Las imágenes en el Nuevo Testamento


Veremos aquí qué dice el Nuevo Testamento sobre el uso de imágenes y si lo que dice posibilita o no la existencia de imágenes de culto en la Iglesia Católica.

Este artículo continúa la serie sobre las imágenes cuyo índice puede ver en: Sobre la prohibición de hacer imágenes

En los artículos anteriores ya explicamos por qué nuestro uso de las imágenes no infringe los Mandamientos de Moisés ni el Antiguo Testamento en general, mostrando cómo dicho testamento condena el uso de imágenes sólo cuando se trata de ídolos, no por ser imágenes de otro tipo. O sea, se condena la idolatría (con o sin estatuas de por medio), pero se permite, incluso a veces por mandato divino, la fabricación y uso de imágenes incluso en el Templo. Ahora empezaremos recordando un poco esas conclusiones y analizaremos el Nuevo Testamento a ver qué pensaban Jesús y los apóstoles sobre este asunto. Para entender la situación en la época de Jesús primero debemos entender la situación previa, así que empezaremos explicando de dónde procede la mentalidad judía del siglo primero en este aspecto.

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CONTEXTO CULTURAL EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Primero hay que situarnos un poco en el contexto general de la época. Cuando Dios promulgó los Diez Mandamientos, ya vimos que los israelitas acababan de salir de una nación idólatra en donde las imágenes religiosas no eran simples representaciones sino algo así como “cuerpos prestados” en donde el dios de turno entraba para recibir culto. Cuando llegaron a la Tierra Prometida se encontraron más de lo mismo, y también cuando fueron deportados a Babilonia. Por toda la zona conocida por los antiguos israelitas, desde Egipto hasta Mesopotamia, las imágenes religiosas son ídolos, o sea, son considerados como dioses reales, no simplemente como una representación del dios.

Algunos historiadores (solo algunos) no están de acuerdo con esta visión, especialmente en la religión grecolatina, y creen que esa idea de que el ídolo contiene al dios, aunque sea a ratos, es la versión oficial y la que probablemente se creía el pueblo inculto, pero la gente culta sabía que no era así. Puede que tengan razón o puede que no, pero como la mayoría de la población (dentro y fuera de Israel) era inculta, sigue siendo cierto que el pueblo pensaba que ídolo y dios eran una misma cosa. Más aún, en este asunto no nos importa lo que en realidad creían los demás pueblos, únicamente nos importa lo que los israelitas pensaban que eran las creencias de los demás, porque en eso se basa el contexto histórico de la Biblia, y leyendo el Antiguo Testamento está claro que para un israelita un ídolo era una estatua o cualquier otra representación de persona, animal o cosa que era usada en el culto y estaban convencidos de que sus adoradores creían firmemente que esos ídolos recibían vida (temporal o permanente) por el espíritu del dios que habitaba en ellas.

De hecho en algunos pasajes de la Biblia a veces se considera que efectivamente un espíritu habitaba los ídolos extranjeros, pero como ese espíritu no era Dios, tenía que tratarse de demonios, como por ejemplo vemos en estos pasajes:

Despertaron sus celos con dioses ajenos, lo irritaron con sus ídolos. Ofrecieron sacrificios, no a Dios, sino a demonios, a dioses que no eran suyos.

Deuteronomio 32:16-17

Por haber provocado la cólera de Dios fuiste entregado a tus enemigos, porque irritaste a tu Creador ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios.

Baruc 4:6-8

Sin embargo la visión más habitual es que esas estatuas de dioses, esos ídolos, al contrario de lo que piensan sus adoradores son cosas sin vida. Esta visión es la que explica que cuando en el Antiguo Testamento se critica la idolatría se utiliza a menudo el argumento de que adorar una imagen es absurdo porque las imágenes no tienen vida, no ven, no oyen, por ejemplo lo que nos dice Habacuc (s. VII a.C.):

¿De qué sirve el ídolo que su artífice ha esculpido, o la imagen fundida, maestra de mentiras, para que su hacedor confíe en su obra cuando hace ídolos mudos? ¡Ay del que dice al madero: Despierta, o a la piedra muda: Levántate! ¿Será esto tu maestro? He aquí, está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu alguno en su interior.

(Habacuc 2:18-19)

Y lo mismo nos dice el salmo (c. s. V a.C.):

Los ídolos paganos son plata y oro, obra de manos humanas.Tienen boca y no hablan, ojos pero no ven, oídos pero no oyen, nariz y no pueden oler; tienen manos y no palpan, tienen pies y no caminan, con su garganta no emiten sonidos. Sean como ellos quienes los hacen, todo el que en ellos confía.

(Salmos 115:4-8)

Vemos que el profeta y el salmista critican a los idólatras por pensar que “hay espíritu dentro” del ídolo, y como ya explicamos en el artículo anterior, siempre que el Antiguo Testamento condena las imágenes de culto usa, también aquí, palabras como פֶּ֗סֶל (pesel), אלל (elil) o עֲ‍ֽ֭צַבֵּיהֶם (asabbehem), que no se usan para hablar de imágenes normales (tselem, pittuah), sino específicamente para “ídolos”.

Lamentablemente algunos protestantes usan este mismo argumento (incluso esta misma cita) para condenar las imágenes católicas porque según ellos nosotros creemos también que nuestras imágenes tienen dentro el espíritu de Jesús o del santo o alguna otra clase de espíritu que le da vida. Este tipo de comentarios sólo pueden deberse a una seria ignorancia de los fundamentos católicos. Los católicos no creemos que las imágenes tengan vida ni poder, solo son una representación de alguien (Jesús o santos) y es a ese ser al que adoramos (si es Jesús) o veneramos (si es María o cualquier otro santo). La imagen es solo un instrumento psicológico que nos ayuda a sentir más intensamente esa conexión que, como todos los cristianos, buscamos con el plano espiritual.

Es necesario tener en cuenta que, muy al contrario de lo que ocurre en la actualidad, incluso al contrario de lo que ocurrirá después en el mundo grecorromano en nuestra era, las imágenes eran por entonces un bien escaso y casi siempre asociado a funciones sagradas, por lo que para la gente, una imagen, aunque fuera una estatuilla, tenía un enorme impacto y era fácil considerarlas como algo más que una simple representación figurativa, solían ser vistas o bien como una manifestación de las divinidades (en el caso de representar a un dios o algún símbolo a él asociado) o al menos como poseedoras de algún tipo de poder mágico, como era el caso de los amuletos, o los leones que literalmente protegían las entradas de templos, palacios y ciudades, o estatuillas que aumentaban la fertilidad, etc. Dicho de otro modo: en el mundo antiguo de antes de Cristo, especialmente en el Oriente Medio, las imágenes no eran simples representaciones, solían ser auténticas realidades con vida o energía o poderes propios (o más bien así se percibían).

En la mayoría de los casos, de una u otra forma, una imagen figurativa era percibida como dotada de poderes, o bien idólatras o bien supersticiosos, tanto si representaba una figura humana como animal. Esto hace que los hebreos, ese extraño pueblo monoteísta rodeado de un mundo politeísta, desarrollaran una fuerte sospecha hacia todo tipo de imágenes, a pesar de lo cual (caídas en la idolatría aparte) sí usaron también imágenes tal como nos muestra la Biblia y la propia arqueología, aunque esforzándose mucho en mantener una clara línea de separación entre la imagen como ídolo (pesel) y la imagen como decoración (pittuah) o como mera representación (tselem), por mucho que las traducciones modernas a menudo usen en todos los casos indistintamente la palabra “imagen”, causando así confusión.

En este último caso de las imágenes-tselem, a pesar de lo que a veces se piensa, sí se permitía también la representación de animales y personas, como por ejemplo ángeles, toros y serpientes, incluso formando parte del culto (como los querubines, toros y Serpiente de Bronce) que Dios ordena fabricar para el Tabernáculo y luego para el Templo. Pero si alguna de esas imágenes representativas por algún motivo pasan a ser idolatradas, o sea, si el pueblo empieza a pensar que la imagen por sí misma tiene vida o algún tipo de poder propio (idolatría o superstición), entonces se convierte en ídolo y necesita ser destruida (como le ocurrió a la Serpiente de Bronce del Templo).

De todas maneras, aunque las imágenes no idolátricas no estaban prohibidas, es cierto que el arte figurativo en Israel es muy escaso, el peligro constante de caer en la idolatría por influencias extranjeras hacía que las imágenes del tipo que fuese se miraran con recelo.

