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Sola Scriptura vs Tradición

Portada: sola scriptura vs tradición

Toda la teología protestante se basa en una doctrina fundante: la Sola Scriptura. A partir de ahí se levanta todo su sistema de creencias. Veamos qué significa este concepto que empezó en la mente de Lutero y los Reformadores del XVI y cuál es el elemento equivalente en la teología católica.

La doctrina protestante de Sola Scriptura plantea una paradoja fundamental: aunque se presenta como un principio de autoridad absoluta, en la práctica, su aplicación depende de interpretaciones personales y carece de un criterio unificado para definir las doctrinas esenciales. Los padres protestantes realmente creyeron que aplicando ese principio obtendrían una teología consistente y fiel a la Verdad original. Les bastó pocos años para descubrir su error. Este enfoque individualista, sin una autoridad que establezca las bases doctrinales, ha generado desde entonces una amplia gama de creencias contradictorias entre los protestantes, lo cual revela una debilidad estructural: la imposibilidad de establecer una verdad común dentro de la fe cristiana, tal como lo hizo la Iglesia primitiva, y, por tanto, su inutilidad.

Qué es la Sola Scriptura y qué variantes tiene

Sola scriptura” (en ablativo plural) significa en latín que alcanzamos la Verdad de Dios “sólo a través de las Escrituras”. Según esta doctrina, todo lo necesario para nuestra salvación está contenido en la Biblia y sólo en ella, de manera suficiente y exclusiva, sin necesidad de la Iglesia, los sacramentos, o cualquier mediación adicional; solo se requiere la fe en lo que ella enseña. Además, los defensores de la sola scriptura sostienen que las enseñanzas bíblicas esenciales para la salvación están expuestas con tal claridad (claritas scripturae) que cualquier persona, sin necesidad de una formación especial y con la ayuda del Espíritu Santo, puede entenderlas correctamente. Por lo tanto, se considera que la Biblia no contiene ambigüedades en los puntos fundamentales de la fe, de modo que el creyente puede acceder directamente a la verdad sin depender de una autoridad interpretativa externa. Así que para ellos, los principales rasgos de la Biblia son: exclusividad, suficiencia y claridad.

Martín Lutero

Sola Scriptura:

  • Exclusividad: La doctrina no solo sostiene que la Biblia es suficiente, sino que es la única fuente de autoridad para estos temas esenciales.
  • Suficiencia: La Biblia contiene todo lo necesario para la salvación y no requiere mediación adicional de la Iglesia o los sacramentos.
  • Claridad (claritas scripturae): Los puntos esenciales de la doctrina de salvación están expuestos de forma clara, accesible a cualquier lector con la ayuda del Espíritu Santo, sin necesidad de una autoridad externa que interprete.

Cuando Lutero presenta la doctrina de la sola scriptura en el siglo XVI, su principal objetivo no es tanto rechazar la Tradición como fuente de autoridad religiosa, sino cuestionarla como principio de interpretación de las Escrituras. Para la Iglesia Católica, los textos bíblicos, al igual que cualquier otro, pueden dar lugar a múltiples interpretaciones. Surge entonces la pregunta: ¿cómo podemos saber cuál interpretación es la correcta?

Para Lutero, como hemos visto, la Biblia se interpreta a sí misma; esto es lo que él llama el principio de claridad. Según este principio, los textos bíblicos son claros y no contienen ambigüedades en los aspectos esenciales. Sin embargo, dado que el intelecto humano puede errar incluso ante textos claros, existe un sistema de seguridad para evitar este riesgo: cualquier cristiano puede invocar la ayuda del Espíritu Santo para interpretar correctamente esos textos, conocido como el principio de interpretación privada. Si los textos son claros y el Espíritu Santo guía al creyente, ¿qué podría salir mal?

Llevada al extremo, esta doctrina no solo sostiene que la verdad en cuestiones religiosas se encuentra exclusivamente en la Biblia, sino que cualquier cosa que no esté explícitamente en ella debe considerarse antibíblica y, por tanto, reprobable. Este extremo es bastante común en el protestantismo popular y suele ser el fundamento para rechazar y condenar ciertas doctrinas católicas, como la Asunción de María, por ejemplo.

Actualmente, un sector de los protestantes prefiere una versión más moderada y práctica de sola scriptura. Según esta visión, la verdad de la fe se encuentra únicamente en las Escrituras, pero también hay tradiciones e incluso innovaciones que pueden ser buenas y útiles, aunque no sean imprescindibles. Además, suelen reconocer la utilidad (aunque no la necesidad) de que los pastores y teólogos de su denominación actúen como maestros explicando la Biblia, en caso de que alguien no la entienda del todo bien.

