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María en la Biblia: la siempre virgen

María con el niño

María virgen antes, durante y después del parto, la siempre virgen. Este dogma mariano es el primero y más arraigado de todos, y nunca se puso seriamente en duda hasta la Ruptura protestante. Su fundamento no sólo está en la unánime tradición de la Iglesia, sino también en la Biblia. Vamos aquí a verlos y a desmontar los argumentos relativamente recientes que han aparecido en su contra.

María doncella

Introducción

Conservamos textos tan tempranos como el siglo II donde vemos que el nacimiento virginal es algo aceptado universalmente en la Iglesia y, a excepción de algunos movimientos heréticos menores, no fue desafiado seriamente hasta el siglo XVIII por parte de los herederos de la Ruptura protestante y sus elucubraciones personales. En una sociedad que en gran medida ha dejado de valorar la virginidad —o incluso la desprecia— no es fácil entender que María, por ser virgen (igual que Jesús), alcanza unas cotas espirituales muy superiores o de qué modo el celibato, como nos dice San Pablo, nos hace más libres y más próximos a la ciudadanía del cielo. Por eso los ataques a la virginidad de María son recibidos en ciertos sectores con poca oposición, como si no fuese un asunto importante. Para los protestantes, además, es un punto más por donde pueden desvalorizar a María, de modo que el rechazo a esta doctrina es cada vez mayor entre ellos.

Sin embargo la Iglesia ha visto en la virginidad de María su mayor virtud, pues el sexo condiciona parte de nuestro comportamiento atándonos con fuerza a nuestra naturaleza animal mientras que el alma está libre de ello; y en cualquier caso la verdad siempre merece ser defendida frente a la falsedad y la mentira, así que vamos a ver por qué durante 2000 años María ha sido y es llamada la Virgen.

Los hermanos de Jesús

Portada: Los hermanos de Jesús

Empecemos por el contraargumento más obvio y simple. Muchos protestantes hoy creen que Jesús tuvo hermanos. Lo vemos mencionado en la Biblia en varias ocasiones, como por ejemplo:

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¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?». Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. (Marcos 6:3)

Ya hemos publicado un artículo detallado sobre por qué no es posible que Jesús tuviera hermanos, dando explicaciones, citas y respuestas a todas las objeciones, de modo que no nos vamos a extender demasiado en el tema y si quiere profundizar en ese asunto le recomendamos ir a nuestro artículo Los hermanos de Jesús. De todos modos haremos aquí un breve resumen de los argumentos principales en contra de que Jesús tuviera más hermanos. Los detalles y citas, si los necesita, los encontrará en el mencionado artículo.

En las lenguas de Oriente Medio la palabra “hermano” suele usarse muy frecuentemente para referirse a los familiares en primer grado (hermanos, primos, tíos, sobrinos, familia política…), y a veces incluso parientes en general. Lo vemos en muchos casos en la Biblia, como cuando en el capítulo anterior nos acababan de decir que era sobrino suyo.

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Téraj engendró a Abrán [Abraham], Najor y Aram. Aram engendró a Lot (Génesis 11:27)
Abrán llevó consigo a Saray, su mujer, y a Lot, el hijo de su hermano (Génesis 12:5)

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Así que Abrán dijo a Lot: — No quiero que haya altercados entre nosotros dos ni entre nuestros pastores, porque somos hermanos. (Génesis 13:8)

Cierto que el Nuevo Testamento está escrito en griego, y no en hebreo, pero es lo que llamamos “griego bíblico” porque está muy impregnado del sabor semítico que traduce, un poco como las traducciones tradicionales al español, que también usan un lenguaje bastante semitizado. Así tanto el griego bíblico como nuestras propias traducciones usan el verbo “conocer” con el sentido de tener relaciones sexuales, algo normal en hebreo pero no en griego ni en español, como en: «Adán conoció a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín» (Génesis 4:1). Varios siglos antes de Cristo ya se había traducido el Antiguo Testamento al griego (La Septuaginta), y allí ya vemos que el griego bíblico mantiene el uso hebreo de llamar “hermano” a los parientes.

También lo vemos en el Nuevo Testamento, como cuando Juan nos dice que junto a la cruz de Jesús estaba “su madre y la hermana de su madre, María”. Esta otra María es la mujer de Cleofás, quien según el historiador Hegesipo (siglo II) era hermano de José. Así pues esa María era cuñada de la Virgen, aunque Juan las dice “hermanas”. Sería absurdo suponer que dos hermanas vivas reciban el mismo nombre. De modo que los llamados “hermanos de Jesús” podrían ser simplemente parientes.

En la cita de arriba se nombran a todos esos hermanos: Santiago, José, Judas, Simón y dos o más hermanas. En varias ocasiones la Biblia menciona que Santiago y José son hijos de María la de Cleofás, y por tanto serían primos de Jesús por parte de “padre”. Este Santiago es llamado otras veces “Santiago el Menor”, uno de los apóstoles. Hegesipo también nos dice que “Santiago el Justo”, primer obispo de Jerusalén, era hijo de Cleofás y primo de Jesús, de modo que es el mismo que llamamos Santiago el Menor y hermano de Jesús. También dice que cuando le martirizaron, nombraron como sucesor a su hermano Simón, así que ya son tres los identificados como hijos de Cleofás y la otra María. Queda Judas, que escribió la epístola de San Judas donde él mismo se identifica como “hermano de Santiago”, a la sazón obispo de Jerusalén (por eso Judas se identifica con su famoso hermano Santiago y no con su padre, que sería lo habitual). Y si los cuatro hermanos eran en realidad primos de Jesús por parte de su tío Cleofás, es fácil que esas hermanas que se mencionan lo fuesen también por la misma vía.

La sagrada familia

Algunos piensan que esos “hermanos” podrían ser hijos de un matrimonio anterior de José, que llegó viudo, pero no hijos de María, de manera que se preserva la virginidad de María y al mismo tiempo se reconoce que “hermanos de Jesús” significa literalmente eso, hermanos. Esto no es posible tampoco por dos motivos. Por un lado tenemos que los hombres de Israel tienen que ofrecer un sacrificio al Templo cuando nace su primogénito. Para los pobres se establecen dos tórtolas, que es lo que José lleva al Templo. Si José ya tuviera hijos antes de nacer Jesús, entonces Jesús no sería legalmente su primogénito y no podrían haber hecho ese sacrificio en el Templo. Por otro lado, si Santiago, José, etc. fuesen hijos de José, eso significaría que la madre de los muchachos estaría muerta desde antes de casarse él con la Virgen María. Sin embargo la Biblia nos sitúa a «la madre de Santiago y José» en varias escenas de la vida de Jesús, como la crucifixión, de modo que la teoría del viudo con hijos tampoco funciona, aunque teológicamente no plantearía ningún problema.

En el mencionado artículo sobre Los hermanos de Jesús encontrará más detalles y más argumentos, pero aquí basta con lo ya resumido, aunque no dejaremos de mencionar el argumento que posiblemente es el más definitivo de todos. Cuando Jesús está a punto de morir, le dice a su discípulo Juan “aquí tienes a tu madre”, para que Juan se la llevara a casa y cuidara de ella hasta su muerte, como así hizo. Si hizo tal cosa fue porque Jesús era hijo único y su madre, viuda, quedaría tras su muerte totalmente sola. De haber tenido más hermanos no le habría encomendado su madre a Juan, sino que ella se habría ido con alguno de sus hijos o hijas, fuesen suyos propios o aportados por su esposo José. Si suponemos que María sí tenía más hijos pero fueron muy malos hijos y no quisieron hacerse cargo de ella, entonces todos ellos habrían quedado socialmente descatalogados como malas personas. Eso es incompatible con el hecho de que dos de esos hijos fueron nombrados sucesivamente obispos de Jerusalén, por sus grandes virtudes.

La enigmática respuesta de María a Gabriel

Estamos tan acostumbrados a escuchar la respuesta que María le dio al arcángel Gabriel en la Anunciación, que no hay en ella nada que nos llame la atención —aparte del milagro que se anuncia. Veamos más despacio la escena:

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En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba prometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Angel entró en su casa y la saludó, diciendo: —¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Entonces el ángel le dijo: —María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo y le dará el Señor Dios el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin. Entonces María dijo al ángel: —¿Cómo será esto? porque yo no conozco varón. Y respondiendo el ángel le dijo: —El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. (Lucas 1: 26-35)

María responde: —¿Cómo será esto? porque yo no conozco varón.

