EL APOCALIPSIS: La Gran Ramera de Babilonia y el papa


La Gran Ramera de BabiloniaLa Gran Ramera es uno de los principales protagonistas del Apocalipsis de San Juan, no tanto por su participación en la historia como por la gran polémica que ha creado en los últimos siglos, sobre todo desde que los padres de la Ruptura Protestante del XVI comenzaron a identificar a la Gran Ramera con la Iglesia Católica y el papado romano, o incluso antes, con los herejes albigenses. En este artículo intentaremos huir de descalificaciones gratuitas y arrojar algo de luz sobre una escena que, como todo el libro, es enormemente simbólica y por tanto fácilmente dada a todo tipo de especulaciones. Pero si este libro forma parte de las Sagradas Escrituras no es por ser un galimatías incomprensible, sino porque tiene un mensaje importante que puede ser comprendido, al menos en sus líneas generales.

CONTEXTO DEL LIBRO

El Apocalipsis fue escrito, como su autor indica, por el apóstol Juan desde la isla griega de Patmos. Algunos estudiosos dicen que no fue Juan, aunque sí un discípulo suyo, pero sin pruebas concluyentes, nosotros preferimos optar por el apóstol. En cualquier caso, la mayoría de los historiadores y estudiosos bíblicos sitúan la escritura de este libro en un momento que debe ser posterior a la destrucción de la ciudad de Jerusalén por el emperador romano Tito (año 70 d.C.) y antes de la muerte de Juan (años 90 del siglo I). Por los mensajes de las cartas a las siete iglesias con que se inicia el libro, y por el hecho de que Juan está desterrado en Patmos por su fe, sabemos también que el libro se escribió durante una de las primeras persecuciones romanas contra los cristianos. Antes de las persecuciones romanas los cristianos sufrieron persecuciones de los judíos, pero estos no tenían poder para desterrar a nadie a una isla-penal del Imperio Romano. Las tres primeras persecuciones romanas contra los cristianos fueron estas:

1- Nerón (64-68)
2- Domiciano (81-96)
3- Trajano (109-11)

Durante la persecución de Nerón, Jerusalén aún no había sido destruida, y durante la de Trajano Juan ya tenía que estar muerto. Eso nos deja solo una posibilidad: Juan escribió el Apocalipsis durante la persecución del emperador Domiciano, entre los años 81 y 96, aunque indudablemente tenía fresca en su memoria la cruel persecución de Nerón, apenas una década antes. No obstante merece la pena mencionar que también hay estudiosos bíblicos que sitúan la redacción del Apocalipsis durante las persecuciones de Nerón. En tal caso las interpretaciones que haremos aquí siguen siendo válidas, salvo por algunos detalles que habría que modificar, pero que no afectarían al sentido global, incluso en algunos casos hay piezas que encajarían aún mejor.

La Bestia lucha contra los santos

La Bestia lucha contra los santos

Hay varias maneras de interpretar el Apocalipsis. Unos lo consideran la narración de sucesos históricos que habían ocurrido y estaban ocurriendo mientras Juan escribía su libro. Otros lo consideran una gran profecía que se cumplirá en el fin de los tiempos (y algunos consideran que ya estamos viviendo ese fin de los tiempos). Otros lo consideran un libro de enseñanzas alegóricas. Incluso dentro de la Iglesia Católica no hay una interpretación clara y unánime, ni la hubo nunca en la Iglesia primitiva. Pero lo que sí hay es un cierto consenso general sobre su sentido y significado. La Iglesia nunca ha elegido entre el enfoque historicista, futurista o alegórico porque considera que este libro participa de esas tres naturalezas. Juan nos habló de los acontecimientos de su época para expresarnos con alegorías una realidad que sería constante a lo largo de la historia de la Iglesia y hasta el fin de los tiempos: la lucha entre el bien y el mal, los constantes ataques a la Iglesia y el sufrimiento de los justos. Pero el sentido de todo el libro es un mensaje de fortaleza y esperanza: no temáis los sufrimientos ni los ataques del Maligno contra vosotros, porque la Iglesia triunfará, el bien vencerá al mal, y Jesús volverá para establecer un reino de paz y justicia.

Para quienes piensan que Juan quiso escribir un libro dirigido a los cristianos del siglo XVI o del siglo XXI o del siglo MCCC para avisarles de lo que les ocurriría, habría que recordarles que ningún libro del Nuevo Testamento se escribió pensando solo en un público futuro o en un marco atemporal. Todos los libros, también este, se escribieron desde el contexto histórico de un momento determinado e iban dirigidos a un público concreto y contemporáneo, como podemos ver en el principio del evangelio de San Lucas:

Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido. (Lucas, 1:3-4)

Eso no quiere decir que ese evangelio no tenga validez eterna y atemporal y que no nos hable directamente a nosotros ahora, pero su redacción se hizo pensando principalmente en Teófilo, un hombre griego del siglo primero. Por eso para entender mejor lo que Lucas intenta decir en su evangelio es preciso conocer cómo era la sociedad, la política, la cultura, etc. de los habitantes del mundo griego de mediados del siglo primero.

las 7 iglesias del apocalipsisDel mismo modo, para entender bien lo que nos quiere decir Juan en su Apocalipsis, necesitamos también conocer la historia, la cultura, la mentalidad y la situación de los cristianos de Asia Menor a finales del siglo I, en la época de Domiciano, pues el mismo San Juan comienza su libro dirigiéndose no a los cristianos del futuro, sino a los cristianos que formaban 7 de las principales iglesias de aquella época, situadas en Asia Menor (el número 7 es una constante durante todo el Apocalipsis). Al igual que Lucas comienza dirigiéndose a Teófilo, para quien está escribiendo su libro, también Juan comienza dirigiéndose a esas 7 iglesias, pues su libro es en realidad una larga carta escrita para ellas:

Yo, Juan, escribo a las siete Iglesias de Asia. Llegue a ustedes la gracia y la paz de parte de aquel que es, que era y que vendrá, y de los siete Espíritus que están delante de su trono. (Apocalipsis Juan 1:4)

Y a continuación establece más claramente el momento histórico en el que se encuentra. Nos dice que está desterrado en Patmos (una isla-penal usada por los romanos para enviar a los criminales a hacer trabajos forzados) y que está allí por ser cristiano (a causa del testimonio de Jesús). Además deja claro que no es un hecho puntual, sino que su destierro forma parte de una oleada de persecuciones contra los seguidores de Cristo, y su libro va dirigido a los demás cristianos, que también están sufriendo esa persecución (hermano de ustedes con quienes comparto las tribulaciones):

Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía: «Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea». (Apocalipsis 1:9-11)

San Juan en PatmosComo vemos, un domingo Juan es “arrebatado por el Espríritu” y empieza a tener visiones que Dios le manda. Estas visiones, una vez más, no van destinadas específicamente a la Iglesia futura, sino a la de aquel momento, pues el mismo Dios le dice a Juan “Escribe en un libro lo que ahora vas a ver y mándalo a las siete iglesias”. Y de nuevo al final del libro nos vuelve a recordar la misma idea, que esas revelaciones van dirigidas a las siete iglesias de finales del siglo primero:

Yo Jesús, he enviado a mi mensajero para dar testimonio de estas cosas a las Iglesias. (Apocalipsis 22:16)

Esas visiones tienen que ver con el pasado, el presente y también el futuro, pues Dios le dice:

Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro. (Apocalipsis 1:19)

Pero ese futuro no es un futuro lejano, de siglos después, sino un futuro próximo, pues el mismo libro comienza con estas palabras:

Revelación de Jesucristo, que le fue confiada por Dios para enseñar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. […] Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía y tengan en cuenta lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca. (Apocalipsis 1:1 y 3)

Así que desde el primer momento Juan nos deja claro que se dirige a un público concreto, los cristianos de finales del siglo primero, y que les va a narrar cosas que están viviendo y que van a vivir pronto. Lo hace mediante el uso de alegorías, entre otras cosas porque ese es el lenguaje bíblico para contarnos profecías, aunque la Biblia también nos da las claves para resolver esos símbolos, y en este caso esas claves las encontramos en otros libros bíblicos, pero sobre todo en el libro del profeta Daniel, que no solo nos cuenta también visiones proféticas plagadas de bestias, sino que además nos desentraña su significado. El lenguaje alegórico también es importante en esos momentos de persecución, porque si una copia cayera en manos romanas, los romanos no entenderían absolutamente nada y lo tomarían por una novela de ciencia ficción. Aunque el libro está continuamente hablando de los romanos, ningún romano vería en él ninguna mención a ellos. Los únicos que podían leer ese libro y entender sus alegorías eran quienes conocían a fondo la Biblia, o sea, judíos y cristianos, y ambos estaban en esos momentos sufriendo la persecución de Roma.

Por lo tanto, el libro del Apocalipsis está escrito usando el lenguaje profético bíblico (y por eso puede ser descifrado, al menos en sus rasgos principales), está dirigido a los cristianos que estaban sufriendo persecución por su fe a manos de los romanos, y al mismo tiempo tiene una dimensión atemporal y escatológica, pues los padecimientos de la Iglesia y su triunfo final es un mensaje de esperanza que va dirigido a todos los cristianos de todas las épocas, y por tanto el cristiano del siglo XXI puede leer este libro casi con la misma actualidad que los cristianos del siglo primero.

