CARTA Nº 2- (de un protestante): El rosario, el papa, las oraciones repetitivas, la Tradición y la Virgen


Carta de nuestros lectores -2Ayer recibimos esta carta de un protestante que había abandonado el catolicismo, según afirma, por sus falsas doctrinas antibíblicas. En contra de lo que por desgracia es habitual, su mensaje estaba lleno de respeto y su intención era solo defender su verdad, no despreciar las creencias ajenas. Por eso, y porque los temas que mencionó son muy interesantes, publicamos aquí nuestra respuesta, y siguiendo sus deseos dejaremos la carta sin el nombre de su autor.

SU CARTA:

DIOS mismo me sacó del catolicismo porque me enseñó todas las cosas incorrectas que hacían. Eran ciegos guías de ciegos (discúlpame) por ejemplo al papa le dicen sumo sacerdote sabiendo que el único sumo sacerdote es JESUCRISTO , le dicen padre a Los sacerdotes sabiendo que DIOS es el único padre , no aplican todo lo que dice la Biblia , muchos de ustedes (no todos) siguen más al papa que al Dios vivo y verdadero y a su Mesías , todo esto que te digo está en la Biblia expresado de distintas formas , además de que a las vírgenes no se le deben adorar y la Biblia no dice que adoren a la virgen ni a los santos patrones , y el Rosario es un objeto pagano y te lo digo yo Mismo vi todas las mentiras del catolicismo, otra de estas es la repetición de oraciones que JESÚS dijo que no la hicieran Mateo capitulo 6 vehículo 5 al 14. Sé que te sentirás defensivo en tu posición y eso lo entiendo porque lo mismo hacia yo , Y. Veo fe en ti pero date cuenta de algo , Las Religiones no salvan , es uno mismo que se salva cumpliendo lo que dicta la palabra de Dios , teniendo FE y. Amando a Dios sobre todas las cosas. Por favor léelo completo que sé que lo sentirás como una ofensa pero yo solo digo la verdad En nombre de DIOS y JESUCRISTO como dijo JESÚS y conoceréis la verdad y la verdad los hará libres.

A.X.

NUESTRA RESPUESTA:

No A.X., no lo siento como una ofensa, al contrario, agradezco mucho tus palabras porque son respetuosas, y desde el respeto siempre es interesante dialogar y contrastar ideas. Por supuesto tenemos creencias diferentes pero eso nunca debe convertirnos en enemigos, y más aún siendo hermanos en Cristo. Déjame decirte lo obvio, que desde mi punto de vista no fue Dios quien te sacó del catolicismo (no tiene sentido que Dios te aparte de su Iglesia), sino razonamientos humanos que por la razón que sea te resultaron muy convincentes. Los evangélicos (imagino que lo eres) son muy buenos manejando las emociones y exaltando los corazones, y eso es algo que está bien, pero que muy bien, que uno vibre y sienta a Dios es fantástico, pero las emociones no son ni garantía ni prueba de la verdad. Los fanáticos musulmanes también vibran y están dispuestos a dar su vida (o mejor la vida de otros) por Allah y Mahoma, y no por ello su religión ha de ser verdadera. Intentaré hablar claro y explicarme lo mejor posible, pero intentando no ofenderte en nada, así que si en algo te sientes atacado, créeme que habrá sido sin intención y acepta de antemano mis disculpas.

EL PAPA

Lo de que muchos católicos siguen al papa más que a Jesús, pues no soy yo quién para meterme dentro del corazón de todo el mundo para saber si en su interior eso es así, pero sinceramente me sorprendería muchísimo encontrar a algún católico (que tal vez los haya) que se considere seguidor del papa de turno como si fuera el gran Jefe y Jesús fuese un segundón. Además, es que esa situación no tiene sentido porque el papa en ningún momento defiende un mensaje que no sea el de Jesús (aunque ya sé que tú lo ves de otra forma, pero nosotros no vemos contradicción entre lo que predica el papa y lo que Jesús y sus apóstoles enseñaron). El papa no se inventa doctrinas que compitan con las de Jesús, sino que el papa es el guardián de la doctrina. La doctrina no se inventa, se aclara, y para eso es mejor tener una sola voz como referencia, porque cuando hay miles de voces al final tienes miles de doctrinas, por eso Jesús puso a Pedro como cabeza de la Iglesia, y por eso los protestantes se han dividido en miles de iglesias con diferencias doctrinales a veces enormes. Para mí está claro que lo que hizo Jesús al fundar el papado fue una idea brillante, a la vista están los resultados, que no son perfectos, porque los hombres tendemos a meter la pata mucho, pero que dadas las circunstancias han demostrado ser óptimos.

A NADIE LLAMÉIS PADRE

“A Nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.” (Mateo 23:9)

Esta cita la usan siempre los protestantes para señalar que los católicos, una vez más, no somos fieles a la doctrina de Jesús, pues a nuestros presbíteros y obispos a menudo les llamamos “padre”, en contra de lo que aquí ordena Jesús.

Cuando Jesús dice lo de que a nadie llaméis padre sino a Dios, nosotros no lo interpretamos como que ya no podemos usar la palabra “padre” para dirigirse a nadie más que a Dios, sino que quería decir que el verdadero Padre, con mayúsculas, es Dios, y sólo él tiene el poder de protegernos, y ningún otro “padre” de ningún tipo puede tener precedencia sobre él (los judíos se expresan así, no hablan igual que nosotros, y hay que entender sus giros). Si lo tomásemos literal del todo se podría igualmente argumentar que si un hijo llama “padre” a su padre está cometiendo blasfemia, y no creo que nadie piense eso (aunque tal vez haya por ahí alguna iglesia evangélica que sí lleve eso a rajatabla, siempre suele haber alguna). Escuchemos ahora a San Pablo:

como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones”. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. (Romanos 4:17)

En ese capítulo, entre los versículos del 1 al 18 San Pablo llama “padre” a Abraham en 7 ocasiones, y ni siquiera podemos decir que usa la palabra en su sentido físico, como progenitor, sino en su sentido espiritual, porque Abraham no era el padre biológico de San Pablo ni de todas las naciones referidas, judíos y gentiles. Tal como dice, “Abraham es nuestro padre a los ojos de… Dios”, o sea, un padre espiritual. Igual que lo hizo San Pablo lo hacemos nosotros, llamando “padre” a los sacerdotes e incluso al mismo papa. Y si buscas la palabra “padre” en una biblia electrónica te saldrán montones de resultados, también en el Nuevo Testamento, y la mayoría de los resultados no se refieren a Dios.