Esta versión moderada es similar a la defendida por los metodistas, quienes sostienen que otras fuentes de la teología cristiana, como la Sagrada Tradición, la Razón y la Experiencia, también son importantes, aunque están subordinadas a la Sagrada Escritura como autoridad principal. Apropiadamente, ellos prefieren el término Prima Scriptura (primacía de las Escrituras) en lugar de sola scriptura.

Esta postura se acerca en parte a la de la Iglesia Católica (romana y ortodoxa), que no solo reconoce la Tradición apostólica como fuente de verdad junto con las Escrituras, sino que sostiene que la única manera de interpretar correctamente las Escrituras es a través de esa Tradición. Así, cuando un texto admite diversas interpretaciones, el buen católico no reza buscando inspiración para comprenderlo correctamente; en su lugar, acepta la interpretación que le ofrece la Iglesia, fundamentada en cómo lo entendieron los primeros cristianos, es decir, en la Tradición.

¿Dónde está eso en la Biblia?

Si los protestantes construyen su teología sobre la base de que solo pueden creer en aquello que está escrito en la Biblia y de que la Biblia se interpreta a sí misma, el primer paso lógico sería validar esa doctrina buscando en la propia Biblia dónde se afirma tal principio.

La Biblia

Existen varias citas que se suelen presentar como evidencia de que sola scriptura es una doctrina bíblica:

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Tenemos también la firmísima palabra de los profetas, a la que haréis bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en vuestros corazones. Sobre este punto, tened muy presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, ya que ninguna profecía ha tenido su origen en la sola voluntad humana, sino que, impulsados por el Espíritu Santo, hubo quienes hablaron de parte de Dios. (2 Pedro 1:19,21)

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Por tu parte, permanece fiel a lo que aprendiste y aceptaste. Sabes quiénes fueron tus maestros, y que desde la cuna te han sido familiares las sagradas Escrituras como fuente de sabiduría en orden a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura está inspirada por Dios y es provechosa para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar en la rectitud, a fin de que el creyente esté perfectamente equipado para hacer toda clase de bien. (2 Timoteo 3:14-17)

[

Damos por ello gracias a Dios constantemente, pues al acoger el mensaje evangélico de Dios que os proclamamos, no fue un mensaje humano el que acogisteis sino, como es en verdad, un mensaje divino que sigue actuando en vosotros los creyentes. (1 Tesalonicenses. 2:13)

Como se puede ver, estas citas destacan la importancia, la veracidad y la utilidad de las Sagradas Escrituras, pero en ningún momento afirman que ese valor resida únicamente en las Escrituras, excluyendo la predicación oral. Además, estas citas incluyen matices que resuenan más con una perspectiva católica que protestante. La primera nos recuerda que las Escrituras no pueden interpretarse de forma individual; la segunda indica que su propósito es “hacer toda clase de bien”, es decir, llevar a las buenas obras (en oposición a sola fide); y la tercera cita menciona una fe que ya ha sido proclamada entre los lectores de la carta, no una fe que aprenderán al leerla. Sin embargo, cuando los protestantes buscan justificar sola scriptura en la Biblia, a menudo presentan estas tres citas (y en ocasiones otras aún menos relevantes al tema). Entonces, ¿qué está sucediendo aquí?

Según sola scriptura, la verdad se encuentra completa y exclusivamente en la Biblia; por lo tanto, para que esta doctrina sea verdadera, tendría que estar claramente presente en las Escrituras. Sin embargo, en ninguna parte de la Biblia encontramos algo semejante. Según relata Scott Hahn, cuando era catedrático presbiteriano de teología, un colega teólogo le explicó:

En realidad no se puede demostrar la Sola Scriptura desde las Escrituras. La Biblia no declara expresamente que sea la única autoridad cristiana. En otras palabras, sola scriptura es, en esencia, la confesión histórica de los reformadores en contraste y oposición a la afirmación católica de que es la Escritura junto con la Iglesia y la Tradición. Para nosotros, por tanto, es una presuposición teológica, nuestro punto de partida, no una conclusión demostrada” (“Rome Sweet Home” p. 53). 