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ÉPOCA DE TRANSICIÓN: TRAS EL EXILIO

Por sus pecados (fundamentalmente el de idolatría), Dios permite que el rey caldeo Nabucodonosor II arrase Jerusalén, destruya el Templo y deporte a los judíos a Babilonia, en donde vivirán exiliados desde el 586 hasta el 537 a.C. Esto tendrá un impacto tremendo sobre el pueblo de Israel. Crece la esperanza en la llegada pronta de un Mesías que por fin les libere de sus enemigos. Aumenta en ellos la preocupación por evitar desviaciones religiosas de cualquier tipo que pudieran desatar de nuevo la ira de Yahvé. Se vuelven más estrictos en los asuntos religiosos, y los fariseos, fruto del Exilio, serán el culmen de esa nueva pureza perseguida y el prototipo de este nuevo afán de ser “mas legalistas que la ley”. Un ejemplo de este enorme purismo está en la prohibición de pronunciar el nombre de Yahvé para evitar el peligro de que alguien pudiera mancillarlo. Nada en la Biblia nos indica que estuviera prohibido hacerlo, Dios no lo prohíbe, de hecho en la Biblia se usaba, pero las autoridades imponen esta prohibición para evitar riesgos de blasfemia.

En cuanto al tema de las imágenes, cuando los israelitas (ahora judíos) regresaron del Exilio de Babilonia, venían saturados de estar siempre rodeados de ídolos por todas partes, y además resentidos por los problemas que su monoteísmo y el negarse a adorar ídolos les había causado (como nos describe el libro de Daniel), junto con la idea de que las recaídas en la idolatría era la causa de que Dios hubiera permitido su deportación. Por todo ello también se radicalizan en la cuestión de las imágenes. Este cambio de visión, al igual que la prohibición de pronunciar el nombre de Dios, no tiene base bíblica ni mandato divino, es de nuevo una decisión humana que intenta alejarse lo más posible del peligro de caer en la idolatría, algo que sí va en contra de la Ley de Dios.

Y será esta mentalidad iconoclasta radical (no basada en la Biblia sino en la sociedad) la que encontraremos entre los judíos de Palestina en la época de Jesús (no tanto entre los que quedaron en la Diáspora, como veremos en el siguiente artículo), por eso debemos tenerla muy presente para contextualizar mejor la actitud hacia las imágenes que encontraremos en el Nuevo Testamento.

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CONTEXTO CULTURAL EN EL NUEVO TESTAMENTO

Ahora los judíos no solo rechazan los ídolos, como prescribe la Biblia, o las imágenes de culto, sino cualquier representación, sea la que sea, estirando la prohibición de hacer imágenes del Mandamiento primero (o segundo para los protestantes) de forma radical; solo se hace una excepción con las imágenes que Dios ordenó para el Templo, por la sencilla razón de que destruirlas sería desobedecer a Dios.

Este sentimiento iconoclasta va tan lejos que el Templo no admite dinero romano porque en esas monedas aparece la cara del César, y aunque no tenga relación con el culto, una representación de un ser vivo no puede entrar en el Templo. Por eso tenemos en el atrio del Templo (considerada zona exterior, no parte del Templo en sí) a los cambistas de monedas, esos mismos a los que Jesús expulsó junto con los mercaderes (aunque por otros motivos), y que se encargaban de cambiar las monedas romanas de la gente por monedas del Templo, que no tenían imagen alguna, para que así pudieran pagar sus impuestos al Templo sin usar imágenes.

Pero esta iconoclastia exacerbada sólo es justificable por la inercia de su pasado reciente. En realidad la situación a su alrededor había cambiado mucho. Hacía cuatro siglos que los griegos dominaban todo Oriente Próximo y el entorno estaba totalmente helenizado (con la excepción de parte de Palestina que se resistía bastante al helenismo), y la conquista romana, un siglo antes, suponía culturalmente más de lo mismo. Esta cultura greco-latina supuso un cambio en el concepto de las imágenes. Por un lado tenemos ya por primera vez un uso muy amplio de imágenes cuyo único fin es decorativo y sin ninguna relación con la religión. Con esta nueva cultura una imagen de un león o de un toro no tiene ya por qué ser tomada por una divinidad, muy probablemente solo representan eso, un león o un toro (serían por tanto “pittuah”, que sí estaban permitidas por Dios). Más aún, incluso una imagen de un dios puede tener un uso simplemente decorativo (también “pittuah”), y así los ricos adornaban sus piscinas y jardines con estatuas de dioses solo para embellecimiento. Y cuando usan imágenes de dioses para culto, en los templos principalmente, el concepto que tenían se puede considerar de transición entre el antiguo concepto oriental de ídolo vivo y el posterior concepto católico de simple representación inerte.

Entre los griegos y romanos encontramos distintas sensibilidades, cuanto más cultura tienen, más probabilidad de que consideren las esculturas de dioses como simples representaciones de la divinidad; cuanto menos cultura, más probable es que las considerasen al estilo antiguo, como imágenes habitadas por dioses. De todas formas, no olvidemos que en la Biblia la idolatría no consiste solo en adorar un ídolo como si fuera un dios vivo, también idolatría es adorar falsos dioses, con o sin imagen, y este concepto de /ídolo = dios pagano/ aumenta aún más en los tiempos del Nuevo Testamento. Por eso incluso el concepto culto de que la imagen de un dios greco-romano no tenía vida, sino que tenía una función meramente representativa, no podría bajo el estándar judío ser considerada simplemente “tselem”, sino que era “pesel” (ídolo) por estar representando la imagen de un dios falso. Según esto, una imagen de Apolo, Venus o Hermes siempre era considerada por los judíos como un ídolo, independientemente de que fuera tenida por ídolo vivo, o tuviera función representativa o simplemente decorativa. Al estar representando un dios falso automáticamente entraba siempre en la categoría de “pesel” y era rechazada con total fundamento bíblico, pues quedaba incluida en la prohibición divina de hacer “pesel” del primer mandamiento (el segundo según la clasificación protestante).

Sin embargo los judíos, al menos los apóstoles y los evangelistas, sí son conscientes de que la imagen de un dios ya no se considera necesariamente como algo con vida y por tanto no tiene mucho sentido atacar la idolatría basándose en esa idea (como sí se hacía en el Antiguo Testamento). Ahora se pone el énfasis en el simple hecho de que la imagen representa a un dios falso. Por eso solo encontramos un caso en el que el Nuevo Testamento donde claramente se habla de “ídolo” en el mismo sentido que el Antiguo Testamento, “imagen viva”, y lo hace en el Apocalipsis, que es un libro que usa el lenguaje apocalíptico simbólico del Antiguo Testamento y no el contexto del Nuevo. Se trata de la famosa imagen de la Bestia (representación de Satanás), que es creada por el falso profeta para llevar a la gente a la idolatría. Nos lo describe así:

Se concedió a esta segunda bestia infundir vida a la imagen de la Bestia hasta hacerla hablar y causar la muerte a todos cuantos se negaran a adorar esa imagen.

Apocalipsis 13:15

Y como buen ídolo que es, esta imagen recibirá adoración:

Adorad, si queréis, a la bestia y a su imagen! ¡Dejaos tatuar su marca, si os place, en la frente o en la mano!

Apocalipsis 14:9

Los hay que ven en esta imagen una visión profética de lo que será la Iglesia Católica con sus imágenes de culto, pero eso sería absurdo. Ya hemos visto a fondo en los artículos anteriores que las imágenes de culto católicas nada tienen que ver con los ídolos, y en realidad estas citas del Apocalipsis lo confirman, pues los católicos de ningún modo creemos que nuestras imágenes tienen vida ni pueden hablar ni obrar, y además nosotros no las adoramos, solo a Dios se adora. Note también que este ídolo del Apocalipsis no es, como los del Antiguo Testamento, imágenes mudas que no puedan hablar, ciegas que no pueden ver (o sea, sin vida aunque sus adoradores crean lo contrario), sino que esta imagen por el contrario sí está verdaderamente vida, puede hablar, y ello se debe a que el propio Satanás, a través de su falso profeta, le infunde vida, pero no olvidemos que se trata de símbolos, como en las profecías de Daniel. No se ha visto ninguna imagen católica que pueda hablar, nuestras imágenes son solo madera o yeso que evocan algo superior pero que por sí mismas nada valen ni pueden (bueno, valer valen lo que el imaginero haya querido cobrar por hacerlas, claro). Y desde luego nuestros santos no son falsos dioses porque nadie les considera como tales.

