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María en la Biblia: Tipología

María en la Biblia

Qué dicen las Escrituras y la Iglesia

Las doctrinas marianas no son innovaciones medievales, sino verdades contenidas en la Sagrada Escritura, aunque a menudo de forma velada o en semilla. Para comprender estas enseñanzas es fundamental entender el concepto de tipología, un principio interpretativo bíblico que permite ver cómo los acontecimientos, personas o elementos del Antiguo Testamento prefiguran realidades más plenas y superiores en el Nuevo Testamento. Aunque algunos piensen que la tipología es sólo un método católico, también está reconocida por otras tradiciones cristianas, pues la vemos usada con profusión en la misma Biblia, en la Iglesia Primitiva y en toda la Tradición.

A la luz de este principio, podemos entender mejor qué nos cuentan las Escrituras sobre María, y es mucho más de lo que se percibe a simple vista.

Este artículo sirve de introducción a la serie sobre doctrinas marianas. Al final podrá ver enlaces a los artículos de esta serie, que explican cada una de esas doctrinas y muestran dónde aparecen en la Biblia y en la Tradición.

¿Qué es la tipología?

El griego typos se traduce como “figura” o “señal”, y el estudio de estos typos en la exégesis (interpretación bíblica) se denomina tipología. Este concepto conecta el Antiguo y el Nuevo Testamento, mostrando cómo ciertos personajes o eventos (typos) del primero encuentran su cumplimiento pleno y superior (antitypos) en el segundo. El typos anticipa y prepara el camino para el antitypos, ayudándonos a contextualizar y comprender mejor su plenitud.

Este principio no es una fabricación tardía; lo encontramos ya en la Iglesia Primitiva y, más aún, en la propia Escritura: la Biblia se interpreta a sí misma con métodos tipológicos, mostrando la continuidad del plan divino y la unidad intrínseca de toda la Palabra de Dios. De hecho, esta herramienta fue probablemente la más usada en la primera fase de la predicación cristiana dirigida a los judíos, ya que les mostraba cómo sus propias Escrituras (el Antiguo Testamento) prefiguraban continuamente a Jesús.

Tipología: Cristo, el cordero de Pascua

Ejemplos bíblicos de tipología

  • Adán y Cristo: San Pablo llama a Adán “figura (typos) del que había de venir” (Romanos 5:14), presentando a Cristo como “el nuevo Adán”, o “el último Adán” (1 Corintios 15:45). En Romanos 5:12-21 desarrolla ampliamente la tipología como herramienta para entender el Nuevo Testamento.
  • El Cordero Pascual: Juan presenta a Jesús como “el Cordero de Dios” (Juan 1:29), es decir, el cumplimiento del cordero pascual del Éxodo. Sus oyentes comprendían perfectamente el significado del cordero pascual: un sacrificio a Dios que representaba la liberación divina de la esclavitud (de Egipto); y luego se comía en familia. Cristo, como antitypos, supera al typos: Dios mismo es la víctima que se sacrifica para liberar de la esclavitud del pecado y se ofrece como alimento en la Sagrada Comunión, dentro la familia de la Iglesia, por eso le llama “El cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
  • Jonás y la Resurrección: Jesús mismo establece un paralelismo tipológico entre los tres días de Jonás en el vientre del pez y sus tres días en el sepulcro (Mateo 12:39-40).
  • La serpiente de bronce: “Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre” (Juan 3:14-15). La serpiente fue alzada sobre una cruz para salvar a los mordidos de las serpientes, Jesús fue alzado sobre una cruz para salvar a la humanidad.
  • La circuncisión y el Bautismo: San Pablo ve en la circuncisión del A.T. la figura del bautismo del N.T. (Colosenses 2:11-12).
  • La virgen concebirá (Isaías 7:14): El profeta Isaías se dirige al rey Acaz con esta profecía para mostrarle que Dios está con Judá, pero Mateo ve su sentido pleno en el nacimiento de Jesús (Mateo 1:22-23).
  • Camino de Emaús (Lucas 24:27): Jesús enseña a los discípulos cómo las Escrituras del Antiguo Testamento hablan de Él, tanto en sus profecías como en sus typos.