EL QUID DE LA CUESTIÓN

Y antes de terminar con esta introducción al libro, procure recordar durante todo el artículo esta idea: Juan está escribiendo durante una persecución en la que los cristianos están siendo reprimidos y asesinados, y él mismo se encuentra prisionero por eso. Escribe un libro en donde narra cómo los cristianos son reprimidos y asesinados por una mala bestia enemiga de Cristo, y en su libro les dice que tengan ánimo, que perseveren, porque aquellos que perseveren hallarán la gloria de Dios, y que no teman porque las persecuciones acabarán y la Iglesia triunfará. Ese es el contexto y el mensaje. Un mensaje que tiene actualidad hoy como ayer, pero ahora usted tiene que decidir si ese libro está narrándonos acontecimientos de esa persecución del siglo I o por el contrario Juan no está pensando para nada en lo que está ocurriendo en ese momento, sino que está pensando en otras persecuciones que les ocurrirán a otros cristianos siglos más tarde, o tal vez milenios más tarde. Y sin embargo está escribiendo ese libro para que lo lean los cristianos de unas iglesias que están sufriendo persecución, ¿cree usted que esos cristianos pensaron que no hablaba de su situación, sino de lo que les ocurriría a los protestantes de Lutero mil seiscientos años después, o más tarde aún? De entrada parece mucho más obvio pensar que Juan está hablando de los acontecimientos de su época, pero mejor nos metemos en el libro y empezamos a analizar lo que allí se nos narra. En este artículo nos centraremos en el enigmático pasaje de la Gran Ramera de Babilonia, pues esa es quizá la clave para decidir si Juan nos está hablando de las persecuciones de su época o de las persecuciones de cuando la Ruptura Protestante o de algún momento venidero.

LA GRAN RAMERA Y LA BESTIA

De los 22 capítulos que tiene el Apocalipsis, el pasaje en cuestión es el número 17 y nos relata lo siguiente:

La Gran Ramera de BabiloniaDespués vino uno de los siete Ángeles que tenían las siete copas y me dijo: Acompáñame, y te mostraré cómo va a ser castigada la famosa Prostituta que está sentada a la orilla de los grandes ríos. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los habitantes del mundo se han embriagado con el vino de su prostitución».

Entonces me llevó en espíritu al desierto, y allí vi a una mujer sentada sobre una Bestia escarlata. La Bestia estaba cubierta de leyendas blasfemas y tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en su mano una copa de oro colmada de la abominable impureza de su fornicación. Sobre su frente tenía escrito este nombre misterioso: «Babilonia la grande, la madre de las abominables prostitutas de la tierra». Y vi que la mujer se emborrachaba con la sangre de los santos y de los testigos de Jesús, y al verla, quedé profundamente asombrado.

Pero el Ángel me preguntó: «¿Por qué te extrañas? Yo te explicaré el misterio de la mujer, y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos. La Bestia que has visto, existía y ya no existe, pero volverá a subir desde el Abismo para ir a su perdición. Y los habitantes de la tierra cuyos nombres no figuran en el Libro de la Vida desde la creación del mundo, quedarán maravillados cuando vean reaparecer a la Bestia, la que existía y ya no existe.

Para comprender esto, es necesario tener inteligencia y sutileza. Las siete cabezas son las siete colinas, sobre las cuales está sentada la mujer. También simbolizan a siete reyes: cinco de ellos han caído, uno vive y el otro todavía no ha llegado, pero cuando llegue, durará poco tiempo.

En cuanto a la Bestia que existía y ya no existe, es un octavo rey, que a su vez, pertenece al grupo de los siete y también va a su perdición. Los diez cuernos que has visto son diez reyes que todavía no han recibido su reino, pero que recibirán el poder real, juntamente con la Bestia, sólo por una hora.

Todos están de acuerdo en poner a disposición de la Bestia su autoridad y su poder. Ellos lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles.

Los ríos –continuó diciéndome el Ángel– a cuya orilla está sentada la Prostituta, son los pueblos, las multitudes, las naciones y las diversas lenguas. Los diez cuernos que viste, así como también la Bestia, acabarán por odiar a la Prostituta, le quitarán sus vestidos hasta dejarla desnuda, comerán su carne y la consumirán por medio del fuego. Porque Dios les ha inspirado que ejecuten lo que él ha decidido, poniéndose de acuerdo para entregar su poder real a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. Y la mujer que has visto es la gran Ciudad, la que reina sobre los reyes de la tierra».

Así que siguiendo el mismo esquema de las visiones del profeta Daniel, vemos que aquí también el ángel le muestra a Juan una visión y luego se la explica, aunque la explicación sigue siendo enigmática para el lector moderno, pero no tanto para el cristiano de aquella época. Recordemos que Juan quiere que sus lectores entiendan la profecía, pero al mismo tiempo no quiere que los romanos, si la leen, lo puedan entender, así que da una interpretación que sea entendible para los cristianos pero incomprensible para los romanos.

También necesitamos entender el papel que esta visión ocupa en el contexto global de la historia del Apocalipsis. Esta lucha entre el bien y el mal que nos narra el libro de forma tan simbólica no aparece de forma lineal, sino con repeticiones, saltos e intersecciones. Tras las cartas que Dios envía a cada una de las 7 iglesias de Asia Menor, se nos describe la situación que los cristianos están viviendo en esos momentos, donde los justos están siendo masacrados por permanecer fieles a Cristo y desde el cielo los mártires claman justicia. Entonces Dios les dice que deben esperar un poco más hasta que el número de los justos sea completado, y entonces Jesús mismo intervendrá para salvar a su Iglesia.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Los cuatro jinetes del Apocalipsis

SETENTA VECES SIETE Y UN CUATRO

El principio de la desigual batalla no es muy alentador, Satanás y el Anticristo –simbolizados por un dragón y una bestia, más otra bestia que es el Falso Profeta– dominarán las naciones, perseguirán y masacrarán a quienes se nieguen a seguirles. Dios intervendrá castigando a un mundo que se ha postrado ante Satanás. Su intervención en la historia se realizará a través del Cordero con 7 cuernos y 7 ojos que, como nos cuenta, son los 7 espíritus de Dios (se trata pues de Jesús, Apocalipsis 5). Este cordero será el único ser capaz de romper los 7 sellos del libro en el que Dios había sellado sus planes para el fin de la historia. Estas 7 plagas aparecen narradas por duplicado en dos momentos distintos, primero en forma de 7 ángeles que derraman sobre la tierra 7 cálices que provocan desastres, y luego en forma de otros 7 ángeles que tocan 7 trompetas, y con cada trompeta se inicia una plaga. Además, estas dos series se encuentras incorporadas a otra serie más amplia compuesta también por 7 fases: esos 7 sellos que el Cordero va rompiendo, desencadenando con cada uno los acontecimientos que acaecerán sobre la tierra. Si estudiamos las plagas con cuidado veremos que en realidad no son 14 plagas distintas, sino 7 plagas descritas de formas diferentes, y con bastantes rasgos de unión con aquellas 10 plagas que Dios manda a Egipto (de las cuales 7 fueron realizadas a través de Moisés). En medio de todo también se nos describe la situación de guerra y convulsión que está sufriendo el mundo por entonces, simbolizado por los 4 jinetes del Apocalipsis, que asolan la tierra con la destrucción: la guerra, el hambre, la peste, y la muerte. Semejante mundo convulso bien puede ser un reflejo de la muy convulsa época que vivió el Imperio Romano con todas sus guerras civiles y no civiles que asolaron el siglo primero.

El mensaje que pretende transmitir el Apocalipsis (también llamado Libro de las Revelaciones de San Juan), no es el de “temblad todos, porque se avecina el horror y la destrucción del mundo”, sino todo lo contrario “perseverad en vuestra fe, resistid ante los horrores que estáis viviendo ahora, porque Dios es dueño de la historia y sus planes son inexorables; él hará que el bien venza sobre el mal y que la Iglesia siempre termine por triunfar; él purificará la historia y os traerá finalmente la justicia y la paz, el Reino de Dios”. Un mundo feliz que no vendrá por sí solo, claro, sino que requerirá de los cristianos el enorme esfuerzo de perseverar sin corromperse, sin claudicar ante las tentaciones y presiones de este mundo. El Apocalipsis es, pues, un mensaje de esperanza para la humanidad, y un mensaje de aliento para aquellos cristianos que por entonces (y ahora) tienen que sufrir discriminación, persecución e incluso la muerte a causa de su fe. El fin del mundo que vaticina, la destrucción de la tierra que profetiza, es el mundo corrupto y malvado, no el planeta Tierra. A cambio nos dará “Una nueva tierra y un nuevo cielo” (Apocalipsis 21:1-4).

LA CAÍDA DE BABILONIA

La caida de BabiloniaEstas destrucciones que desatan los 7 sellos no impiden que el dragón (Satanás) y su Anticristo (la Bestia) se ensañen con la Iglesia de Cristo. En diversas ocasiones, intercaladas durante la narración, vemos que el foco de la represión se sitúa en Babilonia. Allí manda Dios a dos profetas a que prediquen el evangelio, pero serán asesinados. Finalmente Babilonia será arrasada como castigo a sus iniquidades. Esta destrucción, la llamada “Caída de Babilonia”, nos es narrada en el capítulo catorce:

Un segundo Angel lo siguió, anunciando: «Ha caído, ha caído la gran Babilonia, la que ha dado de beber a todas las naciones el vino embriagante de su prostitución». (Apocalipsis 14:8)

Y después de la Caída de Babilonia viene la serie de los 7 ángeles que derraman las 7 copas que provocan todo tipo de cataclismos sobre la tierra. Pero la séptima copa, la de la destrucción final, se encuentra a Babilonia aún en pie, lo que nos revela de nuevo que la narración de la historia no es lineal sino cíclica:

La gran Ciudad se partió en tres y las ciudades paganas se derrumbaron. Dios se acordó de la gran Babilonia y le dio de beber la copa donde fermenta el vino de su ira. (Apocalipsis 16:19)

Y ese versículo, que está al final del capítulo 16, nos sirve de introducción para el capítulo 17, citado arriba de forma íntegra, en donde se narra la escena de la Gran Ramera de Babilonia y se nos cuenta su destrucción. Por tanto la destrucción de Babilonia se produce con la séptima copa derramada por el séptimo ángel, y supone la destrucción total del centro de poder que está persiguiendo y masacrando a la Iglesia de Cristo.

