CARTA Nº 7: ¿Existen los fantasmas? sobre fantasmas, espiritismo y apariciones


Una de nuestras lectoras ha planteado una pregunta que sin duda muchos se hacen, sobre si las apariciones de espíritus son compatibles con el cristianismo. He aquí su carta:

Hola.
Quería comentar que mi madre siempre me menciono que mi hermano mayor falleció sin bautizo a los once días de nacido y que por inocente se iba derechito al cielo. A si crecí con esa creencia que los bebes no bautizados se van directo al cielo.

Como sabes vengo instruyéndome sobre la religión católica y me leí un articulo muy muy interesante sobre el purgatorio, pero el autor dice ”ya nos quitaron el limbo, luego seguirá el purgatorio ” . Al leerte que el limbo no es dogma de fe [ver artículo], me pregunto cómo no lo sabía ese bloguero católico.

Quiero preguntarte sobre el purgatorio en el cual yo creo, y sé de una iglesia que tiene en Italia un museo con evidencias de las almas pidiendo ayuda.

Cual es la postura de la iglesia referente a las apariciones de espíritus, mas concretamente de las almas de los difuntos pidiendo ayuda ??
Saludos cordiales.

Marta Poblete

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NUESTRA RESPUESTA

EL PURGATORIO

Empecemos, Marta, por el purgatorio. No se trata de un lugar (que en el Más Allá no existe el espacio), sino de un proceso de purificación, pues tal como dice el Apocalipsis nada impuro puede entrar en el cielo:

Nunca entrará en ella [en la Nueva Jerusalén] nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero. (Apocalipsis 21:27)

Y el mismo San Pablo nos dice que al morir seremos purificados “como por el fuego” para eliminar nuestras impurezas, y así poder entrar en el cielo ya sin mancha alguna:

El día del Señor pondrá de manifiesto el valor de lo que cada uno haya hecho, pues ese día vendrá con fuego, y el fuego pondrá a prueba la consistencia de lo que cada uno haya hecho. Aquel cuyo edificio, levantado sobre el cimiento, se mantenga firme, será premiado; aquel cuyo edificio no resista al fuego, será castigado. A pesar de lo cual, él se salvará, si bien como el que a duras penas escapa de un incendio. (1 Corintios 3:13:15)

No habla del fuego del infierno, que ese ya no tiene salida, sino de quienes irán al cielo pero siendo antes purificado “a pesar de lo cual, él se salvará, si bien como el que a duras penas escapa de un incendio”.

Más claro aún es el testimonio del segundo libro de Macabeos, donde rezan por los difuntos, lo cual presupone, como ya hemos explicado, que no están en el cielo ni en el infierno, y que expresamente se refiere a los difuntos que aún tienen pecado pero no han sido condenados (se trata de soldados que murieron en pecado):

Y habiendo recogido dos mil dracmas por una colecta, los envió [Judas Macabeo] a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy bien y pensando noblemente de la resurrección, porque esperaba que resucitarían los caídos, considerando que a los que habían muerto piadosamente está reservada una magnífica recompensa; por eso oraba por los difuntos, para que fueran librados de su pecado. (2 Macabeos 12:43ss.)

Y luego tenemos todos los testimonios de la Iglesia primitiva que desde los primeros tiempos rezan a los santos pidiendo su intercesión y también rezan por ellos pidiendo a Dios por su salvación, lo cual presupone que aún no están en el cielo, pues entonces no necesitarían ya de nuestras oraciones, ni están en el infierno, pues entonces vanas ya serían.

Sobre las apariciones, Marta, como este asunto en realidad encierra dos situaciones diferentes, voy a hablar primero del espiritismo (si nosotros podemos hacer que un espíritu venga) y luego de las apariciones (si un espíritu puede aparecerse a nosotros). Imagino que tu pregunta se refiere sólo a los fantasmas en sí, pero todo está relacionado y todo será de provecho, o eso espero.

