No te postrarás ante las imágenes


Este artículo continúa la serie sobre las imágenes y es la segunda parte del artículo anterior: Sobre la prohibición de hacer imágenes

Vamos a empezar recordando cuál es el mandamiento de la polémica:

Yo soy el Señor, tu Dios, el que te libró de la esclavitud de Egipto.
No tendrás otros dioses aparte de mí.
No te harás escultura alguna o imagen de nada de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra.
No te inclinarás ante ellas, ni las adorarás; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

(Éxodo 20:1-5)

En nuestro artículo anterior vimos que judíos, católicos, luteranos y resto de protestantes hacen cada uno una división diferente de estas frases de forma que lo que para la Iglesia Católica es el primer mandamiento, para otros son dos, y entre ellos no se ponen de acuerdo sobre qué frases pertenecen al primero y cuáles otras pertenecen al segundo. Ya se explicó allí por qué ocurre esto y por qué no es tan fácil saber cuál es la división correcta, pero sea como sea, el caso es que todas estas frases son parte de los Diez Mandamientos y ahí se habla de que no podemos postrarnos ante las imágenes.

Estas son básicamente las tres posiciones que hay en cuanto a la postración según la interpretación que hace cada grupo:

1- Católicos: No podemos postrarnos ante los ídolos.
2- Muchos Protestantes: No podemos postrarnos ante ninguna imagen en actitud de culto.
3- Otros protestantes: No podemos postrarnos ante nada ni ante nadie, sólo ante Dios.

— NO TE POSTRARÁS —

En el artículo anterior ya vimos por qué la prohibición de hacer imágenes se refiere a las imágenes de ídolos en particular, y por qué incluso las imágenes de culto quedan fuera de la prohibición (pues los israelitas también las tenían). Pero si nuestra interpretación de la Biblia es compatible con el uso de imágenes, incluso las de culto, aún queda un detalle que aparentemente infringimos, se trata de la última prohibición:

No te postrarás ante ellas, ni las adorarás; porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso.

Nosotros diremos que puesto que estamos hablando de ídolos, lo que Dios prohíbe aquí es adorar o postrarse ante un ídolo, mas no ante otra imagen que no es ídolo. Pero como antes tomamos la decisión de usar la división protestante de los mandamientos, deberíamos poder demostrar que la Biblia sí permite postrarse ante personas y cosas distintas a Dios, aunque nunca ante un ídolo.

Cuando Moisés baja del Sinaí con las Tablas de la Ley y se encuentra a su pueblo idolatrando, las rompe y tiene que subir de nuevo a por una nueva copia. En esta segunda ocasión, antes de darle los mismos mandamientos otra vez, Dios hace una especie de preámbulo explicativo y nos dice entre otras cosas lo siguiente:

Porque no te has de inclinar ante ningún otro dios, pues Yahveh, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es. Por tanto, no harás alianza con los moradores de aquella tierra; porque fornicarán en pos de sus dioses, y ofrecerán sacrificios a sus dioses, y te invitarán, y comerás de sus sacrificios; o tomando de sus hijas para tus hijos, y fornicando sus hijas en pos de sus dioses, harán fornicar también a tus hijos en pos de los dioses de ellas. No te harás dioses de fundición.” (Éxodo 34:14-17)

Este fragmento se refiere al mandamiento que prohíbe hacer imágenes, las partes subrayadas son una paráfrasis de la parte del Mandamiento que hemos coloreado en azul desde el principio y aunque vienen a decir otra vez lo mismo, resultan más precisas y explicativas. Aquí queda aún más claro que Dios no habla simplemente de imágenes sino en concreto de imágenes de dioses, es decir, de ídolos. En lugar de “escultura” dice “dioses de fundición”, y en vez de “no te postrarás ante ellas” dice “no te has de inclinar ante ningún otro dios”. El pasaje intermedio sobre la prostitución es una referencia a la idolatría (en la Biblia muy a menudo se habla de la idolatría como una prostitución del espíritu).

Pero el argumento de muchos protestantes suele ser así:

1- Postrarse (arrodillarse o inclinarse, tumbarse) es un acto de adoración.
2- Sólo a Dios se adora.
3- Por eso Dios prohíbe postrarse ante cualquier persona o imagen que no sea Dios mismo. Da igual qué cosa o persona pueda ser, solo ante Dios podemos postrarnos
Por lo tanto:
C- Cuando un católico se postra ante una imagen está cometiendo un acto de idolatría (adorando a una imagen) y desobedeciendo a Dios.