Babilonia destruidaTras ese capítulo 17 y la visión de la Gran Ramera, viene el capítulo 18, que empieza con estas palabras:

Después vi que otro Ángel descendía del cielo con gran poder, mientras la tierra se iluminaba con su resplandor. Y gritó con voz potente: «¡Ha caído, ha caído Babilonia, la grande! Se ha convertido en refugio de demonios, en guarida de toda clase de espíritus impuros y en nido de aves impuras y repugnantes. Porque todos los pueblos han bebido el vino embriagante de su prostitución, los reyes de la tierra han fornicado con ella y los comerciantes del mundo se han enriquecido con su lujo desenfrenado». (Apocalipsis 18:1-3)

Las palabras del ángel son las mismas que citamos en el capítulo 14, “Ha caído, ha caído Babilonia la grande/la gran Babilonia”, mostrando que se trata del mismo momento narrado en dos ocasiones diferentes. Por lo tanto está más que claro que esa Gran Ramera de Babilonia no es otra que la representación alegórica de la ciudad de Babilonia, aunque aún nos falta comprender qué representa esa ciudad, pues cuando Juan está escribiendo su libro la grandiosa ciudad de Babilonia ya no es más que un lejano recuerdo en el pasado, un montón de ruinas esparcidas por el desierto habitadas por tiendas de nómadas en el mejor de los casos.

Después de la Caída de Babilonia la historia da un vuelco total. En el cielo se producen “las bodas del Cordero”, donde vemos a Jesús (bajo el símbolo del cordero) desposándose con una bella dama que representa a la Iglesia triunfante, y a continuación el mismo Cristo baja a la batalla montado en un caballo blanco como Rey de Reyes. Con Cristo a la cabeza, las tropas de la Iglesia derrotan a Satanás y a sus seguidores. Jesús destruye al dragón y a las dos bestias y vence a la muerte, instaurando su Reino en toda la tierra. El libro termina con la visión de la Nueva Jerusalén, la ciudad mística que representa el reino de Dios, o bien el cielo o bien una etapa celestial que será el fin de la historia terrestre.

¿PRESENTE, PASADO O FUTURO?

Apocalipsis futuroLos futuristas plantean que puesto que tras la caída de Babilonia viene la segunda venida de Cristo, entonces esa Babilonia caerá al final de los tiempos, o sea, es un acontecimiento futuro incluso para nosotros. Nosotros creemos, como ya hemos razonado al principio, que este libro no fue escrito para los lectores del futuro sino para dar ánimo y fortaleza a los cristianos que estaban sufriendo las persecuciones en ese mismo momento de finales del siglo primero, así que la caída de Babilonia no sería un acontecimiento profetizado para el final de los tiempos, sino, tal como afirma el libro en su comienzo:

Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía y tengan en cuenta lo que está escrito en ella, porque el tiempo está cerca. (Apocalipsis 1-3)

Si un cristiano del siglo primero, perseguido por Roma, lee este libro, se sentiría estafado si alguien le dijera “Feliz el que lea y felices los que escuchen las palabras de esta profecía y tengan en cuenta lo que está escrito en ella”, pero a continuación les explicaran que esa Babilonia que les persigue será destruida varios milenios, o muchísimos milenios más tarde. Si el estado te persigue por tus creencias, ¿acaso te serviría de consuelo pensar que dentro de dos mil o de mil millones de años habrá en la tierra un estado maléfico que será destruido por Dios? La respuesta es claramente que no. Ningún cristiano del siglo uno se sentiría feliz ante la noticia de que miles de años más tarde los perseguidores de otros cristianos serán aniquilados. Por tanto esta Babilonia que es el centro de las persecuciones, tiene que ser una Babilonia que está en esos momentos atacando a los cristianos que van a leer el libro.

Al igual que cuando nosotros leemos las historias de la Biblia podemos aplicar a nuestros tiempos y a nuestra vida sus enseñanzas, también podemos hacer lo mismo con este libro en concreto, leerlo aplicando a nuestros tiempos sus enseñanzas, pero no podemos leerlo pensando que sus profecías están dirigidas a nosotros en concreto, lectores del siglo XXI, o a los del siglo XVI (como creían los primeros protestantes), o a los lectores de algún siglo concreto del futuro. No, el libro es muy claro al respecto, las profecías están dirigidas a los cristianos del siglo primero, y lo único totalmente futuro de la historia es la segunda venida de Cristo y la llegada de su Reino total, simbolizado por la Nueva Jerusalén descrita en el capítulo final. Y aún así, quienes interpretan que esa Nueva Jerusalén celestial es un símbolo del cielo y que el Reino de Dios es la vida futura, consideran que también esos acontecimientos estaban destinados a ser vividos por aquellos cristianos perseguidos igual que por nosotros. No en vano al final del libro el mismo Jesús nos dice estas palabras:

La Nueva Jerusalén

«No mantengas ocultas las palabras proféticas de este Libro porque falta poco tiempo. Que el pecador siga pecando, y el que está manchado se manche más aún; que el hombre justo siga practicando la justicia, y el santo siga santificándose. Pronto regresaré trayendo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin. ¡Felices los que lavan sus vestiduras para tener derecho a participar del árbol de la vida y a entrar por las puertas de la Ciudad! (Apocalipsis 22:11-14)

Jesús nos avisa de que estas profecías pronto se cumplirán. Algunos interpretan esto como que el cristiano debe estar siempre alerta y preparado para presentarse ante Dios, tal como Jesús nos contó en la parábola de las vírgenes necias y prudentes (Mateo 25:1-13), y eso también es cierto, incluso se puede interpretar también como que esa presencia ante Dios se produce cuando morimos. Pero la insistencia de que estas cosas que narra el libro son cosas que están ocurriendo en aquellos momentos y cosas que ocurrirían pronto, es demasiado fuerte como para considerar que toda la narración se refiere a un lejano tiempo futuro. Y al igual que nos ocurría al principio del libro, cuando nos decía que quien lea eso debe sentirse feliz porque estas cosas van a ocurrir pronto, al final del libro de nuevo repite la misma idea, que “los que lavan sus vestiduras” deben sentirse felices porque van a entrar por las puertas de la Ciudad, o sea, las puertas del cielo, pues este capítulo final nos está describiendo la Jerusalén Celeste. A lo largo de todo el libro la frecuente metáfora de lavar las vestiduras (en la sangre del cordero) se refiere a los mártires, que con su martirio se ganan el cielo. En el capítulo 7, por ejemplo, Juan ve a una multitud vestida de blanco junto al altar de Dios, y pregunta quiénes son:

Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero. (Apocalipsis 7:14)

Persecuciones contra los cristianosLa gran tribulación es la masacre de las persecuciones contra los cristianos, como se narra en el libro, y quienes mueren en la persecución son los mártires que están junto al altar de Dios, o sea, que ocupan en el cielo el puesto de honor. Por eso la última frase de la cita previa tiene que interpretarse como que “aquellos que mueren por causa de mi nombre son bienaventurados (felices), porque ello les da derecho a entrar en el cielo”. Por tanto esa Jerusalén celestial no parece tampoco ser una ciudad mística que llegará al final de los tiempos, sino que hace referencia al cielo presente, el cielo que nos espera a todos los que sepamos mantenernos fieles a Cristo hasta el final, ya sea en el siglo primero, en el siglo XXI o en el futuro (aunque igualmente podría tener ambos significados a un tiempo). Por eso, dirigiéndose a los cristianos que en ese momento estaban siendo perseguidos, les alienta en el espíritu pacifista de dar su vida por Jesús pero sin usar la violencia, y les anima y advierte:

El que tenga que ir a la cárcel, irá a la cárcel; y el que tenga que morir por la espada, morirá por la espada. En esto se pondrá a prueba la perseverancia y la fe de los santos. (Apocalipsis 13:10)

Así que resumiendo y simplificando mucho la compleja historia del Apocalipsis tenemos este guión:

1- Juan, preso en la isla de Patmos por causa de su fe, escribe a los cristianos perseguidos por Roma para alentarles y que resistan, pues su recompensa será grande.
2- Satanás y su Anticristo se hacen con el poder de la tierra y persiguen a los cristianos, matándoles si se empeñan en permanecer fieles a Jesús.
3- Dios envía sobre la tierra, que está bajo el control de Satanás, la guerra y la destrucción.
4- Babilonia, que es el centro del poder de Satanás, es finalmente destruida al final de dichas plagas.
5- Jesús vuelve victorioso para salvar a su pueblo. El bien ha vencido al mal.
6- Para todos aquellos que hayan permanecido fieles a Jesús hasta el final, la recompensa será la Jerusalén Celestial, el cielo.

Y ya tenemos el contexto de la Gran Ramera dentro de la historia del Apocalipsis, pues el libro nos deja claro que esa Ramera está simbolizando la gran ciudad de Babilonia, la que se encuentra en el punto 4 de nuestro esquema. La muerte de la Ramera es otra imagen de la destrucción de Babilonia. Así que ya resultará mucho más fácil comprender de qué ciudad se trata.

