El canon bíblico del Antiguo Testamento


Antiguo TestamentoAlgunos acusan a Constantino de haber fijado el canon bíblico en Nicea y de haber manipulado los libros del Nuevo Testamento para adaptar el cristianismo a sus intereses. Esta acusación solo puede venir de los ateos, pues todos los cristianos y paraprotestantes aceptan el Nuevo Testamento tal cual es. Y sobre la falsedad de esa acusación hemos hablado en este artículo que pertenece a la serie de Constantino y Nicea. Pero hay otra polémica en torno al canon bíblico que proviene de los protestantes y que afecta al Antiguo Testamento. Aquí trataremos sobre este tema y veremos por qué los protestantes han rechazado varios de los libros del canon bíblico del Antiguo Testamento y si ese rechazo está o no justificado.

Los libros que los protestantes han rechazado son 7: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Macabeos 1 y 2. Además de estos libros, también han rechazado fragmentos de otros dos: Ester y Daniel. Como vimos en el anterior artículo, Lutero intentó eliminar varios libros del Nuevo Testamento pero no lo consiguió. Sin embargo sí consiguió eliminar los últimos libros del Antiguo Testamento porque pensó que el canon judío era más fiable que el preservado por la Iglesia Católica. Lutero no tenía toda la información histórica que hoy tenemos, aunque tampoco fue una decisión del todo carente de fundamento. Veamos cómo surgen ambos cánones y por qué Lutero se pasa al canon judío.

LA SEPTUAGINTA O BIBLIA DE LOS SETENTA

SeptuagintaEn el siglo III a.C. la mayoría de la comunidad judía, que vivía fuera de Palestina, hablaba griego, así que en Alejandría, capital de la cultura por entonces, se decide la muy necesaria tarea de comenzar a traducir por primera vez la Biblia al griego para hacerla más accesible a los judíos de habla griega, que en su mayoría ya no la podían entender bien en su idioma original. Esa será la llamada Septuaginta o Biblia de los 70 (por el número aproximado de sabios que se decía habían participado en la traducción); también se la conoce como el canon griego o el canon alejandrino.

En esos momentos el canon judío estaba casi fijado, y el consenso era más o menos total desde el Génesis hasta Esdras, que narra la vuelta del Exilio (538 a.C.) y la subsecuente reconstrucción de la nación de Israel. Pero en cuanto a los libros posteriores había algunas diferencias de opinión. Los judíos de Alejandría eran tan ortodoxos como los demás, pero cuando tradujeron al griego sus libros sagrados, algunos de ellos pertenecían a ese grupito de libros sobre los que el consenso no era pleno, aunque sí eran aceptados por buena parte de la comunidad judía en general.

Codex Sinaiticus

Septuaginta del Codex Sinaiticus s.IV

Cuando aparezca el cristianismo y se extienda por el imperio nos encontramos bien pronto con que la mayoría de los cristianos son de habla griega, así que como es lógico usaban los escritos del Antiguo Testamento en la versión griega de la Septuaginta. Por eso mismo es también normal que los textos del N.T., que están todos en griego, usen la Septuaginta en sus citas y referencias al A.T. Del mismo modo los demás textos escritos por la Iglesia primitiva (además de los incluidos luego en el N.T.), son escritos en griego en su mayoría, y por tanto manejan en sus referencias la versión griega de la Septuaginta. Por todo eso podemos entender que el cristianismo desde el principio utiliza mayoritariamente la Septuaginta griega como la versión “oficial” de facto del A.T. Puesto que el canon alejandrino era el usado por la Iglesia Primitiva, la clasificación, el orden y el nombre de los libros del Antiguo Testamento cristiano siempre ha sido el de ese canon. Incluso los que posteriormente defendieron el canon hebreo, incluidos los actuales protestantes, han mantenido siempre esa estructura alejandrina, una prueba más de que ese canon fue la base del A.T. cristiano.

Y mientras los cristianos están usando el canon griego de la Septuaginta, los judíos aún no se han puesto de acuerdo al 100% sobre cuáles son exactamente los libros sagrados de su Biblia. A finales del siglo primero o principios del segundo, posiblemente en la ciudad de Yavné, los judíos terminan por llegar a un consenso y fijan su canon. No tiene nada de extraño que ese canon no coincida del todo con el canon alejandrino de la Septuaginta, pues este nuevo canon judío, llamado también el canon palestino o canon hebreo, es fijado unos dos siglos más tarde. Pero esa decisión judía es ya posterior a Cristo, así que no debería afectar a los cristianos, que en su mayoría siguen fieles al canon de la Septuaginta sin sentirse reflejados en las decisiones de unas autoridades que ya no son las suyas.

EL NUEVO PUEBLO DE DIOS

La Iglesia primitivaEn realidad no es correcto decir, como a veces se dice, que el Pueblo de Dios cambia de miembros, que pasa de judíos a cristianos, sino que Dios establece una nueva alianza y, como siempre, quienes aceptan el pacto siguen dentro del Pueblo de Dios (o entran en él si estaban fuera), y quienes lo rechazan voluntariamente se salen de ese Pueblo. Veamos esto con un ejemplo actual: Cuando Facebook cambia las condiciones de uso los usuarios son notificados, si en el plazo indicado rechazan las nuevas condiciones entonces pierden la membresía y quedan fuera, pero si lo aceptan siguen como estaban, miembros de ese servicio web, y a partir de ese momento quienes quieran acceder al servicio por primera vez pueden hacerlo pero aceptando las nuevas condiciones, no las antiguas. Nadie diría Facebookque Facebook ha abandonado a sus usuarios y se ha buscado otros nuevos, simplemente ha ocurrido que Facebook ha cambiado su contrato, y los usuarios son libres de aceptar las nuevas reglas o abandonar. Sería surrealista pensar que los usuarios que se han salido de Facebook pudieran tomar decisiones que afectasen contractualmente a quienes han permanecido en él. Utilizando ese mismo símil podemos decir que, con la llegada de Jesús, Dios actualizó el contrato y así se lo notificó a los usuarios, a través de la predicación de Jesús y luego de sus discípulos. La firma de aceptación de las nuevas condiciones de uso fue, y es, el bautismo.

Desde el punto de vista teológico, quienes aceptan el nuevo pacto pasarán a llamarse la Iglesia, del griego “ecclesia“, palabra que no es un concepto nuevo sino que ya se utilizaba en la Septuaginta para traducir el hebreo “qahal“, que significa “congregación [de Israel]” o “Pueblo de Dios”. Por tanto Iglesia y Pueblo de Dios son en realidad una misma palabra en diferentes idiomas, no hay discontinuidad. El Antiguo Testamento habla de Qahal porque está escrito en hebreo, y el Nuevo Testamento habla de Iglesia porque está escrito en griego, pero ambos se refieren al mismo concepto: El Pueblo de Dios.

Jesús crucificadoTras Jesús el término Iglesia (Qahal, Pueblo de Dios) será usado ya solamente para referirse a la comunidad que lo aceptó como Mesías, los cristianos, y no para el resto de judíos, así que la protección del Espíritu para preservar la verdad permanece dentro de los miembros de esa Iglesia, y no en una asamblea de autoridades judías formada por la porción del Pueblo de Dios que quedó fuera de la nueva alianza. No entraremos aquí a considerar en qué lugar queda ese resto del pueblo judío con respecto al pacto nuevo, pero está claro que los judíos ya no tienen nada que opinar sobre las doctrinas o libros sagrados de los cristianos, del mismo modo que los cristianos nada tienen por qué influir en las decisiones que los judíos tomasen entonces o ahora. Nosotros, espiritualmente, somos herederos y continuación de los judíos anteriores a Jesús, pero la llegada de Jesús supone una nueva etapa en la que el testigo queda en manos de los judíos y gentiles que aceptan a Jesús como Mesías, los cristianos, y el camino que a partir de ese momento vayan siguiendo el resto de judíos es ya su camino, no el nuestro.