Los católicos estamos de acuerdo con la premisa 2. Por supuesto no estamos de acuerdo con la premisa 1 y ya hemos visto que tampoco estamos de acuerdo con la premisa 3, pues creemos que Dios sólo prohíbe postrarse ante ídolos, no ante cualquier imagen y menos aún persona. Como resultado consideramos que la conclusión (C) de este razonamiento no es válida. Pero un protestante suele interpretar la prohibición divina de forma más restrictiva, así que para él este razonamiento sí sería válido. Sin embargo todo su razonamiento se basa en la idea expresada por la premisa 1, que postrarse y adorar son una misma cosa. Si podemos demostrar que la premisa 1 es bíblicamente falsa, incluso para un protestante todo el argumento se vendría abajo. Así que veamos si la Biblia realmente equipara postrarse con adorar o no.

¿POSTRACIÓN = ADORACIÓN = IDOLATRÍA?

Incluso cuando un protestante entiende y admite la diferencia entre ídolo e imagen sagrada, suelen mantener la idea de que cuando un católico se postra ante una imagen está realizando un acto de adoración y por tanto el católico está cometiendo idolatría con su actitud. Esta idea la apoyan en varias citas, además de lo ya visto en su modo de interpretar el mandamiento sobre las imágenes.

MATEO 4:10

En las tentaciones de Jesús, Satanás le dice “Te daré todo esto si te postras para adorarme”.

Pero esto no prueba que “postrarse” y “adorar” son una misma cosa, más bien al contrario, especifica cuál debe ser la intención de la postración. Si yo digo que Judas “besó a Jesús para traicionarle” no estoy diciendo que besar signifique traicionar.

HECHOS 10:25-26

Cuando Pedro entró, Cornelio fue a su encuentro y se postró a sus pies. Pero Pedro lo hizo levantar, diciéndole: «Levántate, porque yo no soy más que un hombre».

APOCALIPSIS 22:9

Cuando Juan se postra ante el ángel y éste le dice:

«No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.»

Pero en ambos casos, tanto Pedro como el ángel no se sienten ofendidos por la postración en sí, sino porque la interpretan como un acto de adoración, por eso Pedro le dice a Cornelio que se equivoca, “porque yo no soy más que un hombre”, y el ángel le dice a Juan igualmente “yo soy un siervo como tú” y lo aclara aún más diciendo “a Dios tienes que adorar”. O sea, lo que aquí se censura no es una muestra de respeto, sino un acto de adoración. Es fácil pensar que por supuesto que Pedro sabía que Cornelio no le estaba adorando como a un dios, pero eso no es tan evidente en esa época. Pedro hacía milagros y para un pagano eso podía ser una señal de que en realidad era uno de los dioses, que cuando querían, vagaban por la tierra en forma humana, por eso Pedro le aclara que no, que él es solo un humano. El mismo problema tuvo Pablo en Listra cuando curó a un cojo:

La gente, al ver lo que Pablo había hecho, empezó a gritar en licaonio: «Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres.» A Bernabé le llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque era quien dirigía la palabra. El sacerdote del templo de Zeus que hay a la entrada de la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas y a una con la gente se disponía a sacrificar. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus vestidos y se lanzaron en medio de la gente gritando: «Amigos, ¿por qué hacéis esto? Nosotros somos también hombres, […] Con estas palabras pudieron impedir a duras penas que la gente les ofreciera un sacrificio.

Hechos 14, 11-18

Esta cita muestra un caso idéntico a la del Apocalipsis 22:9, cuando Juan se postra ante el ángel y éste le dice lo mismo. Pero hay más. Los protestantes muy a menudo citan el caso de Juan postrándose ante el ángel como el mejor ejemplo de que la Biblia sólo permite postrarse ante Dios. Sin embargo la misma Biblia muestra otros casos en los que los hombres se postran ante ángeles y no ve en ello ningún reproche, por ejemplo:

JOSUÉ 5:13-15

Mientras Josué estaba cerca de Jericó, alzó los ojos y vio a un hombre que estaba de pie frente a él, con la espada desenvainada en su mano. Josué avanzó hacia él y le preguntó: «¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?». El respondió: «No, yo soy el jefe del ejército del Señor y ahora he venido». Josué cayó con el rostro en tierra, se postró y exclamó: «Señor, ¿qué tienes que decir a tu servidor?». El jefe del ejército del Señor le respondió: «Quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde estás parado es santo». Y Josué así lo hizo.