Jesús es llamado Hijo de David porque las profecías mesiánicas anunciaban que el Mesías sería descendiente de David (cf. 2 Samuel 7:12-16; Isaías 11:1). Sin embargo, el Reino de David puede entenderse como una prefiguración (typos) del Reino de los Cielos, ya que mientras el primero era político y limitado en el tiempo, el segundo, instaurado por Cristo, es espiritual y eterno. Dentro de esta interpretación tipológica, el mayordomo de las llaves o primer ministro en la monarquía davídica prefigura a Pedro como vicario del Rey, mientras que María aparece como el antitypos de la Reina Madre, figura central en la dinastía de David.

De manera similar, la Iglesia puede ser vista como el nuevo Israel, cumpliendo y superando la misión del Israel antiguo como pueblo elegido (1 Pedro 2:9-10; cf. Éxodo 19:5-6). También encontramos otras figuras tipológicas relacionadas, como Juan el Bautista, a quien Jesús identifica como el nuevo Elías (Mateo 11:11-14 y Mateo 17:10-13), mostrando cómo los typos veterotestamentarios encuentran su plenitud en el Nuevo Testamento. Esto, dicho sea de paso, desarma cualquier interpretación errónea que sugiera que estos pasajes enseñan la reencarnación.

En fin, desentrañar toda la tipología bíblica le llevo a Jesús varias horas, todo el Camino de Emaús (Lucas 24:27), y sólo en lo que a él mismo se refería, de modo que baste al lector con estos ejemplos como muestra.

La coherencia tipológica revela cómo el Nuevo Testamento está prefigurado en el Antiguo y cómo el Antiguo halla su plenitud de sentido en Cristo. Como decía San Agustín: “El Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, y el Antiguo se manifiesta en el Nuevo”. Así San Agustín interpretó que los tres ángeles de Mambré (Génesis 18:1-15) son un typos de la Trinidad, el Arca de Noé es un typos de la Iglesia, etc. De este modo, como hizo Jesús con la serpiente de bronce, los typos del Antiguo Testamento ayudaban a comprender mejor los antitypos del Nuevo Testamento, ofreciendo un contexto más amplio y mostrando cómo la nueva revelación se entronca armoniosamente en la antigua, sin separación.

Por eso Jesús dijo que no había venido a abolir la Ley, sino a darle pleno cumplimiento (Mateo 5:17), a culminarla. Los acontecimientos y personajes del Antiguo Testamento, guiados por la Providencia divina, apuntaban hacia el futuro, y en Cristo alcanzan su plenitud. Los typos del Antiguo Testamento pueden entenderse como semillas divinas que anticipan y preparan el camino para los antitypos más perfectos que encontramos en el Nuevo Testamento. Estos no son simples símbolos literarios, sino realidades que, bajo la dirección de Dios, prefiguran y anuncian el cumplimiento definitivo de sus promesas en Cristo. Como explica San Pablo: “Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas para advertencia nuestra” (1 Corintios 10:11). Así, la tipología no es una manipulación de los textos, sino el método querido por Dios para mostrarnos, a través de Cristo, la plenitud de su plan de salvación.

María en la Biblia: El misterio desvelado

Habiendo visto la importancia de la tipología, podemos ahora aplicarla a la figura de María para descubrir sus fundamentos en la Escritura. Así como este principio ilumina el plan de salvación en Cristo, también nos permite aclarar el papel singular de María en dicho plan. Cuando la Iglesia la proclama “Nueva Eva”, “Arca de la Nueva Alianza” o “Reina de los Cielos”, no son meras invenciones tardías, sino realidades fundamentadas en la Sagrada Escritura y la Tradición viva.

María revelada

Veamos brevemente dos ejemplos:

El Arca de la Nueva Alianza: El Arca del Antiguo Testamento contenía la Ley, el maná y la vara del Sumo Sacerdote Aarón –> María llevó en su seno a Cristo, la Palabra viva, el Pan de Vida y el Sacerdote eterno. Es decir, María es la realización plena (antitypos) de lo que el Arca anticipaba. Esto se simplifica diciendo que “el Arca es el typos de María” o “María es la nueva Arca de la Alianza”.