Y poco después, citando una conversación con otro teólogo protestante nos dice: “Pregunté a otro teólogo —¿Para usted cuál es la columna y el fundamento de la verdad? Él respondió —¡La Biblia, por supuesto! —Entonces ¿por qué dice la Biblia en 1 Timoteo 3:15 que la Iglesia es la columna y el fundamento de la verdad? —Ahí me ha pillado usted, Scott —Soy yo el que se siente pillado. —Pero Scott, ¿de qué Iglesia estaríamos hablando? —¿Cuántos pretendientes hay para eso? Quiero decir, ¿hay alguna otra Iglesia que diga de sí misma que es la columna y el fundamento de la verdad? —¿Significa eso que se está usted volviendo católico romano? —Espero que no. (Ibidem p. 53-54)

En efecto, tal como afirmó ese teólogo presbiteriano, la Biblia no afirma en ninguna parte que sea el único fundamento de la verdad. De hecho afirma explícitamente lo contrario:

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Por si me retraso, quiero que sepas cómo debes comportarte en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad. (1 Timoteo 3:15)

Jesús no ordenó a sus discípulos que escribieran el Evangelio, sino que fueran por todo el mundo y lo predicaran. Los escritos posteriores se consideran un sólido apoyo para esa predicación. Pero fue con la irrupción del protestantismo, coincidiendo con la invención de la imprenta y la difusión del acceso general a los libros, cuando surge en Europa central una nueva manera de entender el cristianismo basada exclusivamente en los textos bíblicos.

Qué es la Tradición Apostólica

La revelación que Mahoma recibió vino en forma de libro: Alá le dicta el Corán, y los musulmanes recibieron su fe a través de ese texto. La revelación del Dios cristiano, en cambio, no llega en forma de libro, sino a través de una relación personal. Dios no dicta el Antiguo Testamento a Moisés y ya; en cambio, llama a Abraham para formar un Pueblo Elegido y se va revelando poco a poco a través de ese pueblo, mediante patriarcas y profetas que lo educan tanto con la palabra oral como con escritos. Con la llegada de Jesús, la revelación da un salto, pero, de nuevo, Dios continúa con su Pueblo, ahora llamado Iglesia. Dentro de ella, la revelación—ya completada—se transmite, primero de forma oral y luego también por escrito. Los musulmanes son “gente del Libro” y no necesitan nada más; los cristianos somos el “Pueblo de la Palabra Viva”, el Pueblo de Dios.

primeros predicadores

Jesús primero y los apóstoles y sus discípulos después, extienden el cristianismo mediante la predicación oral (Rom 10:17, Hch 8:25, Mc 16:15Rom 10:14-15). Durante los primeros 20 años, parece que ni siquiera existía ninguno de los escritos del Nuevo Testamento; sin embargo, fue en esos primeros años cuando la Iglesia se estableció en gran parte del Imperio. Este es el comienzo de lo que llamamos la Tradición Apostólica, también conocida como Sagrada Tradición o simplemente Tradición, con mayúscula. Estas son las enseñanzas que los apóstoles predicaron oralmente y que se han transmitido de generación en generación hasta hoy. No debe confundirse con las tradiciones humanas, en minúscula, que pueden ser útiles o no, pero que no son regla de fe ni fundamento de la verdad.

Con el correr de los años esa Iglesia cristiana empieza a generar escritos. Al terminar el siglo primero ya tenemos un corpus de textos cristianos entre los que conservamos varias cartas de los apóstoles, una del papa Clemente I, varias biografías sobre Jesús, un primer catecismo y libro de liturgia, varios relatos apocalípticos y un libro piadoso, entre otros. De esas obras con el tiempo la Iglesia reconoció la inspiración infalible de Dios en algunas de ellas (evangelio de San Mateo, Apocalipsis de San Juan, epístola de Santiago, etc.), y otras fueron consideradas obras humanas (el Pastor de Hermas, la Didaché, etc.).

