una traición a la intención original de Jesús y meros instrumentos de poder y opresión. Jesús sólo quería reformar el judaísmo rechazando las normas, los templos y las jerarquías, de manera que los fieles pudiesen adorar a Dios “en espíritu”, sin más ayuda que la de su propio corazón. Todavía hoy hay gente que sigue defendiendo eso. Veamos si estas afirmaciones se sostienen.

JESÚS ERA UN SIMPLE FILÓSOFO PREDICADOR

La suposición de que Jesús no quiso fundar una Iglesia es defendida sobre todo por estudiosos pertenecientes al llamado revisionismo histórico modernista, movimiento que se extendió por el siglo XIX y también bien entrado en el siglo XX, aunque en buena parte fue luego perdiendo fuerza desplazado por unos estudios exegéticos más serios y menos fantasiosos. Esos estudiosos revisionistas, que defendían que el Jesús histórico tiene muy poco que ver con el Jesús de los cristianos, ignoran en gran medida los evangelios por considerarlos invenciones posteriores, salvo cuando encuentran un pasaje que creen que apoya sus ideas. Niegan cualquier elemento divino o sobrenatural en Jesús, y por tanto necesitan reinterpretar o sencillamente rechazar como mentiras mucho de lo que los cristianos consideramos verdad. Al final tratan la figura de Jesús como la de un simple artesano palestino del siglo I sin más pretensiones que predicar su visión del judaísmo como tantos otros predicadores del momento, empezando por Juan. Lo consideran igual que otros filósofos o grandes maestros como Buda o Confucio, gente buena que intenta explicar “su” verdad.  No es extraño que piensen que todo lo que vino después fue algo que Jesús jamás pudo prever y ni siquiera desear.

Pero una primera crítica que se les puede hacer es ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por su causa en el primer siglo? No tiene mucho sentido que esa gente en pocos años se invente un montón de historias y luego se las crean hasta el punto de estar dispuestos a dar su vida por ellas. En esos primero años aún vivía mucha gente que había sido testigo de los acontecimientos, o hijos de los testigos. Ante unos evangelios inventados habrían levantado la voz. Parece más lógico pensar que esa misma Iglesia temprana que escribió los evangelios y que se refleja en ellos creía verdaderamente que todo lo que allí pone es la verdad. Una verdad tan grande y tan importante que incluso merece dar la vida por ella.

SAN PABLO FUE EL VERDADERO FUNDADOR DE LA IGLESIA

Dicen algunos que la Iglesia no la fundó Jesús, sino Pablo de Tarso. No se sabe bien en qué pruebas puedan basarse más allá de su propia imaginación. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el mismo apóstol,

“Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.” (1 Corintios 15:19-20)

Es difícil aceptar que Pablo, un hombre ya maduro que tiene la vida hecha y disfruta de poder y prestigio en su sociedad, con un papel relevante en su comunidad judía, pueda abandonarlo todo, marcharse a recorrer el mundo como un pordiosero, viviendo de la caridad de los demás, sufriendo ataques, palizas y hasta la persecución de sus anteriores compañeros, y todo para terminar encarcelado y finalmente ejecutado en Roma por fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe que es falso.

Se necesita un convencimiento muy fuerte y una fe muy sólida en algo muy superior para ser capaz de dejarlo todo. Pablo, con su gran formación intelectual, aportó a la Iglesia mucho, formuló con claridad muchas ideas, pero no se inventó nada. También es cierto que su papel en la configuración de la Iglesia primitiva está muy magnificado porque el libro de los Hechos de los Apóstoles, donde vemos cómo esa Iglesia se va extendiendo y desarrollando, está escrito por Lucas, el cual acompañó a Pablo, y por tanto sabemos mucho de la labor misionera de Pablo, algo de Pedro y muy poco o nada de lo que hicieron los demás apóstoles. Eso nos puede transmitir la falsa imagen de que casi toda la evangelización la hizo Pablo, pero no fue así.

Pero de todas formas, su enorme capacidad de sacrificio y su gran entusiasmo sólo se explican porque verdaderamente se encontró con el Jesús resucitado y creyó que él era el Señor. Pablo, como nosotros, creyó verdaderamente que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores (y a él mismo) a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.