SIGNIFICADO DE LA GRAN RAMERA Y DE LA BESTIA QUE CABALGA

Prostituta de BabiloniaLa Gran Ramera y la bestia no son dos cosas distintas, sino que juntos forman una sola metáfora, por eso la bestia se identifica con Babilonia y la mujer también, y la muerte de la mujer se identifica con la destrucción de Babilonia. Esa unidad entre ambos personajes se refuerza describiendo a ambos del mismo color, el escarlata, que en la Biblia simboliza el desenfreno:

allí vi a una mujer sentada sobre una Bestia escarlata (17:3)

La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata (17:4)

El simbolismo de esta imagen tiene varios niveles, por un lado se nos la identifica con la gran ciudad de Babilonia y por otro lado se nos la identifica con el Anticristo. En realidad la imagen representa el poder represor que está persiguiendo a los cristianos, se quiera ver ese poder personificado en Roma o en la figura de su emperador, y dicho poder será finalmente vencido y destruido (ni siquiera es necesario pensar en la destrucción física de una ciudad, pues estamos tratando con metáforas)

Evidentemente, si Juan se está dirigiendo a los cristianos perseguidos como hemos visto ya, entonces el poder estatal que les persigue tiene que ser claramente Roma. ¿Por qué dice Babilonia y no Roma? La respuesta es sencilla y a la vez doble:

1- No menciona a Roma por miedo a que los romanos lean el libro y lo destruyan o tomen represalias. No olvidemos que Juan está escribiendo en Patmos, en un penal romano, y su libro tiene que salir de allí a escondidas, con gran peligro de caer en manos romanas.

2- El libro es altamente simbólico y alegórico. Al llamar Babilonia a la ciudad de Roma (o más bien a Roma, el Imperio Romano), está describiendo lo que Roma significa para los cristianos. En el Antiguo Testamento Babilonia fue la que destruyó Jerusalén en el siglo V a.C., arrasó el templo y se llevó al Pueblo de Dios al exilio y la esclavitud. Babilonia era la cuna de todas las abominaciones y pecados y de la idolatría, y el pueblo judío tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no sucumbir y mantener su fe. La misma situación les toca ahora vivir a los cristianos. De este modo, Juan está recordando a los cristianos que aunque Roma parezca vencer, también ellos si resisten verán la restauración de Jerusalén y su templo, aunque sea una ciudad y un templo transmutados.

Usando el mismo simbolismo, y también por causa de la clandestinidad, Pedro escribe su primera carta desde Roma con estas palabras:

La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. (1 Pedro 5:13)

Roma imperialEntonces, si la gran Babilonia del Apocalipsis es Roma, ¿se nos da pistas para esta identificación? Desde luego, y pistas muy evidentes para aquel dispuesto a hacer dicha identificación. La Ramera se asienta sobre una bestia de siete cabezas, y el ángel nos explica lo siguiente:

Para comprender esto, es necesario tener inteligencia y sutileza. Las siete cabezas son las siete colinas, sobre las cuales está sentada la mujer. (Apocalipsis 17:9)

Roma, en aquellos tiempos igual que ahora, era conocida como “la ciudad de las siete colinas”, pues la Roma imperial estaba edificada sobre siete colinas. Del mismo modo la Gran Ramera se sienta sobre una bestia de siete cabezas que simboliza las siete colinas. La Gran Ramera es Roma. Y ella es descrita de esta forma:

La mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en su mano una copa de oro colmada de la abominable impureza de su fornicación. (v. 4)

El vestido de púrpura y escarlata es un símbolo de poder y riqueza, pues en aquella época solo los poderosos podía lucir vestidos con tintes tan caros. Los emperadores y la clase alta eran quienes vestían de púrpura y escarlata. Del mismo modo el oro, las perlas y las piedras preciosas hacen referencia a las enormes riquezas de Roma, y la copa de oro colmada de la “impureza de su fornicación” es la imagen opuesta a la copa de Cristo, colmada con su sangre salvadora. En la Biblia la “fornicación” es una referencia a la idolatría, y Roma no solo es el centro del paganismo sino que está matando a los cristianos por no querer postrarse ante las imágenes paganas.

Y aquí es donde empieza la polémica. Los antiguos protestantes y los modernos fundamentalistas* dicen que efectivamente esa Gran Ramera simboliza a Roma, y dan todo tipo de detalles como si los católicos estuviéramos negando tal identificación. Pero para ellos esta Roma no es la Roma imperial que perseguía a los cristianos, sino la Roma de los papas que persigue a los verdaderos cristianos, o sea, ellos. Esta interpretación, aunque incorrecta por todo lo que ya hemos visto, es comprensible desde su punto de vista si nos remontamos a la época de las guerras de religión desatadas tras la Ruptura Protestante. Ellos se consideraban la verdadera Iglesia, y Roma, o sea, la idólatra Iglesia Católica, les estaba persiguiendo. La guerra, por supuesto, no era la de Roma persiguiendo a los protestantes, sino más bien la de todos contra todos, con los políticos liderando y continuos cambios de bando incluidos. Pero bueno, es su punto de vista y resulta comprensible en esos momentos de exaltación. En esos tiempos es comprensible que los protestantes considerasen que el papa era el Anticristo, y es comprensible que los católicos considerasen que Lutero era el Anticristo. Como hemos dicho, este libro, como los demás de la Biblia, transmiten enseñanzas que aunque se dirijan a un público de su época transmiten mensajes universales, y ellos hicieron lo lógico, leer la Biblia adaptando sus enseñanzas al momento que les había tocado vivir. Aunque fuera forzando la interpretación. Lo que no tiene sentido es que siglos después haya sectores protestantes que se empeñan en seguir manteniendo esa interpretación. Veamos la falacia.

*Nota: En este artículo no utilizo la palabra “fundamentalistas” en sentido despectivo sino en sentido descriptivo, pues gran parte de los sectores protestantes que aún identifican al papa con el Anticristo son sectores que se denominan así mismo fundamentalistas, porque según ellos han regresado a los fundamentos.

EL PAPA FRANCISCO ES LA GRAN RAMERA DE BABILONIA (!)

Papa FranciscoSi la Gran Ramera sigue siendo hoy Roma, o según muchos personifica en concreto al Papa, eso quiere decir que actualmente el papa Francisco es la Gran Ramera, y la bestia de siete cabezas es la ciudad actual de Roma. Según ellos, la “fornicación” sigue estando vigente, pues el culto de los católicos a los santos y la veneración de imágenes es para muchos de ellos pura y simplemente idolatría. Por supuesto los católicos no somos idólatras, y ahí ya fallaría toda la comparación, pero sobre eso no haremos más comentarios porque ya tenemos artículos tratando el tema. La cuestión es que no es eso lo único que falla en la comparación. Veamos los otros detalles.

LAS 7 COLINAS

La Ramera de Babilonia con la tiara papal

La Ramera de Babilonia con la tiara papal

Para empezar, la analogía de las siete colinas en realidad es el primer argumento que falla. La Iglesia asentó su gobierno central en la colina Vaticana desde muy pronto, y esa colina no es una de las 7 históricas colinas de Roma (Quirinal, Viminal, Capitolino, Esquilino, Palatino, Celio, Aventino), pues esta se encuentra al oeste del Tíber, fuera del antiguo recinto de la ciudad. El papado se asentó en el Vaticano porque allí estaba la tumba de San Pedro, y San Pedro fue enterrado en un cementerio que había fuera de la ciudad. Si Juan hubiera querido profetizar sobre los papas, habría sido más correcto describir a la Ramera como sentada sobre una colina y no sobre 7. Cierto que puede pensarse 7=Roma, el papa está en Roma, luego el papa está en 7. Poca precisión pero posible figura literaria, así que veamos más detalles a ver si al fin encontramos algo que resulte más concluyente. Pero para una explicación en gran profundidad de lo que la ciudad de las 7 colinas representa en el Apocalipsis lea nuestro artículo: La Ciudad de las 7 Colinas. Y no, no es Roma.

VESTIDA DE PÚRPURA Y ESCARLATA

Estos fundamentalistas dicen que esa descripción señala directamente a los papas. Para demostrarlo, colocan fotos de Benedicto XVI o de otros papas vistiendo manto rojo (aunque no púrpura, claro). Y es cierto que los papas en ocasiones se ponían un manto rojo (sobre todo posando para un cuadro), pero no era su vestimenta habitual. Desde al menos el siglo XIII nos consta que la vestimenta oficial del papa es “sotana blanca y zapatos rojos”, como lo indica el “Rationale divinorum officiorum” de Guillermo Durando de 1286, y así sigue hasta el día de hoy. Por eso si alguien quisiera definir el prototipo de un papa lo más adecuado sería describirlo como alguien vestido de blanco, no de púrpura y escarlata.

En un artículo de internet decían que en la época de Lutero el papa había sacado una norma diciendo que solo el papa y los cardenales podían usar prendas de color púrpura o escarlata. Francamente desconocemos ese documento pero podría ser cierto. Aún así, eso solo demostraría que a Lutero y su gente tal ley les permitiría asociar fácilmente los colores de la Ramera a esos colores que el papa se reserva, pero dicha conexión solo tendría un valor temporal, solo sería relevante para aquella época, no para la anterior, la nuestra o la futura, y se supone que la Gran Ramera representa a los papas de todos los tiempos, pasados, presentes y futuros. No podemos interpretar su descripción basándonos en rasgos de una época pasada puntual, deberían ser rasgos consustanciales al papado. Sería como decir que la Bestia que monta la Ramera es por tal o cual razón una alusión clara al papamóvil, que solo fue usado por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Eso significaría que la profecía del Apocalipsis se escribió pensando concretamente en los lectores de finales del siglo XX y principios del XXI, pero no afectaría a papas anteriores ni posteriores a esos dos.

Los papas usan vestiduras diferentes para ciertas ocasiones, pero su "uniforme" permanente es el blanco.

Los papas usan vestiduras diferentes para ciertas ocasiones, pero su “uniforme” permanente es el blanco.