Y así quedan las cosas a comienzos del siglo segundo, por un lado tenemos a los cristianos, que utilizan el antiguo “canon alejandrino”, y por otra tenemos ahora a los judíos, con su recién definido “canon hebreo”. Entre ambos cánones hay solo unos cuantos libros de diferencia (presentes en el canon cristiano pero rechazados en canon judío) y cada pueblo seguirá con su canon durante siglos… Hasta que en el siglo XVI Lutero reflexiona sobre la situación. Puesto que Lutero rechaza la Tradición y la considera falsas adiciones doctrinales de la Iglesia Católica, igualmente considera que los libros “de más”, según él, presentes en las biblias cristianas son igualmente adiciones erróneas de la Iglesia, pues la Biblia judía no posee tales libros como sagrados, y no olvidemos que por entonces se consideraba erróneamente que el canon judío era el más antiguo. Por lo tanto decide sacarlos del canon. Ya vimos que también del N.T. intentó sacar varios libros que no se ajustaban bien a sus ideas, pero sin éxito. En el A.T., sin embargo, su decisión de rechazar el canon alejandrino para adherirse al canon hebreo sí tuvo éxito entre sus seguidores. El resultado es que la Biblia protestante no es fiel a la Tradición de la Iglesia primitiva, sino que equivocadamente acepta la decisión de la asamblea judía de finales del siglo I o II como si el Espíritu hubiera guiado a esa asamblea judía en lugar de guiar a las comunidades y concilios de la propia cristiandad.

Aunque algunos eruditos protestantes (en especial G W Anderson) han puesto en duda esta imagen, aduciendo que el canon alejandrino no contenía todos los libros adicionales que la Iglesia primitiva “incorporó” a la Septuaginta, los recientes hallazgos de los rollos del Qumrán han demostrado que al menos bastantes de esos libros sí eran utilizados también por los judíos de Palestina a principios del siglo primero, lo cual es una prueba más de que algunos de los libros que finalmente no fueron sancionados dentro del llamado canon hebreo sí eran considerados libros sagrados por los judíos palestinos de la época de Jesús, no solo por los de la diáspora, y por tanto resta toda credibilidad a la idea de que los primeros cristianos añadieran a la biblia judía libros que todos los judíos rechazaban. Y desde el punto de vista teológico, si pudiera demostrarse que aquellos cristianos realmente incorporaron libros nuevos, eso simplemente mostraría que el Espíritu Santo les guió para incorporar a su canon libros sagrados del mismo modo que les guió para elegir correctamente aquellos libros sagrados que debían configurar el N.T. Se mire como se mire, no tiene sentido ignorar la decisión de la comunidad cristiana primitiva en favor de la decisión posterior de una comunidad judía que ya no formaba parte (al menos en plenitud) del Pueblo de Dios.

FIJACIÓN DEL CANON HEBREO

Friso Destrucción JerusalénEs clave entender que cuando los judíos deciden fijar definitivamente su canon ya han sido expulsados de Palestina, su capital y su Templo están arrasados, y necesitan más que nunca reforzar su identidad para no desaparecer como nación en la dispersión. Por eso su decisión sobre qué libros componen el canon está muy condicionada por su necesidad de reafirmarse étnica, cultural y religiosamente como judíos frente a sus dos principales rivales que amenazan con asimilarles y por tanto hacerles desaparecer como nación: la religión cristiana y la cultura griega. Teniendo esto en cuenta entendemos mejor cuáles son las condiciones que los eruditos judíos de esta época (siglo II d.C.) pusieron para aceptar a un libro como canónicos:

– Concordancia con la ley mosaica (los libros del Pentateuco)
– Haberse escrito en Palestina y antes de la muerte de Esdras (s. V a.C.)
– Que hubiera una copia del libro en cuestión que se supiera que fue escrita antes del año 300 (cuando la helenización llegó a Palestina, con los problemas culturales y religiosos subsecuentes)
– Que dichas copias estuvieran escritas en hebreo o cuando menos arameo (no griego, la lengua y cultura invasora y la lengua de los escritos Cristianos)
– Que tuviera un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (Judío).

Estas condiciones, indirectamente asumidas por Lutero al suscribir este canon hebreo, son las causantes de que los libros deuterocanónicos, que sí se hallaban en el canon alejandrino, fueran luego excluidos del canon hebreo, junto con los fragmentos de Ester, Daniel y Jeremías que solo se conservaban en griego. Señalemos también que si aplicásemos esas mismas condiciones a los libros del N.T. tendríamos que rechazar todos ellos, pues todas y cada una de las condiciones (al menos las 4 primeras) dejarían al N.T. fuera del canon.

Lo curioso es que los mismos judíos decidieron hacer una excepción con el libro de Daniel, pues aunque consideraban que se escribió después de Esdras, las profecías que hace contra el opresor helenista Antíoco Epifanes los seleucidas griegos en general les parecían dignas de ser consideradas de inspiración divina, algo que encaja perfectamente con la idea que expresamos de que al definir su canon pretendían también reafirmarse como nación frente al enorme desafío de la Diáspora. También es significativo que a pesar de rechazar esos libros, una de sus fiestas sagradas siga basándose en ellos: Hanuka (libro de Macabeos).

EL SILENCIO DE DIOS

Esta perspectiva ofrecía a los desterrados judíos dos grandes ventajas, una era aumentar su nacionalismo rechazando todo escrito redactado en griego o conservado solo en traducción griega (como Macabeos, que fue escrito en hebreo pero solo se conserva la traducción griega). Y la segunda era que de este modo se cerraba el período de revelación siglos antes de la venida de Jesús, buscando así distanciarse del pujante cristianismo y para que no pareciera, como ocurre, que había sido Jesús el que había puesto fin a la continua revelación de Dios. O cerraban la revelación mucho antes de Jesús o la tendrían que cerrar mucho después, por eso cerraron el canon con los profetas Esdras (458 a.C.), Nehemías (445 a.C.), y Malaquías (433 a.C.) y no aceptaron ningún libro posterior al s. V a.C. Así dejaron fuera del canon los últimos siete libros anteriormente reconocidos por el canon judío alejandrino y de ese modo Jesús parecía un elemento tardío y lejano, ajeno a la historia de la revelación divina, sin conexión con el Antiguo Testamento, como un pegote muy posterior.

El Silencio de DiosLa revelación es progresiva, va preparando al Pueblo de Dios poco a poco para la llegada de Jesús, y resulta que justo los siglos anteriores a Cristo ¿Dios no tiene nada que decir? El Exilio supuso un enorme punto de inflexión en la evolución de Israel, la manera de entender a Dios y de relacionarse con él da un enorme giro en cuestión de una sola generación, aparece la sinagoga y surge lo que ahora llamamos “el judaísmo”, se refuerza enormemente la esperanza en la próxima llegada de un mesías. Los israelitas pasan a ser judíos. ¿Y es precisamente en esa fase tan interesante e importante cuando Dios se calla y no dice nada? No resulta creíble ni lógico. Gracias a los libros escritos entre el siglo V a.C. y la llegada de Jesús podemos percibir esa continuidad de la revelación y comprender mejor el contexto histórico, cultural y doctrinal en el que aparece Jesús. Para un judío moderno, el hecho de que Jesús llegue siglos después de haberse cerrado el libro de la Revelación divina es una prueba más de que el mensaje de Jesús está fuera y alejado de esa revelación, pero para un cristiano la revelación es continua hasta que muere el último de los apóstoles, no puede ser que la Revelación nos describa paso a paso todo lo ocurrido desde David hasta el exilio (500 años) y de repente calle durante varios siglos para, ploff, colocar a Jesús en la tierra como si en esos siglos no hubiera ocurrido nada digno de comentar, como si nada hubiera cambiado en todo ese tiempo.