Primeros cristianos en misa

En el siglo II encontramos ya numerosos autores cristianos que escriben sobre la fe o defienden las doctrinas cristianas frente a las herejías emergentes (las cartas de San Policarpo, Contra los Herejes de San Ireneo, la Apologética de Tertuliano, etc.). Estos autores son llamados Padres Apostólicos porque fueron discípulos directos de los apóstoles (como Policarpo, discípulo de Juan, o Clemente, discípulo de Pedro y Pablo) o discípulos de aquellos discípulos (como San Ireneo, discípulo de Policarpo, quien había sido discípulo de Juan). Estos Padres Apostólicos conocen las doctrinas católicas de primera o segunda mano y también los escritos del Nuevo Testamento; de modo que, si surgía alguna duda, podían consultarla con sus maestros, del mismo modo que estos pudieron consultar a los propios apóstoles. Por esta razón, su interpretación de las Escrituras tiene Autoridad: no es una opinión personal, sino una enseñanza que procede de los apóstoles y sus discípulos y está en sintonía con la fe común. En los pocos casos en que encontramos una opinión no aceptada por la mayoría, dicha opinión quedaba automáticamente desautorizada, ya que se desviaba de la regla de oro de “lo que ha sido creído por todos, siempre y en todas partes”, conocida en teología como sensus fidelium (el sentido [doctrinal] de los fieles). Esta regla de oro era el criterio que usaba la Iglesia primitiva para discernir si una doctrina era auténtica y provenía de los apóstoles, o si era una innovación herética que debía rechazarse.

Por último, tenemos los escritos cristianos que llegan hasta la época de San Agustín (siglo IV), aún próximos a las fuentes originales y con acceso a muchas cartas y otras obras de los primeros cristianos que hoy se han perdido, pero que les sirvieron para redactar sus recopilaciones, historias del cristianismo, catecismos, liturgias, etc. Estos autores son conocidos como los Padres de la Iglesia (incluyendo también a los Padres Apostólicos). Todos estos escritos de los siglos I al IV, e incluso hasta el V, son considerados fuentes privilegiadas para conocer el cristianismo tal como fue predicado por Jesús y los apóstoles.

Después de la Edad Media, la regla de oro que acabamos de mencionar se volvió prácticamente inservible, ya que el mundo cristiano se llenó de herejías; sin embargo, para ese momento tampoco era ya necesaria. El cristianismo había quedado fijado y consolidado hacia el siglo V, y aunque después de esa fecha surgieron varios dogmas, no se trataba de doctrinas nuevas, sino de creencias que ya eran comunes en la Iglesia de los primeros siglos, ahora oficializadas. Por eso, en la práctica, la regla de oro pasó a ser esta otra: son doctrinas verdaderas aquellas en las que creían los cristianos de los primeros siglos, pudiendo luego desarrollarse pero no innovarse. Es decir, la Tradición más primitiva funciona hoy para los católicos de forma similar a como sola scriptura lo hace para los protestantes; es la regla de oro para discernir la verdad.

Visto de este modo, podemos decir que las Escrituras son parte de la Tradición católica: surgieron en ella y en ella encuentran su sentido. Sin embargo, por motivos prácticos hoy dividimos las fuentes del cristianismo en dos partes: las Escrituras y la Tradición. La Tradición comienza con las predicaciones de Jesús y continúa hasta hoy (traditio significa “lo que se transmite”). Unos 25 años después de Jesús comienzan a aparecer textos escritos, por lo que la Tradición pasa a tener una parte oral y una parte escrita. De esta parte escrita, una pequeña porción (Jn 21:25) será considerada inspirada por Dios y se llamará Escritura; el resto, ya sea por transmisión oral o por escrito, seguirá llamándose Tradición. Con el tiempo, todas estas doctrinas, ideas y vivencias que conforman la Tradición oral irán reflejándose en textos escritos, especialmente hasta el siglo V, y así llegamos al presente, donde las enseñanzas apostólicas perviven en la Iglesia católica a través de estos medios:

Esquema de la divulgación del cristianismo

Escrituras y Tradición nos traen la verdad de las predicaciones apostólicas de dos maneras diferentes.

  • Las Escrituras son inspiradas por Dios en su redacción, y por tanto infalibles… siempre que sean correctamente interpretadas. Para asegurarnos de que hacemos la interpretación correcta tenemos que mirar en la Tradición a ver cómo lo interpretaban los primeros cristianos.
  • La Tradición, oral o escrita, no es infalible, por eso se necesitó una regla para saber localizar posibles errores: el sensus fidelium (respaldado por las promesas de Jesús a su Iglesia).
  • CONCLUSIÓN: Como las Escrituras son infalibles, ninguna doctrina de la Tradición podría ser verdadera si contradice a las Escrituras, pero sí puede ser verdadera aunque no esté en las Escrituras.

Efectos prácticos

Ahora veamos los efectos prácticos que tiene todo esto.

Problema

Jesús dice “Tomad y comed porque esto es mi cuerpo… haced esto en memoria mía”. ¿Cómo hay que entender esto, de forma literal o alegórica?