Si Pablo estuviera predicando una fe distinta a la predicada por los apóstoles, ambas creencias habrían chocado y se habrían producido conflictos que sencillamente no hubo. Tampoco los apóstoles hubieran permitido que un recién llegado les convenciese de que el mensaje de Jesús en realidad era bien distinto de lo que ellos creían. La realidad nos muestra, tanto en la Biblia como en los escritos de la Iglesia primitiva, que Pedro y Pablo predicaban en armonía, y a finales del siglo I, el cristianismo de todas las naciones era idéntico (salvo por la irrupción de la herejía gnóstica llegada de Persia), no tenemos unas creencias procedentes de Pablo que finalmente se fuesen imponiendo a las creencias de otras naciones evangelizadas por otros apóstoles. La misma Roma, donde tanto Pedro como Pablo predicaron, mostraba una unidad doctrinal.

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LOS TEMPLOS

Otra de las escenas que se utilizan a veces en contra de la intención de fundar una iglesia es la de la mujer samaritana:

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar». Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.» (Juan 4:19-24)

Según los modernistas este pasaje significa que Jesús rechaza los templos y que a Dios se le adorará en el corazón de cada uno, sin templos de piedra ni organizaciones eclesiásticas que te digan qué creer o cómo creerlo. Pero en realidad sacar todas esas conclusiones de este texto puede ser cualquier cosa menos una labor seria de exégesis.

Para empezar, Jesús dice que pronto llegará el momento en que ni en Garizim ni en Jerusalén se adorará a Dios. Cierto, varias décadas después Jerusalén y el templo serán arrasados y todos los judíos deportados, se acabó el culto en ambos sitios. Dice también Jesús que los creyentes “adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. Cierto, eso hacemos todos los cristianos, independientemente de nuestra denominación. Los cristianos consideramos que con el sacrificio de Jesús en la cruz se puso fin a todos los sacrificios. A partir de ese momento ya no necesitamos un templo para adorar a Jesús, le adoramos “en espíritu y en verdad” en cualquier parte, en el campo, en nuestro dormitorio… ¡o dentro de una iglesia! acompañados de nuestra asamblea de creyentes. De hecho, una iglesia normalmente es un sitio especialmente acondicionado para entrar en oración. Se puede adorar a Dios y rezar en una discoteca, pero es evidente que resulta mucho más complicado.

Pero es más, no tiene sentido decir que Jesús estaba en contra de los templos, sino todo lo contrario. Jesús sintió el más profundo de los respetos hacia el Templo de Jerusalén. A los doce años decidió quedarse en el Templo en vez de irse con sus padres porque verdaderamente se sentía allí en casa de su Padre y sentía que ese era su lugar. Según nos cuenta Lucas 2:41, la familia de Jesús, como muchos otros, peregrinaba al Templo todos los años por Pascua. Durante sus años de magisterio peregrinó al Templo con motivo de las principales fiestas judías. Jesús oraba con su Padre en cualquier sitio, pero es evidente que consideraba el Templo como un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Para él el Templo era la casa de su Padre, una casa de oración, por eso se indigna tanto cuando ve el atrio exterior del Templo (el exterior, ni siquiera el Templo propiamente dicho) convertido en un mercado y es la única ocasión en la que vemos a Jesús fuera de sí. También el Templo fue uno de sus sitios preferidos para predicar cuando estaba en Jerusalén ¿De dónde sacan, pues, la idea de que a Jesús no le gustaban los templos? Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos ¿Será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que permanecieran unidos y no se movieran de Jerusalén?

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS NORMAS RELIGIOSAS

Otro argumento es que Jesús pretendía liberar a su pueblo del peso de la religión y todos sus preceptos, y por tanto nunca tuvo intención de sustituir un yugo por otro nuevo. Es cierto que Jesús estaba en contra de tantísimas reglas que los fariseos habían ido añadiendo a los preceptos de los judíos a mayores de la Ley, pero de ahí no se deduce que estuviese a favor de que no hubiese ninguna norma. De hecho Jesús critica a los dirigentes corruptos, no a los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos. Al contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. Cuando Jesús llamó hipócritas a los fariseos no dijo “no hagáis caso de lo que os dicen los fariseos” sino “haced y cumplid todo lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen” (Mateo 21:3).