Si los profetas arremetían contra los ídolos como si su sola presencia pudiese corromper a los creyentes, los apóstoles por el contrario han desmitificado totalmente a los ídolos y ya no les atribuyen ningún tipo de poder sobre los demás. Este cambio de mentalidad no es más que un reflejo de lo que antes comentamos sobre las imágenes en el mundo grecorromano. Y así por ejemplo nos encontramos a Pablo diciendo esto:

En lo que se refiere a comer carne ofrecida en sacrificio a los ídolos, sabemos que los ídolos no significan nada en el mundo y que no hay más que un Dios. Existen, sí, esos a los que llaman dioses, sea en el cielo o en la tierra —y son, por cierto, muchos esos dioses y señores—… No será un alimento lo que nos haga estar más cerca de Dios; nada perderemos por dejar de comer, ni ganaremos nada por comer.

1 Corintios 8:4-6, 8

Contrasta grandemente esta manera de hablar de los ídolos con la manera del Antiguo Testamento. Ahora los ídolos son igualmente rechazados pero al mismo tiempo se les ha despojado de todo poder, hasta el punto de que, como dice Pablo, no pasa nada por comer carne sacrificada a ellos: ni vas a agradar a Dios por no hacerlo ni vas a ofenderlo si lo haces. Si el ídolo no significa nada (la idolatría sí, pero la estatua del ídolo no), entonces no tiene poder ni influencia. Cierto es que en el mismo pasaje recomienda que si hay cristianos “poco formados” que puedan malinterpretar la situación, mejor no comerla para evitar conflictos: “Eso sí, procurad que esta libertad vuestra no se convierta en ocasión de caída para los poco formados. (v. 9)”. Y no hablamos de cualquier cosa, pues comer de la carne sacrificada a los ídolos es, también para los judíos, un acto de comunión con ese dios. El mismo Pablo lo menciona más tarde:

Fijaos en el pueblo israelita: ¿no es cierto que quienes se alimentan de las víctimas sacrificadas quedan vinculados al altar?

1 Corintios 10:18

Pero puesto que el ídolo no es nada, cualquier ritual asociado a él queda igualmente en nada para quien no cree en el ídolo.

Esto también es relevante para el asunto de las imágenes católicas. Ya vimos en un artículo anterior que según el Antiguo Testamento postrarse y adorar no son una misma cosa. Para que la postración sea adoración se necesita una intencionalidad de adorar, pues el acto de adoración no es algo externo sino interno y así vimos en la Biblia muchos ejemplos de postraciones ante personas y cosas que no tienen ninguna connotación de adoración. Aquí Pablo lo deja bien claro. Comer carne del sacrificio a los ídolos es un acto de vinculación con el dios, pero si un cristiano que no cree en los ídolos la come, no pasa nada, porque no importa el acto, importa la intencionalidad del acto. Es por eso mismo que seguidamente recomienda no hacerlo en presencia de cristianos poco formados y que por lo tanto no distingan eso con claridad y puedan escandalizarse al creer que tu gesto tiene ese significado, o por pensar que es lícito pero luego al hacerlo ellos se sientan después en pecado. Así que cuando un protestante dice que el hecho de arrodillarse ante una imagen ya supone de por sí un acto de idolatría, deberían leer estas palabras de Pablo (y todos los demás ejemplos que vimos en nuestro artículo anterior) y reflexionar sobre ello.

Ante esto podríamos decir que en la época de las persecuciones, cuando a los cristianos les exigían quemar incienso ante la imagen del Emperador, ellos podrían haber reaccionado según parece recomendar Pablo y haberlo hecho, porque no significa nada, pero en ese caso era diferente, sí significaba, y mucho. Las autoridades exigían a los cristianos que adorasen al emperador, o sea, que aceptasen como todo el mundo que además de su Dios o dioses también había otro dios, el emperador divinizado. Quemar incienso era así el rito público que certificaba esa aceptación de otro dios, era de hecho una declaración pública donde se proclamaba la aceptación del César como dios, y eso es lo que la mayoría de los cristianos se negó a hacer, una apostasía pública, incluso al precio de morir por ello.

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LO QUE NOS DICE JESÚS SOBRE LAS IMÁGENES

Verdaderamente, y más teniendo en cuenta el ambiente tan iconoclasta que observamos en la sociedad judía del momento, nos sorprende mucho la actitud de Jesús hacia las imágenes. Lo lógico sería suponer (si es que quisiéramos suponer que Jesús compartía totalmente la mentalidad de los demás judíos) que dejaría muy claro el rechazo a las imágenes de cualquier tipo, condenando su uso en repetidas ocasiones y reivindicando como mínimo la supuesta prohibición mosaica sobre las imágenes, tal vez añadiendo una ampliación total a la prohibición original así como habían hecho los fariseos. O si por alguna razón su visión hacia las imágenes había cambiado (teniendo en cuenta los cambios que en tal sentido se habían producido en el mundo circundante), también sería de esperar que Jesús nos hablara de esos cambios. O sea, en un asunto tan importante para los judíos como era el tema de las imágenes, lo normal es suponer que Jesús abordaría ese tema o bien para apoyar la nueva concepción restrictiva o bien para rechazarla o matizarla o explicar su nueva postura.

Sin embargo lo que nos encontramos, sorprendentemente, es solo silencio. Jesús sencillamente nunca toca ese tema. Siendo uno de los temas candentes en la religión judía, ese silencio de Jesús solo puede interpretarse como intencionado, por eso sorprende aún más.

Las autoridades religiosas judías estaban en esos días en gran tensión con las romanas por este asunto. Varias veces los romanos quisieron introducir en el templo la estatua del emperador o insignias romanas (con águilas de Júpiter) y los judíos, esa pequeñita nación, lograron impedirlo. Imagínense si el papa Francisco se pasase todo su mandato sin decir ni una palabra sobre el aborto en esta época en la que la vida de los no nacidos está cada vez más atacada. ¿No sería extraño? Probablemente pensaríamos que si no entra en un tema tan de actualidad es porque está a favor del aborto y prefiere no decir nada. Del silencio de Jesús no voy a sacar la conclusión de que estaba a favor de las imágenes (ídolos o no), solo quiero enfatizar lo extraño de su silencio y señalar que algún motivo debía tener para ello.

Tanto protestantes como católicos por igual, aunque por opuestos motivos, desearíamos que Jesús hubiera dejado claro este asunto y así no existiría hoy esta polémica ¿Por qué no lo hizo? Dios sabía que este asunto causaría graves conflictos en el cristianismo posterior, ¿por qué no nos evitó todos estos debates? Sin duda sus razones debería tener.

Incluso en varias escenas en las que claramente tuvo la oportunidad de expresar su condena a las imágenes, Jesús guarda un sonoro silencio al respecto. Estas ocasiones claras son tres:

Cuando el joven rico le pregunta cuáles son los Mandamientos de la Ley de Dios, Jesús le hace un breve resumen pero no menciona la prohibición de hacer imágenes (Marcos 10:17-20). Una gran oportunidad para recordarnos lo importante de la prohibición de imágenes, pero Jesús ni siquiera se molestó en mencionar el asunto. Cierto es que aquí Jesús solo menciona los mandamientos referidos al prójimo, no a Dios, pero ese vacío lo llena cuando otra persona se le acerca poco después a preguntar lo mismo y Jesús ahora resume los mandamientos incluyendo los de Dios (Mateo 22:36-40). A Dios hay que amarle sobre todas las cosas, pero de nuevo no menciona las imágenes (ni el sabath) y simplemente deja todo incluido en ese “amarás a Dios sobre todas las cosas”. En ese mandato queda supuesto el rechazo al culto de otros dioses, pero no la representación de imágenes que no estén relacionadas con el culto a otros dioses. Recordemos que en el Mandamiento del Decálogo no se prohíben las imágenes en general, sino solo los “pesel” (ídolos), pero en cualquier caso toda la iconoclastia radical de los judíos post-exilio y de todas las corrientes iconoclastas del cristianismo (bizantinas o protestantes) han usado ese mandamiento para justificarse con diversos razonamientos, así que tal vez Jesús prefirió pasar de largo sobre ese asunto para no echar más leña al futuro fuego o al de su propia época.