Solución protestante

Aplicando la Sola Scriptura el protestante toma su Biblia y tiene que discernir allí lo que Jesús realmente quería decir. Finalmente decide que, a pesar del principio de claridad, Jesús no está ahí diciendo lo que parece que dice, sino que hablaba de forma alegórica, así que está bien tomar pan y vino de vez en cuando para acordarnos de Jesús, pero el pan sólo es pan y el vino sólo es vino, es sólo un gesto simbólico de recuerdo. Tan simbólico que muchos protestantes no lo hacen casi nunca.

Solución católica

Los católicos llevamos 2000 años haciendo lo que Jesús nos mandó; para nosotros no es un problema nuevo que resolver, sino una parte fundamental de la Tradición. Así, ningún católico necesita investigar qué significa este versículo, ya que la Iglesia siempre lo ha sabido (transmisión ininterrumpida de una enseñanza de Jesús desde el siglo I hasta hoy). De todas formas, si por algún motivo surgiera alguna duda, la solución católica consiste en preguntarse qué creían los primeros cristianos al respecto. Por ejemplo, encontramos la Didaché, del siglo I, donde se describe el ritual de consagración de la eucaristía y se dice que el pan y el vino son “un alimento y una bebida espiritual y de la vida eterna” (no un mero símbolo). También tenemos a San Ignacio, nombrado obispo de Antioquía dos o tres años después de la muerte de Pedro y Pablo, quien, criticando las herejías de los docetas, los acusa de “no reconocer la eucaristía como la carne de Jesucristo”. Es decir, un obispo del siglo I, que probablemente conoció al menos a los apóstoles Bernabé y Pablo, y especialmente a Juan, nos dice claramente que negar que la eucaristía sea verdaderamente el cuerpo de Cristo es una herejía.

No tiene sentido que un cristiano del siglo XXI, al meditar sobre un versículo bíblico, llegue a una conclusión opuesta a la de San Ignacio, discípulo de los apóstoles, y aun así crea que él tiene razón y San Ignacio está equivocado. Es igualmente absurdo pensar que su pastor, o el propio Lutero, pueden entender mejor la Biblia que aquellos que, siglos antes, aprendieron esas doctrinas directamente de Jesús o de sus apóstoles. Los escritos cristianos de los siglos I y II muestran que la Iglesia original era claramente católica; este es un motivo más que suficiente para que los protestantes rechacen la Tradición y prefieran ignorarla.

El fundamento de la Tradición

Sacerdote en procesión al altar

Todo el argumento protestante se basa claramente en la sola scriptura, como hemos estado viendo. También hemos visto que esta premisa debe aceptarse simplemente por fe, ya que, aunque creen que todas las doctrinas deben fundamentarse en las Escrituras, esta doctrina fundante carece de respaldo bíblico.

Por el contrario, los católicos se basan en la Tradición (incluyendo las Escrituras). Vamos ahora a profundizar un poco más en el fundamento católico de que las doctrinas cristianas se recogieron no solo en la Biblia, sino también en la Tradición, y que esta es la herramienta para interpretar correctamente las Escrituras. Ya en los siglos I y II, los cristianos defendían con claridad y contundencia la postura católica en este asunto:

[

Junto con las interpretaciones [de los evangelios], no vacilaré en añadir todo lo que aprendí y recordé cuidadosamente de los ancianos, porque estoy seguro de la veracidad de ello. A diferencia de la mayoría, no me deleité en aquellos que decían mucho, sino en los que enseñan la verdad; no en los que recitan los mandamientos de otros, sino en los que repetían los mandamientos dados por el Señor. Y siempre que alguien venía que había sido un seguidor de los ancianos, les preguntaba por sus palabras: qué habían dicho Andrés o Pedro, o Felipe, o Tomás, o Santiago, o Juan, o Mateo o cualquiera otro de los discípulos del Señor, y lo que Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor, estaban aún diciendo, porque no creía que la información de libros pudiera ayudarme tanto como la palabra de una voz viva, sobreviviente (Papías de Hierapolis, discípulo de San Juan, año 100, citado por Eusebio de Cesarea en su obra Historia eclesiástica III, 39)

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Porque al usar las Escrituras para argumentar, la convierten en fiscal de las Escrituras mismas, acusándolas o de no decir las cosas rectamente o de no tener autoridad, y de narrar las cosas de diversos modos: no se puede en ellas descubrir la verdad si no se conoce la Tradición […] Y terminan por no estar de acuerdo ni con la Tradición ni con las Escrituras. (San Ireneo de Lyon, discípulo de San Policarpo, que era discípulo de San Juan. Contra las Herejias. III 2, 1-2. Año 130)