Al contrario de lo que ocurre en el Apocalipsis, aquí Josué también se postra ante el ángel pero el ángel (que se identifica como “jefe del ejército del Señor”, presumiblemente San Miguel) no se lo reprocha en absoluto sino que le exige más respeto aún, así que de nuevo tenemos que lo que la Biblia condena no es la postración en sí, sino la intención de adoración que pueda haber en ella. Cierto que Josué llama al ángel “Señor”, pero eso es porque los ángeles son mensajeros de Dios, así que actúan como intermediarios, la pregunta de Josué se dirige a Dios por medio del ángel (que es el que trae la respuesta), pero antes y después de esa pregunta el ángel mismo y luego el narrador identifican al ángel como “el jefe del ejército del Señor”, no como al Señor mismo. Por tanto, viendo distintos pasajes bíblicos vemos que si alguien se postra en señal de respeto (= veneración) es aceptado; si se sospecha que pueda ser en señal de adoración, es reprochado.

No podemos tomar citas sueltas y darles un significado independiente, hay que tomar toda la Biblia como una unidad y ver si esa interpretación que ellos dan (postrarse = adorar) es consistente en todos los casos o no. Es como si acaban de pintar los bancos del parque y te dicen “no puedes sentarte en los bancos”. No podemos sacar la conclusión de que esos bancos son intocables, habrá que ver en qué contexto te han dicho eso y si vemos otros contextos en los que la gente sí se sienta y se lo permiten sin problema. En este caso lo que ofende a Dios no es la imagen, tampoco es el arrodillarse, lo que ofende a Dios es adorar algo que no sea Él mismo.

En la parte primera de este artículo demostramos también que la propia Biblia acepta sin problemas el uso de imágenes siempre que no se las adore, ahora veremos que también acepta sin problemas el postrarse (arrodillarse o tumbarse en señal de respeto) delante de algo o alguien distinto a Dios siempre que no sea para adorarlo. Veamos algunos ejemplos más:

Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: «¡Mi señor, el rey!». Saúl miró hacia atrás. David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró.

Es evidente que David no pretendía con ello adorar a Saúl, sino mostrar reverencia, por eso la Biblia no lo censura. Del mismo modo vemos a Josué y los ancianos postrándose ante el Arca:

Josué desgarró sus vestiduras y se postró hasta la tarde delante del Arca del Señor, con el rostro en tierra. Los ancianos de Israel hicieron lo mismo, y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas.

Para aumentar el impacto de la escena según la óptica protestante recordemos que el Arca tenía encima dos esculturas de querubines, con lo que la visión externa es de Josué arrodillado delante de una caja dorada con dos ángeles/toros encima, es decir, Josué se postró delante de dos estatuas.

Ante esta cita lo normal es que el protestante diga que era legítimo porque Josué en realidad no se está arrodillando ante el Arca en sí, sino ante Dios. Pero lo mismo le ocurre al católico, cuando se postra ante el sagrario es ante Dios mismo que se arrodilla (el sagrario es para nosotros básicamente como el Arca de la Alianza), y cuando se postra ante un crucifijo lo hace no ante la estatua sino ante el Jesús (Dios) a quien la estatua representa, y si se postra ante la imagen de un santo lo hace del mismo modo que lo hizo David ante Saúl, como muestra de reverencia, no de adoración, y si un católico considera que una imagen de la Virgen, por ejemplo, es decorativa y no devocional, nunca se postrará ante ella porque la imagen en sí es solo piedra, yeso o madera; solo si la dota de función evocadora pasará a mostrar respeto ante ella. Si a los personajes bíblicos les es lícito postrarse ante otras personas (y también ante cosas y lugares) en señal de respeto ¿cómo no va a ser lícito postrarse ante las representaciones sagradas para mostrar igualmente reverencia?

DANIEL 8:16-17

Y oí una voz de hombre en medio del río Ulai, que gritaba, diciendo: «Gabriel, explícale la aparición a este hombre». El llegó hasta donde yo estaba, y cuando llegó, sentí un gran temor y caí sobre mi rostro. El me dijo: «Entiende, hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del Fin».