Para empezar, desde el punto de vista protestante todo resulta muy sencillo: puesto que al morir permanecemos en estado “dormido” o inconsciente hasta el fin de los tiempos, cuando será el Juicio, en tal caso es imposible que un muerto se pueda aparecer en este mundo de ninguna manera, pero tal afirmación ya la hemos contradecido con argumentos bíblicos en la respuesta a la carta anterior: ¿Cómo pueden los santos escucharnos si la Biblia dice que duermen? Y sin embargo los protestantes no niegan las apariciones o fantasmas, pero piensan que si es un caso auténtico, entonces se trata siempre del diablo que se muestra con otra apariencia para engañar. Pero para los católicos tu duda sí tiene sentido. Pero veamos lo que los católicos podemos y no podemos creer al respecto.

EL ESPIRITISMO

Tal como dice la Biblia, ni se debe ni se puede (por ser pura farsa) consultar con médiums y nigromantes con el objetivo de forzar a los espíritus difuntos a dialogar con nosotros, pues los muertos están en poder de Dios y forzarlos sería como pretender que nuestra voluntad sea superior a la del Altísimo (Levítico 19:31, Levítico 20:27 ). Por esta razón chanzas como el uso de la ouija u otras “técnicas” espiritistas sólo pueden ser o juego perverso o insulto a Dios.

Cuando hayas entrado en el país que el Señor tu Dios te va a dar, no imites las prácticas abominables de aquellas naciones. Que no haya entre vosotros quien inmole en el fuego a su hijo o a su hija, ni quien practique la adivinación, el sortilegio, la brujería o la hechicería; que nadie haga conjuros, consulte a espíritus y espectros, o evoque a los muertos. El Señor detesta a quienes practican estas artes. Precisamente por estas costumbres abominables, el Señor tu Dios expulsa de tu presencia a esas naciones. (Deuteronomio 18:9-12)

Para empezar, el cristianismo afirma que los muertos no regresarán a esta vida, pero en este asunto no se trata de si un muerto ha regresado a nuestro mundo, sino si su alma se aparece de modo que con los ojos de nuestro cuerpo, o con los de nuestra mente o imaginación, o con cualquier otra manera de sentido o entendimiento podamos percibir su presencia e incluso interactuar con ellos de algún modo.

La idea de que hay almas que no merecen el infierno pero tienen asuntos que resolver antes de poder hallar la luz, no tiene cabida en el cristianismo católico, pues para eso está el purgatorio, para depurar lo que faltase.

La idea de almas perdidas que vagan por el mundo sin saber cómo ir al cielo o al infierno es absurda en nuestras creencias, pues al morir no somos nosotros quienes caminamos hacia éste o aquél lugar, sino Dios quien nos lleva. Las almas errantes son creencia heredera de antiguas tradiciones paganas que verdaderamente creían que el alma tenía que hallar su camino y se podían perder. Por eso a los egipcios importantes se les enterraba con una copia de El Libro de los Muertos, en donde se les explicaba qué hacer y a dónde ir tras la muerte. Griegos y romanos se enterraban con dos monedas para pagar a Caronte, el cual les cruzaba en barca el río o laguna Estígia. Por suerte para nosotros, tras morir no necesitamos mapa ni peaje, así que no hay ningún sitio en donde perderse, pues, para empezar, en el plano espiritual no existe ni tiempo ni espacio.

La idea de que ciertos espíritus se aparecen con el solo fin de asustar o directamente sin ninguna finalidad precisa, tampoco encaja en nuestra fe, pues sería como si las almas del Más Allá tuvieran el poder de penetrar en nuestra dimensión por pura frivolidad o diversión, o peor aún, que Dios las envía por pura frivolidad o travesura.

Pero en la Biblia tenemos un claro ejemplo de espiritismo, el caso del profeta Samuel, que se le apareció al rey Saúl para su propio mal, el cual había usado para ello a una nigromante que fue la primera en maravillarse de que su engaño obtuviera el resultado pedido. Aunque es algo larga la historia, es interesante ponerla aquí íntegra por ser el fragmento bíblico más representativo sobre este asunto:

Por aquellos días, los filisteos reunieron sus tropas para ir a luchar contra Israel. Y Aquís le dijo a David:

— Has de saber que tú y tus hombres saldréis conmigo de campaña.

