Orígenes de la misa como sacrificio


Constantino y la misa como sacrificio

La eucaristía como unión cósmica con Jesús en la cruz

Algunos dicen que lo que los cristianos primitivos celebraban al partir el pan no tenía nada que ver con el sacrificio de la misa que los católicos y ortodoxos celebran hoy en día. Dicen que la muerte de Jesús fue el sacrificio último y definitivo, el sacrificio que puso fin a todos los sacrificios, y que por tanto el ciclo de sacrificios del Antiguo Testamento quedó definitivamente cerrado y no tiene sentido celebrar ningún sacrificio más.

Y así, ofreciéndose en sacrificio una única vez, ha hecho perfectos de una vez para siempre a cuantos han sido consagrados a Dios. (Hebreos 10:14)

Según ellos, el sacrificio de la misa católica contradice lo dicho en el pasaje anterior y es una paganización introducida por Constantino (probablemente en el concilio de Nicea) por influencia de los sacrificios de las religiones paganas en un intento por lograr un sincretismo religioso que hiciese el antiguo cristianismo más fácil de divulgar entre las masas paganas.

Vamos a sumergirnos una vez más en la historia de los primeros cristianos para ver si este concepto católico de la misa como sacrificio está ya allí desde el primer momento o es un algo que aparece posteriormente, y si es así, cuándo aparece.

Este artículo forma parte de la serie CONSTANTINO O LA IGLESIA PRIMITIVA y consta de las siguientes partes, de las cuales trataremos aquí la número 2:

1- La presencia real de Jesús en la Eucaristía
2- La consideración de que la misa católica es un sacrificio
3- Jerarquización de la Iglesia
4- Refuerzo de la autoridad del obispo de Roma
5- Se da el nombre de “católica” a esta nueva iglesia que él fundó.
6- La veneración a la Virgen y a los santos
7- Divinización de Jesús
8- Celebración del día del Señor en domingo
9- Selección del canon bíblico
10- Creación del rito de la misa católica

En la eucaristía se unen Dios y los hombres por medio de Jesucristo. Aunque en la eucaristía sacramento y sacrificio se realizan simultáneamente y por medio de una única consagración, existe entre ambos aspectos una diferencia conceptual. La eucaristía es un sacramento porque Jesús se nos ofrece en ella como un manjar para el alma, y es un sacrificio porque Jesús se ofrece a Dios como hostia para redimirnos. El sacramento está destinado a la santificación del hombre, el sacrificio tiene como finalidad la glorificación de Dios.

Sacrificio de Noé

Noé y sus hijos hacen un sacrificio a Yahvé al desembarcar

En el antiguo Testamento se adora a Dios haciendo sacrificios de animales: matándolos sobre el altar y ofreciéndoselos a él (tal como Dios mismo pidió). No vamos a explicar en este artículo el concepto hebreo del sacrificio ni su sentido bíblico, ni tampoco de qué manera la muerte de Jesús en la cruz supuso la culminación de los sacrificios del Antiguo Testamento ni en qué medida o por qué Jesús es el supremo Cordero Pascual que es sacrificado en el altar de la cruz para redimirnos de nuestros pecados. Todo eso se da aquí por supuesto porque el tema del presente artículo es otro. Aquí trataremos de lo que ocurre DESPUÉS de morir Jesús, de lo que ocurre cada vez que un sacerdote católico u ortodoxo celebra una misa.

Jesús dio su vida por nosotros en el altar de la cruz, y con ese sacrificio supremo puso fin a todos los sacrificios. A partir de ese momento Dios ya no desea más sacrificios, pierden su sentido. ¿Entonces por qué los católicos siguen celebrando un sacrificio a Dios cada vez que celebran una misa? O incluso peor aún, ¿Por qué siguen sacrificando a Jesús una y otra vez? Para ellos, si la misa católica fuese realmente un sacrificio (el del Cordero de Dios) eso equivaldría a crucificar a Jesús continuamente y por tanto la sola idea es una barbaridad. Afortunadamente, piensan ellos, esto no es así porque ni el sacerdote tiene poder para ofrecer sacrificios a Dios ni Dios acepta ya más sacrificios, el de Jesús fue el último, lo dice claramente la Biblia.