Se puede pensar que Jesús no mencionó el tema de las imágenes en estas dos escenas diciendo que en ninguna de las dos intenta ser exhaustivo, que solo va a lo esencial (¿no sería entonces este tema esencial?), pero hay un caso en el que los mismos fariseos presionaron a Jesús para que tratara el asunto, veamos lo que pasó:

Se pusieron entonces los fariseos a estudiar la manera de acusar a Jesús por algo que dijera. Así que le enviaron algunos de sus propios seguidores, junto con otros que pertenecían al partido de Herodes, para que le dijeran: Maestro, sabemos que tú eres sincero y que enseñas con toda verdad a vivir como Dios quiere; no te preocupa el qué dirán, ni juzgas a la gente por las apariencias. Danos, pues, tu opinión: ¿estamos o no obligados a pagar tributo al emperador romano? Jesús, advirtiendo su mala intención, les contestó:
— ¿Por qué me ponéis trampas, hipócritas? Enseñadme la moneda con que se paga el tributo.
Ellos le presentaron un denario, y Jesús preguntó:
— ¿De quién es esta efigie y esta inscripción?
Le contestaron:
— Del césar.
Entonces les dijo Jesús:
— Pues dad al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios.
Al oír esta respuesta, quedaron estupefactos y, dejando a Jesús, se fueron.
(Mateo 22:15-22)

Esta escena suele ser interpretada desde un punto de vista político, los fariseos quieren poner a prueba las ideas políticas de Jesús, si Jesús responde que le parece bien pagar tributo entonces le acusarán de colaboracionista, si responde que le parece mal, le acusarán ante las autoridades romanas por sedición. Jesús con su respuesta evita tomar partido en política y separa las cuestiones espirituales (de las que su ministerio se ocupa) de las políticas.

Y esta interpretación es correcta, pero si realmente nos metiéramos en la piel de un judío de entonces testigo de la escena, hay un detalle que no podemos pasar por alto por su carácter altamente polémico. Ya vimos antes que el Templo obligaba a la gente a cambiar sus monedas romanas por otras sin imagen alguna porque los sacerdotes consideraban blasfema la representación de una cara humana en una moneda, y nótese que no es una imagen de culto ni la de un dios, pero aún así se habían radicalizado mucho en el asunto de las imágenes.

Cuando los enviados de los fariseos le preguntan a Jesús, su intención era solo ponerle una trampa en la cuestión política, pero entonces Jesús hace algo inesperado, les pide que le enseñen una moneda y señala a la cara del César que está grabada en ella. En ese instante cualquier judío que observara la escena se daría cuenta de que en la tensión del momento se acababa de incorporar un segundo elemento muy polémico: la imagen en sí. Si para los muy religiosos la imagen del César era blasfema (por contravenir la radical interpretación de la prohibición de imágenes), el hecho de que Jesús señalara esa imagen y no pusiera ninguna pega no era algo que pudiera pasar desapercibido. Podía haber aprovechado la ocasión para desviar la atención del espinoso asunto político y en cambio arremeter contra el uso de monedas con imágenes (como hacían los sacerdotes) y de paso se hubiera ganado un punto, saliendo así todavía más airoso.

Más aún, los fariseos consideraban impuro tocar cualquier imagen, así que al presentarle a Jesús la moneda con la imagen del César (no una sin imagen acuñada por el Templo) los espectadores muy probablemente pensaron que la trampa era esa, hacerles tocar una imagen y reprocharles que eran unos hipócritas por incumplir normas que ellos pedían cumplir al pueblo. Pero Jesús trata el asunto político dejando totalmente de lado el tema de la imagen, como si no importara, como la postura que antes vimos en Pablo.

La respuesta de Jesús se puede aplicar a ambos temas, la política y las imágenes: “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”, igual que separa la política de la religión, también separa el uso de imágenes como ídolos del uso de imágenes como representaciones, una distinción que el judaísmo palestino del momento ya no hacía, al menos en teoría.

Puesto que Jesús, que es Dios, hace diferencia entre ídolo y simple representación, es un buen argumento para suponer que cuando Yahvé, que es Dios, redacta el primer mandamiento, también lo hace con la misma diferencia, lo que apoya aún más toda la argumentación de nuestro anterior artículo para demostrar que lo que el Antiguo Testamento dice no es “imágenes no”, sino “adorar imágenes (ídolos) no”. Fue el judaísmo posterior al Exilio el que se radicalizó y quiso ir más allá del mandato divino diciendo “imágenes nunca y en ningún caso”.

Y por último hay otro caso en el que Jesús menciona una imagen hecha por el hombre, y lo hace no para rechazarla, sino para compararse con ella, ¿sorprendido?:

Así como la serpiente fue levantada en el desierto, así el hijo del hombre será levantado para que todo el que crea en él tenga vida eterna.”

Juan 3:14-16

Está hablando de la Serpiente de Bronce que realizó Moisés por orden de Dios, una imagen colocada en lo alto de un palo que tenía el poder de curar a quienes la plaga de serpientes venenosas había mordido. Ya hemos hablado de ella en el artículo anterior pero merece la pena detenerse un poco otra vez sobre esto. Los católicos vemos aquí uno de nuestros argumentos a favor de la posibilidad de usar imágenes. Los protestantes suelen argumentar en contra de ello con un razonamiento de este estilo:

La Serpiente de bronce fue creada por Dios para una función concreta y un momento concreto, pasado ese momento y esa función, ya no tiene razón de ser, por eso luego el rey Ezequías la destruyó, porque luego la gente empezó a adorarla como un ídolo (vea 2 Reyes 18:3-4).

Esta interpretación es correcta, el problema es lo que ocurre entre una escena y la otra. La Serpiente de bronce al finalizar su función no fue destruida, sino que viajó junto con el Arca de Dios siempre, y cuando finalmente Salomón construye el Templo y el Arca se deposita allí, la serpiente también es guardada en el Templo. Desde que Dios ordena hacer la serpiente hasta que el pueblo empieza a idolatrarla y el rey la destruye pasan entre cuatro y cinco siglos, y durante todo este tiempo ni una sola vez se queja Dios o ningún profeta de que la serpiente comparta sitio con el Arca de Dios. Es solo al final, cuando el pueblo pasa de respetarla y honrarla (= venerarla) a adorarla (es decir, a considerarla un dios) cuando es necesario destruirla.

Pues bien, esta es la imagen con la que Jesús se compara así mismo, una imagen milagrosa de bronce que fue venerada hasta el punto de compartir lugar en el Templo de Dios durante siglos y que solo al final la convirtieron en ídolo y fue destruida. Y a pesar de todo Jesús no la abomina, ni siquiera por razón de su final, sino que la valora por lo que fue (antes de hacerse ídolo) y no duda en compararse con ella: igual que la serpiente fue alzada en un palo para salvación (física) de los moribundos envenenados, así yo seré alzado en un madero para salvación (espiritual) de todos los hombres, envenenados por el pecado. Ese es el mensaje que Jesús da con su comparación. Se compara con una imagen milagrosa y ni él ni nadie hace el más mínimo comentario sobre la imagen en sí, y esta vez no se trata, como con la moneda, de una imagen desconectada con la religión, sino que estamos ante una imagen totalmente ligada a la religión, a Dios. Los querubines, palmeras, etc. que decoraban las paredes y puertas del Templo no eran parte del culto, eran elementos decorativos o simbólicos, pero la Serpiente de Bronce no era decorativa, fue instrumento de Dios y guardada en el Templo por el respeto (veneración) que merecía, no porque sirviera allí ya para nada más, de modo que se convirtió en una imagen de culto que les recordaba el poder de Dios (no era, sino que representaba).

Estamos por tanto en un caso en el que Jesús ensalza a una imagen religiosa (y milagrosa) hasta el punto de compararse con ella. Pero para no zanjar toda la polémica con ese solo ejemplo, aunque podríamos, vamos a seguir escrutando el Nuevo Testamento, a ver si encontramos alguna contradicción al respecto. Lo que vemos es que en el resto de los evangelios Jesús no habla nunca de las imágenes ni siquiera para criticarlas. Que Jesús no ataque las imágenes no quiere decir necesariamente que en realidad estaba a favor de ellas, pero al menos sí nos sirve a nosotros para decir eso, que Jesús no las ataca y que no parece ofenderse ante las imágenes representativas.

Pero en este punto los protestantes protestarán, con razón, de que el Nuevo Testamento no es solo lo que dice Jesús, y los apóstoles sí se pronuncian en contra de las imágenes. Y además sigue estando ahí la prohibición del Antiguo Testamento. Cierto, tendremos que analizar esos puntos también.

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LO QUE NOS DICEN LOS APÓSTOLES SOBRE LAS IMÁGENES

Fuera de los evangelios, en las cartas de los apóstoles, el tema de las imágenes tampoco parece ser una de las preocupaciones importantes, a pesar de que el cristianismo se está ya extendiendo por el Imperio Romano y entra en contacto con paganos acostumbrados a la idolatría. Lo cierto es que en el Nuevo Testamento se ataca en varias ocsiones a la idolatría pero casi nunca se habla de las imágenes en sí, y cuando se hace suele ser para referirse a los ídolos, como en 1 Juan 5:21 “Hijos, guardaos de los ídolos”. Ya vimos también lo que dijo Pablo.