David le respondió:

— De acuerdo. Vas a saber lo que tu servidor es capaz de hacer.

Y Aquís le replicó:

— Entonces te haré de mi guardia personal para siempre.

Samuel había muerto y todo Israel lo había llorado, enterrándolo en Ramá, su ciudad. Saúl, por su parte, había expulsado del país a los hechiceros y adivinos.

Los filisteos se concentraron y fueron a acampar a Sunán. Saúl también concentró a todo Israel y acampó en Guilboa. Pero cuando vio el campamento filisteo, sintió miedo y se llenó de espanto. Entonces consultó al Señor, pero el Señor no le respondió ni por los sueños, ni por las suertes ni por los profetas. Finalmente dijo a sus servidores:

— Buscadme una hechicera, para ir a consultarla.

Sus servidores le contestaron:

— En Endor vive una hechicera.

Saúl se disfrazó cambiando de ropa y partió con dos hombres. Llegó de noche adonde vivía la mujer y le dijo:

— Prepara tus hechizos y evócame a quien yo te diga.

La mujer le respondió:

— Ya sabes lo que ha hecho Saúl, que ha expulsado del país a hechiceros y nigromantes. ¿Es que quieres ponerme en peligro de muerte?

Pero Saúl, jurando por Dios, le dijo:

— ¡Te juro por el Señor que no serás castigada por esto!

La mujer le preguntó:

— ¿A quién quieres que te evoque?

Y Saúl respondió:

— Evócame a Samuel.

Cuando la mujer vio a Samuel, pegó un grito y le dijo a Saúl:

— ¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!

El rey le dijo:

— No tengas miedo. ¿Qué ves?

La mujer le respondió:

— Un espíritu que sale de la tierra.

Saúl le preguntó:

— ¿Qué aspecto tiene?

Ella le dijo:

— El de un anciano vestido con un manto.

Saúl comprendió entonces que se trataba de Samuel, se postró rostro en tierra e hizo una reverencia.

Samuel dijo a Saúl:

— ¿Por qué me has perturbado, haciéndome venir?

Saúl respondió:

— Estoy en un gran aprieto. Los filisteos me atacan y Dios me ha abandonado y ya no me responde ni por medio de los profetas ni a través de los sueños. Por eso te he llamado, para que me indiques qué debo hacer.

Samuel le dijo:

— Si el Señor te ha abandonado y se te ha vuelto enemigo, ¿por qué me preguntas a mí? El Señor ha realizado lo que te había anunciado a través de mí: te ha quitado el reino para dárselo a otro, a David. Como desobedeciste al Señor y no ejecutaste su castigo contra Amalec, por eso ahora el Señor ha hecho esto contigo. Además, el Señor entregará a Israel junto contigo en poder de los filisteos. Mañana mismo tú y tus hijos estaréis conmigo y el Señor entregará el campamento israelita en poder de los filisteos.

Saúl cayó de repente al suelo, todo lo largo que era, muy impresionado por las palabras de Samuel y además agotado porque no había podido comer nada en todo el día y toda la noche. La mujer se acercó a él y, al verlo tan asustado, le dijo:

— Mira, esta servidora te ha obedecido y ha arriesgado su vida por obedecer tus órdenes. Escucha ahora tú a esta servidora. Voy a traerte algo de comida para que comas, recuperes las fuerzas y puedas reanudar tu camino.

Saúl se negó:

— No quiero comer.

Pero sus criados y la mujer le insistieron y finalmente obedeció, se levantó del suelo y se sentó en el diván. La mujer se apresuró a matar un ternero rollizo que tenía en casa; tomó harina, la amasó y coció panes sin levadura. Luego se los sirvió a Saúl y a sus servidores, que comieron y se pusieron en camino aquella misma noche.