Jesús en la cruz

Jesús es el cordero de Dios sacrificado en el altar de la cruz

Para empezar tenemos que decir que los católicos, igual que los protestantes, afirmamos que el sacrificio de Jesús fue el sacrificio definitivo que puso fin a todo sacrificio, y sin embargo también afirmamos que la misa, la eucaristía, es un sacrificio. Veamos qué significa esta paradoja y en qué momento de la historia surge.

Para los protestantes esto no es simplemente una paradoja, es lisa y llanamente una contradicción. Hace cuatro años alguien puso la siguiente pregunta en Yahoo! Respuestas: ¿Es posible sacrificar a Cristo en la misa, tal como lo enseña la teología católica?

Una de las respuestas que encontramos es muy típica de los sectores protestantes y dice así:

No, su sacrificio es irrepetible, además él murió una sola vez por los pecados de muchos, de otra manera (como lo enseña la secta católico romana) Cristo estaría muriendo miles de veces cada día.

Lo peor de todo es que también enseñan que la oblea se convierte en Cristo y después de “ofrecer” a Dios “ese santo sacrificio” inmediatamente se lo comen.

Todo eso es totalmente imposible pues no se puede hacer un dios instantáneo a partir de una oblea*, para después matarlo y comérselo.

Para justificar este imposible dicen que es un misterio difícil de entender pero que no por eso deja de ser 100% real.

*Un frecuente error de los protestantes es no darse cuenta de que la hostia que aquí llaman “oblea” es en realidad el pan ázimo, sin levadura, que Jesús utilizó en la Última Cena, aunque más fino y pequeño. Ese pan de Jesús se parecía bien poco al pan moderno (tipo baguette) y visualmente era parecido a las tortillas mexicanas, aunque más rígido y blanco.

Es cierto que el sacrificio de Jesús en la cruz fue el sacrificio último y definitivo que puso fin a los sacrificios del Templo, pero los católicos de antes y de ahora no consideran que el sacrificio de la misa equivalga, como muchos acusan, a volver a crucificar a Jesús, sino que se trata de unirnos místicamente, una vez más, a ese sacrificio total y definitivo que hizo Jesús hace 2000 años. Lo que hacemos en la eucaristía es unirnos con Jesús a los pies de su cruz en aquel día de Pascua del siglo I. Siendo que en el plano espiritual no existe el espacio ni el tiempo, esta unión perpetua y repetida con Jesús en el momento de su muerte es perfectamente posible. Es la Comunión de los Santos, que trasciende el espacio y el tiempo, la que nos permite por siempre poder unirnos a Jesús en su sacrificio único y definitivo cada vez que celebramos la Eucaristía, que no es lo mismo que “matar otra vez a Jesús”, como algunos erróneamente definen nuestro concepto.

Espacio y tiempo de Einstein

Einstein revolucionó nuestra visión del espacio y del tiempo

Para entender cómo es posible participar espiritualmente del sacrificio de Jesús en la cruz ya no es necesario aludir al misterio incomprensible, basta con acudir a Einstein y a la física cuántica y ver cómo el tiempo y el espacio son atributos de la materia y por tanto se desvanecen en la nada en ausencia de ella. La muerte de Jesús en la cruz fue un acontecimiento cósmico de trascendencia universal, con efecto inmediato a través del tiempo y del espacio, y por tanto sigue siendo tan real, presente y eficaz hoy como lo fue hace 2000 años. La misa católica es un portal espiritual que nos conecta con el sacrificio de Jesús y nos une a él. Solo desde esa perspectiva de revivir, no repetir, se entienden las palabras de San Pablo:

Cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz proclamáis la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Corintios 11, 26)

No dice “recordáis”, sino “proclamáis”. La forma griega que usa es καταγγέλλετε, del verbo “kataggello” que significa proclamar, anunciar algo de forma contundente como un hecho exacto, irrefutable (en contraste con el verbo “aggello” que significa simplemente “anunciar” sin más). Así que lo que nos dice San Pablo es que cada vez que comulgamos estamos afirmando con total exactitud que lo que ha tenido lugar en la ceremonia es la muerte de Jesús, no un recordatorio de su muerte aunque, como ya hemos dicho, tampoco es una repetición de su muerte.