En este asunto tenemos otra vez algo muy habitual en los razonamientos protestantes, sobre todo cuando van de puerta en puerta convenciendo a las gentes sencillas de que las Escrituras demuestran la falsedad o veracidad de tal o cual doctrina. Al tomar solo el versículo citado arriba (Mateo 23:9) parece que fuera necesario, como he hecho, demostrar que ese verso en realidad no quiere decir lo que parece decir literalmente. Pero si en vez de mostrar un verso mostramos también su contexto, entonces ya ni siquiera parece haber necesidad de ninguna demostración, pues está claro que lo que Jesús pretendía decir no es lo que los protestantes afirman. Esto es lo que Jesús dijo en esa ocasión, tras criticar el engreimiento de los fariseos:

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A Nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. (Mateo 23:8-10)

Así que exactamente lo mismo dice Jesús de la palabra “padre” que de la palabra “maestro” y de “doctor”. Sin embargo los protestantes critican el que nosotros usemos “padre” con los sacerdotes, porque eso solo lo hacemos nosotros, mientras que ellos se sienten libres para poder usar las palabras “maestro” y “doctor” para quienes quieran, incluidos a sus líderes espirituales, pues son muchas las iglesias evangélicas que llaman a su líder o a su fundador “maestro”, y no usan la palabra “doctor” solo para referirse a los médicos, sino también a aquellos que saben mucho. Ninguna universidad protestante ha dejado de usar el título de “doctor honoris causa” por considerarlo una ofensa contra Dios, a pesar de la frase de Jesús “porque solo tienen un Doctor, que es el Mesías”. Por tanto, en mi opinión, este asunto tantas veces usado contra los católicos, no llega a ser un razonamiento equivocado, es directamente una artimaña para inventarse falsos argumentos.

No digo yo que tú ni que casi nadie de los que utilicen este argumento lo hagan para engañar, sino que hace mucho tiempo se empezó a utilizar este argumento y de tanto repetirse, los protestantes lo dan por sentado y lo usan como si fuera algo evidente e irrefutable. En realidad los engañados han sido ustedes (si me permites el comentario) por haber recibido sin saberlo esta doctrina falsa. Este es uno de los muchos ejemplos en los que los protestantes hicieron una interpretación precipitada de un versículo sin tener muy en cuenta su contexto y, como es frecuente, sin considerar el contexto global de la Biblia entera, que es lo que la exégesis católica siempre debe hacer.

JESÚS, ÚNICO SUMO SACERDOTE

También he oído este argumento muchas veces, que el papa tiene el título de “Sumo Pontífice”, que en el fondo es lo mismo que “Sumo Sacerdote”, pero la Biblia dice que nuestro único sumo sacerdote es Jesús. En principio el razonamiento que podríamos hacer aquí es exactamente el mismo que hicimos en el apartado anterior cuando explicamos por qué eso es un modismo judío, una forma de hablar, no algo literal. La verdad, de tanto oír esto confieso que llegué a pensar que tenían razón, o sea, que esa cita existía, pero pronto descubrí que el único sitio de la Biblia donde se menciona a Jesús como sumo sacerdote es en la carta de San Pablo a los hebreos, así que leí con cuidado la carta entera buscando la cita esa… y no la encontré. Encontré cosas como esta:

Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. (Hebreos 4:14)

Y ahí claramente dice “UN sumo sacerdote”, no “EL sumo sacerdote”. Compara con el uso del artículo en “EL Hijo de Dios”, porque claramente ese título solo lo ostentaba Jesús (y a pesar de todo los cristianos nos consideramos todos hijos de Dios). Por si acaso consulté la versión original en griego por ver si ese artículo era una licencia del traductor, pero no, el griego (que al contrario del latín y otros idiomas antiguos sí tiene artículo determinado igual que el español) también usa aquí “sumo sacerdote” sin artículo determinado.

Ἔχοντες οὖν ἀρχιερέα μέγαν διεληλυθότα τοὺς οὐρανούς, Ἰησοῦν τὸν Υἱὸν τοῦ Θεοῦ, κρατῶμεν τῆς ὁμολογίας.

En otro pasaje de la carta San Pablo menciona a Jesús comparándolo con los otros sumos sacerdotes que hay en Jerusalén (ver Hebreos 5:1-5) y no parece que la existencia de uno deslegitime la existencia de los otros, sino que la supera. De hecho este pasaje es uno de los usados para situar la fecha de esta carta (que en realidad es un sermón) antes del año 70, pues si nos habla de los sumos sacerdotes del Templo es porque Jerusalén aún no ha sido arrasada. Compara con esta otra cita en la que se menciona a Caifás, que era “EL sumo sacerdote” del templo, el jefe de todos:

Y los que prendieron a Jesús le llevaron ante el sumo sacerdote Caifás, donde estaban reunidos los escribas y los ancianos. (Mateo 26:57)

en el griego original:

Οἱ δὲ κρατήσαντες τὸν Ἰησοῦν ἀπήγαγον πρὸς Καϊάφαν, τὸν ἀρχιερέα, ὅπου οἱ γραμματεῖς καὶ οἱ πρεσβύτεροι συνήχθησαν.

Como se ve, ahí sí que usa el artículo y dice “τὸν ἀρχιερέα” (ton= el / arjierea= sumo sacerdote), así que si solo analizamos la letra sin ver la imagen mayor que representa, podríamos incluso llegar a la absurda conclusión de que Caifás era “EL sumo sacerdote”, mientras que Jesús solo llega a ser “UN sumo sacerdote”, así que la función sacerdotal de Jesús estaría por debajo de la de Caifás, lo cual sería un absurdo, pero básicamente sigue el mismo razonamiento que los protestantes usan para muchas otras citas en cuanto tienen ocasión, sobre todo si es para refutar alguna doctrina católica, como esta (que ni siquiera es doctrina, solo un simple título descriptivo del puesto del papa en el organigrama jerárquico).

En varios sitios se menciona que Jesús es nuestro sumo sacerdote, pero nunca dice que sea el único, solo se dice que es sumo sacerdote. Igualmente en esa carta se menciona también que Jesús es el apóstol (“el apóstol”, suena como si fuera el único), y sin embargo eso lo dice el mismo San Pablo, que se había declarado en repetidas ocasiones a sí mismo como el apóstol de Dios, junto con todos los demás apóstoles:

Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y participan de un mismo llamado celestial, piensen en Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos. (Hebreos 3:1)

Así que si Jesús es “el apóstol”, pero hay más apóstoles, también puede ser “nuestro sumo sacerdote” sin por ello querer decir que no puede haber otro. Y hay un pasaje en el que sí se dice “EL sumo sacerdote”, solo un pasaje, pero va modificado por una oración de relativo (subrayada), lo cual significa que no es el único que hay, sino el único que cumple con la descripción ofrecida por la oración subordinada:

Él es el Sumo Sacerdote que necesitábamos: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima del cielo. (Hebreos 7:26)

Es lo mismo que si digo “Juan es el médico que necesitábamos”, eso no quiere decir que Juan sea el único médico, sino que de todos los médicos que hay, que son muchos, él es justo el que nos hacía falta. Curiosamente, también en Hebreos 9:7 y 9:25 y 13:11 aparece “EL sumo sacerdote”, pero ni siquiera se refiere a Jesús, sino al sumo sacerdote del Templo.

De todas formas, si miramos más el espíritu de la palabra que la letra en sí, veremos que lo que San Pablo quiere transmitirnos en su carta es que Jesús, al ofrecer su sacrificio completo e irrepetible, actuó con sumo sacerdote (el encargado de ofrecer los sacrificios en el Templo) y al mismo tiempo su función supera a la de todos ellos. San Pablo está intentando explicarnos la función de Jesús y ustedes se quedan solo con las palabras, que si alguien puede o no puede usar el título de “sumo sacerdote”.