La Anunciación

Tal como hemos comentado anteriormente, el sentido del verbo “conocer” aquí es el de “tener relaciones sexuales”. Suele parecernos normal que María se sorprenda de lo que anuncia el ángel puesto que ella nunca ha tenido relaciones con ningún hombre, pero note que el ángel no le ha dicho “Estás embarazada y vas a dar a luz un niño”, sino que simplemente se lo anuncia en futuro, sin especificar si eso ocurrirá en los próximos segundos o los próximos años. El evangelio nos acaba de decir que esta doncella “estaba prometida con un hombre”. A todos los efectos, para un judío iniciar el compromiso equivalía a casarse, aunque había un plazo de 12 meses antes de consumar* el matrimonio y empezar a vivir juntos, así que María en ese momento se puede considerar una mujer casada, por eso José, al enterarse de su embarazo, no decide meramente romper el compromiso, sino que la ley le permitía entregarla a la lapidación por adulterio, aunque también tenía la opción que eligió: repudiarla, es decir, divorciarse.

* l matrimonio judío funcionaba bastante diferente al nuestro, por eso para empezar, hablar de "compromiso" y "matrimonio" supone desvirtuar el concepto original, pues en realidad sería más exacto hablar de que el matrimonio judío tenía dos fases: kiddushin y nissuin, que actualmente se celebran seguidas pero en tiempos antiguos iban separadas por un año. Desde el primer momento ambos se consideraban casados, y aunque el ideal era que no mantuvieran relaciones hasta el nissuin, era sólo por cuestiones prácticas, pero era legítimo tenerlas y de hecho era bastante normal, sin que fuese para nadie motivo de escándalo o crítica. Otro asunto muy diferente a nuestro matrimonio es que para nosotros "consumar el matrimonio" significa tener relaciones sexuales por primera vez de casados (aunque no hacerlo tampoco significa que el matrimonio sea automáticamente inválido). Pero para los hebreos el matrimonio se consumaba de tres maneras posibles: 1- pagando la dote a la novia, celebrando el compromiso (kiddushih), que era la manera más oficial y formal, o 2- llevándotela a vivir a tu casa, o 3- yaciendo con ella; por eso San Pablo nos advierte en 1 Corintios 6:16 que yacer con una prostituta equivale a casarse con ella ("¿No saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella?"), y por eso también Isaac se llevó a Rebeca a su tienda y se casó con ella, se entiende que teniendo relaciones sexuales ("Luego Isaac llevó a Rebeca a la tienda de Sara, su madre, y la tomó por esposa." Génesis 24:67), sin que nadie le recriminara por su acción (fíjese que lo hacen en la tienda de su madre, no en un rincón escondido). En la Biblia vemos casos en los que una sola de esas tres vías supone la consumación del matrimonio y ambos quedan casados ante Dios y ante la ley, pero no son maneras incompatibles entre sí, y lo normal es que se utilicen las tres: se celebra el kiddushih (“compromiso”), luego se celebra el nissuin (“boda”) que es cuando tras la fiesta el esposo recibe a su esposa en casa y allí tienen relaciones sexuales (si es que no las tenían ya desde la fase primera). Es importante tener todo esto en cuenta porque en el caso de José y María ya habían celebrado el kiddushih, y por tanto estaban legalmente casados, y cuando José decide divorciarse en vez de pasar a la fase del nissuin es el ángel quien se le aparece y le pide explícitamente que "reciba a María en su casa", es decir, que formalice el nissuin, pero el hecho de que no hayan mantenido relaciones sexuales no significaba para un judío que ese matrimonio no fuera válido o quedara de algún modo defectuoso.

El erudito judío Joachim Jeremías nos resume cómo era.

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Desde ese momento [en que los padres aceptan al novio] y hasta doce meses después tenían lugar los esponsales. El momento del inicio de los esponsales se marcaba con un regalo de boda (Gen 34 12, Ex22 17, 1 Sam 18 25). Desde el momento de los esponsales, la novia era tratada como si realmente estuviera casada. La unión no podía disolverse excepto por un divorcio legal; el incumplimiento de la fidelidad era tratado como adulterio y la propiedad de la mujer pasaba virtualmente a ser del esposo, a menos que expresamente renunciara a ello. Pero incluso en este caso él era el heredero natural. Después del contrato de esponsales los novios continuaban separados cada uno en la casa de sus padres. Durante este período la novia se preparaba para su futuro papel de esposa y el novio se encargaba de conseguir el futuro alojamiento para su mujer, que podía ser incluso una habitación dentro de la casa de los padres. Finalmente llegaba el día de la boda. (Joachim Jeremias, "Las parábolas de Jesús")

Por eso aunque aún no estaban «casados» (no habían realizado el nissuin), el ángel le dijo a José que no tuviera miedo de llevar a casa a “su esposa” (adiós al mito de que María fue madre soltera):

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José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. (Mateo 1:21)

Quienes sostienen que María concibió a Jesús siendo aún soltera necesariamente afirman igualmente que Jesús fue un hijo bastardo, y la Ley prohibía expresamente a los bastardos entrar en el Templo (Deuteronomio 23:2), mientras que a Jesús lo vemos en el Templo multitud de veces sin que nadie se lo impida, ni ninguno de sus enemigos contemporáneos acusó a Jesús jamás de ser un bastardo, por la sencilla razón de que no lo era.

Desposorios de María

De hecho la Anunciación debió de ocurrir apenas unos días antes de la boda, tal vez la víspera, pues a la mañana siguiente de tener la visión del ángel, Mateo nos dice:

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Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María en su casa (Mateo 1:24)

Desde los esponsales hasta la boda, que era un año más tarde, los novios no podían vivir juntos, de modo que “recibió a María en su casa” significa que ya tocaba el día de la boda. Por tanto, la doncella que recibe el anuncio del ángel es una mujer comprometida, desposada y a punto de comenzar a vivir con su ya marido.

Si a una joven (de las de antes) que ya está a punto de celebrar su boda le dicen “vas a tener un hijo varón”, seguro que sonreiría complacida pero no se le ocurriría responder desconcertada diciendo “¿y eso cómo va a ser posible si yo todavía soy virgen?”. Evidentemente, dentro de poco cuando te cases, ya estarás en condiciones de cumplir con lo anunciado sin problema. Si a una novia de antes le anunciaran antes de la boda que tendría un hijo, no le parecería en nada extraño, extraño sería si le dijeran que no lo iba a tener.

Es cierto que cuando el ángel le da a María esta noticia, falta apenas un minuto para que María quede encinta, en cuanto ella diga que sí, quedará embarazada. Pero eso María no lo sabe, tan sólo sabe que el ángel le ha dicho que en algún momento del futuro va a quedarse embarazada. Lo lógico sería pensar que muy pronto, en cuanto se vaya a vivir con su marido, quedaría embarazada de ese niño que le anuncian. Veamos exactamente qué es lo que le ha anunciado el ángel cuando ella da esa respuesta:

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—María, no temas, porque has hallado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo y le dará el Señor Dios el trono de David su padre, y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin. Entonces María dijo al ángel: —¿Cómo será esto? porque yo no conozco varón.

El ángel la está diciendo que va a concebir y dar a luz un hijo que será llamado Hijo del Altísimo y heredará el trono de David. María no tiene todavía ningún motivo para suponer que el hijo no será engendrado por hombre sino por el mismo Dios. El ángel todavía no le ha explicado cuándo ni cómo va a ser eso, y la expresión “será llamado Hijo del Altísimo” puede ser interpretada como una fórmula retórica de exaltación. Aun así, lo que el ángel está diciendo es que va a ser madre de un hijo absolutamente excepcional. Pero la reacción de María no es turbarse de gozo ante unas noticias tan magníficas sobre su futuro hijo. No, a María lo que la deja totalmente confusa y perpleja es un asunto mucho más práctico y mundano, y así lo expresa en su reacción:  —¿Cómo será esto? porque yo no conozco varón.

Anunciación

Lo lógico es que María, con su muy próxima boda en la cabeza, pensase que el ángel estaba anunciando la grandeza del hijo que indudablemente tendría pronto con su futuro esposo, así que su respuesta suena incoherente, absurda, y ni siquiera podemos achacarlo a un exceso de inocencia y candidez, pues la propia respuesta de María indica que ella sabe perfectamente de dónde vienen los hijos (porque no conozco varón). Y esa es la cuestión, que ella sabe de dónde vienen los hijos, por lo que cuando el ángel le habla de que va a tener un hijo en algún momento del futuro, ella inmediatamente piensa que para ello tendrá que tener relaciones sexuales antes o después (aunque fuera dentro de muchos años), y al parecer esa idea para ella está totalmente fuera de lugar. Para entenderlo mejor veamos otro ejemplo inventado. Recordemos que la gota es una enfermedad que se produce por comer demasiada carne (simplificación, que es sólo un ejemplo).