Para verlo más claro, estamos dejando de lado el Antiguo Testamento y centrándonos en el Nuevo. Observemos que en el Nuevo Testamento, cuando se habla de “las Escrituras”, siempre se refiere a los escritos del Antiguo Testamento, entre otras cosas porque el Nuevo aún no se había escrito o todavía no se había formado el canon:

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Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. (Romanos 15:4)

Solo en un caso se hace referencia de manera incuestionable a escritos del Nuevo Testamento como parte de las Escrituras, específicamente a epístolas de Pablo:

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y considerad la paciencia de nuestro Señor como salvación, tal como os escribió también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le fue dada. Asimismo en todas sus cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen—como también tuercen el resto de las Escrituras—para su propia perdición. (2 Pedro 3:15-16)

Pero incluso aquí, para validar que ciertas cartas de Pablo sean Escritura habría primero que suponer que esta carta de Pedro es Escritura, y eso la Biblia no lo dice en ninguna parte.

San Pedro y San Pablo

Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que, salvo esta cita, todas las referencias que presentan los protestantes sobre “las Escrituras” deben interpretarse como referidas al Antiguo Testamento, no al Nuevo; es decir, no sirven para demostrar su doctrina de la sola scriptura. Es más, si solo creemos lo que dice la Biblia, entonces los únicos textos que serían inspirados por Dios, y por tanto parte de las Escrituras (según la propia Biblia actual), serían las epístolas de Pablo, y ni siquiera sabemos si eso incluye todas las que tenemos hoy o solo las que Pablo había escrito hasta el momento en que Pedro escribió esta carta (asumiendo, claro está, que esa carta de Pedro es parte de las Escrituras).

Por lo tanto, tenemos la paradoja de que los protestantes basan todas sus doctrinas en unas Escrituras cuya autoridad depende exclusivamente del criterio de una Iglesia Católica que ellos consideran pagana y llena de errores. Decir que no, que la Iglesia acertó con los libros inspirados por pura casualidad, pero que la base del canon es la inspiración irresistible del Espíritu Santo… está bien, pero esa idea de que fue el Espíritu Santo quien reveló el canon a una Iglesia corrompida, ¿dónde se encuentra? ¿Aparece esa idea en las Escrituras? ¿Nos ofrece el Espíritu Santo en algún lugar una lista de qué escritos son Escrituras y cuáles no? ¿Ah no? El único libro del Nuevo Testamento que afirma tener inspiración divina es el Apocalipsis, precisamente el que más tiempo tardó en ser aceptado como parte indiscutible del canon. Entonces, ¿no se puede justificar el canon mediante sola scriptura? Pues de este modo, todo el edificio se derrumba desde su misma base.

Hay otra ocasión en la que de nuevo se nos habla de que las cartas de Pablo transmiten la Verdad:

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Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra. (2 Tesalonicenses 2:15)

Observe que Pablo no testifica sobre la sacralidad (ni siquiera sobre la existencia) de ningún texto autorizado aparte de sus propias cartas (y aún no sabemos con certeza cuáles son). En esta única cita, junto con la de Pedro, donde la Biblia da testimonio de la existencia de textos cristianos verdaderos, el protestante no tiene más remedio que admitir que Pablo está situando la Tradición oral en igualdad de condiciones con la escrita: “la doctrina que habéis aprendido… por palabra” + “o por carta nuestra”.

Todos estamos de acuerdo en que los textos bíblicos recogen muchas de las enseñanzas que Jesús transmitió directamente o a través de los apóstoles, pero el resto de la predicación apostólica no cayó en el olvido, sino que se ha mantenido viva en la Tradición de la Iglesia (2 Tes 2:15, 1 Co 11:2, 2 Tim 2:2) hasta hoy.

Hoy en día, quizá debido al hecho novedoso de pertenecer a una civilización basada en los textos y no en las tradiciones orales, incluso los propios católicos tienden a conceder más fiabilidad a lo que dice la Biblia que a lo que se recoge en la Tradición. Sin embargo, esto es más bien una deformación cultural; no era así, como hemos visto, para los primeros cristianos. A los dos pilares de la fe católica, las Escrituras y la Tradición, debemos añadir un tercer elemento: el Magisterio, que es la capacidad de la Iglesia para enseñar la Verdad. Ya hemos visto que la verdad de las Escrituras se extrae aplicando la Tradición, y la verdad de la Tradición se extrae aplicando el sensus fidelium de la época. Pero además de esas estrategias humanas, tenemos algo mucho más importante: una garantía divina de que el Magisterio no puede errar y enseñar doctrinas falsas. Esta garantía son las promesas de Nuestro Señor Jesucristo, quien, según recoge la Tradición y también las Escrituras, nunca abandonará a su Iglesia ni permitirá que caiga en el error: (Mt 16:18, 18:18, Juan 14:26, 16:13, Lc 22:31-32).