Jesús critica, por ejemplo, el corbán* (Marcos 7:11), no por ser malo, sino porque esa tradición frecuentemente era usada como manera de defraudar a los progenitores y por tanto iba en contra del 5º mandamiento; o una interpretación excesivamente restrictiva y radical de normas como la del descanso del sabath. Jesús asiste al Templo y a la sinagoga y cumple con sus obligaciones mosaicas. Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés, a veces endureciendo (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera), hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica.

[*Un hijo tenía la obligación de cuidar de sus padres ancianos y darles todo lo que necesitaban. El corbán era un juramento que se hacía de entregar a Dios como ofrenda algo tuyo, pero sin necesidad de fecha concreta. Muchos judíos declaraban corbán todos sus bienes, sin llegar nunca a ejecutarlo. Como lo ofrecido a Dios ya no podía ser entregado a otra persona, dejaban a sus padres sin amparo con la excusa de que todo lo que poseían en realidad era corbán y algún día tendrían que entregarlo. Aunque ese día nunca llegase]

Jesús dijo que no había venido a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento (Mateo 5:17), y a continuación añade: “Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos”. No suena a alguien que esté en contra de las normas y preceptos, más bien parece alguien que está en contra de quienes abusan de ellos, en contra de quienes defienden la letra de la Ley por encima del espíritu de ella.

Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como “¿Quiso Moisés fundar una religión?” o tal vez “La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al Templo” o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es a partir del momento de la muerte de Jesús y su resurrección cuando se establece la Nueva Alianza y por tanto la ley antigua queda superada. Ahora el pacto que establece Dios es con toda la humanidad y a medida que se vayan integrando cada vez más gentiles, los apóstoles se dan cuenta de que no tiene sentido exigirles también a ellos que cumplan las antiguas leyes judías. A medida en que la nueva Iglesia se encontraba con una situación totalmente diferente, fue estableciendo sus propias normas de funcionamiento y sus propios preceptos basados en las enseñanzas de Jesús.

JESÚS NO QUERÍA CREAR UNA NUEVA RELIGIÓN

También dicen que lo que Jesús pretendía no era crear una religión nueva, sino reformar el judaísmo. El problema de este argumento es que (sorpresa) también los cristianos creemos que Jesús no vino a crear una religión nueva, sino a reformar el judaísmo y darle perfección y cumplimiento. El mismo Jesús lo deja claro como el agua cuando dice en el Sermón de la Montaña, tal como hemos visto antes:

“No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.” (Mateo 5:17)

Si Jesús hubiera pretendido romper con el judaísmo y crear una religión nueva, entonces los cristianos no usaríamos el Antiguo Testamento como libro sagrado y palabra de Dios. Nosotros consideramos que somos el mismo Pueblo de Dios que se inició con la alianza hecha a Abraham. Nuestra religión no comenzó con la predicación de Jesús, comenzó con Abraham, y allí empezó una larga historia de salvación que obró primero a través del pueblo de Israel, y que todas las promesas del Antiguo Testamento tomaron forma con la llegada de Jesús. Los judíos esperaban al Mesías, los profetas anunciaban la llegada de los tiempos en los que llegaría el Mesías, y entonces todas las naciones serían llamadas a él, y Dios sería llamado Señor por todas las razas. Ese día llegó. El Mesías llegó, y tal como anunciaron los profetas, nadie quedó excluido. Tanto judíos como gentiles fueron llamados a participar en el Reino que Jesús predicaba, y en la iglesia que él fundó había sitio por igual para unos y para otros.

Los judíos que no aceptaron que Jesús era el Mesías que estaban esperando, quedaron atrás, encerrados en sus antiguas promesas pero sin ser capaces de ver que se habían cumplido; los judíos que reconocieron a Jesús como el Mesías esperado, junto con los gentiles que luego se sumaron, continuaron avanzando en una nueva fase de su religión, la fase en la que las promesas de la Antigua Alianza recibían cumplimiento y se abría una nueva fase, con una Nueva Alianza en la que se hacían promesas nuevas.