Hay principalmente tres situaciones en las que se habla de las imágenes.

1– La imagen (ídolo) de la bestia del Apocalipsis:

También se le permitió dar vida a la imagen de la Bestia, para hacerla hablar y dar muerte a todos aquellos que no adoran su imagen. (Apocalipsis 13:15)

2– ídolos representando a dioses:

se volvieron tan insensatos que llegaron a cambiar la grandeza del Dios que nunca muere por imágenes de personas mortales, y aun de pájaros, de cuadrúpedos y de reptiles. (Romanos 1:23)

3– Jesús como imagen (icono) de Dios (εἰκὼν τοῦ Θεοῦ = imago dei) y los santos como imagen de Jesús.

Él es la Imagen del Dios invisible (Colosenses 1:15) En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que Él fuera el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8:29) El que me ve a mí, ve al Padre. Y si es así, ¿cómo me pides que os muestre al Padre? (Juan 14:9) Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de todo lo creado. (Colosenses 1:15)

En el primer caso, aunque se usa la palabra “aikonos” se está claramente refiriendo a un ídolo al estilo antiguo, o sea, una imagen que tiene vida y recibe adoración. Es, como ya hemos comentado, el único caso en el Nuevo Testamento en el que encontramos el antiguo concepto y ello se debe, como hemos señalado, a que los símbolos del Apocalipsis están tomados casi todos del libro de Daniel, en el Antiguo Testamento.

El segundo caso visto, la cita completa sería esta:

En efecto, partiendo de la creación del universo, la razón humana puede descubrir, a través de las cosas creadas, las perfecciones invisibles de Dios: su eterno poder y su divinidad. De ahí que no tengan disculpa, pues han conocido a Dios y, sin embargo, no le han tributado el honor que merecía, ni le han dado las gracias debidas. Al contrario, se han dejado entontecer con vanos pensamientos y su necio corazón se ha llenado de oscuridad. Alardeando de sabios, se volvieron tan insensatos que llegaron a cambiar la grandeza del Dios que nunca muere por imágenes de personas mortales, y aun de pájaros, de cuadrúpedos y de reptiles. Por eso, Dios los ha dejado a merced de sus bajos instintos, degradándose y envileciéndose a sí mismos. Este es el fruto de haber preferido la mentira a la verdad de Dios, de haber adorado y dado culto a la criatura en vez de a su Creador, que es digno de ser alabado por siempre. Amén.

San Pablo aquí incide en la misma idea que hemos argumentado siempre, que el rechazo a las imágenes no se debe a que sean imágenes, sino a que reciban adoración idolátrica, o sea, que se utilicen substituyendo a Dios, porque eso va contra el mandamiento de “no tendrás más dioses aparte de mí” (Deuteronomio 5:7). Pablo admite que todas las cosas creadas son imagen de Dios en el sentido de que a través de ellas podemos descubrir su grandeza, pero luego condena a aquellos insensatos que “llegaron a cambiar la grandeza del Dios que nunca muere por imágenes de personas mortales”, y continúa diciendo “este es el fruto … de haber adorado y dado culto a la criatura en vez de al Creador”. Ese es el problema, adorar una imagen de un falso dios en lugar de adorar a Dios.

Sin embargo en el catolicismo no se da ese fenómeno. Si rezamos ante la imagen de Jesús, no estamos adorando una talla de madera en lugar de adorar a Dios (Jesús), estamos adorando a Dios utilizando una talla de madera para inspirarnos, para conmovernos, para sentir a Jesús más cercano a nuestro plano físico, pero es a Jesús, a Dios, a quien se dirigen nuestros rezos y pensamientos, no a la madera de la talla que lo representa.

En el tercer caso se nos presenta a Jesús como “imagen de Dios” (imago dei). Este es un concepto fundamental para justificar posteriormente el uso de las imágenes en el cristianismo, pues la Biblia nos dice en diversas ocasiones que a Dios no se le puede representar porque es invisible e incontenible, pero al encarnarse en Jesús se hizo visible y representable, pues Jesús es la imagen de Dios, su visibilidad y forma. Esta nueva realidad deja inservible la prohibición veterotestamentaria para no representar a Dios, como cuando intentaron hacerlo con el becerro de oro (que no era un imago dei), pues ahora, a través de Jesús, Dios se ha hecho representable. Otra consecuencia de la Encarnación.

Las otras apariciones de la palabra “imagen” en el Nuevo Testamento son cuando se habla de la imagen del César que aparece grabada en las monedas (Mateo 22:20), que ya hemos comentado, y cuando Pablo habla del hombre como imagen de Dios (1 Corintios 11:7), que es una variación de la cita del punto 3 en donde se decía que Jesús es imagen de Dios y el hombre imagen de Jesús. El resto de casos hablan en concreto de ídolos, falsos dioses. Por tanto, tampoco en las palabras de los apóstoles encontramos ninguna condena ni a las imágenes figurativas ni a las representativas, únicamente se condena, como siempre, a la idolatría y a los ídolos.

Por supuesto, menos aún se condenan las imágenes sagradas que hay en el Templo de Jerusalén, pues el mismo Dios ordenó a Moisés hacerlas, aunque otras fueron más bien iniciativa personal de Salomón, como los 2 ángeles de 10 codos de altura (unos 5 metros) que estaban dentro del sanctasantorum a ambos lados del arca.

Entonces puso los querubines dentro de la habitación interior. Las alas de los querubines estaban extendidas de tal manera que el ala de un querubín llegaba a una pared y la del otro querubín llegaba a la otra pared. Las otras dos alas se extendían hacia el centro de la habitación y se tocaban entre sí. Además, revistió de oro los querubines.

1 Reyes 6:27:28

Y ciertamente eran muchas las imágenes que llenaban el templo, algo que choca frontalmente con esa interpretación errónea de que Dios prohibió realizar cualquier tipo de imágenes, pues allí encontramos imágenes de ángeles, animales, plantas, que son cosas del cielo y de la tierra, todo lo que Dios prohibió hacer, salvo que Dios prohibió hacerlas como ídolos, no como representaciones, por eso no hay contradicción:

Estaba [el Mar de Bronce] apoyado en 12 toros (1 Reyes 7:25)

Y en los paneles que estaban entre los travesaños había leones, toros y querubines, y este diseño también estaba en los travesaños. Arriba y abajo de los leones y los toros había relieves de guirnaldas. (1 Reyes 7: 29)

Cuando San Pablo nos describe cómo era el Arca de la Alianza, nos dice del propiciatorio o tapa superior:

Y encima estaban los gloriosos querubines cubriendo con su sombra la cubierta propiciatoria. (Hebreos 9:5)

No sólo no hace ningún reproche sobre el hecho de que en el lugar más santo de Israel, precisamente la tapa del Arca, donde Dios se aposentaba al llenar el Templo, hubiera dos imágenes representando a ángeles, sino que califica a esas imágenes como gloriosas, pues los querubines de los que habla no son dos ángeles reales, sino las dos imágenes de querubines de oro que estaban puestas sobre el Arca. Y si alguien replica que lo de gloriosos no lo decía pensando a en las imágenes en sí, sino a la realidad que ellas representan (lo cual es más que probable), entonces es un apoyo mayor aún a las imágenes católicas, pues la veneración que nosotros les damos es igualmente no a la imagen en sí sino a la realidad que ellas representan.

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SOBRE EL SILENCIO DE JESÚS

Como vimos antes, a pesar de que el tema de las imágenes era uno de los temas candentes en el mundo religioso judío de ese momento, Jesús no dice nada sobre este asunto, ni para apoyar, ni para contradecir ni para matizar esa mentalidad, lo cual resulta cuando menos sorprendente.

Hemos visto también que el concepto y función de las imágenes (idolátricas o no) había cambiado con respecto a la situación del Antiguo Testamento, y en los apóstoles notamos ya ese cambio; el énfasis en el rechazo a los ídolos no está ya en la vieja idea (aunque aún no desaparecida) de que el ídolo tiene vida o al menos poderes propios sino en el hecho de que es un dios falso. La estatua en sí misma parece ya tener poca importancia.

Mientras tanto, Jesús calla ¿por qué?

Hay una razón que podría explicar esto. Dios está actuando en la historia, mediante la encarnación de Jesús y su predicación, dentro de un contexto cultural, por eso para entender la Biblia hay que conocer ese contexto. Si Jesús predicara sin tener en cuenta el contexto y la mentalidad de sus oyentes, su predicación no habría podido ser entendida por su público y habría fracasado. Pero al mismo tiempo Dios es consciente de que esas enseñanzas también van dirigidas a las generaciones futuras.