Nuria es vegetariana convencida y siente horror por la carne. Un día va a una hechicera para que le adivine el futuro y tras mirar en su bola de cristal la hechicera le anuncia solemnemente: —Veo que vas a estar postrada en un hospital padeciendo de gota. Nuria cree firmemente en la adivinación, y por eso queda muy desconcertada por lo que la hechicera le ha dicho y responde: —¿Pero cómo va a pasarme eso, si yo no como carne?

Dentro de ese contexto, todo el mundo entendería perfectamente la reacción de Nuria. Todos entendemos que la extrañeza de Nuria no es por el hecho de que hasta este momento ella no ha comido carne y por eso no debería tener gota, porque le están anunciando algo que ocurrirá en un futuro indeterminado y podría ser dentro de años. Lo que Nuria nos está dejando ver es que ella es vegetariana y ni ha comido carne ni tiene intención de comerla jamás, por eso le parece inconcebible la idea de terminar alguna vez con ataques de gota. Cuando uno dice “no como carne” o “no fumo” o «no me gusta el fútbol», normalmente quiere decir “ni lo hago ni lo haré”.

Virgen con el niño

Lo mismo ocurre con María. Su respuesta deja ver que ella no sólo es virgen actualmente, sino que su clara y firme intención es permanecer virgen para siempre, por eso ante un anuncio tan admirable como el que le hace el ángel, lo que a ella la deja perpleja no son las grandezas anunciadas, sino el hecho de que le digan que en el futuro tendrá un hijo, cuando ella tiene la total y absoluta determinación de mantenerse virgen por siempre. Eso significa que María había hecho un voto de castidad ante Dios, y por lo tanto se sentía totalmente descolocada al ver que ese mismo Dios le anunciaba, por medio de un ángel, que ella algún día rompería su voto, algo que la misma Ley de Moisés consideraba irrevocable. Ese choque de trenes es lo que explica que María se sienta tan desconcertada por el asunto de romper sus votos que ni se inmute por la gran noticia de que su hijo heredará el trono de Dios.

Es como si un ángel se nos aparece a nosotros y nos dice que Dios ha dispuesto que nos ganemos la vida robando y secuestrando a gente y él nos hará ricos y poderosos. Sin duda esa voluntad divina tan contradictoria causaría un cortocircuito en nuestra cabeza y nos dejaría perplejos: en vez de alegrarnos por el anuncio de riqueza nos quedaríamos atascados en una idea ¿cómo es posible que Dios me ordene romper sus mandamientos? Lo de hacernos ricos y poderosos ya sería irrelevante en ese momento. Algo parecido es lo que sintió María cuando el Dios a quien ella había consagrado eternamente su cuerpo parece decirla que va romper sus votos y a causa de ello es bienaventurada y llena de gracia. Roma no paga a traidores, pero Dios tampoco. ¿Qué está pasando aquí? Todo se resolverá cuando el ángel le explique que todo eso ocurrirá sin necesidad de que ella rompa sus votos, pues será el mismo Dios quien haga florecer su seno y ella podrá seguir siendo virgen y cumpliendo su voto. De hecho lo lógico será pensar que ese voto de castidad, por el cual María se entregó a Dios para siempre, sea uno de los motivos por los que Dios la consideró digna de ser su madre y esposa.

Virgen con el niño

¿Y entonces qué pasa con José? Si María tenía la firme intención de permanecer virgen para siempre ¿cómo es que está comprometida y a punto de casarse? ¿no es contradictorio? ¿Fue al matrimonio engañado?

Votos en el matrimonio

No es infrecuente encontrar a supuestos expertos que afirman que para la mujer judía de la época la maternidad era lo máximo y la esterilidad lo más horrible, de modo que la idea de la virginidad sólo era un valor positivo hasta el momento del matrimonio, pero pensar que una mujer judía iba a decidir ser virgen, al estilo de las monjas cristianas, era una idea inconcebible para su cultura. Igualmente dicen que todas las mujeres de Judea vivían con la esperanza de ser ella la madre del esperado Mesías, así que ninguna decidiría voluntariamente privarse de esa posibilidad. De ser eso cierto todas las judías de entonces se irían a dar a luz a Belén, puesto que las profecías anunciaban que allí nacería el Mesías, y no sabemos que ese pueblo fuese famoso como centro nacional de partos.

Sencillamente no es cierto que los votos de castidad fueran ajenos a la cultura judía. Incluso en tiempos de Jesús hay comunidades como los esenios y los “terapeutas” que hacían voluntariamente votos de castidad incluso estando casados, aunque para los casados lo normal es que fuesen votos temporales, de meses o varios años, pero podían ser perpetuos. También se requería de los judíos la abstinencia sexual en determinadas fiestas y en situaciones como cuando los sacerdotes tenían su turno de oficiar en el Templo. Así que la castidad sí era un rasgo en sí mismo muy bien valorado en la sociedad judía.

Virgen con el niño

También en la Biblia, en el Deuteronomio, encontramos un ejemplo de regulación de este tipo de votos para mujeres solteras, casadas y viudas. Copiaremos sólo lo referido a las mujeres casadas por abreviar.

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Si la mujer se casa mientras está ligada por un voto por una promesa contraída sin meditarla bien, y su marido, al enterarse, no le dice nada en contra, los votos y los compromisos que ella ha contraído serán válidos. Pero si el marido, al enterarse, le manifiesta su desaprobación, anula el voto que la obligaba o el compromiso que ella contrajo sin pensar, y el Señor no se lo tomará en cuenta. (...) Su marido podrá anular o ratificar cualquier voto o cualquier obligación que ella se imponga bajo juramento para mortificarse. Si no le dice nada en contra antes del día siguiente, quiere decir que ratifica todos los votos y todas las obligaciones, porque no le dijo nada en el momento de enterarse. Y si los anula ya tiempo después de haberse enterado, él será responsable de la falta de su mujer. (Números 30:7-9,14-16)

O sea, si una mujer ha hecho una promesa a Dios y luego se casa, el marido tiene la facultad de confirmar o anular ese voto en el momento en que se entera. Si ese mismo día decide anular ese voto, la mujer queda libre de esa promesa, pero si pasa el día y no anula el voto, éste quedará confirmado y ya no podrá anularlo nunca más, so pena de pagar él las consecuencias.

No deja de ser un poco chocante que el marido tenga el poder de anular estos votos, si son promesas que la mujer ha hecho a Dios. La clave para entender qué está pasando aquí la tenemos en el versículo 14, cuando dice “cualquier voto o cualquier obligación”, pero aclara de qué clase de votos hablamos: “que ella se imponga bajo juramento para mortificarse”. Otras traducciones dicen: para humillarse, para afligirse, para negarse a sí misma. La forma verbal que usa el hebreo original es «le-annot napesh«, que podría traducirse literalmente por «afligir su alma». Esta forma se utiliza en la Biblia para cualquier tipo de sacrificio, pero sobre todo para dos cosas, para practicar el ayuno y para abstenerse del sexo. En Levítico 16:29 se dan instrucciones para celebrar el día de la Expiación y de nuevo se usa esta forma “afligir vuestra alma”, que normalmente se traduce por “ayunar”, pero según el erudito judío Jacob Milgrom, la interpretación más antigua que tenemos de ese versículo (en la Mishnah, Yoma 8:1) no lo interpreta como ayunar, sino como abstenerse de relaciones sexuales.

Si el texto citado de Números se refiriese al ayuno no tendría mucho sentido. No se puede ayunar permanentemente, y si la promesa de la mujer fuese ayunar en ciertos días, no parece muy adecuado que el marido tenga que meterse a aprobar o anular un voto que queda entre su mujer y Dios. Pero si en vez de referirse a ayunar se refiere a un voto de virginidad, entonces se entiende que si el marido, ya casado, se entera de ese voto tenga capacidad de confirmarlo o anularlo, pues es un voto que le va a afectar a él directamente hasta el punto de que la única manera de que su mujer mantuviera su voto de castidad era que el marido también se sumara a ese mismo voto. Tenía que ser una decisión compartida o bien anunciarse antes de los esponsales (el compromiso) y así el futuro marido podría aceptar o no casarse en esas condiciones. Y también se entiende así mejor la frase “Y si los anula ya tiempo después… él será responsable de la falta de su mujer”, es decir, si el marido decide ya a destiempo anular el voto de castidad de su mujer acostándose con ella, no será ella la que rompe su voto, sino que “él será responsable” de la grave falta.