(Samuel 1:28)

Hay protestantes que afirman que el espíritu que se apareció no fue el de Samuel, pues un espíritu jamás puede aparecerse (y así de paso niegan que los santos puedan aparecerse y también que los muertos estén conscientes en el Más Allá), pero en esta historia está bien claro que fue el mismo Samuel quien se aparece (“Saúl comprendió entonces que se trataba de Samuel”, “Samuel dijo”, “muy impresionado por las palabras de Samuel”). Está claro que la invocación funcionó y el muerto acudió a la llamada. Pero tendríamos que despreciar a toda la Biblia para poder suponer que fue la hechicera de Endor quien por su poder trajo a Samuel. Fue Dios quien permitió que Samuel ejerciera después de muerto un último servicio como profeta y le comunicara a Saúl su próxima muerte. Que las anteriores sesiones de la falsa médium fueron fingidas nos lo sugiere el que en esta ocasión, cuando a sus invocaciones viene realmente un espíritu, la hechicera se espanta y da un grito.

Saúl no podía ignorar que Dios había prohibido la invocación de los espíritus, pues él mismo había ejecutado en su reino la orden divina. Por lo tanto Saúl está aquí realizando un acto de desobediencia, y si Dios, en contra de su propia prohibición, utiliza la sesión para mandar a Samuel en nada debería sorprendernos, pues Dios es el creador de las leyes físicas y espirituales, pero no está en modo alguno limitado por ellas. Dicho de un modo digamos que “vulgar”, sería como si Dios pensase “¿así que quieres apariciones? Pues toma aparición”, y le manda a Samuel a anunciar su muerte.

Aún así, al leer la historia podríamos pensar que puesto que la médium logra traer a un muerto y nada luego se dice en reproche suyo, no parece que haya aquí una clara condena del uso de médiums o incluso tampoco se critica en modo alguno el que Samuel haya roto la prohibición divina. La respuesta a eso es que lo que sucede a continuación demuestra lo desacertado de la acción de Saúl, pues al día siguiente, tal como le anunció Samuel, perdió la batalla, resultó herido y se suicidó. Pero si alguien duda aún de que haya alguna relación causa-efecto entre ambos sucesos, es la misma Biblia la que más tarde lo aclara. En el libro de Crónicas, cuando se nos cuenta la historia de Saúl también, nos relata así su final:

Luego pusieron las armas de Saúl en el templo de sus dioses y colgaron su cabeza en el templo de Dagón. Cuando todo Jabés de Galaad se enteró de lo que los filisteos habían hecho con Saúl, todos los valientes se apresuraron, recogieron los cadáveres de Saúl y de sus hijos y los llevaron a Jabés. Luego enterraron sus huesos bajo la encina de Jabés y guardaron ayuno durante siete días. Saúl murió a causa de la infidelidad que cometió contra el Señor, por no atender a su palabra y por haber consultado a una hechicera, en lugar de consultar al Señor. Por eso el Señor lo hizo morir y entregó el reino a David, el hijo de Jesé. (1 Crónicas 10:14)

Todavía alguien podría decir que no fue justo condenarle “por haber consultado a una hechicera, en lugar de consultar al Señor”, pues ya se nos dijo antes que Saúl acudió a la hechicera desesperado porque de ningún modo consiguió obtener una respuesta del Señor. Lo que esto nos está enseñando es que cuando el Señor no nos responde, debemos aceptar su silencio, y no burlar su proceder intentando encontrar respuestas en otras partes, especialmente si es por medios ilícitos.

Así que la Biblia nos dice que no podemos invocar a los muertos haciendo espiritismo, luego vemos que Saúl lo hizo y logró hablar con Samuel (porque Dios así lo consintió), y como castigo por ello (y por otras cosas) murió y fue sustituido por David. Cierto que logró hablar con Samuel, pero Samuel no actúa aquí como un espíritu obediente que responde a las preguntas de quien lo invoca (que es lo que supuestamente hacen los espíritus, con mayor o menor docilidad, en las sesiones de espiritismo), sino que en lugar de responder a su pregunta (“¿qué debo hacer ante esta batalla?”) se limita a ejercer de portavoz de Dios y en lugar de lo que Saúl le pide, le dice que Dios le va a castigar con la muerte.

Por tanto la conclusión que podríamos sacar de esta escena es que los espíritus de los muertos pueden aparecerse a los vivos, si Dios así lo permite, pero no para responder a nuestras necesidades sino al contrario, para traernos su propio mensaje o acción. Y con eso (la escena de Endor y las otras citas) queda resuelto el asunto del espiritismo y las invocaciones a los espíritus. Queda aún la duda de si los espíritus, por propia iniciativa, pueden aparecerse en nuestro mundo sin que nosotros hagamos nada por llamarlos, y a eso vamos a continuación.