En el caso del Antiguo Testamento siempre podemos decir que tal o cual cosa quedó derogada o superada por el Nuevo pacto de Jesús, por eso aunque en el Antiguo Testamento Dios ordena la circuncisión, los apóstoles posteriormente la derogaron basándose en que ahora teníamos un nuevo pacto. Pero tratándose del Nuevo Testamento ya la cosa queda definitiva, si en él Dios establece una obligación o prohibición (como por ejemplo la indisolubilidad del matrimonio), entonces eso queda ya para siempre, y cualquier rama cristiana que cambie eso estará contradiciendo la voluntad de Dios, pues la revelación quedó cerrada.

Esto plantearía “un dilema” a Jesús. Supongamos (como nosotros firmemente creemos) que el uso de las imágenes religiosas tal como lo hacemos los católicos es posible e incluso recomendable. Teniendo en cuenta el contexto del momento, si Jesús hubiera dicho que una imagen religiosa de tipo representativo es lícita para uso religioso, entonces eso hubiera sido interpretado inevitablemente como un apoyo al sector de paganos que pensaban eso mismo de sus imágenes de dioses. Si Jesús hubiera condenado esas mismas imágenes representativas de los paganos, es más que probable que los cristianos posteriores ni se hubiesen planteado el usarlas, aunque no se tratasen de ídolos. Por tanto la mejor opción era no decir nada, así no se predicaba algo que sus seguidores inevitablemente malinterpretarían (pues el concepto de imagen de los católicos aún no existía realmente), y al mismo tiempo dejaba espacio a las generaciones posteriores para replantearse el tema cuando fuera ya posible. Y es que el cambio no podía ocurrir en ese momento, las circunstancias aún no estaban maduras para poder hacer un uso de imágenes sin el peligro de caer de lleno en la idolatría. Ese cambio debía esperar al futuro, cuando la religión pagana ya hubiera dejado de dominar la mentalidad de la sociedad y pudiera plantearse un nuevo concepto de imágenes religiosas totalmente desligado ya de la mentalidad idólatra del paganismo.

Se podría argumentar que siempre quedaba una opción intermedia. Jesús podría haber explicado que una imagen representativa de los santos era aceptable, porque son personas, pero lo que no era aceptable era representar a dioses paganos, porque eso es idolatría. Pero no tendría sentido permitir a la gente hacer imágenes de santos en un momento en el que el cristianismo apenas estaba arrancando y todavía no estaba desarrollada la veneración a los santos (aunque sí su semilla, como vemos en nuestro artículo: El culto a los santos en la Iglesia primitiva). También podría haber explicado al menos que no se podía hacer imagen del Dios invisible pero sí era lícito hacer imágenes de Jesús, que era visible, siempre que tuvieran claro que era solo una representación y no un ídolo. Pero ¿se imaginan a Jesús diciendo: si queréis os dejo que hagáis imágenes de mí? Absurdo. El tema de las imágenes cristianas, por utilizar una expresión muy de moda hoy, sencillamente “no tocaba”, debería afrontarse cuando los tiempos estuvieran maduros para ello. Ni tocaba ni tenía ningún sentido en ese momento. Por eso Jesús y el Nuevo Testamento en general dejan la puerta abierta al uso de imágenes, no prohíben, pero tampoco hacen nada por establecerlo.

El argumento iconoclasta de que si Dios no nos ha ordenado hacer imágenes entonces no podemos hacerlas (o sea, no basta con que Dios no lo prohíba, tiene además que ordenarlo) no funciona tampoco, pues por esa misma lógica sería hoy imposible para los cristianos construir iglesias, tener cruces, usar micrófonos o electricidad en ellas, predicar por la televisión o la radio, defender la ecología, condenar la esclavitud y el racismo, etc., pues todas esas cosas han ido llegando posteriormente, cuando la sociedad estaba madura o cuando las nuevas necesidades y tecnologías surgían. El cristianismo del siglo XXI no puede ni debe desarrollarse como si aún viviéramos en el siglo primero, por eso dentro del margen que la Biblia nos deja debemos adaptarnos a los tiempos, pero una prohibición clara y expresa deja la puerta cerrada del todo para siempre. El uso de imágenes fue una evolución en la que la Iglesia cristiana se fue adaptando a nuevas circunstancias que abrían nuevas posibilidades que supo aprovechar (siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo que evita que caiga en el error), y la prohibición de hacer imágenes, como hemos visto en este artículo y en los anteriores de esta misma serie, se refieren siempre a los ídolos (“pesel” en el Antiguo Testamento, “eidolon” en el Nuevo), no a las imágenes decorativas ni representativas, por lo tanto la Iglesia estaba libre para hacer un cambio en ese terreno y lo hizo bajo inspiración cuando el momento estaba ya maduro para ello. En nuestro próximo artículo veremos cómo ocurrió ese proceso.

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DEJANDO LA PUERTA ABIERTA

El rechazo a las imágenes en el Antiguo Testamento, cuando lo encontramos, se condensa en dos conceptos:

A- Si Dios prohibía cualquier representación de Yahvé es porque Dios era invisible y por tanto irrepresentable, no se le puede representar con la imagen de una creatura (hombre o animal).

B- Si Dios prohibía otras imágenes en el culto era porque, como era normal en aquella época, se trataba de la representación de un dios pagano (ídolos), y Dios nos dice “no tendrás otros dioses además de mí”.

A la vuelta del Exilio los judíos palestinos llevaron la prohibición al extremo y toda imagen fue vista como un peligro. Pero el cristianismo también rompió con esto, aunque al igual que otros temas (como la circuncisión, los alimentos impuros, etc.) los apóstoles no eran al principio conscientes del cambio que Jesús había producido.

A- La Iglesia no permite la representación de Dios “completo” (el Dios-Uno) porque sigue considerando que es invisible e irrepresentable excepto por símbolos (triángulo, luz…) pero sí se puede ya representar a Jesucristo en imágenes porque Jesús se encarnó y se hizo hombre, y por tanto visible y representable. Al Espíritu Santo también se le puede representar con las mismas imágenes con las que se nos manifestó físicamente en los evangelios: como luz, llama o paloma. Con el tiempo, a causa del arte sacro, no de la Iglesia, aparecieron también representaciones de la persona de la Trinidad que faltaba, el Padre (una innovación discutible y discutida que debemos a los artistas del Renacimiento). Aún así, las representaciones del Padre no se usan para el culto, sino en escenas decorativas o didácticas (como en el fresco de la Creación de Adán de la capilla Sixtina), así que teológicamente tampoco supondrían un problema.

B- El cristianismo muy pronto comenzó a realizar imágenes no sólo de Jesús sino también de los personajes bíblicos (profetas, apóstoles, etc.) y desde ahí de forma natural pasó a representar luego a mártires cristianos y posteriormente a santos en general. Estas imágenes usadas para el culto no son estatuas de dioses ni reciben adoración, así que tampoco son del tipo que la Biblia rechaza.

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Resumiendo

El Nuevo Testamento condena la idolatría pero no parece demasiado preocupado por condenar las imágenes, aunque sí que nos recuerda en varias ocasiones la prohibición de adorar imágenes en lugar de adorar al Dios verdadero y se habla ya también de que ídolos no son sólo estatuas de dioses, sino cualquier cosa que ocupa en nuestro corazón el lugar de Dios (Efesios 5:5). Todo esto va preparando el camino para los cambios futuros en este tema. La doctrina al respecto sigue siendo la de: sólo hay un Dios, sólo a Él se puede adorar; por lo que las imágenes usadas en el culto de los paganos (Artemisa, Astarté, Apolo, Júpiter, Hermes…) son falsos dioses que sustituyen al único Dios verdadero, y por eso son condenadas. Jesús, por su parte, no dice nada sobre el tema pero cuando le vemos tratar con imágenes su postura es de aprobación (serpiente de bronce) o de no hacer ni caso (cara del César).

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Conclusión

En los evangelios no se nos dice nada sobre las imágenes, Jesús silencia clamorosamente el tema incluso en situaciones en que esperaríamos como mínimo algún comentario al respecto. El Apocalipsis reproduce el lenguaje simbólico del Antiguo Testamento y por tanto vemos allí un ídolo a la antigua usanza y quienes lo adoran se condenan. En las cartas de los apóstoles sí se mencionan las imágenes de culto en un puñado de ocasiones, y de nuevo, al igual que ocurre en el Antiguo Testamento, lo que se condena expresamente es el hecho de adorar ídolos y el politeísmo (falsos dioses distintos a Dios). Por lo tanto lo único que el Nuevo Testamento nos dice sobre las imágenes es que hay que evitar la idolatría.