Pero, como dijimos, no es finalidad de este artículo entrar en profundidades sobre qué es el sacrificio de Jesús ni de qué manera la misa lo actualiza (que no repite). La finalidad del presente artículo es demostrar que el concepto de la misa católica como sacrificio no es un invento de Constantino ni de Nicea, sino que pertenece a la Iglesia Primitiva desde sus orígenes, así que vamos a sumergirnos en la historia antigua para buscar las raíces de esta creencia.

Ya comentamos en nuestro anterior artículo las acusaciones de los paganos de que los cristianos hacían sacrificios humanos, basándose en malinterpretaciones de lo que los propios cristianos afirmaban estar haciendo en sus celebraciones: unirse una vez más al sacrificio único de Jesús mediante la eucaristía. Pero disponemos de muchos testimonios más evidentes aún. Baste de nuevo citar el texto más antiguo que tenemos al respecto, la Didaché, de la segunda mitad del siglo primero. Es por tanto el primer escrito cristiano al margen de los bíblicos. Sobre la misa comenta lo siguiente:

Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro. (ref. a Mateo 5:23-24) Todo aquel, empero, que tenga contienda con su hermano, no se junte con vosotros hasta tanto no se hayan reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio. Porque este es el sacrificio del que dijo el Señor: ‘En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones’ (ref. a Malaquías 1:11-14) (Didaché cap. XIV)

Por tanto, todavía en plena predicación apostólica podemos ver ya cómo los cristianos celebraban la eucaristía y la consideraban un sacrificio, o sea, sus reuniones religiosas eran misas, no simples reuniones para adorar a Dios juntos.

En torno al año 96 del siglo primero, el papa Clemente, en su carta a la iglesia de Corinto, dice:

No constituirá un pequeño pecado para nosotros si echamos del episcopado a los que irreprochable y santamente han ofrecido los dones (Clemente, 1 Corintios 44:4)

Está hablando de los presbíteros, o sea, los sacerdotes. La expresión “ofrecer los dones” significa hacer un sacrificio, pues el sacrificio es la manera de ofrecer algo físico a Dios o a los dioses. Por lo tanto en esta frase Clemente describe a los sacerdotes como aquellos que ofrecen los dones, o sea, aquellos que realizan el sacrificio del pan y del vino.

San Ignacio de Antioquía

San Ignacio de Antioquía devorado por los leones

Más tarde, en el cambio entre el siglo primero y segundo tenemos a San Ignacio de Antioquía. Mientras era trasladado a Roma para ser arrojado a los leones, escribió una carta a la Iglesia de Éfeso en la que decía:

Que nadie se llame a engaño. Si alguno no está dentro del ámbito del altar, se priva del pan de Dios. Porque si la oración de uno o dos tiene tanta fuerza ¡cuánto más la del obispo juntamente con toda la Iglesia! (cap. V.2)

Nos habla San Ignacio de Jesús como “el pan de Dios“ (ver Juan 6:32-36) dentro del contexto del altar. Un altar solo tiene sentido cuando hay un sacrificio (por eso las iglesias protestantes no tienen altar), por tanto se nos presenta aquí al pan eucarístico, que es Jesús mismo, como el holocausto que se ofrece a Dios en sacrificio.

En la segunda mitad del siglo II, San Ireneo de Lyon enseña que la carne y la sangre de Cristo son “el nuevo sacrificio de la Nueva Alianza”, “que la Iglesia recibió de los apóstoles y que ofrece a Dios en todo el mundo”. Lo considera como el cumplimiento de la profecía de Malaquías (Adversus haereses cap. IV 17, 5), tal como vimos anteriormente en la cita de la Didaché en el siglo primero.