Si alguien dice que aquí Daniel no se está postrando ante el arcángel, sino que simplemente se cae de bruces por miedo, entonces es porque no está demasiado familiarizado con el lenguaje bíblico. En otros muchos pasajes encontramos la misma expresión usada como señal de adoración ante Dios o de respeto ante un hombre. De hecho en la cita que vimos anteriormente de Josué 5:13-15, cuando Josué ve al ángel la Biblia dice literalmente “Y cayó Josué en tierra sobre su rostro y le adoró“, aunque es más frecuente encontrar traducciones, como Reina Valera, que dicen “Entonces Josué postrándose sobre su rostro en tierra le adoró“. También en Génesis 17:3 se nos dice literalmente en hebreo “Y cayó Abram sobre su cara y habló con Dios…”, que encontramos traducido de formas más naturales como “Abram cayó con el rostro en tierra…” (Biblia de la web del Vaticano), o “Abram se postró sobre su rostro…” (La Biblia de las Américas, protestante).

Por tanto cuando se nos dice que Daniel cayó sobre su rostro ante el arcángel Gabriel lo que la Biblia nos dice es que se postró ante él (y suponemos que algunas biblias lo traducirán así), y ni el ángel ni el narrador critican esto en absoluto, de modo que la diferencia está no en el hecho de postrarse, sino en la intención al hacerlo. Daniel no pretende adorar al ángel sino mostrarle reverencial respeto y santo temor.

TOBÍAS 12:15-17

Yo soy Rafael, uno de lo siete ángeles que están delante de la gloria del Señor y tienen acceso a su presencia». Los dos quedaron desconcertados y cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Pero él les dijo: «No teman, la paz esté con ustedes. Bendigan a Dios eternamente.

Aquí se repite el mismo caso que en Daniel. Tobías y Tobit se postran ante el arcángel Rafael sin que éste les reproche el gesto.

1 CRÓNICAS 29:20

Después David dijo a toda la asamblea: «¡Bendigan al Señor, su Dios!». Y toda la asamblea bendijo al Señor, el Dios de sus padres, y se postró delante del Señor y del rey.

Nada menos que metiendo en el mismo saco a Dios y al rey, eso sí que suena fuerte… a menos que tengamos clara la doble naturaleza del arrodillamiento: con un solo gesto la asamblea está haciendo dos cosas diferentes. Para efectos de Dios la asamblea le está adorando, para efectos del rey la asamblea está solo mostrando sus respetos, pero en ambos casos está haciendo exactamente lo mismo y además en una sola acción; no se trata de un cambio en la acción, sino una doble intención. Solo con esta cita es suficiente para demostrar que cuando un católico se postra ante una imagen no está automáticamente idolatrando y rompiendo el primer mandamiento, pues la idolatría proviene de la actitud, no de la forma.

2 REYES 4:27

Cuando la sunamita perdió a su hijo, fue en busca de Eliseo para que le devolviera la vida:

Y al llegar junto al hombre de Dios, en la montaña, se abrazó a sus pies. Guejazí se acercó para apartarla, pero el hombre de Dios dijo: «Déjala, porque está muy apenada, y el Señor me lo tuvo oculto, no me manifestó nada».

La mujer se postró y Eliseo no se lo reprendió, es más, cuando Guejazí intentó apartarla, Eliseo no se lo permitió. Es evidente que Eliseo no se consideraba un dios, pero conocía a la mujer, y sabía que ella no le estaba confundiendo con un dios; su postración no era adoración, por eso resultaba aceptable.

Y por no cansar, veamos un último ejemplo cuando Jesús resucitó:

LUCAS 24:4-5

No sabían qué pensar de esto, cuando se presentaron ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes que, al ver cómo las mujeres se postraban rostro en tierra llenas de miedo, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

En el mismísimo momento culmen del cristianismo, cuando se descubre que Jesús ha resucitado, las mujeres se postran ante los ángeles y éstos no ponen ninguna objeción, muy al contrario que la escena de Juan en el Apocalipsis. ¿Acaso postrarse ante un ángel es idolatría o no según el capricho de Dios en cada momento? Evidentemente no, tras ver este y otros ejemplos lo que vemos es que Dios condena la postración cuando conlleva una intención de adorar, de lo contrario no hay problema.

Al parecer Juan en el Apocalipsis se postró ante el ángel con intención de adorarlo, probablemente porque le confundió con una manifestación de Dios, y éste le corrige; las mujeres del sepulcro se postraron ante los ángeles movidas por su temor y su reverencia ante seres sobrenaturales, pero en su corazón no había intención de adoración, por eso los ángeles no se lo reprochan. Dios lee en los corazones, no en los gestos externos, y esto es algo fundamental para entender lo que ofende o complace a Dios.