Es varios años después de la muerte de Jesús cuando el sanedrín declara a los judíos seguidores de Jesús herejes, les impide entrar en el templo y en las sinagogas y comienza luego a perseguirlos. Entonces es cuando esos judíos seguidores de Jesús empiezan a verse a sí mismos como una comunidad diferente. Años después, a esos judíos seguidores de Jesús les comienzan a llamar “cristianos”, primero como insulto, luego como apelativo aceptado también por ellos mismos.

Por tanto dejemos esto claro para los que piensan que los cristianos pensamos de otro modo: Jesús no vino a fundar una religión nueva, vino a dar cumplimiento al judaísmo. Aunque ahora nos llamemos “cristianos”, en realidad nosotros somos los descendientes espirituales de los judíos que aceptaron la nueva alianza, los hijos del Israel bíblico, el mismo Pueblo de Dios.

SIGNIFICADO DE LA PALABRA EKKLESIA EN EL NUEVO TESTAMENTO

Que Jesús quisiera fundar una Iglesia no es sólo cosa que nos revele la tradición, es él mismo quien nos lo dice en los evangelios:

Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia [ekklesia], y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.” (Mateo 16:18)

ἐκκλησία (pronunciado “ekklesia”) significa en griego “asamblea”. Los griegos paganos a menudo la usaban para referirse a una asamblea o reunión de ciudadanos reunidos por convocatoria pública para tratar algún asunto, a menudo político. En este sentido aparece a veces usada en el libro de Hechos:

“Y otros gritaban otra cosa; porque la iglesia estaba confusa, y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.” (Hechos 19:32)

Pero la versión en griego del Antiguo Testamento (la Septuaginta), que era la usada por los cristianos, utiliza el término “ekklesia” para traducir la palabra hebrea קהל (“qahal”), que se refiere a la congregación de Israel, al Pueblo de Dios:

“Anunciaré tu nombre a mis hermanos: en medio de la qahal קהל‘ te alabaré.” (Salmos 22, 22)

Cuando Jesús habla de “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi ekklesia” (Mateo 16:18) no tendría sentido interpretarlo como una reunión puntual para tratar un tema concreto. Jesús está dando instrucciones para la creación de una asamblea de creyentes que continuará su labor cuando él se marche, no está haciendo una convocatoria a una reunión. El término arameo/hebreo utilizado por Jesús, que el evangelista traduce en griego como “ekklesia” es, pues, “qahal”, que es lo que usó Jesús. Por tanto Jesús está usando “qahal” para llamar a su iglesia del mismo modo que en el Antiguo Testamento se usaba “qahal” para referirse al Pueblo de Dios. La Iglesia que Jesús está fundando es, pues, el nuevo Pueblo de Dios, que ya no estará formada por los nacidos de mujer judía, sino por los bautizados que sigan a Jesús.

LA IGLESIA COMO COMUNIDAD ESPIRITUAL INVISIBLE

Tampoco podemos decir, como algunos, que Jesús no pretendía crear una organización, sino simplemente una comunidad de creyentes, una “ekklesia” en el sentido místico. La iglesia como simple comunidad de creyentes ya existía, todos los seguidores de Jesús formaban su iglesia, su comunidad, y ya en vida de Jesús se habían fundado pequeñas comunidades de seguidores por Judea, Galilea y Samaria. Lo que Jesús está fundando aquí es una cosa nueva (dice “edificaré”, futuro) y esa cosa nueva es la organización en sí, la estructura, con Pedro a la cabeza.

Así pues, Jesús no sólo sabe que dejará tras de sí una asamblea de creyentes, sino que en este acto fundacional anuncia la creación de un organismo que sea capaz de estructurar, coordinar y dirigir toda la obra que debe realizar esa asamblea de seguidores que deja y los que vendrán. Es cierto que San Pablo también utiliza la palabra “ekklesia” en el sentido místico de la comunidad de todos los bautizados, “el cuerpo místico de Cristo”, pero ese mismo San Pablo habla a la Iglesia de Cristo refiriéndose a una comunidad real, organizada y estructurada (o más bien, en pleno proceso de organización y estructuración). No es el cristianismo una religión donde se pueda ir de por libre, pues está basada en la noción de comunidad y hermanamiento. “Porque donde hay dos o tres [o 500] reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos.” (Mateo 18:20)