Los católicos no tenemos ídolos al estilo del Antiguo Testamento (imágenes en las que se cree habita un dios) ni tampoco tenemos ídolos al estilo del Nuevo Testamento (representaciones de otros dioses distintos a Dios) ni adoramos ninguna imagen, tal como rechaza también el Nuevo Testamento, pues para nosotros una imagen no tiene más poder que el de representar y evocar a Jesús o sus santos. Ante una imagen de Jesús adoramos a Jesús, no a la imagen que usamos como inspiración. Ante una imagen de un santo (incluida María) veneramos (= honramos) a la persona en ella representada, no pensamos nunca que la imagen tiene vida o nos escucha o nos puede hablar. Sí que veneramos (= respetamos) también a las imágenes como objetos sagrados debido a su función, más no por su naturaleza, y en eso seguimos la estela marcada por el Antiguo Testamento, donde los lugares y objetos de culto pueden ser considerados sagrados, santos y tratados con gran reverencia, y así consideramos también a nuestras imágenes, como objetos de culto que son. Por lo tanto nuestra forma de usar las imágenes no choca con ninguno de los casos que la Biblia (Antiguo o Nuevo Testamento) critica o condena.

Si está pensando que el verdadero problema no es tanto la imagen en sí como el hecho de venerar a María y el resto de los santos, encontrará las respuestas en este otro artículo (El culto a los santos en la Iglesia primitiva). Si usted piensa que “adoración” y “veneración” son dos palabras diferentes que en el fondo significan lo mismo, lea la diferencia explicada en nuestro anterior artículo: Veneración vs Adoración.

Pero dejemos claro la esencia de este tema: según la Iglesia Católica, adorar una imagen (o una persona o una idea o cualquier otra cosa) es pecado mortal, pues sólo a Dios se puede adorar. Quienes dicen que los cristianos católicos adoramos a las imágenes es sencillamente porque no entienden el catolicismo ni entienden la Encarnación ni entienden realmente qué es adorar. Y no tienen por qué entenderlo, pues su religión es diferente, pero si no se entiende resulta precipitado lanzarse a juzgar lo que no se comprende, y al menos debería quedar la lógica de no acusarnos de creer cosas en las que nosotros no creemos.

En el Concilio de Nicea II (787) se reafirma que adorar a una imagen “no está de acuerdo con nuestra fe, la cual da la adoración, como es apropiado, a la naturaleza divina“. El catecismo del Concilio de Trento (año 1566) enseñó que se comete idolatría “adorando ídolos e imágenes como si fueran Dios, o creyendo que ellos poseen alguna divinidad o virtudes que les dé derecho a recibir nuestra adoración, a elevarle nuestras oraciones o a poner nuestra confianza en ellos”. Y el actual Catecismo de la Iglesia Católica explica que “la Escritura constantemente nos recuerda que hay que rechazar los ídolos de plata y oro, la obra de manos de los hombres. Ellos tienen boca pero no hablan, ojos pero no ven. Estos ídolos vacíos hacen vacíos a sus adoradores, aquéllos que los hacen son como ellos, así como todos los que confían en ellos” (Sal 115,4-5, 8).

Si los protestantes rechazan la adoración de imágenes, nosotros les aplaudimos, pues en eso han permanecido fieles a nuestra fe, pero si nos acusan a nosotros de adorar imágenes sólo podemos decir que se equivocan, y para quien quiera comprender, y para que los católicos no se dejen confundir con tres citas mal entendidas, lo explicamos en esta serie sobre las imágenes que pueden consultar completa aquí:


Serie sobre las imágenes
[Haga clic sobre el báner anterior para acceder al índice de la serie completa]

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APÉNDICE A

TABLA DE RASGOS DE LOS DIFERENTES TIPOS DE IMÁGENES

De todas las imágenes que se mencionan en la Biblia solo encontramos dos casos que se aproximan mucho al significado y función de nuestras imágenes: el Arca de la Alianza y, sobre todo, la Serpiente de Bronce. En esta tabla compararemos diferentes tipos de imágenes y los rasgos que tienen. Con superíndices marcaremos rasgos que necesitan matización.

Nombres de columnas:

Egipcio = estatua que representaba a un dios egipcio o mesopotámico
Romano = estatua que representaba a un dios romano o griego
Becerro = el becerro de oro que fabricó Aarón en el desierto
Bestia = la imagen de la Bestia que sale en el Apocalipsis
Serp.= la Serpiente de Bronce
Arca= el Arca de la Alianza
Sagr.= el sagrario de las iglesias católicas, en donde se guarda la eucaristía (en donde Jesús está presente)
César= la imagen del César en la moneda que presentaron a Jesús
Querub.= imágenes de los querubines que decoraban las paredes del Templo de Salomón
V.Rocas= el famoso cuadro “Virgen de las Rocas” de Leonardo da Vinci, en el museo del Louvre
Carmen= una estatua de la Virgen del Carmen que hay en mi parroquia
Fátima= la imagen de la Virgen de Fátima que está en el santuario de Fátima en Portugal
S.Pedro= una imagen de San Pedro que está en mi parroquia
Perrito= una figurita moderna decorativa de un perrito
VenusR.= una estatua renacentista representando a Venus en un palacio de Florencia

Color de casillas: En gris los rasgos que definen a un ídolo, en rojo los ídolos según los define la Biblia y en azul las imágenes de culto católicas.

Merece la pena señalar, en vista a esta tabla, que todos los rasgos de las imágenes católicas están presentes también en la serpiente de bronce y el Arca, imágenes que Dios ordenó hacer y venerar.

NOTAS
0- Los querubines, toros y demás imágenes que decoraban el Templo no eran imágenes de culto per se, pero sí tenían una función dentro del culto a Dios: crear una atmósfera propicia convirtiendo el Templo en una representación del cielo y la tierra (la Creación entera) y causando asombro que quedaría asociado al propio Dios.
1- En realidad el milagro lo haría Dios, que está dentro (del Arca y en la eucaristía dentro del sagrario)
2- En realidad sería Jesús el que nos haría el milagro, no la madera de la cruz.
3- Puede ser venerada o decorativa o un mero emblema identitario, depende.
4- El ídolo romano o griego es considerado por algunos como un ídolo tradicional (el dios habita a veces su interior) y por otros como mera representación del dios correspondiente.
5- La serpiente de bronce tal vez no les recordaba a Yahvé, pero sí a su poder. También pudo ser una imagen que prefigura a Jesús, así lo interpretamos los cristianos.
6- La cruz nos hace pensar en Jesús o no, dependiendo del uso que la estemos dando (ver 3)
7- El Arca, el sagrario católico (su equivalente) y la cruz no es que sean representaciones de la figura de Dios o Jesús, pero al ser objetos íntimamente ligados a él su función en este aspecto es similar.
8- La cruz es “adorada” en una ceremonia católica, pero en realidad lo que se adora no es la madera de la cruz, sino a: “Dios que nos salvó muriendo en ella”, o sea, en esa ceremonia adoramos a Dios porque murió en la cruz para salvarnos. Aún así, es lógico que un protestante pueda escandalizarse al oír la expresión “adoración de la cruz” y sacar conclusiones equivocadas. Realmente la expresión no parece la más acertada, al menos para un observador externo.
9- El becerro de oro representaba a Yahvé, pero al ser un ídolo al estilo egipcio, realmente la estatua en sí tenía valor por sí misma porque se consideraba algo así como el cuerpo prestado de la divinidad, Yahvé en este caso, que al ser tratado como un dios egipcio más quedaba reducido a un dios tribal, tal como el propio Moisés lo veía al principio: si voy a los hijos de Israel, y les digo: “El dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros,” tal vez me digan: “¿Cuál es su nombre?” (Éxodo 3:13)
10- El sagrario es un elemento católico, pero al igual que el Arca, del cual es copia, no se le puede considerar exactamente “imagen”, aunque en parte hace las mismas funciones, pero su sacralidad no les viene a ambos por representar a Dios, sino por contenerlo. Por eso es lícito adorar ante el Arca o ante el sagrario, porque al hacerlo es al mismísimo Dios a quien se adora. Por otra parte el Arca es más ambigua porque siempre recibe adoración, aunque no siempre bajaba Yahvé a ella (la shekinah), por eso si se la adoraba estando “vacía”, su función era idéntica a la de una estatua de Jesús, ante ella se adora a Yahvé, aunque el Arca fuera solo una caja de madera con dos estatuas de ángeles.
11- Tanto la Serpiente de Bronce como las imágenes católicas que “hacen” milagros, no son más que instrumento del poder de Dios que actúa sirviéndose de ellas. Si por ejemplo una imagen de María es milagrosa y otra no, ello no es por nada intrínseco a la imagen, sino porque por el motivo que sea los fieles se sienten ante ella más inspirados, con más fe, y como la Biblia nos dice a menudo, suele ser la fe del individuo la que nos abre al milagro (vete en paz, tu fe te ha salvado. Mc 5,34), y a través de ella es Dios, por la intercesión de María, quien obra el milagro sobre un fiel que rebosa fe en su sanación.