Pero en realidad no hubo un “silencio bíblico” (una ausencia de Revelación) en los siglos precedentes al nacimiento de Jesús. No pudo haberlo. Aquella era la última etapa de revelación justo antes de la venida del Mesías. La Biblia, de uno u otro modo, nos presenta la historia de salvación como una historia ininterrumpida que comienza con la creación del mundo y acaba con la venida de Jesús, sin espacios en blancos. Las frecuentes genealogías que encontramos en la Biblia (en el Antiguo y Nuevo testamento) son un claro esfuerzo por mostrarnos que esa historia es un continuum desde Noé hasta Jesús, sin interrupciones ni saltos en el vacío. Algunas épocas aparecen narradas con detalle y otras muy de pasada, pero nunca hay etapas “desaparecidas” de la narración. Por lo tanto, suponer que la Palabra de Dios calla durante medio milenio, desde el siglo V a.C. hasta la llegada del siglo I d.C., sería una seria anomalía, una interrupción de la revelación divina que solo podría favorecer las tesis judías de que Jesús no tiene nada que ver con la Revelación. Para los cristianos de la Iglesia Católica, tal silencio no existe y la revelación se muestra como un continuum ininterrumpido desde la Creación hasta la Redención. Para los protestantes, la revelación es como un río que fluye continuamente desde la Creación hasta Nehemías, y entonces, antes de llegar al mar, desaparece, y de un salto nos encontramos de repente en su desembocadura, sin saber ni cómo hemos podido llegar hasta allí.

ENTRANDO MÁS EN DETALLE

rollos del Antiguo TestamentoPero si en vez de la visión general queremos descender mucho más en los detalles, las cosas no son tan simples como hemos expuesto aquí, y en esta página intentamos ser siempre lo más fieles a la verdad posible. Lo cierto es que no podemos saber con total certeza qué libros son exactamente a los que Jesús se refiere cuando dice “Las Escrituras”, pues en esos años el canon judío aún no estaba del todo fijado e incluso en la misma Palestina algunos libros eran aceptados como Palabra de Dios por unos pero no por otros. Aunque sí hay indicios (ver ejemplos en el Apéndice B al final), no está del todo claro que Jesús citara libros deuterocanónico (los del canon alejandrino que no se encuentran en el canon hebreo), pero igualmente hay muchos otros libros del canon hebreo que Jesús tampoco cita (Josué, Jueces, Cantares, Lamentaciones, etc) y sin embargo sabemos que sí eran considerados por todos como Escrituras sagradas. Jesús Incluso cita como Escritura algunos pasajes cuyo origen se desconoce, y Pablo cita varios libros judíos que no fueron recogidos ni en el canon alejandrino ni en el hebreo, todo lo cual demuestra que en esos años no había aún unanimidad absoluta sobre qué grupo de libros formaban la Biblia y que el argumento protestante de que Jesús no cita este o aquel libro cae por su propio peso, pues si solo consideramos sagrados los libros citados por Jesús o Pablo, nos veríamos obligados a quitar del Antiguo Testamento otros libros e incluso tendríamos que incorporar algunos libros nuevos. Recordemos una vez más que la ausencia no equivale a negación, o quienes eso defienden deberían reducir el Antiguo Testamento aún más.

(en los apéndices A y B al final de este artículo puede encontrar ejemplos de referencias a esos libros hechas en el N.T. y también por parte de autores cristianos de la Iglesia primitiva)

Filón de Alejandría

Filón de Alejandría

Como hemos dicho, no sabemos de cierto qué libros exactamente consideraban sagrados los primeros cristianos de Palestina, pero puesto que los judíos de la Diáspora hablaban griego y usaban mayoritariamente la Septuaginta griega, está claro que cuando San Pablo y los demás apóstoles empezaron a predicar fuera de Palestina se encontraron con judíos que tenían el canon alejandrino. Si los apóstoles hubieran considerado que ese canon no era correcto, el asunto sería de gran importancia y en el Nuevo Testamento tendríamos más de un sitio en donde se nos advirtiera contra ello. O si no conservásemos nada escrito al respecto, en sus predicaciones habrían advertido a los cristianos de que debían abandonar ese canon. Pero lo que nos encontramos es lo contrario, todos los cristianos del siglo primero y segundo no sólo siguen el canon alejandrino sino que citan a los libros deuteronómicos (los que están en el canon alejandrino pero no el judío posterior) como Escrituras al mismo nivel que los demás. Este hecho ya podría ser considerado prueba suficiente de que los apóstoles los aprobaban.

Los cristianos no hicieron ninguna distinción entre la sacralidad de unos y otros libros, considerando a todos ellos por igual Palabra de Dios, incluso es probable que compartieran el criterio del filósofo judío Filón de Alejandría (10a.C-50d.C), a quien los cristianos consideraron casi uno de los suyos, y pensaran que incluso la misma traducción griega en sí misma era tan inspirada como los originales hebreos y arameos, idea que defienden hasta hoy en día los ortodoxos. Fue más tarde, a finales ya del siglo segundo, cuando algunos grupos cristianos empiezan a considerar que el canon hebreo debería ser más fiable, pues es el de los judíos. Esta idea probablemente provenga del mismo error que la reflexión que siglos más tarde haría Lutero: si el A.T. es judío, la versión conservada por los judíos debe de ser la más auténtica. En cualquier caso, esa postura no pasó de ser minoritaria y la Iglesia siguió mayoritariamente usando la Septuaginta griega hasta el punto de que cuando decida declarar oficialmente el canon cristiano en el siglo IV, en cuanto al A.T. se limita a refrendar el canon alejandrino usado hasta entonces.

El error de quienes consideraban el canon hebreo “más auténtico” gozó posteriormente de cierta influencia hasta el punto de que se acuñó el nombre de “deuterocanónicos” para referirse a los libros del canon alejandrino que no aparecen en el hebreo. La palabra griega “deuterocanónico” significa literalmente “segundo canon”, porque erróneamente se llegó a pensar que el canon hebreo era el auténtico (pensando que el canon hebreo había sido fijado siglos antes del cristianismo) y por tanto el canon alejandrino sería el segundo canon. Hoy sabemos perfectamente que fue al contrario, que primero fue el canon alejandrino y el canon hebreo no llegó hasta muchos años después de la resurrección de Jesús. Pero no podemos olvidar que ese malentendido no estaba presente en la Iglesia Primitiva, que conocía la situación. El término “deuterocanónico” no fue acuñado hasta después de Lutero, en 1556, por Sixto de Siena, teólogo católico de origen judío que pensó, como Lutero y tantos otros por entonces, que el canon hebreo había sido fijado mucho antes que el alejandrino. Los protestantes suelen preferir para estos libros el término de “apócrifos”, dándole el sentido de “no canónicos” o incluso “falsos”. Pero estrictamente hablando deberíamos llamar a estos libros “protocanónicos“, o sea, “del primer canon”, pues son los 7 libros que dos o tres siglos más tarde desaparecerán del segundo canon, o sea, el canon hebreo.

Señalar también la errónea creencia, aún difundida entre ciertos sectores judíos y protestantes, de que el canon judío ya había quedado fijado en tiempos de Esdras (s.V a.C.). En el siglo primero nos consta que los judíos tenían dudas sobre la canonicidad de algunos libros como el Cantar de los Cantares, Eclesiástico, Proverbios, Esther, Ezequiel… Y además tenemos las diferencias entre el canon palestino y el alejandrino, por no hablar de que esenios, saduceos, fariseos, etc. tenían diferencias de canon también. Si en tiempos de Esdras el canon hubiera quedado fijado, no tendría sentido que en el siglo primero continuasen las discusiones sobre el canon. Lo cierto es que las primeras referencias claras que encontramos a un canon ya cerrado y fijado no aparecen hasta Flavio Josefo en el año 93 d.C. y Esdras IV, de la misma época o posterior. Fue en época de la Ruptura Protestante cuando apareció con fuerza esta teoría que llegó incluso a tener seguidores entre las filas católicas, pero en la actualidad ningún historiador la defiende porque no hay ninguna evidencia a favor (ninguna lista concreta de libros) y por el contrario muchos datos en su contra. De hecho Flavio Josefo tampoco nos da una lista, sólo un número, y la primera lista concreta de libros del canon judío no la tenemos hasta Esdras IV, escrito en los últimos años del siglo d.C. primero, según muchos, o incluso a principios del siglo III d.C. según otros.