APARICIONES

Empecemos diferenciando a las visiones de las apariciones. Una visión (al igual que un sueño) es una experiencia mística e interior. Quien tiene una visión sabe que lo que ve o experimenta con los sentidos o en su mente no es una realidad exterior, por lo tanto no se puede negar su existencia, sólo se podría discutir si dicha visión procede de su propia mente o del cielo. En el caso de que otra u otras personas pudieran percibir también eso mismo, entonces es claro que ya no sería visión sino aparición. Aparición significa presencia, no simple experiencia.

Lo que vamos a discutir aquí es si las apariciones son compatibles o no con el cristianismo, lo cual no quiere decir que cada vez que alguien afirma haber presenciado una aparición sea necesariamente cierto, pero al menos sí podríamos ver si es necesariamente falso. En cualquier caso ninguna aparición, salvo las que vienen en la Biblia, se imponen como dogma de fe, incluso cuando la Iglesia las admite (como por ejemplo la aparición de la Virgen de Lourdes).

Sobre si el espíritu de un muerto que está en el Más Allá puede aparecerse en este mundo a los vivos, tenemos también varios ejemplos en la Biblia. Por un lado tenemos las mismas apariciones de Jesús. Esto es un caso diferente, pues Jesús lo que hizo fue resucitar dentro de este mundo (nosotros resucitaremos pero en el Más Allá), así que cuando sus discípulos le ven en muchas ocasiones después de morir, no se trata de apariciones en el sentido de un espíritu que se aparece, sino que es Jesús resucitado el que regresa a la vida en el plano físico. Pero una vez que el Jesús resucitado abandona el plano físico y vuelve al cielo en la Ascensión, también vemos por ejemplo que se aparece a San Pablo en forma de una luz cegadora y una voz

Se hallaba en ruta hacia Damasco, a punto ya de llegar, cuando de pronto un resplandor celestial lo deslumbró. Cayó a tierra y oyó una voz que decía:

— Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?

— ¿Quién eres, Señor? —preguntó Saulo—.

— Soy Jesús, a quien tú persigues —respondió la voz—. Anda, levántate y entra en la ciudad. Allí recibirás instrucciones sobre lo que debes hacer.

Sus compañeros de viaje se habían quedado mudos de estupor. Oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, cuando abrió los ojos, no podía ver. Así que lo llevaron de la mano a Damasco, donde pasó tres días privado de la vista, sin comer y sin beber. (Hechos 9:3-9)

Esto ya sí es una aparición en toda regla. Pero aún así podríamos decir que igual que Jesús fue el único que pudo resucitar dentro del plano físico, igualmente sería el único que puede aparecerse en este mundo cuantas veces quiera. Pero la Biblia también nos ofrece otro ejemplo de alguien distinto a Jesús. Se trata de Moisés y Elías (Lucas 9:28-36). Si en el ejemplo anterior todos pudieron oír la voz pero nada vieron, salvo Pablo, en esta ocasión los discípulos sí pudieron ver a los espíritus aparecidos, por eso exclamó Pedro “¡Maestro, qué bien estamos aquí! Hagamos tres cabañas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

En esta ocasión los protestantes dicen que este ejemplo no vale porque Elías no murió, sino que fue arrebatado en vida hasta el cielo en un carro de fuego y por tanto, al tener cuerpo, podía aparecerse y seguir consciente incluso estando en el Más Allá. Cierto, pero nos queda entonces Moisés. Ante esto muchos dicen también que puesto que Elías pudo aparecerse y mostrarse consciente por no haber muerto, igualmente habría que deducir que el mismo caso sería el de Moisés, que no murió sino que subió al cielo en cuerpo y alma y por tanto está allá consciente y puede venir a este mundo si es voluntad de Dios. Pero en este caso la respuesta es claramente “no”. Moisés sí murió:

Y murió allí Moisés, siervo del señor, en la tierra de Moab, conforme al dicho del Señor. (Deuteronomio 34:5)

Por lo tanto vemos, al igual que vimos con Saúl, que Moisés, el espíritu de un muerto, pudo aparecerse y hablar con Jesús porque Dios así lo permitió. Y por supuesto tenemos también en la Biblia muchas apariciones de Dios, de los ángeles y de los demonios, pero podemos dejar a todo eso fuera del presente caso por no ser ninguno de ellos espíritus de personas muertas.