JESÚS ESTABA EN CONTRA DE LAS JERARQUÍAS RELIGIOSAS

Otro aspecto a favor de que Jesús pretendía crear una organización propia para propagar su mensaje es el hecho de que él mismo sentó las bases para esa organización antes de fundar la iglesia. Jesús no se limitó, como sí hizo Juan Bautista, a predicar a la gente su mensaje para que se marchase y cambiase de vida. Jesús no buscaba simplemente conversiones personales y dejar lo demás como estaba. Jesús quería crear un movimiento, y un movimiento organizado que fuera extendiendo su mensaje y lo mantuviese vivo, una organización que luchase por establecer el Reino “en la tierra como en el cielo” y para eso se necesita organización y coordinación. Y no fue una idea que fue evolucionando con el tiempo, fue un plan premeditado.

Lo primero que hizo Jesús cuando se planteó empezar a predicar fue elegir a doce discípulos. Esos serían sus principales ayudantes y depositarios de su doctrina. Su objetivo no era simplemente convertirles a ellos, sino prepararles a fondo para que le ayudasen a convertir a los demás, y también pensando en que ellos serían los pilares de su iglesia cuando él no estuviera. A continuación nombró a setenta discípulos como ayudantes y predicadores (segundo nivel de la jerarquía), y cuando su movimiento fue suficientemente grande nombró a un tercer nivel de quinientos predicadores y los mandó por todos los pueblos a difundir su mensaje. A eso se le llama organización.

Y en la cúspide estaba él. Por eso después de su muerte, antes de ascender a los cielos, necesita dejar en manos de los hombres lo que hasta entonces había estado en última instancia en sus manos: la dirección de esa organización. Le pasa el testigo a Pedro y sobre él funda su iglesia. Antes él mismo había organizado a sus seguidores, él mismo era la organización. Ahora que él se marchaba necesitaba fundar una organización y ponerla enteramente en manos humanas confiando en que su mensaje y aliento les ayudase a ir por buen camino, pero sabiendo perfectamente, como bien lo sabe Dios, que esa andadura estaría plagada de tropiezos, errores, abusos, peleas, etc. porque así funcionan siempre las organizaciones humanas, sobre todo si les das suficiente tiempo. Lo que sí prometió Jesús fue no dejar que su doctrina se corrompiese y enviar el Espíritu Santo para que les ayudara a comprender la verdad. En todo lo demás, bien sabía él que la iglesia que estaba fundando no se acercaría a la perfección que él deseaba, pero así es como tiene que aprender la humanidad, luchando contra sus propios errores y superándose. Ya llegaría el día en el que él mismo regresaría y por su propia mano establecería el Reino en su perfección.

(nota: algunas partes de este artículo han sido inspiradas o incluso copiadas de un artículo publicado por Carlos Caso-Rosendi, aunque él mismo declara que a su vez lo ha tomado de otras fuentes, no sé si copiado entero o inspirado a su vez).
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8 thoughts on “¿Quiso Jesús fundar una Iglesia?