Evangélicos predicando

En la práctica, cuando católicos y protestantes debaten sobre la verdad o falsedad de una doctrina, ambos suelen recurrir principalmente a las Escrituras, ya que es el terreno común que ambas partes reconocen como verdadero. Sin embargo, para un católico es inaceptable aceptar las reglas de juego protestantes que dicen que, si algo no está en las Escrituras, entonces es falso (sola scriptura), ya que esa doctrina es una innovación protestante. Igualmente, para un protestante es inaceptable aceptar que la Tradición apostólica de la Iglesia Católica proviene de los apóstoles, porque eso los obligaría a aceptar todas las doctrinas católicas.

Sin embargo, es posible encontrar un terreno donde ambas partes puedan argumentar en igualdad de condiciones sin renunciar a las bases de su fe. Si una doctrina protestante no está claramente en las Escrituras, entonces el católico puede argumentar que es falsa (la discusión giraría en torno a si la interpretación protestante de cierto pasaje tiene sentido o no). De igual manera, si una doctrina católica contradice algo que está claramente en las Escrituras, el protestante puede demostrar que es falsa (la discusión, nuevamente, sería sobre la interpretación correcta de ese pasaje que supuestamente la contradice).

El fracaso de la Sola Scriptura

Como hemos visto, los católicos consideran que la única forma correcta de interpretar las Escrituras sin temor a errar es mantenerse siempre dentro de los límites que marca la Tradición. Así, si una interpretación contradice las creencias de los primeros cristianos, entonces esa interpretación es claramente incorrecta. (Esto también sirve como advertencia para muchos teólogos actuales que se autodenominan católicos, pero que no respetan este principio fundamental, dejándose guiar por su propio criterio en lugar de buscar la luz de la Iglesia bimilenaria). Además, hemos visto que la Tradición apostólica, nuestras doctrinas y la autoridad del Magisterio provienen directamente de Jesús en una cadena ininterrumpida desde Él hasta la Iglesia actual.

Por otro lado, hemos visto que los protestantes creen que no pueden caer en errores de interpretación, aunque los separen 15 siglos de los textos bíblicos, por dos motivos: el principio de claridad (la Biblia es autoevidente) y el principio de interpretación privada (el Espíritu Santo guía a cada lector). Sin embargo, aunque esta postura optimista pudo parecer creíble en los primeros años de la Ruptura protestante, el paso del tiempo y la realidad, que es terca, dejaron claro que las cosas no funcionan así. La mejor prueba de que estos principios de interpretación protestante no funcionan es que, con el tiempo, quienes así pensaban han dado paso a innumerables divisiones que siguen multiplicándose. Y ni siquiera fue necesario esperar siglos para ver estos efectos; el propio Lutero, en vida, fue testigo de la falsedad de estas convicciones y, lamentándose amargamente, tuvo que admitir:

Hay tantas sectas y creencias como cabezas. Aquel miembro no quiere tener nada que ver con el bautismo; otro niega el Sacramento; un tercero cree que hay otro mundo entre este y el Último Día. Algunos enseñan que Cristo no es Dios; unos dicen esto, otros aquello. Si un rústico, por rudo que sea, sueña o se imagina alguna cosa, ya se cree que ha oído el susurro del Espíritu Santo, y se cree que él mismo es un profeta (Grisar, Lutero IV, 386ss)

Y en una carta escrita al Reformador Zuinglio igualmente le confesó:

Si dura mucho el mundo, será de nuevo necesario, a causa de las varias interpretaciones de la Escritura que ahora circulan, para conservar la unidad de la fe, aceptar los decretos de los concilios y refugiarnos en ellos.