De la misma época tenemos el testimonio de Tertuliano, quien designa la participación en la solemnidad eucarística como “estar junto al altar de Dios”, y la sagrada comunión como “participar en el sacrificio” (De oratione cap. 19).

Abraham y Melquisedec

El rey Melquisedec ofrece pan y vino ante Abraham

Y ya más tarde, pero todavía antes de Constantino y de Nicea, tenemos el testimonio bien claro de San Cipriano (año 258) quien enseña que Cristo, como sacerdote según el orden de Melquisedec, “ofreció a Dios Padre un sacrificio, y por cierto el mismo que había ofrecido Melquisedec, esto es, consistente en pan y vino, es decir, que ofreció su cuerpo y su sangre” (Epístola 63.4). “El sacerdote, que imita lo que Cristo realizó, hace verdaderamente las veces de Cristo, y entonces ofrece en la iglesia a Dios un verdadero y perfecto sacrificio si empieza a ofrecer de la misma manera que vio que Cristo lo había ofrecido” (Epístola 63.14).

En el libro de Isaías nos encontramos con una profecía que habría de cumplirse en la era mesiánica (nuestra presente era) y dice lo siguiente refiriéndose a los gentiles (los no judíos):

Y yo elegiré de entre ellos sacerdotes y levitas, dice Yahvé. (Isaías 66:18-22).

Según la mentalidad del Antiguo Testamento, no es concebible un verdadero estado sacerdotal sin sacrificio: sacerdote es aquel que realiza los sacrificios. Esta profecía no puede hacer referencia a los sacerdotes judíos, porque está refiriéndose a los gentiles (ellos), ni tampoco puede referirse a los sacerdotes paganos porque son idólatras. Solo los sacerdotes católicos y ortodoxos pueden suponer el cumplimiento de esa profecía. Estamos ya en la era mesiánica y esos sacerdotes y levitas que menciona la profecía son los sacerdotes y diáconos, etc. de la Iglesia Cristiana en sus dos ramas, la católica y la ortodoxa. Estos sacerdotes son los que llevan a cabo el sacrificio perpetuo anunciado en la profecía de Melquisedec. Si no hay sacrificio podemos tener oficiantes, ministros, pastores, etc. pero no sacerdotes ni altar. Aclaremos también que según la creencia católica en el momento de la consagración el sacerdote representa al mismo Jesús, que es quien verdaderamente presenta su propio sacrificio tal como nos dice la Biblia:

Jesús como sumo sacerdote

Jesús como sumo sacerdote

Este es el punto capital de cuanto venimos diciendo, que tenemos un Sumo Sacerdote tal que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos al servicio del santuario y de la Tienda verdadera, erigida por el Señor, no por un hombre. Porque todo Sumo Sacerdote está instituido para ofrecer dones y sacrificios: de ahí que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo. Pues si estuviera en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrezcan dones según la Ley. (Hebreos 8:1-4).

Así pues, en el momento de la consagración se unen el plano físico (la tierra), en la persona del sacerdote, con el plano espiritual (el cielo), en la persona de Jesús, que es quien verdaderamente hace el milagro de la consagración y actualiza el sacrificio de su propia muerte como ofrenda a Dios. Jesús actúa pues como el sumo sacerdote, por encima de cualquier sacerdote (categoría que incluye a curas, obispos, etc. y al mismísimo papa), y es él quien les da el poder de realizar el milagro de la transubstanciación y el sacrificio de la misa.