LOS ROLLOS DEL QUMRÁN ARROJAN NUEVA LUZ

Cuevas de Qumrán

Cuevas de Qumrán

El canon alejandrino fue el primer canon judío y se completó décadas antes del nacimiento de Cristo. El canon hebreo no se decidió hasta alrededor de un siglo después de Cristo y la redacción actual que conservamos de sus textos proviene del llamado canon masorético, que fue redactado principalmente entre los siglos IV y X de nuestra era. La elección del canon hebreo o el alejandrino encierra un asunto aún más complejo, pues no solo se trata de qué libros forman parte del canon, sino que también existen algunas diferencias en la redacción de los textos.

En el cristianismo moderno, hasta hace poco, cuando encontrábamos diferencias entre el texto hebreo y el alejandrino se suponía que el texto hebreo era el original y el alejandrino una mala traducción tardía o un error del copista. El descubrimiento de los rollos del Qumrán, hallados junto al Mar Muerto a mediados del siglo XX, nos trajo una sorpresa inesperada. Allí se encontraron muchos libros bíblicos enteros o en fragmentos (escritos en hebreo y arameo) que son los más antiguos que se conservan (siglos III-I a.C.). Hasta entonces, los textos hebreos más antiguos conservados eran textos masoréticos del siglo X, y se consideraba que ellos mostraban las fuentes originales de los libros bíblicos, algo de lo cual Lutero (como muchos otros) estaba convencido. En griego, sin embargo, las biblias con el canon alejandrino casi completo más antiguo conservadas (Codex Vaticanus y Codex Sinaíticus) databan del siglo IV, seis siglos más de antigüedad, sin contar libros sueltos o fragmentos mucho más antiguos, y contienen los libros deuterocanónicos (protocanónicos), pero como se trata de una traducción al griego, se consideraba que el masorético era fiel al original y el alejandrino una traducción no siempre correcta.

Los libros hallados entre los rollos del Mar Muerto incluyen fragmentos de casi todos los libros del actual canon hebreo, excepto Ester y Nehemías. También incluyen fragmentos de los deuterocanónicos, como Tobías, Eclesiástico, Baruc y partes deuterocanónicas de Daniel, así que podemos contrastar casi todo el A.T. Comparando esas antiguas versiones del Mar Muerto con los textos del canon alejandrino y del canon hebreo masorético vemos que la traducción griega del canon alejandrino es más fiel a esos antiguos textos que la traducción masorética. Por tanto el canon alejandrino no solo es más antiguo que el hebreo, sino también más fiel al texto original, en contra de lo que hasta hace poco se creía.

texto masorético

texto masorético con anotaciones vocálicas encima y debajo

La razón por la cual los textos del actual canon hebreo son menos fiables se debe a que el alfabeto hebreo no tenía vocales y por tanto algunas palabras escritas se podían interpretar de varias maneras. En época de Jesús en Palestina se hablaba el hebreo (sobre todo en el sur), el arameo (sobre todo en el norte) y el griego como lengua franca, por lo que mucha gente (también Jesús) era bilingüe o trilingüe. Tras la Diáspora judía del siglo primero, el idioma hebreo se fue perdiendo y llegó un momento en que los judíos ya no eran capaces de leer correctamente sus libros sagrados. Por ello decidieron poner a trabajar a un grupo de expertos que reconstruyeran los textos bíblicos introduciendo en ellos las vocales que faltaban, de modo que se supiera con claridad el significado de las palabras dudosas y también permitiera leer los textos correctamente. Estos eruditos, llamados “masoretas”, tuvieron que hacer una cierta labor de interpretación. Imagínese la situación en castellano, si tuviéramos escrita la palabra “gst” podríamos interpretarla como “gasto”, “gesto”, “gusto” o incluso “agosto”, y el contexto no siempre aclararía por completo la elección.

Los traductores del canon alejandrino, que conocían bien ambos idiomas, no tendrían mucho problema, pero los muy posteriores redactores masoretas, que ya no hablaban ese idioma, y que además no se encontraban bajo la protección divina (que por entonces estaba en la Iglesia cristiana) pudieron cometer errores de interpretación. Incluso San Jerónimo, en su traducción en Palestina de los textos hebreos al latín (la Vulgata), podía estar más cerca del sentido original, pues fue justo en esa época cuando el hebreo dejó de hablarse normalmente y pasó a ser solo lengua de culto, por lo que muchos judíos aún podían entender sin problemas los textos bíblicos. Pero después del siglo IV la comunidad judía de la Diáspora se alejó cada vez más del hebreo y pasó con el tiempo a hablar principalmente yiddish (basado en el alemán) o sefardí (castellano arcaico), además de la lengua de su país de asentamiento.

Es por eso que la antigua traducción griega es más fiel a los textos originales, pues fue realizada por hombres bilingües que hablaban el hebreo y el griego y que por tanto no necesitaron hacer interpretaciones para decidir lo que el texto quería decir. Por eso, cuando en una frase encontramos una diferencia entre el texto masorético del canon hebreo y el texto griego del canon alejandrino, al contrario de lo que antes se creía, resulta que la versión de confianza es la griega, tal como han demostrado los rollos del Mar Muerto. Esos rollos a veces utilizan vocales (a diferencia del hebreo estándar). Además también tienen traducciones de muchos de esos libros al arameo y a veces también al griego, lo que nos aclara mejor el sentido original de esas palabras, pues hemos de recordar que los judíos de esa época usaban esos tres idiomas y por tanto sus traducciones eran fiables. Los masoretas, sin embargo, tuvieron que interpretar palabras de un idioma que ya no era el suyo y sin más ayuda que el texto consonántico.

Por eso se puede decir que si bien ambas versiones han conservado un alto nivel de fiabilidad, la versión griega en realidad es más fiable, pues al tener vocales podemos estar seguros de que ha sido trasmitida fielmente, mientras que la versión hebrea, al añadirse las vocales siglos después, no se puede garantizar que la elección de vocales fuera siempre la correcta. Incluso dentro de los textos masoréticos del siglo X encontramos dos grandes tendencias, la escuela de Aaron ben Moses y la de Moshe ben Naftali. Los textos de ambas escuelas prácticamente coinciden en cuanto a las consonantes, pero en muchos casos difieren en cuanto a las vocales añadidas (lo cual puede cambiar del todo una palabra). Así que si la introducción de vocales creó diferencias incluso entre los propios textos masoréticos, cuánto mayores serían esas diferencias con respecto al significado original de los textos hebreos, lengua que los masoretas ya no hablaban. Sin embargo la traducción griega no tuvo ese problema y pudo preservar las palabras originales a través de los siglos sin necesidad de cuestionarse si tal palabra era esta o en realidad otra.

Rollos del Mar Muerto

Rollos del Mar Muerto

Vemos también que algunas de esas diferencias consisten en que el texto griego a veces es más “imperfecto”, en el sentido de que está menos pulido y brillante que el texto hebreo masorético, otro rasgo que antes se atribuía a la mala traducción, pero ahora vemos en los rollos del Mar Muerto que los textos hebreos de los que procede la versión griega muestran esas mismas característica, lo cual demuestra ahora lo contrario, que la versión hebrea masorética ha sido algo pulida con el tiempo mientras que la griega muestra los textos más en bruto, más primitivos, como eran originalmente. Estas variaciones suelen afectar a la forma más que al contenido del mensaje, pero son una prueba más de que la versión griega refleja mejor la original que la masorética, la cual sufrió siglos de debate y pulido e importantes correcciones de estilo.

Podemos decir que si la Iglesia primitiva, que estaba inspirada por Dios, usaba la versión griega, en caso de variaciones deberíamos pensar que la forma griega es la más verdadera. Podríamos incluso decir que la traducción griega de los 70 fue una maravillosa herramienta que Dios nos dejó para asegurarnos de que su Palabra quedaba preservada para el futuro sin el peligro de error que la versión original hebrea sin vocales inevitablemente tendría que padecer una vez que el hebreo dejara de hablarse. En los planes divinos no quedan nudos sin atar. Así lo entiende la Iglesia Ortodoxa, que considera la traducción griega de los 70 como inspirada por Dios, y visto lo visto, muy probablemente tengan razón.