POSTRARSE ANTE PERSONAS

En ningún sitio se ve con mayor claridad que el postrarse (arrodillarse, inclinarse o tumbarse al suelo) puede ser una señal de respeto y no necesariamente un signo de adoración que cuando vemos en la Biblia postrarse ante una persona. Además, ya vimos que hay algunos protestantes que consideran que sólo puede uno postrarse ante Dios, así que tan blasfemo o idólatra les parece postrarse ante una imagen como ante una persona. Esa creencia no es en absoluto bíblica. Hay una gran cantidad de ejemplos, además de los ya vistos, pero veamos sólo unos pocos más:

Jacob se inclina ante Esaú

Él (Jacob) mismo… se inclinó siete veces hasta el suelo antes de alcanzar a su hermano. (Génesis 33:3)

Se acercaron las siervas de Jacob con sus hijos e hicieron profunda reverencia (ante Esaú). (Génesis 33:6)

José… se postró delante de su padre hasta tocar el suelo con la cara. (Génesis 48:12)

Moisés salió al encuentro de su suegro, le hizo una profunda reverencia y lo besó. (Éxodo 18:7)

(Ornán) salió de la era para postrarse ante él (David), rostro en tierra. (1 Crónicas 21:21)

Entró, pues, Betsabé al cuarto del rey (David)… Se arrodilló delante de él, inclinándose hasta el suelo. (1 Reyes 1:16)

(el profeta Natán) se presentó ante él (David), inclinándose profundamente. (1 Reyes 1:23)

Se levantó el rey (Salomón) para recibirla y se postró ante ella (su madre Betsabé). (1 Reyes 2:19)

Lo reconoció Abdías y, cayendo con el rostro en el suelo (ante Elías)… (1 Reyes 18:7)

Del otro lado lo vieron los hermanos profetas de Jericó. Le salieron al encuentro, se arrodillaron ante él (Eliseo). (2 Reyes 2:15)

Saúl se volvió para mirar y vio que David estaba inclinado hasta tocar el polvo con su cara. (1 Samuel 24:9)

Arrodillándose delante del rey (David), Ajimás le dijo: ‘Oh rey, bendigamos a Yavé, tu Dios’. (2 Samuel 18:28)

Y por último otro pasaje muy significativo que encontramos en Hechos 16:29-31:

El carcelero pidió unas antorchas, entró precipitadamente en la celda y, temblando, se echó a los pies de Pablo y de Silas. Luego los hizo salir y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para alcanzar la salvación?». Ellos le respondieron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia».

Ya vimos anteriormente que cuando la gente de Listra se postró ante Pablo, éste se escandalizó… porque le adoraban confundiéndole con un dios (con Hermes más concretamente). Pero en este otro episodio el carcelero también se postra ante Pablo por respeto. Tiembla por la impresión del terremoto que les liberó de la celda, lo que le hace pensar que son hombres de Dios, pero Pablo esta vez interpreta esa postración como expresión de respeto y no le reprime, hasta el punto de que cuando el carcelero le pregunta qué debe hacer para salvarse no le responde “para empezar, no te postres ante mí porque eso es blasfemia”.

CONCLUSIÓN

El primer mandamiento prohíbe hacer imágenes para postrarse ante ellas. En la primera parte de este artículo vimos que no se prohíbe hacer cualquier tipo de imágenes, ahora en esta segunda parte hemos visto que no se prohíbe cualquier tipo de postración. Una vez más insistimos en que lo que este mandamiento prohíbe no son ni las imágenes ni las postraciones ante imágenes, sino la idolatría, y eso depende de lo que hay en nuestro corazón, no de nada externo. Dios no juzga al hombre por las formas externas sino por lo que hay en nuestro corazón. Y terminaremos con dos citas para reflexionar, que vendrán bien a todo el mundo, y que vienen aquí muy a cuento:

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: […] porque con la misma medida que midáis se os medirá.

Lucas 6:37-38

Y el Señor respondió a Samuel: No mires su apariencia, ni a lo grande de su estatura, pues yo lo he rechazado; porque yo no miro lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero yo miro el corazón.

1 Samuel 16:7

Serie sobre las imágenes
[Haga clic sobre el báner anterior para acceder al índice de la serie completa]

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