Así que de todas formas eso de los colores pertenecería ya al pasado; si el papa Francisco es hoy la Gran Ramera, el Anticristo, es evidente que el Apocalipsis debería decir que la Ramera vestía de blanco, pues ese es el color que realmente asociamos a los papas. Los sacerdotes católicos visten de colores diferentes según el calendario litúrgico, y entre esos colores están el violeta y el rojo, que son parecidos al púrpura y el escarlata del Apocalipsis, pero no por ello podemos decir que por ese motivo esos colores claramente identifican a un sacerdote católico, y menos a un papa, pues con el mismo motivo y probabilidad podríamos asociar al papado y a los sacerdotes el color verde, también usado en parte del año litúrgico por sacerdotes y papas al celebrar la misa. Además, en el Apocalipsis los colores son utilizados siempre de forma muy simbólica, y así el blanco es símbolo de pureza, el escarlata (rojo intenso) es símbolo de la sangre y el púrpura (violeta oscuro) es símbolo del poder, y ambos también simbolizan el desenfreno. Sin embargo, en la antigüedad, los colores “púrpura y escarlata” (ambos) se asociaban a los reyes y a los emperadores romanos, y estos sí que claramente eran idólatras, déspotas y asesinos de cristianos.

Sin embargo sí hay unos personajes de la época de Juan que vestían tal y como describen a la Gran Ramera, de púrpura y escarlata, cargados de oro y joyas. Para saber quiénes son consulte la Biblia en Éxodo 28, y si lo que encuentra le sorprende, puede leerse el mencionado artículo sobre La Ciudad de las 7 Colinas, allí encontrará muchos más detalles.

LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES

La Ramera viste de púrpura y escarlata porque simboliza al poder del imperio y tiene el manto teñido con la sangre de los mártires a los que está matando. Y Francisco, ¿está matando a cristianos? Porque la figura de la Gran Ramera es abominable principalmente porque mata a los cristianos. No parece que los papas se dediquen a matar cristianos. Y resulta que buena parte de esos fundamentalistas que siguen diciendo que el papa es la Gran Ramera, también dicen que el fin de los tiempos está ya muy cerca y que ya estamos viviendo las profecías del Apocalipsis, que las copas ya están siendo derramadas y las trompetas están sonando, así que ¿dónde está ahora ese papa vestido de rojo que va por ahí asesinando cristianos?

guerra entre católicos y protestantesPero con respecto a lo de matar cristianos ellos dirán que al menos en ciertos tiempos pasados sí lo hicieron, pues a través de la Inquisición y las guerras de religión la Iglesia Católica fue responsable directa o indirecta de la muerte de muchos protestantes. Por supuesto ellos consideran que nosotros somos los herejes y ellos los verdaderos cristianos, por tanto sus víctimas son los mártires, algo comprensible y fácil de entender. Pero hay que recordarles que en ese asunto estamos bastante empatados en estupidez y crueldad, pues en las guerras entre católicos y protestantes no es posible identificar a un bando como bueno y al otro malo, ambos bandos pelearon tanto como pudieron y mataron tanto como pudieron, y si la Iglesia tuvo su Inquisición, también con sus propias instituciones los protestantes mataron, torturaron y llevaron a la hoguera a miles de personas que ellos consideraban herejes, muchos de ellos católicos, pero  también miles de protestantes de otras denominaciones. Así que ese es un asunto que por desgracia a ninguno de los dos antiguos bandos nos conviene remover, porque la locura fue compartida y la vergüenza común.

LOS DOS TESTIGOS

los dos testigosTambién tenemos el problema de los dos profetas. (Apocalipsis 11:1-13). Estos dos testigos (= mártires) se van a Babilonia (= Roma) a predicar, y allí fueron martirizados. No cuesta ningún trabajo identificar a estos dos testigos con Pedro y Pablo, que fueron a Roma a predicar y allí les mataron. Pero para eso hay que admitir que esa Roma es la de los césares. Y si según ellos estamos hablando de la Roma papal, entonces ¿qué dos mártires protestantes fueron enviados a Roma realizando grandes portentos hasta ser martirizados? Más bien ninguno. De todas formas es también probable que ambos mártires (aunque puedan estar inspirados en los dos apóstoles) sean personajes simbólicos. Pero transformarlos en simbólicos contradice un poco la literalidad que a estos fundamentalistas les gusta usar, queriendo identificar a cada personaje con una persona o institución real. Si se empeñan en que la ramera tiene que ser un papa, ¿por qué pensar que los dos testigos eran solo un símbolo? Por supuesto siempre les queda la posibilidad de decir que esos testigos vendrán en el futuro, pero eso es un recurso muy conveniente. Lo que les interesa es presente (como que el papa es la Gran Ramera), y lo que no saben cómo explicar es porque llegará en el futuro, así toda su teoría parece encajar. Pero ni con esas.

SEÑORA DE TODAS LAS NACIONES PAGANAS

Sigamos con la visión. El siguiente verso nos dice lo siguiente sobre la Ramera:

Sobre su frente tenía escrito este nombre misterioso: «Babilonia la grande, la madre de las abominables prostitutas de la tierra» (v. 5)

Siguiendo el lenguaje bíblico, la prostitución, igual que la “fornicación”, es sinónimo de idolatría. Esta Babilonia es la madre de todas las prostitutas de la tierra, o sea, el centro que controla todas las naciones y religiones idólatras. Eso era totalmente cierto dicho de la Roma antigua, pues Roma era pagana y gobernaba todo el mundo conocido así que era la madre de todas las naciones idólatras. Aún si consideramos que el catolicismo es idólatra, como ellos dicen, ¿podríamos decir que el papa controla a todas las naciones idólatras de la tierra? ¿acaso el papa Francisco tiene algún tipo de control sobre las tribus animistas, sobre los hinduistas, los budistas? Más bien parece que no. Sigamos.

Y vi que la mujer se emborrachaba con la sangre de los santos y de los testigos de Jesús, y al verla, quedé profundamente asombrado. Pero el Ángel me preguntó: «¿Por qué te extrañas? Yo te explicaré el misterio de la mujer, y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas y diez cuernos. (v. 6 y 7)

Ya hemos comentado lo de la sangre de los santos, no creo que nadie pueda acusar al papa Francisco de estar emborrachándose con la sangre de los cristianos. Y ahora el ángel nos anuncia que va a explicar quién es la mujer y quién es la bestia, así que prepárense para las revelaciones.

EL QUE ERA Y YA NO ES PERO SERÁ

La Bestia que has visto, existía y ya no existe, pero volverá a subir desde el Abismo para ir a su perdición. Y los habitantes de la tierra cuyos nombres no figuran en el Libro de la Vida desde la creación del mundo, quedarán maravillados cuando vean reaparecer a la Bestia, la que existía y ya no existe. Para comprender esto, es necesario tener inteligencia y sutileza. (v.8y 9)

Vaya, pues ciertamente se necesitará mucha inteligencia y sutileza, porque no parece que el ángel se explique como un libro abierto precisamente, pero ya explicamos antes por qué todo en este libro es tan críptico. A ver quién puede ser esa bestia que existía y ya no existe pero volverá a subir desde el Abismo, que en lenguaje bíblico significa el infierno. O sea, esa bestia es alguien que era y ya no es, luego cuando Juan escribe el libro esa persona está muerta, pero volverá a subir desde el infierno, o sea, resucitará. ¿Extraño verdad? Pues no es tan extraño si conocemos las creencias de aquella época. Hay una persona que encaja con esa descripción. ¿Adivinan quién?

Nerón incendio de RomaEn el año 68, el cruel y despiadado Nerón, aquel que había sido azote de los cristianos y déspota sanguinario, se suicidó. Y entonces surgió una leyenda. Muchos de sus seguidores pensaban que realmente no había muerto, sino que había huido al país de los Partos (Persia). Creían que pronto volvería y encabezaría un ejército para vengarse de sus enemigos y recuperar el poder en Roma. Esta leyenda fue llamada “Nerón redivivo”, y se extendió tanto que eran muchos los que esperaban el inminente regreso de Nerón. Los cristianos, era de esperar, esperaban ese regreso temblando, pues aún tenían reciente el recuerdo de las bestialidades que Nerón había cometido contra ellos. Al final, con el paso del tiempo, la leyenda evolucionó y muchos llegaron a pensar que el mismo Satanás regresaría a la tierra en forma de Nerón, para seguir aterrorizando a la gente. Así que la bestia sobre la que monta la Ramera es Nerón, el emperador que había masacrado a los cristianos no mucho antes de escribir Juan estas palabras. Pero quienes identifican a la Bestia (el Anticristo) con el papa, lo tendrán muy complicado para explicar a ver cómo explicar eso de que fue, ya no es pero volverá. Sin embargo parece que ese detalle prefieren ignorarlo porque no les encaja. Y seguimos.

LOS SIETE REYES

Las siete cabezas son las siete colinas, sobre las cuales está sentada la mujer. También simbolizan a siete reyes: cinco de ellos han caído, uno vive y el otro todavía no ha llegado, pero cuando llegue, durará poco tiempo. En cuanto a la Bestia que existía y ya no existe, es un octavo rey, que a su vez, pertenece al grupo de los siete y también va a su perdición. (v. 9-11)

En el Apocalipsis es frecuente encontrar múltiples simbologías superpuestas, así que no es de extrañar que la bestia sea Satanás, y también Nerón, y también la ciudad de Roma, como nos indica esta otra interpretación de que las siete cabezas de la bestia son las siete colinas sobre las cuales está sentada la mujer. Y aún más, esas siete cabezas también representan a siete reyes: cinco han muerto, uno vive y el otro aún no ha llegado pero durará poco.