SITUACIÓN ACTUAL

San JerónimoEs justo reconocer que la diferencia entre ambos cánones produjo durante los siglos frecuentes posturas distintas sobre si los libros deuterocanónicos tenían el mismo nivel doctrinal que los demás o menos, aun siendo todos considerados canónicos. Según las épocas se consideraron más de una u otra forma, y puesto que la versión oficial que se impuso en Occidente fue la traducción latina de San Jerónimo (la llamada Vulgata) y éste, en contra del parecer del papa, consideraba dichos libros como “menos sagrados”, por decirlo de alguna forma. Esa opinión suya, personal que no oficial, influyó constantemente a muchos teólogos católicos posteriores en la Iglesia de Occidente. Cuando a esta situación se unió la reacción de Lutero sacando a esos libros directamente del canon sagrado, la Iglesia consideró que era necesario aclarar el asunto definitivamente estableciendo un dogma. Y lo hizo en el Concilio de Trento (1546), donde declara como igualmente sagrados todos los libros que forman la Biblia católica, incluyendo los deuterocanónicos en igualdad de consideración, terminando así con los reparos de algunos. Puesto que Jesús prometió que no abandonaría a su Iglesia y que el Espíritu Santo la preservaría siempre del error para que “las puertas del infierno no prevalecieran contra ella”, esta decisión del concilio, como las anteriores, debe considerarse inspirada (Mateo 16:18).

pastor luteranoEn cuanto a los protestantes, algunas iglesias descartan dichos libros por completo y otras los incluyen en sus biblias en un apartado especial (entre el A.T. y el N.T.) considerándolos libros edificantes pero sin valor doctrinal, aunque algunas de ellas incluso los utilizan también en sus liturgias. También entre las iglesias ortodoxas hay disparidad de criterios y, al contrario que los católicos, no han tomado ninguna decisión oficial sobre el grado de canonicidad de tales libros, aunque en la práctica suelen emplearse como parte plena del canon.

Como pueden comprobar, el canon exacto del Antiguo Testamento es un asunto complejo, pero para los católicos y ortodoxos toda esta polémica en ningún momento ha supuesto ninguna amenaza sobre la auténtica verdad de la Palabra de Dios, pues al ser la Biblia fruto de la Tradición y no a la inversa, nunca ha existido el peligro de que estas controversias pudieran afectar a la auténtica doctrina cristiana. Es en el protestantismo donde este asunto resulta crucial, pues al basarse en la Sola Scriptura, ninguna doctrina puede ser admitida a menos que esté recogida en algún libro de la Biblia, por lo que admitir o no cierto libro supone admitir o no ciertas doctrinas.

Cuando describimos el modo en que los antiguos cristianos fijaron el canon del Nuevo Testamento (ver artículo) vimos que un factor fundamental para aceptar un libro en el canon era el hecho de que ese libro reflejara fielmente las doctrinas católicas y que no hubiera en él nada que las contradijera. Ese mismo factor se puede aplicar a los libros deuterocanónicos (ver artículo), y vemos que en ellos no hay nada que contradiga las doctrinas cristianas defendidas por la Iglesia Católica (en su versión romana y ortodoxa) así que no hay motivo para que sean sacadas del canon o consideradas “escrituras sagradas de segunda categoría”. Si a ello unimos la mencionada decisión del concilio, inspirada por el Espíritu Santo (como todos los concilios) y en sintonía con la Iglesia de las catacumbas, entonces podemos considerar para nosotros la polémica totalmente zanjada.

CONCLUSIÓN

Hasta el siglo III a.C. los judíos (y samaritanos) consideraban canónico el Pentateuco (los 5 primeros libros de la Biblia), lo que llamaban, y aún llaman, la Torah, lo que Jesús llama “la Ley”. Y hasta ahí llegaba el consenso. El segundo pilar de las Escrituras, lo que Jesús llamaba “los Profetas”, estaba más o menos definido, y el tercero, “los Escritos” (a los que Jesús llama “los Salmos”, Lucas 24:44, quizá por ser el libro más largo de ellos) era el que menos consenso alcanzaba. La primera vez que el pueblo judío decide hacer una recopilación de los escritos sagrados, o sea, un canon de facto, es al elaborar la Biblia de los Setenta (canon alejandrino). Este canon no fue universalmente aceptado íntegramente, pero fue ampliamente usado y asumido hasta finales del siglo I, momento en el que los judíos, ya en la Diáspora, se replantean la necesidad de fijar un mismo canon para todos, pero limpiando de él todo elemento que pueda traer ecos de la cultura griega o de la religión cristiana. Por eso podemos afirmar que el canon hebreo no solo es un canon creado muchos años después de Cristo, y por tanto ajeno al cristianismo, sino que además es un canon que se crea no solo al margen de, sino como reacción en contra del cristianismo y de la lengua griega, que es también la lengua de las comunidades cristianas de esa época y de sus escritos. Es por eso que abandonar el canon alejandrino de la época de Jesús y la Iglesia naciente para asumir un canon posterior y en parte hostil al cristianismo es comprensible cuando se trata del pueblo judío, pero incomprensible cuando se trata de un movimiento cristiano. Incluso un protestante tiene que admitir que después de Cristo el Espíritu Santo ya no guiaba con infalibilidad a aquellos que quedaron fuera del nuevo pacto (los judíos), sino sólo a los judíos y gentiles que se sumaron al pacto de Jesús, así que asumir la decisión del concilio judío de Jamnia o algún acontecimiento semejante en donde los judíos fijaran su canon, no debería tener ningún sentido para un cristiano, sea o no católico.

Espíritu SantoUna vez dicho todo esto, en el contexto de la doctrina católica el problema de la definición del canon bíblico (pese a su larga y complicada historia) admite una solución que básicamente es muy sencilla: la Iglesia fundada por Cristo y asistida por el Espíritu Santo tenía autoridad suficiente para determinar el canon bíblico, es decir para discernir cuáles libros están inspirados por Dios y cuáles no. Con esa autoridad e inspiración le dio Dios discernimiento para señalar qué libros debían conformar el Nuevo Testamento, y con la misma autoridad e inspiración le dio Dios también discernimiento para señalar qué libros debían conformar el Antiguo Testamento. Pensar que acertó en un canon pero se equivocó en el otro supondría rechazar su infalibilidad, y por tanto poner en duda también todo el canon del Nuevo Testamento.

¿Cómo sabe el protestante que la carta a los Romanos o el evangelio según San Juan es un libro inspirado por Dios? ¿Porque lo dice Lutero? ¿Quién dio a Lutero autoridad para decidir esa cuestión? ¿Y quién le dio autoridad para decidir que los siete libros mal llamados “deuterocanónicos” no son inspirados por Dios? Cuando nos enfrentamos al canon bíblico no tenemos más remedio que admitir que esa Biblia que fue recopilada y transmitida por los cristianos de siglo en siglo, fue definida y sancionada por la autoridad de la Iglesia Católica (bajo inspiración divina). Si un protestante rechaza esa autoridad y cuestiona sus elecciones, puede acudir a la autoridad humana del pueblo judío para justificar su canon del A.T. (un pueblo judío que ya no formaba parte del Pueblo de Dios, no lo olvidemos, y por tanto no cuenta con la infalibilidad del Espíritu Santo), pero ¿a qué autoridad puede acudir para justificar su canon, nuestro canon, del N.T.? Ni siquiera un protestante puede considerar a Lutero infalible, pues entonces se verían obligados a admitir muchas doctrinas de Lutero que hoy ningún protestante acepta (como la idea de que María es madre de Dios o que el Apocalipsis tampoco es un libro canónico). Es ese un callejón sin salida en el que ha caído el protestantismo por intentar encontrar sinceramente la verdad pero sin el soporte de la Tradición.