Sagrada Familia

Si María había hecho este voto de castidad antes de casarse y por tanto sabía que al comprometerse con José éste tendría la capacidad de confirmar o cancelar su voto, lo que vemos en la respuesta de María al ángel es que en realidad José ya lo sabía y lo había aceptado, de modo que su voto quedaba ya confirmado a perpetuidad. Por eso María se sorprende mucho al oír la noticia de que quedará encinta, pues esa puerta ya creía ella tenerla del todo cerrada una vez que José había aceptado la situación.

De no haber sido así ella sería consciente de que su voto de castidad estaba totalmente en el aire, pues dependía de la reacción de José cuando se enterara, y por tanto el anuncio del ángel no le habría resultado tan chocante, pues habría pensado que si el ángel decía que iba a quedar embarazada entonces eso significaba simplemente que José no aceptaría su voto de virginidad. Si José no hubiera confirmado ya su voto, nada en el anuncio del ángel podría desconcertarla, ella simplemente aceptaría la voluntad de Dios sobre la suya (después de todo, su voto virginal lo había hecho para agradar a Dios).

La Nueva Arca de la Alianza

Incluso si no hubiera existido un voto de castidad, hay un motivo muy fuerte para que José no se atreviera a profanar las entrañas de María nunca más. Dos motivos. Y “profanar” sería la palabra más adecuada.

Por un lado María acababa de convertirse en esposa del Espíritu Santo. Dicho de un modo muy coloquial, ¡a ver quién se atreve a ponerle los cuernos a Dios! José, aunque legalmente se convirtiera en su esposo, sería muy consciente de que su papel debería limitarse a ser su cuidador, no su amante. La Iglesia siempre ha considerado que el libro de El Cantar de los Cantares es un símbolo del amor de Dios por María, que al mismo tiempo está aquí representando a la Iglesia. Por eso la Iglesia aplica a María los piropos que Dios, el amante, le dedica a la sulamita, la amada: torre de David, jardín cerrado, etc.

María, jardín cerrado
Nota: fíjese en la expresión “jardín cerrado” que aplica a María el Cantar en alusión a su virginidad: Tú, hermanita, novia mía, eres jardín cerrado, cerrada fuente, sellado manantial. (Cantar de los Cantares 4:12)

El segundo motivo es que María tendría en su seno al mismísimo Dios, así se lo comunicó el ángel a José también. Eso quiere decir que María sería la nueva Arca de la Alianza, la que contiene en su interior a Dios, el objeto más sagrado del Templo, tan poderoso y sagrado que nadie puede tocarla —incluso para trasladarla había que meter barras de oro por sus argollas para moverla sin tener contacto. El Arca no es sólo enormemente sagrada e intocable cuando Dios está dentro, sino que es igualmente sagrada e intocable cuando Dios no está dentro*, pues esté o no esté ya la ha convertido en morada suya y la ha bañado con su sacralidad.

* por ejemplo cuando los israelitas que cruzaban el desierto se ponían en marcha, Dios no estaba en el Arca, sino guiándolos delante en forma de columna de humo o de fuego. Y sin embargo el Arca era igualmente intocable al transportarla.
María, la Nueva Arca

En una ocasión, cuando en contra de las instrucciones divinas el rey David decidió subir el Arca a un carromato para su traslado, un hoyo del camino hizo zozobrar el carruaje y el Arca se tambaleó. Uza olvidó la prohibición de no tocar el Arca y puso su mano para sujetarla, muriendo en el acto (2 Samuel 6:6-8). En apariencia Dios mató a Uza a pesar de sus buenas intenciones, pero en realidad no es eso. Si Dios prohibió tocar el Arca no fue por presumir de intocable, sino para proteger a los humanos de una santidad tan grande que sus cuerpos no pueden soportarla; todo lo que Dios nos prescribe es siempre por nuestro bien, no por su capricho.

Un judío como José estaba obviamente muy al tanto de todas estas cosas, y cuando se enteró de que su esposa María sería la portadora de Dios, inevitablemente la vería como la nueva Arca, y su seno como el lugar más sagrado de la Creación. Si el enorme respeto por lo sagrado no fuese suficiente para disuadirle de cualquier intención sexual, el gran miedo por no acabar como Uza sin duda lo conseguiría.

Uza toca el Arca

Eso suponiendo que no sea cierta la tradición —documentada ya a principios del siglo II en el protoevangelio de Santiago— que cuenta que María fue virgen consagrada al Templo desde niña, José era ya muy mayor y le casaron con ella más bien para cuidarla que para ejercer de marido. Por eso 12 años más tarde José, ya muy mayor, hace en la Biblia su última aparición y ya nada más se sabe de él. Pero incluso en ese caso sigue igualmente en pie que María había hecho un voto y José lo sabía, y así lo cuenta esa misma fuente.

En otros artículos de esta serie hemos tocado tangencialmente el asunto de la virginidad perpetua de María al profundizar en otros temas, como por ejemplo otras implicaciones que tiene el ser la Nueva Arca. Remitimos a esos otros artículos para no repetir aquí más datos.

Si la tierra que Jesús pisó es santa, imagínate el vientre que lo trajo.

El parto virginal

Hay gente que puede aceptar sin problemas que María siguiera virgen hasta el parto, pues el niño no fue concebido por padre humano. También pueden aceptar que después del parto se mantuviese virgen hasta el final, pues al fin y al cabo no hay en ello nada extraordinario, sólo la voluntad. Pero se niegan a aceptar el parto virginal. ¿Cómo puede ser que el niño salga sin que el himen se rompa? Ya en el siglo III tenemos algunas voces que se hacen esa misma pregunta. Y sin embargo no tiene mucho sentido que una persona que acepta la concepción virginal tenga problemas para aceptar el parto virginal. Si fue Dios quien hizo a María fecunda manteniéndola intacta, ¿qué problema hay para él en salir manteniéndola igualmente intacta?

Virgen María y niño

Ni en la fecundación ni en el parto tenemos que pensar en una situación equiparable a los modos humanos. Un católico que cree que Dios valoró tanto el cuerpo y el alma de su madre como para hacerla nacer sin pecado y asumirla al cielo sin permitir que su cuerpo vea la corrupción, no debería pensar que ese mismo Dios va a rasgar su cuerpo al entrar o salir de su seno. Dios la quiso pura e intacta.

Eso encaja también con la creencia católica de que María tuvo un parto sin dolor. Incluso las mujeres actuales tienen acceso al parto sin dolor con la epidural, ¿y Dios iba a consentir que su madre sufriera lo que no sufren ahora ni las paganas o ateas? Si sobrenatural fue la concepción, también sobrenatural fue el parto. Un argumento principal para ello es que el sufrimiento del parto es una de las consecuencias del pecado de Eva.

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A la mujer le dijo: — Multiplicaré sobremanera las molestias en tus embarazos, y con dolor parirás a tus hijos. (Génesis 3:16)

Los problemas del embarazo y del parto son consecuencia de la Caída. María fue creada libre del pecado original que heredamos de Adán y Eva, y por lo tanto también libre de sus consecuencias. Ni molestias en el embarazo ni dolor en el parto. Y vayamos ahora al núcleo central de la profecía del signo de Isaías:

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La virgen concebirá y dará a luz a un hijo, y lo pondrá por nombre Enmanuel. (Isaías 7:14).

Fíjese bien, y así lo interpretaron antiguamente los cristianos y parte de los judíos, que la frase usa un sintagma, “la virgen»*, que hace de sujeto para las tres acciones siguientes: “concebirá, parirá, nombrará”. Es una virgen la que tiene que quedarse embarazada, pero también es una virgen la que tiene que parir y una virgen la que tiene que darle al niño nombre, lo que sería una virginidad de antes, durante y después del parto.

*Otro tema es que muchas traducciones modernas, incluida lamentablemente la versión castellana del vaticano, dicen “joven” en vez de “virgen”, pero la ambigüedad de la palabra hebrea original no era tal para los judíos, que lo interpretaron siempre como “virgen” y así lo reflejó la traducción al griego de la Septuaginta o el mismo Nuevo Testamento, que usa “parthenos” (la palabra griega para “virgen”) al traducirlo. Además, Isaías dice que Dios va a enviar una señal para que sepamos que viene el Mesías, y ciertamente que una virgen quede encinta y dé a luz es una buena señal para saber que es Dios quien actúa, pero si fuese que una joven va a concebir y parir, ¿qué clase de señal es esa si es algo que ocurre constantemente? El asunto queda zanjado porque son los propios evangelios los que al transcribir la profecía al griego dicen expresamente “parthenos” (virgen). No hay sitio para opinar.