Hay otra cita bíblica que puede servir de apoyo a la creencia de que los difuntos pueden actuar entre nosotros después de muertos, la encontramos en San Pablo:

Es cierto que él fue crucificado en razón de su debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también, nosotros participamos de su debilidad, pero viviremos con él por la fuerza de Dios, para actuar entre vosotros. (2 Corintios 13:4)

San Pablo está hablando de que los apóstoles, y por tanto los santos del cielo en general, podrán actuar entre los vivos. Lo que hace San Pablo es comparar dos cosas semejantes en la estructura:

1- Jesús era débil, murió, pero vive por el poder de Dios (ahora, en el cielo)

2- nosotros los apóstoles somos débiles, moriremos, pero viviremos por el poder de Dios … para actuar entre vosotros (en el futuro, desde el cielo)

Los protestantes afirman que esa idea no es correcta, que “viviremos” se refiere al futuro pero aún en este mundo, no tras la muerte. Mas si San Pablo estuviera pensando en que “viviremos en este mundo” para actuar entre vosotros, entonces la comparación es lamentable porque es imperfecta y su formulación lleva a engaño. Jesús “vive” (presente) en el cielo, después de muerto; si San Pablo usa para los apóstoles un tiempo futuro, “vivieremos”, es porque está comparándo su situación con la de Jesús y por tanto se refiere a “viviremos en el cielo”, igual que Jesús. Si pensara en este mundo, no tendría sentido usar el futuro “viviremos” puesto que en este mundo ya están vivos y por tanto tendría que usar el presente: “somos débiles pero vivimos para actuar entre vosotros”. Es por eso que parece referirse claramente a la vida futura y no la presente.

Los protestantes prefieren aceptar antes la idea de que San Pablo se expresó mal que tener que aceptar que sus creencias sobre los santos y el Más Allá están equivocadas. Y para despejar dudas aclaro aquí que esta traducción está sacada de una biblia protestante (La Palabra BLP), aunque también hay traducciones protestantes que fuerzan la traducción y donde dice “para actuar entre vosotros” dicen “para con vosotros”, con lo que parece que quien actúa es Dios y no los apóstoles. Y puesto que eso cambia totalmente el sentido, nos vemos obligados a dejar a un lado traducciones y mirar la frase original:

και γαρ εσταυρωθη εξ ασθενειας αλλα ζη εκ δυναμεως θεου και γαρ ημεις ασθενουμεν εν αυτω αλλα ζησομεν συν αυτω εκ δυναμεως θεου εις υμας

El problema es que la preposición “εις” tiene dos sentidos, puede expresar dirección, “hacia”, o finalidad. Si decidimos que esta preposición se refiere a “poder de Dios“, entonces podríamos traducirlo como “hacia vosotros” (el poder de Dios hacia vosotros), pero si decidimos que se refiere a “nosotros” entonces podríamos traducirlo como “nosotros viviremos… para (hacer con) vosotros”. De todas formas suena lioso al explicar la traducción pero es por la gran diferencia entre la gramática griega y la española.

La cuestión es que interpretar que esa preposición se refiere al poder divino es forzar mucho la idea de la frase completa, pues San Pablo está comparando dos cosas y con esta interpretación la comparación se rompería de forma muy extraña, pues estaría hablando de que “Jesús vive por el poder de Dios” y “nosotros viviremos”, y luego añade fuera de la comparación “por el poder de Dios hacia vosotros”, o sea, lo que nos hará vivir tras la muerte no es el poder de Dios sin más, sino el poder que muestra Dios hacia vosotros. ???. Eso no tiene ningún sentido y por tanto es una mala traducción, pues por arreglar un conflicto de creencias protestante lo que hace es crear una disonancia aún mayor en el texto original.