La Bestia que sube del marIdentificar a estos 7 reyes no es tan sencillo, pues en una época de continuas luchas civiles no todo el mundo reconocía como legítimos a los mismos emperadores. De todas formas, si intentamos interpretar los datos de este libro de forma literal nos chocaremos constantemente con la misma piedra de lo absurdo. El Apocalipsis está lleno de símbolos, y especialmente simbólico es su uso de los colores y de los números, como en todos los libros proféticos. En el caso de las 7 colinas sí se estaba usando el número en un sentido literal, pero en la gran mayoría de los demás casos, los números tienen un valor simbólico. El 7 a menudo simboliza la perfección, y por tanto también la complexión, así que los 7 reyes podrían simbolizar la totalidad de los reinados humanos o al menos de la Roma Imperial, así que el último de los 7 reyes sería uno que duraría muy poco porque su reinado marcaría el fin del imperio, y efectivamente, el último emperador romano, Romulus Augustus, no llegó a reinar ni siquiera un año. Y aún así, eso no quiere decir necesariamente que Juan esté describiendo a ningún emperador en particular ni un acontecimiento futuro concreto, también pudiera ser todo pura simbología sobre el fin de una era o un estado de las cosas, sobre el fin de las persecuciones.

Más enigmática resulta la nueva referencia a Nerón, que es contado como “el octavo rey”, pero “que a su vez pertenece al grupo de los siete”. Tal vez esto sea porque a Nerón lo cuenta dos veces, una cuando estaba reinando y otra cuando regrese ese Nerón mítico que en realidad es Satanás. Y en verdad que la identificación entre Nerón y Satanás se hace en más de una ocasión en el Apocalipsis. Una de las escenas más famosas de este libro es cuando se nos describe a esta bestia de siete cabezas por primera vez. Allí, en el capítulo 13, se nos identifica a la bestia como el representante de Satanás, el Anticristo, pero también se nos la identifica como Nerón, es el famoso número de la bestia.

EL NÚMERO DE LA BESTIA

Para esto se precisa sutileza. El que tenga inteligencia calcule la cifra de la Bestia, porque es una cifra humana: 666. (Apocalipsis 13:18)

666, el número de la bestiaEste número ha sido interpretado de muchísimas maneras. Básicamente, cada sector ha encontrado la manera de sacar de ese 666 el nombre de su mayor enemigo, incluso a Mahoma o a políticos de ayer y de hoy. Por eso no es de extrañar que los fundamentalistas, una vez más, identifiquen al 666 con el papa. La conversión numérica, ya usada en tiempos del Apocalipsis, consiste en identificar cada letra con un número, y luego ir sumando los resultados, así que cualquiera puede jugar a encontrar una equivalencia. Pero si somos más serios y no nos lo tomamos a juego, hay que hacerlo como lo hacían los antiguos. Antes del uso moderno de los números árabes, los números se representaban mediante letras, tal como aún hacemos con los numerales latinos, así que V sería 5, X 10, M mil, y las letras que no tienen valor numérico no se cuentan. Siguiendo esta táctica, la identificación con el papa se suele basar en transformar en cifras la frase “Vicarius Filii Dei”, que significa “el vicario del Hijo de Dios”. Por ejemplo tomemos la palabra “Vicarius”:

V=5 I=1 C=100 A=/ R=/ I=1 U=V=5 S=/, total= 112 FILII= 1+50+1+1= 53, DEI= 500+1= 501

112 + 53 + 501 = 666

Ingenioso, ¿verdad? Pero hay un problema, el título de “Vicarius Filii Dei” nunca ha sido un título de los papas. Los papas son “vicario de Cristo” (Vicarius Christi), pero no “vicario del Hijo de Dios”. Tal expresión, es verdad, no es una invención protestante, como muchos afirman, sino que está sacada de un documento medieval falsificado llamado “La donación de Constantino”. Allí se menciona esa frase una sola vez, y no como título, sino solo como referencia. Pero Juan utiliza el 666 como un código que puede ser descifrado (“el que tenga inteligencia que calcule la cifra de la bestia”), y sería absurdo que en lugar de utilizar un nombre o un título conocido por todos, fuese tan rebuscado como para acudir a una mención suelta hallada en un documento falso. Juan da su cifra para que la gente sepa de quién habla, no para que no se entere nadie. Es más, en dicho documento, esa frase no se refiere al papa, sino a Pedro, así que según esos cálculos el Anticristo sería el apóstol San Pedro (!).

En el año 1915, la revista americana Our Sunday Visitor publicó en su número del 18 de abril la siguiente pregunta-respuesta a propósito de este mismo asunto:

– Cuáles son las letras que aparecen en la corona papal [tiara] y qué significan?
– Las letras inscritas en al corona papal son estas: “Vicarius Filii Dei”, que en latín significa “Vicario del Hijo de Dios”.

tiaraEsto resucitó la polémica del famoso 666 papal entre amplios sectores protestantes, sobre todo evangélicos. Lo triste es que tal revuelo fue provocado por una información falsa, o bien por mala información o por engaño manifiesto. Jamás ninguna tiara papal ha llevado esa inscripción. En realidad las tiaras no llevan inscripciones, hasta donde nosotros sabemos, pero desde luego ninguna lleva esa. En la actualidad aún se conservan 20 tiaras papales, incluidas las de la época de Uriah Smith (s. XIX), que fue quien elaboró esta famosa teoría, y ninguna de ellas luce semejante inscripción, ni hay por ningún sitio constancia de que alguna vez tal inscripción existiera en algún sitio que no fuera la citada falsificación.

En una página adventista leída recientemente afirmaba el autor que “por supuesto los católicos, que son muy listos, han hecho desaparecer esa tiara para que nadie la vea”. A eso le llamo yo dar pruebas contundentes, la tiara con esa inscripción existía, pero la han destruido para que nadie la vea. Y aún a día de hoy, miles y miles de personas siguen usando este argumento en sus razonamientos. También podemos decir que si transformamos las letras de ese supuesto título papal en números romanos, tendríamos que ser consecuentes y sumarlos del mismo modo que cualquier romano lo habría hecho, en agrupaciones horizontales, porque IV no es 1+5, sino 4, con lo que las cifras extraídas serían las siguientes:

VICIVILIIDI= VI+C+IV+I+L+II+D+I = 6+100+4+1+50+2+500+1= 664

Igual que se ha hecho con el latín, se puede hacer con el inglés, como por ejemplo si probamos con el nombre de Ellen Gould White, una de los líderes adventistas americanos del XIX (recordemos que solo usamos las letras que equivalen a números romanos, pues estamos usando el alfabeto latino):

LLVLDVVI= 50+50+5+50+500+5+5+1= 666

Por tanto esos cálculos modernos no presentan ninguna seriedad. Del mismo modo otros fundamentalistas, sin duda con menos cultura, han sacado el 666 de otra frase aún más rebuscada: “The Latin speaking man”, expresión del inglés moderno que significa “el hombre que habla latín” (que según ellos es evidentemente el papa), y que además la transliteran con caracteres griegos para obtener el resultado deseado de 666.

NerónAl menos estos últimos tienen en cuenta un hecho importante, Juan escribió su libro en griego, la lengua materna de sus lectores, así que su 666 tiene que proceder de una palabra griega, no latina. Pero hay un detalle más, este sistema de numerología con significado místico pertenecía a los judíos. Juan no se limitó a hacer un juego de transliteraciones para acabar con una cifra, necesitaba utilizar la numerología de la mística judía para hallar un número cargado de simbolismo, así que lo que hizo fue tomar un nombre griego pero transformarlo según las reglas de la mística judía (lo que luego sería la cábala). El título “Nerón Cesar” en griego transliterado con letras hebreas es: נרונקסר, y si transformamos esas letras en números obtenemos el 666. Y como era de esperar, ese número además está cargado de simbolismo. El 7 es el número de la perfección, el 6 simbolizaba la imperfección (porque no llega al 7), y por tanto el 666 simboliza la imperfección suprema, el mal, la trinidad del mal como opuesta a la Trinidad de Dios, o sea, Satanás, así que esta bestia es la representante de Satanás, es decir, el Anticristo (Satanás mismo está representado en el Apocalipsis como otra bestia, un dragón de 7 cabezas coronadas). Como este libro fue escrito durante las persecuciones de Domiciano, Nerón es usado como símbolo de las persecuciones imperiales, pues fue él quien las inicio y uno de los más despiadados, así que el Anticristo es el César de Roma, sea Nerón, Domiciano o cualquier otro de los que se pusieron al servicio de Satanás para intentar destruir a la Iglesia.

Y hay otro argumento que apoya esta interpretación. Juan dio el número para que la gente dedujera el nombre (por tanto no debía ser difícil de hallar para sus lectores), y bien parece que los cristianos sí entendieron a quién se refería, la prueba es que conservamos algunas antiguas copias del Apocalipsis en donde el número de la bestia no aparece como 666, sino como 616. Esa variación puede deberse a que el escriba consideraba que lo importante no era este o aquél número, sin la identificación de Nerón en números, y si en lugar de usar el título en griego (Neron Kaisar) usamos el título latino (Nero Caesar), al aplicar la numerología hebrea nos da el número 616.

LA BESTIA DEL PROFETA DANIEL

Basta ya de Nerón y volvamos a nuestro capítulo 17 al encuentro de nuestra abandonada Ramera.