Nosotros llamamos al papa “sumo pontífice” porque esa expresión significa literalmente “el sacerdote de mayor rango”, que es lo que es el papa. Pero la función del papa no es inmolar y quemar corderos en un altar frente a la Plaza de San Pedro, así que aunque el papa se llame lo que es, el principal entre los sacerdotes, tampoco se le está comparando en absoluto con la función de Jesús como sumo sacerdote, que fue la de presentarse a sí mismo como el cordero del sacrificio por el pecado de todos.

EL ROSARIO

Dices que el rosario es un objeto pagano, pero eso no tiene mucho sentido. Un objeto pagano es algo creado para practicar religiones paganas. El rosario es un instrumento usado por cristianos católicos, ortodoxos, anglicanos y algunos otros para ayudarles a recitar oraciones. No es un objeto mágico con poderes, simplemente es una forma sencilla y eficaz de no perder la cuenta en el número de oraciones que llevas, igual que si vas marcando rayitas en un papel para no perderte. Como es usado por cristianos para rezar, no puede ser pagano, es cristiano.

Por supuesto que no aparece en la Biblia, tampoco en la Biblia aparecen los micrófonos y supongo que si un evangélico utiliza un micrófono en sus predicaciones y alabanzas para que se le oiga mejor, nadie diría que su predicación es antibíblica, o que el micrófono es un objeto antibíblico o pagano. El rosario no es ni bíblico ni antibíblico, es sencillamente otra cosa, porque el universo no se divide en cosas bíblicas y antibíblicas, ni en cosas cristianas o paganas, hay muchas cosas que no entran en ninguna de esas categorías. Por ejemplo las patatas, no aparecen en la Biblia pero no son antibíblicas, no eran comidas por los hebreos ni por Jesús ni los apóstoles, pero no son paganas, son otra cosa.

Lo que te parecerá mal del rosario no puede ser el rosario en sí, sino en todo caso el que se utilice para rezar a Dios y también a la Virgen (a la cual, repito, no adoramos, ni a ella ni a los santos, adorar es otra cosa muy diferente). Y también te parecerá mal el hecho en sí de recitar oraciones, pues según vosotros eso es lo que Jesús condenó como “recitar palabras vanas como los paganos”. Por eso, si aún has tenido la paciencia de leer hasta aquí, te voy a comentar ahora sobre ambas cosas, sobre la Virgen y sobre lo de recitar oraciones.

RECITAR PALABRAS VANAS

Y al orar no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. (Mateo 6:7)

Si no me equivoco, esa cita es la única que usáis en contra de las oraciones memorizadas, como por ejemplo el Avemaría. Para empezar, he tenido que usar una versión protestante, la Biblia Reina-Valera (año 1995) para encontrar eso de “vanas repeticiones”, que es en lo que se funda ese reproche vuestro. Pero si miramos otras traducciones encontraremos eso dicho de otras formas, por ejemplo:

Cuando oren, no hablen mucho [en exceso], como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. (versión católica autorizada para la Conferencia Episcopal argentina)

Cuando ores, no parlotees de manera interminable como hacen los seguidores de otras religiones. Piensan que sus oraciones recibirán respuesta sólo por repetir las mismas palabras una y otra vez. (versión protestante: Nueva Traducción Viviente)

Así que es mejor acudir al texto griego original y verlo más despacio para captar el matiz.

Προσευχόμενοι δὲ μὴ βατταλογήσητε ὥσπερ οἱ ἐθνικοί δοκοῦσιν γὰρ ὅτι ἐν τῇ πολυλογίᾳ αὐτῶν εἰσακουσθήσονται. (versión original en griego)

La palabra βατταλογήσητε (battalogesete) es del verbo “battalogeo”, formado a partir de las palabras “Battos” y “logos” (palabra). Este Battos es un poeta antiguo famoso porque sus poemas eran un aburrimiento total, aunque otros quieren ver ahí al rey de Cirene Battus, famoso tartamudo. En cualquier caso, el verbo “battalogeo” significaba, según el diccionario, “farfullar, parlotear, hablar sin mesura”, o sea, o bien cuando uno habla mucho pero no se sabe qué está diciendo, o bien cuando uno habla y habla por los codos sin parar. La idea es que su discurso es una pérdida de tiempo. Pero es difícil afinar más porque creo que ese verbo no aparece en la Biblia nada más que en este pasaje.

Pero más tarde en la misma frase aparece este verbo matizado con el complemento ἐντῇπολυλογίᾳ, o sea “con muchas palabras”. Por ese motivo, la traducción más clara, en mi humilde opinión, claro, es la versión protestante de N.T.V., diciendo “no parlotees de manera interminable”, aunque como dije, es difícil dar con una traducción española sencilla que recoja los matices exactos del griego original. La traducción que los protestantes ofrecen siempre en su reproche, la de “no uséis vanas repeticiones”, me parece sin embargo mucho menos acertada, y muy probablemente esa interpretación que hacen del verbo “battalogeo” se deba a que ya tenían en su mente el reproche a las oraciones católicas, y al traducir este pasaje se inclinaron por una traducción que convertía ese reproche en doctrina bíblica, aunque fuera forzando un poco el sentido original (que tampoco se puede decir que sea una traducción falsa, pero ciertamente no es una buena traducción).

No solo un análisis lingüístico nos puede servir de contraargumento, mayor fuerza tiene aún el análisis contextual de todo el discurso de Jesús. En vez de citar solo ese fragmento veamos un trozo más amplio:

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo… (Mateo 6:5-10)

Y mejor contexto aún tendrás si te lees el capítulo entero (Mateo 6). Jesús está criticando a los que viven una religiosidad de puertas para afuera, que es solo apariencia pero no sincera, solo formas pero ningún fondo. Critica a los “hipócritas”, los que no sienten a Dios pero hacen creer a todo el mundo que son más religiosos que nadie. Por eso les dice que no oren en público sino en privado, y que no oren con mucha palabrería, sino de corazón. Los protestantes han interpretado que esa excesiva verborrea de cara a la galería se refiere a la repetición de oraciones aprendidas. Pero si ese fuese verdaderamente su significado, ¿cómo es que Jesús aclara mejor lo que quiere decir precisamente enseñándoles a sus discípulos una oración para que la reciten de memoria?

La mayoría de los protestantes recitan el padrenuestro igual que lo hacemos los católicos, pero imagino que el truco es que como esta oración está en la Biblia sí que vale, y las oraciones que no están en la Biblia no valen y son antibíblicas. Pero aún así, si el problema es lo de recitar oraciones aprendidas, tan malo sería rezar el padrenuestro como el avemaría. De hecho hay iglesias evangélicas que dicen que el padrenuestro que enseñó Jesús era simplemente un ejemplo de oración espontánea, no algo que hay que imitar. Y eso, sinceramente, ya es forzar muchísimo las cosas, porque está claro que Jesús les enseñó una oración, no solo una mentalidad, por eso les dice “recen de esta manera:…”, y no simplemente les explicó que hay que hablar espontáneamente y sinceramente y de tal o cual forma; no, les dio un texto.