Otra traducción protestante que intenta arreglar esto, con igual mal resultado, es la que dice “con el poder de Dios que actúa en vosotros”, que sería una fórmula mixta entre la primera y la segunda traducción. Pero esta traducción no es fiel a lo que la estructura de la frase original en griego está diciendo, pues transforma la preposición en relativo sin más razón que dar satisfacción a las creencias protestantes. Sencillamente, “εις” es preposición, no es un pronombre relativo. Es por eso que nos reafirmamos en que en esta cita San Pablo está hablando claramente de que los santos del cielo pueden actuar entre los vivos. Pero aún así la pregunta podría ser ¿pero pueden actuar haciéndose presentes y percibibles?

Sobre eso ya vimos el caso de Moisés (y Jesús y Elías). Y además, la historia del catolicismo está llena de apariciones de Jesús, la Virgen y santos, que serían espíritus (con cuerpo en el caso de Jesús y María) procedentes del cielo, pero del infierno, Biblia y Tradición coinciden en que sólo el diablo se mete en nuestro mundo (las almas condenadas jamás podrían abandonarlo). También hay casos como el de San Juan Bosco, que tuvo una aparición de un amigo suyo fallecido, el cual le anunció que se encontraba en el cielo (aunque creer o no que tal cosa ocurrió de verdad, como ya vimos, es cuestión de cada uno).

De la Biblia y de la Tradición podemos asegurar varias cosas sobre este asunto:

– los ángeles y los demonios pueden actuar en este mundo e incluso aparecerse, aunque en el caso del demonio suele ser más como influencia actuante o como voz que como imagen.

– Jesús y María pueden aparecerse corporalmente.

– Los santos (y santo es cualquiera que está en el cielo) pueden aparecerse a los vivos.

Todos estos, si se aparecen es por algún motivo importante y no por frivolidad o por presumir, evidentemente. Su aparición tiene una función espiritual, y es siempre Dios el que tal aparición provoca y por su propia iniciativa y razón y para mayor gloria suya y beneficio nuestro.

A cuenta de eso merece la pena referirse aquí a un tipo especial de aparición que cuentan muchos testigos tanto católicos como protestantes y también de otras religiones: las apariciones de nuestros seres queridos. Son principalmente de dos tipos:

1- Gente que justo antes de morir dicen estar viendo a un ángel o a Jesús o algún otro ser celestial o más frecuentemente a su madre, abuela, etc.

2- Gente que justo después de morir un ser querido, o poco después, afirma verlo o sentirlo (como fue el caso de San Juan Bosco)

Estos dos casos podrían entrar dentro de las apariciones admisibles, espíritus que con permiso de Dios se aparecen con una función o mensaje. En el primer caso la función de la aparición sería ayudar al moribundo en su tránsito, dándole paz y seguridad en el trance y la certeza de que lo que le espera es bueno. En el segundo caso la función es similar, se trata de que la persona sepa que su ser querido está bien. En ambos casos el mensaje divino que nos dan es que la muerte no es el fin, sino una vida nueva. Siempre son sucesos felices (y apariciones sonrientes), pues como ya dijimos, cuando el alma es condenada no tiene posibilidad ninguna de aparecerse. ¿Y por qué unos son bendecidos con estas apariciones y otros no? Eso preguntádselo a Dios, él sabrá por qué unos casos lo merecen tanto como para hacer una excepción.

A mayores de esto, también pueden aparecerse las almas del purgatorio, siempre con permiso de Dios y a iniciativa suya, y siempre por una razón importante, normalmente para incitar a los vivos a rezar por su purificación.

Así que si por el campo se aparece vagando en la noche una mujer joven y demacrada vestida de novia arrastrando los jirones de su velo y con un ramo mustio en la mano mientras la fría brisa y retazos de niebla entretejen sus luengos cabellos, y lo único que hace es pasar, para horror de quienes la ven, o montarse en el coche sólo para después dar un susto de muerte al conductor, entonces puedes tener claro que no se trata de ninguna aparición de un alma bendita o en pena o en ningún otro estado, sino alguna alucinación o farsa de quien tal cosa ha presenciado.