Los diez cuernos que has visto son diez reyes que todavía no han recibido su reino, pero que recibirán el poder real, juntamente con la Bestia, sólo por una hora. Todos están de acuerdo en poner a disposición de la Bestia su autoridad y su poder. (v. 12-13)

Bestia 4 DanielDe nuevo más reyes y más números, y de nuevo es necesario interpretar esto de forma simbólica y no literal. Estos diez reyes no deben interpretarse como posteriores a los 7 reyes antes mencionados, sino como otra simbología sobre los gobernantes venideros, pues todavía no han recibido su reino. El significado de esta simbología, como tantas otras del Apocalipsis, hay que buscarlo en el libro de Daniel. Esta bestia se parece a la cuarta bestia del sueño de Daniel, así que su significado debe de estar relacionado de algún modo:

Después de esto, yo estaba mirando en las visiones nocturnas y vi un cuarto animal, terrible, espantoso y extremadamente fuerte; tenía enormes dientes de hierro, comía, trituraba y el resto lo pisoteaba con las patas. Era diferente de todos los animales que lo habían precedido, y tenía diez cuernos. Yo observaba los cuernos, y vi otro cuerno, pequeño, que se elevaba entre ellos. Tres de los cuernos anteriores fueron arrancados delante de él, y sobre este cuerno había unos ojos como de hombre y una boca que hablaba con insolencia. (Daniel 7:7-8)

Es interesante que a continuación Daniel ve al Hijo del Hombre descender del cielo, el cual le arrebató el poder a la bestia. Por eso se identificó a ese llamado “Hijo del Hombre” con el Mesías esperado, y por esa razón Jesús se llama a sí mismo “el Hijo del Hombre”, en referencia a este pasaje. También en el Apocalipsis vemos cómo finalmente Cristo arrebata a la bestia su dominio y establece un reino que, tal como cuenta Daniel, no tendrá fin. Pero veamos qué significado nos da Daniel de esta bestia de diez cuernos.

En cuanto a los diez cuernos, de este reino surgirán diez reyes, y otro surgirá después de ellos: será diferente de los anteriores y abatirá a tres reyes. Hablará contra el Altísimo y maltratará a los Santos del Altísimo. Tratará de cambiar los tiempos festivos y la Ley, y los Santos serán puestos en sus manos por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo. Pero luego se sentará el tribunal, y a ese rey se le quitará el dominio, para que sea destruido y aniquilado definitivamente. Y la realeza, el dominio y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo. Su reino es un reino eterno, y todos los imperios lo servirán y le obedecerán». (Daniel 7:24-27)

No vamos a entrar a descifrar todos los detalles de esta interpretación de Daniel por no alargar este artículo en exceso, pero vemos que en realidad Daniel está hablando de la misma bestia que nos cuenta Juan en el Apocalipsis, una bestia que representa a un linaje de gobernantes que atacarán a los santos de Dios (los cristianos) e intentará profanar todo lo sagrado. También Daniel nos dice que esos gobernantes anticristianos dominarán a la Iglesia por cierto tiempo, pero que finalmente su dominio será destruido y la Iglesia triunfará, y su reino será eterno. Así que básicamente Juan, al recordarnos la bestia de 10 cuernos de Daniel, lo que quiere es que los cristianos recuerden las antiguas promesas de Dios, dando así mayor solidez a su mensaje. Dios predijo ya esos tiempos de persecución, pero prometió que tras esa dura etapa el Pueblo de Dios triunfaría. Y eso mismo es lo que Juan quiere transmitir a lo largo de todo su libro. No olvidemos que aunque hoy una bestia de diez cuernos no signifique nada para la mayoría de la gente, los cristianos y judíos de aquella época estaban muy instruidos en las escrituras, y al leer sobre una bestia de diez cuernos fácilmente recordarían la otra bestia descrita por Daniel y todas sus circunstancias.

Las trompetas del Juicio Final

Las trompetas del Juicio Final

Pero hay una diferencia entre lo que cuenta Daniel y lo que cuenta Juan. Daniel habla de diez reinados sucesivos que durarán “un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo”. En total, tres tiempos y medio, que según los cálculos bíblicos equivale a 1.260 años. Sin embargo Juan también habla de diez reinados, pero nos dice que su reinado solo durará una hora, o sea, muy poquito tiempo. Los aficionados a buscar interpretaciones literales y echar cuentas para averiguar el día del Juicio Final rápidamente se pondrán manos a la obra y calcularán que Daniel escribió en torno al año 600 a.C., así que según él el Reino de Dios debería haber llegado en torno al siglo VII. Pero no se trata de eso, se trata simplemente de que Daniel profetiza la persecución de cristianos y su final triunfante para siglos más tarde, mientras que Juan, recogiendo esa profecía, la actualiza y nos dice que esos tiempos de persecución anunciados son los que en esos momentos está viviendo la Iglesia, y que tal como anunció Daniel, la persecución finalizará con el triunfo de la Iglesia, y ese triunfo está ya muy cercano, como efectivamente ocurrió. En el siglo IV, con la llegada de Constantino, cesaron las persecuciones romanas y la Iglesia en poco tiempo triunfó sobre todo el imperio. Es más que probable que si los cristianos del siglo I supieran que las persecuciones durarían hasta el siglo IV no se sentirían tan optimistas, pero desde la perspectiva histórica debemos admitir que la época de las persecuciones fue corta, y gracias a que los cristianos resistieron llenos de fe y esperanza el fin llegó y la Iglesia resultó triunfante, tal como anuncia Juan en su siguiente versículo, hablando de los 10 reyes:

Ellos lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles. (v. 14)Rey de Reyes

LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

Así que esos gobernantes atacarán a los seguidores de Jesús, pero Cristo triunfará y con él su Iglesia. Y ahora nos explica lo que significan los ríos que hay a los pies de la bestia:

Los ríos –continuó diciéndome el Ángel– a cuya orilla está sentada la Prostituta, son los pueblos, las multitudes, las naciones y las diversas lenguas. (v. 15)

Roma (el Imperio Romano) ocupaba todas las naciones conocidas, todos los pueblos, y por tanto gobernaba sobre multitudes. Además el Imperio descansaba alrededor del Mar Mediterráneo, que es a lo que quizá se refiere aquí como “los ríos”. Pero esos ríos podrían también ser simplemente ríos, refiriéndose a todos los grandes ríos conocidos, pues a menudo se utilizaba el nombre de un río para describir la tierra por la que pasaba, así Egipto estaba asociado al Nilo, el Tigris y el Eufrates a Mesopotámia, el Tíber a Roma, el Jordán a Palestina, etc. Por eso los diferentes ríos representan aquí a diferentes naciones, las que componen el Imperio Romano.

Los diez cuernos que viste, así como también la Bestia, acabarán por odiar a la Prostituta, le quitarán sus vestidos hasta dejarla desnuda, comerán su carne y la consumirán por medio del fuego. Porque Dios les ha inspirado que ejecuten lo que él ha decidido, poniéndose de acuerdo para entregar su poder real a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios. (v. 16-17)

Invasiones bárbarasAquí describe la caída de Roma. Los poderosos, en la Roma decadente, solo codician poder y riquezas, no miran ya por el bien del Imperio. Al igual que muchos políticos actuales, estos gobernantes usarán el poder para intentar conseguir más poder, más riquezas, a costa de debilitar al estado y arruinar al pueblo. De esta forma el mal se adueña del estado, la sociedad entra en el caos y la Roma imperial va quedando debilitada hasta que llegue su final. Cuando las tribus germánicas entren en Roma ya no habrá poder capaz de hacerlas frente.

Y la mujer que has visto es la gran Ciudad, la que reina sobre los reyes de la tierra. (v. 18)

Y así termina el capítulo sobre la Gran Ramera. Esa Ramera es la gran Ciudad que reina sobre los reyes de la tierra (del mundo conocido), la Roma imperial. En el siglo XVI se podía considerar, forzando un poco la metáfora, que el papa gobernaba sobre los reyes de Europa (que no de la tierra), porque al menos tenía cierto poder sobre ellos, pero actualmente ya no se puede defender una idea semejante. El papa Francisco no reina sobre los reyes de la tierra, así que resulta del todo incomprensible que alguien pueda decir aún hoy en día que el papa de Roma es claramente la Gran Ramera descrita en el capítulo 17 del Apocalipsis. Se necesita mucho fanatismo y mucha ceguera, entre otras cosas, para ser capaz de mantener esa afirmación y decir que el papa es el Anticristo. Pero en fin, tiene que haber de todo en esta vida.

Los fundamentalistas, que consideran que toda la historia del Apocalipsis se refiere a acontecimientos del futuro, interpretan literalmente muchas cosas (las que les conviene) y por ejemplo utilizan este versículo para “demostrar” que estas cosas no han ocurrido aún, sino que ocurrirán en algún momento futuro:

Y un Ángel poderoso tomó una piedra del tamaño de una rueda de molino y la arrojó al mar, diciendo: «Así, de golpe, será arrojada Babilonia, la gran Ciudad, y nunca más se la verá». (Apocalipsis 18:21)

destrucción BabiloniaEllos dicen que esa gran Babilonia no puede representar a la Roma Imperial, porque Roma sigue en pie y nunca ha sido arrasada hasta el punto de que “nunca más se la verá”. Por lo tanto, se trata de la Roma de los papas, y en algún momento futuro será destruida por completo, lo cual aún no ha sucedido. Frente a esto (y otros ejemplos por el estilo que ellos ponen) se pueden hacer dos comentarios. Por un lado se podría interpretar como que efectivamente la Roma imperial desapareció por completo, aunque queden algunas ruinas de sus antiguos edificios, porque ese mundo, esa Roma, pereció y en su lugar se alzó una ciudad y una civilización nueva. También Jesús dijo de Jerusalén que no quedaría piedra sobre piedra (Lucas 19:41-44) y no lo podemos interpretar literalmente porque sí quedaron algunos restos, como el Muro de las Lamentaciones, que son muchas piedras sobre piedras.