LuteroPero si dejamos a un lado esos 7 libros de la discordia y volvemos a pensar en Nicea, los protestantes, que afirman que sólo en la Biblia está la verdad y toda la verdad, tienen que aceptar que fue precisamente esa Iglesia Católica –a la que muchos llaman apóstata y fabricada en Nicea– la que preservó y decidió de modo infalible en qué libros se encontraba la palabra de Dios. El Nuevo Testamento protestante es, guste o no, íntegramente católico, y eso muy a pesar de los intentos de Lutero por mutilarlo. El mismo Lutero, en su comentario sobre San Juan, lo reconoce sin ambages:

“Estamos obligados a reconocer a los papistas que son ellos los que tienen la Palabra de Dios, que la hemos recibido de ellos, y que sin ellos no tendríamos ningún conocimiento de ésta.”

Claro, que eso lo dijo Lutero al principio de la Ruptura, antes de que cambiara de opinión y decidiera que una parte de esa Palabra de Dios recibida de los católicos debía dejar de ser considerada Palabra de Dios. Igualmente intentó sacar del canon cristiano parte del Nuevo Testamento como el Apocalipsis y la muy católica epístola de Santiago, para lo cual adujo estas razones:

… La Epístola de Santiago es una epístola llena de paja, porque no contiene nada evangélico.” (Prefacio al Nuevo Testamento de Lutero)

“… A mi parecer [el Libro de Revelaciones o Apocalipsis] no tiene ningún indicio de carácter apostólico o profético… Cada quien puede formar su propio juicio de este libro; personalmente, le tengo antipatía, y para mí eso es razón suficiente para rechazarlo.” (Sammtliche Werke, 63, pp. 169-170)

Es una suerte para los protestantes que estas opiniones de Lutero no lograran romper el canon del Nuevo Testamento. Es una desgracia para ellos, sin embargo, que su opinión sobre el canon hebreo y el alejandrino sí lograra romper el canon del Antiguo Testamento, lo que ha privado a nuestros hermanos protestantes de una parte importante de la Palabra de Dios al rechazar esos 7 libros que faltan en su nuevo canon.

Los libros sagrados que la Iglesia consideró inspirados eran aquellos que, entre otras cosas, no contenían errores doctrinales, que se ajustaban 100% a lo que la Tradición apostólica nos había enseñado. En otras palabras: la Tradición engendró a la Biblia, no al revés. Y fue el Magisterio de la Iglesia, en un lento proceso de siglos guiado por el Espíritu Santo, el que dilucidó qué libros fueron los verdaderamente inspirados, o sea, el que fijó el canon bíblico. Pero para los protestantes, que ya se encontraron los libros escritos y el canon fijado, su situación se creó justo a la inversa, partieron del canon, de la escritura, y de ahí derivaron sus doctrinas interpretando a su modo lo que la Biblia quería decir, y de esta manera se permitieron negar a esa misma Tradición y Magisterio que son lo que justifican la infalibilidad de los libros sobre los que ellos asientan sus doctrinas. Por este motivo, en contra de lo que ellos afirman, la Iglesia primitiva en ningún momento pudo haber sido protestante, pues es imposible partir de la Sola Scriptura cuando no tienes aún clara una Scriptura en la que basarte. El protestantismo sólo pudo haber nacido cuando la Iglesia Católica ya había terminado su trabajo escritural.

Si desea leer nuestro artículo sobre el canon del N.T. vaya a: El canon bíblico del Nuevo Testamento.

El canon bíblico en el Nuevo Testamento- Tradición y Escritura

También encontrará más información en nuestro artículo sobre la Formación del Canon Bíblico.

canon-biblico

APÉNDICE A

ALGUNAS REFERENCIAS A LOS DEUTEROCANÓNICOS POR PARTE DE LA IGLESIA PRIMITIVA

  • La Didaché (hacia 60-90 D.C.) 4,5 alude al Eclesiástico 4:31. También Didaché 5,2 se refiere a Sabiduría 12:7.
  • Clemente de Roma (hacia 80 D.C.) aduce el ejemplo de Judit y la fe de Ester. También alude al libro de la Sabiduría y al Eclesiástico.
  • Ignacio de Antioquia (35-107 D.C.) alude al libro de Judit 16:14 en su Epístola a los Efesios.
  • El Pastor de Hermas (hacia 130 D.C.) tiene bastantes alusiones a diversos libros Deuterocanónicos: al Eclesiástico, a Tobías, a 2 Macabeos y a Sabiduría.
  • San Justino (+165 D.C.), en su Diálogo con Trifón acusa a los judíos de rechazar de la versión griega de los Setenta las Escrituras que testificaban en favor de Cristo.
  • Clemente de Alejandría (150-215 D.C.) conoce todos los libros y pasajes Deuterocanónicos y los considera como sagrados y canónicos.

APÉNDICE B

ALGUNAS CITAS Y REFERENCIAS A LOS DEUTEROCANÓNICOS EN EL N.T.

  • Apocalipsis 8:2: “Vi entonces a los siete ángeles que están en pie delante de Dios”.
    Tobías 12:15: “Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor”.
    La primera vez que descubrimos que son 7 los ángeles que se hallan en la presencia de Dios es en Tobías, ningún otro libro del A.T. lo afirma. En el Apocalipsis Juan nos cuenta que vio a los 7 ángeles que están en la presencia de Dios ¿Cómo puede Apocalipsis revelar una verdad que pertenece al misterio insondable de Dios y que algún hombre pueda inventar? Eso lo podían saber sólo por la revelación.
  • Juan 10:22: “Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación…” La instauración de esta fiesta se encuentra en 1 Macabeos 4:59: “Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Quisleu, se celebrara con júbilo y regocijo el aniversario de la Dedicación del altar.”
  • Judith 13:18: “¡Benditas seas, hija del Altísimo más que todas las mujeres de la tierra! Y bendito sea Dios, el Señor, creador del cielo y de la tierra”
    Lucas 1:42: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno”
    La expresión en Judith de Benditas seas más que todas las mujeres de la tierra es una expresión que más tarde Lucas la va a poner en los labios de Isabel saludando a María.
  • El consejo de Eclesiástico 5:11: “Sé pronto para escuchar; y tardo en responder” se repite en Santiago 1:19: “Que cada uno sea diligente para escuchar y tardo para hablar”.
  • Hebreos 11:35: “…Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor.” El único lugar en el Antiguo Testamento en que encuentras referencia a esto es en 2 Macabeos 7:1-29. Si no tienes 2 Macabeos esta afirmación se tendría que referir a un hecho desconocido, pero Pablo está hablando del A.T. así que tiene que ser un hecho narrado en las Escrituras.
  • Hebreos 11:38: “Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.” Puesto que aquí Pablo sigue hablando de personajes del A.T., dicha descripción parece referirse a 1 Macabeos 2:28-30: “Y abandonando todo lo que poseían en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas. Entonces muchos judíos, amantes de la justicia y el derecho, se retiraron al desierto para establecerse allí con sus mujeres, sus hijos y sus ganados, porque la desgracia se había desencadenado sobre ellos.” Y lo mismo se nos cuenta en 2 Macabeos 5:27: “Mientras tanto, Judas, llamado el Macabeo, formó un grupo de unos diez hombres y se retiró al desierto. Allí vivía entre las montañas con sus compañeros, como las fieras salvajes, sin comer nada más que hierbas, para no incurrir en ninguna impureza.
  • Romanos 9:20-21: “Pero tú, ¿quién eres para discutir con Dios? ¿Puede el objeto modelado decir al que lo modela: Por qué me haces así?¿No es el alfarero dueño de su arcilla, para hacer de un mismo material una vasija fina o una ordinaria?” Esta imagen se encontraba ya en Sabiduría 15:7: “Así un alfarero amasa laboriosamente la tierra blanda y modela cada uno de los objetos que usamos. Con la misma arcilla modela indistintamente objetos destinados a un uso noble y otros que tendrán un destino contrario; pero es el alfarero el que decide cuál será la función de cada uno de ellos.”
  • Apocalipsis 21:18: “El material de esta muralla es jaspe y la ciudad es de oro puro semejante al vidrio puro.”, etc. Esta revelación ya se encontraba en Tobías 13:16-17: “Las puertas de Jerusalén serán hechas de zafiro y esmeralda, y todos sus muros, de piedras preciosas; las torres de Jerusalén serán construidas de oro, y sus baluartes, de oro puro. Las calles de Jerusalén serán pavimentadas de rubíes y de piedras de Ofir“. ¿Podría una imagen revelada sobre la Nueva Jerusalén ser por casualidad del mismo tipo que una imagen de ella inventada anteriormente por mente humana?
  • 1 Corintios 15:29: “De no ser así ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera alguna ¿por qué bautizarse por ellos?” Aquí San Pablo tenía en mente 2 Macabeos 12:44: “porque si no hubiera esperado que los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar por los difuntos.”
  • Marcos 14:61-62: “¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y dijo Jesús: “Sí, yo soy”. Se encuentra en Sabiduría 2:13: “El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.“. Esta frase de Sabiduría es claramente una referencia a Jesús, el Hijo de Dios, algo que difícilmente habría adivinado un judío anterior sin inspiración divina.
  • Lucas 24:4: “…se presentaron dos hombres con vestidos resplandecientes.” Se encuentra en 2 Macabeos 3:26: ” También se le aparecieron otros dos jóvenes de extraordinario vigor, resplandecientes por su hermosura y vestidos espléndidamente“. La descripción de esos dos ángeles de 2 Macabeos concuerda con la que nos dará Lucas en la resurrección de Jesús.