María como Nueva Eva: Así como Eva, siendo virgen, cooperó con Adán en la entrada del pecado y la muerte, María, también virgen, cooperó con Dios para que Cristo (el nuevo Adán) trajera la vida al mundo.

Este uso de la tipología se encuentra en los Padres de la Iglesia, como vemos en San Justino Mártir (nacido en el año 100):

[

«[Dijo] que el Hijo de Dios se hizo hombre por medio de la Virgen, a fin de que la desobediencia causada por la serpiente fuese destruida por el mismo camino por donde se originó. Pues Eva, siendo virgen, concibió la palabra de la serpiente y engendró la desobediencia y la muerte. Pero la Virgen María, llena de fe y de alegría, al escuchar las buenas nuevas del ángel, respondió: “Hágase en mí según tu palabra”. Así trajo al mundo al que dijo: “Vino de Dios y del Padre a este mundo”. (adaptado de Diálogo con Trifón, cap. 100).

Este testimonio tan temprano revela cómo la Iglesia Primitiva veía en Eva y María no sólo dos mujeres relevantes en la historia de la salvación, sino también un typos y su antitypos, en clara sintonía con la enseñanza de San Pablo sobre el primer y último Adán.

María con niño

Por qué las doctrinas marianas son evidentes solo tras un análisis tipológico

Dios quiso que la figura de María, por muy singular y excelsa que sea, no eclipsara la centralidad de Cristo en el plan de salvación. Por eso, en su pedagogía divina, reveló estas verdades de manera progresiva, adaptándose a la capacidad humana de comprenderlas y asegurando que las verdades sobre María fueran siempre vistas en relación con su Hijo y no con valor propio.

La Iglesia enseña (cf. CIC, 66) que la Revelación pública se cerró con la muerte del último apóstol. No hay revelaciones nuevas, sino una profundización guiada por el Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando el Concilio de Éfeso (431) declaró a María como Theotokos (Madre de Dios), no introdujo una novedad, sino que defendía la verdad de que Jesús es una sola Persona divina: su humanidad y divinidad no estaban separadas, y por tanto María no podía ser madre de un trozo de Jesús, sino de todo (hombre y Dios, entendido como Dios-Hijo, no la Trinidad entera).

Jesús mismo habló de esta comprensión gradual: “Tengo muchas cosas que decirles, pero ahora no las pueden asimilar. Esto no significa que “como no podéis asimilarlas os vais a quedar con las ganas de conocerlas”, pues en ese caso sobraría el “ahora”. Significa que ahora no podéis, pero en el futuro sí.

[

Tendría que deciros muchas cosas más, pero no podríais entenderlas ahora.  Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. No hablará por su propia cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder. Él me honrará a mí, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí. Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que “todo lo que el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí”. (Juan 16:12-15)

Por consiguiente, los dogmas marianos no son invenciones posteriores, sino profundizaciones en las “semillas” bíblicas sobre María que, a la luz de la fe en la divinidad y humanidad de Cristo y por la guía del Espíritu Santo, fueron poco a poco comprendidas por la Iglesia más plenamente, tal como prometió Jesús.

A medida que las herejías cristológicas fueron resueltas (arrianismo, nestorianismo, etc.), quedó más clara la función y dignidad de María: su virginidad perpetua, su concepción inmaculada, su asunción y otros aspectos que la Iglesia fue articulando de manera más precisa. Podríamos decir que esto ocurrió ‘como efecto secundario’: si Jesús es X, entonces María necesariamente tiene que ser Y. Pura lógica. Por ejemplo, si identificamos una fruta como limón, podemos deducir con certeza que el árbol del que proviene es un limonero. Si alguien después quisiera negar que el árbol es un limonero, inevitablemente estaría negando también que el fruto es un limón. De igual modo, al comprender mejor la naturaleza de Jesús, podemos deducir ciertos aspectos esenciales sobre la naturaleza de María. Así, la Tradición no agrega ‘nuevas verdades’ sobre María, sino que las entiende y articula con mayor claridad hasta el siglo V; después, se limita a aclararlas y defenderlas.