Frente a eso algunos protestantes usan una cita bíblica para demostrar que según la Biblia María sí parió con dolor. Se trata del Portento, la visión de María embarazada en el cielo —que además es presentada como el signo anunciado por Isaías:

[

Apareció en el cielo un gran signo: una mujer vestida del sol y con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, gritaba con dolores de parto y sufría angustia por dar a luz. (Apocalipsis 12:1-2)
La mujer vestida de sol

Si un protestante utiliza este argumento lo primero que hay que decir es que según ellos esta visión no se refiere a María, sino que esa mujer vestida de sol es un símbolo de la Iglesia, de modo que si admiten que sí es María tendrían que admitir todas las demás conclusiones que de ello se derivan. En nuestro artículo sobre La Nueva Eva ya hemos tratado a fondo el tema, demostrando que esa mujer (represente o no a la Iglesia), es claramente María, y no un simple símbolo, y así lo ha defendido siempre la Iglesia. Pero si es María ¿cómo nos dice que está angustiada y con dolores de parto? Eso ya lo hemos explicado en nuestro artículo Madre de la Iglesia. El Nuevo Testamento nos presenta a María como la Nueva Raquel, con claras equivalencias que allí explicamos. Una de ellas es en esta escena, pues se nos presenta a María como madre de la Iglesia diciendo explícitamente que esa mujer vestida de sol es madre del Mesías, pero también de todos los cristianos.

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Entonces el dragón se enfureció contra la mujer, y se fue para hacer guerra contra el resto de su descendencia: quienes guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo. (Apocalipsis 12:17)

Juan nos presenta a María, entre otras cosas, como la madre del Pueblo de Dios. En el Antiguo Testamento la figura que hace esa función de madre del Pueblo de Dios es Raquel, que sufrió y lloró por sus hijos según las interpretaciones bíblicas y extrabíblicas que tienen los judíos. El punto culminante de los sufrimientos de Raquel lo tenemos en el parto de su segundo hijo, Benjamín, que finalmente le causaron la muerte. Si Juan nos presenta a María, embarazada del Mesías, en su condición de madre de todos los cristianos, es decir, madre del Pueblo de Dios, entonces es comprensible que quiera presentarla como la Nueva Raquel, para que todo el mundo (de la época) lo entienda. Y para traer a las mentes esa identificación con Raquel nada más fácil y apropiado que recurrir a la imagen de los dolores del parto, muy asociada con Raquel.

Raquel llora

Por tanto en esa escena no es María la que sufre de parto sino Raquel. María aparece poderosa y en el cielo, y Juan la adorna con una serie de elementos que simbolizan atributos que ella posee: vestida de sol (llena de gracia), encima de la luna (Inmaculada), coronada (Reina), confrontada con la Serpiente primigenia (la Nueva Eva, virgen y sin pecado), con dolores de parto (la Nueva Raquel, madre de todos nosotros). Ni María tuvo que luchar con una serpiente ni tuvo que sufrir de parto, se trata de símbolos que describen su naturaleza. Pero además, tenemos a Isaías de testigo:

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Sin tener contracciones, ya había dado a luz; antes de venirle los dolores, ha dado vida a un varón. ¿Quién oyó algo semejante, quién ha visto cosa igual? (Isaías 66:7-8)

Esta profecía de Isaías se considera mesiánica y por tanto aplicable al nacimiento de Jesús, es decir, al parto de María. Dar a luz sin dolor no implica dar a luz sin perder la virginidad, pero demuestra que María no tuvo un parto normal y apoya la idea de que Jesús salió de su seno sin causarle ningún daño a su bendita madre. Cualquier hijo que ame a su madre desearía no haberla causado nunca dolor, y Jesús, que no fue una excepción, tenía además la capacidad de hacerlo. Si de mayor a María “una espada le atravesó el corazón” (Lucas 2:35) no fue porque Jesús la hizo daño, sino porque ella sufrió al ver el dolor de su hijo.

El mismo evangelista nos dice que María «dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre» (Lucas 2:7). Si hubiera tenido un parto normal, es muy poco probable que ella misma se hubiese encargado de esos menesteres nada más dar a luz teniendo a su marido a su lado.

«Hasta que dio a luz a su hijo«

Hay un versículo que es habitualmente usado por los protestantes para negar que María siguiera virgen después de nacer Jesús. Lo encontramos en el anuncio del ángel a José.

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Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. (...) Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y llevó a María a su casa, pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito* y le puso por nombre Jesús. (Mateo 1:20, 24-25)
*en las traducciones es frecuente poner un punto después de “primogénito”, pero no olvidemos que la puntuación es una adición moderna, no aparece en los textos originales, y aquí no hay ninguna necesidad de meterlo.

El argumento es que si “no la conoció hasta que dio a luz”, eso significa que después de dar a luz sí la “conoció” bíblicamente hablando, como si digo “no me despiertes hasta las 9”. No obstante es poco creíble que después de 2000 años nadie en la Iglesia se hubiera dado cuenta antes de lo que supone esta cita. El texto original está en griego, y si dice lo que parece, al menos los cristianos orientales, de habla griega, se habrían dado rápidamente cuenta de esto, pero nunca nadie consideró que esta cita fuese un problema. Entre ellos Orígenes, que en el año 235 alaba la virginidad de María con estas palabras:

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María conservó su virginidad hasta el fin, para que el cuerpo que estaba destinado a servir a la palabra no conociera una relación sexual con un hombre, desde el momento que sobre ella había bajado el Espíritu Santo y la fuerza del Altísimo como sombra. Creo que está bien fundado decir que Jesús se ha hecho para los hombres la primicia de la pureza que consiste en la castidad y María a su vez para las mujeres. No sería bueno atribuir a otra la primicia de la virginidad.
Virgen con el Niño

De hecho son varios los padres griegos de los primeros siglos que explican este detalle. La forma «hasta que» en el griego original dice «heos hou«, y hay otros pasajes de la Biblia donde esa misma expresión se usa sin marcar un límite de cambio de situación. Veamos un par de ejemplos:

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Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. (1 Corintios 15:25)

Lucas 1:32-33 nos dice que su reinado no tendrá fin, así que es evidente que después de poner a los enemigos bajo sus pies, no hay cambio de estado y seguirá reinando.

[

las aguas fueron decreciendo paulatinamente hasta el mes décimo; y el día primero del mes décimo, se vieron las cimas de los montes. (Génesis 8:5)

Las aguas del diluvio volvieron finalmente a sus niveles prediluvianos, así que no tiene sentido pensar que cuando asomaron las cumbres el agua ya dejó de bajar.

Lo que ocurre aquí, como en la frase alusiva a José, es que nos estamos centrando en un período de tiempo determinado, y el “hasta que” indica que dicho estado cubre todo ese tiempo, pero lo que ocurra o no ocurra posteriormente ya no es de interés para lo que estamos contando. En ese caso el “hasta” no marca el final de dicho estado, sino simplemente el final del período de interés para la narración. En el caso de Cristo nos enfocamos en la batalla del bien contra el mal, y no en lo que ocurra después. En el caso del diluvio nos enfocamos en el tiempo en el que el arca navega sin rumbo ni asomo de tierra, y no en lo que sucede a partir del momento en el que la tierra empieza a asomar; las aguas siguen bajando y Cristo sigue reinando, pero ya fuera de nuestro presente foco de interés narrativo.

En el caso de José, Mateo está ahí interesado en demostrar que la profecía de Isaías se había cumplido en María, y eso implicaba que María tendría que estar sin relaciones sexuales al menos hasta que Jesús nació, por eso el “hasta que” cubre todo ese período, pero no dice nada sobre si trascurrido ese tiempo la condición continúa o no, pues ya no estamos hablando de eso y acotando el tiempo Mateo logra marcar con más claridad el paralelismo entre lo ocurrido y lo profetizado.

Virgen María orante

Hay muchos más ejemplos de frases bíblicas que usan “hasta que” (heos hou) con ese sentido de continuidad, pero baste lo dicho para ver que la cita de Mateo no supone un argumento irrefutable ni mucho menos, porque la frase se puede interpretar de las dos maneras, y teniendo en cuenta las demás evidencias que tenemos y el gran consenso en la Tradición desde el principio a la hora de considerar a María siempre virgen, una cita que puede interpretarse de dos formas no supone ningún desafío.