Sin embargo, los protestantes no volvieron a aceptar los decretos y concilios católicos, lo que hizo imposible mantener la unidad de la fe, ni siquiera entre ellos mismos. Hubiera sido bueno para los protestantes que el lamento de Lutero bastara para anular la doctrina de la sola scriptura, pero todo continuó igual. Hoy en día, la Iglesia Católica sigue en sintonía con la Iglesia del primer siglo; nuestra fe es, en esencia, la misma que la de los discípulos de Jesús (aunque más desarrollada y mejor comprendida). En cambio, los protestantes se han dividido en múltiples familias con miles y miles de denominaciones diferentes, que se contradicen entre sí y los han ido alejando cada vez más de los orígenes hasta el punto de que algunas de ellas (mormones, unitarios, testigos de Jehová, etc.) ni siquiera pueden ser considerados cristianos porque ni siquiera creen que Jesús es Dios.

Ramas del protestantismo

Conclusión

La realidad de las múltiples interpretaciones dentro del protestantismo plantea un problema crucial para la doctrina de la Sola Scriptura. Si la Biblia fuese tan clara y la interpretación personal de las Escrituras bajo la guía del Espíritu Santo fuese realmente infalible, no existirían tantas interpretaciones distintas y contradictorias. De hecho, ni siquiera figuras como Lutero o Calvino coincidían en puntos clave. Este fenómeno sugiere que, en la práctica, confiar exclusivamente en la interpretación individual produce una fragmentación doctrinal imposible de armonizar. A menos que supusiéramos que solo un puñado de personas ha interpretado correctamente las Escrituras, sería contradictorio pensar que el Espíritu Santo inspira infaliblemente a cada lector. Así, la Tradición y el Magisterio ofrecen una guía unificadora que, para los católicos, asegura la integridad de la fe tal como fue transmitida desde los apóstoles.

Es importante distinguir entre la diversidad de opiniones actual en ciertos sectores del catolicismo y la fragmentación doctrinal estructural en el protestantismo. En el catolicismo, aunque algunos individuos sostengan opiniones contrarias (como no creer en la presencia real en la Eucaristía), esto no implica una variabilidad doctrinal, sino una falta de adherencia individual a una enseñanza única e invariable, una herejía. Por el contrario, en el protestantismo, las doctrinas contradictorias que surgen bajo Sola Scriptura no son un fallo de interpretación individual, sino una consecuencia inherente al propio principio.

Un problema más profundo es la inconsistencia protestante al definir qué doctrinas son esenciales y cuáles no. Por ejemplo, mientras algunos consideran esenciales la Trinidad o el bautismo, otros creen que basta con la justificación por fe para ser salvado. Esta variabilidad refleja una falta de criterio objetivo para determinar incluso las doctrinas esenciales, lo que provoca desacuerdos incluso sobre puntos doctrinales fundamentales para la salvación. Irónicamente, la única manera de encontrar a dos protestantes que concuerden en toda su interpretación bíblica es cuando renuncian a la interpretación personal y se adhieren al magisterio propuesto por su denominación, lo cual de facto imita la postura católica que delega en la Iglesia el discernimiento doctrinal.

Frente a esta indefinición, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia católica han mantenido una continuidad doctrinal que se remonta a los apóstoles, resolviendo conflictos interpretativos mediante concilios y definiciones dogmáticas y manteniendo así la unidad y consistencia de la doctrina cristiana a lo largo de la historia.

Algo falla

Si la Verdad solo puede ser una, mientras que la mentira puede adoptar infinitas caras y formas, queda claro que sola scriptura es una herramienta de falsedad, y que las doctrinas basadas en ella no tienen ninguna garantía de ser verdaderas. Solo en los casos en que un protestante coincide con un católico puede afirmar que esa creencia es la misma que sostenían los primeros cristianos, quienes forjaron su fe escuchando a los apóstoles. Entonces, ¿cómo es posible que tantos iberoamericanos hayan sido seducidos por esta doctrina con el simplista y populista argumento de que, si algo no está claro en la Biblia, no hay que creerlo? Todo indica que la Iglesia Católica lleva décadas descuidando la formación de sus fieles, dedicándose a otros asuntos y dejando al rebaño desprotegido ante los lobos. De tanto mirar últimamente al suelo, parece que tuviera poco que ofrecer a aquellos que buscan el cielo.

Jesús colega

En este otro artículo puede ver una crítica a la Sola Scriptura desde argumentos de la lógica:

Desmontando la Sola Scriptura

Fin

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Una respuesta a «Sola Scriptura vs Tradición»

  1. Avatar de carlos canosa
    carlos canosa

    todo esto es muy claro, evidentemente los hermanos evangelicos tienen un çangulo ciego+. Pero vamos hacia una sola Iglesia universal:

    Bendiciones!!!

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