Si Jesús les dice: no uséis oraciones aprendidas, pero yo os voy a enseñar una oración para que os la aprendáis, entonces es que o Jesús no tiene las ideas claras, o quienes no tienen las ideas claras son los que ven en este pasaje una condena a las oraciones católicas. Yo voto por lo segundo. Más aún, quienes dicen que una oración aprendida es antibíblica porque aquí Jesús dice que no uséis repeticiones vanas, deberían también, con la misma lógica y fundamento, creer que rezar de pie es igualmente prohibido y antibíblico, pues Jesús en ese mismo pasaje ha dicho esto:

“Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos […]. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto”

Todos sabemos que sobre todo a los evangélicos les encanta rezar de pie, y que condenan la postura de arrodillarse. Pues bien, interpretando la Biblia como hacen los protestantes, y del mismo modo que han hecho con Mateo 6:7, yo podría utilizar esa cita para acusar a los evangélicos de estar desobedeciendo a Jesús, porque Jesús dice ahí claramente que cuando recen no deben rezar de pie ni en público, sino que deberían encerrarse en su habitación (importante que la puerta esté cerrada, como Jesús especifica ahí) y por supuesto rezar en cualquier postura que no sea estando de pie. Como se puede ver aquí, con este tipo de interpretaciones que miran una frase sin mirar su contexto, es fácil llegar al absurdo y acabar acusando a otros de cualquier cosa.

Jesús está condenando el hecho de rezar solo por aparentar, pero sin que en tu corazón estés realmente comunicándote con Dios. Lo que condena es la actitud del orante, la vivencia en sí, no el hecho formal de si el que reza está de pie o no, si está en público o en privado, si recita una oración aprendida o improvisa espontáneamente. Eso son las formas, lo que importa es lo que sucede en el corazón del orante mientras reza. Y eso ya sí que es el rincón sacrosanto de cada individuo, pues como dice la Biblia, solo Dios ve en lo secreto. Jamás me atrevería yo a decir que una persona que está rezando así o asá está realmente en presencia de Dios o simplemente soltando palabras que no sienten. Eso solo Dios lo sabe, que él lo juzgue.

Pero aún hay más, cuando Jesús estaba en el Huerto de los Olivos rezando, marchó a ver si sus discípulos velaban y les encontró dormidos, y luego regresó a orar, y dice la Biblia que oró repitiendo las mismas palabras que estaba diciendo antes.

Se alejó por segunda vez y suplicó: «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad». Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. (Mateo 26:42-44)

Ahí lo tienen, Jesús utilizando vanas repeticiones tres veces seguidas… o ¿será que no todas las repeticiones tienen por qué ser vanas? Una repetición no es vana solo por ser repetición, es vana si no pones el corazón en lo que está diciendo, porque a Dios eso no le sirve de nada. La acalorada y encendida alabanza que el pastor evangélico hace ante sus enfervorizados fieles puede ser una maravillosa oración si su corazón siente sinceramente cada palabra que dice, pero puede ser una perfecta “vana improvisación” si no está realmente sintiendo lo que dice.

Los católicos a veces rezamos repitiendo oraciones memorizadas, como por ejemplo el padrenuestro que Jesús nos enseñó, y a veces rezamos usando espontáneamente nuestras propias palabras. Y los católicos, igual que los protestantes, a veces rezamos con el corazón en nuestra boca, y a veces rezamos de forma vana, pensando en otra cosa.

LA VIRGEN Y LOS SANTOS

Tu principal pega, supongo, será el tema de la Virgen, el que la consideremos Madre de Dios y todas esas doctrinas. Los católicos rezamos no solo a Dios, sino también a los santos, porque creemos que no están allá dormidos en la inconsciencia como decís, sino tan conscientes como los ángeles, así que pueden interceder ante Dios por nosotros. Y por supuesto, dentro de los santos, rezamos también a María, la más santa de todas las creaturas.

Pero rezar no es lo mismo que adorar, ni mucho menos, rezar es hablar con los espíritus que habitan en el cielo. Si yo rezo a San Francisco de Asís o rezo a mi abuela que en paz descanse, que por supuesto era una santa –como casi todas las abuelas–, eso no quiere decir que esté adorando a San Francisco ni a mi abuela ni a la Virgen María, solo a Dios adoramos, y si pedimos algún favor a los santos, a María o, en mi caso a mi abuela (que también lo he hecho), es porque creemos firmemente que ellos, al igual que los ángeles, pueden presentar nuestras peticiones ante Dios, no porque ellos tengan poderes por sí mismos. Los coliridianos del siglo IV en Arabia sí adoraban a María como si fuera una diosa, y fueron contundentemente declarados herejes por la Iglesia Católica.

Para entender por qué veneramos a María como Madre de Dios, primero necesitamos aclarar un concepto básico del catolicismo que la mayoría de los protestantes conocen pero prefieren ignorar por completo en sus discusiones con nosotros. Y no es posible ignorarlo, sería como intentar discutir sobre el funcionamiento del sistema solar negándose a mencionar la ley de la gravedad. Ese tema es el papel de la Tradición.

LA TRADICIÓN APOSTÓLICA

El cristianismo no fue una religión iniciada por Jesús, sino que surge de la acción de Jesús sobre el judaísmo, que ya tenía muchos siglos o milenios de antigüedad. Por eso todos los cristianos, católicos o no, aceptamos como Sagradas Escrituras no solo nuestros propios escritos, el Nuevo Testamento, sino también los escritos judíos que ya existían, los del Antiguo Testamento. En la historia, como ha habido de todo, hubo también intentos de hacer tábula rasa y empezar desde cero, rechazando los escritos judíos. El caso más conocido es la herejía de Marción, hijo de un obispo del siglo II, que rechazaba el Antiguo Testamento y decía que Dios era el Padre del que habla Jesús, pero no esa falsa deidad de la que hablaban los judíos en el Antiguo Testamento.

Los cristianos somos herederos del judaísmo que aceptó a Jesús como el Mesías esperado por ellos. Por eso no es de extrañar que desde el principio viviéramos la religión según el concepto (renovado por Jesús) de los judíos, el Pueblo de Dios que luego se abrió también a los gentiles. Los judíos de la antigüedad tenían sus creencias y costumbres, lo más fundamental lo dejaron recogido en los libros sagrados que hoy conforman el Antiguo Testamento, pero no todas sus creencias ni todas sus costumbres y ritos se hallaban escritos allí. Analizando con lupa el Antiguo Testamento vemos también rastros de otras creencias que se dan por sentadas, pero sin esas otras creencias no es posible entender el judaísmo original, y menos el actual.