Un análisis muy detallado de este asunto gramatical lo encontramos en el libro “Mary Among the Evangelists”, de Rev. Dr. Christiaan Kappes et al (pg 36ff). Allí profundiza en las entrañas de la gramática griega y dice cosas tan técnicas como esta:

En realidad el relato de la infancia en el Evangelio de Lucas es un ejemplo perfecto del imperfecto [de indicativo] + “hasta” señalando una continuación de la actividad del verbo que precede a “hasta”. Veamos esto: “El niño (Juan Bautista) iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta (heôs) el día en que se manifestó a Israel” (Lucas 1:80). Juan vivió siempre en lugares desiertos. No tenemos ningún motivo para pensar que cambió de morada después de hacerse famoso. Así que mientras que los ejemplos de Crisóstomo y Jerónimo son correctos, no incluyen explícitamente el verbo en imperfecto de indicativo + “hasta”. En realidad no conocen estos vericuetos de la gramática griega; cuando un verbo en aoristo activo y otros verbos en indicativo son usados en el Nuevo Testamento seguidos de “hasta el momento” (en que dio a luz), la acción puede continuar.
Note que aunque nuestra gramática no funcione igual que la griega, también podemos usar “hasta que” para indicar una acción que continúa más allá del momento que a nosotros nos interesa. Por ejemplo: “No me gustó la fiesta, fue un rollo desde que llegué hasta que me marché”. Lógicamente nos interesa nuestra experiencia de la fiesta, el tiempo desde que llegamos hasta que nos fuimos, pero de ningún modo insinuamos que nosotros fuimos la causa de que la fiesta fuese un rollo ni sugerimos que antes de nuestra llegada todo el mundo se lo estaba pasando bien, y después de irnos de nuevo todos volvieron a pasárselo bien. De hecho lo que estamos diciendo implícitamente es que la fiesta fue SIEMPRE un rollo, antes, durante y después de nuestra estancia, pero en nuestro relato estamos interesados en hablar sólo del rato que nosotros estuvimos allí, el resto del tiempo no nos interesa.

En cualquier caso demuestra que todo es más claro de lo que parece si analizamos la cita según las sutilezas de la gramática griega, aunque no sea tan fácil de ver cuando lo que manejamos son simplemente traducciones a nuestros propios idiomas. Por eso cuando uno intenta descubrir significados nuevos en una Biblia escrita en español, inglés o checo, puede fácilmente caer en grandes errores por la simple razón de no estar trabajando con el lenguaje original. Una traducción siempre es, en mayor o menor medida, una traición.

Virgen del Cordero

Sin embargo esa misma cita de Mateo nos informa de que después de escuchar al ángel, José le obedeció y recibió a María, su mujer, en casa. Eso significa, como hemos dicho, que pasaron del kiddushih («comprometidos») al nissuin («casados»), y el primer día de «casados» se iniciaban las relaciones sexuales, si es que no habían empezado durante el compromiso. Pero está claro que José no tocó a María a pesar de comenzar a vivir juntos, pues Mateo nos ha dicho que “no la conoció hasta que dio a luz” (asumiendo como hemos probado que después tampoco). Las instrucciones que José recibe del ángel son las siguientes: 

[

«José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados». (Mateo 1:20-21)

A lo cual se nos dice que «Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado«, la recibió en casa. Sin embargo lo de no tener relaciones con María no es algo que el ángel le hubiera ordenado, ni siquiera insinuado. José podría haberse llevado a María (ya embarazada) a casa y en cualquier momento tener relaciones sexuales con normalidad. No hay sobre ellos ninguna prohibición del Cielo pidiéndoles que no tengan relaciones, es más bien decisión de ellos. La explicación lógica sería lo dicho, que María tenía voto perpetuo de castidad y José no se lo había cancelado el día que fue informado de ello, por lo que ambos estaban en voto de castidad y el ángel no necesitó ocuparse del tema. Además de las otras consideraciones que hemos comentado (ver Uza).

De este modo esa misma frase «pero no la conoció hasta que dio a luz su hijo primogénito» no sólo no se opone a la virginidad de María sino que es un argumento más en su favor. Si lo único que pretendía el evangelista era decir que José no era el padre real del niño, bastaría con dejar claro que María fue virgen hasta el momento de la concepción, o hasta después del parto si quería demostrar el cumplimiento de la profecía. Pero si hablamos de la santidad de María, que consagró su cuerpo totalmente a Dios sin reservas, entonces el no tener relaciones sí es un asunto importante.

En la Iglesia primitiva

Al final lo mejor es preguntar a los que saben más y mejor, aquellos primeros cristianos que estaban aún cerca de las fuentes de información originales ¿qué pensaban ellos de la virginidad de María?

El «Protoevangelio de Santiago» se escribió alrededor del año 120, de modo que está muy cerca del tiempo en que vivió María, y además de que puede recoger mucha información auténtica aún en circulación, nos sirve para tomar el pulso a la opinión pública de los primeros cristianos. La gran cantidad de copias que se conservan, en diversos idiomas de la antigüedad, da testimonio de la gran acogida que tuvo. Este libro, centrado en la infancia de la Virgen y en el nacimiento de Jesús, tiene como tema principal demostrar su virginidad perpetua y es prueba de la importancia que la segunda generación de cristianos daba a María.

Es ese libro el que nos habla de los padres de María, San Joaquín y Santa Ana, que ofrecieron a María desde muy pequeña al Templo. La existencia de mujeres consagradas al servicio del Templo viene de antiguo (Cf 1 Samuel 2:22) y entregar a un hijo al Templo desde «muy pequeño» lo vemos ya en el caso de Ana, que entregó a Samuel en cuanto lo destetó (1 Samuel 1:20-24). Esto habría sido la causa de que María tuviera voto de castidad perpetua (como tendría Samuel). También explica el libro que los sacerdotes eligieron a un hombre viudo justo y muy mayor para casarse con ella y ser su protector, respetando su voto.

Presentación de María en el Templo

Es posible que mucho de lo que dice este libro sea auténtico desde el punto de vista histórico, aunque no sea un libro inspirado y ciertamente tenga también mucho de legendario. En los capítulos 19 y 20 se narra cómo una comadrona es testigo del parto virginal de María. Este hecho se narra en formato de leyenda, pero es una prueba de que en unas fechas tan tempranas ya circulaba la creencia de que la virginidad de María abarcaba incluso al parto mismo. También es prueba de que María no tuvo más hijos que Jesús, pues de haberlos tenido en esos momentos los nietos de María estarían vivos y conocidos por todos, de manera que el libro perdería toda credibilidad.

Poco después, en la segunda mitad del siglo II, lo que dice San Ireneo sobre la virginidad de María nos sirve de patrón de lo que los padres apostólicos en general decían, pues todos se referían a María como la Virgen, pero de forma general, sin que podamos decir claramente si con esa idea abarcaban toda la vida de María, aunque a menudo parece ser ese el caso:

[

En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra»; a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. ...Habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad.
(“Contra los herejes”, fragmentos del siglo III, año 180)

Será años más tarde, ya a finales del siglo II, cuando Tertuliano niegue explícitamente que María fuese virgen durante o después del parto, pero al decirlo no recurre al peso de la Tradición recibida, sino a su propia conclusión al meditar sobre el siguiente versículo bíblico:

[

…llevaron al niño a Jerusalén para presentárselo al Señor, cumpliendo así lo que dispone la ley del Señor: Todo primogénito varón ha de ser consagrado al Señor… (Lucas 2:22-23)

En el griego original no dice “todo primogénito varón” sino literalmente “todo varón que abra el útero” (quedando ya para siempre el útero “abierto”, se entiende). Por lo tanto, pensó Tertuliano, eso significa que Jesús “abrió el útero de su madre” y por eso en el momento del parto ella tuvo que dejar de ser virgen (independientemente de lo que después hiciera o no hiciera ella).