  1. Pingback: Desmontando la Sola Scriptura | Apología 2.1

  2. Creo que Jesus dispone la entrega de la senal en manos de Pedro basado en las cerradas convicciones del discípulo, su testarudez, su compromiso y el tesón de su fe, a pesar de todos los altibajos mostrados durante su vida; este pudo ser razonablemente, desde luego, partiendo de un simple análisis logico-formal, parte de los motivos que dieron origen a tal designación. El Mesias, difícilmente dispondría en alguien como Pedro, con su bajo nivel de formación y su intemperancia, la organización de una iglesia que requería estructuras y niveles de jerarquía. La Iglesia después de la crucifixion, de hecho sumida en debates, en controversias permeadas por el Pan-helenismo y en el miedo derivado de las persecuciones, se disperso al punto que, tal hecho, impedía el cohesionamiento de la fe y su consecuencial fortalecimiento. Es por ello que en esos primeros instantes, el papel asumido por Pedro, del que conocemos en Hechos de los Apóstoles y en algunas cartas de Pablo, reviste la condicion de defensa a ultranza, con fortaleza y sin temores, de la unificación de la tarea que dispuso Jesus a sus discípulos, esto es, difundir su mensaje. No obstante, lo que se pudiera traducir en una asamblea (Qahal) sin estructuras y sin organización, como debio ocurrir en esos primeros siglos de muerte y acoso, no nos puede llevar a concluir , que lo que hizo Constantino en Nicea,no fue otra cosa que darle origen a la Gran Ramera, representada en la iglesia aceptada por el Imperio y satanizarla por tales motivos.
    Hilar tan torcidamente para llamar, de este modo a la iglesia Catolica y atribuirle un inicio mezquino, no es otra cosa que totalizar la supuesta verdad y convertirla en razones para excluir, discriminar y segregar.
    Pablo, al contrario de Pedro, asume el papel de ideologo y estructurador de la doctrina, mas acorde con el trabajo de organización que se pretende otorgar a este ultimo, tal vez, desarrollando asi, la tarea fundacional de una iglesia simplemente cristiana, luego de la resurrección, sin las denominaciones que surgirían mas adelante.
    De este modo, intentar atribuirle categoría herética a la acción posiblemente acomodada de Contantino, si es que así ocurrió, al haber podido darle origen a la Iglesia Catolica, es un raciocinio superficial y por demás a-historico, desconociendo episodios que atravesaron los asambleistas cristianos de aquel entonces, pudiendo si llevarnos, tales conclusiones, a totalitarismos y a análisis que si se replican con igual rasero, pudiera darnos pie a hacer lo mismo con las iglesias protestantes, luego de revisar, entre otros episodios, lo realizado por Calvino en contra del quemado vivo, por cuenta suya, Miguel Servet.( Los historiadores que pretendan ser objetivos, deben respetar el limite del tiempo, el espacio y la cultura de los pueblos)
    Creo que, finalmente, la iglesia nace, no en una fecha, no en un instante, sino que es el producto de lo que surgió luego de la presencia del Jesus-DIOS en su paso por la tierra, con sus enseñanzas y con todas y cada una de sus parabolas y se termino decantando hasta la iglesia que hoy conocemos, habiendo pasado por momentos de distanciamientos de la palabra del SENOR mas o menos importantes, con obras pias y con otras no tan santas, con actos de crueldad y tambiende un amor inconmensurable por los hombres y atraparla en una definición o determinarla en un solo acto es tanto como pretender hablar de un antiguo vinedo , por una sola cosecha.

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    • Bendiciones José Francisco. Estoy de acuerdo en parte de lo que dices pero hay cosas en las que no estoy del todo de acuerdo. La Iglesia sí fue fundada en un instante y surgió también en un instante, en el momento de Pentecostés. Tampoco estoy de acuerdo en tu visión de que en los primeros siglos la Iglesia estaba desorganizada y solo con los siglos fue tomando forma. Y estoy totalmente de acuerdo en que Constantino no tuvo nada que ver en su fundación ni esencia. Tenemos una serie de artículos sobre la relación (o más bien la no relación) entre Constantino y la Iglesia Católica que puedes ver aquí https://apologia21.wordpress.com/2013/05/25/constantino-y-la-iglesia-primitiva/ y en concreto uno de los artículos es precisamente sobre cómo se organizaba la Iglesia en los primeros siglos: https://apologia21.wordpress.com/2013/09/02/la-jerarquia-en-la-iglesia-primitiva/
      Un abrazo y gracias por compartir tus interesantes ideas con todos nosotros.

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      • Apreciado Christian: Mi punto de vista acerca de la formación de la iglesia, obedece a un análisis puramente organizacional y no teológico. Evidentemente resulta la aparición de la iglesia en su espiritu, con el momento del Pentecostés, pero el nacimiento de una iglesia como la describo, según mi opinión, es el producto, aceptese o no, de un proceso puramente humano, si se quiere, organizada por individuos dotados de una alta espiritualidad y fe, con profundas convicciones y aun con gran revelación divina, pero humanos en su total dimensión, lo que produjo expresiones variopintas de apego a la enseñanza cristiana o caricaturizacion de las mismas. Es por ello que nacen las primeras controversias en torno a temas de trascendental importancia, entre los que cabe destacarse, la virginidad perenne de Maria o la Trinidad misma, debates que van a perdurar bien adentrado el siglo IV y que origina entre otros motivos, la celebración del trascendental Concilio de Nicea. El arrianismo, los debates por su fe, la visión de la iglesia del norte de Africa y la necesidad de unificación de los diversos principios de la fe mantenidos por distintas corrientes como naturales y correctos, son muchos de los puntos que nos sugieren desorganización y desestructuracion.
        Admitir el instante del Pentecostes como el momento del nacimiento de la iglesia, es tanto como pretender romper la esencia trina de la misma y del hombre: Espiritu, alma y cuerpo.
        Permitirme opinar en su interesante blog es motivo de gratitud, pero responder el punto de vista por mi vertido, constituye para mi un honor.
        Abrazos y bendiciones.