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Si desea profundizar mucho más en detalles, citas y pruebas sobre el asunto del canon del A.T. puede leer este artículo: mucha información en: Debate sobre los libros deuterocanónicos

También puede leer este librito online sobre el tema: Historia del Canon Bíblico.

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12 thoughts on “El canon bíblico del Antiguo Testamento

  1. Saludos
    No solo a Ustedes envié un correo pidiendo copiar sus escritos y reflexiones, sino que también lo hice con las páginas que yo más visitaba; entre ellas apologéticacatólica.org. A los pocos días recibí un correo de José Miguel Arráiz diciéndome en esencia lo mismo que Usted, solo necesitaba citar la fuente; sin embargo al día siguiente me vuelve a escribir y me dice como debe ser esto, o sea la referencia debía de ser un enlace vivo.
    Viendo que me había escrito dos veces aproveché para hacerle una pregunta que al final él no me supo responder y me dijo que si en su página aparecía esto es porque lo tradujo del Inglés de Dave Armstrong, quien no le contesta.
    La pregunta exacta fue esta: “en el tema de los deuterocanónicos creo que siempre en mis discusiones he pisado terreno fangoso y es que la defensa del mismo se vuelve para mí un poco complicada, en pos de continuar conociendo quisiera me aclare sobre por qué el Concilio de Trento eliminó del canon 1ª y 2ª de Esdras y la Oración de Manasés, esto significa acaso que estos libros pertenecían a los deuterocanónicos y que por lo tanto se leyó y compartió por siglos en la Iglesia junto con estos. Si la Iglesia en Trento espigó entre un grupo de libros del segundo canon me parece que ello se opone a muchas de las ideas que hasta ahora tenía yo como correctas. El enlace de su página donde esto se encuentra es: http://www.apologeticacatolica.org/Canon/Canon18.htm”
    Empezamos a dialogar sobre la posible respuesta a esto, pero nada. Al fin me dijo que no sabía y le escribí que se lo preguntaría a Usted y si me respondía se lo haría saber a él.
    Dentro de las conversaciones él dijo “Hasta donde tengo entendido el Concilio III de Constantinopla no cerró el canon. No había escuchado eso”. He leído de Usted que sí y en Internet también hay algo que habla sobre ello afirmativamente. Pero difiere de la fecha que Usted da. ¿Fue en 691?
    Quizás la respuesta a esto es muy sencilla y ese “rechazar” de Dave no implique tanta cosa.
    DLB

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    • Empecemos primero por nuestra página.

      He comprobado que, efectivamente, hay un error en nuestro artículo. El Concilio III de Constantinopla fue en el 681, no en el 691 como ponía. Tal vez una errata, pero gracias por señalarlo. Y de paso he comprobado que la redacción del final del artículo llevaba a confusión. De todas formas allí sí se mencionaba que la declaración oficial fue ya en el sínodo de Roma del siglo IV, pero es cierto que como dogma no se declaró hasta el Concilio de Trento. Así que gracias a ti hemos corregido y mejorado esos últimos párrafos y espero que ahora sean mucho más claros.

      Por tanto lo de “cerrar el canon” del Nuevo Testamento se puede decir que ocurrió en el Sínodo de Roma del 384, pues ahí fue donde por primera vez se declara oficialmente qué libros del N.T. son canon, y así han sido hasta hoy. Pero como había una minoría de comunidades de oriente que seguían mostrando resistencia a aceptar el Apocalipsis, también podríamos decir que el canon se cerró en el Concilio de Constantinopla III, que es donde los orientales zanjaron definitivamente esas resistencias. Pero también se podría decir que el canon quedó cerrado en Trento, cuando fue declarado dogma y por tanto imposible discutirlo ya. Elegir cualquiera de esos tres momentos para el cierre del canon puede ser posible, depende del contexto. Si pensamos sólo en lo que hoy es la Iglesia católica occidental, podemos decir que el canon quedó cerrado en el 384, pues Trento no discute qué libros del N.T. deben ser o no canónicos, sino que se limita a blindar el canon existente para evitar contaminación de las nuevas herejías. Ahora veamos el canon del A.T., pues ahí está el problema que planteas.

      Dices que en nuestra página pone en alguna parte que el canon se cerró en ese Concilio III. Recuerda que eso se refería exclusivamente al canon del Nuevo Testamento, no al del Antiguo. En nuestro artículo sobre el canon del Antiguo Testamento decimos que el canon veterotestamentario fue fijado definitivamente en el Concilio de Trento en 1546, no antes. A efectos prácticos el canon ya llevaba mucho tiempo fijado, pero aún quedaban flecos sin definir.

      En cuanto a los libros que según tú se quitaron en Trento.

      La Iglesia primitiva mayoritariamente seguía el canon alejandrino de la Septuaginta. Pero este canon no era un canon único y cerrado. Tampoco era un libro, sino una colección de rollos. Esto hacía que la colección pudiese variar algo de unas sinagogas a otras, por lo que tenemos algunos libros que aparecen en unas y no en otras. Del mismo modo hay fragmentos que aparecen en unas y no en otras. Lo mismo ocurría con el otro canon, el de Jerusalén. Por eso los judíos del siglo II (varios siglos después de que se formase el canon alejandrino) tuvieron que ponerse de acuerdo para decidir qué libros exactamente debían ser considerados sagrados para ellos. Sería un absurdo que los cristianos hubiesen aceptado las decisiones de los judíos en el siglo II d.C., y no lo hicieron, pero los protestantes, 14 siglos más tarde, sí lo han hecho, y sin ser muy conscientes de ello, asumen las decisiones de aquellos judíos en vez de asumir la de aquellos cristianos.

      Los cristianos simplemente aceptaban el canon alejandrino, pero como éste dejaba lugar a algunas dudas, esas dudas pasaron a la Iglesia. Con el paso de los siglos se fue llegando a cierto consenso. En la Iglesia occidental el consenso llegó pronto, aunque como dije, quedaron algunos flecos. No así en el canon del N.T., que se fijó mucho antes.

      La traducción latina de San Jerónimo, la Vulgata, se escribió a finales del siglo IV. En aquella época el canon del A.T. estaba más o menos fijado ya, pero aún faltaban siglos para llegar a un consenso total. Por entonces la Iglesia ya había decidido que los libros que hoy llamamos deuterocanónicos (y los protestantes llaman “apócrifos”) formaban parte del canon, aunque repetidamente surgían debates al respecto. El mismo Jerónimo no era partidario de incluirlos en el canon pero el papa ordenó que se introdujeran. Aunque la mayoría estaba a favor, durante siglos no faltaron quienes estaban en contra de incluir estos libros. Pero estar en contra era permisible, porque aunque la Iglesia ya usaba un canon oficial desde el siglo IV, este canon no había sido declarado dogma, así que era oficial pero era posible discutirlo y, llegado el caso, reformarlo (si la Iglesia así lo hubiera decidido). Y así ocurrió con los libros que mencionas, los dos de Esdras y la breve oración de Manasés. Ningún misterio en todo esto.