Abrir el útero no está relacionado con la virginidad, pero en cualquier caso pensamos que este razonamiento es flojo por otro motivo. En Éxodo 13:11-16 Dios establece que todo primogénito varón de personas o animales le pertenece, así que deben ser ofrecidos a Dios en sacrificio. Pero en el caso de los primogénitos humanos, estos serán rescatados ofreciendo un sacrificio animal en su lugar. Es decir, el niño pertenece a Dios pero tú puedes (tienes que) ofrecer un sacrificio sustitutivo y así rescatarlo para dejarlo con vida. Si queremos llevar la letra de esos pasajes hasta sus últimas consecuencias, como parece estar haciendo Tertuliano en este asunto, tendríamos que desarrollar la lógica completa y ver que si Jesús “abrió el útero de su madre” como todos los primogénitos, igualmente debería ser cierto que Jesús, con el sacrificio de las dos tórtolas fue rescatado como todos los otros primogénitos. Pero Jesús no fue nunca rescatado, siempre perteneció al Padre, y de hecho en su caso las dos tórtolas no funcionaron como sacrificio sustitutorio porque finalmente Jesús tuvo que ofrecerse él mismo en sacrificio y sólo entonces volver al Padre, a quien pertenecía.

Pero el hecho mismo de que tengamos esta afirmación de Tertuliano tratando de contradecir la creencia convencional es una prueba de que la creencia convencional en tiempos tan tempranos era unánime en aceptar el nacimiento virginal.

Es un ejemplo claro de que cuando iniciamos nuestro propio doctrinario analizando versículos bíblicos tenemos que tener mucho cuidado no sea que acabemos inventando doctrinas humanas, por eso ese tipo de cábalas está muy bien siempre que uno se mantenga firme en los límites de lo que la Tradición nos ha transmitido. Dicho de otra forma, Tertuliano cayó en este asunto en el error protestante de la Sola Scriptura, algo que en otros temas no le hemos visto nunca hacer. La cosa es que si José presentó en el Templo las tórtolas para “rescatar” a su primogénito no fue porque ese niño hubiera abierto o no el útero de su madre, sino simplemente porque Dios quiso que Jesús cumpliera en todo con los preceptos y costumbres religiosas de cualquier otro niño judío, no porque en su caso tuviera ningún sentido. Igualmente José iba todos los años al Templo a presentar un sacrificio por los pecados de él y toda su familia, como hacía todo el mundo, incluso Jesús se unió a esa peregrinación a partir de los 12, y no por ellos podemos inferir que su esposa María y su “hijo” Jesús eran pecadores. Lo mismo con el bautismo de Jesús.

Virgen con el Niño

Por todo ello la inferencia de Tertuliano, primer testimonio en contra de la virginidad perpetua de María, queda totalmente refutada. Pero la consecuencia es que a partir de ese momento el asunto de la virginidad de María empieza a debatirse, y lo mismo que aparecen algunas opiniones contrarias, empiezan a aparecer muchas opiniones explícitamente a favor, y la idea se empezará a oficializar hasta llegar a ser dogmática y cesaron las discusiones. Es lo que ocurre siempre con las doctrinas, mientras todo el mundo las acepta se dan por sentado y no reciben demasiada atención a nivel oficial, pero si empiezan a ser atacadas surgen las defensas hasta que finalmente quedan dogmatizadas y fin del asunto.

Por eso en el siglo siguiente, el III, encontramos ya más escritos desarrollando explícitamente la misma idea, que María fue virgen no sólo hasta el parto, sino siempre. Hipólito de Roma la llamaba «la siempre virgen», y siguiendo su modelo promovió el celibato monacal como estado cristiano ideal. También Orígenes, de principios de siglo, fue un gran defensor de la virginidad de María como una virtud suprema. Escribió cosas como aquella cita ya vista más arriba en la que dice que: “María conservó su virginidad hasta el fin, para que el cuerpo que estaba destinado a servir a la Palabra no conociera una relación sexual con un hombre…”.

El razonamiento es muy sencillo, el cáliz de la eucaristía es un objeto que se consagra a Dios, y ya no puede usarse para ninguna otra cosa, su contacto con el vino eucaristiado lo excluye de todo uso profano; por ejemplo, el sacerdote no podrá nunca llevárselo a casa y usarlo como copa para beber vino en las cenas. Pues igualmente la matriz de María, que llevó a Dios durante 9 meses, no podría nunca más servir para otros usos mundanos y concebir otros niños.

En el siglo IV destaca San Jerónimo, que escribió «La Perpetua Virginidad de María» donde defiende que esta doctrina ya era enseñada por los padres apostólicos, y cita a Ignacio, Policarpo, Ireneo, Justino etc. En ese mismo libro escribió:

[

Algunos de los hermanos me pidieron no hace mucho tiempo que respondiera a un folleto escrito por un tal Helvidius. He aplazado hacerlo, no porque sea un asunto difícil mantener la verdad y refutar a un patán ignorante que apenas ha visto el primer atisbo de conocimiento, sino porque temía que mi respuesta pudiera hacer que pareciera que valía la pena derrotarlo.

San Atanasio también la llamó «la siempre-virgen María» en su «Discurso contra los arrianos», al igual que hacía San Epifanio y otros. San Efrén también se opuso con firmeza ante quienes ponían en duda la virginidad perpetua:

[

¿Cómo hubiera sido posible que aquella que fue morada del Espíritu, que estuvo cubierta con la sombra del poder de Dios, se convirtiera en una mujer de un mortal y diese a luz en el dolor, según la primera maldición? (… ) Una mujer que da a luz con dolores no podría ser llamada bienaventurada. El Señor que entró con las puertas cerradas*, salió del mismo modo del seno virginal, porque esta virgen dio a luz realmente pero sin dolor.
(Efrén de Siria, Diatessaron 2,6: SC 121,69-70, s. IV)
*se refiere a cuando Jesús resucitado se aparece a sus discípulos cuando estaban encerrados en el cenáculo.
Virgen con niño

Más conflictivo fue el asunto de la virginidad durante el parto. En el 390 San Ambrosio, obispo de Milán, celebró un sínodo en el cual se estableció que la virginidad perpetua de María (antes, durante y después del parto) era la postura ortodoxa, punto que irá adquiriendo progresivamente fuerza dogmática en los concilios de Éfeso (431) y Constantinopla II (553), donde es oficialmente declarada “la siempre virgen”.

San Agustín (s. IV-V) decía que el nacimiento de Jesús fue como la luz que pasa a través del cristal, ni causó dolor ni ruptura. Son muchas las alusiones que hizo a la virginidad de María, citemos sólo unas cuantas:

[

Al nacer de una Virgen que escogió permanecer virgen aun antes de saber quién iba a nacer de ella, Cristo quiso aprobar la virginidad en vez de imponerla. Y quiso que la virginidad fuera escogida libremente aun en aquella mujer en la que él tomó para sí la forma de esclavo.
(Santa Virginidad, 4,4 – 401 A.D.)

[

Herejes llamados Antidicomaritos son aquellos que contradicen la virginidad perpetua de María y afirman que después de Cristo naciera ella se unió con su esposo como uno. 
(Agustín de Hipona, Herejías 56 – 428 A.D.)

[

Ella se había propuesto guardar virginidad, y su marido era guardián de su pudor antes que destructor del mismo; mejor, no era guardián, pues esto quedaba para Dios, sino testigo de su pudor virginal, para que su embarazo no se atribuyese a adulterio. Cuando el ángel le dio el anuncio, dijo: ¿Cómo puede ser esto, si no conozco varón? Si hubiese tenido intención de conocerlo, no le hubiese causado extrañeza. Tal extrañeza es la prueba de su propósito.
(Agustín de Hipona, Sermón 225: La Palabra encarnada, c. 400)

[

¿Quién podrá comprender esta novedad nueva, inaudita, única en el mundo, increíble, pero hecha creíble, y de forma increíble creída en todo el mundo, a saber, que una virgen concibiera y una virgen pariera y permaneciera siendo virgen? Lo que la razón humana no comprende, lo percibe la fe, y donde la razón humana desfallece, hace progresos la fe.
(Agustín de Hipona, Sermón 190: In Natali Domini VII cap. 1, c. año 391)

[

Fue virgen al concebir, virgen al parir, virgen durante el embarazo, virgen después del parto, virgen siempre. ¿Por qué te maravilla esto, oh hombre? Una vez que Dios se dignó ser hombre, convenía que naciera así.
(Agustín de Hipona, Sermón 186: El nacimiento del Señor, año 400)