Por otro lado podemos argumentar que esa Roma es el símbolo del poder represor, el Imperio Romano, que sí quedó destruido por completo, y si ellos quieren interpretar esas palabras de forma literal, entonces tendrán muchísimos problemas en compaginar la interpretación literal de estas frases con la interpretación literal de otras muchas frases del mismo libro. Lo que no se puede hacer es coger un texto y seleccionar lo que te interesa según tu propio criterio, diciendo esto es literal y esto es alegórico. Si se empeñan en que según el Apocalipsis Roma tiene que ser arrasada por completo y desaparecer para siempre, del mismo modo deberían aceptar que el libro profetiza que algún día llegará un papa con siete cabezas y diez cuernos, y entonces sí que estaremos todos de acuerdo en que, tal como anunció el Apocalipsis, el Anticristo ha llegado, y es un papa. De hecho hay fundamentalistas convencidos de que la bestia de siete cabezas aparecerá tal como la describe este libro.

INTERPRETACIÓN A LA CARTA

Las 3 bestias del Apocalipsis: Satanás, el Anticristo y el Falso Profeta

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En una página web fundamentalista, que defendía insulto tras insulto que “el papote” de turno siempre era el Anticristo, terminaba haciendo varias preguntas a los apologistas católicos, como si fueran preguntas que nadie podría responder a menos que admitiera su interpretación del Apocalipsis. Una de las preguntas es esta:

Que nos demuestren esos papistas cuándo la bestia con siete cabezas y diez cuernos (que simboliza el Imperio Romano) tuvo exactamente DIEZ reyes aliados que entregaron su poder a la bestia (Ap.17:12-13), que nos digan quiénes eran esos diez reyes, y en qué fecha entregaron su poder a la bestia.(http:// www. las21tesisdetito. com / granramera.htm)

La respuesta es fácil, como ya hemos comentado en este artículo, no existió ni existirá una bestia de siete cabezas con diez cuernos, y esos diez reyes son un número simbólico, no se refiere a diez reyes reales con nombres y apellidos. Pero la pregunta en realidad se vuelve en su contra, porque no somos nosotros quienes estamos haciendo interpretaciones literales o cuasi-literales de los pasajes de este libro, son ellos, así que para que sus argumentos resulten convincentes deberían ser capaces de darnos ellos la respuesta y decirnos quiénes eran esos diez reyes. Pero su respuesta es evidente, dirán que esos reyes todavía no han nacido o no han completado su número porque el libro nos está hablando de acontecimientos futuros. Pero en ese caso, si los diez cuernos de la bestia son algo que vendrá en el futuro, en el fin de los tiempos, ¿cómo es que la bestia del Anticristo existe desde hace dos mil años? Cuando quieren decir que la bestia es el papa, entonces la bestia ya está aquí, cuando quieren decir que las siete cabezas representan a la Roma papal, entonces las cabezas ya están aquí, y cuando no saben qué reyes son esos diez cuernos, entonces es porque los cuernos todavía no están aquí, sino que son algo futuro. Parece una forma de razonar muy poco seria.

George Bush AnticristoEllos parten de una idea preconcebida, y a partir de esa idea van interpretando cada frase según se acomode a sus creencias e ignorando las que no encajan. Siguiendo esa misma manera de funcionar nosotros podríamos tomar el Apocalipsis y “demostrar” que la gran ciudad de Babilonia es Nueva York, que el Anticristo es el presidente Obama, o George Bush, y que la destrucción de las Torres Gemelas es una de las plagas del Apocalipsis. De hecho no es broma, ya hay gente que ha llegado a esas conclusiones. Obviamente gente que odiaba a Bush y al imperialismo americano. Es más, cuando escribimos este ejemplo lo hicimos simplemente echando imaginación, pero más tarde, por curiosidad, buscamos en internet a ver si a alguien se le había ocurrido ya semejante interpretación surrealista, y efectivamente lo encontramos. No solo en internet, incluso han escrito un libro explicando lo exacto de esas interpretaciones, se titula “Is George Bush the Antichrist?” (¿Es George Bush el Anticristo?), y su autor, R. Stephen Hanchett, afirma poder demostrar precisamente que sí, que está todo bien claro en el libro del Apocalipsis, solo hay que saber verlo. Algunos de sus lectores afirman que sus argumentos son totalmente convincentes, aunque otros afirman que lo único convincente del libro es que el autor odia profundamente a George Bush, ¿les suena la motivación? Por supuesto, si transformamos el nombre de “George Bush” según la numerología hebrea, el resultado es ¿lo adivinan? 666, y también le sale el 666 si primero traduce el nombre al código ASCII ¿qué más pruebas necesitan? La mayoría de los comentarios dejados en Amazon parecen confirmar que el libro les ha convencido, o que al menos les ha parecido que utiliza argumentos de mucho peso.

Por fortuna, buena parte de los protestantes consideran esa interpretación del papa como el Anticristo como cosas del pasado. Según nuestro análisis, La Bestia y la Ramera que la cabalga representan una misma cosa, aunque con diferentes niveles de interpretación: la Gran Ramera representa a la Roma imperial, y la bestia, que es el Anticristo, puede ser Nerón o puede ser simplemente la encarnación del emperador, o incluso podría ser Nerón como representante de los emperadores, del poder de Roma, y por supuesto también es Satanás, la encarnación del mal. Todo lo demás son fantasías interesadas destinadas a fomentar el odio.

Las bodas del Cordero: Jesús y su Iglesia

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CONTRA EL PELIGRO DE VER LO QUE UNO QUIERE VER

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, el problema de la Biblia es que no es un libro que venga con un manual explicativo. Todo puede interpretarse con mejor o peor atino y darse significados diversos, cualquier cosa puede ser considerada en un sentido o bien literal o bien figurado, y eso hace que con un mismo texto se defiendan creencias muy diferentes. Los católicos y ortodoxos no tenemos peligro con ello porque preservamos la Tradición, y con ella conservamos la fe de aquellos que fueron enseñados por los mismos apóstoles. Un verdadero católico no puede analizar un pasaje y sacar sus propias conclusiones, porque si se sale del marco de la Tradición entonces sus conclusiones son erróneas, nuestras ideas no pueden contradecir a las de los primeros cristianos y ahí tenemos nuestro límite y nuestro marco de referencia.

Pero un protestante no reconoce ninguna tradición que limite su capacidad personal de interpretación, de ahí que cuando se enfrenta a un texto tan simbólico e interpretable como el Apocalipsis, su imaginación pueda volar hasta límites insospechados. Y si además, siente una profunda animadversión contra la Iglesia, entonces le resultará relativamente sencillo buscar las interpretaciones necesarias para que la Iglesia Católica resulte ser lo contrario de lo que es en el libro, y en lugar de ser el pueblo cristiano perseguido aparezca como el poder satánico opresor.

No es de extrañar que analizando esos mismos textos otros hayan creído ver claramente que el Anticristo no es Nerón ni el papa, sino Mahoma, o Hitler, o Lutero, o muchos otros. Para ver claramente cómo las interpretaciones personales pueden acabar desvariando hasta niveles absurdos permítanme utilizar un ejemplo (exagerado) sobre estas falacias citando a Greg Oatis en su artículo “El paganismo de la Iglesia Católica”:

McDonalds“Los arcos dorados” son conocidos en todo el mundo como el símbolo identificativo de McDonald’s. Sin embargo, debemos señalar que el arco fue usado habitualmente por los antiguos babilonios en sus puertas y palacios. De hecho, en pinturas realizadas por los babilonios, ¡vemos que sus reyes son representados en marcos con forma de arco! También sabemos que Nabucodonosor, rey babilónico, ordenó a sus súbditos que adoraran una imagen de oro (Daniel 3, 5-10). Y Babilonia era conocida en el mundo antiguo como “la ciudad dorada”. Finalmente, nótese que la primera letra de McDonald’s, la M, es la decimotercer letra del alfabeto (inglés), un número reconocido como poseedor de un poder místico y que trae mala suerte. ¿Puede ser eso una simple coincidencia? Incluso, ¿a qué señala la M además de a McDonald’s? Claramente a Moloc, el dios pagano del fuego adorado en Babilonia. ¿Y qué se utiliza para calentar la comida en un McDonald’s moderno? La electricidad, ¡que muchos asociarían con una forma controlada de fuego! Por tanto, ¿quién puede dudar que la cadena de restaurantes de McDonald’s, conocida por sus arcos dorados, es en realidad un culto mistérico relacionado con el dios de fuego adorado por la antigua realeza babilónica?

Señores, un poquito de por favor.

Pero quizá la forma más radical de demostrar la falsedad de estas identificaciones sea demostrando, también Biblia en mano, y siguiendo sus mismas metodologías, el mayor de los absurdos: que Jesús es el Anticristo. De hecho esa identificación, a pesar de ser ilógica y falsa, resulta más sólida que la de afirmar que es el papa. Puede leer ese artículo en:

La falacia de la Sola Scriptura (o el absurdo de que Jesús es el Anticristo)

También puede encontrar argumentos muy sólidos en contra de algunas identificaciones protestantes, como la de que Roma es la ciudad de las 7 colinas o la de que los papas visten o vistieron de púrpura y escarlata en este otro artículo:

La Ciudad de las 7 Colinas

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23 thoughts on “EL APOCALIPSIS: La Gran Ramera de Babilonia y el papa

  1. para mi, todos los comentarios son buenos y respetados, pero lo importante de ser creyentes en Cristo, es que debemos prepararnos guardando los mandamientos que mismo Jesucristo expreso por su paso por esta tierra, para que cuando nos toque dejar este mundo podamos gozar el arrebato con gozo de haber hecho bien las cosas, no creen?…..Bendiciones a todos

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