      Que estuvieran en la versión original de la Vulgata no significa que la Iglesia los hubiera declarado infaliblemente parte del canon. En las biblias de esa época podemos encontrarnos algunos libros hoy considerados apócrifos. Las declaraciones de los concilios locales o de los sínodos obligan a la zona a la que afectan, pero pueden modificarse porque son normativos, pero nunca dogmáticos. Sólo es irrefutable, infalible y por tanto inmodificable la decisión que toma la Iglesia entera (por el papa o a través de un concilio universal) en declaración dogmática. Por lo tanto hasta que la Iglesia no da ese paso definitivo, que fue en Trento, los cambios del canon eran posibles.

      Ignoro los motivos que llevaron a la Iglesia a desestimar esos libros, y tampoco sé exactamente en qué momento dejaron de usarse como canónicos, pero fuera como fuera, hasta que el canon no quedó fijado dogmaticamente los cambios eran posibles.

      Por otra parte, a lo mejor te confunde también otra cosa. El que la Iglesia declarara a la Vulgata algo así como “la Biblia oficial” no quiere decir que esa traducción de Jerónimo fuera toda ella Palabra de Dios (lo que equivaldría a establecer un dogma). De hecho los textos griegos y hebreos seguían considerándose los genuinos. Lo que eso significaba es que de entre las muchas traducciones al latín que se hicieron desde el principio, la Iglesia declaró que la traducción oficial, la que debía usarse, la que tenía el visto bueno de la Iglesia, era la Vulgata y no otra. Pero eso no era una declaración sobre el canon. Ni tampoco significaba que la traducción jerónima fuese declarada perfecta e infalible, de hecho a lo largo de los siglos se han hecho varias revisiones y correcciones. Puede que la confusión y el mal uso que muchos hacen de estos argumentos se deba a la errónea manera de entender las declaraciones de la Iglesia como si cada cosa que dice el papa o que se dicen en un concilio fuese automáticamente dogma infalible y por tanto inmutable. Hay dogmas, declaraciones, normativas, instrucciones, e incluso simples opiniones. No siempre que la Iglesia dice algo está sentando un dogma, para hacerlo tiene que hacerlo ex cátedra e intencionadamente, así que declarar la Vulgata como “biblia oficial” y luego modificarla no supone ninguna contradicción, si es que por ahí van los tiros.

      De todas formas no estoy del todo seguro que tus dudas vayan por ahí y de qué es exactamente lo que te preocupa de todo esto. Si no es esto lo que te tiene confuso, detállame aún más cuál es el problema, o si la explicación que te doy no responde del todo la cuestión.

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      • Saludos
        Entiendo lo que me explica, pero me salpica de desaire por doquier, pues pensé que la respuesta siempre sería otra y, no que como le decía a Miguel Arráiz: la Iglesia espigó dentro del canon del AT. No obstante, sinceramente veo la lógica de la historia en esto, pero llevarles a los protestantes el “mensajito” de forma feliz será otra odisea.
        Siempre, como Usted ha dicho, los dogmas vienen a dar invulnerabilidad a las doctrinas cristianas; esto para que no pueda haber taller en su verdad, pero no como algo nuevo o del momento; y lo que me sucede es que no lo veo tan así con el canon pues Trento no solo se limitó a decir estos sí, sino que sacó libros que los cristianos del siglo XIII o… podían utilizar como inspirados.
        Claro como ya me dijo los libros fueron aceptados por concordar con la doctrina y no al revés, esto es lo esencial y lo que nos distingue de nuestros hermanos separados; pero esto me choca cuando pienso en creencias que no es posible que se hayan trasmitido de forma oral por varios motivos. Sin embargo a la hora de establecer esas creencias los padres del momento utilizan los libros del canon y esto me parece un poco circular. Quizás por no conocer a fondo este proceso, pues es lógico que, por ejemplo, Corinto guardara las cartas de Pablo y con ellas no tuvieran la menor duda.
        Yo he tratado de buscar alguna página en donde se coloquen los las declaraciones y no tan solo los cánones de los concilios (almenos los ecuménicos), pero no la he hallado ¿me puede dar la dirección de alguna si sabe? Esto porque sé que Constantinopla III, Nicea II y Florencia trataron sobre el canon, pero en qué vertientes; quizás le pregunto lo que ya me respondió pero ¿Si por ejemplo, en Constantinopla III se dice estos X libros son los inspirados, puede esto variar después en el siglo XVI?
        “En cuanto a los libros que según tú se quitaron en Trento” yo no, que yo simplemente digo lo que otro escribe.
        DLB

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      • Sinceramente, he buscado información sobre los libros que quedaron fuera en Trento y por increíble que me parezca no he encontrado nada, ni de católicos ni de protestantes, lo que es bien raro, por eso prefiero no meterme en detalles sobre un proceso que desconozco. Lo único que te podría decir es que, por las declaraciones que tengo, me parece a mí que tales libros no se quitaron en Trento sino que hacía tiempo que se habían quitado. Pero como es asunto delicado prefiero investigar más, preguntar a otros, y cuando tenga más información ya te diré. Ciertamente me parece un asunto importante que hay que saber.

        Hasta entonces quedarse con la idea de que las doctrinas de la Iglesia no surgen de los concilios sino que se sancionan en ellos, y que a lo largo de los siglos sólo se proclama un dogma en el momento en que la doctrina correspondiente se ve atacada. Así que lo importante no es cuándo el canon es declarado dogma, sino cuándo y cómo la Iglesia asume el canon. Eso creía yo tenerlo claro pero veo que me falta aclarar cómo fue el proceso con esos tres libros que mencionaste.

        Por otro lado, la revelación no es algo que quedó totalmente fijada y aclarada en el siglo I y después fue simplemente conservada por la Tradición, también el Espíritu Santo ha seguido actuando en la Iglesia y aclarando poco a poco asuntos en inicio confusos, y ese proceso de aclaración progresiva es el que ocurrió con el canon. Lo que tampoco sé es si esos libros se aceptaron oficialmente y luego oficialmente se rechazaron, pero me extrañaría mucho que fuese así. Es más probable que se considerasen parte de otros libros y que luego esos libros fuesen purgados de textos espúreos, como fue el caso con otros asuntos. Pero buena gana de especular hasta que no tenga información cierta. Igual que tú, pienso que este asunto no supone ningún problema para un católico, pero para discutirlo con un protestante no basta con argumentos católicos, lo ideal sería tener argumentos que también sean, al menos en parte, válidos para ellos.

        Cuando dije “según tú” me refería a “según tú me cuentas”, ya imagino que la información te viene de otro sitio. Pero gracias por ponerme algunas cosas patasarriba. Ya te contaré cuando sepa más. Saludos

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      • Ya voy consiguiendo más información J Carlos y cada vez parece la cosa más sencilla de explicar. Más bien me parece a mí que lo que parece complicado es el planteamiento del problema, pues eso de que la Iglesia “espigó” dentro del canon, como tú lo expresas, no parece ajustarse a lo ocurrido en ningún modo. De todas formas a la espera de obtener respuesta a varios detalles que he preguntado, dejaré la respuesta para más adelante.

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      • Por supuesto no lo sé todo, ni mis compañeros, pero de algo puedes estar seguro, lo que no sabemos lo investigamos, y si es suficientemente importante, lo investigamos hasta el final. Este asunto no parece presentar ninguna dificultad, pero quiero pulir algún detalle más.

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  2. Muy buena información, coherente en todos los sentidos, lo que nos hace falta, a mi parecer, es un corazón humilde que sea capaz de dejarse corregir y que abandone su obstinación en el error, para que busque con sinceridad verdades como estas que se mencionan aquí, las acepte o por lo menos las tome en cuenta. Gracias Cristian.

    La Paz del Señor.

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  3. Pingback: El canon bíblico en el nuevo testamento: Tradición y Escritura | Apología 2.1

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