Los judíos tenían sus textos sagrados, lo que llaman la Torá (nuestro Antiguo testamento), y también una tradición que se había transmitido oralmente. En realidad buena parte de la Torá proviene de esa tradición oral, que fue puesta por escrito durante la época del destierro en Babilonia (siglo V a.C.). La doctrina de Jesús parte también de esos dos pilares, e incluso algunas cosas que parecen novedad (como la doctrina de la resurrección de la carne) no es tal, sino que proviene de esa tradición oral judía.

Tras la expulsión de los judíos y su dispersión a partir del siglo primero, la transmisión de la tradición oral estaba cada vez más en peligro. Ante el riesgo de que esa tradición se vaya perdiendo o deformándose surge la Mishná, que es una colección de textos que ponen por escrito esa tradición para que no se pierda (siglos II y III d.C.). También por entonces y a lo largo de varios siglos, se va poniendo por escrito otra colección de libros que recogen los comentarios e interpretaciones que famosos rabinos hacían o habían hecho sobre la Torá.

Resumiendo, los judíos tenían una religión transmitida sobre todo oralmente. En el siglo V a.C. se puso por escrito buena parte de esa tradición (algunos libros ya mucho antes), y a partir de entonces los judíos tenían las Sagradas Escrituras y la Tradición oral. Dos siglos después de Cristo se recoge por escrito también esa antigua tradición oral, para preservarla, y luego también los comentarios de los rabinos más famosos. Por eso el judaísmo no se basa simplemente en la Biblia judía (la Torá), sino también en la Mishná y el Talmud. Si queremos discutir con un judío sobre su religión, no podemos obligarle a explicarnos sus creencias solo mediante los textos bíblicos, porque no podría, tendría necesariamente que utilizar también la Mishná y el Talmud para explicarnos por qué creen esto o aquello o por qué interpretan los textos bíblicos así o asá.

Pues los cristianos de la Iglesia Católica, que no surgimos en el siglo XVI como los protestantes, sino que surgimos en el siglo primero a partir de las creencias y comunidades judías reformadas por Jesús, funcionamos en ese sentido igual que ellos, ya que en cierto modo seguimos siendo judíos (solo que nosotros aceptamos a Jesús y ellos no). Por lo tanto hicimos lo mismo, seguimos con nuestros escritos de siempre (el Antiguo Testamento), y en cuanto a las doctrinas nuevas que Jesús y sus apóstoles predicaron, las transmitimos oralmente, de boca en boca mediante la predicación. Muy pronto surgieron varias personas que por una u otra razón decidieron poner por escrito esas doctrinas. Recoger todas esas predicaciones que duraron años (3 de Jesús más los años de los apóstoles) era tarea imposible o al menos ninguno de los 4 lo consideró necesario, solo quisieron recoger lo fundamental, y más que recoger las doctrinas en sí lo que hicieron fue sobre todo recoger la vida de Jesús (el más doctrinal es Juan). El resto de las enseñanzas de Jesús permanecieron vivas en la tradición oral. A estos escritos se sumaron algunas de las cartas que se pudieron conservar escritas por los mismos apóstoles, y a todos esos escritos, junto con el Apocalipsis, se les llama ahora el Nuevo Testamento, y junto con los textos judíos de entonces conforman la Biblia cristiana.

Incluso podría decirte más aún, el que la Tradición oral existe desde el principio no solo parece algo lógico e histórico, sino que es algo bíblico. El mismo San Juan reconoce y valida la existencia de la Tradición con las palabras con las que despide su evangelio:

Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían. (Juan 21:24-25)

Al igual que Juan nos dice que Jesús hizo muchísimas otras cosas que no se dejaron por escrito, del mismo modo, mientras las hacía, dijo muchas otras cosas y explicaciones que no quedaron por escrito (aunque Dios se aseguró de que no por ello se perdieran). Es más, puesto que muchas de las enseñanzas de Jesús las hizo no tanto a través de sus palabras como a través de su vida y sus actos, esas cosas que hizo y que no están en la Biblia también serían a su vez enseñanzas que transmitió y que no quedaron reflejadas por escrito. Luego lo que Juan nos está diciendo es que en la Biblia solo se recoge parte de las enseñanzas de Jesús, pero no todas.

Así como los judíos pusieron por escrito en el siglo V a.C. buena parte de sus doctrinas e historias mientras que otra parte quedó en la tradición oral, igualmente los primeros cristianos pusieron por escrito buena parte de sus doctrinas e historias, pero el resto quedó también en la tradición oral. Y al igual que los judíos más tarde vieron la necesidad de ir fijando por escrito también esas otras tradiciones, doctrinas e interpretaciones, también la Iglesia Primitiva era consciente del poder del texto escrito para fijar y preservar las enseñanzas, así que ya desde el mismo siglo primero, y en los siglos siguientes, distintos autores cristianos fueron dejándonos escritos en los que recogían doctrinas de la tradición y también interpretaciones aceptadas sobre las escrituras.

En cuanto esa Iglesia pudo salir de las catacumbas y organizarse públicamente sin problemas, esos esfuerzos dejaron de ser casos individuales y se convirtieron en empresa común de toda la Iglesia: comienzan los concilios, empezando por el de Nicea. En los concilios se intenta eso, ir fijando por escrito todas las doctrinas cristianas que había para que no sufran el ataque y las deformaciones de las continuas herejías que iban apareciendo por aquí y por allá.

Así que no tardando mucho llegó un momento en el que los cristianos, exactamente igual que los judíos, teníamos nuestras Sagradas Escrituras, y también la Tradición oral recogida ya por escrito. El proceso de fijar por escrito todas las doctrinas de la Tradición oral junto a la interpretación correcta de esa Tradición y de las Escrituras, queda en su mayor parte rematado hacia el siglo V. Pues bien, esa Iglesia Cristiana, que se basó y se basa en tres pilares, igual que los judíos, era y sigue siendo la Iglesia Católica Apostólica Romana (conocida como Iglesia Católica), junto con su hermana la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa (conocida como Iglesia Ortodoxa).

Nuestro principal fundamento era y es la Biblia, pero no nuestro único fundamento. Al igual que Jesús aceptaba elementos de la tradición judía (como la doctrina de la resurrección y otras doctrinas, ritos y costumbres, si bien no todas), también nosotros los católicos aceptamos la Tradición como fuente en la que basar nuestras creencias. Nos importa lo que dice la Biblia, también la interpretación que esos primeros cristianos hacían de la Biblia (porque ellos fueron adoctrinados por los apóstoles), y también otras doctrinas que no se recogieron en su momento en la Biblia (aunque sí vemos en ella rastros) pero que se conservaron en la tradición oral y luego fueron puestas por escrito. No puedes hablar de judaísmo con un judío si pretendes dejar fuera al Talmud y la Mishná, no puedes hablar de cristianismo con un católico si pretendes dejar fuera a la Tradición y a los concilios.

Y sin embargo esto es lo que muy a menudo ocurre cuando católicos y protestantes dialogan sobre si tal o cual doctrina es o no verdadera. Los protestantes, por supuesto, se niegan a aceptar ningún razonamiento que no esté por escrito en la Biblia, pero lo malo es que también muchos católicos, con buena intención, dejan a un lado la Tradición cuando discuten con un protestante porque les parece que en esa discusión la Tradición no valdría para nada.