Esto no es todo. Como ya hemos visto, la tipología bíblica es otro camino fundamental para comprender a María, interpretando figuras y elementos del Antiguo y el Nuevo Testamento. Este método no está en oposición a la deducción lógica, sino que se refuerzan mutuamente: la tipología aporta una confirmación y una riqueza teológica que completa y profundiza lo que deducimos lógicamente de su relación con Jesús, mientras que la deducción lógica asegura que las interpretaciones tipológicas no sean arbitrarias. Por ejemplo, al deducir que Jesús es el Nuevo Adán, entendemos que María es la Nueva Eva; pero es la tipología la que nos muestra, a través de las Escrituras, que este vínculo no es solo una posibilidad lógica, sino una realidad diseñada por Dios en su plan divino. Así, ambos métodos trabajan juntos para dar solidez y plenitud a nuestra comprensión de María y el papel esencial que ocupa en el misterio de la salvación.

Conclusión

La Biblia, a través de sus figuras y signos, nos lleva al misterio central de Cristo, y con Él, ilumina el papel único de María en el plan de salvación. La tipología bíblica y la deducción lógica son herramientas complementarias que, juntas, nos ayudan a comprender cómo las doctrinas marianas no solo armonizan con las Escrituras, sino que brotan de ellas y alcanzan su desarrollo pleno en la Tradición.

Desde los primeros siglos, los cristianos reconocieron a María como la Nueva Eva, el Arca de la Nueva Alianza y la Madre de Dios, realidades que la tipología confirma y que la lógica refuerza al mostrarnos la conexión inseparable entre Cristo y su Madre. Así, lo que inicialmente parecía oculto en las Escrituras, la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, lo entendió progresivamente con mayor claridad.

Esta serie explorará cómo la tipología veterotestamentaria, que culmina en Cristo, ilumina secundariamente la misión de María. Aunque muchos reformadores como Lutero y Calvino aceptaron inicialmente varias doctrinas marianas, estas fueron rechazadas con el tiempo por algunas comunidades protestantes. Sin embargo, desde los primeros siglos, los cristianos han reconocido la grandeza de María en el plan de salvación, cumpliendo su propia profecía: “Desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1:48).

María bienaventurada
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ANEXO

Lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica

La unidad del Antiguo y del Nuevo Testamento

128 La Iglesia, ya en los tiempos apostólicos (cf. 1 Cor 10,6.11; Hb 10,1; 1 Pe 3,21), y después constantemente en su Tradición, esclareció la unidad del plan divino en los dos Testamentos gracias a la tipología. Esta reconoce, en las obras de Dios en la Antigua Alianza, prefiguraciones de lo que Dios realizó en la plenitud de los tiempos en la persona de su Hijo encarnado.

129 Los cristianos, por tanto, leen el Antiguo Testamento a la luz de Cristo muerto y resucitado. Esta lectura tipológica manifiesta el contenido inagotable del Antiguo Testamento. Ella no debe hacer olvidar que el Antiguo Testamento conserva su valor propio de revelación que nuestro Señor mismo reafirmó (cf. Mc 12,29-31). Por otra parte, el Nuevo Testamento exige ser leído también a la luz del Antiguo. La catequesis cristiana primitiva recurrirá constantemente a él (cf. 1 Co 5,6-8; 10,1-11). Según un viejo adagio, el Nuevo Testamento está escondido en el Antiguo, mientras que el Antiguo se hace manifiesto en el Nuevo: Novum in Vetere latet et in Novo Vetus patet (San Agustín, Quaestiones in Heptateuchum 2,73; cf. DV 16).

130 La tipología significa un dinamismo que se orienta al cumplimiento del plan divino cuando «Dios sea todo en todo» (1 Co 15, 28). Así la vocación de los patriarcas y el éxodo de Egipto, por ejemplo, no pierden su valor propio en el plan de Dios por el hecho de que son al mismo tiempo etapas intermedias.

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ÍNDICE DE LA SERIE: María en la Biblia y en la Iglesia

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    ROBERTO CARRASCO MACEDO

    Reafirma mi Fé, gracias

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