*El tercer rasgo principal de un ídolo es que representa a un falso dios, pero en el becerro de oro se da el caso de que a pesar de representar al dios verdadero es un ídolo, porque el Dios del Antiguo Testamento es un Dios invisible, sin forma (entre otras razones), y porque recién salidos de Egipto usar una imagen religiosa de Dios les llevaría fácilmente a la idolatría a la que estaban acostumbrados, y más cuando la imagen elegida era un toro/becerro (el dios Apis egipcio o el Baal cananeo).

En esta tabla vemos que hay muchos tipos de imágenes diferentes y definir lo que es o no es un ídolo en realidad no es tan fácil como parece, solo dos rasgos parecen ser exclusivos de los ídolos: creen que tienen vida y son adorados per se (con el matiz explicado en la nota para el becerro de oro), el resto de rasgos en algunos casos son compartidos por otro tipo de imágenes. También puede ver que las imágenes católicas no cumplen ni una solo de las características que definen a los ídolos.


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APÉNDICE DE B

CITAS DEL NUEVO TESTAMENTO

Vamos a recopilar aquí todas las citas que hemos encontrado en el Nuevo Testamento sobre las imágenes.  Si conoce alguna más, puede citarla en comentarios y la añadiremos.

Lo que queremos demostrar aquí es que aunque en el Nuevo Testamento se sigue atacando el uso de imágenes, se hace en la misma línea que el Antiguo Testamento, es decir, se rechazan por estos motivos:

1- Dios es invisible, informe, y por tanto no puede ser representado. Una imagen de Dios (como lo fue el becerro de oro) sería pues un falso ídolo.

2- Las imágenes que representan falsos dioses son ídolos porque no hay más Dios que Dios (en la Biblia el politeísmo se equipara a la idolatría, no hay palabras diferentes para ambos conceptos)

3- Las imágenes que reciben adoración son ídolos.

4- Las imágenes que se cree tienen vida o valor por sí mismas son ídolos.

5- No hay problema con las imágenes que no tienen una función religiosa (a pesar de lo cual los apóstoles, de cultura judía post-exilio, quizás también las evitaban, por inercia)

6- Punto aparte merece la Serpiente de Bronce, que para Jesús no plantea tampoco ningún problema pero que no encaja con el punto 5 y según los estrictos cánones judíos del post-exilio tendría todos los elementos para ser considerada un ídolo… excepto que fue hecha por orden de Dios, claro. Esto la convierte en una excepción en todo el esquema sobre las imágenes e ídolos imperante en el siglo primero.

Agruparemos las citas según estos cinco apartados para mostrar que todas las veces que los apóstoles rechazan las imágenes (incluyendo las referencias al Antiguo Testamento) lo hacen por uno de esos motivos, o sea, porque son ídolos.

REPRESENTAN A NUESTRO DIOS INVISIBLE: Hechos 7:39-42      Hechos 17:28-29

REPRESENTAN FALSOS DIOSES: Romanos 1:21-25      Apocalipsis 2:14

RECIBEN ADORACIÓN: Apocalipsis 9:20      Apocalipsis 13:15     Apocalipsis 14:9-12  CREEN QUE TIENEN VIDA: 1 Corintios 12:2      Apocalipsis 13:15

Si no tienen función religiosa no hay problema: Mateo 22:15-22   

CITAS DONDE SE CONDENA O MENCIONA LA IDOLATRÍA SIN MÁS EXPLICACIONES:

Solo dice que es algo malo: Hechos 17:16    1 Corintios 6:9    Apocalipsis 21:8    Hechos 15:19-20    1 Juan 5:21    1 Corintios 5:10-11

La menciona sin más: Romanos 2:22    1 Tesalonicenses 1:9    1 Pedro 4:3    Apocalipsis 22:15

Sobre la carne sacrificada a los ídolos: 1 Corintios 8    1 Corintios 10:14-22   

Menciona un pasaje idolátrico del Antiguo Testamento: 1 Corintios 10:7     

(avaricia = idolatría): Efesios 5:5 y Colosenses 3:5

Pero si analizamos el uso que los católicos hacemos de las imágenes vemos que no encajan en ninguno de esos apartados:

1- Dios es invisible e informe.

Ya no, la misma Biblia nos dice que Jesús es la imagen de Dios, en él Dios se nos hizo visible así que una imagen de Jesús no es una representación de lo invisible (como era el becerro de oro) sino de alguien que tuvo cuerpo, cara y ojos. El argumento de que como no tenemos foto de Jesús o los santos antiguos sus imágenes en realidad no son representaciones de ellos no es un argumento válido, una representación no necesita ser exacta para cumplir su función de recordarnos y hacernos más presente a la persona que queremos recordar. La estatua de Colón que hay en Barcelona representa y homenajea a Colón, a pesar de que nadie sabe cómo era su cara. El caso más extremo de esto es el símbolo, que también actúa como representación aunque en nada se parece al original (por ejemplo un pez o la cruz como representación de Jesús).

2- Las imágenes que representan falsos dioses son ídolos

En efecto, si un católico venerase y rezase ante una estatua de Apolo o de Shiva estaría pecando de idolatría porque son dioses falsos. Pero una imagen de Jesús no representa a un dios falso, sino al Dios verdadero, y una imagen de María no representa a una diosa falsa, sino a la más santa de las creaturas de Dios, y una imagen de San Francisco no representa a un dios, es un santo, un hombre que alcanzó, por obra de Dios, la perfección a la que todos estamos llamados.

3- Las imágenes que reciben adoración son ídolos

Pero nosotros no adoramos a las imágenes, las veneramos. Quien piense que adorar y venerar es lo mismo basándose en que externamente no hay diferencia, entonces no entiende lo que significa adorar o piensa que adorar es solo una postura del cuerpo. Si un católico se arrodilla ante una imagen de Jesús y le pone velas, y lo mismo hace ante una estatua de San Francisco, no puede sacarse la conclusión de que en ambos casos está adorando, pues adorar tiene mucho que ver con lo que el corazón siente y muy poco con lo que el cuerpo muestra. Pero ese tema está tratado a fondo en un artículo anterior de esta serie, así como el asunto de si postrarse y adorar son una misma cosa.

4- Las imágenes que se cree tienen vida o valor por sí mismas son ídolos

Los católicos no creemos que nuestras imágenes (ni ninguna otra) tengan vida, ni que puedan escuchar nuestras plegarias ni que puedan hacernos favores ni milagros. Son solo medios para conectar más fácilmente con Jesús o el santo al que representan. Si rezamos ante una estatua del Sagrado Corazón, es Jesús quien nos escucha, no la estatua; si pedimos un favor y lo conseguimos, es Jesús quien lo ha concedido, no la estatua; si al tocarle quedamos sanos de nuestra enfermedad, es Jesús quien nos ha sanado, no la estatua (igual que ocurrió con la Serpiente de Bronce). Cuando un enfermo va a Lourdes y sana de su enfermedad, no queda maravillado de los poderes de la estatua que allí está, sino que da alabanzas a María, y a Dios, por haberle sanado, pues tampoco María por sí misma tiene el poder de hacer milagros sino solo en nombre de Dios, como también el resto de los santos, como hicieron también los apóstoles incluso en vida.

Por tanto si todas las condenas de imágenes que hace el Nuevo Testamento se pueden agrupar en uno de esos 4 casos (siempre ídolos) y las imágenes católicas no encajan con ninguno de esos supuestos (se acercarían mucho al punto 6, que sí aprueba Jesús), entonces podemos decir que el Nuevo Testamento no condena el uso de las imágenes usadas por los católicos… ni tampoco lo sanciona, simplemente no dice nada de nuestro caso (aunque la escena de la moneda del César y de la serpiente de bronce sí son tantos a nuestro favor). Si la Biblia no aprueba claramente pero tampoco prohíbe, entonces la Iglesia, que recibió el poder de atar y desatar (Mateo 18:18), tiene margen de tomar una decisión al respecto en el momento que lo considere oportuno y bajo la iluminación del Espíritu Santo.

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