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      • Si eso es a lo que te refieres al hablar del “nacimiento” progresivo de la Iglesia pues sí, tienes toda la razón. Jesús nos dejó la doctrina y su ejemplo, pero ese mensaje de palabras y obras necesitó varios siglos para cristalizarse, entenderse y asimilarse, y a nivel de organización igualmente la Iglesia tuvo que irse formando, conformando y adaptándose a las nuevas necesidades que su expansión y oficialización fueron creando. Nada que objetar a tu sesudo análisis, salvo quizá tu comentario de que la conformación de la Iglesia una vez fundada por Jesús es un proceso puramente humano. Humano sí, pero siempre asistido en lo esencial por el Espíritu. Jesús no fundó su Iglesia y la abandonó a los recursos humanos sin más sino que prometió inspirarla con el Espíritu Santo y estar Él mismo siempre con nosotros. Por eso, a pesar de sus muchos errores (y más aún aciertos), estamos convencidos de que 20 siglos después la Iglesia permanece, en lo esencial, fiel a Jesús.

        También es un honor para nosotros que participéis con vuestras reflexiones en nuestro blog. Un saludo.

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  3. Aun asi no se puede negar que las actuales iglesias “cristianas” en vez de acercarnos a Dios, con todo lo demostrado atravez de su oscura historia llena de disputas, intereses e hipocresia nos ha alejado de la verdadera espiritualidad que Jesus enseño, y que el mismo menciono en los evangelios llamandolos falsos cristos. La busqueda no ha acabado como dijo el mismo el que quiera entender que entienda.

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    • La búsqueda no acaba nunca, y el ser humano nunca será perfecto. Las disputas, intereses e hipocresía estarán siempre presentes en cualquier organización formada por seres humanos, pero si en vez de buscar solo lo malo intentas también buscar lo bueno, encontrarás en la Iglesia (y también en otras denominaciones) mucho de enorme valor. Una cosa es cierta, si nunca hubiera existido la Iglesia ni ninguna otra organización, el mensaje de Jesús se habría ido apagando con los siglos, si es que alguna vez hubiera realmente podido alcanzar relevancia.

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  4. Si, los criticos de la iglesia manifiestan una cosa: la falta de fe en la humanidad, si la iglesia de Cristo fuera una impostura de san Pablo, de Constantino, de los papas, de los conspiradores secretos y demás ¿que capacidades tiene el ser humano de mantener una enseñanza en su integridad, de conservar una verdad que adquiriera?. Realmente podemos ver como algunas personas tergiversan las cosas (a su imagen y convenienecia), pero es sorprendente que tengamos elementos parqa decir que la doctrina cristiana, se renueva, pero no se tergiversa… desgraciadamente, como dice Santo Tomas, tambien depende de si nuestro par esta en disposición de discutir, o se cerrará en su posisicón de ataque. Las criticas que muchos hacen al respecto manifiestan un coraje y odio casi irracional, no ven mas que las fallas y la corrupción que, tenemos que admitir han sido reales y siguen presentes… he conocido a gente atea que ante el buen testimonio de algunos se interesan por la fe, pero por el mal testimonio de ciertos clerigos que abusan del poder se vuelve “motivo de escándalo” y los aleja. aunque, el propio Jesus llama la atención sobre el escándalo… Y ciertamente, la fe y la esperanza nos ayudan a comprender el misterio divino-humano de la Iglesia de Cristo; otra cosa es que la organización de los guias adoptara el modelo imperial, como heredera cultural del Imperio Romano de Occidente (cosa que para los “republicanos y demócratas” de nuestro tiempo, seria una reliquia del pasado)…

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