También en San Pablo tenemos varias alusiones al carácter sacrificial de la misa. En su primera carta a los corintios, San Pablo alerta a los cristianos de que no deben comer la carne sacrificada a los ídolos. Par ello hace una contraposición entre el banquete pagano y el banquete cristiano:

¿No es cierto que quienes se alimentan de las víctimas sacrificadas quedan vinculados al altar? No quiero decir con ello que esas víctimas sacrificadas a los ídolos tengan algún valor o que los ídolos signifiquen algo. Lo que quiero decir es que esas víctimas se ofrecen a los demonios y no a Dios; y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios. No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios; no podéis comer de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios. (ver 1 Corintios 10:14-22)

En este pasaje se explica que el banquete de los demonios es aquel en el que se comen los animales sacrificados a los ídolos y por lo tanto queda igualmente claro que el banquete de la mesa del Señor es aquel en el que se come el cuerpo y la sangre de Cristo, que ha sido ofrecido igualmente en sacrificio.

En la celebración litúrgica judía veterotestamentaria, también había una oración de acción de gracias llamada todah. La palabra “todah” significa en hebreo lo mismo que el significado original de la palabra “eucaristia” en griego: “acción de gracias”. La todah, como la eucaristía, presenta la adoración a través de la palabra y del pan, y así mismo incluye un sacrificio no sangriento de pan sin levadura y vino. El propio Jesús practica esta misma liturgia en la Última Cena y por él pasa a nosotros. Los antiguos rabinos hicieron una predicción muy significativa con respecto a la todah:

En la venidera Era [Mesiánica], todos los sacrificios cesarán, excepto el sacrificio de la todah. Este no cesará nunca durante toda la eternidad (Pesiqta, I, p. 159)

Constantino[Haga clic sobre este báner para acceder al índice de la serie completa]

Si le interesa profundizar sobre la misa como sacrificio le recomendamos este artículo: La Eucaristía como sacrificio.

Anuncios

4 thoughts on “Orígenes de la misa como sacrificio

  1. En ningún lado de lo que leí se menciona la Eucaristía como sacrificio propiciatorio. Se menciona como sacrificio de acción de gracias. los padres apostólicos citados tampoco mencionan la palabra transubtanciasion ni la adoración de los elementos.

    Me gusta

    • La primera vez que se usa la palabra “Trinidad” fue en el siglo tercero, lo que no quiere decir que antes de aparecer el término no existiese la creencia en que Dios era tres personas y un único Dios. Igualmente la palabra “transubstanciación” no apareció hasta el siglo XI, pero la creencia existía desde el principio, sólo que antes se decía “la presencia real de Jesús en la Eucaristía”. No son asuntos doctrinales, son asuntos lingüísticos. Tanto en la Biblia como en la Iglesia primitiva se deja bien claro que el pan y el vino son verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo, no una simple alegoría. Más información aquí: https://apologia21.com/2013/07/09/origenes-de-la-eucaristia-catolica/

      Si un cristiano adora a Jeús y cree que el pan y el vino son realmene Jesús, lo lógico es que adore al pan y al vino sacramentado, porque no es pan y vino sino el mismo Jesús.

      Para nosotros la eucaristía es como una ventana en el tiempo y el espacio que te permite estar presente ante la cruz, en el momento en que Jesús murió en Jerusalén hace 2000 años. Por consiguiente, el sacrificio de la eucaristía no es otro que el sacrificio de la cruz, y ese sacrificio fue expiatorio, por lo tanto la eucaristía es un sacrificio expiatorio porque es el sacrificio de la cruz. También es acción de gracias, y también es un recordatorio. Es el mismo Jesús el que con sus palabras establece ese triple carácter de su sacrificio:

      EXPIACIÓN — “porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada PARA REMISIÓN DE LOS PECADOS.” (Mt 26:28)

      ACCIÓN DE GRACIAS — “Y tomó el pan Y DIO GRACIAS, y lo partió y les dio, diciendo: …” (Lucas 22:19).

      RECUERDO — “… haced esto en memoria de mí.” (Lucas 22:19).

      Me gusta

  2. Definitivamente sobre este tema los comentarios de los padres es abundante y contundente y cuando los citas se acabó el debate. Más que todo es que no entienden la teología católica.

    Me gusta

Deje su comentario (será publicado aquí tras ser revisado)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s