Hace unos años un famoso apologista católico (no digo el nombre por miedo a equivocarme) daba consejos sobre cómo intentar explicar nuestra fe a gente atea, o de otras religiones, o a los protestantes. Sobre los protestantes afirmaba que con ellos debíamos intentar siempre ceñirnos a la Biblia y a nada más, porque si acudíamos a la Tradición ellos no aceptarían nuestros argumentos. Pero es que entonces, si queremos explicar nuestra fe sin acudir a la Tradición nos encontraremos con que en algunos casos resulta muy difícil justificar una doctrina, pues en la Biblia solo vemos indicios, señales que apuntan a esa doctrina o que la dan por supuesta, pero no explicaciones claras y evidentes sobre ella. Ante eso el protestante considera que la doctrina católica no tiene base suficiente y por tanto es falsa, lo cual crea en muchos católicos una especie de sensación de inseguridad o de inferioridad, porque aquellos siempre tienen sus citas listas para respaldar todas sus creencias.

Esta manera de funcionar, por bienintencionada que sea, es un grave error. Un católico no puede justificar su fe, y menos explicarla, si no saca su Biblia y su Tradición. Los textos bíblicos a menudo se pueden interpretar de muchas maneras distintas, y casi siempre está la opción de considerar ciertas palabras como literales o alegóricas. Los protestantes nacieron creando la doctrina de la Sola Scriptura, una doctrina novedosa que no surge ni del cristianismo original ni del judaísmo, sino que nace con el protestantismo, o mejor podríamos decir que el protestantismo nace de esa doctrina. Una vez que rechazas la Tradición, entonces es inevitable rechazar con ella muchas doctrinas conservadas allí. Pronto se quedan solo con las doctrinas basadas claramente en la Biblia, más otras nuevas que creen descubrir allí. Pero para ello tienen que asumir la idea ilógica de que la Biblia se explica a sí misma.

Que esta idea es errónea es bien fácil de entender y comprobar. Si la Biblia se explicara a sí misma, cualquier persona iluminada por el Espíritu Santo (al que invocan para comprender con rectitud las Escrituras) y con cierta erudición podría descubrir el verdadero sentido de cada frase bíblica, y también reconocer con claridad si esas palabras son literales o alegóricas. Pero no es eso lo que vemos, lo que vemos es que ya desde el mismo principio, desde Lutero y Calvino, comienzan los protestantes a hacer interpretaciones bíblicas diferentes y muy diversas, y a lo largo de los siglos esas divergencias no han hecho sino acentuarse más y más, hasta acabar con miles de iglesias que defienden miles de doctrinas diferentes, muchas de ellas totalmente contradictorias.

Por el contrario, los católicos siempre se han mantenido fieles a la Tradición, y en ella tenemos también la manera de interpretar correctamente cada pasaje bíblico. Por eso si los protestantes en cuatro siglos se han dividido en miles de ramas de diversas doctrinas, los católicos en cambio hemos mantenido durante veinte siglos las mismas creencias. Cuando el lamentable cisma dividió a la Iglesia cristiana en dos: la católica romana y la católica ortodoxa, eso no supuso prácticamente ningún cambio doctrinal importante, y aunque llevamos ya mil años caminando separados, los católicos y ortodoxos seguimos compartiendo la misma fe y las mismas doctrinas fundamentales. Como se dice siempre, solo hay una manera de tener razón, pero hay infinitas maneras de estar equivocado.

Por lo tanto, si en el diálogo entre un católico y un protestante el protestante se niega a hablar de la Tradición, en la práctica se está negando a dialogar. La gran mayoría de los debates entre católicos y protestantes (a nivel de libros, televisión, revistas o a nivel de predicadores que van de casa en casa) se juegan siempre según las reglas de juego de los protestantes, o sea, solo vale lo que esté en la Biblia, si no, se ignora totalmente. De esa forma es complicado, si no imposible, ganar siempre la partida.

Es como si yo digo que la única gramática verdadera es la gramática española y todas las demás son falsas. Ahora un francés me dice una frase en francés y yo le digo que su frase está mal construida, y se lo demuestro sólidamente sacando la gramática del español y explicándole qué reglas ha roto y qué reglas debería aplicar para poder formar una frase correcta. Si el francés acepta mi argumento entonces estará perdido, pero si el francés me dice que su frase es gramaticalmente correcta según la gramática francesa, que es la suya, y que yo puedo aplicar mi gramática española al español, pero no al francés, entonces la cosa empieza a tener sensatez. Decir que el español es un idioma gramaticalmente más correcto que el francés es tan absurdo como decir que el protestantismo metodista es más correcto que el catolicismo. Son dos religiones distintas (hermanas pero distintas) que siguen sus propias reglas, y cada una debe ser coherente con sus propias reglas. Pero intenta juzgar a una aplicando las reglas de la otra y te encontrarás necesariamente con un absurdo.

Otro tema muy diferente es el de la verdad. Ambas personas, el metodista y el católico, pueden ser unos estupendos fieles dentro de su iglesia, conocer, comprender y aplicar correctamente las doctrinas de su iglesia y llevar una vida coherente con ellas, pero como máximo solo uno de ellos puede estar en posesión de la doctrina verdadera. Así que entonces el debate se traslada a otro terreno, no tanto a si tu interpretación de este texto es la interpretación correcta o no, sino al tema de cuál de las dos religiones tiene más probabilidades de defender las doctrinas enseñadas originalmente por Jesús. Y ese debate es demasiado extenso para incluirlo aquí. Solo mencionaré de pasada que para los católicos, la garantía de que nuestra religión es la de Jesús está en la sucesión apostólica de nuestros obispos, pues nuestros dirigentes religiosos y custodios de la doctrina provienen de una cadena ininterrumpida que se remonta hasta los mismos apóstoles. Solo la Iglesia Ortodoxa, junto con la Católica y las orientales, pueden hacer esa afirmación.

MARÍA

A María la veneramos y la rezamos porque es una mujer santa, y como dije antes, creemos que los santos del cielo (todos los que han muerto y están ahora en el cielo) están vivos, conscientes y se relacionan con Dios, por lo que pueden interceder ante él por nosotros, del mismo modo que los vivos de aquí en la tierra también podemos interceder unos por otros (en eso también están de acuerdo los protestantes, aunque muchos piensen que los muertos están en estado inconsciente y no admiten comunicación). Por ser madre de Jesús merece recibir una veneración y un cariño muy por encima del que merece cualquier otro santo normal; eso parece lógico. Pero lo que más choca frontalmente con la doctrina protestante (al menos con la moderna) es la consideración católica de que María es la madre de Dios.

Tal como vimos antes en nuestro apartado sobre la Tradición, pareciera que en este punto nos hemos metido de lleno en uno de esos casos en los que sin la Tradición resulta complicado de demostrar. No parece que esta ni otras doctrinas marianas esté claramente expresada en la Biblia. Sí que encontramos muchos indicios que apuntan en esa dirección, pero si el católico necesita recurrir a la Tradición y el protestante se niega a aceptar la Tradición, entonces pareciera que no hay posibilidad de discutir sobre María en un diálogo católico-protestante. Pero sí que la hay, al menos hasta cierto punto.