[

En efecto, después de su resurrección, a quienes creían que era un espíritu, y no un cuerpo, les dijo: Palpad y ved, que un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y, no obstante, la solidez de aquel cuerpo de hombre maduro se introdujo hasta la presencia de los discípulos sin que estuviesen abiertas las puertas. Si, pues, el que, siendo grande, pudo entrar a través de las puertas cerradas, ¿por qué no pudo igualmente salir, cuando era pequeño, a través de miembros íntegros? Pero los incrédulos no quieren creer ni una cosa ni la otra. Una razón más para que la fe crea ambas cosas, que la incredulidad no las cree. Esto caracteriza precisamente a la incredulidad: el opinar que Cristo nada tiene que ver con la divinidad. Pero a la fe, al creer que Dios nació en la carne, no le cabe duda de que ambas cosas son posibles para Dios, a saber, que el cuerpo de una persona mayor se presentase ante los que estaban dentro de la casa sin que se le abriesen las puertas y que el esposo-niño saliese de su lecho nupcial, es decir, del seno de la virgen, manteniendo intacta la virginidad de la madre.
(Agustín de Hipona, Sermón 191: El nacimiento del Señor, año 411)

También San Agustín nos dirige la atención a esta cita de Ezequiel:

[

Este pórtico permanecerá cerrado; nadie lo abrirá ni entrará por él, pues el Señor, Dios de Israel, ha entrado por él y debe permanecer cerrado. (Ezequiel 44:2)

Se trata de la visión que el profeta tuvo del Templo de Dios. María fue el templo de Dios y por eso mismo se la puede aplicar a ella este mismo concepto, pues la idea es que cuando un lugar ha sido habitado por Dios, su sacralidad es tan grande que ningún hombre puede profanar el lugar. Esta misma idea ha sido muchas veces usada antes y después de San Agustín, que el seno de María se hizo tan sagrado que cualquier intrusión humana equivaldría a una profanación. El Arca (arcón) que ha contenido al mismo Dios no puede ser luego usada para guardar platos de cocina.

Virgen con el Niño

También San Agustín nos muestra que ya desde los primeros siglos los cristianos eran conscientes de las implicaciones que tenía la respuesta de María al ángel, y por eso nos comenta:

[

"Eres virgen, eres santa, has hecho un voto", “Es lo que indican sus palabras con que María replicó al ángel, que le anunciaba que concebiría en su seno: «Cómo -dice- acontecerá esto, si no conozco varón», palabras que ciertamente no hubiera pronunciado si no hubiese consagrado con anterioridad su virginidad a Dios.”
(San Agustín, Sermones en el natalicio de San Juan Bautista, 291:6 y La santa virginidad, 4:4)

Y en esta pequeñísima muestra de lo mucho que los primeros padres escribieron sobre la virginidad de María podemos ver también una cosa clara: todo está ya dicho. Por muchos especialistas, teólogos y estudios que tengamos en la actualidad, es muy difícil que alguien dé con un argumento en favor de las verdades de nuestra fe que no haya sido ya expresado en algún momento por los padres de la Iglesia. A veces nosotros ahora creemos haber encontrado una idea realmente ingeniosa, hasta que la vemos ya escrita en algún texto de esos primeros cinco siglos que cimentaron todas las doctrinas de nuestra católica fe.

Conclusión

Ningún cristiano que acepte la verdad de la Biblia puede dudar de que María fue virgen hasta el nacimiento de Jesús. La discusión está en si siguió siendo virgen también durante y después del parto y por siempre, porque eso no aparece explícito. Pero esa discusión es un debate mayormente reciente, que no fue relevante hasta la Ruptura protestante y aun así la postura contraria fue bastante minoritaria e incluso anecdótica hasta tiempos más modernos.

Aunque en la Biblia no se nos dice explícitamente nada sobre si María siguió o no siendo virgen por siempre, hemos visto aquí parte de los muchos testimonios bíblicos que sirven para apoyar esta postura. También hemos desmontado los principales argumentos que los opositores ofrecen.

Pero al final, como suele pasar, el campo donde las dudas se resuelven y la verdad se impone clara sin confusión ni distorsión, es un campo en el que los protestantes no quieren entrar, de modo que se quedan con sus cábalas y especulaciones humanas dando vueltas eternamente a los textos encerrados en un laberinto de ideas que siempre serán cuestionables y redefinibles. Los católicos, a Dios gracias, podemos adentrarnos en ese campo claro, que es la Tradición, de la mano también del Magisterio, cuya autoridad despeja todas las dudas y termina con todas las discusiones. La Iglesia siempre ha defendido la virginidad perpetua de María, y desde los primeros padres apostólicos hasta la actualidad, es una enseñanza recibida que no admite contradicción.

La Virgen del Cordero

Y con este artículo ponemos fin a la serie de artículos sobre María en la Biblia. Cada artículo se centra sobre todo en un tema concreto, pero inevitablemente casi todos tocan partes también de otros temas. Juntos todos ellos intentan demostrar, sin agotar el asunto, que todo lo que la Iglesia enseña sobre María tiene bases sólidas tanto en la Biblia como en la Tradición.

Serie: María en la Biblia y en la Iglesia

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8 respuestas a «María en la Biblia: la siempre virgen»

  1. Avatar de wipami5261
    wipami5261

    en griego conocer es ἐγίνωσκεν es decir tener relaciones sexuales

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    1. Avatar de Christian M. Valparaíso

      🔷 ¿»CONOCER» SIGNIFICA QUE TUVIERON RELACIONES?

      Sí, el verbo griego “ἐγίνωσκεν” (conocer) puede usarse en la Biblia como eufemismo de tener relaciones sexuales. Pero el punto clave en Mateo 1,25 no es el verbo, sino el “hasta”.

      1️⃣ El problema está en el “hasta”
      El texto dice que José “no conoció a María hasta que dio a luz”. El lector interpreta que eso implica que después sí la conoció. Pero esa es solo una posible lectura, no la única ni la más coherente con el conjunto del relato.

      2️⃣ El artículo ya lo explica
      Tal como se desarrolla en el artículo, la Biblia utiliza expresiones como “hasta” para marcar un momento sin afirmar que después ocurrió lo contrario. El ejemplo clásico: “Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte” (2 Sam 6,23).

      3️⃣ La Tradición nunca lo entendió así
      Los primeros cristianos, que leían el Evangelio en griego, nunca interpretaron ese versículo como una negación de la virginidad perpetua de María. De hecho, afirmaron lo contrario desde muy temprano.

      4️⃣ La intención del pasaje
      El objetivo de Mateo es declarar que Jesús nació de una Virgen, no informar sobre la vida conyugal de José y María. Leer en ese versículo una afirmación implícita de relaciones posteriores es ir más allá del texto.

      ➖ Conclusión ➖
      El uso del verbo “conocer” no cambia nada. El verdadero tema está en el “hasta”, y eso ya se explica claramente en el artículo. La interpretación tradicional, sostenida por siglos, sigue siendo la más coherente con el texto y con la fe de la Iglesia.

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  2. Avatar de cerepap
    cerepap

    en mi biblia dice en Mateo 1 : y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Y sin que tuviese relaciones conyugales con ella ella concibió y dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús

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    1. Avatar de Christian M. Valparaíso

      No sé qué es lo que quiere decir con eso, si nos lo detalla más podré responderle mejor, pero puesto que hace referencia a la traducción de su versión, le comento sobre eso. El griego original del Evangelio de Mateo dice: «Καὶ ἐγερθεὶς ὁ Ἰωσὴφ ἀπὸ τοῦ ὕπνου, ἐποίησεν ὡς προσέταξεν αὐτῷ ὁ ἄγγελος Κυρίου, καὶ παρέλαβεν τὴν γυναῖκα αὐτοῦ· καὶ οὐκ ἐγίνωσκεν αὐτὴν ἕως οὗ ἔτεκεν υἱόν, καὶ ἐκάλεσεν τὸ ὄνομα αὐτοῦ Ἰησοῦν.» Cada traducción de la Biblia tiene un enfoque particular: ser más fiel al original, ser más fiel a la lengua traducida, ser más solemne, más cotidiana, más clara, etc. Si hacemos una traducción casi literal del griego original tendremos: «Y despertando José del sueño, hizo como le mandó el ángel del Señor y tomó consigo a su esposa. Y no la conoció hasta que dio a luz un hijo, y llamó su nombre Jesús.» De ahí se derivan las diferentes traducciones disponibles, que intentan mantener la idea original pero con diferentes palabras.

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      1. Avatar de asuncion
        asuncion

        entonces ella y José si consumaron su matrimonio

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      2. Avatar de Christian M. Valparaíso

        Supongo que lo dices por lo de que no conoció a su mujer «hasta que dio a luz un hijo». Esa traducción está explicada en el artículo, si te lees el artículo entenderás por qué esa frase no implica que después de dar a luz sí tuvieron relaciones.

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  3. Avatar de Shmeisani
    Shmeisani

    Mateo 1 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.

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    1. Avatar de socorro
      socorro

      ¿Acaso no leíste el artículo?

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