Y un último comentario para aquellos que al leer esto se planteen cierta cosa. Si el diablo es el gran engañador y pudiera “entrar” en el cuerpo del endemoniado o incluso aparecerse en figura de otra persona haciéndonos creer que es quien no es… ¿cómo podríamos saber si se trata de santo o diablo o qué?

Respuesta: yo no me preocuparía de ello, las posibilidades de que nos encontremos con una aparición del diablo son tan pequeñas que podemos desecharlo (su acción e influencia sí está por todas partes, pero su aparición es harto improbable). Pero por si alguien insiste en saber, la prueba de fuego es sencilla: el diablo puede fingir, engañar, adular, mentir, decir lo que queremos oír y todo lo que sea, pero lo que el diablo nunca puede es alabar a Dios o rezar. Si te encuentras con una aparición y piensas que podría ser el diablo engañando, haz que se santigüe, alabe a Dios o cualquier otra cosa santa, y si lo hace, sabrás que no es el diablo sino quien parece ser. Y si una aparición te pide, exige, sugiere o ruega que hagas algo que te alejaría de la santidad, también ten por cierto que Dios no está detrás de ello y por tanto o es ficción o es Satán (aunque incluso Satán sólo puede actuar, aunque sea tentando, con consentimiento divino). Y por último, si una aparición te hace sentir paz y amor, pues tampoco es diabólica, sería como si el sol quisiese fingir frescura.

En la mayoría de los casos la gente dice que se le ha aparecido un familiar y les ha pedido que recen por él o que hagan nosecuantas misas, etc. Pues nada se pierde con hacerlo, que sea o no real la aparición las misas y rezos siempre beneficiarán tanto al que las hace como al que las recibe, y de por medio siempre serán en alabanza a Dios.

Un abrazo Marta

Christian Martin

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5 thoughts on “CARTA Nº 7: ¿Existen los fantasmas? sobre fantasmas, espiritismo y apariciones

  1. esa explicación me parece excelente, ya que hay personas que actúan como el rey de la mentira y al hablarles de dios, se enojan y no quieren escuchar, no son él pero se parecen, que se puede hacer en este caso, ya que no aceptan su realidad o no aceptan que están en un error, como que están cegados o al menos así lo entiendo.

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    • Me temo que la búsqueda de Dios y de su Verdad es algo personal, nadie va a encontrar a Dios si no está abierto a Él. Hay gente que se aferra tan apasionadamente a sus falsas doctrinas que no logran llegar a ese Dios del que tanto predican, sino a una imagen distorsionada del mismo. A esa gente hay que intentar mostrarles la verdad (y rezar por ellos), pero al final serán ellos quienes la acepten o no. Piensa que Jesús era Dios y no convenció a todos con su predicación, sino sólo a aquellos que se abrieron a Él y lo aceptaron. Dios no quiere forzar a nadie a que acepte su Verdad, y nosotros no podemos ni debemos aspirar a más de lo que quiso Dios mismo. En última instancia, ellos son libres para aceptar o rechazar la verdad, y nosotros debemos respetarlo.

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  2. Hace dias que queria agradecer la respuesta , no me gusta parecer indiferente que no aprecio el trabajo que se dan las personas cuando te responden de forma tan detallada.
    Comentar una ultima cosa y bien personal , pero quiero compartirla por que me senti tocada cuando comentas que gente poco despues de morir se hace presente a algun ser querido , que puede darse eso en caso de que Dios lo permita .
    Mi padre estaba hospitalizado y la mañana que fallecio vino a despedirse de mi , supe inmediatamente que el ya habia partido , a la media hora suena el telefono del hospital avizandonos de su defuncion , yo me senti agradecida de su visita y de Dios por que el ahora estaba descansando en paz .
    Solo eso Christian , darte la gracias por que cuando he llegado a comentar esto me miran algo extraño y al leerte veo que es algo aceptado y posible en algunas ocasiones.
    Gracias

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  3. Pingback: ¿Existen los fantasmas? sobre fantasmas, espiritismo y apariciones — Apología 2.1 | CATOLICO LUCHADOR

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