Católicos y protestantes al fin y al cabo somos todos cristianos y también ellos surgieron a partir de la Iglesia Occidental (la católica), así que aunque juguemos en campos distintos tenemos una amplia zona común dentro de la cual sí podemos discutir. En ese campo común no podemos juzgar al otro según nuestras propias reglas, pero sí según las reglas de ese campo. Y ese campo común es, cómo no, la Biblia.

Para ambos, la Biblia es la Palabra de Dios y está libre de error, así que si una doctrina se funda principalmente en la Tradición, esa zona queda fuera del campo protestante y ellos pueden rechazarla, pero no intentar demostrar que es falsa, pues volveríamos al ejemplo de analizar gramaticalmente una oración francesa usando las reglas gramaticales del español. Pero puesto que ambos admitimos que la Biblia es la verdad, sí se puede demostrar la falsedad de una doctrina protestante o católica si conseguimos demostrar con claridad que la Biblia contradice esa doctrina. Según los católicos (al igual que hacen los protestantes), si una doctrina contradice a la Biblia entonces es falsa. Así que el esfuerzo no será el de interpretar qué quiere decir un pasaje bíblico, pues como vimos, un mismo pasaje se puede interpretar de muchas formas, el esfuerzo debe ser intentar demostrar de forma convincente que la Biblia dice lo contrario, que esa doctrina contradice a la Biblia. Ese es el campo común en donde cristianos de todo signo podemos discutir y argumentar.

Nosotros creemos en nuestras doctrinas marianas porque están bien fundadas en la Tradición, pero si un protestante lograra demostrar de forma convincente que una o todas de esas doctrinas contradice a la Biblia, entonces podría demostrar su falsedad. Y ahí ya el debate sí se efectúa usando unas mismas reglas compartidas por todos y desde una situación de igualdad de condiciones. Por tanto un protestante no puede decir: demuéstrame con la Biblia que María es madre de Dios, o que subió al cielo en cuerpo y alma; pero sí puede legítimamente decir: voy a demostrarte que la idea de que María es la madre de Dios contradice esto que dice la Biblia. Si consigue demostrarlo habrá ganado su argumento y probado la falsedad del nuestro. Si no consigue demostrarlo, entonces tendrá que permitir que el católico siga creyendo en ello porque es católico y sigue la Tradición, aunque él rechace esa idea por no seguirla.

EN RESUMEN: Puesto que toda su Biblia es también nuestra pero toda nuestra Tradición es solo nuestra y no de ellos, la carga de la prueba (el onis probandi) recaerá sobre ellos: no es posible ponernos de acuerdo sobre la verdad de este tipo de doctrinas, pero sí existe la posibilidad de demostrar su falsedad.

Por lo tanto, no voy a demostrar las doctrinas marianas porque para ello tendría que acudir a los escritos de los primeros padres de la Iglesia y a indicios bíblicos que no tendrían la contundencia suficiente como para convencer a un protestante. Pero sí reto a los protestantes a que me demuestren contundentemente que esas doctrinas son falsas y contradicen la Biblia.

Hay al menos dos doctrinas que sí se pueden demostrar bíblicamente porque están expresadas claramente allí, son la doctrina de la virginidad de María y la doctrina de que María es… la madre de Dios. Aunque la Tradición nos ofrece múltiples y contundentes pruebas de que ambas doctrinas existían en la Iglesia primitiva, me limitaré a usar ahora la técnica protestante de buscar en la Biblia al menos una frase en la cual esa doctrina se exprese con claridad.

MARÍA VIRGEN

Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no han vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que traducido significa: «Dios con nosotros»… y sin que hubieran hecho vida en común, ella dio a luz un hijo, y él le puso el nombre de Jesús. (Mateo:18 y 22-23 y 25)

Ahí está la base para discutir el asunto sobre la virginidad de María. Todos los católicos y casi todos los protestantes admiten que María era virgen cuando concibió a Jesús, así que no hay mucho que discutir sobre eso. Pero los católicos van más allá y afirman que María fue virgen antes, durante y después del parto, es la doctrina de “María siempre virgen”. Para defender esa doctrina de la perpetua virginidad ya no tenemos más remedio que recurrir a la Tradición, así que lo mejor es aparcarlo y aceptar simplemente que esa es una creencia católica que no es compartida por los protestantes. Los protestantes, pues, no pueden decir que esa doctrina es falsa, solo pueden decir que ellos no creen en esa doctrina. La única manera que tendrían para demostrar la falsedad sería si lograran demostrar con la Biblia en la mano que en las Escrituras se ve claramente que María no fue virgen tras el parto. Y ese intento sí es admisible, y ahí sí se puede debatir.

Su argumento es que María tuvo otros hijos después de tener a Jesús, y citarán todos los textos bíblicos en los que se mencionan a los “hermanos de Jesús”. La réplica católica es intentar demostrar que esa expresión de “hermanos de Jesús” es una traducción de una palabra hebrea, pasada por el griego, que se refiere a los parientes, según el uso semítico que aún perdura. Cada uno ofrecerá sus argumentos y sopesará los argumentos del contrario, pero se trata de intentar demostrar si esa doctrina es falsa, en ningún momento se puede pretender obligar al católico a demostrar, Biblia en mano, por qué esa doctrina es verdadera.

O sea, la famosísima frase de los protestantes en todo debate, ese continuo “¿dónde está eso en la Biblia?”, es desde el punto de vista de la lógica una pregunta muy a menudo sin sentido. Lo que tiene sentido es la frase de “demuéstrame que eso se contradice con la Biblia”.

Nosotros mismos publicamos hace tiempo un artículo donde tratábamos ese asunto de los hermanos, tanto desde la Tradición como desde la Biblia. Analizábamos los argumentos protestantes sobre los hermanos de Jesús y ofrecíamos nuestros propios argumentos para rebatirlos. Si tienes interés sobre el tema puedes leer el artículo aquí: Los Hermanos de Jesús. Como curiosidad, comentar también que Lutero (y Calvino y John Wesley) creía firmemente en la perpetua virginidad de María, como allí mismo citamos, pero tal como explicamos, el protestantismo ha ido cambiando sus doctrinas con tanta fuerza que ahora es probable que ninguna rama protestante defienda ya esa doctrina mariana, tal vez debido a su continuo empeño por distanciarse lo más posible de todo lo que parezca demasiado católico.

MARÍA MADRE DE DIOS

Esta doctrina es la más conflictiva y la considerada por los protestantes como la más católica de todas y por tanto la más falsa e incluso blasfema. Pero también esta postura no fue siempre así. Lutero creía firmemente que María era la madre de Dios, y como esto puede resultar muy sorprendente para muchos, mostraré una cita de las muchas que tiene:

«Al igual que la madera no tuvo otro mérito que el de estar preservada por Dios y ser apta para la cruz, así María no tiene otra dignidad que la de estar preservada divinamente y ser apta para ser Madre de Dios» («Das Magnificat», W 7, 573).

Y más claro aún, también sacado del sermón de El Magnificat:

“Las grandes cosas que Dios ha realizado en María se reducen a ser la Madre de Dios. Con esto le han sido concedidos muchísimos otros bienes, que nadie podrá nunca comprender. De ahí se deriva todo su honor, toda su bienaventuranza y que ella sea en medio de toda la raza humana una persona del todo singular e incomparable. Ella ha tenido con el Padre celeste un niño, y un niño tal… Se comprende todo su honor, cuando se la llama Madre de Dios. Nadie puede decir otra cosa mayor de ella, aunque uno tuviera tantas lenguas como follaje tiene la hierba, como estrellas el cielo o arena las playas. Hay que meditar en el corazón lo que significa ser Madre de Dios”.

Aquí, una vez más, sus hijos protestantes han ido cambiando de doctrina y han terminado por rechazar unánimemente la idea de que María sea madre de Dios. Los argumentos utilizados a veces son inteligentes, y otras veces resultan casi infantiles. Uno de los argumentos más oídos es el de que una mujer mortal no puede ser la madre de un ser eterno e infinito. Pues claro que no, faltaría más. Cuando decimos que “María es la madre de Dios” no estamos diciendo que ella haya sido la que ha generado a Dios, como si ella fuera el origen y Dios algo que ella misma produjo. En tal caso María sería la Diosa, y Dios sería el Hijo de María. Pensándolo bien, este argumento probablemente no sea el resultado de un razonamiento infantil (infantil por lo obvio y simple que es), sino tal vez el resultado de interpretar de forma tremendamente equivocada lo que un católico quiere decir con la afirmación de que María es la madre de Dios.

Lo que nosotros queremos decir es que María quedó encinta del Espíritu Santo y engendró a un hijo, Jesús, que es el Hijo de Dios. Puesto que Jesús es Dios, entonces María es madre de Dios por ser madre de Jesús. O sea, no se trata de discutir sobre la naturaleza de María, sino sobre la naturaleza de Jesús. Resumiendo mucho, diremos que para negar que María sea la madre de Dios necesitamos separar a Jesús en dos personas distintas, por un lado el ser divino que es el Hijo de Dios, y por otro lado el hombre humano que es el Jesús de carne y hueso. En ese caso sí podríamos afirmar, como hacen los protestantes, que María fue madre del Jesús-hombre, pero no fue madre del Jesús-Dios.

Pero en tal caso nos veríamos obligados a negar la Encarnación, y por tanto también negaríamos la Redención. Si María solo fue madre del Jesús-hombre, resulta que es ese mismo Jesús-hombre quien murió en la cruz, entonces el Hijo (Dios) no murió en la cruz y por tanto no nos redimió con su muerte. Pero no, no hay dos Jesús mezclados, hay un solo Jesús que es Dios hecho hombre, no un Dios que habita dentro de un hombre. Por tanto si solo hay un Jesús, que es Dios y que es hombre al mismo tiempo, entonces María es la madre de Jesús, o sea, es la madre de Jesús-Dios porque es la madre de Jesús-hombre. Así que con su nacimiento, el Dios encarnado, que es Jesús, convirtió a María en la madre de Dios a partir de ese momento (no durante la eternidad anterior). Con eso, en mi opinión, bastaría para demostrar bíblicamente que esta doctrina es correcta, pues el negar esa doctrina implicaría la negación de las dos doctrinas más fundamentales del cristianismo: Encarnación y Redención.

Pero si quieres otra prueba más puedo ofrecerla. Haré la demostración aún más sencilla y directa utilizando la típica manera protestante, o sea, buscar un texto bíblico en donde ponga, según mi interpretación, esa doctrina. Y lo hay, todos lo conocemos de sobra:

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? (Lucas 1:43)

Ese “de mi Señor” en el original griego es “tou kyriou”, y todo el mundo parece de acuerdo en que en el Antiguo Testamento se utiliza siempre la palabra “Kyrios” para referirse a Dios, no a los hombres. De hecho la traducción griega del Antiguo Testamento, llamada Biblia de los Setenta (que es la versión que Jesús y los apóstoles utilizan cada vez que citan las Escrituras) sustituye sistemáticamente el nombre de Dios en el Antiguo Testamento (YHWH en el hebreo original) por la palabra “Kyrios”. Así que no hace falta demostración más clara que esta, lo que Isabel le dice a su prima María cuando le viene a visitar es que ella es “la madre de mi Dios”. Y eso mismo seguimos hoy diciendo los católicos y ortodoxos, lo mismo que dice la Biblia.

Puesto que este versículo parece indicar con claridad que María es la madre de Dios, ahora los protestantes deberían encontrar otros versículos en los que se dijera claramente que María no es la madre de Dios, y en ese caso posiblemente se llegaría a un empate, ni para ti ni para mí. Pero hasta donde yo sé, nadie ha encontrado el verso que claramente contradiga lo dicho en este, así que incluso centrándonos solo en la Biblia, sigue siendo claro que esta doctrina mariana, la fundamental, no solo es cierta, sino también bíblica.

No sé si me he explicado bien del todo, amigo A.X. Convencerte sería una proeza poco probable tal vez, pero al menos aspiro a que después de todos estos razonamientos me entiendas, nos entiendas, y comprendas por qué los católicos tenemos la fe que tenemos y razonamos nuestras creencias del modo en que lo hacemos. Y también, igual que hiciste tú, te lo digo todo desde el respeto y con el sincero deseo de no haberte ofendido en nada. Después de varios días recibiendo un montón de mensajes insultando a los católicos y a la Iglesia, un mensaje como el tuyo ha sido como un soplo de aire fresco. Se agradece.

Un abrazo

Christian

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25 thoughts on “CARTA Nº 2- (de un protestante): El rosario, el papa, las oraciones repetitivas, la Tradición y la Virgen

  1. Pienso que decir Maria Madre de Dios solamente da lugar a confusiones, lo que pensamos los protestantes es que Maria es la madre de Dios hecho hombre. es decir Jesus, la imagen visible del Dios invisible 😉
    Bendiciones Christian, un buen post!

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    • Puede que desde una óptica protestante sí pueda resultar confuso, pero para un protestante no es problema. Los católicos lo han mamado desde pequeños y entienden bien lo que significa en este contexto “madre de Dios”. Nadie piensa que eso signifique que María ha sido la que ha creado a Dios ni nada semejante, no creo que cree para nosotros ninguna confusión, pero sí realza en su justa medida lo que ella significa.

      Dices que “María es la madre de Dios hecho hombre”, Eso es lo mismo que pineso yo, porque “Dios hecho hombre”, o sea, Jesús, es eso, Dios, por lo tanto si prefieres decir “María es madre del Dios hecho hombre”, perfecto, eso es exáctamente lo que queremos decir nosotros, y con tu permiso me apunto la definición para la próxima vez que tenga que hablar del tema, tal vez así otros protestantes puedan entender correctamente lo que nosotros decimos.

      Gracias Andrés por compartir con nosotros tu opinión. Un saludo y bendiciones a ti también.

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